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Acta literaria

On-line version ISSN 0717-6848

Acta lit.  no.34 Concepción  2007

http://dx.doi.org/10.4067/S0717-68482007000100009 

 

Acta Literaria N°34, I Sem. (141-144), 2007

RESEÑAS

 

Secreciones, excreciones y desatinos de Rubem Fonseca: El cuerpo y su contaminación
Barcelona: Editorial Seix Barral, 2003. 159 pp. Traducción de Basilio Losada.

 

Clicie Nunes A.
Universidad de Concepción E-mail: cnunes@udec.cl


 

El cuerpo humano y sus juegos. El cuerpo y sus desechos, sus impurezas, sus manchas, su moral. Secreciones, excreciones y desatinos,  del escritor brasileño Rubem Fonseca, es una colección de 14 cuentos que posee como tema los fluidos, vapores y materias del cuerpo humano, tratados bajo distintas perspectivas. Autor de novelas, cuentos y guiones para el cine, Fonseca logra mantener en el tiempo una narrativa que se destaca por la visión de lo cotidiano, los caminos de la violencia, ya sea pública o privada, institucional o espontánea de las grandes ciudades brasileñas.

Estrena en la literatura en 1963, con el libro Os Prisioneiros, una narrativa en que la realidad está hecha de crímenes, crueldades, ironía, pero también de ingenuidad y victimización, tomados como partes de la existencia cotidiana. Así, violencia arbitraria, corrupción y asesinato son, al fin, formas personales de lidiar con la otra violencia, la del abandono social y humano, como si fuese una forma de vivir y de aligerar las tensiones bajo la forma de una catarsis íntima1.  Sus personajes, generalmente, son configurados como personas sin cualquier psicopatía evidente y la trama lleva al lector a desarrollar una simpatía en relación a ellos. Fonseca transita por los ámbitos menos aceptables de la existencia humana: la asociación del erotismo a la perversión, la vida que se traduce en prostitución, el asesinato, el caos o la violencia. Como en un mapa, el autor nos presenta la cartografía de nuestra negación. Su narrativa se diferencia notablemente de la tradicional literatura regionalista brasileña, fundada en ciclos: el Ciclo del Cacao, cuya representación, por excelencia, es el escritor baiano Jorge Amado, el Ciclo de la Caña de Azúcar, en las novelas de José Lins do Rego, Raquel de Queiróz o Graciliano Ramos. O aun, la obra literaria de Guimarães Rosa y Clarice Lispector, que no se insertan en los movimientos literarios reconocidos por la crítica, pero que son entendidos como ficción de carácter universal o intimista.

La muerte violenta, la barbarie de las grandes ciudades ceden paso a una tesitura insólita en los catorce cuentos que componen Secreciones, excreciones y desatinos: “Copromancia”, “Coincidencias”, “Ahora tú (o José y sus hermanos)”, “La naturaleza, en oposición a la gracia”, “El violador”, “Hermosos dientes y buen corazón”, “Besitos en la mejilla”, “Aroma cactáceo”, “Mujeres y hombres enamorados”, “La entrega”, “Mecanismos de defensa”, “Encuentros y desencuentros”, “El jorobado y la Venus de Botticelli” y “Vida”. Los fluidos corporales de los cuales nadie quiere hablar o, en el caso, leer, son en las historias el estrato común de la búsqueda de comunicación y el contacto interpersonal. Son historias en que la fisiología del cuerpo humano se asocia a los desatinos del alma, contados también desde una perspectiva lírica. Los personajes entienden la muerte violenta como una parte inseparable e indiscutible de la existencia humana, también ella violenta. Los cuentos de Secreciones, excreciones y desatinos se basan en los elementos que constituyen el cuerpo humano y que han sido censurados por la valoración de una literatura que privilegia el “lado noble” del ser, y que ha desvalorizado lo que el autor definió como “la pornografía de la vida”2. De ese modo, la fisiología humana es presentada a través de nuestro destino real, o sea, el cuerpo desatinado y abundante en fluidos y materia impura, como explica Julia Kristeva en su Povoirs de l’horreur: “Les matières fecales signifien, en quelque sorte, ce qui n’arrête pas de se séparer d’un corps, en état de perte permanente pour devenir autonome, distinct des mélanges, altérations et pourritures que le traversent” (1980, p. 127).

En “Copromancia”, el narrador empieza el relato con la pregunta: “¿Por qué Dios, el creador de todo lo que existe en el Universo, al dar existencia al ser humano, al sacarlo de la Nada, lo destinó a defecar? ¿Habría revelado Dios, al atribuirnos esa irrevocable función de transformar en heces todo lo que comemos, su incapacidad para crear un ser perfecto? ¿O sería esa su voluntad, hacernos así toscos? ¿Ergo, la mierda?” (p. 7). Así, cuestiona la tarea ineludible de tratar con aquello que rechaza, y confiesa su poco interés por Dios y su inhabilidad para componer el cuerpo humano. Entretanto, lo que antes era depreciado, ahora representa la fuerza del destino, la lectura que sigue el ejemplo del arúspice, en los caminos de los símbolos y de las metáforas: “Las heces, puedo afirmarlo, son un criptograma, y yo había descubierto sus códigos y podía descifrarlo” (p. 14) para, finalmente, saber lo que reserva el futuro. El personaje, por tanto, ingresa en el universo de la lectura semiótica de sus desechos, a través de dibujos, fotos y minuciosas descripciones de colores, formas y olores, para crear de un “sistema simbólico” específico.

Humor y tramas insólitas son utilizadas para narrar las historias de los cuerpos y sus vicisitudes. En “Coincidencias”, Chico posee el hábito de “coleccionar” mujeres, a partir de encuentros casuales. Como elemento aglutinador de las relaciones, está la caspa. En este cuento, la historia se define en un cierre de fondo policial. En “La naturaleza en oposición a la gracia”, el encuentro con lo que sugiere ser una revelación metafísica lo lleva a la práctica de beber o comer sangre humana. De ese modo, muerte y trasgresión se juntan en el simbolismo atávico. Fonseca describe el “vampirismo” explícito del texto con la naturalidad de siempre: sus personajes no enfrentan el crimen o la muerte de modo trágico: “Estuve sorbiendo su sangre durante unos diez minutos, mientras pasaba la punta de los dedos por sus largas y sedosas pestañas. Después, lo empujé y rodó por el talud. Oí el ruido del cuerpo al chocar con el agua y hundirse” (p. 52).

No sólo los fluidos corporales componen los cuentos de Secreciones, excreciones y desatinos. El destino, definido por las enfermedades y los intentos de suicidio, cambia la vida de las personas, interfiriendo en el rumbo de las cosas: un hombre que completará 50 años, recibe la noticia de que debe operarse de un cáncer (“Besitos en la mejilla”), o el arrepentimiento de la esposa infiel que la salva de un final trágico (“Hermosos dientes y buen corazón”). “Aroma cactáceo” revela el “desatino” de un hombre que sabe reconocer el olor de las mujeres con quienes se relaciona, por ejemplo el olor de Lalá: “una mezcla de gas carbónico con vaharadas de olores varios recogidos por la sangre” (p. 77). Un aroma que nunca es semejante, “aunque en mujeres delgadas resulte parecido /…/ las entrañas de las mujeres son diferentes de las nuestras y emiten un aroma herbáceo” (p. 80). Uno de los cuentos más interesantes, “Mujeres y hombres enamorados”, mezcla en dosis exactas las gotas de fluidos y desatinos del libro. Sus protagonistas, Loreta y Luis, buscan simultáneamente, nuevas relaciones, y para eso encuentran salidas poco convencionales a través de prácticas mágicas, como es orinar en la rodilla del hombre deseado. Algunos cuentos pertenecen a la narrativa policial de Fonseca: “La entrega”. Este es un cuento breve que lleva la marca del relato policial, y que sorprende por la habilidad de matar a otro –un “difunto barato”– en el espacio público. La lectura sorprende en su final, pues la tarea no representa, para el asesino, mayor problema. La conversación sobre los tipos de insectos que pueblan las ciudades funciona, en el texto, como una distracción: “La mujer continuaba conversando con el negrazo, que le decía que las cucarachas cenicientas no eran tan malas como las cucarachas domésticas” (106). En “Mecanismos de defensa”, el tema es la sexualidad masculina. La presencia del inventor del microscopio, Leeuwenhoeck, en el cuento, sirve como punto de partida para la historia de Godofredo, quien examina su propio semen en el microscopio: “fertiliza o muere, era el lema de los cuatrocientos millones de espermatozoides contenidos en una eyaculación. /…/ La mortalidad de esos seres no tenía igual en la historia de las catástrofes” (p. 111). Entretanto, el interés científico de Godofredo desaparece, dando lugar a una intensa práctica sexual. En “Encuentros y desencuentros”, la menstruación es el elemento que intensifica el deseo. Olor y cópula, el reconocerse en el otro. El deseo de la protagonista en ser hombre traduce un problema que se origina en la historia de nuestra cultura occidental: la sangre menstrual que “représente le danger venant de l’interieur de l’identité (sociale ou sexuelle); il menace le rapport entre les sexes dans un ensemble social et, par intériorisation, l’identité de chaque sexe face à la différence sexuelle” (Kristeva, p. 86) “El jorobadoy la Venus de Botticelli” es la historia de un hombre que provoca repugnancia en las mujeres, pero que logra sublimar su problema físico a partir de una singular conquista. El personaje, que ve en todas las mujeres una forma artística, planea un aprendizaje para cada una de las mujeres a las que acecha: Para Venus, la poesía; para Negrinha, la filosofía.

Así, el cuerpo que se compone de fluidos y contaminación, y que es dominado por las frustraciones e interdicciones, refiere al fin a un territorio compuesto de zonas, orificios, superficies, puntos y líneas. Entendida como un “lugar social”, espacio de la violencia que abarca la destrucción de las nociones de civilidad y compromiso social, la obra de Rubem Fonseca contiene historias que evocan experiencias muchas veces desagradables y que impresionan por la sensación de “caída libre”, resultado de una narrativa que frecuentemente posee el arte de herir como una lámina fría en el estómago.

NOTAS

1 Un ejemplo son los cuentos “Passeio Noturno I” y “Passeio Noturno II” (Feliz ano novo). Un hombre que, perteneciente a la clase media, ama tanto su automóvil que descubre en él una herramienta para librarlo de las tensiones del día: el protagonista acostumbra salir en la noche, después de una jornada de trabajo, para matar mujeres, atropellándolas con su auto-cuerpo en una alegoría de sexo-violencia. Considerado uno de los más importantes libros del autor, lanzado en 1975, fue prohibido por la censura por su contenido “contrario a la moral y a las buenas costumbres”.

2 En los años 90, Fonseca escribe una serie de cuentos bajo el título O Buraco na parede, historias de policías y marginales, seres desilusionados que se sujetan a cualquier cosa para continuar viviendo, una narrativa en la cual el sexo negociado se hace parte del cotidiano de las ciudades, así como la culpa y la exclusión social.

REFERENCIAS

Fonseca, Rubem. 2003. Secreciones, excreciones y desatinos. Barcelona, Seix Barral. Traducción de Basilio Losada

Kristeva, Julia. 1980. Pouvoirs de l’horreur. Essai sur l’abjection. Paris, Éditions du Seuil.

 

 

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