SciELO - Scientific Electronic Library Online

 
 número29MURILLO VILLAR, Alfonso, La revocación de las donaciones en el derecho romano y en la tradición romanística española: (Burgos, Servicio de Publicaciones de Universidad de Burgos, 2007), 150 págs.ORTEGA CARRILLO DE ALBORNOZ, Antonio, Terminología, definiciones y ritos de las nupcias romanas. La trascendencia de su simbología en el matrimonio moderno: (Colección Monografías de Derecho Romano. Sección: Derecho Público y Privado Romano, N° 31, dir. Antonio Fernández de Buján, Dykinson, Madrid, 2006), 128 págs. índice de autoresíndice de assuntospesquisa de artigos
Home Pagelista alfabética de periódicos  

Serviços Personalizados

Journal

Artigo

Indicadores

Links relacionados

  • Em processo de indexaçãoCitado por Google
  • Não possue artigos similaresSimilares em SciELO
  • Em processo de indexaçãoSimilares em Google

Compartilhar


Revista de estudios histórico-jurídicos

versão impressa ISSN 0716-5455

Rev. estud. hist.-juríd.  n.29 Valparaíso  2007

http://dx.doi.org/10.4067/S0716-54552007000100037 

 

Revista de Estudios Histórico-Jurídicos XXIX, 2007, pp. 604-607

RECENSIONES Y RESEÑAS

 

ORTEGA CARRILLO DE ALBORNOZ, Antonio, El jurista Modestino y el matrimonio. Sobre cónyuges, consortes y cómplices (Real Academia de Jurisprudencia y Legislación, Granada, 2006), 104 págs.        [ Links ]

 

Manuel J. Peláez

Universidad de Málaga, España.


Se recoge en el presente libro el discurso de ingreso de Antonio Ortega Carrillo de Albornoz en la Real Academia de Jurisprudencia y Legislación de Granada, leído el 11 de noviembre de 2005, y que fue objeto de contestación por parte de otro académico, Fermín Camacho Evangelista, catedrático actualmente jubilado de Derecho Romano de la Universidad de Granada, y jefe moral de una escuela de romanistas destacados y distribuidos como catedráticos o profesores titulares en las Universidades de Granada, Jaén, Almería y Miguel Hernández de Elche.

Antonio Ortega es catedrático de Derecho romano en la Facultad de Derecho de la Universidad de Málaga. El 15 de marzo de 1990 fue elegido académico correspondiente en la Real Academia de Jurisprudencia y Legislación de Granada. El 25 de enero de 1991 se posesionó de su puesto. En este acto solemne que se ha traducido en este libro Ortega fue recibido como académico de número. Antonio Ortega estudió en la Universidad de Granada, para luego ampliar su formación en la Universidad de Bolonia en cuya Facultad de Jurisprudencia defendió en 1969 su tesis de laurea, sobre La "dotis dictio", que le dirigió el afamado romanista y papirólogo Giuseppe Ignazio Luzzatto. A la tesis le fue concedido el Premio G. Sorbelli y se publicó en Bolonia en 1975- Un romanista de tanta categoría como Alvaro d'Ors Pérez-Peix valoró muy positivamente sus trabajos sobre la custodia venditoris, que según d'Ors (7.VI.1975) le permitiría afrontar las oposiciones de profesor agregado de Universidad con optimismo. También fue del agrado de d'Ors el artículo de Antonio Ortega sobre D. 19, 1, 43, aunque se distancia en cuanto que dé la razón a Emilio Albertario y a Alfredo Calonge, aun cuando el propio d'Ors señalaba: "Yo también me inclino por pensar en el reparto que veía Albertario entre impensas abonables por el propietario y por el vendedor, pero en este caso de libertad fideicomisaria no hubo propiamente evicción con posible abono de impensas, y sólo queda como posible la indemnización por el vendedor. ¿Cree Ud. que esto puede tener alguna consecuencia? Porque, francamente, el frag. 44 no pudo ser enteramente interpolado: algo debía de decir Africano. No lo del dupluus, que 'suena' a eco de CI. 7, 47, 1 (¡del 531!); tampoco lo de las facultades mediocres [...]. ¿Qué queda?" (D'Ors, texto inédito de 10.VI.1978).

El título exacto del discurso y de la posterior publicación fue El jurista Modestino y el matrimonio. Sobre cónyuges, consortes y cómplices tal cual, no El jurista Modestino y el matrimonio. Cónyuges, consortes y cómplices (hacia un nuevo matriarcado y la gineco-cracia. Algunas reflexiones históricas de la familia actual). Hizo Ortega unas precisiones terminológicas sobre las palabras matrimonio, nupcias, boda, casamiento y esponsales. Luego glosó definiciones diversas del matrimonio en la compilación justinianea y en la literatura romana, para pasar a Erasmo de Roterdam y a Leonardo da Vinci; este último señalaba la existencia de dos animales castos: el camello y el elefante. Advierte Ortega que la fuente de conocimiento de San Francisco de Sales que, para explicar la virtud de la castidad, recurría a la hembra del elefante, que sólo se apareaba cada tres años y en secreto, es Plinio. Efectivamente hemos localizado el texto de San Francisco de Sales a que hace referencia Antonio Ortega en su pág. 33, que corresponde a la Introducción a la vida devota, cuyo cap. 39 se dedica a "la honestidad del tálamo conyugal" y allí dice exactamente en el final de su ap. 7: "el elefante no es sino una bestia enorme, pero es la más digna de cuantas viven en la tierra y la que tiene más juicio. Quiero referir un rasgo de su honestidad: nunca cambia de compañera, y ama tiernamente a la que ha escogido, con la cual, empero, no se junta más que de tres en tres años, por espacio de cinco días, y con tanto secreto que jamás nadie le ha visto en este acto; pero harto se conoce el sexto día, cuando antes de hacer cualquier otra cosa, se va derechamente al río, donde lava todo su cuerpo, y no quiere volver a su grupo antes de haberse purificado. ¿No son estas cosas hermosos y honestos instintos de este animal, con los cuales invita a los casados a no permanecer encenagados en la sensualidad y en los placeres experimentados por razón de su estado, sino a lavar el corazón y el afecto, una vez pasados; y a purificarse lo antes posible, para practicar después otros actos más puros y elevados, con toda la libertad del espíritu?" Efectivamente el punto de inspiración es la Historia naturalis de Plinio el Viejo, pero no exclusivamente VIII, 5, 13, sino VIII, 5, 11 a 14. Resumiendo observa Plinio, siguiendo otras fuentes: "Elephanti gregatim semper ingrediuntur. ducit agmen maximus natu, cogit aetateproximus. amnem transituri mínimospraemittunt, ne maiorum ingressu atterente alveum crescat gurgiti altitudo [...]" (vill, 5, 11). "Mirus namque pudor est, victusque vocem fugit victoris, terram ac verbenas prorrigi. pudore numquam nisi in abdito coeunt, masquinquennis, feminadecennis"'(vill, 5, 12). "Initur autem biennio quiñis, utferunt, cuiusque anni diebus, nec amplius; sextoperfunduntur amne, non ante reduces ad agmen. nec adulteria novere nullave propter feminas inter seproelia ceteris animalibus pernicialia, nec quia desit illis amoris vis [...]" (vill, 5, 13).

El consentimiento matrimonial es objeto de agudas observaciones por parte de Antonio Ortega, indicando que consensus y affectio maritalis son términos sinónimos, que se refieren al consentimiento. Ver D. 24, 1, 32, 13 y 30, 50, 17. Examina luego la terminología latina sobre la cópula carnal. Advierte de la importancia del consentimiento en el Derecho canónico, y también en el Código civil español. Termina haciendo una serie de consideraciones, con un manejo considerable de fuentes, sobre el consortium omnis vitae y la comunión o comunicación conyugal. El adulterio no aparece más que ocasionalmente. Para un sector importante de la doctrina sigue siendo la definición que dio San León Magno sobre el mismo, que recogió Graciano, la más precisa y concreta que se ha formulado hasta ahora: "Se comete adulterio cuando, o por deseo de placer o por consentimiento de otra persona, se tiene comercio carnal con otro o con otra en contra del pacto conyugal" (Decretum, q. 5, Causa XXXII, c. 14, illae autem).

La conclusión final del estudio de Ortega, reflexionando sobre la eficacia del amor conyugal es de verdadera antología, por lo que no nos retraemos de reproducirla en su integridad: "Ad summam para Modestino, un hombre y una mujer unidos en matrimonio son, ante todo, cónyuges, por lo que deben estar unidos físicamente, deben atraerse, agradarse, complacerse y seducirse con reciprocidad, en segundo lugar son consortes, forman un consorcio muy especial, caminan por el mismo sendero y comparten la misma suerte favorable o adversa que los hados les reserven, y por último son cómplices, porque deben complicarse con un esfuerzo conjunto y en un hacer causa común, en una relación de mutua dependencia, pero no de debilidad sino de dos fuerzas que se unen para convertirse en otra mayor" (pp. 76-77).

Pour aller plus loin, señalamos que tuve la suerte de asistir al solemne acto de recepción de Antonio Ortega en la Academia granadina. Ha sido con diferencia el mejor discurso de ingreso en una academia que tenido oportunidad de escuchar y quizás la conferencia más brillante que he tenido ocasión de oír, y son centenares las que he presenciado y escuchado en Universidades españolas, francesas e italianas, en Colegios Mayores (en una de ellas escuché en Barcelona a Alvaro d'Ors, que fue muy brillante en las formas, pedagógico, aunque quizás no tan genial en los conceptos como su padre, Xénius). También me gustó el discurso de Ortega en la inauguración del curso académico de la Universidad de Málaga, pero su ingreso en la Academia fue muy superior. No le agradó el discurso inaugural a d'Ors, acusando a Ortega de "divismo", pero d'Ors no disponía más que del texto escrito, no asistió al acto. En cualquier caso, durante los tres mandatos que José María Martín Delgado estuvo al frente del Rectorado de la Universidad de Málaga, me dio la impresión que este discurso inaugural fue el único que obscureció —y de qué forma— el discurso del Rector y no digamos el del Presidente de la Junta de Andalucía, José Rodríguez de la Borbolla. Pero, en el fondo d'Ors tiene razón, aunque no en el sentido que él lo valoraba, sino en el que lo entendimos los asistentes al acto celebrado ahora hace casi veinte años: no había razón para crear tal atmósfera en torno al discurso y con un tono ciceroniano, que convertía a Martín Delgado en Catilina y al Presidente autonómico en un proculeyano ruipóntico.

Terminamos señalando que la respuesta de Fermín Camacho al discurso de ingreso de Antonio Ortega estuvo sembrada de genialidades, elogios al nuevo académico de número y algunas alusiones desconcertantes, seguidas de unas reflexiones sobre el matrimonio romano, régimen dotal y regulación del divorcio. Fermín Camacho Evangelista cuando habla no deja indiferente a nadie del ilustrado público que le escucha, aunque haya quienes se queden perplejos con Hippokratisches Gesicht y otros que se atreven a discrepar solemnemente del mismo, quia nescit vos missa reverti.

 

Creative Commons License Todo o conteúdo deste periódico, exceto onde está identificado, está licenciado sob uma Licença Creative Commons