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Acta literaria

versión On-line ISSN 0717-6848

Acta lit.  n.38 Concepción  2009

http://dx.doi.org/10.4067/S0717-68482009000100012 

Acta Literaria N°38, I Sem. (165-168), 2009

RESEÑA

 

Eloy de Carlos Droguett


Santiago: Tajamar Editores, 2008, 197 pp.


Santiago Aránguiz Pinto
Universidad Diego Portales. E-mail:santiago.aranguiz@udp.cl. Santiago, Chile



La reciente reedición de la novela Eloy de Carlos Droguett viene a confirmar, una vez más, el sitial de categoría que tiene este prolífico escritor chileno, escasamente conocido a pesar de los numerosos reconocimientos que obtuvo, autor de novelas de gran jerarquía consideradas hasta el día de hoy canónicas y que dejó un vasto material literario que todavía espera por su salida a la luz pública, tarea que ya han emprendido un puñado de editoriales. A partir del año 2001, con la publicación de dos trabajos inéditos (La señorita Lara y Matar a los viejos, ambos de Lom Ediciones, 2001), Droguett ha sido puesto nuevamente en circulación después de muchos años de silencio y que recientemente, con la publicación de Materiales de construcción (UDP, 2008) y Sobre la ausencia (Lanzallamas Libros, 2009), su obra literaria ha retomado una tímida circulación que augura un mejor futuro para la divulgación de sus creaciones, las cuales sin duda se encuentran entre las propuestas estilísticas más originales de la narrativa chilena. No obstante este interés editorial por Droguett, que esperemos sea más que una moda pasajera, no hay que aventurar un escenario muy favorable para la recepción de su obra, pues en términos generales la divulgación de sus novelas ha sido estrecha y carecido del reconocimiento unánime de la crítica literaria, al menos la chilena, la misma que ha asumido una actitud ambivalente hacia el autor de Patas de perro, quien, por lo demás, tampoco tuvo una impresión benévola hacia sus correligionarios, con excepción quizás de Pablo de Rokha y Manuel Rojas.

Un breve repaso por los antecedentes biográficos de Droguett servirán para contextualizar su producción literaria, especialmente su trabajo periodístico que está vinculado con su propuesta narrativa de mayor alcance. Éste nació el 15 de octubre de 1912 y realizó sus estudios en la Escuela Federico Errázuriz y en el Colegio San Agustín. Posteriormente ingresó a estudiar Derecho en la Universidad de Chile e Inglés en el Instituto Pedagógico y comenzó a trabajar como reportero del diario El Imparcial, desempeñándose además como corrector de pruebas en la Editorial Ercilla. Sus primeros relatos fueron publicados en la revista Hoy y en los diarios Trabajo y La Hora, colaborando además como cronista, articulista y crítico literario en Las Últimas Noticias, Vistazo, La Nación, Occidente, Desfile, La Quinta Rueda, Mensaje y en el periódico Extra, creado en 1946 junto a Juan de Luigi. Su obra ha sido publicada en España y traducida al italiano, checo, alemán, portugués, francés y otros idiomas. Ésta se compone de sus primeros títulos que, de acuerdo a Teobaldo Noriega, conforman sus novelas referidas a temas históricos como 100 gotas de sangre y 200 de sudor (1961), Supay el cristiano (1967) y El hombre que había olvidado (1968); el libro de cuentos El cementerio de los elefantes (1971) y novelas escritas en su madurez, a diferencia de las anteriores, como Patas de perro (1965), El compadre (1967), Todas esas muertes (1971) y El hombre que trasladaba las ciudades (1973). Recibió prestigiosos galardones, entre ellos, el Premio Municipal en 1954, el Premio de la Fundación Luis Alberto Heiremans en 1966 y el Premio Nacional de Literatura en 1970, los que dan cuenta del reconocimiento público que obtuvo, pero que no siempre se tradujo en divulgación general, impidiendo de esta manera una difusión de su novelas, las cuales tendieron a circunscribirse a reducidas esferas intelectuales. Además de considerársele un escritor alejado de las audiencias, malhumorado, reticente, la esquiva personalidad de Droguett no ayudó mucho a expandir su trabajo creativo.

Provisto de una reconocida trayectoria literaria y periodística, Droguett es considerado por algunos comentaristas el escritor chileno más relevante del siglo XX, el cual instaló las bases para la aparición del “boom” latinoamericano hacia la década de 1960 con la publicación de Eloy, la cual en 1959 fue finalista en el concurso Premio de Novela Biblioteca Breve y editada después por Seix-Barral. A partir de entonces, y con una dedicación obsesiva hacia la escritura durante la década de los sesenta, Droguett transformó radicalmente la escritura novelística en Chile, instalando nuevos referentes estéticos que tuvieron una profunda repercusión, a pesar de que existió una especie de pacto implícito para acallar la poderosa prosa de Droguett, considerado un escritor que no dejaba títere con cabeza. Así lo han hecho ver reconocidos académicos y críticos, tal es el caso de Ricardo Latcham, Ignacio Valente, Cedomil Goic, Antonio Avaria y Alain Sicard, uno de los investigadores que más ha estudiado la obra de Droguett y quien en esta edición de Eloy (que reproduce los manuscritos corregidos en 1982) publica un epílogo iluminador que resalta el “lirismo de la soledad” presente en este texto como un sello indeleble de la prosa droguettiana. El estudio y la difusión de la obra de Droguett se debe, en gran parte, a la labor de este académico francés, editor del principal trabajo sobre Droguett y actualmente director del Centro de Investigaciones Latinoamericanas de la Universidad de Poitiers.

Sin lugar a dudas, Eloy marca una cumbre en la obra de Droguett y en la literatura chilena en general, pues con ella instaló un quiebre al punto de que su publicación remeció al aletargado panorama literario chileno. Basada en las horas finales de la vida del “Ñato Eloy”, Eliodoro Hernández Astudillo, un conocido bandolero chileno, relata la historia de un perseguido cuyo destino último será inevitablemente la muerte, una de las obsesiones literarias de Droguett que está presente desde sus primeras entregas, alcanzando un lugar preponderante en su primera novela, Sesenta muertos en la escalera (1953). Este texto tuvo su origen en una crónica periodística que después fue publicada en 1940 como folletín bajo el nombre de Los asesinados del Seguro Obrero, novela que introduce por primera vez el procedimiento del estilo indirecto libre, técnica narrativa que posteriormente profundizará en Eloy hasta alcanzar grados de alto vuelo creativo que lo posicionarán como un escritor que rompió los moldes de la literatura chilena.

En este libro, publicado originalmente en 1960, considerado no sólo su novela más importante, sino también un hito innovador fundamental y decisivo para la literatura chilena, tanto por su temática como por su técnica, Droguett explora con sutileza los vericuetos de la conciencia humana, proyectando en el lenguaje los dilemas interiores de este bandido rural expuestos a través de un incesante monólogo, en el cual se condensan, en un ir y venir constante, los temores y dilemas existenciales de un individuo que, expuesto ante la muerte, recorre los últimos momentos de su vida que está próxima a extinguirse pero que se resiste a dejar de latir. Asediado por angustias y excitaciones, este bandolero, símbolo del marginado social, situado en los bordes de la institucionalidad, representa el drama humano en toda su complejidad, cargado de dolor pero también de capacidad de asombro, y es también la parábola del sufrimiento en toda su expresión al dar cuenta de la angustia que experimenta al verse enfrentado a la muerte, que aquí es a su vez misterio y esperanza.

Dotado de un lenguaje poderoso y acumulativo al decir de Alfonso Calderón, rico, obsesivo y moderno según Avaria, desgarrador, denso y exultante, la narrativa que subyace a esta novela expone con notable sensibilidad la tragedia interior de este individuo en toda su magnitud, donde la muerte cobra expresión redentora. Todo en ella es belleza dolorosa, alumbramiento estético, porfía existencial, dilema humano a fin de cuentas, en la cual se expresa con proverbial rigurosidad literaria la miseria, el desamparo, la carencia. Todo es desdicha y aflicción en este sujeto; no obstante la condición de desventura que aflige a este cuatrero, ella es capaz de transformarse en erotismo a través de la capacidad poética que posee Droguett de crear una realidad literaria capaz de verbalizar las tribulaciones del espíritu y los dolores del cuerpo.

La publicación de Eloy viene a confirmar, en definitiva, que esta obra, pionera en la narrativa chilena y una de las novelas más singulares de la literatura nacional, posee un carácter transgresor y rebelde, que hoy, a casi cuatro décadas de su publicación original, irrumpe con la misma fuerza que lo hizo cuando Droguett, hacia fines de la década de los ’40, ya se instalaba como un escritor audaz, obsesivo, insumiso, provisto de una propuesta narrativa desafiante y original. Droguett dejó huellas de fuego en el medio literario chileno; algunos se quemaron, otros en cambio continuaron con su legado, donde la ira y el desenfado constituyen las marcas de esa pasión por la escritura.

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