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Biological Research

Print version ISSN 0716-9760

Biol. Res. vol.35 no.3-4 Santiago  2002

http://dx.doi.org/10.4067/S0716-97602002000300003 

Pablo Valenzuela, Premio Nacional de Ciencias
Aplicadas y Tecnológicas 2002:

Protagonista y Testigo de una Revolución: La Industria Genética

Pablo Valenzuela Valdés es un hombre sencillo, de camisa arremangada y sonrisa amplia. Camina rápidamente de un lado para otro por los pasillos de la empresa Bios Chile, la cual creó en 1986 transformándola en la primera compañía biotecnológica de punta en nuestro país. Si alguien no lo conoce, ni siquiera sospecharía que fue el diseñador y constructor de la primera vacuna recombinante del mundo, la de la hepatitis B, enfermedad que puede ser tan mortal como el sida. Esto le significó que la vacuna fuera elegida el mismo año por la revista Business Week, como uno de los tres productos tecnológicos más importantes del momento.

Se podría decir que este hijo de arquitecto supo tomar las acciones precisas en los momentos exactos. Fue parte de la primera generación de egresados de la especialidad en Bioquímica de la Universidad de Chile, luego partió a Chicago a doctorarse en química, regresando en 1971 para luego crear el primer doctorado en ciencias biológicas en la Universidad Católica, junto a Juan de Dios Vial y Federico Leighton. Tres años más tarde, vuelve a California a postdoctorarse y su egreso a fines de los setenta, se produce en plena revolución de la ingeniería genética.

Tanto sus aciertos como sus descubrimientos han tenido gran impacto social en la comunidad mundial, como es el caso del virus de la hepatitis C descubierto por Michael Houghton, bajo la dirección de Valenzuela en Chiron. Este hallazgo permitió preparar por primera vez un ensayo para esta grave enfermedad, para la que no existe tratamiento efectivo, pero que gracias al desarrollo en Chiron de nuevas tecnologías de expresión de antígenos virales recombinantes, su transmisión por transfusión es prácticamente nula.

Entre los liderazgos que ha ejercido en nuestro país, destaca el que asume en el Instituto Milenio de Biología Fundamental, centro de excelencia científica que alberga a tres instituciones: Fundación Ciencias para la Vida, Pontificia Universidad Católica de Chile y Universidad Andrés Bello. El Instituto Milenio amalgama no sólo a un grupo de investigadores de competencia internacional, sino que además a quienes realizan investigación básica, proyectándose a la producción de bienes y servicios. Su permanente contribución y extensa actividad científica lo llevó a obtener este año el Premio Nacional de Ciencias Aplicadas.

"Creo que siempre tuve fascinación por la ciencia. En un comienzo cuando niño, era más bien las ciencias naturales. Me interesaba mucho la botánica sistemática, que es la clasificación de las plantas". La pasión por la investigación científica más molecular la desarrolló gracias al profesor Osvaldo Cori, quien fue el creador de la especialidad en bioquímica en la Escuela de Química y Farmacia de la Universidad de Chile, acentuando la labor investigativa. "Esta carrera era algo único en Chile, ya que fue la primera facultad que se atrevió a ofrecer una carrera totalmente no profesional, de la cual todo el mundo se preguntaba ¿y que irá a hacer esta gente?. Creo que fue la educación que recibimos junto a varias generaciones, entre ellas el actual Premio Nacional en Ciencias Naturales, Ramón Latorre, que nos motivó a realizar investigación científica"

¿Cuál es el rol que le asigna a la investigación básica?

Yo le asigno un tremendo rol, a pesar que yo en los últimos años me he dedicado más bien a las ciencias aplicadas. Pero sin la investigación básica ni el énfasis en la investigación biológica, no se pueden llegar a hacer aplicaciones biotecnológicas, por ejemplo.

Usted ha realizado gran parte de su carrera en Estado Unidos. ¿Cómo ve a nuestro país con respecto a Norteamérica en cuanto a desarrollo biotecnológico?

A Chile lo veo muy atrasado en esta materia. Creo que nuestra investigación científica y tecnológica es muy buena. Los que la hacen, la desarrollan de manera competitiva a nivel mundial, pero lamentablemente es escasa. Para que el desarrollo científico y tecnológico tenga efecto en el sector productivo se requiere de cantidad, no basta sólo la calidad. Se logra mucho más en un país donde están ocurriendo simultáneamente mil investigaciones científicas tecnológicas, en lugar de 10. Con esto, hay cien veces más chance de desarrollar productos y patentes, de participar en tecnologías de punta y de influir en el sector productivo. Es ahí donde fallamos. Somos casi irrelevantes comparados con los países donde la ciencia juega un rol importante en el desarrollo productivo.

Una de las iniciativas del actual gobierno, fue la creación de la Comisión Presidencial para el Desarrollo de la Biotecnología, en la cual fue llamado a formar parte.

Yo creo que es un muy buen paso, pero en los últimos 15 años se han dado muchos de estos buenos pasos. Este es el tercero o cuarto, y ninguno ha significado nada.

Pero en nuestro país es primera vez en que el tema lo asume directamente un Presidente de la República, y no un ministro como había sido hasta ahora.

Si bien es cierto, es un excelente paso y estamos muy entusiasmados, personalmente lo estoy tomando con una cierta reserva. Estamos trabajando muy firme y seriamente, pero esperaría a ver si se va a tomar en serio y si podremos lograr algo, porque se han realizado muchos de estos llamados importantes, pero no ha ocurrido un cambio fundamental.

¿Eso lo desalienta con respecto a las proyecciones de nuestro país en materia biotecnológica?

El área de la biotecnología es fundamental. Se ha demostrado en otros países que el conocimiento científico tecnológico es cada vez más importante. La esperanza es que eso sea comprendido por las autoridades y se trate seriamente. Lo de la Comisión es un programa a largo plazo, por ende, los esfuerzos que se inician en un plan nacional este próximo año, darán frutos en 20 o 30 años más. Es un esfuerzo que requiere mucho tesón y que no va a ser hecho por un solo presidente, sino que va a tener que ser hecho por el Estado a través de una serie de distintos gobiernos. Es un esfuerzo que va a requerir inversión, y hoy día estamos más dispuestos a realizar inversiones de efecto más inmediato y directo para la población, aunque no así más importante. Es indudable que en los partidos políticos de gobierno es más popular pelear por la salud y la educación que por el desarrollo de la ciencia y tecnología, cuyo impacto se va a ver mucho más tarde.

¿Cuáles serían las falencias de las políticas científicas de nuestro país?

En Chile, en cuanto a políticas en ciencia y tecnología, hay más discurso que acción. Se han pregonado muchos discursos en que se dice "la ciencia y la tecnología va a tener una prioridad importante en este país", pero al final no se hace nada. Sin ir más lejos, Chile destina alrededor de 400 millones de dólares en ciencia y tecnología, que es aproximadamente un 0,6 por ciento del Producto Interno Bruto (PIB). De eso, se destinan 20 millones de dólares como cantidad concursable para los Proyectos Regulares de Fondecyt, donde se mantiene la base de la investigación en nuestro país. Sin embargo, ese fondo ha permanecido estancado en los últimos 7 años. Eso nos demuestra que en Chile, ciencia y tecnología son un excelente discurso, pero hasta ahí no más llegamos.

Aparte del financiamiento, ¿qué otros problemas se producen en nuestro país para el desarrollo de la ciencia y la tecnología?

Yo creo que tenemos una cultura poco amigable respecto al tema de la ciencia y la tecnología. Sin embargo, es una cultura muy amigable a lo que es el arte, porque crea mayor empatía, y eso es ser poco prácticos. Pienso que en parte es por nuestra herencia hispana, porque el anglosajón es una persona mucho más práctica, más dado a emprender negocios. Eso ha significado que Chile, a pesar de haber estado hace 50 años a un nivel mucho más alto y con más chance a desarrollarse que otros países, actualmente estos lo sobrepasen. Países emergentes como Finlandia, Australia, Nueva Zelandia, México y Canadá han logrado desarrollarse y nosotros no.

También se habla de la centralización de la ciencia y la poca inversión del sector privado en esta área

A mí no me preocupa tanto el tema de la centralización, porque si Chile fuera 10 veces mejor en ciencias y ésta estuviera concentrada en un solo lugar, sería más óptimo a que esté repartida, y no ser 10 veces mejor. Con esto me refiero a que con descentralizar la ciencia no vamos a mejorarla. Con respecto al sector privado, en el estado de atraso en que está Chile no se puede pretender que sean los privados los que van a echar adelante a la ciencia. En todos los países desarrollados han sido los gobiernos, con una vigorosa inversión, los que han aumentado la actividad científica tecnológica, y poco a poco se ha incorporado la empresa al darse cuanta que hay resultados.

En el área docente usted ya ha formado 30 biotecnólogos chilenos y 5 extranjeros. Actualmente está dirigiendo el Doctorado en Biotecnología de la Universidad Andrés Bello donde le ha impreso su sello personal, esta dualidad entre ciencia y empresa.

Este doctorado es un programa incipiente con el cual estamos muy entusiasmados y creemos que es distinto a los que se hacen en otros lados, porque pone mayor énfasis en la tesis que en los cursos, en lo que es gestión de negocios y la biotecnología que en las ciencias básicas. El Doctorado en Biotecnología de la UNAB tiene la intensión que el alumno lo curse en un tiempo más corto, porque uno de los problemas que tiene Chile en cuanto a doctorados, es que duran mucho.

¿Por qué cree que autoridades como Fernando Flores, Juan Claro, entre otros, se fijaron en usted para postularlo al Premio Nacional de Ciencias Aplicadas, y no fueron instituciones, como generalmente ocurre?

Si bien pertenezco a universidades, como la Andrés Bello y la Católica, no soy profesor de planta, y mi centro es la Fundación Ciencias de la Vida en conjunto con Bios Chile. Por lo tanto, conmigo se creaba una situación muy distinta a los otros postulantes. Yo no soy un típico profesor universitario para el cual el apoyo de la universidad es muy importante, más bien soy una persona que tiene empresas, que trabaja en una fundación y que ha hecho investigación en el sector privado. Mi caso fue una mezcla entre universidad y empresarios, y es algo que tiene que ver con los tiempos nuevos, donde el conocimiento y las ciencias están impactando a las labores productivas y económicas del país.

A pesar de toda su trayectoria como científico, no pertenece a la Academia de Ciencias de Chile

La Academia de Ciencias de Chile es una institución que elige a quienes serán sus miembros, uno no se presenta. Cada institución es especial y tiene ciertas personas que prefieren que sean sus integrantes.

Pero conociendo su labor y sus logros, puede parecer una paradoja

Podría ser una paradoja para algunos, no para otros. Para mí por lo menos no lo es y no me preocupa ese asunto. Pero le voy a decir que la Academia de Ciencias no me tenía como su candidato preferido.

Los pasos a seguir de este hombre que se confiesa tan enamorado de su señora como de la ciencia, es seguir adelante con Bios Chile, ejemplo de biotecnología y laboratorio formativo de científicos en el área comercial de la ciencia. En cuanto a la Fundación Ciencias para la Vida, está interesado en trabajar en temas relacionados con la interfase entre ciencia básica y aplicada en el área productiva nacional del sector exportador, principalmente.

En cuanto a proyectos no se queda atrás a la hora de buscar soluciones a virus y organismos que afecten a la población terrestre, acuática, aérea y vegetal. Actualmente, está trabajando junto a otras instituciones en el virus hanta, el cual es un problema tanto para la salud pública como para el turismo en el sur de Chile. También está investigando, junto al Instituto de Fomento Pesquero, el organismo que causa la marea roja; con la Fundación Chile y la Corfo, se encuentran estudiando los agentes infecciosos que afectan a la salmonicultura en nuestro país, que es otro problema debido a las pérdidas que ocasiona. Junto al doctor Patricio Arce de la UC, están tratando algunos temas vegetales, entre ellos el virus que afecta a las vides, investigación que es financiada por el Proyecto Genoma en Chile.

¿Cuáles han sido los costos personales al comprometer tanta pasión y tiempo en el trabajo científico?

Cuando uno trabaja en lo que le interesa y le gusta, lleva una vida armoniosa. Indudable que en los primeros años de Chiron y en los que más investigué en la universidad, dediqué un exceso de tiempo al trabajo. Pero en general, he sido muy afortunado, tengo hijos de los cuales estoy muy feliz y mi esposa Bernardita Méndez ha sido un puntal tremendo. Ella es Doctora en Biología Celular y entiende exactamente lo que hago. No es una persona como pueden ser muchas mujeres, que son esposas y compañeras de vida, sino que además es una compañera intelectual de mi trabajo, y ha sido probablemente la razón por la que me he sacado estos premios.

CATALINA AYERDI DELMON
Periodista
Sitio Web UNAB
cayerdi@unab.cl

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