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 número13REFLEXÕES LINGÜISTICAS SOBRE A METODOLOGIA DE ENSINO-APRENDIZAGEM DE UMA LÍNGUA ESTRANGEIRA: UM CASO DO ENSINO DO ESPANHOL NO BRASILGuillermo Carrasco Notario, Amor y Laberinto, Cervantes y Cía. Editores, Santiago, 2001. índice de autoresíndice de materiabúsqueda de artículos
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Literatura y lingüística

versión impresa ISSN 0716-5811

Lit. lingüíst.  n.13 Santiago  2001

http://dx.doi.org/10.4067/S0716-58112001001300013 

El ensayo
como recurso escritural
y espacio de reflexión

Eduardo Devés Valdés,
Del Ariel de Rodó a la CEPAL (1900-1950)
(El pensamiento latinoamericano en el siglo XX,
entre la modernidad y la identidad)
,
Editorial Biblios y Centro de Investigaciones Barros
Arana, Buenos Aires, 2000, 335 páginas.
José Alberto de la Fuente A.

En este primer tomo, de una obra que promete abarcar todo el siglo XX, el profesor Dr. Devés intenta una reflexión sistemática y pormenorizada del comportamiento de las identidades en el contexto del proceso modernizador en Latinoamérica. Su proyección está encaminada a responder la pregunta «¿cómo potenciar las identidades a partir de algunos elementos presentes en el proceso modernizador?». Para el autor de esta interesante investigación, identidad y modernización son los conceptos centrales que regulan el pensamiento latinoamericano del siglo XX.

Es muy significativo constatar que en este estudio se valida el ensayo no sólo como discurso, sino básicamente como referente y depósito, registro excepcional y conceptual del modo de discurrir de los intelectuales latinoamericanos. Es una zona en la cual se cruza la estética, la axiología y la politología, en las fronteras de la ética y del compromiso con el destino de una región del mundo tan vapuleada por aquellas concepciones evolucionistas que, como afirma Bartomeu Milià, «desconfían de los pueblos, los juzgan atrasados y los creen subir al tren de la única civilización que siempre es la del imperio de turno: el español en los siglos XVI a XVII, el inglés en el siglo XIX, el norteamericano en este siglo XX del que acabamos a dar vuelta la hoja» (Asunción, Paraguay, IV Corredor de las Ideas, ponencia «La identidad paraguaya en movimiento», julio de 200l).

En el prólogo, «Una tarea inacabada y siempre urgente», el filósofo Arturo Andrés Roig, señala que uno de los aspectos fundamentales de este trabajo es cómo se entiende la problemática de la identidad. Se trata de un constructo que supera las visiones esencialistas del pasado latinoamericano, lo cual hace imposible eludir la influencia, casi dominante, de la particularidad formal del ensayo. Esto permite, a mi modo de ver, situar la cuestión discursiva de las Ciencias Sociales y de las Humanidades, en la posibilidad de creación y exploración a través de la literatura como un lenguaje que supera sus propias barreras estéticas sin distanciarse frontalmente de ellas. He aquí una de las primeras cualidades de Del Ariel de Rodó a la CEPAL: está bien escrito, se lee con soltura, facilidad y agrado. En efecto, no es accidental que esta investigación se asienta en el ensayo, y su motivación inicial está imbricada en Ariel, un texto emblemático para situarse y tomar perspectivas ante el derrotero de la cultura continental. Se asume con igual profundidad la estética de las vanguardias, la noción de redes intelectuales, los temas de mujeres, junto a otros como indigenismo y mestizofilia, afroamericanismo, la cultura brasilera, etc.

Este trabajo nos viene a confirmar que la identidad se construye en y desde los discursos a partir de cómo viven, trabajan e interactúan los seres humanos en una sociedad determinada. En términos althusserianos, estamos frente a un discurso, cuya representación semiótica de la realidad devela una ideología como experiencia, vivencia y acción. Es, es segundo lugar, otros de los aportes para entender qué somos y quiénes somos los latinoamericanos. «Cuando decimos pensamiento latinoamericano nos referimos a un conjunto de escritos donde tienen especial relevancia los ensayos sobre el propio continente latinoamericano o sobre alguna de sus dimensiones o regiones» (pág. 18).

Plan de la obra y características
metodológicas

Del Ariel de Rodó a la CEPAL se estructura a base de tres capítulos, un prólogo, una presentación del mismo autor y un índice de 32 fotografías que dan cuenta, entre otros(as), de las figuras del mismo José Enrique Rodó, José Carlos Mariátegui, Euclydes de Cunha, Carmen Brown, Gabriela Mistral, Vicente Huidobro, Juana de Ibarbourou, etc., y en un copioso índice de nombres que aportan al lector lo más destacado de la intelectualidad latinoamericana en colaboración con otros filósofos que, desde Europa, solidarizan, siguen y apoyan la autonomía del continente. En dieciséis capítulos, se expone y se argumenta sobre la reivindicación de la identidad cultural a comienzos de siglo, lo identitario-social y la autocrítica a la identidad latinoamericana referida al carácter, al proceso modernizador y, como telón de fondo, a los avatares de la economía.

Metodológicamente, considero que es un trabajo muy riguroso, conceptualmente preciso, lógico, en algunos trazos descriptivos, acotado a las fuentes, dice lo que debe decir a partir de la interpretación de los datos, sin subjetivar ni torcer el espíritu de los pensadores, atribuyéndoles intenciones connotativas que sobrepasen sus propios contextos, lo cual no implica que la lectura que hace Devés de los textos en referencia no genere una (re)actualización y abra el horizonte de la discusión identidad-modernización, especialmente en aquellos capítulos que tratan sobre «los restos del positivismo», «indigenismo y mestizofilia», «el carácter latinoamericano», la categoría de red desde un enfoque sociocultural y la visión sobre el cambio de paradigma que insinúa derroteros complejos y complicados para la región.

Se quiere probar la tesis siguiente: «El pensamiento latinoamericano, desde comienzos del siglo XX, ha oscilado entre la búsqueda de modernización o el reforzamiento de la identidad. Ha sido de igual modo permanente el intento por equilibrar ambas dimensiones» (pág. 15). En la medida que se va adquiriendo mayor información sobre el tema, comienzan a surgir nuevas interrogantes enmarcadas en distintos ciclos que permiten ir reconociendo cuestiones sobre el pensamiento femenino, el «paganismo», los pensamientos de las vanguardias y cuestiones agregadas a la proyección de escuelas o tendencias que se comprometen y buscan estilos originales. Sin duda, esto amplía el ámbito epistémico respecto al objeto de estudio. En la introducción, Devés grafica la alternancia entre modernización e identidad. La primera tiene sus acentos hacia 1850, 1890, 1940 y 1985; en cambio la segunda, va cruzando a la anterior en la cúspide de los espirales hacia 1865, 1910, 1965; es decir, al parecer la identidad comprende períodos de incubación más largos, en los cuales se va acentuando y permaneciendo el reflejo de lo que creen ser y pertenecer, desde su visión de mundo, los latinoamericanos. El capitalismo y el industrialismo, en su proceso productivo, va dando paso «a una nueva onda identitaria», tendencia que adquiere otro impulso con la revolución cubana y se ponen en boga conceptos como dependencia, educación liberadora de Pablo Freire, teología de la liberación de Gustavo Gutiérrez, filosofía de la liberación de la escuela de Cuyo y el latinoamericanismo de Leopoldo Zea.

En el epílogo se entregan seis conclusiones sobre la primera mitad del siglo XX. Según Devés, el resultado es positivo, y se confirma que el pensamiento latinoamericano ha crecido; su discurso va del ensayismo a las ciencias sociales, «más o menos bifurcadas en cepalismo, sociología universitaria e historiografía», a lo cual se suman los aportes de la filosofía latinoamericana y de la crítica literaria. En la cuarta conclusión se adelanta que «hacia fin de siglo (XX) modernización se llamará globalización, identidad será ecología y derecho a la diferencia» (pág. 308). En lo que sigue para finalizar este primer tomo del estudio, la reflexión sobre la identidad continuará circunscribiéndose al lenguaje del ensayo y de las humanidades.

Para cerrar el círculo de este trabajo, el lector debe ir nuevamente al comienzo. Entonces, desde el inicio, se rubrica que a partir del último año del siglo XIX, Ariel «es la manifestación de un cambio (...) a nivel de las sensibilidades. Es un manifiesto antiutilitarista que apunta a la cultura, a la razón y al sentimiento por sobre un 'calibanismo' positivista y norteamericano que achacaría a los seres humanos» (pág. 29).

El lector finalmente abre la discusión con Devés y espera el segundo tomo

En la introducción, Devés plantea los procedimientos y precisa el marco, alcances y límites de su investigación. Me parece que la caracterización de la modernización es un poco ingenua o soslaya, en parte, la intervención de los modelos económicos, militares, financieros, políticos e ideológicos foráneos que han influido y que, en muchas oportunidades, se han impuesto por la fuerza en distintos países latinoamericanos, lo que ha ido en desmedro de la región y de sus pueblos no puede atribuirse exclusivamente a contradicciones y cegueras locales, indígenas, criollas y nacionales. Las mismas interrogantes me asisten sobre lo identitario. ¿No existe o no se reconoce la noción de lo nacional en todos o algunos de los países de la región? ¿Qué otros factores, además del olvido o del desprecio, han confrontado lo cultural, artístico y humanista, en detrimento de lo tecnológico? ¿Por qué sólo la aparición de nuevas ideas en lo internacional pueden movilizar las identidades hacia un referente cultural que las explique? Creo que esta reflexión se viene a completar, en gran medida, en el capítulo 1 de la segunda parte.

El pensamiento latinoamericano, en la primera mitad del siglo XX, se supera notablemente y a través de él se demuestra que los intelectuales han sabido luchar y asumir el cambio, romper las ataduras, configurar lo innovador desde lo originario, poetizar sin negar la historia, muy afincados en el presente y con su corazón dispuesto en el centro de las utopías. Sin una mirada asombrada no habría sido posible la elaboración de un discurso en el cual subyace la filosofía y la constante recuperación del sentido. Tal vez, una sola pregunta no queda totalmente resuelta. Al leer la página 305 del epílogo se verifica que el pensamiento latinoamericano se internacionalizó; luego se afirma, taxativamente, en la página 306 que no «logró proyección importante más allá de América Latina» ¿Qué se puede hacer, desde la plataforma de las mismas ideas, si los interlocutores no entran en diálogo con ellas o las niegan porque las consideran contrarias a sus intereses? Lo claro es que los problemas de la región no sólo se resuelven con ideas. Otras circunstancias y factores las pueden ayudar a germinar o a morir antes de constituirse en acción y realizaciones concretas. Los problemas nunca desaparecerán; se debe procurar que lo modernizador (como búsqueda de soluciones posibles, especialmente en el ámbito técnico-científico), no siga atribulando las identidades de los pueblos originarios y actuales de latinoamérica. Los aportes de los siglos anteriores, no son símbolos de una nostalgia enfermiza. Allí está el esfuerzo del Inca Garcilaso de la Vega y de Fray Bartolomé de las Casas, subyaciendo en el presente a través de la teología de la liberación y de la lucha por los Derechos Humanos; la teoría de la dependencia, la estética de la poesía, de la novela y del ensayo en contra del colonialismo, y el paradigma ético y educativo de

Paulo Freire sigue llamando al oído de quienes se oponen al globalismo neoliberal por la reivindicación y el derecho a la desalienación de los más pobres y carenciados de espacios ciudadanos.

Esperamos con sumo interés el segundo tomo de esta obra. Recién entonces podremos completar la visión y despejar las interrogantes que nos anticipa la primera parte. Estoy cierto de que Del Ariel de Rodó a la CEPAL se convertirá en la primera obra que permitirá conocer el panorama global, sistemático y científico de la imagen de sí mismo, de sus diferencias y sentido de pertenencia, que ha forjado el pueblo latinoamericano en su lucha por afirmar su existencia y reclamar un espacio en la inteligencia universal. Loable esfuerzo de un investigador como el Dr. Eduardo Devés, quien asume su tarea comprometido con el destino del imaginario cultural de una fracción importante de la humanidad.

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