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Revista de estudios histórico-jurídicos

versión impresa ISSN 0716-5455

Rev. estud. hist.-juríd.  no.34 Valparaíso oct. 2012

http://dx.doi.org/10.4067/S0716-54552012000100029 

Revista de Estudios Histórico-Jurídicos
XXXIV (Valparaíso, Chile, 2012)
[pp. 547 - 549]

Bibliografía

Llull, Ramon, Arte de Derecho (con “Estudio preliminar” de Rafael Ramis Barceló y traducción y anotación compartida con Pedro Ramis Serra, Universidad Carlos III, Dykinson, Madrid, 2011), 178 págs.


Ambigüedad

Nos encontramos ante una traducción al español del Ars de iure (“Arte de derecho”, de 1304) de Ramon Llull, conocido en castellano como Raimundo Lulio. Es la primera traducción de esta obra latina a cualquier idioma –sorprende que no fuese traducida al catalán, a diferencia de otras, ni en vida del autor ni desde entonces–, de la que se conservan ocho manuscritos: el Códice de la Ambrosiana de Milán, los dos de la Bayerische Staatsbibliothek de München, y el del Archivo Histórico de Colonia titulado Ars de iure; el de la Biblioteca Nacional de París, incompleto, titulado Ars brevis de iure naturali, dos ejemplares se conservan en Cusa, uno se titula Liber de iure y el otro Liber de iure naturali, un último ejemplar en el Archivo Diocesano de Mallorca. Por ello no es de extrañar que no se haya tenido conocimiento de la misma hasta los años ochenta del pasado siglo, fechada su edición crítica en 1995. Nos congratula que Llull sea el primer autor medieval traducido en el marco de la colección de estudios de Historia del Derecho que dirige el profesor malagueño Manuel Martínez Neira, de la Universidad Carlos III de Madrid.

Debemos agradecer enormemente a Rafael Ramis Barceló y a Pedro Ramis Serra el brillante estudio preliminar y la traducción: el importante esfuerzo de una obra que ha permanecido olvidada por los especialistas debido a la dispersión de sus manuscritos, lo cual dificulta su valoración. Idéntica consideración cabe hacer respecto de las útiles notas que resuelven el complicado léxico y que ayudan al lector a visualizar y comprender la terminología empleada por su autor. No obstante, la traducción vertida al castellano actual, conserva vocablos lulianos a fin de que tanto los especialistas de la obra de Llull como los propios juristas puedan indagar en una obra muestra de un “saber jurídico particular y complejo” que enuncia unas líneas generales para entender el Derecho, a través de los principios y las reglas del Arte. Esto es, Llull, opuesto a la tecnificación del Derecho, aparece como uno de los más grandes pensadores de la Baja Edad Media y del mundo de la catalanofonía.

Llull estatuía no sólo la subordinación del Derecho al edificio filosófico-teológico del Arte y además exigía a los juristas del siglo XIII el conocimiento -a través del Arte- de la teología y filosofía para su derivación en un modelo de justicia definida en la obra como “el ente, con el que el jurista origina un juicio recto y el derecho es su acto de justicia” (p. 108); todo ello con base en el ius naturale, concebido por Llull como derecho mediato, inconmensurable y permanente. Ocupa también su lugar el ius commune luliano próximo a la costumbre la cual posee en sí misma un valor preponderante frente al derecho escrito.

Resaltamos algunas de las definiciones que el autor da al Derecho común, a saber: bien perdurable bajo el hábito de la justicia, que debía usarse según las definiciones de bondad y justicia, no debía usarse en contra de su duración, no era de temer, era un principio universal al que recurrían –y descansaban en él– los derechos particulares, era un medio entre Dios y el hombre, etc. (p. 168). Como, para Ramon Llull, el Derecho tenía que descansar en categorías filosóficas que, de suyo, resolviesen los problemas culturales, jurídicos, sociales y políticos de su época, se opuso a la técnica romanista.

La traducción del Arte de derecho es contextualizada no sólo en el marco de la producción de su autor, sino en el marco histórico-jurídico, y revisada desde una perspectiva transversal con el propósito de comprender la dimensión sociopolítica e ideológica de la Europa de su época.

Los datos atinentes a la biografía de Ramón Llull recogidos en el preliminar estudio de Ramis Barceló, nos dan una visión de la singularidad y hondura de su figura. Mallorquín universal, preceptor del rey Jaime II de Mallorca (1243-1311). Fue súbdito natural de Montpellier, territorio de la Corona de Mallorca decisivo para la vida del autor y la obra que aquí recensionamos. Partidario del poder pontificio y de un poder secular subordinado al Papa, tenía como principal idea la renovación de la Iglesia, con el fin de extender el mensaje evangélico y lograr la conversión de los infieles. Por dicha razón, merece sea destacada su fe inquebrantable en Cristo; siendo el Arte el hilo conductor para alcanzar dicha conversión en base a las denominadas “razones necesarias” sobre las que manifiesta la superioridad del Cristianismo sobre las demás religiones.

La presente obra pretendía obtener la reducción de los derechos particulares (en concreto el canónico y el civil) a principios universales del “saber jurídico” que concuerdan con las reglas de su Arte, poniendo el énfasis en la relación de aquellos derechos con el Derecho natural.

Asimismo, Llull hace depender la composición de su Arte del derecho de dos obras anteriores, a saber: Tabula generalis donde el autor intenta explicar su Arte y la otra el Liber de lumine donde procura la aplicación del Arte a una materia concreta. Sin embargo, a pesar de la intención que de fondo subyace, en lo concerniente a su descripción estructural, la técnica de combinaciones que utiliza, desanima al lector más entusiasta, exigente y en la plenitud de sus facultades mentales, ya que crea un sistema epistemológico consistente en una serie de figuras que contienen un número determinado de letras del alfabeto, en el que cada letra simboliza uno o más conceptos y la disposición de las figuras ordena la forma de las operaciones combinatorias de dichos conceptos. En definitiva, una simbología para gente que navega todo el día por el tercer grado de abstracción, con el peligro de pasarse al cuarto.

Expuesto cuanto antecede, el texto se divide en dos partes: la primera se ocupa de la construcción, principios y reglas del árbol del saber jurídico (arbor iuris) que son nueve principios “absolutos” que proceden de la figura A referida a las nueve dignidades que Llull atribuye a Dios: B (Bonitas), C (Magnitudo), D (Duratio), E (Potestas), F (Sapientia), G (Voluntas), H ( Virtus), I (Veritas) y K (Gloria); combinados con los principios “relativos” que proceden de la figura T referidos a las significaciones: (Differentia, Concordantia, Contrarietas, Principium, Medium, Finis, Maioritas, Aequalitas, Minoritas). En la segunda parte se abordan diferentes cuestiones jurídicas en las que se pretende dar respuesta, con base a los principios y reglas del árbol del derecho a los diversos interrogantes que se suscitan en el proceloso océano del Derecho.

La última parte de la obra está dedicada a la actividad jurisdiccional. Se contienen escasas referencias al abogado, otorgando, sin embargo, un papel fundamental al juez. De él dice, entre otros ejemplos, que debía ser una persona piadosa (caso 436), ya que ejercía justicia en nombre de Dios y tenía que ser independiente del poder del rey (casos 368 y 410), debía decidir en todos los casos, frente a la verdad formal, a favor de la verdad material y el fondo del asunto (casos 377 y 378). También Francesc Eiximenis contempló las figuras del abogado y del juez, pero lo hizo de otra manera, con mayor dosis crítica y espeluznantes descripciones, más propias de un sociólogo moderno.

Completísimo el listado bibliográfico de pp. 87 a 96, en el que se incluyen algunos trabajos que no tienen que ver directamente con Llull, sino con el derecho medieval, tales como los de Michel Villey, Orazio Condorelli, Manlio Bellomo, A. M. Emon, J. Goering y P. E. Schramm.

Realmente, para el jurista el método aportado por Llull resulta una construcción prácticamente inmanejable y de escasa aportación al saber jurídico, pero ello no obsta que, como apunta Rafael Ramis en sus conclusiones, la traducción del Arte de derecho permita una revisión del lugar que ocupa Ramón Llull en la historia del pensamiento jurídico. Otra cuestión es Llull en sí mismo, hombre sin duda bondadoso, tenido por Beato en Mallorca, pero que, por ahora, no ha podido alcanzar la plenitud de la santidad con una declaración solemne.

Elena Sáez Arjona

Universidad de Málaga, España

 

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