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Literatura y lingüística

versión impresa ISSN 0716-5811

Lit. lingüíst.  n.15 Santiago  2004

http://dx.doi.org/10.4067/S0716-58112004001500016 

 

Literatura y Lingüítica N° 15, págs: 289-293

Lanzamiento

Cartas que no supe leer,
DE LA FUENTE, JOSÉ, (2001).
Santiago: Editorial Rueda de Agua,
141 págs.

 

Javier Pinedo*

Universidad de Talca

Mi presencia en este salón, para comentar ante ustedes el reciente libro de poemas de José de la Fuente, Cartas que no supe leer, intenta una aproximación literaria, pero además debe ser entendido como un acto de amistad. “Se trata de compartir una lectura entre amigos” , me dijo José al invitarme, y eso es lo que haré.

Creo que publicar un libro de poesía es un acto de comunicación para mostrar que se está vivo, que se ama, que se tiene un par de creencias sobre la vida, y poco más. Y José de la Fuente lo consigue.

Cartas que no supe leer, está dividido en siete partes: “Restorán naturalista” , “Versos para recomponer” , “El hombre y sus afanes” , “Vilanos al sur del mundo” , “Espejismo de la creación y de la muerte” , “El amor desaparecido” ,”La otra realidad” , más una carta (otra más) firmada por Renard Betancourt, en que se entregan algunos comentarios sobre los poemas y que el autor incluye al final del libro.

Es decir, Cartas que no supe leer es un libro compuesto por varios libros. Algunos llevan título; otros están encabezados por números, con un abanico de temas y tonos poéticos diversos, de los cuales solo quiero referirme a un par de ellos.

Por una parte, están los poemas más cercanos a reflexiones, y el mismo Betancourt ya citado, declara que es una poesía que “a uno lo deja pensando” . Él señala que estos poemas remecen al lector que vive en el sopor al que lo tiene acostumbrado “esta fábrica de gallinas en que se ha convertido la sociedad moderna” .

En este primer grupo, están los poemas que se constituyen en una expresión de rabia y protesta, en un alegato (poético) en contra de la vida en su forma actual, en un intento por cambiar el mundo: versos como estos, “Y si la verdad fuese un invento de la mentira” (…) “Soledad es quitarse la sed con saliva” (…) “Maldita sea nuestra mala costumbre de callar” , nos dan muestras de la actitud de este poeta herido.

Pero, al mismo tiempo, aquí hay fe: en la posibilidad de recuperar los bosques y la naturaleza, en establecer relaciones humanas verdaderas, en encontrar el amor y una palabra de verdad. Salvar, salvarse. Abrir un mañana distinto al presente. “... me opongo tenazmente a que clausuren el futuro” .

Tal vez sea esto lo que hace que, a pesar del dolor, José de la Fuente se mantenga en un cierto equilibrio: no se desespera completamente, no rompe, no sangra del todo. La fe, a la que he aludido, se lo impide.

Aquí domina una actitud de serena preocupación. De búsqueda, encuentro y expresión de cierta sensibilidad espiritual. Pero las reflexiones anteriores no evitan que haya pasión y particularmente pasión amorosa, pues el gran tema del libro es el amor. Este está presente desde el inicio, y se trata especialmente del amor humano, el de pareja: “Sin sexo no podría llamarte por tu nombre” . Con sus dificultades, la relación hombre y mujer es vista como necesaria y permanente. El libro está dedicado justamente, “A las parejas que vencen el tiempo...”

El amor humano es similar a una unión con lo sagrado, más allá, mucho más allá de las eventuales diferencias y dificultades: “El encuentro de los sexos / del macho y de la hembra / está por encima de los abismos terrenales”. Se trata de la experiencia masculina del amor.

En ocasiones, José de la Fuente recurre a poemas cortos pero claros y precisos: “El amor es escaso. / Ternura queremos, ternura buscamos / ternura comenzando por tu abrazo” . Esta poesía epigramática forma parte, de la primera parte: “Versos para recomponer” .

Y aunque el amor es un tema entre otros, todos los demás parecen nacer de este. No se trata solo de que el amor ayude a vivir, sino que es lo único que permite vivir. ¿Por qué entonces no vivimos siempre enamorados? “... y tú como si yo / no existiera” .

Es esta tan antigua contradicción, la que se nos presenta aquí. El conflicto entre amor y mundo. El amor decae y la fea realidad se mantiene firme. ¿Por qué? Averigüe la respuesta.

Sabemos que muchos viven sin amor, que perdieron para siempre esa capacidad y ese gozo. Muchos. Y, sin embargo, por alguna razón muchos amores terminan aburridamente mal. ¿Por qué? Muy pocos pueden responder a las preguntas que se formula José.

Así, a lo largo del texto se nos muestran muchos rostros y variantes del amor, aunque mayoritariamente domina la imagen del amor sexual como dador de realidad y como iluminador del mundo. Véase, por ejemplo, La otra realidad.

Un aspecto que caracteriza la poesía de José de la Fuente es que evita formas expresivas grandilocuentes y prefiere un lenguaje coloquial y, en ocasiones, oral. Incluso el hablante se atreve con el uso de fórmulas conscientemente manidas: “...de la miseria humana / de estar solo y sin ti / de estar solo y sin ti...” .

La experiencia del amor está presente incluso después de la muerte: “Si resucito / estaré en otro estado de conciencia (...) menos inocente, pero más enamorado” , se dice, recreando al clásico Quevedo, de “… polvo serán, más polvo enamorado” .

El tema vuelve a aparecer en Erótica de la naturaleza, pero ahora el amor se ha vuelto cósmico. “También copula la piedra con el viento” , como si el enamoramiento del hablante le hiciera percibir que cuando ama, es toda la realidad la que lo hace.

Y, de nuevo, el mismo amor en Espejismo de la creación y de la muerte, síntesis de un estado sublime y elevado con expresiones que voluntariamente nos recuerdan formas de lenguaje que podríamos denomina como “sentimentales” , a las que, como he dicho, se recurre conscientemente para expresar ánimo marcado por distintos registros de lenguaje.

“No supe quererte de otro modo” , “He sufrido por ti, es cierto” , “Bésame sin esquivar mis ojos” . Pero también otras, en que la amada se asocia con una imagen sagrada. En todas ellas se alude a una misma sensación del amor. O a variantes del amor. Un amor que va de lo sublime a lo corporal: “… que dejaron marcas en tu sexo y en el mío” , y de nuevo a lo sublime.

Así, por ejemplo, en ocasiones el hablante construye algunos poemas de manera cercana al desahogo emocional. En otros, intensifica su decir y se aleja de las formas convencionales, aunque evitando, en general, escrituras experimentales o trucos literarios. Solo en un par de poemas: “Épica de la naturaleza” , “El viento es el único alimento” y “Pero ocurre lo contrario” , se recurre a reiteraciones que nos dan prueba de su oficio literario, pero el hablante prefiere reservarse en preferencia de una expresión directa. Algunos poemas se vuelven más dialogantes y se interpela directamente a una mujer: “Pero de esto no quiero hablarte” , intentando por este medio restablecer la comunicación perdida.

Sin embargo, tengo la impresión que la consumación definitiva o el encuentro definitivo de la pareja, no se realiza y el hablante y la destinataria no permanecen juntos. Por alguna razón se trata de un amor presente-ausente. Hacia el final se mantiene la distancia: “Me apena imaginar / que tú nunca verás estas rosas” . En mi opinión, José de la Fuente convence a sus lectores de la importancia del amor en nuestra vida. Ha cumplido su labor.

En “El hombre y sus afanes” , José se inserta en una poesía más narrativa, en la que nos cuenta un suceso, una pequeña historia, cierto personaje. Y aunque la mención (no la forma) de la carta se mantiene, “Carta a mi hermana que vive lejos” , se nos muestran ahora otras facetas del autor: su infancia, sus amigos, su vida de adulto, y, por supuesto, ciertas experiencias del amor. Pero son poemas más reflexivos, más políticos, más contingentes: la guerra de Yugoslavia, el Cardenal Silva Henríquez, Sola Sierra, Dios, los noticieros de televisión, los detenidos desaparecidos. José de la Fuente nos muestra un estado de ánimo actual. Una sensibilidad actual.

Ahora, casi todo duele: la vida diaria, el amor consumado o no alcanzado, el pensar, la política. En este dolor, “...el crucificado en el Gólgota” , es un refugio, pues sufrió tanto como el hablante de estos poemas, constituidos como ejemplificaciones del dolor de vivir. El hablante repite casi textualmente el grito de César Vallejo: “Hay golpes en la vida tan duros como la ingratitud” .

Por último, en “Vilanos al sur del mundo” , la redención se obtiene en medio de una naturaleza generosa y libre, en el viento sin control que corre entre árboles más antiguos que la historia. Vilanos, supongo, apunta a la flor del cardo que crece silvestre en las praderas.

En este libro, el amor humano y la contemplación de la naturaleza son considerados como experiencias sagradas. En el sur de Chile, la degradada realidad de la capital y su cultura caóticamente domesticada, desaparece. En el sur, el hablante se llena de ser. Se vuelve más real. Caen las máscaras. Muchos de sus conflictos terminan al salir de Santiago. Al llegar al sur, renace la esperanza, termina el dolor, vuelve la felicidad, se encuentra la amistad y el amor. De alguna manera, al salir de la ciudad, concluye la muerte.

La utilización de las cartas como recurso literario requiere una observación, pues está presente desde el título y el epígrafe de Jorge Teiller: “Yo no sé qué hacer ni a qué dedicarme, salvo tener muchas nubes en los ojos y escribir largas cartas, que no enviaré o llegarán jamás a su destino: la vida” .

Y aunque ninguno de los poemas se constituye como carta, se nos dice que alguien no envía las cartas que escribe, y otro, el que las recibe, no sabe leerlas.

En la portada del libro se nos muestran cartas, una forma de comunicación hoy casi antigua (cartas dentro de sobres aéreos, sobres con dirección y estampillas), una forma de comunicación prácticamente superada por el fax o el correo electrónico. Aunque, en algún momento se nos sugiere que también pueden ser cartas de juego, o cartas de adivinación, las que no se han sabido comprender: “Frente a mis cartas / como si el futuro se hubiese negado” . Insisto, no hay comunicación. No hay encuentro. Se reitera la idea base del tema del amor: si aquí se celebra a las parejas “que vencen el tiempo” , el hablante no ha podido lograrlo.

Mi intención no ha sido analizar teóricamente los poemas, sino simplemente señalar los poemas que a mí me impactaron más. Y no quiero agregar más palabras, sino dejar las palabras del autor.

 

Texto leído por Javier Pinedo, doctro en literatura y Director del Instituto de Estudios Humanísticos de la Universidad de Talca, durante la presentación del libro, en diciembre de 2001.

 

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