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Literatura y lingüística

versión impresa ISSN 0716-5811

Lit. lingüíst.  n.17 Santiago  2006

http://dx.doi.org/10.4067/S0716-58112006000100021 

 

Literatura y Lingüítica N° 17, págs: 355-357

Presentaciones y Reseñas

 

Identidad y formas de lo ecuatoriano

Juan Valdano. Eskeletra Editorial, Quito 2005. 479 páginas. Prole del vendaval, Vol 1.

 

José Alberto de la Fuente
Universidad Católica Silva Henríquez


Juan Valdano (Cuenca, 1940), cuentista, novelista y ensayista ecuatoriano, dentro de sus múltiples actividades académicas y culturales, se ha dedicado a reflexionar y a contribuir con su país en políticas culturales y en proponer una explicación de la historia del Ecuador basada en el método de las generaciones. Entre sus novelas de carácter histórico podemos nombrar Las huellas recogidas (1980), Anillos de serpiente (1998), Mientras llega el día (1990), El fuego y la sombra (2001) y la novela corta sobre el tema de la migración de ecuatorianos hacia España La memoria y los adioses (2006).

El 14 de marzo de 2006, estudiantes y académicos de la universidad Silva Henríquez, tuvieron la oportunidad de escuchar su conferencia sobre "Identidad y Cultura Andina", en la cual se detuvo a compartir algunos conceptos e ideas de su ensayo Identidad y formas de lo ecuatoriano y de su discurso de ingreso a la Academia Nacional de Historia el 5 de junio de 2003: Generaciones e ideologías en el Ecuador, itinerario de una búsqueda y nuevas aproximaciones a un método histórico. Su propuesta de investigación no se puede fragmentar y menos deshilvanar en pequeños retazos y motivos. Por el contrario, sus ideas se van amalgamando en una dialéctica que nunca pierde de vista a Ecuador en el contexto de los países andinos y de la unidad en la diversidad del proceso cultural latinoamericano. Su lugar de enunciación es "el país de la mitad", donde los rayos del sol caen perpendiculares sobre los hombres y mujeres mestizas que afanosamente sienten su destino en la concreción de la democracia, la justicia y la libertad. En su tesis, Ecuador aparece como un mundo multiforme, heteróclito, multiétnico y de profundos signos de tropicalidad. La identidad nacional se concibe como un rasgo intangible y moral que incluye lo hispánico, lo africano y lo nativo.

Identidad y formas de lo ecuatoriano, de manera ágil, en un castellano que se deja leer con agrado por su claridad, sencillez y precisión conceptual, da cuenta de la identidad y sus formas, de la cultura y el poder en la Audiencia de Quito, del barroco y el mundo colonial, del despertar de la conciencia criolla a través de la literatura de los desterrados; de otros procesos literarios, de la nación y las regiones o fragmentos de las literaturas regionales y de las preguntas más acuciantes sobre la nación, su pasado y su presente. A través de muchos pasajes, por su alto vuelo estilístico que viene a confirmar la capacidad filosófica de Valdano para abstraer la experiencia histórica, el ensayo se posesiona en las coordenadas y en el estrado de los ya clásicos escritos por Ángel Rama, Antonio Cornejo Polar, Octavio Paz, Mario Benedetti, Eduardo Galeano y otros ya consagrados por su contribución a la literatura, las ideas y al pensamiento latinoamericano. Se valora la "América nuestra" desde la perspectiva de un mundo por hacerse, encontrarse y desencontrarse en las peripecias y disputas entre los distintos poderes que han agudizado el drama y banalizado la comedia social desde la Colina hasta nuestros días. Tenientes, clérigos, políticos, oligarcas e indígenas, aparecen dentro y fuera del escenario maquillados con el lenguaje barroco del disimulo y de la insatisfacción. Las cualidades de esta obra han concitado la atención y el interés de los lectores ecuatorianos; en menos de cinco meses de haber sido editada ya va alcanzando su tercera edición.

Para Valdano, el pueblo de Ecuador más que vivir una crisis de identidad, experimenta "una crisis de valores que nos están haciendo olvidar lo que somos". En el ámbito político pareciera pesar más lo emotivo que lo racional, de ahí entonces que se comprenda por qué el fútbol une y la política separa. En la primera parte, se despejan una serie de interrogantes sobre la identidad, sentimiento de pertenencia que vacila entre la adhesión a una patria, a una comunidad o a un terruño. El descontento está siempre a flor de piel en el contradictorio caminar del "llegar a ser" y de responder satisfactoriamente a la cuestión del otro. Recurriendo a la metáfora del río heracliteano, el autor nos adelanta que las identidades son procesos que nunca se detienen, que "vendrá otra generación que llegará con otros criterios, con otras formas de ver el mundo, con otra hermenéutica y, sin duda, dará su respuesta, una propia y probablemente distinta a ese mismo y eterno interrogante: el ¿quién somos?". Lo importante es estar atentos a este problema existencial, político y cultural que se viene a resolver en tanto se va madurando en la "conciencia de la propia identidad", la cual se consigue al superar la ignorancia histórica y las cegueras cognitivas. Eximios intelectuales han contribuido a ello: el geógrafo Pedro Vicente Maldonado, el historiador Juan de Velasco, el ensayista e historiador Juan Montalvo y los escritores costumbristas de finales del XIX, José Modesto Espinosa, Juan León Mera, José Antonio Campos, y sin duda los escritores vanguardistas de la década del treinta del siglo XX conocidos como el Grupo de Guayaquil.

La Conquista de Ecuador, cuya permanencia por siglos se asentó en el poder de la Audiencia de Quito, mantuvo el conflicto sin resolver porque el "encuentro de dos mundos" tuvo los efectos de un "encontronazo", de un choque entre universos biológicos y culturales distantes, "aunque la destrucción y la violación que afrenta las sufrieron sólo los conquistados". Esto generó una actitud huidiza y perifrástica, el lenguaje barroco del disimulo, de la sobrevivencia, del autoengaño y de la máscara trágica y festiva, grandilocuente y eufemística., el arte de esconderse como actitud de la ética del encubrimiento. Uno de los elementos de la esencia de la contradicción barroca, de su paradoja: la negación que afirma, el encubrirse que descubre, el engañarse que desengaña, el disfrazarse que camufla la identidad. El conceptismo literario plasmó estas conductas en tonos rebuscados y oscuros, en el "abuso del hipérbaton, el alarde de ingenio que debía hacer el poeta para salir airoso de la prueba a la que le obligaban la retórica y el tema, por lo común, impuesto". El despertar de la conciencia criolla comenzará con la expulsión de los jesuitas; a través de los consuelos que traerá la nueva poesía, poco a poco se irá superando la ostentación de lo ajeno y el ocultamiento de la intimidad. Sin duda alguna, la literatura contribuirá al proceso de legitimación de la identidad nacional desde su proceso de asimilación y reconocimiento del mundo indígena por el realismo social (indigenista, criollista o afroecuatoriano).

Las dos últimas partes de Identidad y formas de lo ecuatoriano, se refieren a la nación como interrogante, sus regiones "o fragmentos de un espejo roto" en el contexto de una historia más padecida que "hecha" por el pueblo indígena y mestizo. Desde fines del siglo XVIII, ha habido tres grandes propósitos: "el proyecto de ser país, el proyecto de ser nación y el proyecto de ser cultura". La heterogeneidad nacional acentúa los particularismos regionales y evita el sentido de unidad. Finalmente, queda abierta la pregunta: ¿Ecuador existe como nación? Valdano concluye su excelente trabajo a partir de las carencias reconocidas en el orden social: falta de opinión pública, falta de un carisma gubernativo que concilie el sentido de autoridad con el de participación ciudadana y falta de consistencia de la cultura nacional traducida en el complejo de inferioridad.

 

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