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Revista de estudios histórico-jurídicos

versión impresa ISSN 0716-5455

Rev. estud. hist.-juríd.  n.31 Valparaíso  2009

http://dx.doi.org/10.4067/S0716-54552009000100018 

Revista de Estudios Histórico-Jurídicos
XXXI (Valparaíso, Chile, 2009)
[pp. 450 - 453]

BIBLIOGRAFÍA

Bancalari Molina, Alejandro, Orbe Romano e Imperio Global. La romanización desde Augusto a Caracalla (Santiago de Chile, Editorial Universitaria, 2007), 327 págs.


Hace casi dos décadas escuché a un prestigioso historiador chileno señalar que no era posible en Chile hacer investigaciones de alto nivel en historia de Europa. La razón: carecemos de fuentes propias para llevarla a cabo. Con la misma irreverencia con la cual se pronuncia esta insensatez, quisiera ahora decir que tenemos en Chile varios testimonios que desdicen la anterior afirmación, pero que en este momento nos centraremos en esta obra que reseño. Como las otras que no recordaré, ésta viene a demostrar que es posible y que hay en Chile personas capacitadas para realizar estudios serios sobre historia de Europa.

Henos frente a una obra del más alto nivel académico, que no necesita excusarse ante sus pares europeas. Realizada con un rigor metodológico notable, utilizando bibliografía en los principales idiomas occidentales, estructurada con un orden lógico y, por último, escrita con un lenguaje terso, preciso y claro. El lector culto, sin duda, pero también el profano, encontrará en el libro del profesor Bancalari un estudio serio y ponderado del muy trabajado, pero a su vez, inmenso campo de estudio que significa el proceso de romanización.

Alejandro Bancalari ha estudiado desde hace ya varios años el tema, ingentemente trabajado, de la romanización. Le dedicó varios proyectos de investigación y publicó diversos artículos monográficos en revistas especializadas chilenas como extranjeras, acerca de ese proceso variado y discontinuo llevado a cabo por Roma de transformar a los pueblos sometidos en ciudadanos romanos. Tal vez haya esperado demasiado para escribir esta obra. Yo mismo le insinué en más de una ocasión de que debía sentarse a escribir este libro; que ya había estudiado bastante el proceso como para no permitirse proponer su propia y personal interpretación. Pero también es cierto que ahora lo hace mejor preparado que cuando se lo propuse. Ha hecho un camino largo de estudio y reflexión que le faculta para presentarnos un libro macizo.

El autor ha estudiado el proceso histórico como tal, esto es, como un hecho acontecido que puede explicarse en su propia circunstancia. Con ello, ha demostrado que es un historiador al estudiar ese pasado en tanto fue alguna vez un presente; pero todo historiador no puede abandonar su propia circunstancia, y por eso mira el pasado desde su propio presente. Desde luego, el historiador no se ocupa de los hechos del pasado por sí mismos, como si se trasladara virtualmente a ese pasado para describir los sucesos y ordenarlos tal cual ocurrieron. Esa tarea, por cierto, no es posible hacerla. No se puede reconstruir el presente hecho tras hecho, digamos, minuto a minuto. Pero, todavía más, intentarlo es vano porque la información que disponemos es fragmentaria, como en este caso, a casi dos mil años de distancia; pero además, innecesario, porque el ser humano no busca restituir el pasado tal cual ocurrió, sino que conocerlo como experiencia vivida y estudiarlo como tal, con el objeto de que llegue, finalmente a transformarse, como dice Tucídides, en "adquisiciones para siempre". Visto así, la historia es siempre un esfuerzo de síntesis, un intento por aprehender la realidad pasada, aprehender intelectualmente la existencia humana, identificarse en ese pasado, proyectarse desde ese mismo pasado hacia el futuro, aprovechar esa experiencia para alcanzar un grado más de humanidad.

El tema del libro de Alejandro Bancalari es el proceso de romanización dentro de un período de la historia antigua de Roma. Desde luego, no es un manual de historia de Roma, descriptivo, digamos, de los acontecimientos. Esa tarea extraordinaria, y no siempre valorada adecuadamente, la realizaron, hasta donde les fue posible, los historiadores decimonónicos. Ningún intelectual de tela noble podría menospreciar dicha tarea encomiable, que impresiona a quien se toma la dicha de leer a esos gigantes del siglo XIX, con esa limpieza en el lenguaje, y la capacidad para ubicarse in situ y respirar, por así decirlo, esa atmósfera del pasado. Se trata de una pléyade de historiadores que abarcaron la Antigüedad, la Edad Media y el mundo moderno, intentando con su cometido situar a la Historia en el status de ciencia.

Desde que la historia comenzó a ser concebida como una cantera de información que debía interpretarse, los historiadores utilizan no solamente métodos "reconstructivos" para entender el pasado, sino por sobre todo marcos teóricos mediante los cuales se integra la información y puede hacerse una lectura interpretativa. Sólo así el pasado puede ser inteligible para el hombre actual.

Esto es, precisamente, lo que, me parece, ha hecho Alejandro Bancalari. Ha intentado una labor laudable de ponernos al día en las diferentes maneras por las que la romanización ha sido estudiada. Nos actualiza en los once agentes o variables que dan origen a estudios particulares. No es una obra improvisada que plantea una hipótesis "juvenil" en estado larvado, como acostumbran a decir los franceses, sino un planteamiento que el autor ha venido trabajando por largos años, consultando las fuentes y la bibliografía. Soy de opinión que es una obra madura.

El Imperio Romano ha suscitado el interés de historiadores y también de ensayistas, novelistas, diletantes. Su conocimiento impresiona a los estudiosos y lo ha sido desde el momento mismo de su constitución hasta nuestros días. Lo abordaron los grandes historiadores romanos y griegos, lo añoraron los hombres cultos de la Edad Media, fue motivo de paradigma en los humanistas del llamado renacimiento, estimuló poderosamente la crítica y a la vez la admiración de la escuela metódica y los historicistas decimonónicos situados en un ambiente colonialista, hasta el criticismo y el ideologismo del siglo XX con el proceso de descolonización, lo sometió al juicio severo y a veces comprometido con los actuales romanistas.

El profesor Bancalari se hace cargo de todo este pesado fardo buscando sistematizar y sintetizar el amplio y complejo espectro de los estudios realizados. Esto convierte al estudio que comento en una obra de reflexión profunda, profundísima, rara en nuestro medio chileno, alejado de los centros donde se cultiva el estudio específico y científico de la cultura romana.

Esa construcción histórico-cultural llamada romanitas es el nervio de este estudio, situado entre los emperadores Augusto y Caracalla. Como el historiador interpreta siempre desde su presente, el Orbis romanus ha sido interpretado desde los condicionamientos del mundo actual en el que se ha perdido el tradicional equilibrio entre las potencias para ver surgir la predominio de una superpotencia. La comparación con el mundo antiguo y la preponderancia indiscutida de Roma no podía hacerse esperar. Si a ello agregamos una cierta hegemonización de una economía y una cultura de caracteres globales, entonces estos marcos conceptuales y teóricos han invitado a Alejandro Bancalari a intentar una propuesta de suyo interesante: Roma, con su fuerza magnética y su irradiación, fue capaz de construir y mantener un mundo pacificado que tuvo como centro el Mediterráneo.

Actuando la cultura romana como catalizador, los pueblos sometidos iniciaron un proceso de romanización que incluyó, entre otros aspectos, la ciudad y su estilo de vida, el Derecho civil y su orden racional, la cohesión e integración social de comunidades tan dispares, una comunidad de valores compartidos. Todo ello está diligentemente estudiado por el autor, con rigurosidad y perspicacia histórica.

Mérito indiscutido fue la voluntad romana de adoptar una política de integración y la capacidad de mantener la diversidad, como dice el autor, un modus vivendi que podía servir de modelo para conciliar nuestras diferencias, que a veces resultan irreconciliables. Pueblo racional y práctico, no desdeñó asimilar elementos culturales de los pueblos a los que imponía su cultura: una transculturación bidireccional caracterizada por un proceso simbiótico que desembocó en la formación de una cultura global. El mundo medieval jamás olvidó esta realidad, y los germanos ayudados por los hombres cultos tuvieron como modelo de orden político y social la espléndida construcción histórica romana.

Se ha buscado estudiar la romanitas como modelo y no como un molde que pudiera servir para los requerimientos actuales. Si tal fuera, la obra sería un panegírico, una exaltación pasional carente de argumentos, todo lo cual, ciertamente, no parece ser. El autor, por cierto, se hace cargo de las críticas y de los aspectos miserables de toda construcción social humana. La historia es una experiencia que debe contar para enfrentar el presente. La obra pone recuerdo sobre un pasado que no puede olvidarse.

Hemos de celebrar esta obra y recomendarla, fruto de un profesor estudioso, amigo de la precisión, gran intelectual, que nos honramos de tenerlo en Chile.

Luis Rojas Donat
Universidad del Bío-Bío (Chile)