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Literatura y lingüística

versión impresa ISSN 0716-5811

Lit. lingüíst.  n.11 Santiago  1998

http://dx.doi.org/10.4067/S0716-58111998001100011 

REFLEJO DE LA COLONIA Y RECONQUISTA EN LA FICCIÓN
HISTÓRICA DE CHILE (1843-1876)

EVA LÖFGUNT

"No hay nada absolutamente nada muerto:
cada sentido tendrá ­en el gran tiempo­
su fiesta de renacimiento"
(Bajtín 1982:105).

Se presenta de manera sinóptica y selectiva, el reflejo de la Conquista-Colonia y Reconquista Española en un corpus de narrativa histórica chilena publicado entre 1843 y 1879.
Teóricamente se apunta en forma breve a la discusión sobre la legitimidad de unir una historia y ficción y se establecen los criterios para seleccionar la narrativa histórica de ficción.
La presentación y análisis de algunos relatos históricos muestra el predominio del conflicto con España, ya sea en época colonial o durante la guerra de la independencia, ya sea contra indígenas o chilenos.
En los relatos que toman como tema la Colonia, la imagen del indígena se presenta con una mirada doble según la perspectiva del emisor y refleja dos estereotipos: el guerrero valiente y el bárbaro.
En los relatos que transcurren durante la Reconquista Española, el episodio más recurrente es el "desastre" en Rancagua. Episodio que crea sus propios héroes nacionales y virtudes cívicas.
Prácticamente todas las narraciones tratadas, se impregnan de un discurso valorativo patriótico y anticolonial.

   La ficcionalización de la historia se ha asociado frecuentemente al Romanticismo Europeo y se suele fijar su desarrollo pleno a partir de la novela histórica de Walter Scott. Desencadena una verdadera fiebre por ese tipo de narración y será imitado en todo el mundo occidental. Se traduce a Scott, se imita y escribe 'a lo Scott'.

  Pero mientras que la novela histórica europea es ante todo reconstrucción arqueológica de una época, recuerdo y nostalgia de un pasado hacia casi el que se huye, los relatos chilenos de la época que incorporan hechos históricos de la Colonia y Reconquista, responden a la urgente necesidad de construir épicamente la nación chilena. Mientras Europa afirma su presente en su pretérito y proyecta su futuro, Chile rechaza su pretérito-Colonial para explicar el fondo oscuro de su presente de República, buscar en su rechazo las vías para encontrar su futuro y glorificar su Independencia y las circunstancias que llevaron a ella.

  Queremos en este trabajo señalar, de manera general y sinóptica, algunas características que hemos encontrado en nuestro corpus de narrativa histórica publicada entre los años 1843 y 1876 en Chile1. Hemos tomado como punto de partida la publicación de El mendigo, de José Victorino Lastarria en 1843 y hemos cerrado con el año que produce los últimos textos dentro de nuestro período. Para la presentación y análisis, nos hemos limitado a dos de los grandes y significativos períodos dentro de la historia chilena: Conquista-Colonia (1540-1810) y Reconquista Española (1814-1817).

  Pero, mientras entregamos un marco teórico mínimo que aclara cómo hemos considerado el relato histórico, género no exento de cierta problemática inherente.

¿Qué sería una novela histórica? ¿historia o ficción?

  Desde Aristóteles hasta nuestros días, escritores y teóricos han discutido el punto más vulnerable de la novela histórica. Esta discusión se ha centrado en la legitimidad y eficacia de unir historia y ficción. Ya en sí, la combinación semántica, novela histórica, encierra dos vertientes aparentemente antagónicas: creación literaria y reconstrucción de una realidad pretérita.

  Sin embargo, esos teóricos y escritores no parecen matizar sus críticas ni observar cómo la historia entra y se integra en la ficción. ¿Cuál es el grado de historicidad en el enlace entre la realidad efectiva y el espacio, acontecimiento y personajes ficticios?

  La narrativa histórica tradicional, en general, no viola lo que Mignon Domínguez llama los "límites ontológicos de la historia" (1996: 12-13). En cambio, la nueva narrativa histórica, fijada por Seymour Menton a partir de El reino de este mundo de Alejo Carpentier, se permite muchas veces transgredir esa verdad ontologica.

  La reconstrucción de un espacio pretérito, ya sea para ubicar ficticiamente determinados sucesos históricos o para la ubicación de personajes históricos, implica consideraciones especiales para el autor empírico. La historia se revela, nos dice Segre, bajo dos aspectos: "como contenido histórico y como historicidad de los códigos" (1985, p. 144).

  En la creación del universo imaginario, debe revelarse el sistema modelizador4 de la época con sus códigos vigentes. De las páginas de la ficción histórica debe surgir el "espíritu de una época", lo que Amado Alonso llama arqueología, en contraste con la historia, entendida como acontecer. A la historia le interesarían sobre todo "las acciones ilustres, individuales y colectivas" (Alonso, 1984, p. 9), en cambio, al estudio arqueológico le interesaría lo que tiene de habitual y genérico en un tiempo y espacio determinados.

  Se ha señalado la falta de penetración sicológica en los personajes de la ficción histórica como una crítica al género. Es cierto que la creación de seres extraordinarios que conocemos de los épicos antiguos no la encontramos tan fácilmente en el relato histórico a partir de Scott. Se ha considerado arriesgado intentar la reconstrucción de la vida de hombres y mujeres que conocemos de las páginas de la historiografía. Los héroes de la narrativa histórica son tipos sociales, estereotipos o, algunos casos, retratos hagiográficos. En cambio, los héroes de la épica antigua son representantes de un mundo axiológico universal, al encarnar: la bondad, la valentía, la virtud, la belleza, etcétera.

  En nuestro corpus, nos interesa, sobre todo, ver plasmadas las exigencias de un proyecto literario nacional chileno que pedía la inclusión de la literatura como una manera de afirmar la identidad nacional. Hemos antes establecido la presencia de un proyecto literario nacional en la prensa de la época (Löfquist, 1995, pp. 29-44). Son los intelectuales que piden de la literatura una función ancilar, al servicio de las ideas ilustradas, a la nueva República, su justificación y necesidades.

  A las preguntas, ¿de dónde venimos y quiénes somos?, los textos contestan cargando al diégesis con las isotopías de patria, república, independencia, heroicidad y gloria2.

  Pero, ¿cómo determinar nuestro corpus de narrativa histórica entre tantas y tantas páginas acumuladas? ¿Es histórica una narración sólo porque transcurre en un tiempo pretérito respectos a los lectores empíricos? Nuestro punto de partida ha sido Anderson

  Imbert cuando afirma: "Llamamos novelas históricas a las que cuentan una acción ocurrida en una época anterior a la de novelista" (1954, p. 26).

  El criterio de Anderson Imbert es justificable y sobre todo operativo. Si bien es cierto que la descripción o testimonio de una época vivida puede llegar a convertirse en un documento histórico muy importante, faltaría el estudio y reconstrucción de un mundo no experimentado. Faltaría la perspectiva historica3.

  Ya establecido nuestro primer criterio de selección, nos planteamos, ¿es histórica una narración sólo porque haya transcurrido "en una época anterior al novelista?" retomamos a Anderson Imbert: "Esa acción, por imaginaria que sea, tiene que entrelazarse por lo menos con un hecho histórico significativo" (p. 26). Inmediatamente se nos hacen presentes dos dudas conceptuales: ¿qué entiende por entrelazar y qué es un hecho histórico significativo?

  Estamos de acuerdo con que en el mundo narrado debe existir una relación de casualidad entre ficción y referente historico. Es decir, el referente histórico debe tener presencia en la relación causa-efecto de la intriga.

  En cambio, nuestra concepción de referente histórico es más amplio que el hecho histórico significativo que propone Anderson Imbert. El referente histórico puede centrarse en cualquiera de los elementos estructurales que componen la obra narrativa: espacio, acontecimiento y personaje. Esos elementos, a su vez, se pueden combinar de distintas maneras y con variado grado de historicidad.

  Sobre la base de este breve alcance teórico, cuando en lo sucesivo hablamos de narrativa histórica chilena consideramos aquella publicada en Chile con un referente histórico chileno cuya acción transcurre en un tiempo anterior al nacimiento del autor.

CYa creemos posible establecer algunas líneas generales sobre los cuarenta y tantos relatos históricos que trataremos, publicados entre 1843 y 1876. ¿Cuáles son los referentes históricos que aparecen en nuestros textos? ¿Qué ideología tiñe su discurso? ¿En qué contexto se producen?

Sobre estas preguntas quisiéramos intentar algunas respuestas.

  Época de la Conquista y Colonia

"La historia del coloniaje español, aunque silenciosa i oscura,
ofrece sin embargo un hermoso campo a la esplotación del novelista
i del poeta. Por su carácter mismo, esa dominación de hierro, concluida de una manera gloriosa pero conservada de una manera
inícua, nos ofrece en todos los tiempos i en todos los
lugares cuadros de fuertes coloridos que siempre
serán recordados con interés"

(José María Torres Arce, Los amores de un esclavo, 1867, p. 7).

  Hemos podido observar que sea cual fuere la época tratada en los relatos, el referente histórico está casi siempre circunscrito a las relaciones conflictivas con España. Sea a través de la intriga o del discurso valorativo ideológico. En la veintena de relatos cuyo acontecer transcurre en las épocas de conquista y colonia, observamos, a primera vista, tres líneas temáticas que reflejan de una u otra manera esos conflictos.

a) El sistema modelizador colonial

  En estas narraciones predomina el acontecimiento ficticio por sobre el histórico y lo personajes en su mayoría son ficticios. El soporte histórico es la inclusión de algún personaje histórico, algún episodio o ambos, sacado de la historia para darle verosimilitud al relato. El universo imaginario se estructura a través de un sistema modelizador que pone en evidencia leyes, usos y costumbres coloniales. Importa más el carácter arqueológico que la historia propiamente tal.

  Pueden leerse, en parte, como un afán de justificar la Independencia. La comparación entre el pasado y el presente, revela el carácter opresivo del sistema colonial y su atraso social, económico y cultural. Su discurso es anticolonial y muchas veces abiertamente antiespañol: "Era una población verdaderamente española, es decir, estrecha, sucia, oscura, tortuosa, como todo lo que emanaba del conquistador"5.

  El narrador en Pascual de Castro inicia su narración con un discurso valorativo, aunque irónico:

  En los monótonos tiempos de la monótona vida colonial, el suplicio de uno de nuestros semejantes en la plaza pública de la capital era un espectáculo que acechaban con avidez no sólo la 'vil muchedumbre', sino los más altisonante señorones y damas más pechiparadas de la orgullosa Santiago6.

  La crítica del emisor se dirige a la forma bárbara que se empleaba para ejecutar a los criminales y el interés malsano del pueblo por asistir al espectáculo público del patíbulo. Pascual de Castro se salva milagrosamente y es recogido por padres dominicos y franciscanos que le dan asilo en la iglesia. Resulta que la última parte del proceso del ahorcamiento consistía en que el verdugo se trepara "de un brinco sobre los hombros del ahorcado, ¡puesto así, ¡ahorcajado de su cabeza, que servía de sostén, 'patearle a la boca del estomago', hasta que" (p. 133). Pero, en esta ocasión, la soga no había soportado el peso de ambos y el reo se había caído al suelo.

  El tono de humor negro que atraviesa todo el relato, sirve, por un lado, para entretener al lector y, por otro, para crear su rechazo cuando el narrador informa que el espectador asiduo en estas ocasiones era la autoridad máxima del país, el gobernador español Manuel Amat y Junient, quien "no era hombre de perder una fiesta de ahorcado, para activar su digestión " (p. 135). Al poner al mismo nivel la digestión del Gobernador y el valor de la vida de un hombre, nos lleva a una hipótesis de lectura sumamente crítica de las autoridades coloniales.

  La obra más compleja y de más extensión dentro de éste es Los dos hermanos de Manuel Bilbao, publicada en 1852 o 18537. En ella, el emisor presenta el mundo colonial en constante pugna con el mundo ilustrado. El discurso valorativo constituye una crítica violenta al mundo colonial cuyo instrumento principal para detener el proceso y las ideas ilustradas es la religión católica y, en particular, los jesuitas.

  Surge un mundo lóbrego y atrasado:

  En aquel tiempo, Santiago era una miseria//. Santiago, con una delineación igual a todas las capitales de la América del Sur, era triste y raquítico.
  Largas calles, pero desiertas (1871, p. 436).

  Más que en los hechos, Manuel Bilbao se afirma ideológicamente en el referente sociopolítico con su sistema modernizador colonial. A pesar de que ubica la acción en 1746, es el presente que provoca la crítica de fenómenos que tienen sus raíces en la época descrita.

b) La temática indígena

  Los relatos con temática indígena predominan entre los textos sobre la Colonia. En ellos, el acontecimiento se centra en el conflicto entre españoles e indígenas. Su elemento estructurador es el acontecer histórico. Y en su espacio, poco desarrollado, se mueven personajes históricos y ficticios.

  La reconstrucción, organización y ficcionalización de la realidad efectiva pretérita de Chile, se hace a partir de elementos extratextuales que casi siempre son reconocibles. El lector encontrará sólo levemente distintos a la ficción, aquellos conflictos armados, secuestros, malones, destrucción de fuertes y pueblos enteros, etc., que abundan en la historiografía sobre al época colonial.

  Sin embargo, al ficcionalizar estos episodios, el emisor recurre a ciertas estrategias narrativas para personalizar y subjetivar lo histórico, sin perder la ilusión referencial que quiere crear en el lector.

  En la mayoría de estos relatos, el referente histórico está enlazado con una intriga amorosa que involucra a españoles e indígenas en relaciones poco exitosas. Son elementos de ficcionalización que distinguen la narrativa histórica del relato puramente histórico. Con ello se construye la vida familiar, o la intrahistoria, que corrió paralelamente con los grandes hechos históricos. La relación amorosa se suele dar entre un personaje histórico (hombre español) y un personaje ficticio (mujer indígena) y sirve como eslabón entre los dos mundos: el español y el araucano.

  En Milan Stuchlik encontramos una clasificación de los diferentes estereotipos que se ha manejado históricamente de los mapuches. Aunque no nos coinciden de manera absoluta con la construcción del indígena que vemos en nuestro corpus, nos parece muy acertada la conclusión de Stuchlik cuando dice:

  "la imagen mapuche, es un modelo construido por los chilenos, no para describir o comprender la cultura Mapuche, sino para fundamentar y justificar las actitudes que tienen hacia ellos" (1974, p. 50).

  La imagen del indígena que entregan los relatos de nuestro período, es fundamentalmente enfriada con mirada doble.

   NO PODIAN SOPORTAR I CON RAZÓN, que aquellos INTRUSOS EXTRANJEROS viniesen con su ARROGANCIA ACOSTUMBRADA desalojarlos de lo QUE LES PERTENECIA...

LOS INDIOS, SEÑORES DE LOS FÉRTILES TERRITORIOS comprendidos al sur de Valdivia, no cedian un solo palmo de terreno a LOS INVASORES...8 (los destacados son nuestros).

  El discurso justificativo del indígena implica, a su vez, el discurso antiespañol. Los narradores en los relatos citados se sitúan en el tiempo narrado y hacen causa común con los indígenas. Los chilenos sufren las agresiones de España todavía en el tiempo de la escritura, más de cincuenta años después de la Independencia.

  Pero si la lucha de los indios agredidos es justificada en la época colonial, porque es lucha contra el enemigo común, no lo son la continuada rebeldía y el posterior rechazo a la incorporación a la vida cívica de la República. Notamos la acotación temporal del narrador en las siguientes citas:

/.../ las crueldades ni eran para manos de cristianos (los españoles), ni tampoco merecidas de los indios, pues hasta entonces no habían cometido delito en defender sus tierras...9.

/.../ los araucanos NO ERAN POR AQUEL TIEMPO la raza degenerada i envilecida que CONOCEMOS HOY10.

Es decir, cuando el emisor decimonónico se sitúa en el presente con su mirada ilustrada, abandona el enfoque que convertía en héroe étnico y épico al indígena y ve al "otro". Y emplea, incluso, a veces, en el mismo relato, el estereotipo del indígena entregado a la orgía y borrachera:

/.../ más a menudo eran el lugar de sus banquetes i BORRACHERAS11.

/.../se hallaban reunidos numerosos indios de ambos sexos entregados a la BORRACHERA MAS ESPANTOSA (los destacados son nuestros).

c) El discurso evangelizador

  Tanto liberales como conservadores dirigen una mirada crítica a la Colonia. Sin embargo, para los grupos católicos-conservadores la religión católica es un elemento civilizador esencial en la conquista del pueblo indígena.

  En La Estrella de Chile, periódico que representa los intereses de los grupos católicos-conservadores, se publican narraciones con temática indígena cuyo centro es el discurso evangelizador.

  Ese discurso evangelizador suele ser más connotado que denotado y se revela sobre todo en la motivación interna del relato y en la actitud de los personajes. En esos relatos, se elabora una intriga ficticia enlazada con un referente histórico débil.

  Cailloma. Leyenda indiana es quizá el ejemplo más representativo. El narrador narra desde la perspectiva del indígena y toma posición frente a la conquista: "...los guerreros del valle habían sucumbido, el bello pais de las cumbres blancas JEMIA BAJO EL YUGO EXTRANJERO".

  Encontramos muy fuerte y explícito el discurso evangelizado en los diálogos o, como aquí, en el soliloquio de Ghúlgüendula, la hija del machi, enamorada del blanco, donde aparece a la oposición paganismo religión católica:

  Virjen de los amores inocentes, tú, mas poderosa que los dioses que habitan en chozas de fuego, eres amada en el pecho de Ggúlgüendula; i has sido preferida por ella al dios de su padre que no sabia consolarla! (p. 45).

  En la historia de un sacrilejio, el maltrato de un padre jesuita y la profanación de sus sagradas pertenencias, es causa de un castigo severo para los indígenas: "El combate fué reñidísimo, la carnicería espantosa: fue aquello un terrible escarmiento para los culpables i una reparación clara de infames ofensas".

Y la moraleja:

  Murieron en la batalla /.../ todos aquellos que acometieron al padre i sacrílegamente le hecharon mano; en que conocieron todos que la mano vengadora de Dios habia andado allí (p. 633).

Época de la reconquista española

El sitio de Rancagua es para la historia de Chile una de sus mas
hermosas pájinas: Todo allí fué heroísmo, todo sublime abnegación!
/.../ I Rancagua es el nombre que los chilenos repiten con mas
amor¡ con mas respeto; por que Rancagua fué el ara del martirio de
tantos héroes
(C.W.M. Aniversario del sitio de Rancagua. 1 i 2 de octubre de
1814. En La República Literaria, N 18,
1 de octubre de 1865, p. 216)

  Al comienzo de la Patria Nueva, en 1818, con la conciencia de una nación en desarrollo, en un oficio publicado en la Gazeta Ministerial de Chile, Bernardo O'Higgins pide al Auditor General de Guerra:

/.../ que se extiende una relación histórica y política de las cuatro principales acciones, que ha tenido Chile, con el Ejercito español, a saber: las de Rancagua, Chacabuco, la del cinco de mayo, Talcahuano y Maipú que han sido desgraciadas, concluyéndose con un manifiesto que, previa la aprobación de este Gobierno, haga ver a las Naciones el carácter de este Pueblo, los motivos de interés y justicia que tiene en proteger nuestra Independencia, y abrir cambios paralas negociaciones que faciliten el reconocimiento de nuestro Estado Civil /.../ ­Dios guarde a V.S. muchos años. ­Santiago, mayo 16 de 1818. ­BERNARDO O'HIGGINS. ­ Al Auditor General de Guerra, don Bernardo Monteagudo (Gazeta Ministerial. N 46 del 27 de junio de 1818 en Feliú Cruz, 1952).

  Aquí ya están presentes motivación y temática de muchas narraciones posteriores al oficio. El pensamiento es colectivo. O'Higgins propone cuatro de los temas que la narrativa histórica habrá de tocar cuando elija como tema la gran epopeya chilena. La motivación es clara: "con un manifiesto /.../ que haga ver a las naciones el carácter de este Pueblo". Oficialmente, Chile inicia el cambio hacia su identidad, como Estado y nación, no sólo ante sí mismo sino, también, ante el resto del mundo.

  De los hechos acaecidos durante la guerra de la Independencia, los años de la reconquista española resaltan como la verdadera epopeya nacional en el imaginario chileno. Es durante estos años, sobre todo, que se construye el catálogo de los mártires y héroes nacionales y de las virtudes civiles.

  Al narrar los hechos de la Reconquista, el emisor aprovecha la enciclopedia histórica de los receptores de la época. El principio, desarrollo y fin de los acontecimientos están ya dados por la historia misma. La preocupación principal del emisor será, ¿cómo organizar este saber colectivo y qué estrategias narrativas usar para crear identificación y orgullo nacional en el lector?

  Los relatos carecen de espesor histórico, no se percibe una intención de reconstrucción arqueológica. No vemos tampoco en función el sistema modelizador de la época. Los relatos son de acontecimiento. Es decir, estructuralmente prima la acción sobre el espacio y el personaje.

  El referente histórico buscado por los emisores son, en su mayoría, episodios históricos sacados y comprobados por las fuentes de la época. Episodios que, aunque en su esencia parecen corresponder a la 'verdad histórica', pasan por un proceso ideologizado en su recreación ficticia. Lo histórico se subjetiva.

  Los ideologemas subyacentes apuntan a una misma dirección: la necesidad de justificar las guerras de la Independencia. Una justificación que se configura nítidamente a través de ciertas isotopías, de la presencia reiterada de ciertos héroes renombrados, de la amplificación ficcionalizada, positiva o negativa, de los personajes y hechos históricos.

  Hemos elegido mostrar el hecho quizá más significativo de la Reconquista, desde el punto de vista del imaginario nacional, es decir, Rancagua. Presentaremos también algunos de los héroes y antihéroes que más presencia tienen en los textos. A su vez, observamos cómo atraviesa el discurso valorativo los ejemplos elegidos.

  A partir de la derrota de Rancagua, el discurso histórico antiespañol y el patriótico van estrechamente mano a mano en apoyo a una historiografía oficial cuya ideología impregna también la narrativa histórica. Como ningún otro episodio histórico, Rancagua es narrado, amplificado y glorificado una vez tras otra en el siglo xix. A través de él, se evocan sacrificios abnegados, acciones gloriosas, héroes arrojados. El fracaso militar, lejos de ser censurado, es permanentemente elogiado por historiadores y narradores. El lector empírico, desde su perspectiva ya posterior a los hechos, sabe muy bien que Rancagua fue el comienzo de la independencia definitiva.

  En El mendigo, el acontecimiento está construido sobre las aventuras y desdichas del mendigo, cuyo existir es paralelo a los hechos que preceden la batalla de Rancagua, la batalla misma y la posterior independencia. Sin embargo, la integración entre intriga y referente histórico se da sólo como circunstancia paralela y prácticamente carece de relevancia en las peripecias del protagonista.

  El espesor histórico es casi nulo. Los móviles del protagonista son el amor y la venganza. Su patriotismo es innegable, pero narrativamente accidental. Sin embargo, desde el principio del relato descubrimos elementos que visten el acontecimiento de historicidad.

  La descripción de la batalla misma, más que relatar un suceso histórico, se presta para el discurso valorativo. Se construye la isotopía del valiente patriota, cuya justificación reside en el objetivo, la independencia y en lo abominable del enemigo:

/.../ todos conocíamos y AMABÁMOS LA CAUSA PORQUE PELEÁBAMOS, TODOS ABORRECIAMOS A MUERTE A LA ESPAÑA Y A SUS REYES, porque se nos habia hecho entender que nos hacian la guerra por esclavizarnos. De otro modo no habriamos ARROSTRADO AL MUERTE sin mas interés ni esperanza que tener patria y libertad...

/.../ venceriamos a los cinco mil hombres que nos mandaba EL TIRANO, porque éramos VALIENTES Y PELEÁBAMOS POR LA INDEPENDENCIA (p. 334).

  La traición juega un papel importante. El camino del protagonista está sembrado de traiciones y la figura del traidor siempre es español. El último traidor, Laurencio, muere a manos del protagonista en Rancagua. Simbólicamente, gana el patriota sobre el realista. Chile sobre España.

  La conciencia y el miedo de que la historia se repita, parece provocar un renacimiento de interés por la guerra de la Independencia en las décadas de los sesenta y setenta. Cuando se publica Aniversario del sitio de Rancagua en 1865, Chile está frente a uno de los conflictos más graves con España en época de Rancagua. Digresión que justifica su tema, a su vez que dirige una advertencia e incitación al lector pretendido chileno:

  No debemos olvidar que en aquellos tiempos dieron prueba de la más inaudita crueldad, son los mismos que hoy traen la guerra a nuestras playas. Los que en Rancagua asesinaron i se cubrieron de infamia con los mayores crímenes son los Españoles que hoi bloquean nuestros puertos, i a quienes todos los Chilenos debemos jurar guerra a muerte, guerra de exterminio.

  La adjetivación relacionada con ciertos hechos o personajes históricos construye marcadores semánticos reiterativos, casi fijos. En Aniversario del sitio de Rancagua, abundan esos marcadores semánticos que al lector le llevan de la mano para guiar su lectura. Rancagua se siempre "la derrota de Rancagua", pero a su vez "uno de los dias mas gloriosos para Chile". Donde se llevo a cabo "el sacrificio mas heroico" bajo el mando del "gran soldado de la independencia, el jeneral O'Higgins", etc. Para reforzar aún más su discurso antiespañol, el emisor ha incluido un trozo textual del relato hecho sobre Rancagua por Juan Egaña en El chileno consolado en los presidios, publicado en 1826. Texto que revela las atrocidades inhumanas cometidas por los realistas, después de la victoriosa entrada a Rancagua.

  Para el lector chileno de este siglo, probablemente son las obras de Liborio Brieba las que representan la ficcionalización de los hechos de la Reconquista. Son narraciones donde la fábula abierta ha permitido la acumulación de episodios históricos y ficticios en una hilera que podría ser infinita y sólo limitada por el período tratado, 1814-1817. Brieba publica en 1871 y 1875, pero sus obras han sido reeditadas innumerables veces. La más completa edición constituyen los tres tomos de Episodios Nacionales12.

  En Brieba no hay reconstrucción de época, es el acontecer que mantiene el interés del lector. La reconstrucción de un sistema modelizador restaría dinamismo a la acción que ocupa un lugar primordial. Sus obras presentan las características de la novela que Ferreras llama novela histórica de aventuras: "Los personajes hablan y hablan, y cuando no hablan actúan, corren, suben, bajan, nunca parecen reflexionar" (Ferreras, 1972, p. 262).

  Pero, aunque no quepa duda de que el avance de la acción es el foco de interés de Brieba, el discurso antiespañol, centrado en los talaveras, está presente constantemente:

  Allí tuvo ocasión de conocer la perversidad que por lo general dominaba el carácter de aquellos hombres (los talaveras) (Brieba, 1975, tomo ii, p. 49).

  La más refinada crueldad habían desplegado // los toscos y desalmados talaveras, quienes encontraron un abominable placer de humillar a sus víctimas, no excusando atropellos, injurias ni vejámenes, ni a ellos, ni a sus esposas e hijas (Brieba, 1975, tomo i: 309).

  La isotopía del patriotismo que no permite la competencia de ningún otro sentimiento, se repite en nuestros textos y no sólo en los que tratan la Reconquista.

  En Un mártir de la libertad, Manuel, llamado a defender la ciudad de Rancagua, se despide de Elena: "no puedo cerrar mis oidos a su sagrado mandato (la Patria)" 13.

  Y la voz de la mujer, lejos de oponerse, sirve de apoyo al discurso patriótico: "...es un sacrificio dolorísimo de mi alma, veo que tal vez es mi muerte pero mi corazón i mi amor aceptan ese sacrificio i lo aceptan con alegría" (p. 195).

  En Teresa. Episodio de la época de la independencia, es la mujer quien toma la iniciativa de sacrificar el amor en las aras de la patria. Frente a la elección: "¡Cruel alternativa: patria o amor! Hé aquí lo que el destino me ordena que elija"14, rompe su compromiso con Jenaro a quien ama entrañablemente: "Yo daria mi vida, si de algo sirviese, para que ella (la patria) fuese libre y feliz; ya que esto no puede ser, sacrifico algo más que la vida: sacrifico el amor" (p. 170)15.

b) O'Higgins, San Bruno y otros personajes

  Los héroes y antihéroes propios de la Reconquista formarían parte del repertorio del imaginario nacional chileno. La mayoría de las veces esos personajes históricos son apenas mencionados en nuestro corpus y sirven sólo de informantes para "identificar, para situar en el tiempo y en el espacio" (Barthes, 1974, p. 21). Entregan en el marco temporal y situacional de la acción, pero no participan mayormente en ella. En esta categoría desfilan, entre otros gobernadores españoles, militares patriotas, ilustres sacerdotes, famosos bandidos y montoneros.

  O'Higgins, José Miguel Carrera y Manuel Rodríguez son los protagonistas patriotas de más renombre cuya presencia se repite en las narraciones. Y naturalmente, San Martín. Con la conducta irreprochable, noble y valiente, en todo trance, de estos personajes se construye el discurso patriótico.

  A su vez, a manera de contraste, la conducta y las actuaciones de los personajes antagónicos, como Osorio, Marcó del Pont y los temibles talaveras Villalobos y San Bruno, contribuyen a construir el discurso antiespañol. Curiosamente, estos personajes-escarmiento tienen más presencia narrativa que los personajes-ejemplos. Su criminal conducta justifica la guerra de la Independencia y hace surgir en el lector la pregunta: ¿cómo haber dejado a Chile en sus manos?

  Sólo en algunos relatos de nuestro corpus existe al exaltación del personaje histórico chileno: O'Higgins en varios relatos y José Miguel Carrera en un par de ellos.

  En las décadas del sesenta y setenta el imaginario nacional reivindica la imagen militar de O'Higgins, no obstante haber sido obligado a renunciar al poder en 1823, acusado de autoritario y despótico. En relatos que tratan hechos bélicos acaecidos en los años 1813 y 1814 (Robles, Linares y Rancagua), O'Higgins es descrito como:

/.../ el primer soldado del pais /.../ una voz que sabia /.../ dominar el trueno.
/.../ inmerso en su heroismo /.../ entre los otros guerreros, lo que es el sol en el espacio, que eclipsa con su luz a los astros16.

  El primer relato citado es publicado en homenaje al centenario de su nacimiento, el 20 de agosto de 1776, y concluye con:

  Sus cenizas, estamos ciertos, se conmoverán mañana en su urna, al sentir que late por él agradecido el corazon de todo un pueblo que reconoce deberle, en cuanto a un hombre es posible, su libertad y su independencia.

  También se intenta lavar la imagen algo manchada por la historiografía de José Miguel Carrera:

  No culpamos al valiente guerrero, mártir después /.../ nó; él era patriota, como sus colegas jeneroso i noble: fué no se qué fatal destino que persiguió a sus armas i lo arrastró hasta el último suplicio. Fué gran patriota i gran desdichado!.

  Sólo dos personajes se aproximan a la mitificación: Manuel Rodríguez y San Bruno. El primero, pintado fundamentalmente por Liborio Brieba en sus Episodios nacionales es el ferviente patriota que según la memoria colectiva con mucha picardía y astucia burlaba constantemente al enemigo español. Su imagen se convirtió en leyenda y mito ya en vida y reúne en sí todas las cualidades necesarias para su papel de insurgente irrefrenable:

/.../ un valiente a toda prueba /.../ la astucia era su arma favorita, y por cierto que la manejaba con tanta facilidad como la espada, la pistola o el puñal... (Brieba, 1975, tomo i, p. 118).

  En la obra de Brieba, el antagonista principal de Rodríguez es San Bruno quien representa todo lo abominable del régimen represivo y a quien se le atribuyen los crímenes más horribles:

/.../ se dibujo en su pálido y ceñido rostro un sonrisa que, a pesar ser el efecto de su intima satisfacción, tenia una expresión siniestra y desagradable (Brieba, 1975, tomo i, p. 142).

  La 'leyenda negra' de las crueldades de los talaveras, surge inmediatamente después de su llegada a Chile. La superstición creada alrededor de estos hombres considerados inhumanos, insinúa su parentesco con el demonio:

/.../ Es un talavera ­respondió una voz que iba delante de Monterreal. ­¿Lo llevan de muestra? ­preguntaron. ­Ahórquenlo. No pierdan tiempo ­decía otro. ­¡Vean si es cierto que tiene cola. ­Gritaba otro (Brieba, 1975, tomo i, p. 72).

  Sorprendentemente, encontramos un relato que pretende cierta reivindicación de la figura de San Bruno. Después de la victoria en Chacabuco, el 2 de febrero de 1817, se encuentra el temible capitán en la cárcel de Santiago. Junto con Villalobos, espera el ajusticiamiento, castigo de sus crímenes, Villalobos se acuerda de sus triunfos, pasiones y ambiciones, San Bruno, de sus crímenes, la sangre, sus pobres víctimas. Mientras que el primero se muestra soberbio y arrogante, el otro busca perdón y refugio en la religión.

  El sacerdote José Javier Guzmán visita a los reos. Por su patriotismo había sido una de las víctimas principales de las crueldades de San Bruno, quien ahora admite sus errores, se humilla frente al fraile y le pide perdón: "Cruel no he sido; me perdió un celo excesivo, un sentimiento exajerado de lealtad hacia mis reyes"37. Palabras que pretenden ser históricas.

  Se perfila en el relato un discurso valorativo religioso que al reivindicar a San Bruno nos parece enseñar que el perdón siempre es posible, siempre y cuando venga con el arrepentimiento,. No sorprende que el capitan Sambruno (sic) se halla publicado en La Estrella de Chile, prensa dirigida a y por los grupos católicos-conservadores.

  Para cerrar, citamos a Juvenal Guzmán quien, en 1876, aunque se refiere sólo a la época colonial, resume el discurso y la temática que vemos en casi todos los textos tratados cuando escribe: "Con razón se quejan todos los escritores de la época de las atrocidades cometidas por los españoles" ("Asalto de San Baretolomé de Gamboa", La Semana Nº 9).

Brevísimas conclusiones

  Literario nacional que pretende crear una literatura propia y afirmar a Chile como nación.

  El referente histórico elegido preferentemente se ubica en los hitos cronológicos que van desde la conquista española a la lucha por la independencia del país.

  La causalidad narrativa interna de las narraciones históricas está fundamentalmente sostenida sobre la base de la relación conflictiva entre españoles e indígenas y entre españoles y chilenos.

  La temática indígena tiene dos vertientes de tratamiento:
a) El indígena en conflicto con los españoles es el héroe mítico valiente y orgulloso defensor de su territorio invadido.
b) El indígena que, desde y en el presente del emisor, representa la barbarie que debe eliminarse o por lo menos civilizarse.

  El episodio histórico más recurrido en el corpus tratado es el "desastre de Rancagua", donde se resalta la heroica defensa los chilenos y las atrocidades de los españoles luego de su triunfo.

  El discurso del emisor de la narrativa histórica está impregnado de valoración ideológica patriótica y anticolonial.

1 Trabajamos con el corpus acumulado por el proyecto de investigación Las letras chilenas 1810-1879 que se realiza desde hace muchos años en el Instituto Iberoamericano de la Universidad de Gotemburgo, Suecia. El corpus cuenta con alrededor de setenta mil páginas de, sobre todo, prensa de la época estudiada. El trabajo aquí presentado se ha desarrollado, en parte, dentro del marco teórico de nuestra tesis doctoral (Löfquist, 1995) y del mencionado proyecto (ver Foresti, 1989 y la narrativa chilena. Desde la Independencia hasta la Guerra del Pacífico. Tomo i (1810-1859) de C. Firesti, E. Löfquisst, A. Foresti, manuscrito en prensa).
A su vez, este artículo entrega los primeros resultados de una investigación más extensa y completa que será publicada en el tomo ii del mencionado libro.

2 Utilizamos el concepto isotopía de acuerdo con Umbetro Eco (1993).

3 Pensamos que con el criterio de José Zamudio, en su obra La novela histórica de Chile (1973), todas las novelas sociales llegarían a ser, tarde o temprano, novelas históricas. Bastaría dejar pasar el tiempo para tener una novela histórica.

5 Los amores de un esclavo, de José María Torres Arce, Santiago, Imprenta de la República, 1867, P.

6 La Estrella de Chile, Nº 473, 1876, p. 130.

7 La obra es la continuación de los hechos ocurridos en El Inquisidor Mayor (1852), pero ya situado su acontecer en Chile. No tratamos en esta oportunidad El Inquisidor Mayor por transcurrir su acción en Lima. Sin embargo, no podemos dejar de hacer presente que, antes de la década del sesenta, es el relato histórico de ficción que mejor logra reconstruir el sistema modelizador colonial.

8 J. Ramón Ballestero, "Un soldado como pocos. (Episodio de la conquista)", La Estrella de Chile, Nºº 392, 1875, p. 18.

9 Carlos Aldunate S., "El amor de un indio", La Estrella de Chile, Nº 396, 1875, p. 169.

10 Máximo Ramón Lira, "A orillas del Bío-Bío. Escenas de la vida araucana", La Estrella de Chile, Nº 152-155, 1870, p. 747.

11 Carlos Aldunate S. "El amor de un indio", La Estrella de Chile.

12 El título es posterior y comprende las novelas Los talaveras. Novela histórica y El Capitán San Bruno o El escarmiento de los talaveras. Novela histórica de los tiempos de la Reconquista e Independencia de Chile (1815-1817), publicadas en 1871 y 1875. Las dos obras originales han sido reeditadas muchas veces.

13 R. Cruzat, La Mariposa, Valparaíso, Nº 18, 5 de febrero de 1864, p. 195.

14 Rosario Orrego de Uribe, Revista de Valparaíso, tomo i, Nº 17, 1874, p. 170.

15 Aunque se ubica fuera de los hechos de la Reconquista, queremos mencionar el tema del relato anónimos Gloria y amor.

16 Episodio histórico. La sorpresa del Roble firmado Eucaris, La Semana 1876, p. 59.

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Zamudio, José, La novela histórica en Chile, Buenos Aires Santiago de Chile, Editorial Francisco de Aguirre, S.A.

 

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