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ARQ (Santiago)

versión On-line ISSN 0717-6996

ARQ (Santiago)  n.57 Santiago jul. 2004

http://dx.doi.org/10.4067/S0717-69962004005700014 

ARQ, n. 57 Zonas áridas / Arid zones, Santiago, julio, 2004, p. 56 - 57

ENSAYOS Y DOCUMENTOS

La ocupación del desierto de la playa Asia, Lima, Perú

Paulo Dam

Resumen
La sensación de inseguridad generada en ciudades como Lima (responsabilidad compartida entre experiencia directa y medios de comunicación) tiene entre sus efectos la proliferación de urbanizaciones cerradas, que de diferentes maneras reproducen el ambiente protegido que tanta nostalgia inspira. Las playas de Asia, en la costa del desierto limeño, sirven de locación para las propuestas más radicales de la arquitectura contemporánea peruana, en asentamientos donde el control parece la palabra dominante.
Palabras clave: Urbanismo – Perú, zonas áridas, urbanizaciones costeras, balnearios, litoral.

Abstract
One of the consequences of the sense of insecurity in cities like Lima, a feeling created both by personal experience and the media, is the proliferation of gated communities that in various ways reproduce the protected environment so many are nostalgic for. The Asia beaches on the Lima desert coast are the site of the most radical experiments in contemporary Peruvian architecture, in communities where control seems to be the dominant concept.
Key words: Urbanism – Peru, arid zones, coastal urbanization, beach resorts, coastline.


La ocupación del desierto de la playa Asia
A noventa y cinco kilómetros del sur de Lima una porción de desierto costero ha sido ocupado, en los últimos años, por una sucesión de pequeñas urbanizaciones de verano cerradas. Construidas como espacios de contacto con lo natural y escape de una ciudad que se percibe fuera de control, han sido desde hace ya veinte años un laboratorio para arquitectos y promotores urbanos. Esta ocupación privada del espacio costero nos permite hoy repensar sus resultados y reformular conceptos como paisaje, espacio público, aislamiento, límite y libertad.

La playa Asia es una estrecha franja de arena de un kilómetro promedio de ancho. Ubicada en las estribaciones de la cordillera de los Andes, se extiende desde Malpaso en el kilómetro 100 hasta Punta Bujama en el kilómetro 96 de la carretera Panamericana Sur.
Esta porción de desierto ha sido parte del vacío ocupado desde la época precolombina. El valle de Asia desarrolló una importante cultura y las islas de Asia, ubicadas frente a la playa, fueron fuente de fertilizantes naturales (guano) desde tiempos prehispánicos hasta los años de la Compañía Nacional de Guano, fundada en 1909. Sin embargo, esta condición productiva nunca hizo que hubiera una ocupación física permanente del espacio de la playa.

La primera mitad de los años ochenta en el Perú estuvo marcada por dos hechos: el retorno a la democracia luego de doce años de gobierno militar y el inicio del terrorismo. En la arquitectura el cambio de gobierno trajo consigo un desplazamiento del interés de lo público a lo privado, así como una atracción por el espacio del desierto costeño. Los trabajos de Juvenal Baracco en playa Pulpos, las casas de Emilio Soyer y el viaje costero del arquitecto Ricardo Malakowski ejemplifican, a partir del prototipo de la casa individual, un intento de reconstrucción de referentes a partir del paisaje y de la cultura prehispánica de la costa.
Lima crecía de manera acelerada y en total descontrol. Pasó de tener cuatro millones de habitantes en 1975, a casi seis millones en 1986. Este crecimiento, debido principalmente a las migraciones, se realizó en base a “invasiones informales” sin ningún tipo de planeamiento o control desde el Estado.

Es en este contexto que la playa Asia, que había sido siempre lugar de campamentos de fin de semana, iniciaba su proceso de urbanización.
Las primeras urbanizaciones nacieron con el entusiasmo de la reconquista democrática y un espacio redescubierto; por otro lado estaban cargadas con la sensación de una ciudad que escapaba a todo tipo de control formal y el miedo de una guerra interna.
Las Palmas y Cocos fueron urbanizaciones pioneras que definirían las pautas iniciales de esta nueva etapa de ocupación: se trata de espacios perfectamente ordenados de casas individuales, con un reglamento que controla la estética básica de las arquitectura. Muros blancos, madera o caña son los acabados básicos; la altura máxima es de un piso. Las terrazas en los techos crean otra clase de playa, esta vez elevada.
La sencillez y naturalidad de estos enclaves, entendidos como la sedentarización del campamento, serán en los primeros años sus principales características.
En las siguientes urbanizaciones el tema del control irá tomando cada vez mayor preponderancia. A pesar de que los años noventa, tras del autogolpe y la derrota de Sendero Luminoso, fueron años de un cierto auge económico, temas como la seguridad y los accesos restringidos arremeten en una escalada ascendente, que terminará por prohibir el paso a toda persona ajena a la urbanización, incluso hacia la llegada al mar.

Los trazados se cierran en sí mismos. Cada urbanización tiene un muro continuo que la divide de la otra. A diferencia de las “invasiones”(1) que se proponen como tramas de integración, aquí la estructura geométrica servirá como instrumento de control, aislamiento y perfecta definición de límites del espacio privado, tanto de la urbanización en primer lugar, como del espacio de la propia casa. Sólo la arena y el mar quedan como posibles ámbitos de integración. Los reglamentos ya no sólo incluyen los límites de un orden formal de lo construido, sino que incluso controlan las reglas de comportamiento. Un Truman show donde se es a la vez creador, observador y observado.
A diferencia de las primeras casas de Asia, que destacaban por su neutralidad y por su adaptación natural a la rígida trama de las urbanizaciones, las propuestas actuales pugnan por escapar de los trazados. La exacerbación de la individualidad arquitectónica al margen de su articulación en una trama mayor, termina por descontextualizar los proyectos en una infinita sucesión de repetición e indiferencia. Destacan por oposición casos como la Casa en Playa Bonita, de la arquitecta Alexia León, que a partir de la aceptación de la trama de la playa y un discreto silencio, logra un proyecto de especial intensidad y gran integración con su entorno.
Hoy en día las urbanizaciones han generado su propia periferia. La utopía del orden se ha mordido la cola, sólo que esta vez el conflicto no se relaciona a los inmigrantes. Al pie de la carretera han aparecido una sucesión de discotecas y centros comerciales, que amenazan con matar la supuesta naturalidad inicial. La oportunidad de crear una nueva relación con el territorio y el paisaje está en crisis; esperemos y veamos a dónde lleva esta nueva dinámica.

notas
1. Tomas u ocupaciones informales (N. del E.).


Paulo Dam
Arquitecto, Universidad Ricardo Palma, Lima, 1990. Desde 1991 se ha dedicado a la docencia del diseño en arquitectura. En 2000 abre su propio estudio, concentrado en la práctica crítica del diseño en proyectos privados y concursos. Actualmente es profesor de diseño de la Facultad de Arquitectura de la Pontificia Universidad Católica del Perú.

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