SciELO - Scientific Electronic Library Online

 
 número58Desde la planta en la arquitecturaHuellas de edificios índice de autoresíndice de materiabúsqueda de artículos
Home Pagelista alfabética de revistas  

Servicios Personalizados

Revista

Articulo

Indicadores

Links relacionados

Compartir


ARQ (Santiago)

versión On-line ISSN 0717-6996

ARQ (Santiago)  n.58 Santiago dic. 2004

http://dx.doi.org/10.4067/S0717-69962004005800004 

ARQ, n. 58 En Planta / Plan view, Santiago, diciembre, 2004, p. 24-25.

Notes English

LECTURAS

Cuatro observaciones sobre la planta

Fernando Pérez Oyarzun

RESUMEN
En medio de un panorama dominado por la cultura de las imágenes, donde la fotografía de arquitectura y el render se han vuelto los medios de comunicación predilectos, volvemos por un minuto a detenernos en las plantas de arquitectura. Verdadera huella del edificio sobre el suelo, la planta contiene una parte importante de las claves del proyecto, siendo al mismo tiempo medio de representación, herramienta de diseño para el arquitecto, patrón de trazado e instrucción para el constructor. Aunque la planta se presenta invisible al habitante, ella determina con precisión la calidad de los espacios en que vivimos.
Sin fotografías, vemos nuevamente en planta.
Palabras clave: Plantas de arquitectura, dibujos de arquitectura, representación, trazados, levantamientos.


I. Entre el trazado y la ruina
Isidro Suárez definía la noción de programa arquitectónico como entelequia del proyecto (Suárez, s.d.). Daba al término un alcance aristotélico: aquel que expresa el sentido final de un objeto o un organismo. Señalaba entonces que, como tal entelequia, el programa estaba presente al comienzo del proyecto como la idea detonante que lo constituye y, en su final, como patrón de comprobación del cumplimiento de las intenciones iniciales.

Un fenómeno similar ocurre con la planta de arquitectura, que se hace más evidente al comienzo y al final de una construcción. Ella se corresponde con el trazado, que es la primera operación constructiva. Cuando trazamos –y el trazado tiene siempre algo de mágico– dibujamos sobre el suelo la planta del proyecto uno a uno, esto es, en verdadera magnitud. Ese diagrama fundante irá desapareciendo, o al menos haciéndose más leve y menos evidente, en la medida que se levanten los muros y aparezca la condición prismática del edificio.

Curiosamente, cuando las obras se arruinan, o desaparecen, vuelven a encontrarse con su planta. Las fundaciones que fueron hundidas en el suelo a partir de ese primer trazado, constituyen las huellas que encuentra un arqueólogo confrontado a los restos de una obra. En inglés a los restos se les llama remains o remainders, vinculándose, por tanto, a aquello que permanece.

II. Construir y levantar
Curiosamente llamamos levantar al proceso mediante el cual construimos los planos de un edificio, como si recogiéramos desde el suelo la información necesaria para llevarlos a cabo. Paradójicamente, construir una obra también se dice levantarla, en una operación que se asemeja a la traslación vertical de la planta. Evidentemente, dicha traslación no es literal, cuando las obras presentan una volumetría compleja, pero que cabe como una descripción gruesa de la operación.

Así pensada, la construcción aparece como exactamente opuesta a nuestra relación habitual con una obra. Normalmente, la atravesamos, ya sea con la mirada, ya con nuestros movimientos, siguiendo las directrices de un plano que la mayoría de las veces, es horizontal. La planta aparece así como el positivo de la experiencia de construir y el negativo de la experiencia de habitar. En una simplificación, probablemente excesiva, la educación arquitectónica podría reducirse a la generación de la capacidad para pasar lo más rápidamente posible –si es posible en forma instantánea– desde ese negativo a ese positivo. Esto es, ser capaces de ver la abstracción del plano como cifra de una determinada situación arquitectónica y ver las situaciones del habitar como susceptibles de ser cifradas en un plano. En ello se juega una parte muy importante de la abstracción arquitectónica y el rol de la planta es, casi siempre, fundamental.

III. Planta y plantas
La planta ha tenido mala prensa durante buena parte del siglo veinte. Se ha puesto frecuentemente en duda su capacidad para representar apropiadamente el fenómeno arquitectónico. Un corte horizontal trazado a una determinada altura de un edificio no parecía capaz de representar los sutiles fenómenos del espacio. Para ello, se requería el croquis, la perspectiva, la fotografía. Bruno Zevi(1) llegó a pensar que sólo el cine podía aproximarse a la experiencia arquitectónica. El dialéctico Le Corbusier le dedicó a la planta dos capítulos en su capital Vers une Architecture. En uno de ellos, “La ilusión de los planes”(2) ataca su cosificación gráfica por parte de la tradición de Beaux Arts “gráficos de estrellas resplandecientes que provocan una ilusión óptica. La estrella más hermosa se convierte en el gran premio de Roma”. En otro, “El plan”, señala: “el plan es el generador... el plan está en la base”(3). Anverso y reverso; éste es el peligroso filo sobre el cual la realidad de la planta parece moverse: abstracción vacía o abstracción generadora. Aparentemente, este delicado instrumento, del que difícilmente pueden prescindir arquitectos y constructores, sin una adecuada conexión con la experiencia arquitectónica se desliza hacia una abstracción vacía. Entendido en cambio como generadora de la idea arquitectónica se acerca a su acepción biológica: la planta como vegetal, una entidad con capacidad de crecimiento.

IV. Planta y coreografía
Goethe, siempre sorprendente, discutió en alguna ocasión el carácter predominantemente visual de la arquitectura. Sostenía, en cambio, que ella debería trabajar para el sentido del movimiento del cuerpo humano. El resultado de esta actitud sería, que alguien conducido con los ojos vendados a través de una casa muy bien construida, experimentaría una sensación similar a aquella que se experimenta cuando se danza. Dejándonos guiar por esta penetrante observación de Goethe, una planta podría verse como teniendo mucho en común con una notación coreográfica. La planta, así concebida, nos señala en simultáneo el orden de los movimientos necesarios para construir y el de los movimientos posibles dentro de lo construido. Su relación con la experiencia arquitectónica aparece así más como una relación rítmica que como una relación visual. Entender las cosas de este modo permitiría, de paso, resolver un problema que pareció desvelar a Le Corbusier. A pesar de existir evidencias ciertas de que el maestro utilizaba trazados reguladores al ajustar la geometría de sus plantas, sólo se mostraba dispuesto a aceptar su utilización en fachada. Al no ser la de la planta una experiencia visual, parecía un mero formalismo la utilización en ella de trazados reguladores. Sin embargo, si entendiéramos la geometría en su vertiente de potencial notación rítmica, tal contradicción no existiría y podríamos ver la planta como la realidad tras la fachada.

notas
1. Ver, por ejemplo, Saber Ver la Arquitectura
2. Ver p.141.
3. Ver pp. 35-36.

Bibliografía
Le Corbusier; Hacia Una Arquitectura. Editorial Poseidón, Buenos Aires, 1978.         [ Links ]
Suárez, Isidro; Organización Filosofía y Lógica de la Programación Arquitectural. Escuela de Arquitectura de la Universidad Católica de Chile. Ver T. I, Lección 10.         [ Links ]
Zevi, Bruno; Saber Ver la Arquitectura. Editorial Poseidón, Buenos Aires, 1951.         [ Links ]

Fernando Pérez Oyarzun
Arquitecto, Universidad Católica de Chile, 1977, y Doctor, Escuela Técnica Superior de Barcelona, 1981. Ha ejercido como docente en la Escuela de Arquitectura de la U.C. desde 1974 y ha sido profesor invitado en diversas universidades en Chile y el extranjero. Fue director de la Escuela de Arquitectura y decano de la Facultad de Arquitectura, Diseño y Estudios Urbanos de la Universidad Católica de Chile, donde actualmente es profesor titular y jefe del programa de Doctorado en Arquitectura y Estudios Urbanos.

Creative Commons License Todo el contenido de esta revista, excepto dónde está identificado, está bajo una Licencia Creative Commons