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Biological Research

Print version ISSN 0716-9760

Biol. Res. vol.33 n.2 Santiago  2000

http://dx.doi.org/10.4067/S0716-97602000000200002 

UNA CONVERSACION CON EL DR. MARIO LUXORO MARIANI,
PREMIO NACIONAL DE CIENCIAS NATURALES, AÑO 2000

CECILIA HIDALGO,
octubre del año 2000

 

 

 

 

Dr. Mario Luxoro Mariani,
Premio Nacional de Ciencias Naturales,
año 2000

 

Lo siguiente es un extracto de una conversación sostenida por esta periodista aficionada con el Dr. Mario Luxoro a fines de septiembre. Para comprender cómo una persona llega a la posición de reconocimiento científico que significa la obtención del Premio Nacional, me pareció que era importante preguntarle a Mario sobre los primeros tiempos de su carrera. Por eso comencé esta entrevista inquiriendo qué lo había motivado a ingresar a Medicina tras haber obtenido su título de Ingeniero Químico en la Universidad Santa María. Su respuesta fue que al estudiar Ingeniería Química se había dado cuenta que la química orgánica lo apasionaba y que quería estudiar bioquímica. A comienzos de la década del 50 no existían en Chile las carreras de bioquímica que tenemos hoy, y la carrera de Medicina en la Universidad de Chile parecía ser el único camino posible para aproximarse a esta disciplina.

En el segundo año de sus estudios de Medicina, Mario Luxoro se destacó especialmente en la disciplina de Fisiología, y con gran visión el profesor Bjorn Holmgrem convenció a los profesores Hoffmann y Middleton que Mario era el candidato ideal para entrenarse en el estudio de los procesos fisiológicos utilizando conocimientos de física, química y matemática. En otras palabras Mario Luxoro, con sus estudios previos en estas disciplinas, era la persona indicada para iniciar el estudio de la biofísica en Chile. Según relata Mario, sus maestros chilenos se dieron cuenta que la investigación en fisiología requería de un enfoque más cuantitativo al leer la revista Journal of Clinical Investigation, que publicaba gran cantidad de trabajos en los cuales se utilizaban principios físicos, termodinámicos y físicoquímicos para investigar problemas de fisiología celular.

Como consecuencia, Mario interrumpió sus estudios de Medicina y partió en enero de 1953 a Estados Unidos con una beca Rockefeller, como alumno del Programa de Doctorado del MIT (Massachussetts Institute of Technology). En el MIT, utilizando técnicas electrofisiológicas y de microscopía electrónica, se abocó al estudio de propiedades funcionales de axones gigantes de calamar y al estudio de la estructura de fibras nerviosas recubiertas con mielina. Su trabajo de tesis, realizado en forma completamente independiente, fue publicado en Proceedings of the National Academy of Sciences en el año 1958 (1). Si bien Mario tuvo un desempeño brillante durante sus estudios de doctorado, su estado de ánimo durante su primer año en Boston era de una gran tristeza por haber dejado en Chile a su novia Ema. Al saber esto, el encargado de la Fundación Rockefeller en Chile, el Dr. Harvey Miller, arregló rápidamente el viaje de Ema a Boston, ciudad donde se casaron y nacieron las dos primeras de las cuatro hijas que tuvieron. Mario se emociona mucho al recordar al Dr. Miller, y me dijo que gracias a su gran calidad humana él había podido empezar una familia aún estando lejos de Chile.

Al volver a Chile, Mario Luxoro se incorporó como académico a la Cátedra de Física Médica de la Facultad de Medicina de la Universidad de Chile, desde donde siguió sus contactos estrechos con los académicos del departamento de Fisiología. Muy poco tiempo después de su regreso Mario recibe en su laboratorio a otro brillante estudiante de Medicina, Eduardo Rojas, quién se convierte en el primer discípulo de la larga lista de biofísicos chilenos formados al alero de Mario. Con Eduardo Rojas hacen un importante descubrimiento para la biofísica mundial. Descubren que al inyectar una enzima proteolítica (tripsina) en el interior del axón gigante de calamar se pierde en forma casi instantánea la excitabilidad del axón. Este importante descubrimiento, que fue publicado en la revista Nature en el año 1963 (2), demostró en forma concluyente que las entidades moleculares responsables del potencial de acción eran proteínas y no otro tipo de moléculas, como se especulaba en ese tiempo.

En estos primeros años tras su vuelta a Chile, Mario aglutina a su alrededor, primero en su laboratorio en Santiago y luego en el laboratorio de Fisiología Celular de Montemar, a tres chilenos quienes habiendo obtenido una formación profesional habían decidido dedicarse a la investigación básica. Es así como llegan a su laboratorio, a mediados de los 60, Mitzy Canessa (Químico Farmacéutico), Siegmund Fischer (Médico Cirujano) y Fernando Vargas (Cirujano Dentista). Los primeros años de Montemar en la década de los sesenta, cuando había abundantes jibias, fueron años mágicos. En torno a Mario, a Eduardo Rojas quien venía a Chile desde Chicago en los veranos, y a los tres investigadores ya mencionados, se reunió un grupo de estudiantes que compartían la pasión por la investigación con sus maestros. De esta interacción surgieron las tesis de doctorado de Francisco Bezanilla, Ramón Latorre y la mía, todas ellas publicadas después en revistas de alto impacto internacional. Pero en Montemar no sólo había estudiantes, ya que para investigar las propiedades eléctricas de los axones gigantes llegaron al laboratorio de distintos países del mundo una serie de fisiólogos celulares y de biofísicos. Entre ellos, por nombrar sólo a algunos, estuvieron Clay Armstrong, Richard Keynes, Ichigi Tasaki y Robert E Taylor. Esta conjunción de investigadores de primera línea con los estudiantes llenos de entusiasmo le dio en esos años una atmósfera única al laboratorio de Montemar. Trabajábamos largas horas, sin respetar muchas veces ni sábados ni domingos. Pero también disfrutábamos de los momentos libres y de los días sin jibias en un ambiente de gran camaradería, solidaridad y desafío intelectual generado por las muchas y apasionadas discusiones que tenían lugar en torno a los mecanismos que posibilitan la excitabilidad celular.

A menudo me preguntan mis colegas extranjeros por qué los biofísicos chilenos se destacan tanto por sus aportes a la ciencia mundial. Yo creo que en Montemar aprendimos a hacer investigación con gran rigurosidad, a ser tremendamente críticos con nuestros datos, pero al mismo tiempo, a atrevernos a plantear preguntas esenciales sin el complejo de pensar que por estardlejos de los centros de excelencia teníamos que limitarnos a preguntas modestas.

La importancia de la figura de Mario Luxoro en el desarrollo de la biofísica y la fisiología en Chile no puede ser desconocida. Mario siempre fue y sigue siendo un científico de una lógica implacable. No acepta tonterías y es vehemente en su denuncia de la arbitrariedad, pero al mismo tiempo se apasiona con las ideas creativas y no vacila en apoyar sin condiciones a quienes tienen pasión por la ciencia. Una característica que todos le reconocemos a Mario es su calidad de Maestro. Y escribo Maestro con mayúscula porque Mario no sólo nos enseñó a ser rigurosos como científicos sino que también nos transmitió su amor por la libertad, su respeto por todas las personas no importando sus ideologías políticas o su condición social, y su gran amor por la vida. Por eso es que todos nos hemos alegrado tan sinceramente por el reconocimiento que ha recibido Mario al obtener este año el Premio Nacional de Ciencias Naturales.

Se podrían escribir muchas cosas más sobre la trayectoria de Mario Luxoro. Destacar, por ejemplo, su labor como fundador y luego como Decano de la Facultad de Ciencias de la Universidad de Chile, sus trabajos más recientes en investigación o su participación en la formación de otros fisiólogos celulares chilenos, más jóvenes que los mencionados. También se podrían contar otros aspectos de su vida personal, como su segundo matrimonio con su amada Silvia y el nacimiento alegre de su hijo Tomás. Pero me pareció, como señalé al principio, que era importante hablar de los inicios de su carrera, para tratar de entender cómo, a través de su trayectoria en los años decisivos del comienzo de su vida laboral, una persona emprende un camino que la lleva a ser una figura digna de destacar en su campo. Y espero haber logrado presentarles algunos aspectos relevantes de la persona de Mario Luxoro, quien se destaca, por sobre todo, por su generosidad sin límites hacia sus colegas y sus estudiantes.

REFERENCIAS

1. Luxoro, M. Observations in myelin structure: incisures and nodal regions. Proceedings of the National Academy of Sciences, USA, 44: 152-156, 1958         [ Links ]

2. Rojas, E. , Luxoro, M. Microinjection of trypsin into axons of squids. Nature 199:78- 79, 1963.         [ Links ]

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