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Biological Research

versión impresa ISSN 0716-9760

Biol. Res. v.34 n.1 Santiago  2001

http://dx.doi.org/10.4067/S0716-97602001000100003 

20 AÑOS DE FONDECYT

BRUNO PHILIPPI*

Las raíces de la sociedad actual se apoyan en la ciencia y el impacto que esta tiene en los métodos productivos. La ciencia se ha convertido en un factor integral para el crecimiento económico. El sociólogo Daniel Bell ya en 1973 nos advertía que "El poder de un país no se basa en su producción de acero, sino en la calidad de su ciencia y de su aplicación mediante la investigación y el desarrollo, a nuevas tecnologías".

Quizás la característica central de nuestra era es la creciente velocidad del cambio científico y tecnológico y su consecuente impacto en la sociedad. Por su naturaleza, la evolución en el conocimiento es esencialmente dinámica y por lo tanto, la incertidumbre acerca del futuro también lo es, y lo seguirá siendo.

"Una sociedad rígida, sobrereglamentada, con muy pocos espacios para la iniciativa y el emprendimiento personal no es capaz de crear, ni mucho menos sustentar, la motivación y esfuerzo necesario para enfrentar exitosamente la incertidumbre y el cambio permanente que la globalización nos impone y nos seguirá imponiendo."

Como nuestra contribución actual en la generación de ciencia y desarrollo de tecnología es bastante modesta nuestra estrategia para poder optar a participar en esta nueva estructura social debe ser consecuente. Por una parte, ser muy permeables a captar oportunamente los nuevos avances tecnológicos, lo cual se logra manteniendo una economía abierta y competitiva y por otra, ir generando las condiciones para corregir esta fundamental falencia. Para lograr lo primero es necesario lo segundo. Esta no es una tarea fácil ya que implica un cambio cultural profundo. Como lo señala D.Bell, en estos tiempos, la actitud hacia el conocimiento científico, define en buena medida el sistema de valores de una sociedad.

El vertiginoso desarrollo de las comunicaciones, y la consecuente globalización, hacen aún más crítica nuestra posición y por lo tanto, más urgente incrementar realmente nuestra capacidad de I&D.

En un mundo globalizado el recurso principal es el talento y capacidad de todas las personas. Ya que es la mente humana la que en último término tiene la habilidad y la flexibilidad para detectar oportunidades, generar y desarrollar ideas que le permitan enfrentar efectivamente nuevos e insospechados desafíos, como así también aprender del fracaso y corregir los errores oportunamente, abriendo así nuevos caminos y posibilidades. En fin, adaptarse a situaciones en extremo cambiantes. El otro elemento central es el ordenamiento de la sociedad y la conducción de la misma. Una sociedad rígida, sobrereglamentada, con muy pocos espacios para la iniciativa y el emprendimiento personal no es capaz de crear, ni mucho menos sustentar, la motivación y esfuerzo necesario para enfrentar exitosamente la incertidumbre y el cambio permanente que la globalización nos impone y nos seguirá imponiendo. La historia nos enseña que el éxito de los países está fuertemente ligado a sus valores y actitudes, esto es su cultura. El historiador D. Landes lo sintetiza muy bien en su último libro: "Sociedades que han aprendido a cultivar su habilidad para generar conocimiento, que han sido capaces de crear un auténtico espíritu empresario, como así también desarrollar un sentido de identidad y compromiso con el bienestar público, autoestima y capacidad para trasmitir estas cualidades de una generación a otra están en muy buen pie para enfrentar este nuevo mundo globalizado". Si revisamos esta lista es fácil ver cuanto nos falta. Pero es precisamente esto, porque hay tanto que hacer, lo que hace este país atractivo.

En el desarrollo de las personas la educación tiene un rol central. La base del poder de la sociedad actual es la preparación individual y el modo de acceso es la educación. Es el ingrediente fundamental para una efectiva igualdad de oportunidades. Nuestra sociedad, y aun más la del futuro, deberá recurrir en forma creciente al uso de tecnología para ir resolviendo sus problemas. Temas de preocupación general, como la salud y el medioambiente, deben absorberse naturalmente conjugando criterios políticos, técnicos y económicos, generándose opciones que en último término sean aceptables para la sociedad. Pero para ello es necesario que en nuestra sociedad exista un nivel mínimo de formación científica y tecnológica para que las opciones puedan evaluarse adecuadamente y las discusiones se desarrollen en un marco racional y no puramente sentimental.

Es bien sabido que el principal enemigo del desarrollo más que la ignorancia es la ilusión del saber. Esta es arrogante y nos impide cuestionar permanentemente nuestros conocimientos, y al no ser capaces de reconocer los problemas creemos sinceramente que las soluciones cosméticas bastan. Sepamos con humildad reconocer oportunamente las señales que diversos test nos han entregado recientemente, ya que solo así podremos enfrentar, sobre una base sólida y realista, nuestros problemas.

Saber cultivar en nuestros niños y jóvenes su capacidad de asombro es un ingrediente fundamental para el incentivo de la curiosidad, elemento esencial para la creatividad, innovación y generación de ideas, todo lo cual es determinante para impulsar nuevas actividades tanto científicas como empresariales. Y para ello la activa y permanente participación de investigadores científicos calificados en todos los niveles de nuestro sistema educativo es esencial. Ya sea en forma directa o indirecta a través de la formación de profesores y desarrollo de textos de estudio.

Así también debe enfatizarse la responsabilidad individual, ya que en un mundo globalizado, si el sentido de responsabilidad no es algo compartido por todos, es bien difícil que los ideales democráticos se realicen.

Aún cuando parece haber cierto consenso en la importancia que la formación científica y tecnológica tiene en este mundo globalizado, nuestra educación no refleja exactamente esto. Textos poco adecuados, casi inexistente uso de laboratorios, poca o nada conexión entre conceptos y problemas reales, museos de Ciencia e Historia Natural con serias y permanentes restricciones presupuestarias, marcada falta de profesores preparados en ciencia y tecnología, son solo algunas de nuestras muchas falencias que ciertamente no se compadecen con nuestra supuesta preocupación por el tema. Si bien se ha hecho, y se sigue haciendo, un gran esfuerzo por avanzar en la dirección correcta, lo que aún falta por hacer es mucho y no pareciera que tengamos la urgencia ni asignemos las prioridades que el tema amerita.

"el principal enemigo del desarrollo más que la ignorancia es la ilusión del saber"

El desarrollo científico y tecnológico requiere de muy buenos investigadores pero también de recursos. Recursos sin investigadores es derrochar el dinero. Investigadores calificados sin recursos tienen un limitado impacto en la sociedad y una natural tendencia a emigrar. Ambos están íntimamente ligados.

La comunidad científica tiene características muy particulares, lo cual para muchos no es fácil de entender ni aceptar. Quizás eso explique, en una sociedad poco informada como la nuestra, la poca relevancia política que en general se le asigna a este tema.

Un hecho fundamental de la comunidad científica es su autonomía. Esta libertad se manifiesta tanto en las decisiones sobre qué y cómo investiga, en la validez y relevancia de los resultados obtenidos, en el reconocimiento y estima de sus miembros. Esta autonomía real, como dice D.Bell, constituye el corazón de la ética y organización de la ciencia. La comunidad científica es una organización única en la civilización humana. No tiene ideología, no es un movimiento político, se pertenece a ella por elección y compromiso, y se permanece en ella por competencia y capacidad personal. Ciertamente, estos atributos no son muy compatibles con una estructura burocrática tradicional.

Algunas de estas consideraciones se tuvieron presentes cuando en 1981 se creó el Fondo Nacional de Desarrollo Científico y Tecnológico (FONDECYT). Si bien la idea era simple, su puesta en marcha no lo fue. La introducción de un sistema de asignación de recursos de investigación mediante concursos competitivos, abiertos y transparentes en los cuales las asignaciones eran hechos por pares en base a los méritos de su proposición y no a la discresionalidad de un burócrata, era algo nuevo en nuestro medio. Este era un mecanismo que confiaba en la seriedad y el talento de los investigadores y reconocía que su capacidad creativa se desarrolla mejor con el mínimo de restricciones administrativas. Al mismo tiempo creaba incentivos directos para una mayor dedicación a la investigación. Flexibilidad en la asignación y uso de los fondos otorgaban a los investigadores la movilidad necesaria para vincularse a distintos Centros de acuerdo a sus propios intereses.

En sus inicios los detractores eran más que los defensores. Era de esperarse puesto que el cambio era profundo. Sin embargo, rápidamente se contó con el decidido respaldo de investigadores jóvenes que vieron la oportunidad real para un desarrollo profesional más acorde con sus propios intereses.

En el nada fácil montaje administrativo la capacidad, inteligencia, carácter y perseverancia de Mary Rose Mackenzie fue y sigue siendo crucial. Con el apoyo de Enrique Dellacasa y Ana María Prat, entre otros, se fueron diseñando y perfeccionando procedimientos para poder manejar en forma razonable un proceso de por sí complejo y de gran volumen. Todos fuimos aprendiendo. El diseño de formularios, la selección de evaluadores, el seguimiento, el establecer criterios para la asignación final, fueron todos procesos largos, repetitivos y complicados. Más aún, con el clima de natural desconfianza que esta nueva modalidad de asignación de fondos generaba. Pero con la entusiasta colaboración de los consejeros y muy especialmente de sus presidentes, las dificultades se fueron superando y el sistema fue ganando credibilidad. Quisiera destacar, durante el período de mi participación, la labor del Dr. Osvaldo Cori y su rol en explicar a la comunidad científica las bondades del sistema; Dr. Juan Antonio Guzmán en su racionalización y ordenamiento; a los doctores Jorge Urzúa y Manuel Krauskopf en su consolidación. Todos ellos, con la irrestricta colaboración de Mary Rose, terminaron dándole forma concreta a una idea que hoy constituye el eje central del desarrollo científico y tecnológico del país. La labor de los siguientes Presidentes de CONICYT, don Enrique D'Etigny, Dr. Mauricio Sarrazín y ahora Dr. Eric Goles han contribuido a expandir y consolidar enormemente la simple idea original, manteniendo lo que para mí es fundamental, la autonomía que debe existir para que la comunidad científica pueda desarrollarse. El fortalecimiento de FONDECYT, preservando el marco de desarrollo original es, a mi juicio, un elemento central para transitar exitosamente hacia esta nueva sociedad del conocimiento.

"El desarrollo científico y tecnológico requiere de muy buenos investigadores pero también de recursos. Recursos sin investigadores es derrochar el dinero. Investigadores calificados sin recursos tienen un limitado impacto en la sociedad y una natural tendencia a emigrar. Ambos están íntimamente ligados"

En términos globales el país destina sustanciales cantidades de dinero a "Ciencia y Tecnología". A modo de ejemplo, el año 97 el país invirtió cerca de 500 millones de dólares en estos rubros, distribuyéndose un 54% en ciencia básica, un 43% en ciencia aplicada y un 3% en desarrollo tecnológico (esta diferenciación es algo relativa). Conformarnos con que hemos avanzado mucho en comparación al pasado no sirve de nada si los otros avanzan mucho más. En cifras gruesas, este gasto per capita en I&D del país es aproximadamente 16 veces menor que el de Francia, 29 veces menor que el de Japón, 20 veces menor que el Norteamericano, similar al Argentino. Sólo un 18% de nuestros académicos tiene el grado de doctor. En países desarrollados esta cifra es entre 50% y 86%. Pero no es solo cuestión de asignar más recursos sino que también es muy fundamental ver como se usan. Solamente un 25% de estos fondos son asignados vía concursos competitivos, mecanismo que mejor garantiza que ellos vayan a los investigadores más idóneos, ya sean estos de Universidades o centros independientes. La flexibilidad con que los investigadores puedan usar estos fondos también es importante, ya que a través de ellos se financian otras actividades asociadas tales como tesis de doctorado, equipamiento de laboratorio, y de ser necesario parte de los ingresos del investigador.

De hecho la mayor parte de la productividad científica nacional está ligada a investigaciones obtenidas por concurso. ¿Por qué no incrementamos los fondos que son asignados por esta vía? ¿Por qué no facilitar la invitación de académicos extranjeros para reforzar, temporal o permanentemente, aquellas áreas en que nuestra capacidad científica es más débil, complementando así nuestra propia oferta?. La discusión política de los presupuestos que el Estado debe asignar a investigación no es fácil y creo que nuestra falta de cultura científica la hace aún más difícil. Pero es un tema que no admite postergación.

Los países que prefieren y fomentan una masiva mentalidad de empleados, trabajos artificialmente seguros, sin riesgo aparente, sin cambios, que no estimulan la creatividad ni el esfuerzo y responsabilidad personal, tendrán la peor parte en este nuevo mundo globalizado.

Fundamentalmente personas y buenas ideas son los ingredientes esenciales para el éxito de toda actividad humana. En un país con mentalidad ganadora el financiamiento es función de nuestra capacidad para integrar inteligentemente lo anterior. Necesitamos cultivar la excelencia, producir más investigación de nivel mundial y ser capaces de generar patentes, lo que, en último término, refleja nuestra real capacidad tecnológica. La oportunidad que nos ofrece Internet para integrar grupos con intereses comunes, explorar nuevas ideas y mercados, desarrollar proyectos concretos de investigación, es única.

En materia de creación de empleos de alta tecnología estimo que la participación de empresas externas es fundamental. La globalización está incentivando la descentralización y diversificación geográfica en la industria de componentes de alta tecnología, como piezas de computación, electrónica, bioingeniería y materiales avanzados. Ellas escogen países con personas preparadas y capaces de aprender, con un clima político y económico favorable al desarrollo de este tipo de industrias. Contribuyen a nuestra educación. Nos dejan personas que aprenden a hacer las cosas bien, familiarizadas con la forma de trabajar que la alta tecnología demanda, lo cual dejará impacto en cualquier otra actividad que ellos emprendan en el futuro. Incentivan la generación de industrias proveedoras de apoyo de alta competitividad. Establecen fuertes lazos con Universidades y Centros de investigación, contribuyendo a dar orientaciones útiles para los programas de estudio y las líneas de investigación. Pero, ¿tenemos las condiciones para atraer este tipo de empresas? ¿Por qué hay muy pocas? ¿Son las condiciones del país poco atractivas? ¿Qué hacer para corregir esto? ¿Estamos preparados para la discusión política que representa el aceptar condiciones tributarias excepcionales como las que usualmente demandan el desarrollo de cierto tipo de industria? Y cuando por fin nos decidamos a hacerlo, ¿no será ya muy tarde?. Todo esto requiere de nuevos y más imaginativos marcos institucionales ¿tenemos claro cuáles?

Aunque las respuestas, y quizás muchas de las preguntas, no las tengamos claras, sí estoy seguro que el papel de FONDECYT seguirá siendo fundamental. Mirando el excelente y contundente documento "Impacto y Desarrollo del Programa FONDECYT" es claro que su fortalecimiento, como así también la focalización de algunos de sus programas, es una garantía de éxito en esta difícil tarea de subirnos al cada vez más veloz carro del desarrollo. Felicito nuevamente a FONDECYT y agradezco mucho esta oportunidad que me han dado para compartir con ustedes algunas desordenadas ideas sobre este apasionante tema.

* Ceremonia de celebración "20 años de FONDECYT", 13 de Diciembre de 2000.

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