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Revista de estudios histórico-jurídicos

versão impressa ISSN 0716-5455

Rev. estud. hist.-juríd.  n.29 Valparaíso  2007

http://dx.doi.org/10.4067/S0716-54552007000100040 

 

Revista de Estudios Histórico-Jurídicos XXIX, 2007, pp. 616-617

RECENSIONES Y RESEÑAS

 

PÉREZ MARCOS, Regina Ma, Un tratado de Derecho penitenciario del siglo XVI. La visita de la cárcel y de los presos de Tomás Cerdán de Tallada (Universidad Nacional de Educación a Distancia, Madrid, 2005), 335 págs.        [ Links ]

 

Guillermo Hierrezuelo Conde


Gracias a la labor llevada a cabo por la práctica de ciertos juristas influidos por el Derecho romano en la segunda mitad del siglo XVI, el Derecho penal-penitenciario evolucionó abandonando su carácter local y autónomo, favoreciendo la adopción de unos criterios comunes y uniformes, así como el establecimiento de un sistema de garantías para los presos. De hecho, fue Bernardino Sandoval, maestre escuela de la catedral primada de Toledo y autor del Tratado del cuidado que se debe tener con los presos pobres, editado en 1564, y Tomás Cerdán de Tallada con su obra Visita de la cárcel y de los presos: en la cual se tratan largamente sus cosas (1574), quienes abordaron la ciencia penitenciaria en sus orígenes.

Tomás Cerdán de Tallada (1533-1614) nació en Játiva (Valencia); en 1568 fue nombrado por Felipe II abogado de pobres y miserables de la ciudad de Valencia, carrera que se afianzaría años más tarde, cuando en 1581 era el mismo monarca quien lo nombraba abogado fiscal del Real Consejo del reino de Valencia. En 1586 ascendió aún más en la escala judicial, al ser designado juez de Corte. La valoración que merece este personaje es la de que "ha de ser considerado como exponente del pensamiento jurídico-político valenciano del siglo XVI, que desde el marco de su tarea profesional llegó a plantear cuestiones acerca del concepto general del buen gobierno" (p. 54); asimismo estableció "un modelo carcelario general e invariable, objetivo y racional, acorde con la administración de justicia real" (p. 55).

Algunas de sus obras más destacadas son: Comentaría superforo Declarant, qui tes-tam. Facer. Poss. Et superforo, si algú morra, Si secun. Nup. Mull (1568); Visita de la cárcel y de los presos: en la cual se tratan largamente sus cosas (1574) y Verdadero gobierno desta Monarchía, tomado por su propio subjecto la conservación de la paz (1581). Refiriéndose a su obra publicada en 1574, que constaba en su primera edición de 16 capítulos, Pérez Marcos destaca que "en ella aborda una interpretación del Derecho penitenciario, de la ley, y de los instrumentos jurídicos que la conformaban, conjugando varios tipos de derecho e introduciendo en todo ello una gran complejidad". Además añade que "sin limitarse a la descripción de la vida de la cárcel valenciana, Cerdán realiza un tratado en el que fija, recoge, y sistematiza la materia de los presos y de la cárcel, desasistida hasta entonces y sometida a una peligrosa variedad, incluso por parte del propio Rey" (p. 11). De hecho, su obra está considerada por la historiografía como una de las descripciones del régimen penitenciario español más completa del siglo XVI.

El sistema carcelario del siglo XVI presentaba unas características similares a las de la Edad Media (pp. 19-20). De hecho, el ingreso en la cárcel implicaba la conducción del acusado a ella por el alguacil que hubiera efectuado el procedimiento. En la vida carcelaria intervenían tres grupos de personajes: los funcionarios administrativos (alcaide, sota-alcalde o lugarteniente de alcaide, y escribano de entradas y salidas); el constituido por porteros, bastoneros y vigilantes nocturnos; y, en último término, quienes desempeñaban tareas de caridad, de beneficencia, asistencia religiosa y jurídica de los presos.

La mayor parte de los presos del siglo XVI se encontraban en régimen de prisión preventiva, a la espera de que se tramitasen sus correspondientes causas. Las penas aplicadas con mayor frecuencia eran el destierro, los azotes, las galeras y la horca, quedando un número muy reducido de delincuentes cumpliendo condena de privación de libertad: los quebrados y deudores insolventes que permanecían retenidos en tanto no pagaran sus deudas o llegaran a un acuerdo con sus acreedores. Esta es una materia que han estudiado con mucha profundidad en ese momento histórico Francisco Tomás y Valiente y Patricia Zambrana Moral. Por otro lado, en la medida en que existían diferentes jurisdicciones, también encontrábamos diversas clases de cárceles: la cárcel real, la de la Audiencia, la de Hermandad, la Arzobispal, la del Santo Oficio, y la de Contratación, en Sevilla. Regina Ma Pérez llega a afirmar que "Cerdán se enfrentaba al análisis de una institución regulada genéricamente, tanto en Las Partidas como en el Derecho valenciano, cuya crueldad consideraba equiparable a la de los baños de Argel [...]" (p. 25).

La obra publicada en 1574 estaba escrita en romance castellano y con comentarios al margen en latín. Presentaba un estilo de exposición sencillo y directo, eminentemente jurídico (p. 29). El origen de la cárcel estaba determinado, a juicio de Cerdán de Tallada, por los derechos divino y natural, municipal, civil, canónico y doctrinal, al tiempo que admitía la existencia de otros tipos de cárceles, amén de las públicas, que las distinguía de las privadas o particulares pertenecientes a la jurisdicción señorial o municipal. Condena el arbitrio judicial, costumbre corrompida y perniciosa, pero sin negarle validez. Señalaba la necesidad de limitarlo y establecer criterios objetivos, sujetándolo a reglas fijas. Por este motivo, Cerdán reclamaba mayor diligencia en los procesos. Influido por el Derecho romano y el canónico admitía asimismo una doble función para la prisión: la de custodia y de castigo del cuerpo. En palabras de Pérez Marcos "la asistencia de los presos es uno de los temas que Cerdán de Tallada considera que debe experimentar más profundas transformaciones, estableciendo las bases de un sistema de garantías a favor de aquellos [...]" (p. 38), negando en todo momento cualquier tipo de tormento. Para evitar cualquier tipo de injusticias, en el reino de Valencia se ordenó desde tiempos de Jaime I que semanalmente se diese audiencia pública a los presos para tratar exclusivamente de las causas por las que estaban presos para determinar si podían ser liberados de la prisión. Cerdán diferenciaba dos tipos de causas que justificaría el encarcelamiento: las causas civiles, como la prisión por deudas, y las causas penales, como los delitos (pp. 43-51); a la herejía, el crimen de lesa majestad, a quienes encubriesen que alguien fuera cautivado y llevado a tierra de moros, el homicidio, a los asesinos por dinero, a los parricidas, entre otros, se les atribuían la pena de muerte natural o pena corporal.

Con esta edición se recupera una obra de gran relevancia en el Derecho penitenciario. Al tiempo se reproduce en edición facsímil la obra en cuestión en el Apéndice (pp. 57-335), que ocupa, por tanto la mayor parte del libro. Felicitamos una vez más a Regina Pérez Marcos, de la que nos hemos ocupado en otras ocasiones en esta misma sede de la REHJ, sin ir más lejos en XXVII (2005), pp. 461-462, para que prosiga en sus agudas investigaciones sobre el marco cronológico de los siglos XVI y XVII, en los que se mueve con auténtica agilidad mental y elegante pluma. No obstante, le hacemos la observación de la falta, no de honradez científica (ya que ella es la autora, y no hay plagio), pero sí de estética intelectual que supone que el mismo texto que aparece publicado en la edición del libro como estudio preliminar es el que se publicó con otro título, pero con idéntico contenido, en su artículo Tomás Cerdán de Tallada, el primer tratadista de derecho penitenciario, en AHDE. 75 (2005), págs. 755-801. ¿No existe una norma del AHDE en virtud de la cual los trabajos que se publican deben ser originales e inéditos?

 

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