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ARQ (Santiago)

versión On-line ISSN 0717-6996

ARQ (Santiago)  n.59 Santiago mar. 2005

http://dx.doi.org/10.4067/S0717-69962005005900012 

ARQ, n. 59 El tiempo / Time, Santiago, marzo, 2005, p. 54-57.

OBRAS y PROYECTOS

Casa SLGM
Providencia, Chile

 

Sergio Larraín. Texto: Cecilia Puga*

* Directora Escuela de Arquitectura, Universidad Nacional Andrés Bello, Santiago, Chile


Resumen

La obra de arquitectura debiera ser entendida desde la perspectiva de un relato que no termina nunca. Categorías como terminada, finita, e incluso autor, entran en crisis enfrentadas a la problemática de la vigencia, la permanencia y la contemporaneidad. Espacios intervenidos, autores superpuestos y cualidades híbridas impensables desde la mirada totalitaria del plan, son las claves para entender cómo una obra puede considerarse contemporánea, más allá de la fecha de su construcción.

Palabras clave: Arquitectura - Chile, arquitectura siglo XVIII, reconversión, Lo Contador, Sergio Larraín.


Abstract

The work of architecture should be seen as a story that never ends. Terms like finished, finite, even author enter into conflict with issues of current validity, permanence and the contemporary. Converted spaces, overlapping authors, and hybrid qualities, unthinkable from the totalitarian outlook of the plan, are the only way to understand how a work can be seen as contemporary, independent of its construction date.

Key words: Architecture - Chile, 18th century architecture, conversion, Lo Contador, Sergio Larraín.


 

“La historia de esta casa tiene como antecedente otra que me hice con Emilio (Duhart) en Avenida Ossa. Era una casa muy esplendorosa, tenía alrededor de 900 m2 construidos y un parque hecho por Prager muchos años antes. Era una casa perfecta, muy impecable. Todo era preciso. No siendo una casa corbusierana, tenía la pulcritud y la precisión de una enfermera. En especial me gustaban la escalera y la biblioteca que estaba separada de la casa y tenía un ventanal que miraba, no a un patio con una pileta como en ésta, sino una preciosa perspectiva de castaños antiguos.
La casa fue linda y muy celebrada desde el principio pero, desde que tomé posesión de ella, me sentí como en un hotel. Había algo de frío e impersonal en ella.
Una señora inglesa que nos visitó dijo que era la casa más cruel que jamás había visto.

Entonces sentí que una cosa que me había dicho Picasso era verdadera: al preguntarle ‘¿por qué vive en una casa Luis XIII, en un barrio antiguo de París, usted que es la expresión misma del arte moderno?; yo pensé que su taller sería como sus cuadros...’, él respondió ‘yo me eduqué en la casa de mi padre, que estaba en España y era antigua... si se quedaba una brasa encendida en el suelo no importaba, la cerveza derramada tampoco importaba; porque la mancha se unía a las otras que ya existían... las casas son para vivirlas’ (yo en cambio me preocupaba de mi casa como una novia de su traje) ‘...las casas modernas se parecen más a clínicas que a casas...”(1).

Sergio Larraín


Un día, imagino que alrededor de 1996, conversábamos con Sergio Larraín García Moreno acerca de las casas en que habíamos vivido o más específicamente acerca de las casas donde él había vivido y por añadidura todos nosotros(2).
Quizá fue a propósito de la demolición de su anterior casa en Avenida Ossa: sin haber alcanzado a prepararnos (registrar, fotografiar, visitar, recordar) comenzó a aparecer un gigantesco edificio sobre el sitio donde antes había estado la casa familiar diseñada en conjunto con Emilio Duhart.
Muchas veces miré fotografías de ella –las pocas que circulaban por la casa– y veía un volumen simple, con techo a dos aguas: no lograba cruzar esas imágenes con un especie de mito familiar en torno a esa casa, su condición vanguardista, su cualidad espacial: una biblioteca, una escalera en granito de La Obra, espacios grandes y fluidos, un jardín enorme, cuidado y precioso. Pocas piezas de un puzzle que intentaba reconstruir ese día de 1996 con Sergio Larraín.
Partimos por ahí, la primera casa que se hizo para sí mismo, en la cual la intensa relación personal y profesional con Emilio Duhart tuvo gran importancia: Emilio era joven, talentoso, vanguardista y el proyecto de esta casa se transformó rápidamente en un campo de experimentación y en cierto sentido de batalla. La juventud y fuerza de Emilio lograron convencer y establecer una cantidad importante de elementos en la organización del proyecto, en su estructura y materialidad (probablemente vinculados a la reciente estadía de Emilio en Harvard, donde tuvo contacto con Gropius). El resultado fue una casa hermosa, coherente y ajena.
En 1960 la Universidad Católica, por iniciativa de Sergio Larraín G.M. –en ese entonces decano de la Facultad de Arquitectura y Bellas Artes–, compra el conjunto de Lo Contador y éste, a su vez, compra el resto del paño contenido entre las calles El Comendador, Los Navegantes y Pedro de Valdivia, donde se encuentra una construcción chilena de rancho que funcionaba como casa de administración del campo.
Al igual que en la operación que había hecho en Avenida Ossa, loteó el paño, entregó a cada uno de sus hijos un sitio y construyó y vendió el resto para negocio, reservándose para él el corazón de la manzana, donde se encontraba la antigua construcción.
Fuertemente criticado e incomprendido, desconcertó a todos quienes le rodeaban cuando decidió convertir la antigua casa de inquilinos en su nueva habitación.
Junto a Jorge Swinburn, arquitecto y socio de su oficina, realizaron el proyecto para la ampliación y remodelación en vistas a convertirla en una casa moderna.

“... y se fue haciendo esta casa que tomé como un escultor toma una piedra, tal como le viene y le fui sacando partido. Quería que siendo tradicional fuese muy vivible, que no importasen ni las brasas, ni la cerveza en el suelo, que no hubiese que cuidarla tanto, que nos diese mucha paz, con un gran jardín”(3).

Mediante tres operaciones transformó la casa chilena –con cubierta a dos aguas de tejas, corredor exterior hacia el norte y galería interior hacia el sur y piezas consecutivas comunicadas entre sí– en una casa contemporánea adecuada a los nuevos usos:
Por un lado construyó en código moderno, dos volúmenes simples, de techos planos (de la altura del alero de la casa original para no competir con ella) en ambos extremos de la construcción existente conectándolos a ella mediante vacíos (un patio exterior y una galería vidriada), dejando todo el perímetro de la casa original libre y visto. Al poniente se ubicaron los servicios y una biblioteca comunicados a través de un zaguán que actúa como el nuevo acceso a la casa y al oriente un pabellón de dormitorios.
En segundo lugar, cambió el sistema de circulación transversal a través de los recintos por una circulación longitudinal a través de la galería sur, conectando toda la casa a través de ella.
Por último, eliminó muros transversales para lograr un gran espacio central de 12 x 4,80 m de planta y 3,20 m de alto que se transformó en el corazón de la casa. Los antiguos vanos de puertas se cerraron al paso, destinándolos a producir comunicaciones visuales transversales entre las dos galerías, a través del salón.

El diseño del jardín fue coherente con esta puesta en valor de la arquitectura tradicional. El patio de acceso fue gradualmente pavimentado con losas de piedra rescatadas de demoliciones de grandes casas de los barrios bajos, generando un patio duro de acceso a la casa; se mantuvieron y repararon las pircas de piedra que existían en el lugar, se mantuvo el parrón y, en conjunto con Paz Echeverría, Sergio Larraín diseñó y construyó un jardín estructurado en base a cuarteles de flores y árboles ribeteados con ladrillos de canto, que dejaban pequeños caminos de maicillo entre unos y otros y por donde por años circularon bicicletas y triciclos de numerosos nietos, que se detenían a sacar ciruelas o membrillos o higos o manzanas apolilladas.

Es evidente que estas operaciones descansaron en cualidades de escala y de estructura (tanto espacial como constructiva) propias de la arquitectura rural del siglo XVIII, las que permitieron y guiaron el proceso de actualización de la construcción. Al mismo tiempo que adecuarla a la nueva vida que debía acoger, la ampliación y remodelación de la casa buscó dejar en evidencia la máxima sencillez de esta arquitectura, la absoluta ausencia de lo accesorio, la pura realidad constructiva y material, lo esencial.
La habitación de esta casa, fue probablemente parte de un proceso más profundo, en el que la relectura y valoración de América, de su espacio geográfico y cultural y de su pasado dieron paso a una nueva manera de vivir la vanguardia y de ser más feliz(4).

“…el resultado es esta casa, que fue surgiendo del acontecer mismo, de las cosas que se fueron produciendo y que fui descubriendo. Se me ofreció esta casa en la historia, en cambio la otra era –como decía Le Corbusier– ‘pura creación del espíritu’... Tenemos espacio y silencio. Una casa sobria y acogedora de personas y cosas”(5).

Ficha Técnica
Casa Sergio Larraín

Arquitectos: Sergio Larraín, Jorge Swinburn
Ubicación: El Comendador 1946, Providencia, Chile
Cliente: Familia Larraín Echenique
Construcción: Sin datos
Materialidad: muros de adobe a la cal y albañilería pintada, revestimientos de mosaico de vidrio, pavimentos interiores en baldosín cerámico, carpinterías de madera, cielos falsos de volcanita.
Presupuesto de la obra: sin datos
Superficie terreno: 2.880 m2
Superficie construida: 189 m2 (casa antigua), 239 m2 (ampliación)
Año proyecto: 1958 - 1960
Año construcción: 1956 - 1960
Fotografía: Paz Errázuriz
Levantamiento: Jocelyn Froimovich, estudiante EAUC

 

Notas

1. Extracto de la transcripción de entrevista realizada a Sergio Larraín en 1993, publicada en Revista CA nº 71
2. Sergio Larraín García Moreno (1904-1999), arquitecto, decano de la Facultad de Arquitectura y Bellas Artes de la Universidad Católica entre 1952 y 1966, fundador del Museo Chileno de Arte Precolombino, en conversación con una de sus nietas, autora del artículo.
3. Ibid.
4. Parte de esta especulación es producto de una conversación con Jorge Swinburn, socio y amigo de Sergio Larraín quien participó junto a él en todo el proceso de discusión y transformación de la casa de El Comendador 1946.
5. Op. Cit.



Referentes

Larraín, Sergio; “Esculpiendo moderno en un genuino colonial”,         [ Links ] CA nº 71. Colegio de Arquitectos de Chile, Santiago de Chile, 1993.        [ Links ]

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