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Biological Research

Print version ISSN 0716-9760

Biol. Res. vol.34 n.1 Santiago  2001

http://dx.doi.org/10.4067/S0716-97602001000100002 

Ciencia y Sociedad

LA CIENCIA EN CHILE Y EL PROGRAMA MILENIO

GABRIEL VALDES*

Con ocasión de la celebración de la Semana de la Ciencia y la Tecnología, deseo, por mi parte, realizar algunas reflexiones sobre este importante tema, al cual se ha referido el señor Presidente de la Comisión de Educación, Cultura, Ciencia y Tecnología del Senado.

El mundo está experimentando un cambio de era. Estamos cruzando una donde la creación de nuevos conocimientos y su uso innovador y creativo son elementos fundamentales en la obtención de los recursos necesarios para satisfacer las demandas de las sociedades humanas y para con sociedades más cultas y más participativas.

Si bien el mundo es potencialmente global para todas las naciones, las ventajas de la globalización -que tiene bastantes desventajas- se extienden solamente a las que cuentan con una base intelectual poderosa, confiable y abierta al mundo, que les permita realizar investigación científica de frontera, así como crear las condiciones para que ese conocimiento de frontera se utilice de manera innovativa para generar bienestar.

El progreso tecnológico es clave para la ubicación de cada nación en el mundo actual. Por esta razón, las políticas nacionales de ciencia y tecnología se deben estructurar considerando el nuevo contexto mundial en el cual la ciencia deja de tener un carácter netamente nacional para transformarse en una herramienta con alcances internacionales, en cuya aplicación son claves la colaboración para producir nuevo conocimiento y obtener liderazgos.

En el mundo actual, la única ciencia que vale es la ciencia muy buena, y la medida de su calidad es su capacidad de competir en el contexto internacional y de generar conocimiento que contribuya a la creación de riqueza.

"En el mundo actual, la única ciencia que vale es la ciencia muy buena, y la medida de su calidad es su capacidad de competir en el contexto internacional y de generar conocimiento que contribuya a la creación de riqueza."

A raíz de los grandes cambios que están ocurriendo debido al vertiginoso avance del conocimiento y sus aplicaciones, se perfilan en nuestro planeta tres escenarios, en alguno de los cuales se ubica cada nación:

Primero, economías de tercer orden basadas fundamentalmente en la explotación de sus recursos naturales. Se han realizado bastantes estudios en Estados Unidos y en Chile acerca del destino de nuestro país si seguimos apoyados exclusivamente en la exportación de productos naturales. Su valor crece mucho menos que el de la inteligencia aplicada a ciertos conocimientos en el resto del mundo.

Segundo, economías de segundo orden, fundadas en la industria tradicional que usa tecnología e incorpora mejorías que hacen más atractivo o barato un producto, pero donde no se aplican nuevos conocimientos y la innovación está ausente. Tampoco hay un destino para nuestro país en el mero esfuerzo industrial, que se empezó con éxito en los años treinta y cuarenta, sobre todo a través de la Corporación de Fomento de la Producción.

Tercero, economías de primer orden, capaces de producir bienes que tienen incorporado un componente `intelectual' y que son innovadoras, como ocurre con la industria computacional, la informática, la biotecnología, la industria farmacéutica, las comunicaciones y otras. En todas estas nuevas formas de generar riqueza la aplicación del conocimiento de frontera es fundamental.

Se acepta que estamos entrando a un mundo en el que la importancia de la innovación para las economías aumenta rápidamente, mientras que la relevancia de la industria tradicional disminuye.

"En Chile sólo una parte de los recursos públicos que se invierten en ciencia y desarrollo se adjudican de manera competitiva."

Una evaluación realizada en unas quinientas empresas japonesas las llevó a reconocer que las patentes obtenidas por ellas eran mucho menos innovativas que las conseguidas por las empresas norteamericanas. Esto se refleja, por ejemplo, en que, de 38 productos considerados altamente innovadores y con un gran contenido de conocimiento -entre las que se incluyó la fibra óptica, algunos productos derivados de la biotecnología, de la industria farmacéutica avanzada o de la robótica-, ninguno fue inventado en Japón. Y de esa cantidad, 29 fueron inventados en Estados Unidos. Esto permite explicar, en parte, el por qué en la actualidad una economía tan fuerte como la japonesa aparece debilitada respecto de la norteamericana. Sobre el particular, hay un estudio publicado en la última edición de la revista "Foreign Affairs" extremadamente interesante sobre la esclerosis económica que parece afectar a la gran nación japonesa. La diferencia radica en que Estados Unidos cuenta con una estructura de investigación más avanzada y competitiva, y con un sustrato adecuado que favorece el desarrollo de una industria concentrada en la innovación y en la aplicación creativa del conocimiento.

Algunos ejemplos de la capacidad de generar riqueza, usando el conocimiento de frontera y la creatividad, son la vacuna contra la hepatitis B, que sólo en 1995 generó ingresos del orden de los 250 millones de dólares. La empresa "Chiron', que desarrolló esta vacuna, fue fundada por un científico chileno, el doctor Pablo Valenzuela, quien hoy es un pionero de la industria biotecnológica en Chile y dirige uno de los tres Institutos Milenio que actualmente funcionan en nuestro país. El Neupogen, otro fármaco derivado de la industria biotecnológica, sólo en 1995 produjo ingresos por casi mil millones de dólares.

En su conjunto, la industria biotecnológica generó, en 1997, ingresos del orden de los 40 mil millones de dólares, más de 80 por ciento de los cuales corresponden a productos desarrollados en Estados Unidos. Tres o cuatro productos biotecnológicos generan más riqueza que toda la industria del cobre en Chile.

Un informe de 1999, que compara la actividad de la industria biotecnológica en Alemania, que crea menos de 2 por ciento de los ingresos de su similar norteamericana, atribuye esta enorme desventaja a falta de políticas innovativas en el sistema de investigación alemán.

Chile debe aprender del mundo y concentrar sus esfuerzos en desarrollar nuevas políticas de investigación y desarrollo dirigidas a incentivar el conocimiento de frontera y adoptar políticas que fomenten el uso de ese tipo de conocimiento en la creación de bienes.

La situación de un país como Chile actualmente resulta, por una parte, muy dramática, porque su actividad científica es escasa y el impacto de la ciencia sobre su actividad económica es muy limitada. Pero también es esperanzadora, debido a que en este momento al país no le está vedado tomar medidas inteligentes que le permitan integrarse al nuevo mundo, creando un ambiente que facilite la renovación de su sistema de investigación para aprovechar las oportunidades que se ofrecen. No es demasiado tarde, ni es Chile hoy un país tan pobre en recursos materiales y humanos como para pensar que sea imposible incorporarlo al nuevo mundo que está surgiendo. Para dar este paso, es necesario ser audaz e inteligente.

Chile no es un país pequeño, como se suele sostener, y su atraso no es justíficable por su situación geográfica desmedrada.

Finlandia y otra potencia pequeña y lejana, como Nueva Zelandia, son ejemplos de lo que debemos aprender, para integrar a nuestro país a la cultura que está emergiendo basada en el conocimiento, en la innovación y en la creatividad. Y quiero recalcar la palabra "creatividad", en contraste con "tradición" y "copia".

"Los Institutos y Núcleos Milenio son el primer elemento de una nueva política dirigida a cambiar la cara a la ciencia en Chile, y su éxito dará un mejor impulso a una discusión nacional acerca de cómo reestructurar nuestro aparato de investigación, de modo que la ciencia se transforme, lo antes posible, en una herramienta útil a la economía, a la cultura, a la democracia."

Nadie puede negar que los teléfonos celulares representan una innovación que ha hecho época en la historia de la humanidad. Los finlandeses han contribuido de manera muy importante a esta innovación en las comunicaciones. Y, actualmente, Finlandia, junto con Suecia, están a la cabeza en el negocio de la telefonía celular. En esto, se han adelantado a las grandes potencias económicas como Estados Unidos y Japón. Muchos llevamos en el bolsillo un teléfono celular fabricado en Finlandia. El negocio de la telefonía celular basado en Finlandia registra ventas por cerca de 20 mil millones de dólares en los últimos años. Y ese país cuenta tan sólo con cinco millones de habitantes, ha sufrido invasiones externas y está muy lejos de lo que se considera el centro del mundo. Pero Finlandia adoptó la inteligente política de incorporarse tempranamente a nuestra era.

Una de las herramientas fundamentales empleadas por Finlandia para lograr éxito fue la reestructuración, a inicios de la década de los ochenta, de su sistema científico, de modo de hacerlo más acorde con las exigencias de los nuevos tiempos. La reestructuración se basó en el abandono del concepto tradicional de `ciencia nacional'—ciencia chilena, por ejemplo; tal como en el caso de Alemania: ciencia alemana- para sustituirlo, por el de `ciencia de frontera', que es la única capaz de generar conocimiento nuevo, con potencial tecnológico e innovador. Las iniciativas claves que hicieron y aún están haciendo posible que Finlandia, y también Nueva Zelandia e Irlanda, estén desarrollando una nueva economía, basada en el conocimiento y la innovación, son las siguientes:

  1. - Un aumento impresionante de inversión en investigación y desarrollo. Finlandia invierte actualmente cerca del 2,9 por ciento de su producto en investigación y desarrollo. Chile destina sólo cerca del 0,6 por ciento. Estados Unidos invierte 2,6; Japón, 2,6; Alemania, 2,3. Los países más pobres de Europa invierten un menor porcentaje de su producto en ciencia: España, 0,8 por ciento; Grecia, 0,4; Turquía, 0,3. Otro dato impresionante: Italia sola produce más publicaciones científicas que toda América Latina. Inglaterra produce cinco veces más artículos científicos que América Latina, y Estados Unidos, veintidós veces más.
  2. - Una política que privilegie decididamente la licitación competitiva de los recursos públicos destinados a la investigación y desarrollo. En Chile sólo una parte de los recursos públicos que se invierten en ciencia y desarrollo se adjudican de manera competitiva.
  3. - Una política transparente y no discriminativa de financiamiento de las universidades, basada en su rendimiento y que pone especial énfasis en el fomento de la cooperación entre las universidades y la industria, para lo cual incluso se destinan fondos especiales que son adjudicados competitivamente.
  4. - Una política de fomento a la creación de "centros de excelencia". Esto último significa adjudicar mediante competencia recursos importantes para que grupos de científicos de primer nivel internacional puedan formar centros de excelencia, donde se realiza investigación de frontera que se constituyen en líderes internacionales en la investigación científica pura y aplicada.

Un objetivo importante de la política de creación de centros de excelencia en Finlandia ha sido transformar el sistema científico nacional en un aparato de investigación internacional, abierto, capaz de establecer alianzas y colaboraciones con otros grupos de excelencia en el mundo, para generar conocimiento científico de la mejor calidad, capaz de competir con la mejor ciencia para establecer liderazgos en este aspecto y en la aplicación de nuevos conocimientos. Estos centros de investigación de excelencia, en ese país, abiertos al mundo, competitivos y exigentes, son un elemento crucial para explicar el nivel de desarrollo que ha experimentado ese país.

En Chile se ha comenzado a desarrollar una política muy audaz, de establecer centros de excelencia en investigación científica a través de la Iniciativa Milenio. Esto hizo posible formar tres Institutos y cinco Núcleos Milenio integrados por científicos de primer nivel. Este programa está financiado por el Gobierno de Chile desde hace un año y medio y por el Banco Mundial, y aunque representa una inversión modesta comparada con el total de recursos que nuestro país invierte en investigación y desarrollo, ella constituye una innovación muy importante. Los tres Institutos y los cinco Núcleos Milenio reúnen a decenas de científicos chilenos de excelente nivel. Uno de los Institutos se ha ubicado en Valdivia, en la Décima Región, y dos Núcleos están también en Regiones (en la Quinta y Novena).

Algunas características de esos Institutos son dignas de destacar. Dos de ellos concentran su actividad no sólo en la investigación de frontera en biología, sino que además en la aplicación de ese conocimiento en biotecnología. Uno, es dirigido por el doctor Pablo Valenzuela, a quien mencioné recientemente, creador de una de las empresas más importantes de biotecnología en los Estados Unidos, y que es pionero en esta materia en Chile.

"Un objetivo importante de la política de creación de centros de excelencia en Finlandia ha sido transformar el sistema científico nacional en un aparato de investigación internacional, abierto, capaz de establecer alianzas y colaboraciones con otros grupos de excelencia en el mundo, para generar conocimiento científico de la mejor calidad, capaz de competir con la mejor ciencia para establecer liderazgos en este aspecto y en la aplicación de nuevos conocimientos."

Otro Instituto Milenio, el Centro de Estudios Científicos, decidió instalarse en la ciudad de Valdivia. Esta decisión inédita en Chile, mediante la cual un grupo de científicos de gran nivel se trasladan desde la capital hasta una Región, es una de las iniciativas de descentralización más importante que hemos presenciado. Para el Senado ésta debería constituir una forma de considerar que la descentralización no consiste únicamente en repartir los recursos que hay en Santiago: es crear condiciones de inteligencia, de liderazgo intelectual y científico en las Regiones, porque son esos polos los que hoy día atraen las inversiones y dan personalidad a las ciudades, pueblos y regiones. Esta descentralización ha sido posible gracias a la Iniciativa Milenio, y ha contado, además de la decisión del Gobierno Central, con el apoyo entusiasta de todos los sectores políticos, del gobierno regional, de la I. Municipalidad de Valdivia, de fundaciones privadas y de la empresa privada de la ciudad.

Los beneficios del traslado del Centro de Estudios a la Región son múltiples. La colaboración entre dicho Centro y la Universidad Austral hará posible formar mejores profesores y científicos y, por ende, perfeccionar la calidad de la investigación en esa zona. Los laboratorios de investigación del Centro están muy bien dotados. Un ejemplo: el Centro de Estudios Científicos acaba de adquirir un microscopio confocal. Hasta ahora en Chile había sólo tres de ellos, y todos en Santiago. La Región es la primera que cuenta con uno de esos instrumentos que han revolucionado la investigación en biología. Este Instituto Milenio ha significado también dotar a la Región de un grupo de excelencia en Física Teórica y Astrofísica, el que habría tomado muchos años formar siguiendo los caminos tradicionales. La presencia del Centro de Estudios Científicos en Valdivia ha hecho posible también comenzar un programa internacional de investigación en los campos de hielo. Estos campos de hielo australes entregarán al mundo preciosa información acerca del pasado climático, la fisiología de los glaciales y sobre los organismos vivos que los habitan. Los campos de hielo son la última frontera, el último lugar del mundo que permanece inexplorado. La ciencia ha permitido unir a chilenos y argentinos, militares, glaciólogos, biólogos, físicos, junto a investigadores de otras partes del mundo para colaborar en la investigación de un territorio cuya única característica hasta ahora era la de estar sujeta a una disputa entre nuestros países. Ahora, es un territorio que se comparte, gracias a la ciencia.

Argentina y México han comprendido, junto con Brasil, la importancia de la Iniciativa Milenio puesta en práctica en Chile y están en camino de lanzar sus propios programas. Los Institutos Milenio deben ser tomados en serio y deben ser apoyados porque constituyen un modelo de estructura científica que es deseable para nuestro país. No es la única iniciativa posible. Hay que invertir más en ciencia, como aquí se ha dicho con tanta claridad. Hay que fomentar incansablemente el diálogo y la colaboración entre los científicos y la industria, y crear mecanismos eficaces que incentiven la innovación.

Los Institutos y Núcleos Milenio son el primer elemento de una nueva política dirigida a cambiar la cara a la ciencia en Chile, y su éxito dará un mejor impulso a una discusión nacional acerca de cómo reestructurar nuestro aparato de investigación, de modo que la ciencia se transforme, lo antes posible, en una herramienta útil a la economía, a la cultura, a la democracia. Si así lo hacemos, obtendremos un desarrollo pleno, y no meramente económico.

En marzo del año en curso, el Programa Milenio fue evaluado por una comisión del más alto nivel internacional. Su informe es muy positivo y termina diciendo que "Corresponde felicitar a quienes han trabajado en la digna tarea de llevar esta iniciativa hasta su presente estado".

En Chile, por su sistema tradicional, se forman al año cuarenta doctores. En el Programa Milenio, que lleva un año y medio, se están formando treinta y siete doctores más. Espero que la Comisión Especial de Presupuestos reconozca la trascendente importancia que este proyecto significa para Chile y apruebe el presupuesto formulado por el Ejecutivo, que, aun cuando no alcanza lo acordado con el Banco Mundial, permitiría consolidar el programa en ejecución y, con aportes del Estado, del Banco Mundial, de la industria chilena y de fundaciones privadas, llamar a nuevos concursos a fin de que Chile participe con ventaja en un mundo globalizado.

*Sesión, Sesión 5ª, Martes 17 de Octubre 2000

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