SciELO - Scientific Electronic Library Online

 
 número39Un devenir excéntrico. El nonsense en las invitadas , de Silvina OcampoSara Malvar: modernidad, manifiesto y poemas pintados índice de autoresíndice de materiabúsqueda de artículos
Home Pagelista alfabética de revistas  

Servicios Personalizados

Revista

Articulo

Indicadores

Links relacionados

  • En proceso de indezaciónCitado por Google
  • No hay articulos similaresSimilares en SciELO
  • En proceso de indezaciónSimilares en Google

Compartir


Literatura y lingüística

versión impresa ISSN 0716-5811

Lit. lingüíst.  no.39 Santiago jun. 2019

http://dx.doi.org/10.29344/0717621x.39.2005 

Artículos de Literatura

Un análisis biográfico, político y literario de Manuel Rojas. De joven anarquista a hombre de izquierdas

A biographical, political and literary analysis about Manuel Rojas. From a young anarchist to a leftist man

Pablo Fuentes Retamal** 

**2 Chileno. Profesor de Estado en Castellano de la Universidad de Santiago de Chile. Magíster en Literatura Latinoamericana y Chilena de la Universidad de Santiago de Chile. Doctor en Literatura Latinoamericana de la Universidad de Concepción. Actualmente realiza investigación posdoctoralen la Universidad de Concepción, Chile. pfuentesr@udec.cl

Resumen

Este artículo estudia la identidad política de Manuel Rojas desde su juventud hasta sus últimos días de vida, a partir de un análisis biográfico y literario. De este modo, comprobamos que Rojas militó en las filas del anarquismo durante la juventud. Luego, en la adultez, el escritor moderó sus posturas y se vinculó al Partido Socialista. La evolución política del autor está ligada a su ascenso en la estratificación social.

Palabras clave: literatura chilena; Manuel Rojas; identidad política; biografía; militancia

Abstract

This article studies Manuel Rojas’ political identity since he was a young man until his last days of life, from a biographical and literary analysis. Therefore, we can confirm that Rojas was a member of the anarchist ranks during his youth, and then in the adulthood, the writer moderated his stances taking part in the socialist party. The author’s political evolution is linked to his ascent in the social stratification.

Keywords: Chilean Literature; Manuel Rojas; Political Identity; Biography; Affiliation

Introducción

“Pero él no es nadie […] no es un teórico del anarquismo ni de nada, es sólo un joven hambriento a quien le gustan ciertas cosas, leer, oír, conversar, divagar, caminar…” Manuel Rojas, Sombras contra el muro.

La escritura de Manuel Rojas es un discurso que representa a los “sujetos más desvalidos y despreciados de la sociedad” (Jerez 31). El compromiso del autor con los sectores populares encuentra antecedentes en tres hitos biográficos: su origen en los arrabales bonaerenses1, su vínculo con el bajo pueblo2 y su filiación anarquista. La crítica literaria ha enfatizado en la militancia política del autor, evento referido para explicar categorías tan disímiles como las decisiones de vida del escritor, la construcción de sus personajes, la categoría que ocupan sus relatos en la literatura chilena, entre otros aspectos. En este sentido, Ignacio Álvarez (2012) comenta que los estudios literarios enseñan que Rojas debe leerse como un autor anarquista, cercano al anarquismo, superficialmente anarquista, y algunas variantes parecidas (112).

Las perspectivas críticas que valoran la obra rojiana, a partir de la militancia ácrata de su autor, sostienen sus lecturas en Viaje al país de los profetas (1969), puntualmente en aquel fragmento en que Rojas declara lo siguiente: “tengo una formación ideológica socialista, más bien dicho, una formación anarquista, formación que no he dejado nunca, por más que las circunstancias de la vida y de mi vida me hayan reducido al solitario trabajo de escritor” (17).

Efectivamente, Manuel Rojas militó en las filas del anarquismo, sin embargo, esta filiación no constituye un rasgo inmutable en la identidad política del autor, tampoco es un atributo capaz de articular toda su producción artística. Sin lugar a dudas, el imberbe Manuel Rojas, de dieciséis años, que redactó proclamas vindicativas (1912) difiere respecto de aquel hombre maduro, de setenta y cinco años, que escribió La oscura vida radiante (1971). Esta afirmación parece obvia, no obstante, consideramos que la crítica literaria y algunos lectores acérrimos del autor conciben en la filiación libertaria de Rojas un atributo estático e incólume a los avatares del tiempo. Contrariamente, nos parece indispensable subrayar que Manuel Rojas fue un escritor complejo, heteróclito y contradictorio, presto a múltiples devenires.

El propósito que acoge este artículo es resolver estas imprecisiones, a partir de un estudio biográfico del autor en diálogo con su producción literaria. Estos elementos de análisis consiguen bosquejar el devenir político y social de Manuel Rojas. Consideramos que nuestro trabajo proyecta una imagen del autor que inaugura nuevas instancias de diálogo, ofreciendo materiales de discusión que extienden las fronteras de los estudios rojianos.

Manuel Rojas: de joven anarquista a hombre de izquierdas

El marco reflexivo que propone nuestra reflexión encuentra su génesis en el texto “Efraín Plaza Olmedo”, publicado por Manuel Rojas en 1912 en la revista La Batalla. Un joven escritor, de dieciséis años, evidenció en esta proclama su disconformidad con el dictamen que sentenció a Plaza Olmedo a “cuarenta años de presidio” (Vicuña 98).

Recordemos que Efraín Plaza Olmedo fue un joven ácrata del siglo pasado que nació en la aristocracia chilena. Pasó la mayor parte de su vida en un palacete familiar ubicado en calle Dieciocho, Santiago. El abogado Carlos Vicuña (2002) señala que este muchacho, en 1895, a la edad de diez años, tuvo su primer acercamiento a la pobreza y la carencia al contemplar la situación en que vivían sus vecinos:

Montado sobre la muralla que dividía ambas casas, Efraín Plaza Olmedo comenzó a entregarles diariamente a sus vecinos el pan y la leche que robaba desde la despensa de su hogar. Ya en su época adulta Plaza Olmedo, a pesar de su origen aristócrata, decidió hacerse panadero pues consideraba que esta era “la industria más noble”. (98)

El invierno de 1912 fue especialmente crudo en Santiago, lo que evidenció profundas inequidades sociales. Mientras la burguesía paseaba gozosa vestida con abrigos y estolas, la clase proletaria temblaba de frío y enfermedad. Este panorama desconcertó al joven Plaza Olmedo, quien disparó con su revólver en forma de protesta a una multitud que se agolpaba en calle Huérfanos. Este acto le arrebató la vida a un aristócrata de apellido Guzmán y a Carlos Consolín, un empleado de clase media. Como se dijo, esta acción significó una dura sentencia para Plaza Olmedo, dictamen que un joven Manuel Rojas desaprobó enérgicamente.

Tremalk Naik3 fue el seudónimo que empleó nuestro autor para evidenciar su descontento con el veredicto4 que condenó, prácticamente de por vida, a Plaza Olmedo:

Cayó. Pero su caída equivalió a triunfo. Gritó en contra de las injusticias sociales y su grito repercutió en los horizontes […] su estremado [sic.] amor para los de abajo prevaleció y su odio para los de arriba explotó, rabioso por la negra boca de su revólver […]. Quizás ahogarán en sangre sus palabras, pero su figura y su jesto [sic.] quedarán impunes grabados en el corazón de las multitudes hambrientas […]. ¡Hermano! Te llaman asesino los idiotas nosotros te llamamos justiciero […] ¡Salud al precursor! (2-3)

Este mártir anarquista, vindicado por un joven Manuel Rojas, es referido décadas más tarde en Sombras contra el muro (1964). Esta novela, escrita por Manuel Rojas a los sesenta y ocho años, evidencia reparos al proceder de Plaza Olmedo:

Un anarquista que mate a un verdugo, al responsable de una masacre, llámese Silva Renard5 en Chile, Falcón6 en Argentina, Canalejas7 en España, Perico los Palotes en otra parte, pase, además arriesgan su vida y su libertad, son como apóstoles, apóstoles de la sangre, es cierto; pero matar a un empleado de banco, a un policía, a un cliente, sólo con el pretexto de robar, ya no me gusta tanto. Plaza Olmedo mató a un joven que no conocía sólo porque deseaba manifestar su disconformidad con la justicia y la moral burguesa; eso me parece absurdo: pudo matar a su madre; disparó al bulto. (172-173)

Lo que señaló Manuel Rojas durante la adolescencia, en contraste con lo referido por el autor en la adultez para un mismo asunto, evidencia un desplazamiento en el sentir político del escritor. Esta impugnación se hace evidente cuando Aniceto Hevia, el alter ego de Rojas (Espinoza 17), condena la violencia y sus implicancias en Sombras contra el muro: “matar a un empleado de banco, a un policía, a un cliente, sólo con el pretexto de robar, ya no me gusta tanto” (173).

Siguiendo a Wayne Booth (1983) en sus reflexiones sobre el autor implícito, Manuel Rojas no crea un protagonista ideal e impersonal, sino que una versión tácita de “sí mismo”. De este modo, Aniceto Hevia es una proyección de Rojas8, ya que por más impersonal que intente ser el protagonista, el lector construye a este agente literario, a partir de la imagen que proyecta su autor (Booth 70). Por consiguiente, la desaprobación de Aniceto Hevia para el acto de violencia cometido por Plaza Olmedo es reflejo del distanciamiento de Manuel Rojas respecto de aquellas posturas ácratas que validan la violencia.

Esta impugnación a la violencia encuentra un correlato en la biografía del autor. Manuel Rojas menciona en Antología autobiográfica (1962) un episodio conflictivo de su juventud que, a la luz de los años, le provoca recelo e incomodidad. Luego de haber cruzado a pie la cordillera de los Andes, el escritor forjó vínculos con algunos anarquistas que ejercían la violencia para conseguir la redención social:

Algunos de los jóvenes anarquistas que conocí decidieron convertirse en pistoleros y apaches, al estilo de Bonnott y de Garnier -anarquistas franceses que se dedicaron a asaltar bancos para propagar esas ideas-, y sin querer, pero aun, temiéndolo, me vi metido en vastos proyectos de robos de automóviles.

[...]

El azar, la necesidad de ganarme la vida en forma inmediata y el deseo de vagar me libraron de tomar parte en la realización de algunos de estos proyectos. (20)

La oscura vida radiante ofrece algunos pasajes provechosos para nuestra reflexión. El narrador divaga9, en el octavo capítulo, sobre los estudiantes y sus labores en el ejercicio revolucionario. En este contexto se cita el siguiente verso del “Himno de los estudiantes americanos”10: “juventud, juventud, soplo eterno de eterna ilusión” (Rojas, La oscura 305). El narrador incorpora al verso citado las siguientes palabras: “torbellino, ilusión, todo pasajero” (305). Este aporte le otorga sentido a la citación del poema “Estudiantes” de André Spire11, que se realizó párrafos antes:

Obrero, ¿te acuerdas de los estudiantes? […] ¡Cuántas esperanzas pusimos en aquellas valientes muchachas, en la violencia de sus tesis en el calor de sus gritos! ¡Soñaban con lucha de clases, derechos al trabajo, mejoras de jornal, emancipación de su sexo, amor libre! […] Obrero, las he visto; las ví con sus maridos, tus patrones. Llevaban vestidos de moda y al pagar hacían regateos sórdidos. Revientan de trabajo a sus criadas Y dicen: ¡Quieren aumento de sueldo, qué robo! (304)

El narrador de La oscura vida radiante entabla diálogo con los fragmentos citados cuando describe el devenir político de la juventud chilena. De acuerdo con esta reflexión, los jóvenes se declaran en rebeldía mientras cursan estudios, sin embargo, con el transcurso de los años, estos muchachos se disciplinan y aburguesan para beneficiarse con los privilegios que otorga el poder: “Hoy soy ingeniero de puentes o ferrocarriles, médico especializado en proctología, arquitecto del Ministerio de Obras Públicas, sección proyectos; dentista, agrónomo o burócrata de buena renta, diputado o senador” (Rojas, La oscura 305). Este marco reflexivo justifica la apreciación del narrador cuando señala que los estudiantes son efímeros en el ejercicio revolucionario: “llegan, hablan o gritan durante un tiempo y después se van” (304). El corolario que propone el narrador para este devenir burgués es el siguiente: “«el que no es anarquista a los veinte años, es un idiota» -dice el Sancho nacional-, «pero el que lo sigue siendo a los cuarenta, es un huevón», cualquier clase de huevón” (305).

Los fragmentos citados reflejan la madurez intelectual de Rojas. Para entonces, el autor posee la lucidez necesaria para comprender que las subjetividades transitan por devenires múltiples, siendo improcedente las categorizaciones rígidas e inmutables. En consecuencia, aquel estudiante revolucionario que devino pequeño burgués no es condenado por el discurso rojiano, simplemente sus contradicciones son puestas a la vista con matices irónicos. Estimamos que la parodia es un recurso estético que permite al narrador conciliar incongruencias o incompatibilidades, subrayando que todas las identidades -por consiguiente, la subjetividad de Manuel Rojas- son altamente móviles, cambiantes y en apertura a contradicciones.

El siguiente fragmento de Pasé por México un día (1964) dialoga con lo expuesto, pues Manuel Rojas alude en esta bitácora de viajes, sin resentimientos ni odios, a aquellos anarquistas españoles que abandonaron la acracia para beneficiarse con las oportunidades pecuniarias que ofrece esta nación: “Dicen aquí que los anarquistas españoles se han dedicado en México a hacerse millonarios, cosa que me parece bien; bastantes años habrán sido pobres; lo terrible sería que adquiriesen mentalidad de nuevos ricos” (179).

En conformidad con la tolerancia y el respeto promovidos por el discurso rojiano, no debe desconcertar la simpatía de Manuel Rojas con el Partido Socialista de Chile. Los primeros antecedentes que vinculan al autor con esta ideología se hallan en “Palabras inútiles”, texto que Rojas publicó en el periódico Célula12 en su edición junio-septiembre de 1932. El escritor explica en los párrafos finales de este artículo qué entiende por Socialismo:

El Socialismo, más que una doctrina económica, más que un sistema social, es un sentimiento moral, una especie de sentimiento religioso, basado en el amor al prójimo y en el deseo del bienestar colectivo. Y siendo así, es imposible construirlo con elementos que sean extraños a su composición moral, que no estén de acuerdo con la base que en el espíritu del hombre tiene, que no esté de acuerdo con su finalidad de amor y fraternidad. (ctd. en Soria, Palabras 135)

La explicación a estas palabras se encuentra en la fecha de publicación de este artículo, vale decir, una vez finalizada la agitación acontecida en el marco de la República Socialista. Recordemos que este suceso político tuvo una breve duración, se inició el 4 de junio de 1932 y acabó, forzosamente, el 13 de septiembre del mismo año. Este proyecto convocó a jóvenes socialistas liderados por el abogado Eugenio Matte y a militares fieles al Coronel Marmaduke Grove. Estos sectores se aglutinaron, en torno a la figura de Carlos Dávila, para exigir la renuncia del Presidente Juan Esteban Montero (1931-1932). De acuerdo con Jorge Grove13(1933), la República Socialista fue una instancia que procuró “representar el mejor baluarte de todo un pueblo que sabe exteriorizar y comprender el alto significado y sano espíritu que anima el sentimiento de fraternidad humana” (4). Analizar los alcances y matices de este período excede los propósitos de este artículo, sin embargo, sus aristas contextualizan las circunstancias históricas en que Manuel Rojas forjó simpatías con el Socialismo.

El léxico que emplea Rojas en “Palabras inútiles” para expresar su definición de Socialismo es interesante. Los términos que utiliza el autor evidencian cierto tono místico. Por ejemplo, indica que tras esta doctrina subyace un “sentimiento religioso, basado en el amor al prójimo y en el deseo del bienestar colectivo” (ctd. en Soria 135). El diálogo que entablan Socialismo y Cristianismo en el artículo de Rojas remite a un discurso de Marmaduke Grove, ideólogo de la República Socialista: “Hace 200 años, Jesucristo prometió una vida mejor […]. Nosotros no sólo la prometemos, sino que de una buena vez proporcionaremos una vida mejor. [...] Chile establecerá una República Socialista que será seguida por otros países latinoamericanos” (ctd. en Drake 59).

A la luz de los hechos, consideramos que la figura de Marmaduke Grove fue especialmente atractiva para nuestro escritor. Posiblemente, esta identificación sembró el germen socialista en Manuel Rojas. Esta fascinación la evidencian las palabras que Rojas dedicó a los ideólogos de la República Socialista, una vez que estos hombres marchan con rumbo al destierro político; líderes a quienes Manuel Rojas estimó “vaticinadores de algo grande”:

Miro y veo, a lo lejos, cinco hombres14 que marchan al destierro. No hay piedad para ellos, no existe la piedad en política […] ¿Qué hicieron esos hombres y los que con ellos trabajaron? Anunciaron el advenimiento de algo grande, de algo que ellos, impedidos por los intereses ajenos, por el miedo ajeno, por los rencores y por la incapacidad total del país, no podían realizar. (ctd. en Soria, “Palabras” 134)

La afinidad de Rojas con el Socialismo devino, diecinueve años más tarde, en una militancia efectiva en el Partido Socialista. El autor se refirió a este vínculo militante en una entrevista concedida a Antonio Avaria:

Usted siempre ha mantenido una clara e independiente posición de izquierda. ¿Nunca le interesaron los partidos políticos? -Jorge Jobet me llevó una vez al Partido Socialista e integré una de sus células culturales. Renuncié a los pocos meses, porque el Partido apoyó la candidatura presidencial de Carlos Ibáñez. (Avaria 43)

El crítico José Miguel Varas se refirió a la militancia socialista de Manuel Rojas en el prólogo de Antología autobiográfica (2008). El crítico literario señala lo siguiente:

En 1951, después de muchas dudas (Manuel Rojas), resolvió ingresar al Partido Socialista. Lo recibieron con gran entusiasmo y le encomendaron tareas de divulgación cultural. Al día siguiente, la dirección del Partido decidió apoyar al ex dictador Carlos Ibáñez en la elección presidencial de 1952. Manuel Rojas envió de inmediato una carta de renuncia. “Breve y seca”. (11)

Julianne Clark, tercera esposa de Manuel Rojas, se refirió en sus memorias a la militancia socialista de su marido. La señora Clark (2007) recuerda que el Presidente Salvador Allende, durante una cena del Partido Socialista, le comentó algunos pormenores de la militancia de “Manolo”:

Recuerdo en particular que asistimos a una cena de adhesión que hubo en Santiago, organizada por el Partido Socialista, donde por supuesto estaba Salvador Allende. Muchos años antes, según me contó él mismo, Manolo fue miembro de ese Partido por una semana, hasta que se anunció la candidatura de González Videla, “movida” supuestamente a ensanchar las bases, pero causó que Manolo devolviera su tarjeta y se retirara. (138-139)

A pesar de las contradicciones en la información, comprobamos que Manuel Rojas militó en el Partido Socialista. El tiempo que el autor se mantuvo entre las filas de este conglomerado político está en duda: algunos meses según el propio Rojas; un día en opinión de Varas; una semana de acuerdo con Clark y Allende. Tampoco conocemos las circunstancias precisas que causaron la deserción de Rojas del Partido Socialista; tal vez, el quiebre lo produjo el apoyo de sus camaradas a la candidatura de Ibáñez; posiblemente, la simpatía que despertó en el Partido las aspiraciones de González Videla. No obstante, estas ambigüedades, confirmamos que Manuel Rojas, en ejercicio pleno de sus convicciones político-sociales, militó en el Partido Socialista de Chile.

Lo que hemos expuesto hasta esta parte le otorga relevancia a una entrevista que Manuel Rojas concedió a revista Vea en junio 1957. El título de este cuestionario es interesante, pues incorpora el prefijo “Ex” al referir la militancia de nuestro autor, vale decir, anuncia que el vínculo ácrata de Rojas corresponde a épocas anteriores: “Ex anarquista, lanchero, pintor de brocha gorda, peón de campo, consueta y arriero, recibió el Premio Nacional de Literatura” (ctd. en Fuenzalida 60). Manuel Rojas se refiere en esta entrevista a sus antecedentes libertarios. Es llamativo que el autor haga uso del pretérito imperfecto al mencionar sus vínculos con la acracia, es decir, un tiempo verbal empleado para nominar acciones que fueron desarrolladas en el pasado:

¿Cómo tomó sus primeros contactos con la literatura? -Yo era anarquista, como tan escribía artículos en La Batalla, un periódico anarquista de Buenos Aires. (62)

En definitiva, las motivaciones de Manuel Rojas, a los cincuenta y cinco años, para abandonar las filas del anarquismo e inscribir su nombre en los registros del Partido Socialista no están resueltas. Esta es una tarea que se complejiza al considerar un texto publicado por el escritor José González Vera (1951). Este amigo íntimode Rojas, quien también abrazó el credo anarquista durante la juventud, acusa al Socialismo de adormecer al proletariado con migajas para retardar el despertar social:

En Chile todos los partidos son esencialmente capitalistas y no pueden desear ni propiciar jamás ninguna ventaja fundamental para el pueblo. […] Los partidos socialistas del mundo […] han hecho algo, ha sido contribuir al exterminio de las iniciativas populares; engañar al pueblo con reformas que nunca cambian enteramente una situación y retardan la emancipación del proletariado […]. Siempre los partidos socialistas han hecho de almohadones entre el capitalismo y los trabajadores. Mientras el proletariado acepte intermediarios, se haga representar y transe, tendrá menos pan del que necesita y menos comodidades de las que ha menester; pero cuando comprenda que su salvación está en lo que por sí mismo pueda hacer, entonces sentirá que sus ataduras no son tan sólidas (cit. en Soria, “La formación” 38-41)

La militancia socialista de Manuel Rojas remite a un episodio similar en la vida del escritor González Vera. Este autor menciona que su padre, al enterarse de su condición ácrata, le recomendó abandonar de inmediato estos circuitos rebeldes para inscribir su nombre en los registros del Partido Socialista: “Al salir de la adolescencia le confesé [a mi padre] que yo era anarquista, le desagradó. Venía de vuelta y hubiese preferido que fuera socialista, porque en un partido, aseguró, una persona asciende. Estaba derrotado y aunque parecía no estimarme, a su modo me deseaba mi bien” (55).

La militancia socialista de Manuel Rojas encuentra un correlato en su producción literaria. Recordemos que la citación es un recurso utilizado con frecuencia en la prosa rojiana, de modo que La oscura vida radiante incorpora referencias bibliográficas afines a esta ideología. El narrador menciona en el primer capítulo de esta novela a Robert Owen, un socialista inglés descrito con las siguientes palabras: “el fundador del socialismo […] que no predicaba la lucha de clases, sino la fraternidad humana” (35). El narrador menciona algunos proyectos liderados por este teórico socialista, para lo que destaca los beneficios de sus iniciativas: “dirigía[Roberto Owen] una fábrica de hilados de algodón en New Lanark, con quinientos obreros que recibió borrachos y andrajosos y que convirtió en seres responsables de sí mismos y de su trabajo” (35). Párrafos más adelante, el narrador otorga la palabra a uno de sus personajes para que precise qué entienden por “Socialismo”: “preguntando sobre qué es el socialismo, respondió: «El sistema racional de sociedad fundado sobre la naturaleza»; nadie entendió nada, y muchos, gracias a esa definición tan vaga, se sintieron vagamente socialistas” (35).

La aclaración referida por el personaje, destacada entre comillas por el narrador, fue recogida de las propuestas teóricas de Robert Owen, quien, preocupado por las condiciones de vida de la clase obrera, puso en práctica iniciativas de trabajo y distribución de las riquezas. Siguiendo los planteamientos de Roberto Owen, la Bondad es inherente a la condición humana, pero un entorno social adverso impide su manifestación. Por consiguiente, mejorar las condiciones de vida del proletariado facilitará la irrupción de la Bondad en el seno de la humanidad (Touchard 425).

Robert Owen aplicó estos principios a sus talleres y fábricas, por lo que mejoró los salarios, facilitó viviendas dignas a los obreros, instruyó a los trabajadores, entre otras iniciativas. De acuerdo con estas propuestas, únicamente el Socialismo, entendido “el sistema racional de sociedad”, puede derribar las desigualdades sociales sin propiciar la lucha de clases. Los frutos de este sistema agotarán “la fuente del egoísmo y del espíritu de rivalidad […] pues a nadie debe interesar ser malo, cuando se tiene, anticipadamente, una parte de beneficio igual que los demás” (Ctd. en García 269). Siguiendo a Jean Touchard en Historia de las ideas políticas (2010), la propuesta de Owen nunca fue popular, sin embargo, acredita dos nociones básicas: en primer orden, que “la sociedad puede ser reformada a partir de una comunidad ejemplar” (425); y, en segundo término, que “la reforma social es independiente de la acción política y de la toma del poder” (425).

Estimamos provechoso contrastar los recursos de citación empleados en La oscura vida radiante, respecto de aquellas fuentes que Rojas incorporó en Lanchas en la bahía, su primera novela publicada en 1932. Los párrafos finales de este relato describen a Eugenio, el protagonista, ingresando a su habitación para leer un texto cuya portada anuncia el rostro de un hombre barbudo. El personaje abre el libro que sostiene entre sus manos y reproduce los siguientes renglones: “El pueblo sufre y pregunta: «¿Qué hacer para salir del atolladero?»” (Rojas, Lanchas 99).

Las palabras de Eugenio, puestas entre comillas por el narrador, pertenecen al ruso Piotr Kropotkin, aquel hombre barbudo que figuraba en la portada del texto. Este teórico ácrata escribió estas líneas en el tercer capítulo de La conquista del pan (1900). A la interrogante “¿Qué hacer para salir del atolladero?”, Kropotkin resuelve lo siguiente: “reconocer y proclamar que cada cual tiene, ante todo, el derecho de vivir; y que la sociedad debe repartir entre todo el mundo, sin excepción, los medios de existencia de que dispone” (24-5).

La cita referida en Lanchas en la bahía, en oposición a las fuentes mencionadas en La oscura vida radiante, indican que este procedimiento analítico es adecuado para estudiar el devenir político de nuestro autor. Probablemente Rojas en su juventud fue muy riguroso al conformar su biblioteca sólo con textos de corte anarquista. Más tarde esta exclusividad cedió lugar a una apertura ideológica que expandió las fronteras político-culturales del escritor. En este sentido, sería fructífera una investigación que identifique todas las citaciones que Rojas refirió en su producción escritural. Luego, a partir de aquellas anotaciones, cartografiar el devenir político y escritural del autor. Una tarea ardua y compleja, pero capaz de precisar con exactitud la biografía intelectual del escritor.

Luego de revisar la producción literaria menos estudiada de Manuel Rojas, reconocemos un pasaje de A pie por Chile (1967) que aporta información relevante para este artículo. El autor apunta en esta bitácora de viajes15, en el apartado “El Queltehue”, publicado originalmente en 1942, una peculiar descripción autobiográfica: “Mientras camino por una de las aceras de la calle donde vivo, oigo a mis espaldas un grito de un pájaro que me deja como con el alma detenida. Por un instante me desoriento y no sé si camino por la calle de un barrio burgués o por una de esas solitarias playas que amo” (Rojas, A pie 111).

Esta pormenorización resulta desconcertante, pues, como ya se dijo, siempre que se piensa en Manuel Rojas se lo hace de la mano con los arrabales, conventillos y poblaciones obreras. Inevitablemente surgen algunas interrogantes: ¿en qué momento el autor ascendió a los sectores más acomodados de la sociedad santiaguina? ¿Este ascenso social se percibe en su escritura? ¿Por qué esta información no es referida habitualmente por los estudios rojianos?

Para explicar el ascenso social de Manuel Rojas se debe contextualizar un episodio en la biografía del escritor. Manuel Rojas celebró en 1942 su primer aniversario matrimonial junto a doña Valérie López Edwards, su segunda esposa16. Este vínculo tuvo una duración de veinte años. A partir de esta boda, Rojas abandona los extramuros de la ciudad y se instala en un barrio privilegiado de Santiago, un sector acomodado cuya plusvalía difiere tangencialmente de los sectores obreros que el autor describe en sus relatos. Calle Llewellyn Jones, comuna de Providencia, siete kilómetros al oriente de su primera residencia, cobijó el hogar Rojas-López. Recordemos que el primer espacio que habitó nuestro autor, al llegar a Chile junto a sus padres, fue un almacén “puesto a la diabla […] en una de las esquinas de las calles Coquimbo y Nataniel” (Rojas, Imágenes 6). El matrimonio con la señora López Edwards le permitió a Rojas vincularse con la elite santiaguina y conocer de primera fuente los intereses y pretensiones de los segmentos acomodados.

En relación con lo anterior, Julianne Clark menciona una anécdota acontecida en Seattle en el otoño de 1961. En aquella oportunidad Manuel Rojas fue contratado, en calidad de Visiting Professor, por la Universidad de Washington para enseñar español y literatura. La estudiante Clark, debido a su baja asistencia a clases, visitó la oficina del profesor Rojas. El docente aprovechó esta ocasión para invitar a la estudiante a recoger guías y trabajos pendientes desde su apartamento. Durante aquella visita pedagógica la joven Clark conoció a doña Valérie López Edwards, la esposa del profesor Rojas, quien haciendo gala de su origen burgués ordenó lo siguiente:

Fue durante esa visita cuando (el profesor Rojas) me mostró el departamento y me presentó a doña Valérie por primera vez, quien -cosa para mí insólita- se tendió en la cama y me dijo, “Vamos a fingir que yo estoy muerta, y tú nos vas a preparar de comer” […]. Me di cuenta de que no lo decía en broma […] me sentía sumamente incómoda. (19)

Esta incómoda situación motivó una anotación que Manuel Rojas apuntó en Pasé por México un día. El autor escribió en este registro de viajes, el lunes 2 de septiembre de 1963, lo siguiente:

Cuanto estoy en Estados Unidos y recuerdo a la América española o latina, lo que más recuerdo es su pobreza. Una vez viví diez meses en Seattle, en el Estado de Washington, y llegó un momento en que hubiese dado hasta un dólar por ver una mosca; por un piojo habría dado tal vez hasta dos. (66)

Para entonces, la pobreza latinoamericana es un tibio y lejano recuerdo para Manuel Rojas. Esta remembranza es signo del devenir social del escritor. Aunque la carencia fue un tópico común en las primeras etapas de vida del autor, con el transcurrir de los años aquellas necesidades fueron cubiertas. La posición social de Manuel Rojas, en aquellos entonces, explica la propuesta que le realizó Emilio Rodríguez Mendoza. El autor de La flecha en el arco (1940) sugirió a Rojas abandonar la escritura de los bajos fondos para devenir en el escritor de las clases acomodadas:

Hace dos años, el escritor chileno Emilio Rodríguez Mendoza me dijo para qué perdía el tiempo describiendo pobres, cuando en Chile había una clase alta y una clase media que estaban pidiendo un escritor. Le contesté que no podría, ni quería cambiar lo que había sido y era: un hombre del suburbio. (Rojas, Pasé por 66)

El ascenso social y el devenir político son instancias que bosquejan a un Manuel Rojas muy distinto al que avizoramos tras aquel adolescente anarquista que se camuflaba tras un seudónimo para escribir proclamas vindicativas. No obstante, las salvedades que hemos discutido en este artículo, estimamos que el sustento proletario es un rasgo permanente en su la producción literaria. Un referente capaz de articular, transversalmente, todas las temáticas que nuestro autor aborda en sus relatos.

Reflexiones finales

Las palabras de cierre de este trabajo surgen a propósito de una situación acontecida a Manuel Rojas durante su visita a Jalisco en 1963. El autor y su esposa Julianne almorzaron en aquella oportunidad en un restaurant ubicado a orillas de la playa. Durante la comida Rojas divisó, a lontananza, a un muchacho hambriento que llamó poderosamente su atención. La figura de este joven famélico interpeló su memoria, recordándole que tiempo atrás él también había sido un muchacho pobre y necesitado: “Se quedan sólo dos (muchachos), y uno de ellos, moreno, de pelo negrísimo, delgado atrae mi atención. Se ve que es un muchacho pobre -ninguno de los dos ha ido a almorzar […]-, y, no sé, por qué, encuentro que el muchacho se parece a mí, que tal vez yo fui como él en mi juventud” (Rojas, Pasé por 281).

Esta anotación demuestra que Manuel Rojas es consciente de su devenir. Efectivamente, el autor ya no es el muchacho hambriento que cruzó a pie la cordillera de los Andes en búsqueda de oportunidades para subsistir. Entonces, Rojas es un escritor fundamental en las letras chilenas cuya subjetividad política, social y escritural devino en nuevas instancias de vida.

Referencias bibliográficas

Álvarez, Ignacio. “El diagrama de un nuevo pacto. La oscura vida radiante de Manuel Rojas”. Novela y nación en el siglo XX chileno: Ficción literaria e identidad. Santiago, Ediciones Universidad Alberto Hurtado, 2012, pp. 97-139. [ Links ]

Avaria, Antonio. “Entrevista con Manuel Rojas”. Árbol de letras. Santiago, Universitaria, 1968, pp. 42-45. [ Links ]

Bayer, Osvaldo. La Patagonia rebelde. Coyhaique, F.U.R.I.A, 2009. [ Links ]

Booth, Wayne. The Rhetoric of Fiction. Chicago, Universidad de Chicago, 1983. [ Links ]

Clark, Julianne. Y nunca te he de olvidar. Memorias de mi vida con Manuel Rojas. Santiago, Catalonia, 2007. [ Links ]

Drake, Paul. Socialismo y Populismo 1936-1973. Valparaíso, Universidad de Valparaíso, 1992. [ Links ]

Espinoza, Enrique. Manuel Rojas: narrador 1895-1973. Santiago, Babel, 1976. [ Links ]

Fuentes, Pablo. “Sombras contra el muro de Manuel Rojas: tras la preservación y vindicación del acervo cultural ácrata de comienzos del siglo XX”. Literatura: teoría, historia, crítica, no. 14, 2012, pp. 177-191. [ Links ]

___. “Tetralogía narrativa de Manuel Rojas: tras el rescate y vindicación del acervo cultural ácrata de comienzos del siglo XX”. Apuntes Universitarios, no. 52015, pp. 79-102. [ Links ]

Fuenzalida, Daniel. “Ex anarquista, lanchero, pintor de brocha gorda, peón de campo, consueta y arriero, recibió el Premio Nacional de Literatura”. Conversaciones con Manuel Rojas. Entrevistas 1928-1972. Santiago, Zig-Zag, 2012, pp. 60-67. [ Links ]

García, Flandín. “De los sistemas socialistas modernos”. Febrero ó librería de jueces abogados y escribanos. Madrid: Imprenta y Librería de D. Ignacio Boix, 1852, pp. 266-280. [ Links ]

González Vera, José. Cuando era muchacho. Santiago, Nascimento, 1951. [ Links ]

Grove, Jorge. Descorriendo el velo. Episodios de los doce días de la República Socialista. Valparaíso Aurora de Chile, 1933. [ Links ]

Jerez, Fernando. “Manuel Rojas, al pasar”. Millatún, no. 3, 1996, pp. 31-32. [ Links ]

Kropotkine, Priort. La conquista del pan. Valencia, Sempére, 1900. [ Links ]

Naik, Tremal. “Efraín Plaza Olmedo”. La Batalla [Santiago, Chile]. 01 Nov. 1912, pp. 1-2. [ Links ]

Rojas, Manuel. A pie por Chile. Santiago, Editora Santiago, 1967. [ Links ]

___. Antología autobiográfica. Santiago, LOM, 2008. [ Links ]

___. Historia breve de la literatura chilena. Santiago, Zig-Zag, 1964. [ Links ]

___. Imágenes de infancia y adolescencia. Santiago, Zig-Zag, 1985. [ Links ]

___. La oscura vida radiante. Santiago, LOM, 2007. [ Links ]

___. Lanchas en la bahía. Santiago, Zig-Zag, 1932. [ Links ]

___. Pasé por México un día. Santiago, Zig-zag, 1965. [ Links ]

___. Sombras contra el muro. Santiago, Quimantú, 1973. [ Links ]

___. Viaje al país de los profetas. Buenos Aires, Zoplotorio, 1969. [ Links ]

Soria, Carmen. “La formación de un partido de clase”. Letras anarquistas. Artículos periodísticos y otros escritos inéditos. Santiago, Planeta, 2005, pp. 38-41. [ Links ]

___. “Palabras inútiles”. Letras anarquistas. Artículos periodísticos y otros escritos inéditos. Santiago, Planeta, 2005, pp. 133-135. [ Links ]

Touchard, Jean. Historia de las ideas políticas. Madrid, Tecnos, 2010. [ Links ]

Varas, José Miguel. “Manuel Rojas”. Antología autobiográfica. Santiago, LOM, 2008, pp. 5-17. [ Links ]

Valente, Ignacio. “Una novela casi desconocida de Manuel Rojas”. El Mercurio [Santiago, Chile]. 25 May. 2008, p. 20. [ Links ]

Vicuña, Carlos. La tiranía en Chile. Libro escrito en el destierro en 1928. Santiago, LOM, 2002. [ Links ]

*1 Este artículo surge de la tesis doctoral Detalles que parecen no tener importancia. Un análisis del pormenor en la tetralogía narrativa de Manuel Rojas (2016) y, además, es parte de la investigación que el autor realiza en el marco del seminario Literatura Universal en Lengua Española en la Facultad de Artes y Humanidades de la Universidad de Concepción.

1 Manuel Rojas destaca su origen proletario en Imágenes de infancia y adolescencia (1985). El autor evidencia en este texto autobiográfico su procedencia popular: “Nací en una casa de la calle Combate de los Pozos, al sur de la ciudad (Buenos Aires). Es un barrio proletario, un poco abandonado, como todo lo proletario” (5).

2La ascendencia de Manuel Rojas justifica la representación del bajo pueblo en su obra. El escritor señala que su producción literaria representa a “hombres sin pasado ni futuro, eternos al parecer, alcohólicos, ignorantes, sin ninguna noción de otro mundo que no fuese el suyo […] una clase de seres que en cierto modo pertenecían a mi clase y a la de mis antepasados” (Rojas, Imágenes 27).

3Tremalk Naik es un personaje de la novela Devastaciones de los piratas (1896) de Emilio Salgari. Este relato es significativo para Manuel Rojas, pues fue el primer libro que compró, siendo niño, con sus propios recursos. En Imágenes de infancia y adolescencia el autor describe las vicisitudes y privaciones que debió sortear para adquirir esta novela (94 y ss.).

4Para conocer en detalle las implicancias de Efraín Plaza Olmedo en la narrativa de Manuel Rojas, léase mi artículo: "Sombras contra el muro: tras el rescate y vindicación del acervo cultural ácrata de comienzos del siglo XX" (2012).

5Se refiere al Comandante Roberto Silva Renard, quien fue el responsable de la matanza cometida el 21 de diciembre de 1907 en la Escuela Santa María de Iquique.

6Ramón Falcón, apodado el “sacerdote de la disciplina” (Bayer 73), fue un político, militar y policía argentino que reprimió con mano de hierro las manifestaciones obreras argentinas a comienzos del siglo XX. Entre las víctimas de Falcón se halla el célebre anarquista ucraniano Simón Radowitzky. Para conocer las implicancias de este mártir ácrata en la escritura de Manuel Rojas, léase mi artículo: "Tetralogía narrativa de Manuel Rojas: tras el rescate y vindicación del acervo cultural ácrata de comienzos del siglo XX" (2015).

7José Canalejas fue un político español militante del partido liberal. Se preocupó de reprimir la sublevación republicana de 1911 y la huelga ferroviaria de 1921. Canalejas murió tras recibir el disparo de un anarquista.

8Manuel Rojas indica en su Historia breve de la Literatura Chilena (1964) el componente autobiográfico de su obra narrativa. En este sentido, el autor indica que las páginas de Hijo de ladrón reúnen “un cincuenta o cuarenta por ciento” de sus vivencias personales (158).

9Ignacio Valente propuso que La oscura vida radiante (2007) posee cierta madurez sin llegar a la sustancia e intensidad de Hijo de ladrón. En este sentido, los episodios de la novela “parecen algo desarmados al carecer de una estructura argumental que organice el relato” (20). Estas dificultades narrativas se contextualizan en las divagaciones permanentes del narrador, de modo que el lector puede saltarse diez o cincuenta páginas sin mayores consecuencias.

10Obra del escritor argentino Manuel Gálvez (1882-1962) y del músico chileno Enrique Soro Barriga (1884-1954).

11Escritor y poeta francés (1868-1966).

12Manuel Rojas desarrolló labores de coeditor en este período.

13Hermano de Marmaduke Grove.

14Se refiere al Coronel Marmaduke Grove, el doctor Jorge Grove, el abogado Eugenio Hurtado, el Teniente Carlos Charlín y al Mayor Carlos Millán. Estos líderes rebeldes fueron confinados en Isla de Pascua.

15Una de las mayores aficiones de Manuel Rojas fueron las caminatas cordilleranas. Durante estos recorridos el autor lograba complementar sus intereses: “pensar y sentir mientras hago algo, en este caso, caminar por las montañas y las playas” (Rojas, A pie 5).

16Manuel Rojas celebró bodas con Valérie López Edwards luego de permanecer en viudez por cinco años. Su primera mujer, María Luisa Baeza, falleció en 1936. El fruto del matrimonio Rojas-Baeza fueron tres hijos: María Eugenia, Paz y Patricio. En sus relaciones posteriormente, Manuel Rojas no tuvo descendencia.

Recibido: 03 de Septiembre de 2018; Aprobado: 02 de Abril de 2019

Creative Commons License Este es un artículo publicado en acceso abierto bajo una licencia Creative Commons