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Revista de estudios histórico-jurídicos

versión impresa ISSN 0716-5455

Rev. estud. hist.-juríd.  no.34 Valparaíso oct. 2012

http://dx.doi.org/10.4067/S0716-54552012000100034 

Revista de Estudios Histórico-Jurídicos
XXXIV (Valparaíso, Chile, 2012)
[pp. 561 - 565]

Bibliografía

Olmedo Checa, Manuel, Manuel Rodríguez de Berlanga. Cartas a Emil Hübner conservadas en la “Staatsbibliothek” de Berlín (Real Academia de Bellas Artes de San Telmo, Ministerio de Educación del Gobierno de España, Cajamar, 2011), 193 págs.


Aunque el presente libro se terminó de escribir en octubre de 2011, y la fecha de finalización de su impresión es la del 14 de diciembre de 2011, su puesta en circulación se ha llevado a cabo en los dos primeros meses de 2012.

Libro sobre un jurista y epigrafista importante del siglo XIX, Manuel Rodríguez de Berlanga (1825-1909), al que Álvaro d'Ors y Pérez-Peix (1915-2004) consideraba “mi viejo maestro a distancia” y sobre quien escribió “quien conozca algo de mis trabajos puede imaginar lo que Don Manuel Rodríguez de Berlanga ha sido para mi larga vida de estudioso. Desde mi juventud me interesé por sus obras y conservo algún libro suyo que compré ‘de viejo', incluso con la erudita caligrafía de una dedicatoria a un amigo suyo. Luego, por el favor de mi antiguo maestro de bachillerato (antes de acceder a la cátedra universitaria) Don Juan de Mata Carriazo, me cupo el privilegio, siendo yo muy joven (1941) de dar a conocer al mundo científico los ‘Bronces de El Rubio'[1], preciosos fragmentos de la ley colonial de Osuna. Con esta enorme suerte, me vi encaminado y comprometido en el campo de la epigrafía jurídica de la España Romana, a la que, años después (1953), dediqué un libro que sigue siendo de frecuente referencia, a pesar del gran progreso de los ulteriores hallazgos; hasta terminar con el diríamos ‘suculento banquete' internacional de la llamada ‘Ley Irnitana'”[2]. Pero conviene recoger las observaciones finales de d'Ors sobre Rodríguez de Berlanga: “Vino a ser aquel maestro lejano el descubridor de la auténtica ‘ley municipal romana'. ¿Cómo no unirnos hoy reverentemente a la memoria de tan ilustre predecesor? ¿Cómo no sentir con nostalgia el aislamiento en el que tuvo que trabajar, solitario en España y mal considerado fuera, como simple ‘abogado malagueño', por quienes iban a gloriarse con lo que él les procuraba? Es, pues de justicia, que se le rinda hoy este homenaje póstumo, y de que nos reconozcamos como epígonos suyos los que hubimos de seguir sus venerables huellas'[3].

Manuel Rodríguez de Berlanga, ceutí de nacimiento, se licencio en Derecho por la Universidad de Granada (1850) y se doctoró in utroque iure por la Universidad de Madrid con el discurso que lleva por título El derecho internacional privado de Roma desde sus primeros días hasta la destrucción del Imperio de Occidente en 1852. Es famoso Berlanga no tanto por sus publicaciones, no tan conocidas y reconocidas en España en su tiempo, sino por sus conexiones internacionales, que le llevaron a una estrecha relación con Theodor Mommsen, por algunos considerado como el segundo jurista más importante de la historia de la Humanidad, y con Emil Hübner, el mejor epigrafista del siglo XIX. Rodríguez de Berlanga, no reconocido y envidiado en España, donde solo fue elevado a la categoría de correspondiente de la Real Academia de la Historia, sin embargo fue correspondiente extranjero de la Academia de Ciencias de Berlín y de la Imperial de Ciencias de Viena, entre otras muchas, por señalar dos de las más destacadas.

El presente libro del erudito autodidacta malagueño Manuel Olmedo Checa, autor ya recensionado o citado en algunas otras ocasiones en esta sede de la Rehj., miembro de número de la Real Academia de San Telmo y correspondiente de la Real Academia de la Historia, y miembro de otras sociedades sabias o profesionales de Andalucía, es importante por lo que ofrece a lo largo de sus 193 páginas, aunque francamente tengamos la obligación de admitir, desde el principio, el engaño en el que cae el que adquiere un libro como el presente al que le mueve a comprarlo el título de la obra Manuel Rodríguez de Berlanga. Cartas a Emil Hübner conservadas en la “Staatsbibliothek” de Berlín. Lo lamentable del asunto es que no se publica ni una sola carta de las 380 misivas enviadas por Rodríguez de Berlanga a Hübner, dentro de un fondo general de 6.558 recibidas por el sabio académico germánico que se conservan en la Staatsbibliothek de la capital alemana. Tan solo hay referencias a algunas cartas en las primeras páginas del libro, pero no de forma literal, sino de manera muy aleatoria y con referencias circunstanciales y, en ningún caso, con anotación y cota archivística. La Real Academia de Bellas Artes de San Telmo ha gastado dos mil euros en fotocopias de dicha correspondencia, que iba a aparecer en este libro, pero resulta que aquí no están las misivas. El interés de las cartas es enorme para una ciencia histórico-jurídica, tan minoritaria como es la Epigrafía jurídica. Visto lo que debería haber y no hay en el libro, centrémonos ahora en aquello de lo que se habla en las páginas de este volumen.

Lo prologa Manuel del Campo y del Campo, quien no llena una página, pero dice algunas cosas de las que seleccionamos dos párrafos: i) “La Real Academia de Bellas Artes de San Telmo que me honro en presidir ha logrado rescatar en Berlín el importante conjunto de cartas que el Dr. Berlanga, a lo largo de más de cuarenta años, envió a su íntimo amigo el profesor germano Emil Hübner, al que España debe mucho por haber sido el gran compilador de las inscripciones que desde tiempo inmemorial dejaron escritas en el solar patrio nuestros más antiguos antecesores” (p. 9); ii) “Este libro encierra mucho más de lo que su título anuncia, porque no sólo nos permite conocer numerosos e inéditos datos sobre tan relevante materia histórica y científica, sino también por cuanto nos revela sobre los personajes españoles de una crucial época española y sobre la vida y obra de Berlanga y de Hübner, dos extraordinarios investigadores a los que España nunca podrá agradecer bastante la inmensa labor que realizaron, y que con este libro el Sr. Olmedo ha sabido rescatar con pasión, con rigor y con acierto” (p. 9). Dado que no aparecen en el libro, ¿dónde están publicadas las cartas de Rodríguez de Berlanga a Emil Hübner?

De buen comienzo no se explican algunas cuestiones incomprensibles, como las de que Olmedo Checa escriba mal en ocasiones el apellido de Mommsen, con “m” final, en vez de como “n” final en pp. 17, 18 (cuatro veces), 19 (dos veces), 34 (dos veces) y 41 (dos veces).

Interesante resulta la indicación de que Emil Hübner había nacido en Dusseldorf el 7 de julio de 1834 (p. 20) y que su padre, Julius Hübner, fue un gran pintor y que llegó a ser director de la Staatsgalerie de Dresden. Olmedo no dice mucho más. Nos permitimos poner de relieve que Gertrud Rudloff-Hille ha señalado que “históricamente es interesante observar que en aquella época la Galería era considerada como algo grande, positivo e indestructible. Julius Hübner, profesor de la Academia y más adelante director de la Galería, publicó un catálogo que constituye una importante fuente, desde el punto de vista de la historia del Arte, para las futuras obras referentes a la Galería, basándose por vez primera en los materiales de archivo”[4]. El Catálogo[5] de Hübner es impresionante. El museo es importante, del que resaltaríamos del siglo XVIII el retrato que Anton Raphael Mengs (1728-1779) hizo de su padre Ismael Mengs, el que Henry Raeburn (1756-1823) pintó del obispo Lucius O'Beirne de Meath y aquel en el que Maurice Quintin de la Tour (1704-1788) reflejó al conde Mauricio de Sajonia, hijo de la condesa Königsmark.

Describe Olmedo Checa que la conexión de Rodríguez de Berlanga con Emil Hübner se debió a que al primero se lo solicitó Theodor Mommsen (p. 21). Hübner se desplazó a Málaga para recabar informaciones epigráficas de Berlanga.

Detalla Olmedo la evolución de las diferencias de Rodríguez de Berlanga con los académicos madrileños Eduardo de Hinojosa y Naveros, Fidel Fita Colomer y Aureliano Fernández Guerra y Orbe, y, por otro lado, su magnífica relación con Antonio Cánovas del Castillo, Serafín Estébanez Calderón, o los hermanos José y Manuel Oliver Hurtado, todos estos últimos juristas o canonistas relevantes, al margen de que Cánovas lo fuera más como el mejor político español del siglo XIX que como literato o historiador. De la urdimbre de conexiones malagueñas y españolas de Rodríguez de Berlanga la que se ha ocupado con mayor profundidad y detalle es María José Berlanga Palomo, sobre todo en su libro, de denso contenido, no solo arqueológico, sino también histórico-jurídico y epigráfico-jurídico, Arqueología y erudición en Málaga durante el siglo XIX (Málaga, Universidad de Málaga, 2005), incomprensible a la vez que maliciosamente ignorado, que no quiere decir desconocido, por Manuel Olmedo en el libro que es objeto de la presente recensión. El caudal informativo que proporciona la vicedecana de la Facultad de Filosofía y Letras de la Universidad malagueña, la Sra. Berlanga Palomo, sobre Rodríguez de Berlanga y Rosado, Aureliano Fernández Guerra, Juan Facundo Riaño, José Oliver Hurtado, Manuel Oliver Hurtado, Emil Hübner[6], Wilhelm Strack, G. Henzen, W. A. Zumpt y el Museo Loringiano, resulta impresionante y con letras en apretadísimas notas a pie de página, en las que ella ha tenido la deferencia de citar un número no pequeño de veces tres trabajos de Olmedo Checa, mientras que Olmedo no menciona para nada su libro, ni una docena de artículos de M. J. Berlanga. ¿Cuáles son las razones de que Olmedo Checa atribuya tales méritos al artículo de Pérez Prendes recogido en el Liber amicorum a Rodríguez de Berlanga o incluso a artículos de periódicos o simplemente divulgativos de R. Atencia Páez, y luego se olvide de otros autores como también lo hace del descollante libro coordinado por Jorge Martínez-Pinna dedicado al centenario de Theodor Mommsen, y que ha sido la aportación generada desde España más sobresaliente en lengua castellana, cuando el equipo matriz de colaboradores estaba en Málaga? Obviamente, si hubiera pasado por sus manos esta obra sobre Mommsen, a Manuel Olmedo se le hubieran ocurrido más cosas que no las circunstanciales, anecdóticas y del catón del franquismo que dice sobre el gran sabio alemán.

Dice Olmedo Checa de Antonio María Fabié Escudero: “Fabié, político conservador y periodista, fue ministro en varias ocasiones” (p. 148, nota 151). Antonio María Fabié solo fue ministro en una ocasión. Ocupó la cartera de Ultramar desde el 5 de julio de 1890 al 23 de noviembre de 1891, en un gobierno presidido por Antonio Cánovas del Castillo.

Lo que ha reproducido en varios lugares Olmedo Checa, extraído de una carta de de Manuel Rodríguez de Berlanga de 20 de diciembre de 1899, sobre las cátedras de Derecho romano es una falsedad, que cualquier conocedor de historia de las oposiciones universitarias en sede jurídica sería capaz de demoler. No tiene razón ninguna en que insista tanto Manuel Olmedo en esa afirmación concreta, pues opiniones parecidas eran muy corrientes entre fracasados de los concursos de la época. El contenido de lo que recoge, publica y republica Olmedo es lo siguiente: “En cuanto al profesorado ya le he indicado, si no recuerdo mal, que recién doctorado quise probar fortuna y me lo quitaron de la cabeza dos madrileños amigos de mi padre, senador el uno y director general el otro, cuando averiguaron que las tres o cuatro cátedras de Derecho Romano que salían a la oposición que quería firmar, todas estaban dadas antes de los ejercicios por la modesta suma de mil duros cada una” (p. 153). Es un comentario además propio de un hombre que chochea. Es decir, que en 1852 se doctoraba Rodríguez de Berlanga y se preparaba para las oposiciones de Derecho Romano y, en 1899, es decir cuarenta siete años después ponía en una misiva a un amigo una idea probablemente desacertada. Tanto o más como las calumnias, ya probadas que lo eran, que insidiosamente llevaba a cabo Francisco de Pelsmaeker e Iváñez (1901-1973) contra José López de Rueda (1861-1933) y de paso liando a Antonio Guarino y a Álvaro d'Ors, y este último afirmando que López de Rueda “era un respetable señor pero totalmente lego en Derecho romano, al que Alfonso XIII por motivos de agradecimiento político que no hace falta explicar, premió con una cátedra de Derecho romano, sin más miramientos, como pudo haberle dado otra prebenda en Sevilla”[7]. Pero López de Rueda fue nombrado catedrático numerario de Procedimientos Judiciales y Práctica Forense de la Universidad de Oviedo el 11 de octubre de 1911 y obtuvo la cátedra de Instituciones de Derecho Romano de la Universidad de Sevilla por permuta con Manuel Miguel de las Traviesas (1878-1936), por una Real Orden de 4 de septiembre de 1913.

La información biográfica que recoge Olmedo de Manuel Rodríguez de Berlanga parece, en otras ocasiones, acertada y bien informada, y documentada. La mejor nota necrológica de Berlanga, nos la reproduce Olmedo Checa en sus páginas finales, salida de la pluma de Narciso Díaz de Escovar (1860-1935), para quien “Málaga ha perdido a uno de sus hijos más eminentes. España una de sus glorias. Los grandes elogios que le dedican los periódicos extranjeros contrastan con el silencio extraño que ha seguido en España a la pérdida de este ilustre arqueólogo. Ha muerto olvidado aquel sabio que mereció la atención de todas las Academias de Historia europeas, el que era consultado por las eminencias en numismática y epigrafía, el que apenas publicaba un trabajo lo veía traducido en varios idiomas y comentado favorablemente” (pp. 187-188). Siendo algunas de estas afirmaciones parcialmente incorrectas, sin embargo la pertenencia como correspondiente de Rodríguez de Berlanga a multitud de Academias e Instituciones científicas fundamentalmente germánicas es una realidad incuestionable. Mommsen, Hübner, Dernburg y Keller, entre otros, resaltaron la importancia de sus descubrimientos y su relevancia para el estudio científico del Derecho romano, aunque los franceses cuestionaron, en un primer momento, desde París, el relieve de lo que decía haber descubierto.

El juicio y nuestra valoración sobre el presente libro, pese a las carencias que hemos puesto de manifiesto, resulta positivo, por la tenacidad que viene demostrando Manuel Olmedo Checa en recuperar a un personaje de relieve, al que su pésimo carácter y la brutalidad de sus afirmaciones sobre la ignorancia generalizada (según él) de tantos juristas e historiadores españoles de su época le granjeó muchos problemas. Por otro lado, Manuel Rodríguez de Berlanga, no se entiende sin su cuñado y su cuñada, y sin su esposa, profundamente ricos, que le financiaban todos sus caprichos científicos, que no eran pocos, ni circunstanciales. Hay algunos que se encaprichan con una mujer, otros con un perro, o con un barco. Rodríguez de Berlanga se encaprichó con los tratados de Derecho romano, los libros de la pandectística, los restos arqueológicos, las inscripciones. Escribió y tuvo la suerte de ser leído en Europa. En España, sin embargo, entonces non erat his locus.

Manuel J. Peláez

Universidad de Málaga, España

[1]Vease d'Ors, Álvaro, Los bronces de El Rubio, en Emérita, 9 (1941), pp. 138-154.

[2]d'Ors, Álvaro, Carta de adhesión al homenaje a Manuel Rodríguez de Berlanga, en Manuel Rodríguez de Berlanga (1825-1909). Liber amicorum (Real Academia de Bellas Artes de San Telmo y Ayuntamiento de Alhaurín el Grande, 2008), p. 27. La carta de adhesión está escrita el 30 de agosto de 2001.

[3]d'Ors, Álvaro, Carta de adhesión, cit. (n. 2), p. 27.

[4]Rudolff-Hille, Gertrud, Staatsgalerie Dresde (versión española revisada por Marcial Olivar, Pamplona, 1963), p. 7.

[5]Hübner, Julius, Verzeichniss der königlichen Gëmalde-Gallerie zu Dresden (Teubner, Dresden, 1876), 508 pp.

[6]Sobre Julius Hübner véase la tesis de Monschau-Schmittmann, Birgid, Julius Hübner (1806-1882). Leben und Werk eines Malers Spätromantik (Münster, 1993), 315 + 55 pp.

[7]Véase Peláez, Manuel J., José López de Rueda Moreno, en Diccionario crítico de juristas españoles, portugueses y latinoamericanos (hispánicos, brasileños, quebequenses y restantes francófonos) (Cometa, Zaragoza y Barcelona, 2005), I, pp. 488-489, Nº 474.

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