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Biological Research

Print version ISSN 0716-9760

Biol. Res. vol.37 no.4 suppl.A Santiago  2004

http://dx.doi.org/10.4067/S0716-97602004000500001 

 

 

Biol Res 37: 719-720, 2004

EDITORIAL

SOBRE EL PREMIO NACIONAL DE CIENCIAS NATURALES

Mucho caudal se hizo de la otorgación del más reciente Premio Nacional de Ciencias Naturales. Una lectura generosa de las cartas a los editores de diarios, indica que el problema no está en los méritos que tiene el premiado (un socio de nuestra Sociedad), sino en el proceso conducente al Premio. Más que agregar combustible a la hoguera pública, en esta Editorial prefiero plantear algo más corporativo y de fondo. Para ello, es bueno leer e interpretar la Ley 19.169, promulgada el 22 de septiembre de 1992 por el Presidente Patricio Aylwin y su Ministro de Educación Ricardo Lagos. Los artículos relevantes son solo tres de 26:

"Artículo 1. Créanse los Premios Nacionales de ... Ciencias Naturales... , destinados a reconocer la obra de chilenos que por su excelencia, creatividad, aporte trascendente a la cultura nacional y al desarrollo de dichos campos y áreas del saber ... se hagan acreedores a estos galardones."

"Artículo 4. Los Premios Nacionales de ... Ciencias Naturales... se otorgarán .... al científico cuya obra en el respectivo campo del saber lo haga merecedor de dicha distinción."

De acuerdo a los dos artículos precedentes, se entiende entonces que lo que se evalúa es la excelencia, creatividad y trascendencia de la obra de un candidato, tanto en el desarrollo de su propia disciplina como en sus aportes a la culturización de la nación chilena. En la Editorial que me correspondió escribir en esta misma tribuna hace ya un año1 yo enunciaba los siguientes deberes del científico: (1) Generar y diseminar conocimiento original (hacer ciencia). (2) Enseñar (impartir docencia formativa a futuros científicos). (3) Tutorar (formar nuevos científicos de reemplazo). (4) Liderar y administrar (en beneficio de otros científicos). (5) Servir (a la comunidad científica formada y en formación). (6)

Divulgar (a la comunidad nacional que sustenta a los científicos). (7) Participar (ser parte activa de sociedades científicas).

A mi juicio, los siete deberes son perfectamente calificables, e incluso cuantificables en alguna escala métrica o categórica, en que estén de acuerdo los evaluadores o jurados. Por lo tanto, el problema de la premiación no está en qué es lo que se evalúa ni cómo se pondera, sino en lo que manda el artículo siguiente de la Ley:

"Artículo 9. Los Premios antes referidos se otorgarán por jurados que, en todos los casos, estarán compuestos por el Ministro de Educación, el Rector de la Universidad de Chile y el último galardonado con el respectivo Premio Nacional. ... Integrarán, además, los jurados, ... las siguientes personas: ...Un académico designado por el Consejo de Rectores, elegido entre el resto de las universidades integrantes que impartan Licenciatura en el área respectiva, y un representante de la Academia Chilena de Ciencias."

Aparte de considerar que el Ministro, el Rector y el representante del Consejo de Rectores puedan ser personas de muy buen juicio, es evidente que la calificación técnica de los méritos científicos de los candidatos recae en los dos científicos integrantes del jurado. Por lo tanto, es el peso de los argumentos de estos dos colegas, el que decide el destino del Premio. Por cierto, a falta de una pauta explícita, el poder de convencimiento dice más del argumentador que del premiado. Por lo mismo, propongo que lo mínimo que debiera hacerse es partir de una tabla rasa, identificando los principales parámetros que valoran la excelencia de un científico (por ejemplo, los siete criterios expuestos arriba) antes de pasar a discutir la sintonía fina por la vía de ponderar por algún factor cada uno de los parámetros.

Dado que como Sociedad de Biología de Chile no somos parte interesada ni ofendida en la premiación de uno de nuestros propios socios, bien podemos llamar con altura de miras a las autoridades pertinentes a rediseñar el proceso mediante el cual se llega a la premiación de los científicos naturales. Este rediseño no requiere cambiar la Ley (que podría tomar años, y evitando así cambiar la composición del jurado), sino especificar una pauta explícita de qué factores se analizan y ponderan. Dado que el Ministro ni el Rector ni el representante del Consejo de Rectores necesariamente deben ser científicos, el peso de este rediseño cae sobre el componente genuinamente científico del jurado. Y dado que el premiado del año anterior está en ese jurado solo representándose a sí mismo, no queda más que concluir que la tarea de rediseño naturalmente recae sobre la Academia Chilena de Ciencias.

Esta Editorial es una invitación a los biólogos que son miembros de la Academia, a que planteen estas ideas (u otras) ante dicho foro. La Academia, una institución que fue creada para (entre otras cosas) asesorar a los poderes del Estado en materias científicas, debiera ser el conducto natural para recoger la visión de la comunidad en el área de las Ciencias Naturales y hacerla llegar a buen puerto. No se debe olvidar que la persona que recibe el Premio Nacional se constituye en lo que la nación, a través de sus más prestigiados representantes, señala como el ejemplo a seguir por los demás científicos chilenos, formados y en formación. La elección de este ejemplo merece ser decidida con objetividad y diligencia.

Fabian Jaksic, Presidente
Sociedad de Biología de Chile

 

1 JAKSIC F (2003) Sobre el deber académico. Biol Res 36: 289-290

 

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