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Acta literaria

versión On-line ISSN 0717-6848

Acta lit.  n.25 Concepción  2000

http://dx.doi.org/10.4067/S0717-68482000002500013 

señas

La entrecomillada poesía de Yanko González
sobre Metales pesados

Ed. El Kultrún. Santiago, 1998

Alexis Figueroa
Poeta y crítico

Cecilia Rubio sostiene en el prólogo de la reciente antología Ecos del silencio (Poesía, Concepción, 1998) que el espacio de la poesía chilena actual tiene la característica de ser un "espacio entrecomillas". Como proceso en curso ­dice­, adolece de un nombre propio. Esto, evidente para el estudioso inteligente de los textos, marca una suerte de interregno posible de acotar con diversos nombres sustantivos. "Poesía emergente", "poesía del sur", "poetas jóvenes" entre otros, son los títulos que reúnen y señalan a los posibles escritores. Y a veces estos títulos son señales de demarcación de territorios, que contribuyen a indicar ciertos espacios de reclusión creativa e intelectual. Porque, sin más, se constituyen en los rótulos posibles para una suerte de diferenciación entre una poesía pretendidamente "menor" frente a una "mayor". A mi juicio, esto se funda en la incapacidad crítica ­ya sea por insuficiencia o malintención­ de dar cuenta de un discurso poético diversificado, vivo y poderoso, que se deshace entre las manos de los que buscan hacer del arte un Fetiche Cultural. Estos años nos muestran el desconcierto del crítico que ­acostumbrado a operar con la piedra de toque de grandes nombres y corrientes­ percibe la poesía actual (me refiero especialmente a los "nuevos y novísimos"), tal vez como amenaza para el ya probado sistema de la exégesis y la grandilocuencia del lugar común. La historia cultural, con su iconografía de grandes figuras y la metástasis de éstas elaboran el cuerpo sustentable de la acción artística del nuevo país. De algún modo, en el aire se percibe el grito silencioso de aquellos que catean a los vientos, en la búsqueda de un "Vate" que en las cercanías del 2000 reestabilice el "starsystem" de la literatura del país; el intento ­ante la no aparición de la figura­ de invocar a los fantasmas, la necesidad de elevar un nombre propio a la categoría de estandarte salvador. Sin embargo, y aún en los esquivos espacios vigilados por la policía conceptual, más de alguien propone reflexiones, y con esfuerzo, nuevas visiones del mundo de las letras, los autores y los textos. Asimismo, creo entender la noción de espacio entre comillas que propone Cecilia Rubio en su trabajo, no como un espacio de comillas provisorias, susceptibles de borrar cuando un nombre funde bases sino más bien como el nombre que designa una actitud: espacio sin nombre, por polivalencia, mutabilidad, fuerza aleatoria en fin, vida. Espacio que designa una característica de "actitud" en lo poético, no un lugar de filiación, unión, desgajamiento, respecto a una pretendida tradición. Muecas o gesticulaciones entre las diferentes escrituras del espacio entre comillas, éste es, me parece, el mecanismo que permite comprender el actual quehacer de la poesía, más allá de la deformidad de lo "mayor" y lo "menor".

Mas allá o más acá de la formulación de pertenencias, el libro de González Cangas, es, por legítimo derecho, una expresión fiel de lo que ahora sucede en este entorno. Su libro de poemas, que reúne siete años de trabajo, es precisamente una obra que habita en las muecas y reflejos de otros libros y lenguajes compañeros de estos años. Es un texto que presenta su discurso impregnado de la "época tribal" de los 80, que toca algunas veces los modismos y los tics del ideario marginal. Algunos de sus gestos de lenguaje lo emparentan a la producción de Jesús Sepúlveda y de Gonzalo Muñoz, constituyendo su textura la de la épica del "choro" (lumpen, angustiado, hardcore, bravo, delincuente, etc., todos personajes encarnando una rebeldía inconsciente, estoica, resignada), soportada por un sujeto colectivo ajeno a las convenciones y componendas democráticas, protegiendo su propio territorio, de espaldas al circo de los "giles". Personajes que "no trazan el monkey por trazarlo / es de adentro" como los guachunei, como la barra brava de la "U". (Esta hablante tribalidad lumpen ciudadana es mencionada por J. Lizama ­junto a otras características de la poesía de los últimos años­ en su trabajo "Poesía activa: poesía de fin de siglo. Producción/recepción en antologías", publicado en la Posdata (Nos 12, 1998), como una característica del imaginario de los '80, rastreando su paso desde la barricada poblacional antigolpista hasta el estadio. "Espíritu" de cuerpo en la violencia, que le dicen, imagen, fotito en color rojo del Chile Joven con TV). La primera parte del conjunto de poemas de González: sujeto colectivo al habla, parlando por el fono de la pasta, y no por choros, "así no es que seamos hardcoritos así / pero el papero con monedas se escurre mal", y qué nos queda, el ambiente de la plaza, el reducto de las letras, aunque para entonces "desfila pálida la angustia", claro que la angustia de la pasta viejo, así. Y junto a esto, lexicalización (uso de palabras con significado alterado por la ortografía, expresión, juego, con la "pronunciación") del habla marginal: oye, "bein Chichi suelta sota en er video", "déjame el tercer mono / Chichi / otra / Chichi suerta otra nave...". El escritor crea su texto en un trazo de equilibrio, en la disputa de los ejes de las lenguas: por un lado el habla, el trasunto marginal, por otro, la vocación del "estudioso", que no puede ni desea renunciar a su oficio de operadorobservador. Profesión: antropólogo, y como tal, la escritura como un descenso a los infiernos de las conductas de las tribus, siempre con un lápiz en la mano para, en el proceso de la mímesis, no olvidar la observación. El autor nos lo aclara en su prólogo: su conducta literaria es fiel a Malinowsky: en el trabajo de campo "no seas tonto nunca" le han recomendado, y conserva la huella que te trajo al escribir. En este caso, la huella, como en varios, curiosamente, en muchos poetas actuales y chilenos (pienso en Guillermo Valenzuela, en Marina Arrate, en ciertos aspectos de Carmen Berenguer... ¿Algún crítico ha percibido la profunda impronta barroca del lenguaje en uso en la poesía de Huenún?), es la pulsión barroca por el juego de lenguaje, la afición por la proximidad fónica para llenar el sonido del vacío, el retorcer las palabras en sus signos y conceptos, la posibilidad de deformar el mismo aire de la imagen para "apresurar el fin / tomarlo crudo / digo beberlo opaco / volver tizón tu cruz / Barato: vivir no pudo. Pisar la costra / posar el beso en una uña/ calentar calostro en la cuchara poner cuña / ubicar la cava / pedir el mismo espejo / voltear un sorbo / mirar parejo / esperar". O bien puede ser otro el fenómeno: la "Espuma rancia que me unta comisuras, babaespuma". En el libro se distinguen otras unidades. Progresivamente, "El triángulo", "Emperarire" (¿Nuestro señor, Emperador de la Araucanía, traspuesto en la breve saga malevosa de un malandra?), "Ceré mi sita" y "Calostro" van entretejiendo un paisaje espiritual: voces líricas de pureza fatalista, señales de un heroísmo resignado (escenarios, personajes, en los que Sergio Parra también tiene asuntos que decir; para el caso, comparar los textos "How pleasant know Mr. González" de Yanko G. con "Raymond / tengo una amiga..." de S. Parra), palabras que inventamos al situarlas en otra localidad, notas al margen de la poesía del sur. Si de la poesía "del sur" se espera el eco "lárico", la presencia de la lluvia, el verdor, la presencia encantada de la infancia, la acuosa disposición intimista del carácter y el tiempo de la mítica nostalgia, González Cangas nos ofrece una poesía más bien emparentada al experimentalismo urbano de los '80'90 (por ejemplo, ver algunos textos de Mardones). Como aventura escritural, Metales pesados es un libro construido en un continuo intercambio de gestos a la producción de los pares del autor, en tanto época y lugar. Un discurso audaz y lúdico en que se enlazan las percepciones de una tribu que constituyó y actualmente construye la poesía chilena de hoy. Vienen libros y a la larga el sol no se tapa con un dedo ni con dos.

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