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Literatura y lingüística

versión impresa ISSN 0716-5811

Lit. lingüíst.  n.16 Santiago  2005

http://dx.doi.org/10.4067/S0716-58112005000100017 

 

Literatura y Lingüítica N° 16, págs: 297-301

Reseñas

 

Vicente Huidobro en prosa de combate
José De la Fuente A., (2004). Santiago:
Ediciones Universidad Católica Silva Henríquez.


Juan Antonio Massone del C.
Universidad Católica Silva Henríquez


Los rescates bibliográficos de autores famosos entrañan un peligro que es ineludible: confirmar la veta que anticipa el mapa de la admiración o quedarse con tierra dura y reseca al modo de fruta extenuada sin jugo ni sabor.

Pero ese riesgo es una manera de ajustar cuentas con los tiempos y las indiferencias, cuanto más con las repeticiones a que es tan proclive el llamado mundo cultural, y cuyo logro mayor de tales majaderías es el fastidio. Porque estas escaman a los espíritus y se convierten en valla insalvable de nuevas comprensiones. Impiden ver en torno y dentro de sí. De esta manera, en los cánones literarios no se pasa de obligatorias y escolares menciones, en previsibles oportunidades, de los mismos nombres y de los mismos méritos y lugares comunes. Cierto, no se trata de inventar realidades postizas, pero tampoco de esclerotizar pulsaciones y mensajes mediante procedimientos tan abyectos como pueden serlo concertadas opiniones de pretendidas grandezas, administrados silenciamientos, o subasta al por mayor, empezando por vender el alma al diablo.

Creo en el silente trabajo y en los modos dignos de difundirlo. Es lo que ha hecho el escritor y docente universitario José de la Fuente al investigar y, luego, ofrecer esta muestra de prosa combativa de Vicente Huidobro (1893-1948) que, ahora, aparece reimpresa, con algunas modificaciones menores, bajo el sello de la Universidad Católica Cardenal Raúl Silva Henríquez. La primera edición perteneció al Centro de investigaciones Diego Barros Arana de la DIBAM, hace diez años.

De ocho secciones consta el volumen: Poemas inéditos, Entrevistas, Revistas, Correspondencia, Referencias sobre Chile, Referencias sobre América Latina, Referencias sobre Europa, Referencias sobra la muerte de Vicente Huidobro, además de una servicial bibliografía en torno al autor de Altazor.

¿Cómo se revela en esta prosa de circunstancia, escrita en conjugación de lucha y de respuesta a aquello que ofende la dignidad, al tiempo que irritan el paso cansino y la componenda escandalosa? ¿Cuál es la fisonomía que deja avizorar de su autor esta prosa rescatada y reunida?

Cada una de las secciones no deja lugar a dudas del temple y voluntad huidobrianos. Son textos suyos por escritura, decisión de lucha, carácter altivo y arrojo personal. En los poemas recobrados gana más la circunstancia, sin que por ello falte aireación y énfasis opinante, condiciones en que percibe y plasma la lucha permanente de vida y muerte.

En las entrevistas uno queda sorprendido de los seguros juicios y la consciencia del propio valer, especialmente de la perspicacia al columbrar en la maraña de porfiadas costumbres del ambiente literario, esa recurrente tentación de servir a la fácil inercia, creyendo que podrá prolongarse una bonanza vestida a la medida de frases hechas y falsas novedades. Desde luego, una afirmación como la siguiente: "La poesía contemporánea empieza en mí" no queda indemne de sospecha acerca de alguna desmesura de su parte. Con todo, aires matinales es lo que pretendió el poeta en el ambiente nuestro. Tal vez si sus intenciones y esfuerzos por ser vocero del futuro no siempre conocieron de las mejores realizaciones literarias, pero, al fin y al cabo, la poesía y la existencia son aventuras, apuestas riesgosas en la que se aspira a depositar la voluntad de un sueño que adelanta lo no venido aún.

Cuanto alcanza sitio más expectable suele caer con más pena que gloria en nuestras vidas. Sucede la erosión en toda actualidad, en cualquier moda, en esas ilusiones que, con no disimulado orgullo, presumen obtener seguridad perdurable. El resultado se sabe. Por eso preguntamos con Manrique: "¿Qué se fizo el rey don Juan?/ ¿Los infantes de Aragón ¿qué se fizieron?"

Es así como comprobamos la huidiza actualidad de algunos nombres y hechos que estuvieron de priva o conocieron del fogonazo de la fama. Lo mismo algunos lemas y arengas, posiciones antagónicas y entusiasmos de la historia. Con todo, es innegable la posición combatiente asumida por Huidobro durante las décadas de los veinte, treinta y cuarenta. Desde los años locos a la segunda posguerra. Por más que alguien se empeñara en restarle protagonismo, sería en vano. Lo tuvo y lo buscó en el medio nacional y en el foráneo, dentro de los límites concebibles a un escritor de la primera parte del siglo anterior. ¿Qué hubiera sido Huidobro con el apoyo de los medios actuales?

De la Fuente ha aumentado el número de textos huidobrianos posibles de conocer por los entusiastas de puntos de vista y encaramiento histórico de los escritores. Eso ya es un mérito del volumen que comentamos. Lo mismo cabe decir de las serviciales notas con que se orienta mejor la lectura. Pero todo ello en el bien entendido de que nos acerca a un Huidobro en la lidia política y en esa resbaladiza tentación que significa vaticinar el rumbo del mundo, según le vemos y sufrimos durante algún lapso. Y, digásmoslo, de ese Huidobro poco se sabía; oculto como quedara entre anécdotas, cierta arrogancia nunca disminuida por la denuncia de contubernios y nepotismos en el país, sus polémicas paternidades del Creacionismo, y lo que a la postre es lo perdurable suyo: su alta poesía, especialmente a partir de Altazor.

Y bien, en los ocho capítulos de este volumen, aquellos asuntos recién mentados reaparecen con entusiasta prodigalidad.

Desenfadado, valiente y narciso, hizo de la denuncia un programa y del optimismo social un lema. Amonestó a países, sectores sociales y personas. El ritmo lento, imitativo y previsible en el país y en la literatura le eran motivos de exasperación y desdén. Polemista constante de hecho, de tono y de actitud. Los textos dirigidos a Pablo de Rokha, las alusiones a Pierre Reverdy y la arrogancia expresa atestiguan lo mismo su autocomplacencia, a menudo dicha en fórmula directa: "Estoy contento de mí..."; y más que ello, la necesidad de protagonismo histórico que le moviera a fabular sobre propias actuaciones. En la sección cartas, esto queda demostrado completamente.

Al espigar en su prosa encontramos, sin demora, expresiones contundentes. Algunos ejemplos. "Eres tan tonto que en 42 años todavía no te has dado cuenta de que eres tonto", dice a un escritor; "Llegué al frente con ansias de vengar heridas-pistola en mano, y un rico Mauser quitado por mí mismo a un oficial alemán", probablemente para destacar su heroísmo; "Mañana pagarán cara su indecisión estas potencias democráticas...", al referirse a Inglaterra y Francia, en 1936. Indiscutiblemente anticipador, en este caso. Y este otro: "Me siento orgulloso de mis ojos, de haberlo distinguido a usted entre la turbamulta de artistas que bajan de los trenes todos los días en todas las estaciones de París", en carta enviada a Joan Miró.

No es asunto de retardar la evidente clasificación del mundo entre fascistas y comunistas, entre el pueblo luchador y los usurpadores, entre los combatientes y los timoratos, en un lado quienes estaban con él y en el otro, quienes en su contra, entre los jóvenes que –más allá de las edades concretas– conciben un futuro mundial de renovación creativa y los cultivadores de la inercia. Todo en sus escritos es tomar posición. Vivir es decidirse, atreverse, podría ser conclusión de sus cartas, artículos, discursos y proclamas.

Me parece indiscutible que los momentos más brillantes, los más certeros de estas páginas corresponden a sus opiniones en torno de la poesía. Se dirá: era lo suyo. Sí; pero la novedad que muestra este libro es que también fueron de su interés y ocupación la rencorosa historia y las opciones radicales en el gran debate de las guerras y las apariencias urdidas entre altisonancias declamatorias y contubernios de bastidores.

Huidobro confiaba en la sanidad moral de los artistas e intelectuales. A ellos convocó una vez y otra a incorporarse al combate en beneficio de la sanidad del país y, también, de la lucha mundial. Convencido del papel benéfico de la belleza y de la inteligencia, no cejó en asignarles papel regenerador de la vida pública. "...hacemos un llamado a los intelectuales de América, apelamos a su inteligencia y a su dignidad de hombres para que todos busquemos los medios de hacer cesar la horrorosa catástrofe de dos pueblos que se baten por los intereses de la Standard Oil y de la Royal Deutsch, por esos miles de hombres que mueren por defender el bolsillo de unos cuantos magnates del petróleo, instalados cómodamente en sus oficinas directoras, muy lejos de la guerra y que apenas saben en qué punto de la tierra se encuentran Bolivia y Paraguay. Entre tanto las víctimas creen morir en defensa de sus patrias. Es el más trágico sarcasmo", escribe a propósito de la guerra del Chaco. Tono similar le gana al referirse a la condición mediterránea boliviana, a la agresión estadounidense de Cuba en los años treinta y a la conferencia de Paz de Buenos Aires.

Documentos, pues, que permiten un cierto retrato del autor. Más que asegurarse piezas literarias de calidad sobresaliente, estas prosas combativas confirman los rasgos de una personalidad de excepción. Corresponden, casi siempre, a escritos ceñidos de inmediatez, con escaso margen para las imágenes y las demoras sofisticadas. Decisión, espíritu de alborada, optimismo algo profesional, pero atisbos de una época que ya sombreaba los caminos de nuestra especie, conforman amasijo de pólvora y desencanto. "Lo que produce pesimismo es ver la facilidad con que se apoderan los triviales de todas estas organizaciones, que con ello sólo logran aumentar el confucionismo que tanto aflige a la humanidad", refiriéndose a la recién creada UNESCO, en un artículo de 1947.

Los medios impresos revisados al compilar este libro son varios: revistas "Zigzag", "Vital" y "Ombligo", y los diarios y periódicos: Frente Popular, El Mercurio, La Nación y, especialmente, La Opinión, además de otros medios impresos.

El ímpetu más emotivo se lo llevan los textos referidos a la defensa de la república española, durante la guerra fratricida que enlutara a ese país. El de mayor tonalidad exhortativa la "Carta a Roosevelt", en que pretende soliviantar su posible apoyo la España republicana.

"Presidente, ayuda a España.

Darás ejemplo al mundo, despertarás a los cobardes, reforzarás a los débiles, señalarás la ruta a este planeta que se pierde en las sombras.

Serás la dignidad de un mundo que olvidó sus deberes, serás la palanca que levante la vida y la arranque del barro, serás el honor de la tierra, serás el destino humano, la estatua del siglo".

Declamatorio, con mucho de invitación de cruzado y acentos de civismo continental, en este y en otros escritos del libro que comentamos torna presente la alerta del poeta, su otra lucha en que apurara una existencia jalonada de gestos y decisiones que culminó el 2 de enero de 1948, al morir, verbo de conjugación mayor que nos ha permitido, una vez y otra, acceder a esa pujanza de posteridad que déjase como invitación a la mirada, porque no sólo en sus huesos, sino en sus palabras, se nos ha deparado ver el mar y, también, la procelosa historia en que continúa nuestra existencia.

 

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