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Literatura y lingüística

versión impresa ISSN 0716-5811

Lit. lingüíst.  n.13 Santiago  2001

http://dx.doi.org/10.4067/S0716-58112001001300006 

JUAN EMAR y FRANCISCO
COLOANE: ANOMALIAS
HISTOGRAFICAS,(RE) VISIONES
Y APRONTES PARA NUEVAS
LECTURAS

José Luis-Femández P.
UCSH

Resumen

En este trabajo se examinan algunas dinámicas de los circuitos culturales chilenos en relación a los cambios que ha experimentado la recepción de la obra de estos dos autores. En efecto, Emar y Coloane constituirían casos paradigmáticos de anomalías historiográficas, en la medida en que sus producciones han sido olvidadas o devaluadas para, décadas más tarde, ser revaloradas y resituadas en la escena cultural.

Tanto en el caso de un infortunado olvido ( involuntario o no) y su posterior operación de rescate, como en el de una dificultosa integración a un campo generacional, estamos en presencia de desajustes entre los principios constructivos que operaban en estas producciones y los marcos conceptuales con los que operaba el aparato crítico encargado de sancionarlas socialmente. La revisión retrospectiva de la recepción crítica no solo abre luz sobre las complejidades propias de la periodización de la literatura,

sino que, además, pone entre paréntesis a la historiografía de base positiva, desconfiando de los discursos que proponen visiones unívocas o definitivas.

Abstract

This study examines some Chilean cultural circuit dynamics in relation to the receptive changes undergone towards the work ofthese two authors. In effect, Emar and Coloane constitute paradigmatic cases of anomalous historiography, since their work has been forgotten or devaluated, and decades later is revalued and resettled on the cultural scenery.

As an unfortunate amnesia ( either voluntary or not) and its later rescue, and its difficult reestablishment into another generation, we are confronted to misadjustments among constructive principies that supported these productions and the conceptual schemata with which the critical social sanction apparatus operated. Insight on critical reception, not only, provides a vision of literary periods' proper complexities, but also, leaves pending positive historiography, mistrusting discourses that suggest unanimous or definitive visions.

1. Introducción: panorámica inicial o sobrevuelo

¿Cuáles son los cambios significativos que experimentó la vida cultural de Chile durante las primeras décadas del siglo XX?, ¿qué distancia mental y cultural separa al Santiago del 1900 ­con flamante tranvía eléctrico, ópera en el Municipal, zarzuela e incipientes teatros itinerantes­ de la capital con crisis de transporte, protestas estudiantiles, cine popular y el emergente Condorito, hacia 1949? 1 .En el curso de 50 años el salón será suplantado por el café, el bar o el sindicato. La participación de los sectores medios en la vida urbana se dejará sentir: la masificación del cine, los avances en radiofonía, el incremento del alfabetismo y el vigor de una floreciente industria editorial, van propiciando una mayor circulación de ideas y propuestas artísticas. En definitiva, la hacienda cedió lugar a la urbe y las masas ganaron en visibilidad: la voz comienza a ser compartida y disputada en espacios de interlocución crecientemente complejos, incidiendo directamente en el modo en que se articulan los nuevos circuitos literarios 2 .

A partir de los años '20 proliferan revistas y manifiestos; poetas, críticos y narradores polemizan acaloradamente. Los escritores experimentan la necesidad de tomar opciones, ya sea en sus definiciones frente al conjunto del cuerpo social o en los postulados artísticos que los distinguen entre sí. Se suceden movimientos con diversas orientaciones artísticas e ideológicas, dando cuenta de la complejización de la escena cultural. Así, una progresiva superposición de concepciones de literatura contrapuestas dificulta la tarea de periodizar el fenómeno literario dando cuenta del conjunto. Paradójicamente, antiguas omisiones o sesgos de época en la recepción crítica abren puertas para formular nuevas preguntas o reencauzar miradas en la comprensión de lo pretérito. El continuo de la historia cultural no solo permite el (re)examen de períodos ya descritos; también posibilita la conexión de las sombras de dicha historia con problemas no vislumbrados.

En este artículo no privilegiaremos el acopio de datos ni la exhaustiva exposición de cronologías literarias. Más bien ensayamos una aproximación que ponga el acento en la comprensión del fenómeno literario en tanto construcción cultural: los olvidos, las revalorizaciones tardías o las inesperadas (re)semantizaciones de un autor ofrecen una buena oportunidad para leer las coordenadas en las que se ha desenvuelto la producción de nuestros escritores y la recepción crítica de la que han sido objeto. Aquí presentaremos algunas bases para configurar dos casos de anomalías historiográficas. El olvido y reciente rescate de la figura literaria de Juan Emar y la tardía revalorización de la obra de Francisco Coloane pueden ser un perfecto pretexto para justificar una sana (re)vista a los márgenes de una historiografía literaria siempre dispuesta a presentar sorpresas y jugar a las escondidas.

2. Juan Emar, olvido y rescate

Es un hecho que la producción literaria de Juan Emar (Alvaro Yáñez Bianchi, 1893-1964) ha sido ampliamente desconocida por mucho tiempo, siendo ignorada por la crítica e historiografía literarias e incluso por los círculos intelectuales y académicos hasta comienzos de la década de los '70, cuando la célebre reedición de Diez, prologada por el mismo Neruda, permitió rescatarla de 35 años de silencio.

Emar fue un activo promotor de las vanguardias artísticas durante la década de los años '20. Desde sus «Notas de arte» (1923-1925) del diario La Nación desempeñó un rol decisivo en la difusión de las corrientes estéticas en boga en París, apoyando al incipiente grupo Montparnasse 3 . En 1935 se dio a conocer como escritor al publicar tres libros de narrativa fantástica ( Miltín 1934, Un año y Ayer ). En estos textos destaca la propiedad dialogística de los relatos ­en los que recicla y enfrenta a personajes literarios e históricos­, la disolución de los límites entre los géneros, la emergencia de lo inverosímil y un permanente desciframiento del lado oculto de lo cotidiano. La crítica acogió con indiferencia su obra y sólo algunos poetas amigos celebraron con admiración la originalidad de la propuesta. Hacia 1937, Emar publicó su colección de relatos Diez sin provocar reacciones. A partir de entonces su figuración pública decayó y se fue entregando por completo a la escritura de su meganovela Umbral, hasta su muerte en 1964. En la actualidad, el circuito literario chileno asiste a una auténtica operación de rescate cultural sobre la producción emariana. El resurgimiento de su obra en los últimos años es un hecho patente: sucesivas reediciones y una copiosa bibliografía en torno a su literatura son clara muestra de ello.

¿Qué condiciones hacen posible el redescubrimiento de un autor o un cambio tan significativo en su apreciación? Por de pronto, es preciso detenerse en dos hitos que propiciaron el progresivo ensanchamiento del círculo de difusión de la narrativa de Emar: el primero fue la reedición del volumen de cuentos Diez (Universitaria, 1971); y el segundo, la publicación del primer tomo de Umbral, en manos del editor argentino Carlos Lohlé, en 1977. En lo que refiere a Diez, Donoso ya había fracasado en su intento por convencer a los editores para una eventual reedición del material, el cual era tildado de 'oscuro'. Finalmente, el proyecto prosperó gracias a las insistencias de Neruda, quien rescató del olvido a Emar 4 . En cuanto a la aparición del primer volumen de Umbral , esta obra permitió apreciar el talento creativo del escritor en un proyecto de mayor complejidad constructiva. Aunque ya existía un consenso crítico en torno al valor literario de Diez y las demás producciones del año '35, los escasos ejemplares que llegaron al país bastaron para confirmar la categoría de un autor imprescindible. Poco a poco, Emar se fue transformando en un escritor de culto en ciertos círculos académicos; las ediciones reseñadas y su impacto en centros de influencia decisivos (las críticas de Ignacio Valente y algunas cátedras en prestigiosas universidades) allanaron el camino para la publicación íntegra de Umbral (Dibam, 1996), gesto con el cual se marca el inicio del período de divulgación masiva de su obra.

Es conveniente situarse en el Chile de 1935 para descifrar la trayectoria de un olvido. Cuando Miltín 1934, Un año y Ayer aparecieron, aún predominaba en nuestra literatura la novela criollista, enraizada en lo nacional y apegada a la descripción realista, la captación de lo autóctono y el fin documentalista. Al mediar los años '30, el lector chileno acostumbraba verse representado en temas y paisajes, tal como lo pauteaba el mundonovismo de Mariano Latorre (años '20). A pesar de los intentos de la Generación Imaginista del '27 ­con Salvador Reyes a la cabeza­ por dar cabida a lo mítico y al relato interior de conciencia, tal contrapunto no comprometió la búsqueda de una identidad nacional, aspecto capital en el ideario criollista. En consecuencia, la literatura se leía aún en función del apego al terruño y a la capacidad que ésta tenía para dar cuenta de lo propio: el paisaje o el estudio de carácter se sostenían sobre una epistemología de base positiva común. La crítica, en tanto, se enfrentaba a textos de fácil filiación, en los que sin dificultad se trazaban líneas de continuidad y parentesco literario: basta consignar como los dos principales críticos de la época -Omer Emeth y Alone- se alinearon con el criollismo y el imaginismo, sancionando las obras de acuerdo a los parámetros impuestos por estas escuelas. Las condiciones existentes no permitían una acogida favorable para textos cuya libertad imaginativa y patrones de asociación escaparan a la concepción mimético-documentalista; los 'excesos líricos' podían tener cabida como efusión sentimental o desvarío psicológico, pero sin comprometer los marcos comprensivos de la realidad: el papel del absurdo, el inconsciente y el azar no correspondían a lo admisible dentro de la representación literaria en la narrativa chilena de aquella época. Este desfase situaba a Emar como un adelantado para su tiempo, y por ello 'la historia le pasaba la cuenta'. Así, no es difícil comprender que la pretendida oscuridad de sus relatos eran resultado de la abrupta aparición de una nueva propuesta, (ex)céntrica, cuyos principios constructivos superaban el aparato crítico encargado de sancionarla socialmente.

3. Francisco Coloane: algo más que aventuras

El lugar que ocupa Coloane en la literatura chilena está signado por datos y recepciones que resultan difíciles de integrar, por lo que la valoración crítica de su producción es todavía un campo abierto e irregular. Muy reconocido desde sus inicios ­una parte significativa de su producción es de los '40­, Coloane obtuvo el Premio Nacional de Literatura el año 1964 y es, sin duda, uno de los narradores nacionales más leídos. Sin embargo, hasta hace unos pocos años, su nombre se ligaba más bien a la literatura juvenil y a la cultura escolar, en tanto que el interés que podía despertar su obra en el ámbito académico era más bien débil o restringido. Por otra parte, su 'nicho' en la historiografía nacional no deja de ser problemático; su producción ha sido dificultosamente sindicada a la Generación del '38 y valorada, sobre todo por la crítica de los '40 y '50, de acuerdo al horizonte de expectativas programado por el criollismo que precede a esta agrupación. Imprevista y mediatamente, el circuito literario francés de los '90 ha resituado a Coloane en un lugar de mayor prestigio e interés: su obra ha suscitado entusiasmo y recibido un amplio reconocimiento de la crítica francesa a partir de la publicación de Tierra del Fuego y Cabo de Hornos por la casa editorial Phebus en 1994.

En lo que toca a la extendida percepción que lleva a catalogar a Coloane como un escritor 'para jóvenes', influyó decisivamente el carácter de su opera prima y las circunstancias de su publicación. Hacia 1940 Coloane se da a conocer al ganar un concurso literario sobre novela infantil convocado por Editorial Zig-Zag con El último grumete de la Baquedano. Esta novela, tanto por la peripecia centrada en el viaje como por el motivo de la búsqueda, encaja en lo que se ha llamado novela de aprendizaje, género que conjuga la acción propia del relato de aventuras con cierto didactismo 5 . A pesar de que su consagración definitiva llegó en 1941 al obtener del 1 premio del Concurso del Cuarto Centenario de Santiago con Cabo de Hornos, fue su obra inicial ­ampliamente difundida a través de sucesivas ediciones escolares y una versión cinematográfica para el olvido­ la que cristalizó una imagen que, indirectamente, devaluó la obra de Coloane considerada en su conjunto.

Otro factor que ha conspirado para un acercamiento más sustancial a la obra de Coloane es su forzada inclusión en la Generación Neorrealista de 1938, en función del clima intelectual que alineó a la mayoría de los artistas e intelectuales en torno al proyecto político que llevó al poder al Frente Popular en 1939. Para Cedomil Goic es precisamente esta concepción político-social de la literatura el elemento identitario predominante del grupo 6 . A partir de éste se impuso la mirada del proletariado como actor protagónico de la vida urbana y la intención adoctrinadora de una escritura que intentaba solidarizar con la clase obrera. Sin embargo, durante estos años emergieron algunos escritores que no asumieron la concepción de una literatura comprometida ­María Luisa Bombal, el mismo Coloane, etc.­. Para el prisma de época, los autores que se desviaron del proyecto hegemónico practicaban una literatura de evasión, por lo que su recepción crítica se vio afectada por el estigma de la marginalidad o la sospecha.

En el caso de Coloane, la asimilación facilista de toda una producción a la literatura juvenil o de aventuras, retroalimentó la mecanicidad de la crítica periodística de los años '40, que valoró casi siempre desde parámetros extrínsecos ­tejiendo una leyenda sobre 'el hombre de confines', una suerte de Hemingway chileno­ o extemporáneos ­proyectando ópticas naturalistas o coloristas propias del criollismo de los años '10 y '20­7 . Así, Coloane pasó a significar latamente una ampliación del marco literario nacional o una muestra de un talentoso exotismo anclado en los confines del sur. Si sus contemporáneos observaban la realidad desde los conflictos sociales de la urbe, él se adentró en los paisajes más apartados del sur, auscultando con mirada introspectiva los conflictos interiores y las relaciones cara a cara en la estepa y los mares patagónicos, un entorno agreste y sin historia.

Ante el descubrimiento del páramo austral y las evidentes distancias ante el neorrealismo, la crítica intentó una aproximación criollista, leyendo a Coloane en clave mundonovista. No pudo apreciarse en su momento que, a pesar del relieve que cobra la naturaleza en sus relatos, el paisaje se integra a la acción y a los diálogos; su descripción, nunca abultada, no vale por sí misma, sino que es funcional a la presentación de un drama humano en curso, en el cual se desenvuelven motivaciones más universales ­la soledad, la incomunicación­ que la pintura de tipos sociales practicada por el criollismo. Si bien más de algún artículo rozó las problemáticas que imponía su singular escritura, la mayor parte de las veces la crítica se detuvo majaderamente en los tipos sociales representados, en la (c)ruda realidad ­tan ajena y tan propia­, o en la naturaleza como agente determinador fundamental. Por el contrario, no se vislumbraron las búsquedas esencialistas en la configuración de los personajes ­o las resonancias arquetípicas de un hombre-animal en la extensión de la pampa­; tampoco repararon en las dificultades compositivas que debía sortear una escritura de sobria concisión en el flujo del acontecer ni se cuestionaron los recursos involucrados en el manejo del ritmo narrativo, como el sutil juego de selecciones y omisiones en que se sustenta esa fluidez casi espontánea de la prosa de Coloane 8 . Aunque Latcham pudo acertadamente vislumbrar que «cada pormenor es un trazo dramático, fundamental en el relato, poderoso en su autonomía para realizar el conjunto de la visión» , al rematar su artículo vuelve a la valoración de la mímesis realista y a la renovación de tipos como los aspectos de mayor relieve:

«Coloane ha hecho una literatura vivida, sin aliños excesivos y que ofrece un gran perfume de sinceridad. En Cabo de Hornos vemos ampliarse el horizonte geográfico de la narración criolla con una concisión realista y una primitiva poesía que nos sacan de la monotonía de los huasos y de los percances de los rotos» 9 .

Ha pasado más de medio siglo y a partir de 1994 es posible encontrar en la prensa francesa varias reseñas con notas laudatorias hacia la obra de Coloane, en las que se ensayan nuevos enfoques: sea por el renovado aprecio por la novela de aventuras en Europa, por la penetración de la ecología sobre su campo simbólico afín o por el éxito editorial de las novelas de Luis Sepúlveda ­quien recomendó a Coloane como un narrador imprescindible­, lo interesante es que esta revaloración invita a detenerse, a recodificar, a cuestionarse desde dónde está leyendo la crítica francesa10 . Queda planteado el problema y el desafío está pendiente: la estética de la recepción y la sociología del consumo literario tienen la palabra.

4. Coda interpelativa:
apronte para una nueva mirada

Al intentar dar cuenta de una anomalía historiográfica en el campo de la literatura, se describen tangencialmente algunos problemas fundamentales sobre la interdependencia entre la producción cultural y los agentes que operan en su recepción crítica, los modelos con que estos agentes codifican su tiempo, los modos de representación comprometidos, los espacios que inevitablemente quedan fuera del campo de visión, etc. Un ejercicio retrospectivo como el aquí intentado, posibilita situar puntos de inflexión, incorporar las posibles variables que determinan cambios en los horizontes de expectativa para el crítico o para el gran público, situar los impulsos innovadores que ponen en crisis los modelos de observación o los aparatos de exégesis, etc.; tal vez, tan estimulante como reconfigurar una escena cultural pretérita, es la posibilidad de acercarse a los supuestos epistémicos que constituyen la obviedad con la cual codificamos nuestro hoy, la posibilidad de acercarse a la noción de océano con la mirada del pez.

1 Una documentada cronología que integra los sucesos más relevantes de la política, la cultura y su efecto en las masas es el texto El siglo en que vivimos. Chile 1900-1999 de Carlos Orellana, Planeta, 1999.

2 Para una revisión de las transformaciones sociales que experimenta la vida política del país y el impacto de la economía sobre la organización social y la vida cultural, véase Chile en el siglo XX, Mariana Aylwin y otros, Planeta, 1990; para profundizar las corrientes del pensamiento y las pautas de consumo cultural en el Chile finisecular, véase Fin de siglo. La época de Balmaceda. Modernización y cultura en Chile, de Bernardo Subercaseaux, Editorial Aconcagua, 1998.

3 La compilación Jean Emar. Escritos de arte (1923-1925), de Patricio Lizama, Dibam, 1992 permite conocer el aporte cultural de Emar como crítico de arte y promotor de las vanguardias; he contimuado esta línea en el estudio que precede a la antología de Vicente Huidobro y Juan Emar Vanguardia en Chile, que publiqué en Santillana (Colección Clásicos Esenciales), 1998.

4 La rigurosa investigación de teoría de la recepción Juan Emar -estudio-, de Alejandro Canseco-Jerez, Ediciones Documentas, 1989, pormenoriza los problemas de legibilidad y exclusión historiográfica en torno a la obra de Emar.

5 Véase cómo aún prima el canon formativo-didáctico en la valoración de Coloane como Premio Nacional en Rojas Piña, Benjamín: «Coloane, el narrador de la pampa fueguina y la región de los témpanos», Boletín del Instituto Nacional N 77, 1964.

6 Para una exposición canónica de la teoría de las generaciones aplicada a la narrativa latinoamericana, véase Historia de la novela hispanoamericana, de Cedomil Goic, Ediciones Universitaria de Valparaíso, 1972; para una profundización de la Generación del '38 véase Literatura chilena del siglo XX, Fernando Alegría, Zig-Zag, 1962; para una revisión historiográfica crítica del tema, resulta de gran interés El revés de la arpillera. El perfil literario de Chile, de René Jara, Libros Hiperión, Madrid, 1988.

7 Muestras de ello son las referencias «Cabo de Hornos», de Guillermo Koenenkampf, y «Golfo de Penas» de Luis Merino Reyes, publicadas en Atenea N 213 y 242-243, de 1943 y 1945, respectivamente.

8 Para adentrarse en un estudio más contemporáneo y panorámico sobre los aportes de la narrativa de Coloane, es preciso consultar La obra narrativa de Francisco Coloane, de David Petreman, Editorial Universitaria, 1987.

9 Véase la reseña «Cabo de Hornos», de Ricardo Latcham, en La Nación (21-XII-1941).

10 Un punto de partida para revisar la recepción crítica de Coloane en Francia puede hallarse en 'Revista de Libros', de El Mercurio, 30 de abril de 1994; página de 'Cultura' de La Época, 27 de diciembre de 1994 y Qué Pasa del 29 de junio de 1996, pág. 85.

Bibliografía

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