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Revista de estudios histórico-jurídicos

versión impresa ISSN 0716-5455

Rev. estud. hist.-juríd.  no.34 Valparaíso oct. 2012

http://dx.doi.org/10.4067/S0716-54552012000100027 

Revista de Estudios Histórico-Jurídicos
XXXIV (Valparaíso, Chile, 2012)
[pp. 543 - 544]

Bibliografía

Fonseca, Ricardo Marcelo, Introducción teórica a la Historia del derecho (traducción de Adela Mora Cañada, Rafael Ramis Barceló y Manuel Martínez Neira, Madrid, Juruá, Universidad Carlos III, Dykinson, 2012), 170 págs.


En tiempos tan revueltos como los actuales, hay libros que pueden ser un estímulo o que pueden llevar a la confusión. Ha aparecido en julio de 2012 un nuevo libro, traducción de un manual brasileño, dirigido a los estudiantes de master y de doctorado. Este manual es una crítica sin fisuras del positivismo histórico, concebido como doctrina del siglo XX y una alabanza de las corrientes posmodernas, marxistas… para estudiar la historia del derecho. Hay que decir de entrada que este planteamiento es, como mínimo, muy peligroso para los estudiantes, pues puede inducirlos al relativismo y al abandono de las fuentes archivísticas, que es el único camino seguro y fiable para hacer buena historia del derecho y de las instituciones político-administrativas. Todo el trabajo del historiador es rigurosamente archivístico y la falta de buenas prácticas lleva a una historia carente en absoluto de fiabilidad.

Tampoco se entiende claramente que este manual tenga que ser traducido al español cuando Foucault, Benjamin, Braudel y un largo etcétera hace décadas que están traducidos y han sido leídos y releídos por muchas generaciones (no tan jóvenes) que empezaron a desconfiar del “método positivista” a causa de su influencia. Una “introducción teórica a la historia del derecho” vista así, y sin ningún otro punto de vista es un despropósito. Hay habido mucha ideología y relativismo por culpa de estas lecturas que, mal digeridas, han llevado a un punto en el que muchos jóvenes investigadores apenas conocen bien las fuentes, la paleografía… porque sus maestros no les han enseñado. Llueve sobre mojado, y creo que este libro en muchos lectores va a ser un objeto de confusión. Pocos historiadores del derecho han digerido bien a Marx, Nietzsche, Thompson… y muchas indigestiones vienen de un exceso de estas lecturas mal hechas. Y en las últimas décadas hemos pasado al otro extremo, ya que parece que todos estos autores no existen en la Facultad de derecho y que Althusser, Thompson y muchos más han pasado de moda. Los jóvenes no los conocen, ni tampoco saben paleografía ni dominan el temario de la asignatura. Ni una cosa ni otra.

No conocía, es verdad, ningún manual que explicase a estos autores de manera didáctica para los alumnos de derecho. Ése es un mérito que no se le puede regatear. En los setenta y en los ochenta las Facultades estaban invadidas de marxismo y de estructuralismo y ahora ningún joven los conoce. El manual, en sí mismo, no aporta demasiadas cosas que no se supiesen ya. El trabajo de Ricardo Fonseca es un resumen, a veces bueno y a veces muy simplificado de las doctrinas de estos autores y de su relación con el derecho. Tal vez para quienes no hayan leído nunca a los filósofos de la sospecha sea una buena lectura inicial, pero nada dice a quienes conocen ya a Foucault, Marx, ya a otros. Y aquí está el problema y el estímulo. Es España hemos vivido muchas décadas donde la historia y la filosofía del derecho se han dado la espalda. La filosofía y la historia han andado de la mano en Francia, Italia, Alemania… y la historia de las ideas jurídicas y políticas es una de las disciplinas mejor y más sabiamente cultivadas en estos países de gran tradición jurídica, cosa que no puede decirse en de España, en la que la trabajan muy pocos investigadores y que apenas tiene status serio. Más allá de los Pirineos se elaboran buenos libros de texto y monografías por parte de antropólogos, filósofos e historiadores del derecho, que hacen de la transversalidad su mejor carta de presentación. Todo ello sin descuidar su atención al archivo, a los datos y a las fuentes.

Pero en España no es así. La historia del derecho necesitaría abrirse a la historia de las ideas jurídicas, tomando de Marx y de Foucault (y, de paso, de Kuhn, y de Popper y de tantos otros) lo bueno que pueden aportar y decidiéndose a ir más allá del aislacionismo, sin caer con ello en los relativismos que no llevan a ninguna parte y, sobre todo, evitando una lectura unilateral de todos estos filósofos. Se puede hacer historia del derecho y de las instituciones, se puede hacer historia de las ideas jurídicas, disciplinas que son hermanas en Europa. Pero no se puede renunciar al trabajo archivístico y a las técnicas historiográficas. Se puede y se debe leer a Foucault y a Marx (y aún más a Kant y a Hegel), pero nunca pensar que la historia del derecho o de las ideas jurídicas se debe edificar con sus criterios.

Con los cambios de planes de estudio, la publicación de este libro me recuerda que muchos estudiantes de grado van a acabar la carrera de Derecho sin una buena formación iushistórica e iusfilosófica a causa de la supresión de algunas asignaturas o de su escasa presencia. Y a lo mejor, si han podido hacer algunas lecturas durante el grado y están bien aconsejados, este libro les ayuda a plantearse algunos interrogantes, por los que todo historiador del derecho (en realidad todo jurista) tendría que pasar. Me imagino que ésta es la intención de Adela Mora, Rafael Ramis y Manuel Martínez Neira al traducir un libro como éste. La traducción es buena y el libro se lee muy bien. Va a ser útil si se concibe como un libro complementario, que invite a ensanchar puntos de vista. Será un fracaso si pretende llenar de ideología o de falso relativismo la historia del derecho. Es una apuesta peligrosa y arriesgada, y muy alejada a la tradición histórico-jurídica española, pero después de tantos cambios, de pérdida de peso de la asignatura y en época de crisis a lo mejor hace bien a los estudiantes.

Elena Sáez Arjona

Universidad de Málaga, España

 

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