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Biological Research

Print version ISSN 0716-9760

Biol. Res. vol.36 no.2 Santiago  2003

http://dx.doi.org/10.4067/S0716-97602003000200004 

LUCO

CRISTIAN VERA*

El cuerpo de Joaquín Luco terminó de morir hace unas pocas semanas. No tuve a tiempo la noticia y, así, no llegué al funeral. Solo hubiera querido estar presente entonces junto con los amigos que lo conocieron y admiraron.

Luco fue un maestro para muchos. Para mí más que eso, si tal cosa es posible, porque Luco fue una experiencia intelectual única, de un poder y una vitalidad absolutamente excepcionales en mi desarrollo.

No creo que todos los que lo conocieron hayan tenido las oportunidades que me tocaron en suerte, deslumbrantes a veces, de participar tan cerca en algo de su quehacer científico y pensante. Era incisivamente penetrante y brillante. Galvanizante muchas veces, a menudo fresco y hondo. Yo lo vi "entender" y "descubrir". Y fue un raro y atesorado privilegio para mí el haber estado ahí cuando ocurría tal milagro.

Quizá si hasta pintoresco a veces en su enorme originalidad, llenó de admiración a científicos norte y sudamericanos y europeos en más de una ocasión.

No alcanzó a disfrutar en su "escuela" de los medios inimaginables que ahora ha puesto a nuestro alcance el ciclón tecnológico. De mayor validez aún, su rigor de experimentalista impuso en el pensar de médicos e investigadores que él contribuyó a educar, el respeto y la seriedad intelectuales que exige la realidad del fenómeno biológico a cualquier indagación honrada que intente habérselas con la intimidad de la creación. Su labor de búsqueda fue genuina e interesante. Sus hallazgos brillantes y de verdadero valor.

Luco fue generoso con su talento, con su tiempo y con la vida que entregó a discípulos, amigos y colegas, así como a las instituciones y organizaciones que ayudó a formar y a crecer. No lo vi escatimar esfuerzo, trabajos ni sacrificio para esos propósitos. Sus miras fueron altas y su visión impresionantemente seria, optimista y filantrópica.

La luminosidad de vida pensante, provocativamente inquisitiva que animó la inteligencia creativa de Luco, cesó antes que su respirar.

Tal hecho, aparentemente irónico y cruel, repite simplemente para nosotros algo que creemos haber sabido por milenios, pero que aún no acabamos de aprender.

 


* Charleston, Carolina de Sur, USA, Sept. 2002

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