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Literatura y lingüística

Print version ISSN 0716-5811

Lit. lingüíst.  no.20 Santiago  2009

http://dx.doi.org/10.4067/S0716-58112009000100002 

Literatura y Lingüística N°20 ISSN 0716-5811 /pp. 13-40

Literatura: articulos y monografías

La Mara, la historia interminable. La migración centroamericana en el relato neopolicial de Rafael Ramírez Heredia*

 

 

Jaime Alberto Galgani**


Resumen

La Mará es una de las obras de Rafael Ramírez Heredia que ¡ncursiona en el relato neopolicial latinoamericano. El presente artículo intenta verificar cómo el autor se apropia del género incorporando sus características particulares y llevando a la novela una de las problemáticas más graves, asociadas al fenómeno de la emigración en la frontera entre México y Guatemala, en donde confluyen aspectos relacionados con la violencia, el tráfico de drogas, la prostitución y la presencia de la Mará Salvatrucha, pandilla extendida, desde los Estados Unidos, a varios países del área centroamericana.

Palabras clave: Mará Salvatrucha, neopolicial, novela negra, verdad, justicia.


Abstract

I La Mará is one of Rafel Ramírez Heredias's works (Mexican), which ventures intothe Latin-American neo-detective narrative.Thisarticleaimsto present howwellthewriter uses thegenre.incorporatingits particular characteristics and discussing one of the most serious problems issues relating emigration on the border of México and Guatemala, where elements relating to violence, drug dealing, prostitution and the presence of Mará Salvatrucha, a gang which spreads from the United States to various countries in Central América.

Key words: Mara Salvatrucha, neo-detective, black novel, truth, justice.


 

1. Introducción

El presente artículo se propone revisar el modo de apropiación de las características del género negro latinoamericano (neopolicial) en la novela La mará (2004) de Rafael Ramírez Heredia, escritor mexicano. Se considera, para estos efectos, el concepto de "neopolicial" como la variante latinoamericana del género negro propio de la literatura estadounidense. En efecto, el neopolicial incursiona en una narrativa de corte social altamente crítico en varios aspectos: involucramiento de las instituciones estatales en situaciones de violencia y redes criminales, dialéctica entre la ley civil y las leyes impuestas por estamentos fácticos (la Mará Salvatrucha, en este caso), presencia de diversas problemáticas enquistadasen la historia latinoamericana del último siglo (tráfico de armas, narcotráfico, trata de blancas), corrupción a diversos niveles, etc.

La hipótesis que sigue el análisis propuesto afirma que, en la novela La mará, seda una apropiación estilizada del género en cuestión, ya que, detrás de una factura narrativa literariamente compleja, es posible advertirlas características del neopolicial en los términos arriba planteados, además de incorporar ciertas notas de relato postmoderno (imposibilidad de establecer la verdad y la justicia) y de abundar en temáticas postco-loniales (machismo, emigración, maltrato de la mujer).

La novela está ambientada en las ciudades fronterizas Tecún Umán (Guatemala) y Ciudad Hidalgo (México), en donde se da un nudo de acción de la Mará Salvatrucha, banda transnacional que usufructa, por medio de la violencia, de las necesidades que tienen los emigrantes centroamericanos que intentan ingresar a México para seguir después su viaje hacia los Estados Unidos. El autor presenta un variado cuadro donde se muestran las más variadas realidades culturales de la zona y sus acercamientos a las creencias mágicas de los pueblos indígenas y a las manifestaciones religiosas sincréticas en que el cristianismo tiene no poca importancia.

 

2. Rafael Ramírez Heredía y su relación con el género neopolícíal

Rafael Ramírez Heredia (1942-2006), mexicano, fue periodista y novelista. Hombre de muchas facetas que se manifiestan en su gusto por los viajes, por la tauromaquia y por el fútbol. Desarrolló una amplia producción literaria obteniendo numerosos premios y distinciones por ella. Ejerció, en sus primeros tiempos, como contador, profesor de literatura y dramaturgo. Su relato "El rayo Macoy" obtuvo el premio Juan Rulfo en París, 1984. Fue miembro del Sistema Nacional de Creadores y director de la SOGEM. En 1993, ganó el Premio Internacional de Letras, concedido por la Sociedad de Escritores. En 1997, obtuvo el Premio Nacional de Literatura de Nueva León con la obra Con MdeMarílyn. El año 2000, se le otorgó el premio al Mérito Literario por parte de la Universidad México-Americana de la Frontera. El 2003, el Instituto Nacional del Derecho de Autor lo distinguió con la Gran Orden al Mérito Autoral. En 2005, obtuvo el Premio Dashiel Hammett (Gijón, España), por su novela La Mará.

Su sensibilidad política y social lo llevaron a denunciar en sus relatos la frustración que le producía el desorden y la corrupción mexicanos, de los cuales no estaban ausentes las acciones de las grandes autoridades, la policía, las instituciones de migración, etc. En su obra, se observa la impunidad con que diversos poderes fácticos actúan bajo la protección de variadas instituciones, las cuales no dejan de beneficiarse con la "mordida" correspondiente.

Entre sus novelas, se nombran las siguientes: El ocaso (1967), Camándula (1970), Tiempo sin horas (1972), En el lugar de los hechos (1976), Trampa de metal (1979), Muerte en la carretera (1985), La jaula de Dios (1989), Al calor de Campeche (1992), De tacones y gabardina (1996), Con M de Marilyn (1997), La Mará (2004), La esquina de los ojos rojos (2006).

Su autoconcepción del trabajo de la escritura pasaba por el nombre que le daba a su propio oficio (escribidor), analogándolo a su afición taurina. El escritor, al igual que el torero, debe rodear la realidad con naturalidad y acierto, para después asestar el golpe con su espada-pluma:

Rafael Ramírez Heredia siempre se llamó a sí mismo "un escribidor",y lo pronunciaba con sincera humildad, alguien que se robaba con impunidad las historias que iba pergeñando por aquíy por allá, que tenía el ojo, la conciencia y la astucia para atrapar determinados conflictos colectivos y después llenarlos de imaginación con las palabras que le salían a borbotones de la máquina de escribir, rasgando con sus tramas la conciencia de sus lectores de la misma manera que penetraba la espada del torero en la piel y los interiores del toro para acabar la faena del ruedo. (Chacón 2)

De esta visión de la literatura, emanan las condiciones que Ramírez Heredia impone en su contrato implícito con el lector. La realidad es compleja; la literatura no puede dejar de serlo. La realidad es polifónica; el universo de sus ecos en la obra escrita debe responder a ese universo pluriforme de voces.

El autor exigente precisa un lector atento a la polifonía de sus voces, la contundencia de su estilo original y arrollador en que se convierte la creación literaria y donde queda claro, clarísimo, que la literatura no es un sillón. No es un sitio cómodo para sentarse y mirar: es un arma, tanto de amor como de pelea. (Sosa 7)

Esta visión activa de la literatura es practicada por Ramírez Heredia en sus diversos relatos, particularmente en los que pertenecen al género del llamado neopolicial latinoamericano, del cual, junto a PacoTaibo II y Ricardo Piglia, es considerado uno de sus primeros exponentes:

Habitualmente se considera 1976 como punto de partida del neopolicial, ya que en ese año se publicaron dos novelas mexicanas paradigmáticas del género: Días de combate (1976), de Taibo II, primer caso protagonizado por el detective Héctor Belascoarán Shayne, y En el lugar de los hechos, de Rafael Ramírez Heredia. En Argentina resulta fundacional "La loca y el relato del crimen", relato de Ricardo Piglia incluido en Nombre falso (1975) en el que el autor -gran impulsor del género a través de sus críticas y de la reconocida colección "Serie Negra"- conjuga sus conocimientos lingüísticos con una trama de extrema complejidad. (Nogueral 7-8)

 

La adscripción particular al género negro de la novela de Ramírez Heredia asume un conjunto de características coincidentes con los aspectos señalados por Paico Taibo II, uno de los autores que más ha contribuido a la elaboración del discurso sobre la novela policial latinoamericana contemporánea. El neopolicial estaría marcado, según él, por los siguientes aspectos:

Caracterización de la policía como una fuerza del caos, del sistema bárbaro, dispuesta a ahogar a los ciudadanos; presentación de un hecho criminal como un accidente social, envuelto en la cotidianidad de las grandes nuevas ciudades; énfasis en el diálogo como conductor de la narración; gran calidad en el lenguaje, sobre todo en la construcción de ambientes; personajes centrales marginales por decisión. (Taibo II, 1979:40. Citado por Nogueral 8)

 

Para completar esta visión, son pertinentes las aclaraciones que realiza el profesor Clemens Franken en su artículo (en proceso de elaboración) sobre Paco Taibo II. En dicho texto, Franken determina como características del neopolicial las siguientes: denuncias y críticas en contra del Estado, indagación doble (del hecho criminal y de la sociedad en que se produce), vehículo narrativo de interés político y social, novela explicadora de la realidad nacional, temas asociados a la explotación y a la violencia institucionalizadas, la corrupción, las redes de poder. Habría que agregar que la novela negra latinoamericana se diferencia de la norteamericana por su directa denuncia a las instituciones y no sólo a los "ricos y poderosos" que caracteriza a la narrativa policial estadounidense, especialmente a partir de los años veinte, con Dashiell Hammett. Además, la novela negra ahonda en la difícil cuestión de las pocas posibilidades que tiene el eventual indagador o policía para conocer la verdad y restituir el orden y la justicia, lo que imprimiría un carácter posmoderno al relato.

Ramírez Heredia suma, a las características señaladas, una nota particularmente "latinoamericana", puesto que, al menos en La Mará (2004), da un lugar preponderante al influjo que tienen en la realidad latinoamericana las creencias en poderes vinculados a la naturaleza, la magia, la religiosidad popular, la videncia de los santones y adivinos. Este aspecto se podría decir que "desurbaniza" el relato policial y, en cierto modo, lo "macondiza",al poner juntos, en una misma historia, aspectos asociados al relato urbano con ciertas tradiciones heredadas del realismo mágico. El fatalismo cósmico y telúrico que comparte con Mempo Giardinelli, en Luna caliente, agrava las condiciones del ser humano frente aun destino trágico que no le da alternativas. Las fuerzas que lo someten son cíclicas, eternas, indominables. Por un lado, los poderes sociales que lo someten en la enajenación y la injusticia y, por otro, la misma naturaleza que lo subyuga a su orden rígido y misterioso.

Entre las novelas consideradas policiales de Ramírez Heredia, Con M deMarilyn (1997) es un relato en que el autor considera un momento de la vida de Marilyn Monroe, cuando visita México, en circunstancias en que se encontraba abatida por el abandono de su marido, Arthur Miller, por su adicción a las drogas y al alcohol y por diversos factores que ya la estaban destruyendo. También es policial su última novela, titulada La esquina de los ojos rojos (2006), que recuerda la sordidez de La Virgen de los sicarios (Fernando Vallejo), pues está ambientada en un barrio donde se mezclan narcos, jueces, ladrones, alcohólicos, sicarios, con obreros y gente de trabajo. Todos se acogen a la protección de la Santa Muerte. Para ello, instalan cruces en el altar de la Esquina de los Ojos Muertos, cuestión tan particularmente asociada a las tradiciones religiosas del pueblo mexicano. En la búsqueda de la venganza por partede una madre cuyo hijo es asesinado, se va articulando la trama del relato.

 

3. La Mará

3.1. Asunto

Para el desarrollo del presente artículo, se ha escogido la penúltima novela de Ramírez Heredia, La Mará. El propósito es revisar cómo se verifican en ella las características asociadas a la novela negra latinoamericana. El texto (2004) está ambientado en ambas orillas del río Suchiate, límite entre México y Guatemala, en un espacio geográfico particular denominado "la frontera"1, que comprende un área de transición entre una parte del Estado de Chiapas, antiguamente llamada Soconusco, y la parte norte de Guatemala. En efecto, en esa franja territorial, se ha verificado históricamente una serie de lógicas que no operan de igual modo en el resto de México y de Guatemala. La frontera se constituye en un topos particular que atiende a leyes propias, las que están marcadas por el hecho de ser el límite Guatemala-México la primera barrera difícil de superar por parte de los migrantes centroamericanos que intentan atravesar México con camino a los Estados Unidos de América. Hondurenos (catrachos), salvadoreños (guanacos), nicaragüenses (nicos), panameños y guatemaltecos (chapines o cachudos) intentan llegar hasta México por el paso Tecún Umán-Ciudad Hidalgo, uno de los puntos débiles de la frontera señalada. Estas dos ciudades están divididas sólo por el río Suchiate (también llamado Satanachia en la novela). Al ser tan amplio, el espacio limítrofe se ha convertido en un incontrolable trecho por donde numerosos emigrantes atraviesan hacia el norte, usando a menudo los servicios de balseros que se hacen pagar por ello y que, frecuentemente, también ofrecen internarlos kilómetros al interior de Chiapas. Como pocos tienen la suerte de no ser sorprendidos o debilitados por los innumerables obstáculos para seguir el camino, a menudo, los emigrantes son devueltos hacia Guatemala (o regresan por sí mismos), en espera de una nueva oportunidad. Este fenómeno genera una población flotante en Tecún Umán y la proliferación de variados oficios surgidos, en gran parte, por la demanda de quienes han llegado desde Centroamérica con sus pocos ahorros y que desean atravesar la frontera a cualquier costo. Así es cómo a muchas jóvenes se las reduce a la prostitución, hay gente que trafica droga, balseros que atraviesan de un lado a otro, hoteles y pensiones, restaurantes, lupanares, etc., un vasto catastro de miserias humanas, de vidas mínimas que se debaten al límite de sus posibilidades económicas, de sincréticas ofertas de santones religiosos, espacio ínfimo donde se contrastan las tibias esperanzas de llegar al país del norte con los recuerdos doloridos de los hijos, esposas, hermanos y padres abandonados en la miseria de sus países de origen. El migrante que pasa días interminables en Tecún Umán es un sujeto agostado por el calor agobiante de la selva, por la apretura de un bolsillo que ve desfondarse sus ahorros, por las cucarachas que deambulan en los cuartos donde duermen; su situación a menudo lo impulsa a ejercer oficios temporales que se le ofrecen como posibilidad o tentación, entre los cuales está el de la prostitución o el tráfico de droga. Todas las bondades morales son puestas en punto de quiebre y, finalmente, para muchos, el lugar de tránsito se transforma en un espacio de sujeción anímica que termina por convertirse en la verdadera vida que encuentran lejos de sus hogares, pero una vida que no desean o que esperan cambiar en cuanto se dé la ansiada oportunidad.

La novela de Rafael Ramírez Heredia realiza un gesto de apropiación literaria de esta realidad sociológico-político-geográfica. Y el primer aspecto a destacar de esa apropiación consiste en asignar al eje Tecún Umán-Ciudad Hidalgo las cualidades de espacio-tiempo bajo la forma de una abrupta paralización de dichas dimensiones. Así pues, el espacio recorrido vertiginosamente por los centroamericanos, desde sus países respectivos, parece reducirse en Tecún Umán; la carrera se detiene. Más aun, la última ciudad guatemalteca, a orillas del Suchiate, se convierte en el punto céntrico de un fatídico laberinto que condena al viajero a regresar siempre ahí, a empantanarse en ese punto como no pudiendo salir. Idas y vueltas, intentos de ir más allá de Ciudad Hidalgo, terminan por regresar al emigrante nuevamente a Tecún Umán. El tiempo también ofrece su carga dilatatoria; es tiempo que no avanza, es sopor bajo los ventiladores que cuelgan de los techosy giran sin dar frescura, es sucesión de días y noches que parecen fundirse en un solo día terrible, el día que no avanza y que no da paso al avance hacia el futuro. Tiempo futuro es Estados Unidos, tierra de abundancia y promesas siempre lejanas. Tiempo presente, eterno tiempo de hoy, tiempo paralizado es Tecún Umán.

3.2. Focalízacíón narrativa: Ximenus el vidente

De todo ese proceso es testigo vidente Ximenus Fidalgo, quien es una especie de santón y adivino a quien todos van a consultar y que se ha establecido en Ciudad Hidalgo. A través del ejercicio visionario de Ximenus, el narrador nos comunica la mirada de la realidad, mirada construida a su modo, es decir, desde una óptica mágico-profética desoccidentalizada, más cercana a los inciensos de la selva y a los sahumerios tribales y ancestrales que a las lecturas sociológicas de la realidad centroamericana.

Ximenus domina ambos lados de la frontera.
Que es su país.
Su reino.
El territorio de su incumbencia que no comparte con nadie.
Donde no hay secreto que se le oculte.
Ni mirada que se escabulla.
Nijaguarque no humille sus rugidos.
Ni rivales que han partido cabalgando las olas. (397)

La omniscencia del narrador es la omniscencia de Ximenus. Es decir, la mirada que conoce, desde "ambos lados de la frontera", el mundo que va desde Tapachula hacia el sur y se interna en parte del territorio guatemalteco, siendo mediado por el Satanachia. El río contiene, en sí mismo, la doble cualidad simbólica de ser revelación y condenación. Para el que no lo conoce, es perdición. Para quien domina sus arcanos, es oportunidad. Las lógicas de la frontera son lógicas de tierra media, de alteración y de misterio. Ximenus las observa, Ximenus las conoce. Y, por eso, él es reconocido en su autoridad para determinar el tiempo oportuno, que, en el caso de los emigrantes, se materializa en el momento justo para intentar el paso hacia el norte. Él posee el secreto del tiempo; del suyo y el de los demás. Su intervención adquiere categorías míticas, pues sabe distinguir entre el erónos uniforme y fatal de la retención y el Kayros iniciador de futuro.

El conocimiento de Ximenus divide el mundo entre dos tipos de seres: los demás y él. Los que intentan subirse al tren que va de Ciudad Hidalgo hasta Veracruz y él.

Ximenus sabe lo que sucederá a lo largo del viaje. Desde la semisombra de su consultorio puede ver persecuciones, atracos, romances, huidas y mucha sangre, pero esa cinta de oscuridades a flor de viaje aún no la conocen aquellos a quienes la esperanza obliga a seguir corriendo tras las luces finales del convoy. [...] Ximenus ve a los que van sobre el tren. Percibe la envidia que aflora desde las otras sombras que, corriendo a los lados, siguen en su terco empeño de subirse, evitando el jirón de los arbustos. (14-15)

Ximenus conoce eso y todas las desventuras de los emigrantes, pero conoce, sobretodo, "[c]ómo y dónde actúa la Mará Salvatrucha" (16).

Por todo esto, la importancia de Ximenus Fidalgo está dada por que ofrece la posibilidad de una voz narrativa en tercera persona que habla con pleno conocimiento, pero focalizada desde la mirada particular de un personaje. Además, la factura estructural de la novela está enmarcada entre la vigilia de Ximenus, el levantarse y los actos preparativos para acoger a los que vienen a su consultorio y el proceso final de, una vez llegada la noche, sacarse las vestimentas, los altos "calcos" que le dan una apariencia muy alta, y recostarse desnudo sobre el lecho, vigilando en la semioscuridad los fenómenos que siguen ocurriendo en la frontera. El relato parece ser un día de Ximenus, un día en donde ocurren múltiples evocaciones y que encierra simbólicamente la historia incesante de unas gentes que no avanzan ni en el espacio ni en el tiempo.

Y aunque no lo desea, sabe que ya es tiempo. El suyo que es el único.
El momento de plantarse frente al espejo:
Mirarse el rostro.
Ir quitando una a una las capas de la máscara.
[...]
Frente al espejo observa los rostros de los que pueblan las
orillas del río, del suyo.
De los que ya están ahíy esperan.
[...]
A los que Ximenus les ha cambiado la rosa de los polos.
El sur es el norte.
Y el norte no existe.
El tren avanzará sin llegar a ninguna parte.
Los otros transportes marcharán en los círculos del útero
de la selva madre.
[...]
Así se tiende.
Sin nada que cubrir.
Sin jamás dormir.
Bajo la mirada luminosa de los Cristos
que como Ximenus Fidalgo
y el Satanachia
conocen historias que no cesan. (398-399)

 

Pues bien, la novela trata paradójicamente de un suceder de historias que no cesan, pero que -en su no detenerse- revelan la única y paralizada historia de los desheredados, es decir, de aquellos que van y vienen pero nunca pueden avanzar.

3.3. Viaje y destino

La óptica del viaje que presenta esta novela coincide con la cuestión universal presentada ya en el la epopeya homérica, La Odisea, y recogida por Joyce en su Ulises. Siguiendo esta misma línea, está la película de Theo Angelopoulus, La mirada de Ulises (1995). Aquí el relato está ambientado en el conflicto de los Balcanes. Un cineasta viaja desde Atenas hasta Sarajevo en un largo trayecto en busca de los primeros rollos de la historia fílmica griega, realizados por los hermanos Yannakis Manakis. Este viajero contemporáneo, en busca de esa primera mirada (su ítaca) sufre, en el camino, numerosos avatares. Lo peor de todo, las Scilas y Caribdis, los lestrigones de nuestro tiempo, el monstruo de las ciudades destruidas y de los desamparados inocentes que huyen de sus países buscando suerte en otros. El viaje transforma la identidad del viajero en una identidad dolorida. Al final, un dramático poema, recitado mirando a la cámara, revela la síntesis de su viaje:

Cuando regrese, lo haré con la ropa de otro hombre, con el nombre de otro. Mi llegada será inesperada. Si me miras con desconfianza y dices "no es él", te mostraré las señales y me creerás. Entre abrazos, te hablaré del viaje -toda la noche y todas las noches por venir-, y de toda la aventura déla Humanidad, de la historia que nunca termina (Citado por Battistón, 330).

Advierto la coincidencia entre un film europeo y una novela latinoamericana que parecen tan lejanos, pero que tienen en común, a nivel de sentido, esa interminable historia del hombre, la aventura trágica de la Humanidad que necesita ser relatada una y otra vez para constituirse en una mirada que no ha de perderse, pues -aunque inútil- refuerza, en esa misma impotencia transformadora, la necesidad de una narración que se convierte en Memoria, es decir, único expediente y única acción político histórica que puede realizar el artista (cineasta y escritor). A nivel específico, ambas obras coinciden también, en primer lugar, en la temática de un viaje ("[u]n viaje tan largo por algo que se cree perdido. ¿Fe o desesperación?") (Citado por Battistón, 330) y, en segundo lugar, porque ambos viajes contemplan el encuentro inevitable con numerosos fantasmas. Entre ellos, el más terrible de todos los que deben enfrentar los emigrantes del relato de Ramírez Heredia son los integrantes de una délas más peligrosas pandillas, la Mará Salvatrucha. De aquíel título de la novela en estudio.

3.4. La Mará Salvatrucha: historia, significado, ritualidades

La Mará Salvatrucha o MS son nombres con los que se identifica a una serie de bandas (aunque singularizas como "la Mará") que se encuentran en Estados Unidosy en Centroamérica, especialmente. Están formadas, en su mayoría, porsalvadoreños,hondureñosyguatemaltecos. Se organizan en células o "clicas" y alcanzan grandes números no del todo definidos (algunos hablan de alrededor de 100.000 miembros). El nombre "mará" significa "agrupación de amigos", asociada a "pandillas". El adjetivo "salvatrucha" hace alusión a su origen vinculado a la historia del Salvador en la década de los '80. Se la identifica comúnmente como un conjunto de grupos peligrosos vinculados al crimen, las drogas, los asesinatos, el robo, etc. Una serie de rituales ordenan su funcionamiento y una especie de mística alienta a sus miembros. Rossana Reguillo, en su artículo "La Mará: contingencia y afiliación con el exceso", permite entender algunas claves relevantes para la comprensión histórica y simbólica de estas agrupaciones centroamericanas.

En primer lugar, las maras surgen en un momento en que se resignifica el lugar de los jóvenes en el contexto de la nueva sociedad neoliberal donde un escaso lugar les es otorgado. En el Salvador, está aconteciendo una de las peores guerras civiles y muchos jóvenes vana los Estados Unidos sin encontrar allí muchas oportunidades, siendo discriminados, segregados y muchas veces deportados. Esta no pertenencia genera en ellos una nueva respuesta:

La década de los 80 marcó decididamente la opción juvenil porformasdeagrupamientoa través de las cuales buscaban y encontraban respuestas al choque de sus aspiraciones con las condiciones objetivas y reales, que los alejaban cada vez más de las trayectorias establesy estabilizadas del proyecto moderno para la reproducción social. La «mará», la «banda», «la clica», «el crew» se convirtieron en alternativas de socialización y pertenencia, en espacios de contención del desencanto y el vaciamiento de sentido político; en esos espacios, fuertemente cifrados, codificados, en el sentido del honor, del respeto, de la «ganancia» de nombre propio, muchos jóvenes en América Latina encontraron respuestas a la incertidumbre creciente del orden neoliberal que anunciaba su rostro feroz en los 80. (Reguillo 73)

En segundo lugar, el proceso de evolución de las maras se instaló como problema de connotaciones políticas de gravedad a fines del siglo XX. La diversificación geográfica de las pandillas y su inserción en diferentes áreas problemáticas determinó desde entonces mayor atención estatal de parte de los Estados Unidos y otras naciones afectadas por el fenómeno (especialmente México):

Entre 1998 y 2003 se produjo un incremento de las actividades violentas y delictivas de estos grupos. Sin embargo, es a partir de 2004 cuando, de manera espectacular, las maras (la «Salvatrucha» 13 y la «18») empiezan a ocupar un lugar central en el imaginario del miedo y se convierten en la «nota caliente» favorita de los medios. Es indudable que dos factores contribuyen a esta centralidad mediática: la decisión del gobierno estadounidense de declararlas «problema de seguridad nacional» y, desde luego, la «diversificación» delictiva de la mará: venta de protección y traslado de migrantes (centroamericanos, europeos del este, árabes) deCentroamérica a México, en red con grupos mexicanos; control de la ruta fronteriza Guatemala-México (Tecún Umán-Ciudad Hidalgo) a través de «la bestia» o «el tren de la muerte»; posesión de armas de alto calibre y de asalto. (Reguillo 76)

Es precisamente este último espacio de criminalidad (que por su importancia se tocará más adelante) el que interesa a la novela de Ramírez Heredia.

Según la profesora Reguillo, uno de los aspectos más interesantes a destacar es la localización que las pandillas de este tipo adoptan frente a la ley del Estado. Para esto cita a Walter Benjamín quien, en su obra Para una crítica de la violencia (1995 [1921 ]), habla de que el interés que provoca "el gran criminal" deriva del tipo de amenaza que suscita. Y dicha amenaza consiste en que "el gran criminal no quebranta la ley del Estado, sino que la confronta con la amenaza de declarar una nueva ley" (Reguillo 77), cuestión que se puede anotar como una característica más del relato neopolicial. Son innumerables los pasajes de la novela quedan cuenta de este procedimiento. Algunos ejemplos:

La Leyes la Mará Salvatrucha 13, sólo la Mará 13...
... los de la 13 son el Papa, y al Papa se hincan, le besan la mano... (204)
Buscan las reglas de otras reglas que no se asemejen a
ninguna de las conocidas abajo, en el sur, donde antes ellos eran sólo bazofia de prisión, gatos de los patrones, sobada de gringo apestoso... (81)
... nos vale madre la madre de cualquiera que tenga
madre...
... saludos locos al que le va a entrar con nosotros y tiene
bien puestos los güevos pa no rajarse...
... saludos pa la raza... (80)
[...] porque no saben de qué lodo divino están construidos
los bróders de la MS 13...
[...]
... la clica encima del universo...
... ya sabemos que al bróder todo y al enemistado todita
la sin hueso, la picha madura, la de un solo ojito, la que
llena las panzas...
[...]
... no, mis batos locos, la Mará Salvatrucha 13 es la neta del
planeta de los puros bróders...
[...]
... somos los carnales que nunca se tuvieron en la tierra si
aquí está nuestra patria... (82)

 

 

Evidentemente, esta concepción de una ley nueva que se opone a la ley del Estado asume el carácter de transnacional. El marero no reconoce los límites fronterizos ni se ajusta a las consideraciones de "nación" o de "estado". La raíz ética de su comportamiento está fundamentada solo por el principio de pertenencia a la Mará. La Mará es su nación, su familia, su estado. Y esta nueva identidad se constituye en respuesta a los órdenes tradicionales que no han sabido darles un lugar. La Mará es la contestación a un orden injusto que, en su generación de excrecencias huma ñas, termina por forzar el nacimiento de una nueva ley ordenadora, la cual, vista a los ojos del orden cotidiano, no es más que una ley criminal, la del "gran criminal" que, nacido en algún foco de Los Ángeles o de San Salvador (se discute el punto exacto del nacimiento de la Mará), se ha difundido por numerosas naciones llegando incluso a Canadá y España, entre otros países.

En otras palabras, la mará opera bajo una lógica cultural y no según un parámetro legal ya que funda su propia legalidad, es portadora de un poder paralegal que destroza la oposición binaria legal-ilegal. Lo que para la norma, la ley o el sentido de lo permitido, más o menos de manera generalizada, es estado de excepción, en la mará es coti-dianeidad. (Reguillo 79)

La ritualidad de la Mará 13 incorpora, entre sus elementosfundamen-tales, el rito de iniciación del nuevo marero que consiste en que, durante 13 segundos, debe resistir los golpes de sus compañeros de clica.

Para mostrar que un marero no se tumba ni siquiera cuando le aticen con todo, que no se va a quejar porque le rompan el alma, ni se va a cuajar antes de que la Vida Loca le enseñe que para entraren la Mará Salvatrucha 13 tienequecalarselosgüevosbien puestos pa soportar esos segundos recibiendo chungazos menos duros de los que les ha dado la vida antes de ser parte bien alebrestada de la clica donde están... (85)

El rito es público, en la calle, y sigue una forma similar en todos los casos:

Ellos, los de la Mará Salvatrucha 13, formarán una doble línea convertida en aspa tirando puñetazos y patadas y codazos y mordidas y escupitajos al iniciado que tiene que aguantar todo para estar adentro el iniciado que ahora confundido entre los demás espera el arranque como los mareros que siempre esperan... (85)

Literariamente, un capítulo de la novela (135-145) está dedicado a la iniciación de Jovany, uno de los personajes principales. Seguido de cada número: Uno, Dos, Tres... se sucede una especie de focalización interna del narrador, que expresa lo que siente el nuevo marero. El relato intenta describir la agonía dilatatoria del "probado" entre evocaciones e imágenes desordenadas. Su tiempo es sofocantemente más amplio que el tiempo cronológico de quienes van contando los segundos. Al finalizar la golpiza, el rito concluye de esta forma:

Uno, dos, tres, cuatro, cinco, seis, siete, ocho, nueve, diez, once, doce...

Trece y ya es parte garruda de la clica trece, ya es de ellos
y jala aire que rasguña harto nomás de entrar a las dolederas
del cuerpo gritando que la Mará rifa, la Mará Salvatrucha
13, trece como los segundos. (145)

Otro signo iniciático consiste en el tatuaje de tres puntos en uno de los nudillos de los dedos.

Uno: La
Dos: Vida
Tres: Loca
La locura de vivir sin la locura de los que creen que vivir
es callar y deslomarse, y ellos se desloman por ellos y no
por otros que son los demás de la vida tan ajena que no
importa. (84)

Tercer signo iniciático de importancia son las lágrimas que los mareros deben hacer tatuar sobre sus mejillas, como señal de la cantidad de personas que han asesinado.

-Lo primero es que te mandes a poner tu lagrimita debutante, bato, como estas - mostró un par de tatuajes en la mejilla.

Eran unas lágrimas muertas. Marcadas punto a punto. Como flores del mal en medio de la carne. El tipo no quiso decir la historia de los tatuajes, sabiendo que Jovany sabía que una lágrima clavada para siempre en el rostro era igual a un cristiano menos en el mundo de acá abajo, y si las lágrimas del Poison eran dos, pos dos eran los batos putos que se habían ido a bailara loscongalesdel cielo. (61)

El cuarto signo de pertenencia a la Mará Salvatrucha (característica conocida ampliamente) es la gran cantidad de tatuajes que llevan en su cuerpo.

Poison le dijo que era necesario se pusiera más tatuajes, que el pinche alacrancito ese del brazo era mierda de toro. (60)

El dinamismo social que impulsa esta ritualidad ¡cónica tiene que ver con las necesidades de inclusión que experimentan estos grupos, por arrastrar una historia antigua de discriminaciones. El marero, así, da cuenta -con sus tatuajes- de que pertenece a una agrupación, y de que dicha pertenencia es indeleble.

La estética corporal es central ya que ahí se nuclean aspectos identifícatenos con la pandilla que dan cuenta de los procesos de cohesión. Quizás el elemento más fuerte en cuanto a su carga simbólica sea la alteración y decoración del cuerpo, a través de tatuajes. [...] Así, el cuerpo o las corporalidades son representados y puestos en escena en el espacio público de la calle... (Nateras 94).

 

3.5. El tren de la muerte

Si, tal como se ha dicho anteriormente, la acción de La Mará se ha extendido por diversos lugares, el espacio narrativo escogido por Rafael Ramírez Heredia corresponde específicamenteal queocupan los mareros situados en el eje Tecún Umán-Ciudad Hidalgo. Más particularmente aun, ellos ejercen sus actos de criminalidad en el denominado "tren de la muerte", ferrocarril de carga que corre desde Ciudad Hidalgo hasta Veracruz. Muchos indocumentados centroamericanos, después de haber cruzado el Suchiate, pagando hasta cinco mil dólares a los polleros o coyotes, intentan abordar clandestinamente dicho tren para así poder avanzar más rápido hasta Veracruz o alguna ciudad intermedia, desde donde verán cómo continuar su viaje hacia los Estados Unidos. El intento de abordaje es arriesgado y sólo es justificado por la desesperación.Todos saben que abordar un tren en marcha supone posibilidades de graves accidentes; sobre todo caídas, atropellos entre ellos mismos, amputaciones de brazos y piernas y, cuando no, la muerte misma al ser atropellado por las ruedas del tren que avanza inclemente. Son decenas y centenares los que intentan subir al tren. Sin embargo, el riesgo mayor de esta temeraria empresa es ser asaltados por los mareros que se han adueñado del tren y robarles lo que puedan. Si no tienen fortuna en esa especie de peaje que cobran, arrojan a los indocumentados del tren produciendo más muertos y mutilados. A pesar de estos peligros, los indocumentados siguen intentando la aventura porque consideran que los riesgos son menos que el infortunio de regresar a la condición económico-social que dejaron atrás. Los mareros, además, nunca serán tantos como para superar en cantidad a los que abordan el tren de la muerte.

[...] arriba de los carros de hierro se inicia el combate por
obtener un mejor sitio. Se pistonean los pujidos. Aun hom-
bre se le desfigura el rostro por la patada lanzada desde
una posición más alta del ferrocarril.

Se escucha el desliz de los lamentos. Las amenazas y
ofertas. Todo en voz baja, como si fuera un pacto nunca
acordado.

Se escuchan los golpes que otro recibe en las manos san-
grantes para desprenderlo de su asidero. Ahí, la pelea que
uno sostiene contra los jalones a su ropa para quitarlo de
la escalera. Allá, los golpes que recibe un tórax pegado al
latido del que le dispara los puñetazos mientras el dolor se
esconde en el bufido que defiende su posición. (13)

Ellos, los migrantes, pese a los dichos que circularon en
las horas previas del abordaje, desconocen casi todo.
Las consejas y leyendas dividen las creencias que no tienen
sustento.

[...]

¿Qué contador de relatos podría inventar uno donde narre
que a los lados de ese mismo ferrocarril de avanzar asmático
por entre la selva ajena, seres de tatuajes enramados en el
cuerpo y lágrimas estáticas viajan por senderos oscuros
esperando que el tren se detenga?

Los migrantes, que lucharon como si en ello les fuera la vida
y ahora respiran con tranquilidad momentánea, tampoco
han descubierto que disimulados entre los hierros y la
oscuridad, mezclados entre ellos, en alguna parte de este
tren ruidoso y trampero, van algunos de esos seres con el
cuerpo oculto para no ser reconocidos y atacarán en los
exactos lugares en que la ley espera.

Ninguno de los viajeros sabe que esos seres llegados de los
mismos pueblos de debajo de Tecún Umán se esconden
tras las líneas que configuran sus tatuajes. Los caminantes
del igual sur del sur no conocen la fiereza de unos colmillos
ocultos, salivando el momento preciso, que no tardará en
llegar.

Qué se van a imaginar los horizontes que cruza el camino
largo, ni que en cada rejuego está la caída, la pérdida de
brazos, las piernas cortadas, la deportación, la cárcel, el ulu-
lar de las anfetaminas y el polvo de la coca. No lo imaginan
porque es más terrible regresar hacia sus países quemados
que sufrir las desventuras del norte. (17-18)

 

 

En fin, el tren de la muerte se convierte en un símbolo que representa la maquinaria incierta a la que los inmigrantes se someten una vez atravesada la frontera de Guatemala. El tren abordado clandestinamente ofrece una posibilidad (la rapidez del desplazamiento), pero también conlleva riesgos de toda índole de los cuales no es posible tener noticia cierta en forma anticipada. El tren se constituye en la simbólica resistencia con que el progreso prueba y expele a los que no considera dignos de sí. Maquinaria nueva que lleva hacia el norte, hacia la promesa, hacia el futuro, pero que puede arrojar hacia la muerte o devolver hacia el pasado, la pobreza, el sur, con el cuerpo amputado o con el alma vendida a los poderes fácticos que gobiernan en la frontera. El tren es el adelanto de lo que serán Los Estados Unidos para los inmigrantes, es decir, una férrea promesa de progreso y rapidez, pero también la amenaza destructiva de un sistema que revienta a quienes no se adaptan a sus leyes y mecanismos.

3.6. La Frontera: territorio de violencias

La Mará, presente en Ciudad Hidalgo y alrededores, evidentemente contribuye a generar una cultura dominada por la violencia en la zona. Los "tatuados" deambulan por Tecún y Ciudad Hidalgo imponiendo su ley y generando el ambiente de violencia que domina el espacio considerado como la frontera. No son los únicos, ciertamente, pero son un factor influyente.

Por lo tanto, la novela más que detenerse en crímenes particulares e indagaciones claramente ¡dentrñcables, se preocupa de narrar un clima de violencia al que pocos se pueden sustraer. Los componentes son variados: tráfico de drogas, prostitución, coimas, policías y cónsules corruptos. Todo un orden donde la moralidad está ordenada por principios ajenos a los cánones tradicionales y donde no cabe encontrar la figura de un "detective", un "restablecedor del orden", coincidiendo en este punto con uno de los aspectos, mencionados al inicio, que son propios de la novela negra. Ante ese panorama, no queda más que vivir a salvo del peligro, sortear las aventuras y los desafíos, salvar el pellejo a cualquier costo, vivir en la inminencia de una vida que ha puesto entre paréntesis los grandes ideales y conformarse con el resultado que imponen los avatares de la fortuna.

Por estos motivos, se justifica plenamente la textura narrativa de la obra. En primer lugar, por que, más que un "crimen", existe un ambiente de criminalidad al que pocos se sustraen. En segundo lugar, porque, más que una "indagación", lo que se ofrece es un conjunto de narraciones donde se van exponiendo peripecias vitales de seres arrastrados por el infortunio. En tercer lugar, porque, más que un culpable individual, se expone el panorama de una culpabilidad existencial en la que todos han caído como resultado de una vida que no les preguntó qué lugar querían tener en ella. Son seres arrastrados hacia la muerte. Buscan la vida, pero la muerte los espera en cualquier atajo; o la muerte material y concreta que se puede encontrar en las ruedas del tren o un asesinato mudo en la oscuridad, o la muerte trágica de quienes deambulan en un círculo físico-temporal que los atrapa sin oportunidad de salida.

Esta estrategia narrativa plantea múltiples historias de personajes que cumplen su rol tratando de sacar el máximo provecho o de escamotear las dificultades. Uno de ellos es Don Nicolás (Don Nico), cónsul de México por varios años en Tecún Umán. En todo ese período, él usufructuó de los beneficios que le daba ocupar ese cargo, distribuyendo visas a centroamericanas a cambio de los favores sexuales que ellas les pudieran ofrecer, dato que pone en relación las dimensiones del sexo y la violencia como características de la novela negra. Tenía vínculos con Doña Lita, regenta del prostíbulo "Tijuanita", quien le hacía llegar jovencitas de diversas nacionalidades para que él las atendiera y les diera la visa que necesitaban para seguir camino hacia el norte. Su cargo como cónsul terminó cuando ocurre la tragedia del Carrizal donde murieron varias personas.

Doña Lita era una mujer mexicana de edad madura que, dirigiendo el prostíbulo mencionado, tenía contacto con todas las redes de poder de la frontera. Ella visitaba al cónsul de vez en cuando (poder terrenal), tenía amores con un sacerdote que era párroco de otro pueblo (poder celestial) y se relacionaba bien con Ximenus Fidalgo (en Ciudad Hidalgo) que era el santón y vidente de la frontera (poder mágico). Animada por buenos deseos y por una moralidad ajustada a los cánones fronterizos, organiza sus acciones con un cierto activismo feliz y desprejuiciado. Quizás es el personaje más adaptado al mundo narrativo presentado.

3.7. Anamar y Jovany

Entre otras historias está la de Lizbeth, la panameña (condenada a repetir una y otra vez los intentos por pasar la frontera), la de Julio Sarabia (agente de migración), la de personajes menores como El Burrona, Me-léndez y Melgarejo. Sin embargo, la trama fundamental, es decir, la que podría asumir cierto perfil policial más nítido es la que está relacionada con los acontecimientos ocurridos entre Jovany y Anamar.

Jovany era un joven que procedía de San Pedro Sula, ciudad hondurena, segunda en importancia después de Tegucigalpa, la capital. En el grupo con el que venía, estaba el Poison (marero) y Laminitas. Laminitas admiraba a Jovany y le atraía sexualmente. De hecho, cuando debieron dormirá la intemperie o bajo cualquier cobertizo, Laminitas se recostaba al lado de Jovany y, durante la noche, se hacía penetrar por él. Jovany, haciéndose el dormido, cumplía los deseos de Laminitas y sus propias urgencias sexuales, sin poner en descrédito su masculinidad. Durante el día, sin embargo, Jovany despreciaba a Laminitas, su servilismo, su seguirlo a cada paso. Por otra parte, la relación de amistad entre Poison y Jovany influyó en que este último se hiciera marero. Pues bien, para cumplir con las indicaciones de Poison, Jovany debía tatutarse algunas lágrimas en el rostro, es decir, debía asesinar algunas personas. La más significativa de esas muertes fue la de Anamar.

Anamar era una jovencita, virgen, destinada al "Sendero Brillante"

(107), asistente del consultorio de Ximenus Fidalgo. Ella, que, bajo la protección de Ximenus, vivía en la absoluta inocencia, pierde toda su seguridad y equilibrio con la aparición deJovanyen el consultorio:

Fue en el segundo mismo en que lo vio entrar, afilado como las hojas del lirio, esbelto como los otates en época de lluvia, ondulado como el vuelo de las garzas sobre el río en las tardes en que la brisa sólo se admira en las alas de los pájaros. (107)

 

Aunque Anamar tiene algunas resistencias ante el joven descreído que llega al consultorio, no logra sustraerse al enamoramiento que le produce. Se van acercando poco a poco, hasta que llega el momento culmine, en que Anamar se entrega sexualmente a Jovany:

La niña siente el cuerpo de su Jo (sic) juntarse a sus nervios y la boca con olor a mixtura de heno chaya arrayán y tamarindo meterse a sus labios sin tacha y esconderse en los oídos que le silban algo enrabiado y ardoroso y de sus hombros las tiras del vestido venirse abajo sin detenerse ante la razón de negar lo que no sabe que debe negar cuando los tatuajes se meten en la punta de los pezones libres de un vestido ya en el suelo y rotos los calzones color rosa dejando escapar el olor que protegían entre los vellos ralos jalados al abrir las piernas por la fuerza que nada contiene ni siquiera los gritos de la aterrada hermanita silenciada de inmediato por un puñetazo en la cara recién retocada con el maquillaje comprado a plazos que ahora se destiñe por la saliva y el llanto que no hace sino enfurecer más al que se trepa y de un empujón mete lo que la desconocedora Anamar nunca ha visto y jamás verá después del dolor corriendo en su adentro que el hombre calcina con las flechas de un cazador hambriento urgido de secarse las llamas con rugidos que la sumisa Anamar oyó pegados a sus cabellos cortos a sus ojos abiertos que desde el suelo miraron el fulgor de los ojos de Cristo sin timbre que los accione delineando los tatuajes en la figura de un hombre joven que acompasa su movimiento de caderas al trepidar de la dolida hermanita mientras le aprietan la garganta y con sed chupan la baba que se va de los labios de la reseca hermanita Anamar tan sola como se quedaría después en esa misma habitación donde Tata Añorve la descubrió la tarde en que los tordos desde los árboles gritaron más que las otras tardes. (120-121)

Además de Anamar, Jovany mató a sus padres y a Laminitas; por eso sus cuatro lágrimas:

Porque si sus papas hubieran huido de San Pedro, no los hubiera encontrado. Si Anamar no se le hubiera atravesado en los palpitares, no le hubiera dado luz verde. Si Laminitas se hubiera quedado en San Pedro, no lo hubiera hecho sentirse así. Si se hubiera conformado con ser espectador en el cine, no lo hubiera encanijado.

Pero no, llegaron los hubiera, y si no hubiera sido tan terco, no se hubiera quedado tumbado en el hoyancón, caracho Laminitas, carachos hubieras.

Carachos hubieras que marcan las cuatro lágrimas.

Con la violación y el asesinato de Anamar por parte de

Jovany, el clima general de violencia se materializa en su más rotunda y radical expresión, la del crimen perpetrado contra la más inocente de las víctimas, es decir, todo el peso de un sistema inicuo caído sobre el más débil e indefenso destinatario. Por esta carga simbólica contenida en la muerte del inocente en manos del criminal, la muerte de Anamar adquirirá matices sacrificiales que la convertirán más adelante en objeto de veneración popular y religiosa.

Mientras tanto, Tata Añorve, el padre de Anamar, que atraviesa desde siempre el Suchiate de un lado a otro con su balsa, se convierte en el investigador infructuoso del asesino de su hija.

Añorve sabe que de aquí sólo podrá huir si su niña se lo lleva de la mano. Entre ola y ola, entre cuerda y cuerda, entre paso y paso, busca los ojos del que sabe le arrebató la voz de ella. Lo hace cada día cuando le toca bogar, y lo hace también durante el otro: el que usa para esperaren la orilla viendo a las barcas meterse en el agua sin jamás tratar de identificar la que será suya al día siguiente. Entonces mira y espera sin que el ardor se escape del cuerpo. (187)

Añorve vive atormentado por el dolor de la injusticia sufrida por Anamar.

Decidió vivir lejos de su antigua casa para no pisar de nuevo el suelo donde vio el cuerpo de su hija tumbado y los ojos buscando el recoveco que los alejara del miedo. La paz no le llega ni siquiera en las horas en que regresa y se esconde en su casa lejos del pueblo, la que ahora habita, solo, sin ruidos callejeros, sin el olor de la gente, con la selva bordeando la construcción de los carrizos, a donde estará hasta que la niña lo tome de la mano sintiendo la suya perderse en lo delgadito de los dedos, en lo suavecito de la piel de Anamar. (188)

La motivación de Tata Añorve consiste en su convicción de que "[n]o existe ser humano a quien se le pueda negar el último segundo sin paz, y a ella se lo negaron" (188). Por este motivo, él se propone unir a su causa a todos los que tienen algo contra La Mará, todos los que han sido dañados por ella:

Lo que a él le interesa son los vivos, aunque estén cojos porque perdieron la pierna bajo las ruedas del tren. Los mancos que vieron desaparecer su brazo en la tarascada del ferrocarril. Los que han sido castrados en la selva. Las mujeres violadas. Los hombres robados. Esos son a quienes puede unir a su causa. Quiere saber de cada uno de los cientos que siguen caminando como fantasmas por la ribera del río, viviendo en las casuchas de las afueras de los pueblos, arrastrándose por las limosnas.

Él quiere estar cerca de esos cientos que viven y tienen algo que cobrarle a la Mará. Esos son los que le interesan. Los que podrán unirse a él. (189)

Añorve, animado por su experiencia personal, se transforma en una especie de reserva moral para la defensa de los más incautos y débiles.

Cómo decirles a los ilusos que no se atrevan a subir en los camiones contratados por los polleros. De qué forma contarles del calor que arrasa con el aire en los espacios tan castigados por los cuerpos uno sobre otro. Gritarles a los tontos que nunca se dejen llevar a pie por los senderos de la madreselva que no tiene hijos y se los cobra a los que sin malicia se meten en sus dominios. (189-190)

Y, mientras tanto, Añorve sigue esperando. Espera el momento oportuno para unir su rabia a la de los otros y así cobrar la impunidad de la Mará. Y también observa y busca el rostro del asesino concreto de Anamar. Su búsqueda tiene la pasión del odio hacia los asesinos, y la pasión de la ternura hacia su hija, y la pasión que arranca del sentimiento de sentirse dominado en un clima de criminalidad, pero también la convicción de saber que son muchos los heridos y que, juntos, pueden hacer una fuerza que reaccione, cuando el momento llegue.

Busca con los ojos los ojos de ese otro al que le ha soñado el rostro que es igual al de los otros, los que odia y deben pagar por sus crímenes. La historia que existe bajo una de las lágrimas muertas de ese mismo semblante que él, con los ojos abiertos, mira en cada detalle. Añorve busca a uno igual a los otrosy a los otros que son iguales. Por eso recorre las orillas, de ida por el suryde regreso por el norte, desde los puentes hasta más allá de la selva, de la apretura de los árboles hasta el floreadero de embarcaciones. Busca a uno que ostente los tatuajes en el cuerpo, pero odia también al resto. (190)

Su método de búsqueda consiste en una mezcla entre su sabiduría ancestral, vinculada a toda una vida junto al río, y la observación detenida de lo que transcurre en torno a él.

Se sienta sobre las raíces de los árboles.
Escucha las historias.
Aprende las maneras que tienen los tatuados de actuar.
Espía los escondrijos cercanos a la estación.
Les da estrategia a los ruidos.
Cuenta los sonidos de los balazos en la oscuridad. Los pi
tidos del tren que llegan nítidos desde lo que alguna vez
fuera una estación.
Despierta los oídos ante las quejas de los que no han po
dido ir hacia el norte y viven esperando que algo cambie
su destino.

Aspira los olores mezclados.
Lame las gotas de lluvia.
Mete los ojos entre las luces de las dos orillas.
Entre lo enmarañado de la selva.
En los desniveles de la ribera. (192)

 

Todo este proceso de conocimiento lo conduce a una sabiduría detallada no sólo sobre los procedimientos de la Mará, sino también sobre el mundo que lo circunda. Su búsqueda específica de un criminal (el que mató a Anamar) no resulta exitosa, pero la búsqueda redunda en un beneficio más vasto, que es el conocimiento del conjunto de códigos que rigen la ley de la frontera.

Añorve, sin hablar, descubre todo lo que creía conocido y ahora le resulta ajeno. Aprende. Sabe que en las orillas del río y en las veredas de la selva se reúnen los tatuados. Que suman cientos, quizás miles. La manera que tienen para hacerse parte de las sombras cuando se trepan al tren. Conoce el nombre de sus contactos. Los escondrijos donde asaltan y asesinan a los que quieren ir al norte. Por qué sitios caminan en las noches. Va descubriendo los hilos que los cubren, el tiempo de conocer a otros que, como él, también los odian. Como aquel al que asesinaron no a su hija, pero sí a su hermano. O violaron, no a su hermana, perosía su madre. Aquel al que le quitaron los ahorros de su vida. Esa que le cortaron los pechos. Son tantos como él. Tantos como su tristeza. Que ellos como él esperan.

 

3.8. Promesas de nuevo mundo y destrucción

Las cosas cambiaron cuando, una vez, Añorve acogió en su casa a dos desamparados. Superando todos los prejuicios (que considera que los "guanacos son levantiscos, ciclotímicos, hurtientos" (349)), los dejó pasar la noche. Después volvieron y, poco a poco, empezaron a llegar nicaragüenses, hondurenos, entre ellos venía un herido de apodo Pichi. Entre todos se organizaron para vivir junto a Añorve, quien "empezó a pensar que la niña Anamar ayudaba a la gente a descansar en el sitio" (350). De este modo, se constituye espontáneamente una especie de comunidad en torno a Añorve que asume características de maestro sabio:

Añorve no dice más de lo que sabe, habla sin entender la razón por la cual la gente que lo rodea lo escuche con tal silencio. Cuenta del sonido del río, de las horas del sol, de sus días de niño, del sabor de las frutas, del rencor de los tatuados, del miedo de la gente, del calor del verano, de las lluvias sin tregua, de las calles de los dos pueblos, de las hadas que engañan, de los que matan, del dolor de los sacrificados, de su mirada puesta a lo largo de los días en los escondites, y de las marcas en los pantanos. (352)

El estilo de vida compartido por Añorve y sus acogidos recuerda ciertos aspectos de comunidades que intentan vivir un cierto proyecto de características míticas, una especie de regreso a la Edad de Oro con elementos cercanos al cristianismo de los evangelios (acogida de los desamparados: tullidos, cojos, lisiados, desvalidos, de toda nación) y con raigambre ancestral en la sabiduría de los pueblos precolombinos. De algún modo, esta comunidad de desheredados constituye un cierto microcosmos social que vincula la sabiduría del pasado con una indefinida promesa para el porvenir. La presencia de Añorve consolando a los desamparados recuerda, por un lado, la frase de Jesús: "Vengan a mí los que se encuentran cansados y agobiados, que yo los aliviaré" (Mt 11,28) y, por otro, la comunidad de los devotos de Canudos en La guerra del fin del mundo, de Vargas Llosa.

La asociación religiosa se confirma totalmente en el momento en que comienzan a aparecer velas encendidas junto a una fotografía de Anamar, en torno a un árbol del patio de la casa de Añorve. Después de eso, se dio todo un proceso de surgimiento de una gran devoción por Anamar, considerada por las multitudes como la niña virgen, mártir de la violencia criminal de la Mará. El tono de las prédicas de Añorve y el ambiente que se da oscila entre la devoción de los desheredados que acudían al lugar y un cierto tono político y apocalíptico. La aventura, finalmente, comenzó a incomodar a las autoridades, que después de algunas visitas de la policía, terminaron haciendo una redada al lugar, cometiendo una matanza y precipitando la huida de Añorve.

Finalmente, derrotada la esperanza mesiánica que parece advenir en medio del régimen de violencia imperante, termina por restituirse el verdadero orden de la frontera, que consiste en la violencia. Con esto, la novela termina como la historia interminable de la injusticia donde la corrupción de las autoridades se junta a la criminalidad de la Mará y a la falta de escrúpulos de los aprovechadores que utilizan ese clima ambiente para sacar dinero de los que buscan alguna oportunidad en el norte.

En síntesis, la peripecia particular asociada a la historia de Jovany, Ana-mar y Añorve viene a ser solo un eje narrativo que nuclea el gran drama ambiente que se vive en la frontera (espacio geográfico indefinido que rodea las márgenes del Suchiatey que se centra en Ciudad Hidalgo-Tecún Umán). Jovany y Anamar son el punto de encuentro entre dos mundos contrapuestos: el de la violencia marera arraigada en Jovany (con todos sus iconos y discursos correspondientes) y el de la inocencia de Anamar. La muerte de Anamar adquiere connotaciones sacrificiales y martiriales que confluyen en el surgimiento de una comunidad de marginados por el sistema (cojos, amputados, empobrecidos) que siguen a la niña con devoción religiosa y transforman la casa de su padre, en torno al río, en un santuario religioso, espacio de peregrinaciones, oraciones y prédicas de Añorve, convertido a esas alturas en un sincrético santón que anima a las masas con discursos apocalípticos donde se mezcla la esperanza escatológica con la insurrección social ante el orden criminal impuesto por la Mará y por la connivencia de los poderes políticos. El despliegue de las fuerzas institucionales revela que se sienten denunciadas y amenazadas por el movimiento en torno a Añorve-Anamar.

La novela, en su conjunto, deja abierta la interrogante sobre la asignación de culpabilidades. Se podría decir que todas las instancias pueden descargar sus culpas en un orden superior a ellos. La Mará en la sociedad que los ha excluido; los emigrantes en la pobreza de sus países; los policías en la miseria de sus salarios; las jóvenes prostitutas en que no tienen otra forma de salir adelante. Tal vez la culpa esté en las falsas ilusiones que los emigrantes se hacen con respecto al norte. O en las fuerzas represoras de los Estados Unidos para evitar la inmigración. Quizás no haya finalmente una culpa, sino un orden viciado donde los inocentes están destinados a morir y, así, lo de Anamar no es una historia romántica, sino el efecto dramático de un ensayo narrativo experimental que viene a responder a la pregunta: ¿Qué pasaría si ponemos un ser absolutamente puro en medio de este ambiente totalmente corrupto? Al final, queda la impresión de que la frontera no es más que uno de los muchos mundos narrativos marcados por la muerte (como el de Rulfo), por la soledad (como el de García Márquez), por la violencia (como el de Fernando Vallejos), por la injusticia (como el de Ciro Alegría), por la esperanza mesiánica arrasada (como el de Vargas Llosa), por la fragmentación (como el de Arguedas). En esto, la novela de Ramírez Heredia revela su factura plenamente latinoamericana, en donde el discurso policial es atravesado por una amplia variedad de otros discursos que pretenden, en su complejidad rizomática, dar cuenta del complejo mundo que representan.

4. Conclusiones

La novela La Mará centra su atención en un crimen particular (el de Anamar) y el estudio del contexto social en que es producida. Dicho crimen, junto con la práctica establecida para obtener visas para viajara los Estados Unidos relacionan los conceptos de violencia-sexo-criminalidad-delito. La corrupción de las instituciones se manifiesta en los favores que buscan los policías, en la práctica viciada del cónsul, en la "vista gorda" que hay para algunos casos, mientras que, para otros no. La presencia del Gran Criminal (La Mará Salvatrucha) se constituye como transposición de una nueva ley por encima de la ley social que rige tanto a Guatemala como a México. El proceso es laberíntico y cíclico: el migrante llega a Tecún y está condenado a morir cerca o a volver siempre a ella. Se configuran estados de condenación, con rasgos de determinismo cósmico o social, influencia de poderes incontrolables, siempre más arriba. En la frontera son visibles el tráfico de drogas, de influencias, de sexo, de especies humanas (migrantes camuflados que quieren llegar a los Estados Unidos).

Todas estas características permiten postular la inscripción del relato de Ramírez Heredia en el género llamado neopolicial. La finalidad de una novela tal, a pesar de su factura literaria impecable y exigente, no es exclusivamente estética, sino eminentemente social y política. No es una novela urbana como puede serlo un relato ambientado en Ciudad de México o Buenos Aires. Comparten territorio los espacios rurales con las pequeñas ciudades fronterizas. En medio de toda la corrupción ambiental, aparecen figuras como la de Anamar y Añorve, pero la pureza de ella y los deseos de un mundo nuevo por parte de él son aplacados; son alegoría de las nulas posibilidades del bien en medio de la barbarie humana que relatan. Personajes como Ximenus Fidalgo, el vidente, atraviesan la peripecia narrativa a salvo. Otros, en cambio, los migrantes, son la materia basal sobre la cual está construida la historia, así como sobre su destino está configurada la arbitrariedad de una suerte que los lleva de un lado a otro como marionetas tristes, desparpajos humanos, débiles excrecencias sociales que claman por una oportunidad. La novela, así, asume una postura al lado de los desheredados: los que no pertenecen ni a la Mará, ni a la policía, ni a ningún sistema. Es decir, sólo individuos, masas que pululan en lasfronteras, que mueren o se accidentan en el tren de la muerte, que caminan incansablemente en medio de los peligros de la selva, que son deportados una y otra vez por la policía de migración, que son robados, asaltados o asesinados por el gran criminal, por esa nueva ley que se impone sobre todo orden occidental conocido, la ley de los tatuados miembros de la Mará Salvatrucha.


NOTAS

1 Se entiende aquí la diferencia entre el concepto de "frontera" y el de "límite". Límite es un hito geográfico o físico determinado que establece con precisión dónde termina un territorio y dónde comienza otro. Frontera comprende un espacio de transición donde convergen similares culturas, comercio regular de bienes, convenciones y acuerdos que acercan más a los habitantes fronterizos entre sí que a sus connacionales que viven en otras partes de sus respectivos países.

 

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* Este artículo es resultado del Proyecto FONDECYT Regular N°1071100 "Hibridaciones, parodias y polémicas con el género policial en la narrativa latinoamericana". Pontificia Universidad Católica de Santiago de Chile. Sistema de citas: MLA.

** Doctor en Literatura. Académico de la Universidad Católica Silva Henríquez. Coinvestigador proyecto FONDECYT Regular N°1071100. jagalgan@uc.cl, jgalganim@ucsh.cl

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