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Literatura y lingüística

versión impresa ISSN 0716-5811

Lit. lingüíst.  no.41 Santiago mayo 2020

http://dx.doi.org/10.29344/0717621x.41.2263 

Artículos de Literatura

Luna verde, de Joaquín Beleño, y las esclusas del lenguaje

Luna Verde, by Joaquín Beleño and locks of language

Nayra Pérez Hernández1 

Antonio Becerra Bolaños2 

1 Española. Doctora en Literatura y Teoría Literaria. Académica de la Universidad de Las Américas, Quito, Ecuador. nayra.perez@udla.edu.ec

2 Español. Doctor en Literatura y Teoría Literaria. Académico de la Universidad de Las Palmas de Gran Canaria, España. antonio.becerra@ulpgc.es

Resumen

La novelística canalera no ha tenido una presencia significativa en los estudios literarios latinoamericanos fuera de Panamá, a pesar de trabajar temas comunes con otras literaturas nacionales de la región. A Joaquín Beleño (1922-1988) se le reconoce como iniciador de este género con la publicación de Luna verde en 1941. Nos centraremos en el tratamiento del lenguaje en esta novela, pudiéndose hablar de auténtica novela oralizada, con lo cual llega a convertir el uso de la lengua en el parámetro para la construcción de la otredad. La lengua en Luna verde de Joaquín Beleño, como el Canal, que se abre y se cierra, junta al tiempo que separa y contribuye a la construcción de una identidad problematizada, fronteriza, heterogénea.

Palabras clave: literatura panameña; novela canalera; oralidad; otredad; identidad fronteriza

Abstract

The canal novel has not had a significant presence in Latin American literary studies outside of Panama, despite addres- sing common themes found in other national literatures in the region. Joaquín Beleño (1922-1988) has been recognized as the founder of this genre with the publication of Luna Verde in 1951. We will focus on the interesting treatment given to lan- guage in this novel, which can be described as an authentic oralized novel that turns the use of language into a parameter for the construction of otherness. In short, the language in Joaquín Beleño's Luna Verde, much like the Panama Canal, which opens and closes, both brings together and separates, and contributes to the construction of a problematized and heterogeneous border identity.

Keywords: Panamanian literature; Canal novel; orality; otherness; border identity

Came from the sea, to Panamá, To work in the jungle and build the canal He got paid in silver, the white man in gold, and the yellow fever took everyone's soul. Grandaddy was a WestIndian Man, Y vivió y murió en Panamá. (fragmento de “West Indian Man" Rubén Blades)

Introducción

No es posible entender la historia contemporánea de Panamá sin el Canal. Es el símbolo de este pequeño país, “rasgadura” que parte el continente americano en dos. Muchos autores van más allá al señalar que sin esta colosal obra de ingeniería no puede entenderse la idiosincrasia del panameño (Castillo 28). Durante casi un siglo (1904-1999), esta parte del territorio nacional perteneció a Estados Unidos, que no solo la mantuvo militarizada, sino que ejerció la justicia militar sobre los panameños en la Zona del Canal y mantuvo “un sistema de clases (gold roll y silver roll) que favorecía a los estadounidenses contra los trabajadores de otras nacionalidades” (Valderas Alonso 38).

La construcción del Canal no solo supuso el asentamiento de la colonia estadounidense, sino la llegada de personas de múltiples etnias y culturas, lo que dará lugar a encuentros y desencuentros con los proyectos de blanquear e hispanizar a la heterogénea población local, llegándose a lo que Pulido Ritter denomina “la extranjerización del espacio, en la cual quienes se comprenden como panameños creen ser extranjeros en su propio espacio nacional” (“Joaquín Beleño...” 64). Por eso, para el poeta Luis Caicedo, el Canal es “una 'profunda herida' en el cuerpo metafórico, incisión imperialista que emerge como origen y falla (ursprung) imaginarios inalcanzables, de una realidad social implacable” (Noemi Voionmaa, “Cuerpos.” 143).

Así, es fácil entender que el Canal y su Zona, haya sido -y sigan siendo- objeto de la constante atención de los escritores panameños, como explica Arias: “La temática del Canal ha sido tema permanente en la literatura panameña, como no podía menos dada su trascendencia en la realidad nacional” (citado en Vázquez Quirós, “El Canal.” 2).

Ya en 1960, en el prólogo que escribiera a Gamboa Road Gang, Jorge Turnera dio las primeras señales de la existencia de una narrativa de la Zona del Canal. Así, se entiende como “novela canalera” el subgénero narrativo “que gira en torno a la construcción del Canal de Panamá, la Zona del Canal o en referencia muy estrecha a esta” (Pulido Ritter, “La 'novela...” 31). Estas novelas, por las peculiares circunstancias de la narrativa en el país y lo tardío de la independencia panameña, han de ser consideradas fundacionales, pues reflexionan por primera vez acerca de qué es lo panameño más allá de colocar la Zona del Canal en el imaginario literario nacional. Como ha señalado Jaeger, “esta trinidad de novela, nación y canal es fundamental en cualquier consideración de la literatura panameña, porque la novela termina siendo el género predilecto para explorar los problemas de la nación y el canal” (89). Así cumplen la misma función fundacional que las novelas románticas del siglo XIX en el resto de países hispanoamericanos (Jaeger 92). O, como explica Valderas Alonso:

Nuestros escritores, desde todos los géneros literarios, utilizaron su mejor arma: la palabra escrita, para hacer que la identidad nacional permaneciera viva ante los procesos de transculturación que nos asediaban desde la colonia fundada por los norteamericanos a po cas calles de nuestras casas. Así, la literatura se convirtió en el faro que guio las gestas nacionales y reflejó todo el dolor que produjo la lucha y toda la esperanza que se mantuvo en alto hasta lograr que finalmente todo Panamá estuviera unido en un solo territorio y bajo una sola bandera. (52-53)

Una de las primeras respuestas ante este tipo de ataques a la sobe ranía se articulará en la novela panameña en lo que Joaquín Beleño de nomina “exhibicionismo patriótico” (“La novela.” 34). Así, las novelas de corte histórico de Octavio Méndez Pereira (Vasco Núñez de Balboa, 1934, y Tierra firme, 1940) y muchas de las manifestaciones vinculadas con la reivindicación hispánica de Panamá entrarían dentro de este patriotismo extremo. Los homenajes institucionales a figuras como Núñez de Balboa -en 1924, considerado por el presidente Porras “a Panamanian 'precursor' and praised him [...] particularly for his role in spreading Hispanic culture” (Szok 42)- o Miguel de Cervantes (1923) pretenden presentarlos como campeones del hispanoamericanismo frente al panamericanismo, que se vincula con el proyecto estadounidense. En este sentido, los textos escritos al calor de este tipo de homenajes de claro cariz neocolonial apuntan hacia la dirección que intelectuales latinoamericanos como Henríquez Ureña o Ugarte habían planteado, esto es, que “la lucha cultural y política que tiene lugar en el continente enfrenta la riqueza material de Estados Unidos con la riqueza espiritual de Latinoamérica” (Becerra Bolaños 190). Margarita Vásquez considera que estos textos plantean excluir a una parte de la población panameña, como la procedente del Caribe inglés o francés, o la misma población indígena, y se inscriben en la dialéctica civilización/barbarie que se producía en otros países de la región (“Una lectura...” s.n.). Curiosamente esa será una de las principales acusaciones que le hace Quince Duncan a Beleño, para quien este representa al “hispanomestizo típico, cargado de eurofilia, vale decir, alienado por la cultura europea a la cual sobrevalora, mientras minimiza, denigra o 'folcloriza' a la cultura local” (Manzari, “Rompiendo.” 88).

Con Luna verde, Joaquín Beleño inicia su trilogía del Canal, que completará con Curundú Lane y Gamboa Road Gang (1956 y 1960, respectivamente), y que viene a distanciarse de la novelística anterior “aun cuando”, como afirma el propio autor, “no pierde su acento de exhibicionismo patriótico que se caracteriza por la diversificación de su temática” (“La novela...” 34).

En uno de los primeros estudios referentes a las novelas canaleras de Beleño, Ruiloba había propuesto una serie de intertextos (Al filo del agua, de Agustín Yáñez; Raza de Bronce, de Alcides Arguedas; Canal Zone, de Carlos Aguilera Malta; Compadres, de Carlos Droguett; Plenilunio, de Rogelio Sinán; Vida y Dolores, de Juan Varela, y Gentes y Gentecillas, de Carlos Luis Fallas) con los que la trilogía comparte espacios comunes. De esta manera, continúa Ruiloba, estas novelas se inscriben dentro de la corriente neorrealista hispanoamericana, ya que desarrolla sus tópicos (hombre y cultura, racismo, conciencia de clase, luchas sociales y poder), aunque obvia “la sicología adjetiva” (“Joaquín Beleño...” 89) de las novelas neorrealistas, porque no persigue insertarse en posiciones ideológicas como aquellas y trata de trascender el problema de la condición humana. De ahí que deberíamos considerar que lo fundamental de las novelas de Beleño es el proceso de búsqueda de la conciencia de ser frente al poder y los efectos de las relaciones que establecen los personajes con aquel en el contexto del Canal y su desarrollo económico. Como señala Ibáñez Castejón, “Luna verde pone en escena la transición del personaje, y del país, hacia una toma de conciencia existencial e histórica” (La novela... 211).

El relato de Luna verde se ubica en el Canal y la Zona de los años alrededor de la Segunda Guerra Mundial. La autobiografía de Ramón de Roquebert, hijo de un extranjero y una panameña es, como señala Noemi Voionmaa, una Bildungsroman en clave política, mientras que para Jaeger lo es pero a la inversa, ya que salvo el arrepentimiento y el activismo del final de Roquebert, la novela es el relato de una degradación, hasta el punto “de obligar a su hermana a prostituirse para recibir él un ascenso en su trabajo en la zona canalera” (90). Pero su muerte es heroica y “su diario es el testimonio que queda del aprendizaje de este héroe de la independencia” (Noemi Voionmaa, “Cuerpos.” 155). Hay que tener en cuenta que las novelas de formación no tienen por qué asociarse con un aprendizaje en clave positiva, ya que en muchos casos se produce la degradación moral de sus protagonistas; piénsese, en este sentido, en ejemplos tan conocidos como Lazarillo de Tormes, Julien Sorel u Oscar Matzerath.

Watson, por su parte, señala cómo las novelas de Beleño (que deben ser consideradas novelas testimonio, pues aún no siendo testimonio auténtico tienen muchos aspectos de la narración en primera persona y verdad histórica) se centran en los efectos psicológicos que produce la presencia estadounidense en los trabajadores del Canal. Por tanto, están orientadas a la denuncia del racismo, el imperialismo y la explotación de los Estados Unidos, en el contexto de una definición de la propia identidad panameña, que se plantea desde la perspectiva del mestizaje, aunque de manera problemática, debido a las tensiones entre las culturas que convergen en la Zona del Canal. Así, al analizar Luna verde, advierte cómo “Beleño appropriates this romantic discourse and applies it to the male West Indian, Sandino, who is half East Indian and half West Indian” (Black Atlantic. 116). Lo antillano, en este sentido, forma parte de su cultura, pero esa afirmación le hace temer una pérdida de panameñidad y, por tanto, de hispanidad. De ahí que la novela muestre los conflictos y contradicciones de la literatura de protesta social, puesto que hay una realidad que no deja de ser marginada y que Beleño no es capaz de solucionar o presenta distorsionadamente (Pulido Ritter, “Joaquín Beleño.” 73).

Si bien es cierto que Beleño es incapaz de resolver ese conflicto, la novela se ha convertido en una obra que define lo panameño y su (truncado) proyecto nacional, dentro de una realidad neocolonial (por la presencia de Estados Unidos en la Zona) en la que la figura del ciudadano, como pilar fundamental para la soberanía de cualquier país democrático, se convierte en una caricatura, en figura marginal (Pulido Ritter, “Joaquín Beleño...” 68), dentro de los procesos históricos que debiera protagonizar. En ello tiene que ver, qué duda cabe, la manera en que Beleño presenta el conflicto y cómo al entregar el peso del relato a sus protagonistas, ofrece una imagen del mundo creíble y se convierte en una alegoría del estado nacional que funciona en tanto los problemas que muestra forman parte de su idiosincrasia, tal y como explica Ibáñez:

Así, el relato, dando cabida a otros temas relevantes, se constituye como un enérgico y conmovedor rechazo de la discriminación racial, el materialismo, la explotación y los abusos que se cometen en el enclave del canal y de la corrupción que el modo de vida norteamericano provoca en la población. Además, en buena medida es consecuencia del fracaso de una nación que ve su independencia intervenida. (“El héroe.” 143)

En concreto, nuestro propósito será analizar la oralización literaria y la lengua usada en Luna verde, al tiempo que abordar cómo el len guaje se convierte en parámetro para la construcción de la otredad en la Zona del Canal, por cuanto el aspecto lingüístico en esta obra no ha sido tratado en profundidad y consideramos que el uso del lenguaje espejea singularmente la fragmentariedad cultural de la nación en esa época.

Primera esclusa: Luna verde, una novela oralizada

Cervera sostiene que en los textos escritos permanece el habla como forma de comunicación en el tiempo y en el espacio; por tanto, en la escritura hay rasgos coloquializadores, aunque hay grados de coloquialidad textual, con independencia de la modalidad o el género utilizado, por lo que puede hablarse del texto escrito oralizado (citado en Mostacero, “Oralidad...” 113). Autores como Ostria González muestran sus dudas en cuanto a si es posible lograr la mímesis de la oralidad con autenticidad plena en los textos literarios, proponiendo el término de “oralidad ficticia”, por cuanto “el texto como totalidad simula una lengua que, naturalmente, no es real sino ficticia, aunque el texto trabaja para persuadir al lector de que está 'oyendo' hablar a personajes y narradores” (Cierlica 58). Mas, a pesar de esa imitación señalada por algunos lingüistas, la existencia de estas marcas o huellas de la oralidad que se pueden rastrear en el texto escrito son marcas de hibridación que no pueden negarse.

Como ha señalado Adelis Alonso, el uso de los dialectalismos en la literatura -en este caso panameñismos- responde a necesidades expresivas, ya que “dan vivacidad y pintoresquismo a la expresión y contribuyen a comprender la idiosincrasia de los pueblos” (“El lenguaje...” 22). Luna verde, y la producción de Joaquín Beleño en general, opta por un “lenguaje narrativo [que] prefiere la inquieta oralidad, las interrogaciones y asombros, los anglicismos y vulgarismos, para advertir que en el discurso de las diferencias y desigualdades está encendido el fuego de la controversia y de la disensión” (Vázquez Quirós, “El Canal.” 5). Por ello su obra ha sido tachada de poco elaborada (Vázquez Quirós, “El Canal.” 4); pero Beleño se mantiene fiel a este estilo, que él mismo defiende en la Advertencia preliminar que introduce a Luna verde. Por un lado, podemos considerar que, en su condición de escritor realista al alcance del pueblo se mantiene en el convencimiento de que, al publicar tal cual el diario de Roquebert, está mostrando “una cruda infusión lingüística” (151) producto de la fusión del español con el inglés y otras lenguas, que influye en muchos de los panameños:

Los acontecimientos que vamos a conocer a menudo se definen con expresiones de orígenes rigurosamente sajones. Adrede hemos decidido publicar el diario de Ramón de Roquebert con estas infracciones que le restan integridad al idioma castellano; pero de ninguna manera se debe juzgar este hecho como una descortesía literaria. Considerando que las palabras contienen una pureza mágica cuando, a su popular evocación, se logra la desnudez simbólica que conjugan el espíritu y el ambiente. En Panamá, los idiomas inglés y castellano con préstamos universales de otras lenguas y dialectos, precipitan una cruda infusión lingüística -si esto podemos decirlo así- a cuya heroica influencia muy pocos espíritus se pueden sustraer. (Beleño, Luna verde 151)

En este sentido, Ibáñez Castejón apunta cómo Beleño “establece el conflicto político entre la tradición hispánica y la anglosajona” y al no resolverlo a favor de lo hispánico, para abrazar así el canon, “abre la discusión de la soberanía” (La novela... 215) sobre la base del territorio y la lengua. Así, “estaría aplicando a la novela panameña la modernidad literaria que ya se había impuesto entre los escritores de buena parte de continente y que consistía en reivindicar el valor artístico del idioma hablado en las calles por la gente común” (La novela. 215-216).

Por otro lado, no debe de pasarse por alto el hecho de que Beleño hace uso de un elemento bastante recurrente en la literatura universal, como es el hallazgo de un manuscrito (en este caso un diario), que remite no solo a la tradición de la novela de caballerías, sino de la novela ilustrada, romántica o posromántica. Se trata, además, de una traducción ficticia, lo que sitúa a Beleño, como sucede con Cervantes en el Quijote, como segundo autor, tal como explica en la Advertencia:

La obra de Ramón de Roquebert, copia fiel de la realidad en sus diferentes dimensiones, no podía sufrir impugnaciones idiomáticas, por parte de nosotros, en favor de la lengua castellana. Sobre todo cuando nuestro aporte personal ha sido distribuir cronológicamen te los sucesos; traducir del inglés al español -blue moon- su nom bre original; y rescatar del olvido y de la destrucción un documento que aun con todas sus contradicciones, nos pertenece a todos por igual y no exclusivamente al estudiante que expiró envuelto en su propia sangre, el 12 de diciembre de 1947, cuando la gendarmería ametralló la Universidad Nacional de Panamá. (Luna verde 151)

Esa labor de preservar el testimonio del estudiante -que en un principio abandona las posibilidades de cambiar la realidad de su país por obtener el estatus de gold roll en la Zona del Canal hasta que vuelve a adquirir la autoconciencia- es planteada de manera colectiva. El resultado de este propósito -colosal, ya que la construcción del Canal reunió a mano de obra procedente de muy dispares puntos del planeta que se vio obligada a convivir y la lengua del Canal y de la Zona era de una enorme complejidad- es el de una pintura hiperrealista, como veremos en algunos casos que presentaremos a continuación.

En primer lugar, se nos ofrecen muchísimos ejemplos del inglés de los gringos, que es el grupo dominante en la Zona; por tanto, este idioma se convierte en la lengua del poder:

Era una gringa y nada más. Venía de la Zona y a ella retornaría en el oscuro anonimato en que se había presentado. -Drink...? -Oh, no! -Oh, baby... drink.? -No! -Like this...?(Beleño, Luna verde 267)

Pero no es el único inglés. Uno de los grupos de trabajadores más numerosos que llegó para la construcción del Canal fueron los antilla nos (a quienes llaman “yumecas” o “chombos”), negros pero que ha blan inglés, y un inglés roto, creolizado, propio de las Antillas:

-¡Chomba del Diablo: chomba! -Shut up your mouth! -ordena alguien en el cuarto. [...] -¡Cállense la jeta, yumecas condenados! (Beleño, Luna verde 167)

Los panameños no solo aprenden inglés para relacionarse con los patrones o con las gringas que van a la Zona en busca de sexo, sino que este idioma salta al discurso castellano: “El labor-train acelera por la curva de la lavandería de Ancón. Va atestado de obreros” (Beleño, Luna verde 178) o “-Es por gusto que vayas a reclamar. Tú no tienes pull” (183). Ello señala el proceso imparable de hibrida ción lingüística que se producirá en el país y sobre el que ya había advertido José de la Cruz Herrera en cuanto a la “incontable legión [...] de [palabras de] origen inglés plebeyísimo de que está atestada el habla istmeña; que aquí oímos hablar de palpas, guachas, guachi- manes y lonches, y de reportar a un empleado por mala conducta” (83). Así, Beleño recoge la españolización de muchos anglicismos: “-¿Tú eres buchí, verdad? -¿Cómo? -Buch man... Montuno... Ma- nuto” (183).

En cuanto al idioma español, es muy alto el número de panamañis- mos introducidos, hasta el punto de que el autor elabora un glosario de ayuda para los lectores que coloca al final de la novela, lo que podría apuntar a una lengua en formación, aún no totalmente normalizada (chombo, manuto, yumeca, encurratao, pana.).

Además, se presenta la lengua de los indígenas de la región, el ma- chigua, otro panameñismo para denominar al indígena kuna:

El otro indígena, más joven y esbelto, pareció sorprenderse de mi presencia. Miró mi facha y me di cuenta que él advirtió que yo había perdido mi personalidad, suplantado por un espíritu más poderoso que todas mis fuerzas internas. Alzando la mano amenazó: -¡Chumaqui-la-guarra! (Beleño, Luna verde 154)

Este grupo cultural tiene un deficiente conocimiento y manejo del español, como se ve, por ejemplo, en el uso de una sintaxis simple, con verbos sin flexión temporal:

-Si usted trabajar en la Zona del Canal, quién sabe puede haberlo conocido. Él trabajar en un lugar que se llama... Milla Uno o Milla Cuatro. Yo ser jefe de una tribu muy grande en Jaqué, allá donde hay un campamento de soldados blancos que los panameños no lo pueden gobernar. Ellos poner arena negra sobre la tierra y, usted sabe, los aviones llegar subiendo y bajando. (Beleño, Luna verde 155)

Por otro lado, la novela se presenta como un “diario dialogado” - de hecho, se subtitula así-, por tanto, está contagiada de múltiples rasgos y recursos de la oralidad, que rompen las fronteras tradicionales del discurso escrito. En primer lugar, Beleño hace un gran esfuerzo por recoger la lengua tal y como se produce y no como idealmente debería pronunciarse, tanto en el inglés como en el español:

- Uasia boai! Ta mañana llega un buchí al “machinchap" a buscá su cualquier yap y habla conmigo. Ai don min dat! Yo digo: el boai también necesita pa su vidrio y pa su chance, tu sae... Y lo llevo don de el forman. Tonce el gringo le dice al buch... "-yu espikinglich" El boai responde: "Yes" El gringo jodido, uasia! -"Has yu eni tulls?" le pregunta el man, y el buchí dice "yes" Entonces, -"okei" -dice el gringo -"guismiyur clerans" ¿Ysabe qué hace el buchí? Pues contesta: "yes". Todos ríen a carcajadas. Borico continúa: -Entonces el gringo sae, se pone bravo, sae y le dice de nuevo: "- Guismiyur clerans" Y de nuevo el buchí bruto contesta: "yes" (Beleño, Luna verde 203)

Además se observa que el discurso está más orientado hacia la acción o hacia los acontecimientos del relato que a la profundidad con ceptual o reflexiva (“-Que se bajen los esclavos. ¡Que se bajen! / El camión acelera su velocidad y se detiene en una caseta, al lado del camino" 186).

De igual modo, y como ya hemos visto, el vocabulario es simple, lleno de regionalismos, hasta salpicado por la presencia de vulgarismos:

Yo soy el bandido que acusan; entonces tú te vas a parar como en las películas y vas a decir: “Señores del Jurado: yo conocí a este boai en Milla Cuatro. Era espar mío. Un buen espar. Les puedo poner de testigo a Tío-tío-tú, a María de los Ángeles, al Cabezón y a Francis Redwood. Buen boai. Ustedes dicen que él es un delincuente porque fuma canyac. (Beleño, Luna verde 195)

La cohesión textual se obtiene, entre otros recursos, por las entra das paralingüísticas:

-Anjá, cómo ha sido esto. Explíqueme, don Cheno. -Pues usted verá. Hoy me mandó a decir el alcalde que tenía que vender mis tierras porque los gringos las quieren para hacer un club de oficiales. (Beleño, Luna verde 159)

Asimismo, otro rasgo de esa oralización literaria sería la fragmenta- riedad del discurso, que se presenta lleno de elipsis:

-¿Tonight? ¿Are you sure? -¡Yes Sir! -le aseguré al capataz Kupka. -O.K. Joe -me despidió él entonces. Así me despedí del General Foreman esa tarde. Ya no teníamos más que hablar y nos separamos satisfechos. (Beleño, Luna verde 213)

Segunda esclusa: la lengua como parámetro para la construcción de la otredad

La noción de otredad, aun en su gran complejidad, forma parte integral de la comprensión de una persona, ya que es el individuo mismo el que asume un rol en relación con “otros” como parte de un proceso de reacción. Según Fandiño Barros, “aquellos que consideramos como los “otros” han sido nombrados y definidos con categorías que tratan de mostrar que sus cualidades están por debajo de aquellas que han sido catalogadas como “normales” (“La otredad y...” 50). Goffman (1970) identificó tres tipos de estigmas -que son huellas o marcas que hacen del otro alguien a quien se puede señalar- con los que identificamos al otro: “El primero está relacionado con lo que se considera “abominaciones del cuerpo”; el segundo con los llamados “defectos del carácter del individuo” y, por último, están los estigmas “tribales de la raza, la nación y la religión” (citado en Fandiño Barros, “La otredad y.” 51).

La lengua, dentro de su función comunicativa, puede ir más allá de nombrar lo existente, al convertirse en su capacidad de manifestar ideas, creencias y valores en tanto creadora de realidad; es decir, “la comunidad de hablantes construye los significados que a su vez crean o inventan la realidad” (Criado, “Lenguaje y.” 195).

Como ya hemos señalado, la construcción del Canal atrae mano de obra de muy distintos y distantes puntos del planeta:

Zumba el aire de voces. Sirios, jamaicanos, martiniqueños, judíos, chinos, polacos, centroamericanos, hindostanos y aquellos cuyo origen se pierde entre la mezcla de todas estas razas, elevan un rumor efervescente de soda simple, impregnando el ambiente de sus notas, de sus canciones y sus conversaciones. (Beleño, Luna verde 174)

Esto supone la convivencia de distintos grupos humanos lo que da lugar, como ya vimos en el plano lingüístico, a una auténtica “rapsodia babilónica” (Beleño, Luna verde 174) y, en el cultural, a la mezcla extrema de elementos (comida, ropas, cantos, etc.), a un “Carnaval” (175), tomando palabras del autor en Luna verde. Pero en este contexto de lucha por la supervivencia, de violencia que empuja a competir, la convivencia intergrupal se hace mucho más difícil, ya que el otro se convierte en enemigo:

Negros contra negros. Negros contra latinos. Gringos contra gringos. Latinos devorándose entre sí; gold roll contra silver roll. ¿Qué insulta el gringo? Antillanos que callan y aprueban. Gringos que prefieren el jamaicano porque su lengua inglesa no sirve para contestar, que no para la protesta. (Beleño, Luna verde 180)

Como apunta Watson, ya existían conflictos raciales en Panamá antes de la ocupación estadounidense y de la construcción del Canal, “However, the United States presence exacerbated these racial problems by imposing a polarized racial construction on Panama that resembled the racial paradigm of the Southern United States” ('Black Atlantic...' 136). Dentro de este sistema, para los estadounidenses todos son negros. Esta exclusión sistematizada empieza por la división social impuesta por la metrópoli:

Esta división racial se mantiene en las fuentes de beber agua, en los restaurantes, comisariatos, cines y en todos los lugares en donde el hombre tenga que convivir. Hay comunidades como La Boca, Red Tank y Silver City para los negros y latinos. Barrios para los blancos como Chagres, Gavilán, Miraflores, Ancón y Balboa. Es rigurosa la segregación. El negro y el latino no pueden convivir con ellos. Es un pecado mortal. En la Zona del Canal el gringo es tabú, el latino es su vasallo y el negro su esclavo. (Beleño, Luna verde 171)

Así, para Noemi Voionmaa, el problema racial se convierte en el tema principal de la novela: “los protagonistas de estas historias quedan relegados a posiciones secundarias por no ser blancos, pero aún más: los personajes principales encarnan en sí mismos el cruce-trayectoria de cuerpos y mercancías que se mueven constantemente en el canal” (“Cuerpos.” 145). Los silver roll son condenados a ser unas infrapersonas: los hombres, no más que mano de obra barata; las mujeres, carne para el goce gringo:

Hago estas reflexiones recordando a Sisson y su violenta oposición a que Lola ingresara como WAAC. Sisson conocía muy bien lo que estas mujeres representaban: el consuelo sexual y sentimental para hombres desesperados de la guerra. Consoladoras a sueldo del Estado norteamericano. (Beleño, Luna verde 265)

El protagonista, Ramón de Roquebert, incluso sin serlo, es situado como negro dentro del sistema gringo de división racial:

Mi chapa: 48.976. Nombre: ... Ramón de Roquebert. Descendencia... francesa. Campesino, bachiller en letras con aspiraciones de ayudante a carpintero. Blanco, pelo liso rubio, dieciocho años, cinco pies, nueve pulgadas. Religión católica. Sin embargo, la tarjeta sepia de elegibilidad decía: Color: Brown. Nationality: Pana. (Beleño, Luna verde 182)

Los gringos lo convierten en brown, lo que le impedirá alcanzar un sueldo de gold roll por ser panameño, hablante de español (aunque se empeñe en chapurrear el inglés para alcanzar su anhelado ascenso social). Pero el protagonista, a su vez, rechaza a la “gente de color"' grupo al que no quiere pertenecer porque habla inglés” (Vásquez Quirós, “El Canal...” 4). Así, observamos que la lengua se convierte en un parámetro importantísimo para la construcción de la otredad en la Zona:

En general, en las obras que he llamado de las diferencias queda al descubierto el enquistamiento de una presión discriminadora dentro de los grupos de trabajadores en la Zona del Canal: los jamaiquinos o antillanos, por un lado, que hablaban inglés o francés, y que tenían otras religiones, y los nacionales (blancos y negros), procedentes del interior o de la ciudad, que hablaban español y eran, tradicionalmente, católicos. [...]

En la Zona del Canal, en cambio, la lengua de la vida pública, de la educación, de la cultura y de la literatura era el inglés. Toda esta gente se define a sí misma por contraste: la idea básica era que la identidad norteamericana blanca era superior a la de todos los otros pueblos y culturas (eran los años de las luchas contra la segregación racial en los Estados Unidos) y, con esta idea en la cabeza, se encierran en la Zona del Canal. (Vásquez Quirós, “Una lectura.” 3)

Incluso, dentro del grupo de trabajadores étnicamente negros, la lengua es una frontera que los separa. En Panamá, la comunidad africana actual se asentó fundamentalmente en dos grandes oleadas a lo largo de su historia: la primera, durante la época colonial española, con personas traídas como esclavos en especial para las explotaciones mineras; y la segunda, durante la construcción del Canal, cuando llegan miles de negros antillanos como mano de obra, los cuales ni eran católicos ni hablaban castellano, sino francés o inglés, y, además, “a su manera” Esta realidad ha dado lugar a que, como señala Watson (“La identidad.” 29), la conformación de la identidad negra sea compleja en Panamá, establecida a partir de dos grupos: los afrocoloniales, resultado del mestizaje étnico e identificados como panameños, y los afroantillanos, inmigrantes que siguen el modelo de sus países de origen y se identifican como negros. Ello produjo un verdadero conflicto social, como ha estudiado Valderas Alonso, quien señala cómo en sus orígenes la palabra “chombo” poseía un matiz peyorativo y se empleaba para definir a los afroantillanos.

Desde el principio se los consideró un grupo inferior y ajeno a los panameños, y hasta se llegó a legislar en su contra. Un periodista, Olmedo Alfaro, publica en 1925 el ensayo El peligro antillano en la América Central, donde sostiene que hay que defender la raza ex pulsando a los antillanos de toda la región. [...] Para referirse a ellos se utilizaba el término peyorativo “chombo” que hoy se utiliza de manera general para cualquier persona con un color de piel desde un poco a muy oscuro, y la gran mayoría de las veces no tiene ningún matiz despreciativo. (Valderas Alonso 44)

En la novela está presente este término, que viene a sumarse a otros calificativos como negro, brown o niger, junto con esa percepción negativa (“-Debía tener sangre de chombo..” (Beleño, Luna verde 204), tal como apunta Pinedo-González:

La percepción excluyente del negro caracterizado como esclavo sospechoso y desleal, de sexualidad instintiva, reforzado en la literatura por las marcas de ‘antipatriotismo (por trabajar en la Zona del Canal), por su calidad de extranjero a la cultura nacional (por ser protestante y hablar inglés) y por ser perezoso y sumiso' [...] valida una dinámica simultánea y permanente de marginación, asimilación y autoexclusión interna y desde afuera, con una clara tendencia hacia el blanqueamiento racial y social. (“¿Afrocaribeña?..” 26)

Quizá la estigmatización hacia el negro más explotada en Luna verde sea la sexualización casi animal de estos individuos: “Los obreros revivían historias de negros y mujeres blancas, eran frecuentes estos encuentros. Las gringas llegaban, se satisfacían con el hombre que entusiasmaban, y luego, bajo el cerrado velo del anonimato, volvían a sumergirse en la Zona del Canal” (Beleño, Luna verde 297-298).

Estas divisiones impuestas quedan aún más grabadas a fuego, al decretarse el absoluto inmovilismo social, junto con la prohibición de traspasar las fronteras grupales y mezclarse: “Todos lamentamos mucho que míster Willy Bee hubiera perdido la cabeza por una muchacha que no era de su color. Ahora todos queremos que seas feliz. Hay muchas mujeres” (Beleño, Luna verde 293).

Conclusiones

Casi al final de la novela, durante la convalecencia del protagonista en el hospital -punto de inflexión en la historia de Ramón- este, delirante y sumido en sus reflexiones, llega a maldecir el mar, insalvable a la vista del panameño, e ideal y propicio para la construcción del Canal, regalo de la naturaleza que se convierte en fuente de dolor para su pueblo. No obstante, aunque resulte paradójico, al igual que el Canal que se abre y se cierra, ese accidente natural e histórico es el que propicia, al mismo tiempo, una importante problemática política y social y la necesidad de autodefinición del panameño.

Luna verde, y en general la novelística de Joaquín Beleño, va más allá de ser crónica histórica con una dura crítica a la política estadounidense en la Zona. Aparte de colocar, por primera vez, a la Zona en el universo literario de los panameños1, asume el rol de novela fundacional.

Podría parecer que Joaquín Beleño a través de sus novelas esboza el nacionalismo panameño como una manifestación de odio hacia los norteamericanos (Castillo 24). Sin embargo, observando con más profundidad, descubrimos que plantea la descolonización como condición para que sea posible el encuentro con la propia identidad. Así para Jeager (91), René Conquista -el indígena que en Luna verde abandona su tierra y su cultura para irse a trabajar al Canal-, se convierte en metáfora nacional:

René, igual que Panamá, es tentado por las ganancias económicas que promete el Canal. No obstante, para conseguir este dinero, René tiene que someterse a la condición de ciudadano dc segundo rango o silver roll y desempeñar un trabajo peligroso, igual que los panameños que durante muchos años no podían entrar libremente en la Zona. (Beleño, Luna verde 91)

El orgullo de ser panameño no excluye el encuentro y la solidaridad con otros. Precisamente en ese dolor que vive compartido con otros grupos humanos y del que es testigo el protagonista en su etapa como trabajador del Canal, Ramón descubre que es, nada más y nada menos, un hombre con dignidad, con sus especificidades como panameño, pero profundamente unido a todos los demás. Esta frase, “Yo soy un hombre” (Beleño, Luna verde 155 y 351), la escucha el protagonista por boca de dos personajes que le influirán profundamente: el indio René Conquista, ya enajenado, al principio de la novela, y su abuelo, al final, que será quien le empuja a unirse a la lucha antiimperialista:

-¡Mira, Ramón! ¡Yo soy un hombre! ¡Yo fui un hombre derecho! Mis padres murieron como buenos franceses en esta tierra que te vio nacer. Yo soy dinamitero. Yo soy barrenero. Mi nombre ya se lo sabía esta tierra antes de que tú nacieras y antes de que los gringos asomaran sus narices por aquí. (Beleño, Luna verde 351)

De la conciencia de saberse un ser humano con dignidad nace en el protagonista la pregunta por saber quién es y qué es ser panameño. Y descubre que es también Canal, su historia, los encuentros humanos que produjo su construcción, llegando por ejemplo a reconocer la huella que los antillanos han dejado en el país, los West ludían Man de la canción de Rubén Blades, que “vivió y murió en Panamá”, pero arrastrando consigo todo el imaginario de sus islas:

Por otra parte me veo en la obligación de aceptar la antillanidad de esta ciudad. El fondo de Guadalupe, Santa Lucía, Cuba, Jamaica y Puerto Rico, han demarcado un sello en su vida cosmopolita. [...] Quizá estemos más cerca de las Antillas que de Colombia y de allí la confusión de nuestras almas y nuestras decisiones. (Beleño, Luna verde 333)

Esta rabiosa afirmación de la vida se manifiesta con paradojas y contradicciones en el lenguaje -complejo, heterogéneo, impuro. en definitiva, vivo- y en la subversión del género narrativo, en una novela que se oraliza para dar cuenta de la multiplicidad de voces de habitan la Zona, que se dejaron la vida en el Canal, demostrando que “constituye un espacio y un tiempo único y múltiple; geografía de cruce de dinero y de cuerpos, de sueños y fracasos” (Noemi Voionmaa, “Cuerpos...” 143). En conclusión, si varias pueden ser las intenciones de los novelistas para acoger estrategias de la oralidad literaria en su narrativa, está claro que en el caso de Beleño está el propósito de recoger las voces de la periferia, de representar la cultura popular y de hacer hueco al discurso del otro, no solo dándoles voz, hablando por o en nombre de, sino propiciando -tal vez con fallas y limitaciones-, que se escuche su verdadera voz en “la situación neocolonial de una sociedad profundamente fragmentada” (Pulido Ritter, “Joaquín Beleño...” 64). Igual que el Canal que se abre y se cierra, el lenguaje puede ser una herramienta para crear y diferenciarnos del otro o para la comunicación y el encuentro.

Agradecimiento

Este artículo se inscribe en el Proyecto de Investigación “Hacia la configuración de un mapa del afrohispanismo literario’. Proyecto FGE.NPH.17.04, Dirección General de Investigación de la Universidad de Las Américas, Quito, Ecuador.

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Recibido: 22 de Marzo de 2019; Aprobado: 25 de Noviembre de 2019

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