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 número34Carrasco García, Consuelo, ¿Legado de deuda? A vueltas con la Pandectística (Universidad Carlos III de Madrid, Madrid, 2011), 158 págs.Conde García, Francisco Javier, El hombre, animal político [1957] (con “Estudio preliminar” de Jerónimo Molina Cano, “La ontología política de Javier Conde”, Ediciones Encuentro, Madrid, 2011), 149 págs. índice de autoresíndice de assuntospesquisa de artigos
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Revista de estudios histórico-jurídicos

versão impressa ISSN 0716-5455

Rev. estud. hist.-juríd.  no.34 Valparaíso out. 2012

 

Revista de Estudios Histórico-Jurídicos
XXXIV (Valparaíso, Chile, 2012)
[pp. 521 - 523]

Bibliografía

Carrasco García, Consuelo ¿Legado de deuda? A vueltas con la Pandectística (Madrid, Carlos III-Dykinson, 2011), 158 pp.


La profesora Consuelo Carrasco García, de la Universidad Carlos III de Madrid, ha elaborado un libro que resulta interesante para historiadores del derecho, romanistas y civilistas. Su análisis de la institución del “legado de deuda” permite una reflexión sobre la Pandectística que contribuye al debate intelectual que existe actualmente sobre tal movimiento jurídico en Europa.

El libro estudia el legatum debiti, que la autora define como disposición testamentaria en virtud de la cual el de cuius atribuye a su acreedor una cosa o cantidad en consideración de una deuda que con él tenía (p. 9). Se trata de una institución que no tiene sus orígenes en el derecho romano, sino en la Pandectística. El propósito de la autora es poner de manifiesto que la concepción del denominado legado de deuda que revelan los estudios de civilistas y romanistas actuales hunde sus raíces en el Derecho romano, pero es una construcción dogmática decimonónica elaborada a partir de ejemplos romanísticos.

La autora elabora su libro a partir de una serie de afirmaciones tomadas del trabajo de la profesora C. Hernández Ibáñez, “Algunas consideraciones en torno al legado de deuda”, Homenaje al Profesor Lluis Puig i Ferriol, vol. II, Valencia, 2006, pp. 1663-1672. De ahí que, frente a algunos estudios de la actual civilística, la autora destaque la importancia del estudio comparado de las fuentes romanísticas, pandectísticas y de la codificación para entender adecuadamente el iter conceptual de muchas instituciones del derecho privado europeo.

La autora inicia el estudio con una reflexión (capítulo II) acerca del papel que la Historia desempeña en la configuración de la identidad del jurista, tema que retoma al final del libro. Seguidamente, la autora pasa a seleccionar los textos jurídicos que le parecen interesantes para buscar la construcción del legatum debiti y los ordena cronológicamente para poder comprobar el orden en que aparecen las cuestiones más importantes que afectan a esta figura (p. 36).

No encuentra ningún epígrafe específico en el Digesto, pero sí numerosos casos en los que se hace referencia a que el deudor legaba al acreedor lo que le debía. La autora se plantea si el mal llamado legatum debiti daría lugar a supuestos lícitos o ilícitos. Considera la profesora Carrasco que “a juzgar por los textos conservados, bien pudo suceder que se hubiese recurrido inicialmente a este impropiamente denominado legatum debiti para dar cobertura a las “obligaciones naturales” existentes entre dueño y esclavo, o para posibilitar que la mujer recuperase la dote en un momento histórico en que ésta todavía se consideraba propiedad del marido. Y más tarde (siglo I a.C.) pudo haberse utilizado con otros fines, como soslayar las leyes que limitaban la capacidad de disponer del testador (Falcidia) o la de recibir por testamento de determinadas personas (Iulia et Papia)” (p. 13).

En el capítulos IV se estudia la posibilidad del legatum debiti partiendo de la existencia real de la deuda, mientras que en el V se estudian aquellos supuestos en que se lega en consideración de una deuda inexistente, aunque se entienda que el legado es válido pues suponía una ventaja. La autora recapitula en el capítulo VI indicando la inexistencia de un legado que recibiese tal nombre y la existencia, sin embargo, de numerosas referencias a un legado que se realiza tomando en consideración algo que se debe: cosa o cantidad (p. 89).

Indica la autora que “tampoco aparece la figura del “legado de deuda” en los códigos iusnaturalistas (francés, italiano y español), aunque sí se aprecia en éstos la influencia del Derecho romano recibida a través del ius commune” (p. 92). Concluye su análisis mostrando que los civilistas actuales se basan no tanto “en lo prescrito en los códigos, sino en la casuística recogida en los textos romanos, aunque éstos raramente se citan” (p. 93).

La profesora Carrasco se plantea cuál es el origen conceptual del legatum debiti y para responderlo debe acudir a los autores de la Pandectística. El primer autor que habla –en un sentido dogmático– de legado de deuda es Puchta, quien lo incluye junto a los legados de crédito y de liberación de deuda. Esta sistemática ha resultado un verdadero problema para los dogmáticos del derecho, que se han planteado la naturaleza de dicha institución, preguntándose por la esencia de la misma. ¿Se trata de la deuda u obligación, o bien de la cosa o cantidad debida?

En el XIX, al intentar elaborar una dogmática jurídica con bases romanísticas, se elaboró esta institución, que no pasó al BGB (véanse los parágrafos 2147-2191) porque, según conjetura la autora, en aquél momento no tenía interés para la aplicación jurídica (p. 14). En todo caso, lo que más interesa aquí a los historiadores del derecho son las reflexiones sobre la Pandectística que la autora apunta a lo largo del libro y, sobre todo, en el último capítulo.

Para la profesora Carrasco, los Pandectistas no estaban interesados en el estudio del derecho de su época, sino en la construcción dogmática del mismo. Por ello, podían tomar del derecho alemán aquellas instituciones justinianeas que habían permanecido en él y establecer sistemas y conexiones que enlazasen el pasado con su presente. Dirigían, por lo tanto, su mirada al Derecho romano con la finalidad de servirse del mismo y llevar a cabo sus particulares creaciones dogmáticas, centrando su atención en los textos que les parecían más adecuados.

Para ejemplificarlo, la autora estudia la obra del pandectista Otto Bähr, autor que ha sido considerado el responsable de la construcción dogmática de la promesa y el reconocimiento documentado de deuda (pp. 122 y ss.). En la construcción de Bähr confluyen, según la autora, dos circunstancias: por un lado, su condición de jurista práctico, que le inclinaba al hecho de independizar las promesas obligatorias de su causa jurídica, para facilitar el tráfico crediticio; por otro, su procedencia de la Escuela Histórica del Derecho, como miembro de la segunda generación de discípulos de Savigny. En su obra, por lo tanto, se hermanaban la práctica del derecho y la atención a la historicidad de los fenómenos sociales y jurídicos.

Destaca la profesora Carrasco “que el fin último de la ciencia jurídica alemana del XIX es sentar las bases “romanísticas” de un nuevo Derecho, y es aquí donde cobra sentido la utilización de las fuentes romanas como presupuesto para la dogmática sobre la que habrá de sustentarse éste. Derecho que, por esto mismo, no es un Derecho creado ex novo, sino un “Derecho históricamente entendido”, manifestación del espíritu del pueblo (Volksgeist)” (p. 121).

La autora concluye mostrando, con Orestano, que la denominación de la ciencia jurídica alemana “como Rechtswissenschaft no es casual ni gratuita, sino que está en consonancia con el particular quehacer de esta corriente científica, con su función que no es otra que la de hacer Derecho científicamente entendido” (p. 131). Ciertamente, ésta es una interesante conclusión histórico-jurídica de un libro que, a la vez, sirve también para mostrar que “el legatum debiti nos ofrece otro clarificador ejemplo del modo de proceder los pandectistas respecto de las fuentes romanas, así como de la repercusión que sus construcciones dogmáticas han tenido no sólo en la elaboración del Código civil de la nación alemana, sino en la doctrina jurídica desde el siglo XIX hasta nuestros días” (p. 17).

Esta monografía tiene un carácter muy sintético e intenta exponer tanto una cuestión romanística como una crítica a la falta de historicidad de muchos exégetas del derecho positivo, dos retos ciertamente complejos. En este sentido, tal vez el lector eche en falta una mayor extensión argumental, puesto que en muchas ocasiones el hilo del libro, dada la cantidad de temas expuestos, resulte algo difícil de seguir. Hay un difícil anudamiento entre lo descriptivo (v.g. la orientación proposográfica, muy abundante en toda la obra) y la crítica. La autora da por sentadas muchas ideas y nociones que tal vez podrían explicarse con mayor precisión conceptual y bibliográfica, aunque es difícil hacerlo en un libro de extensión reducida.

Pese a esta ligera salvedad, este libro merece una muy amplia recomendación. Sin duda, su lectura resultará fructífera no sólo a los romanistas y civilistas, sino también a los historiadores del derecho, que pueden aprender -a partir de un selecto ejemplo iuscivilístico- mucho más sobre la Pandectística, que mediante la lectura de muchos otros trabajos que no pretenden interpelar tanto al sentido crítico del jurista.

Rafael Ramis Barceló

Universitat de les Illes Balears, España

 

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