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ARQ (Santiago)

versión On-line ISSN 0717-6996

ARQ (Santiago)  n.60 Santiago jul. 2005

http://dx.doi.org/10.4067/S0717-69962005006000002 

ARQ, n. 60 Arquitectura de infraestructura / Infrastructure architecture, Santiago, julio, 2005, pp. 11 - 19.

Notes English

LECTURAS

Ciudades con velocidad y movilidad múltiples:
un desafío para los arquitectos, urbanistas y políticos
(1)

 

François Ascher

Profesor Institut Français d'Urbanisme, Université Paris 8, París, Francia.
Presidente del Consejo científico y de orientación del l'Institut pour la Ville en Mouvement, París, Francia.


Resumen

La opinión pública usualmente se involucra en la construcción de una nueva carretera, un túnel, otro acceso a la ciudad o un aeropuerto más grande. La infraestructura, apuntalada desde la ingeniería por estudios precisos, cifras y gráficos, es un tema de interés para los ciudadanos y los medios, que no ponen en duda la relación (no siempre bien calibrada) entre infraestructura y calidad de vida.
En el contexto de un campo de trabajo multidisciplinario cada vez más ineludible, el aporte de los arquitectos al problema de la infraestructura aparece aún como figura difusa. Sólo la pertinencia de intervenciones elocuentes puede despejar el valor que la arquitectura agrega a estas construcciones, originadas como respuestas exactas a problemas concretos.

Palabras clave: Infraestructura urbana, movilidad, transporte urbano, autopistas, metropolización, hiperlugar.


 

I. La historia de las ciudades está estrechamente vinculada a las técnicas de transporte y almacenaje de bienes, personas e información
Por esto las primeras ciudades ya necesitaron hábitats densos, sistemas de dinero y contabilidad, escritura, técnicas de preservación de alimentos y otros.

II. El sistema de movilidad PIB (Personas, Información, Bienes)
Estas diferentes técnicas constituyen un sistema que hoy es completamente interdependiente: muy pocos movimientos no involucran simultáneamente recursos de estos tres campos.

III. La forma de la ciudad y la organización de los espacios urbanos interactúan con las técnicas de transporte y almacenaje
El sistema PIB tiene un profundo impacto en la forma de la ciudad, en el espacio urbano y en la organización de la sociedad.
Tanto los fenómenos de zonificación, densidad, centralidad, axialidad, polarización y segregación social dependen de estas técnicas y al mismo tiempo generan y orientan su desarrollo.

IV. Las dinámicas del sistema PIB aceleran la metropolización
Contra los pronósticos de los observadores de fines del siglo XIX tardío –como Paul Virilio, o arquitectos y urbanistas como Frank Loyd Wright–, el desarrollo del transporte privado y las telecomunicaciones no ha llevado a la desaparición de las ciudades y a la dispersión. Todo lo contrario. Según economistas como Paul Krugmann, el proceso a través del cual el crecimiento de las ciudades y la concentración de ciertas actividades promueven el desarrollo del transporte y las telecomunicaciones, genera en realidad un fortalecimiento mutuo. De hecho, es difícil ver por qué estos desarrollos habrían de ir en dirección contraria a las condiciones de su creación, siendo que las tecnologías que son objetos sociales no son independientes de la sociedad, sino que están enraizadas en la lógica de la sociedad y sirven a los agentes que la dominan.
Las NTIC (Nuevas Tecnologías de Información y Comunicación) y las tecnologías de transporte privado han fomentado, por lo tanto, la concentración urbana y han impulsado la metropolización. Ella puede definirse como la concentración de riqueza humana y material en las ciudades más grandes. Este proceso está ocurriendo en todos los países ya industrializados y urbanizados. Es, en un sentido, la etapa siguiente a la urbanización en países que ya están casi completamente urbanizados, principalmente en Europa occidental y Europa del Norte.

V. Las tecnologías de información no inhiben el desarrollo de la movilización física; fomentan movimientos reales de todo tipo
Incluso a inicios del siglo XX, los comentaristas del desarrollo tecnológico creían que el teléfono iba a reemplazar una cantidad significativa de contactos personales directos, y por tanto generaría un distanciamiento de los centros de actividades. Contrariamente, el teléfono hizo posibles más encuentros cara a cara que los que reemplazó. Permitió mantener relaciones a distancia, y facilitó la organización de reuniones creando una nueva escala de organización urbana. Lo mismo es válido para las tecnologías de información y comunicación (TIC) actuales. Generan más posibilidades de movilidad que las que reemplazan. Se trata, sin embargo, de otro tipo de movilidad: hoy en día, la comunidad financiera y la comunidad científica operan a una escala crecientemente global, y gran parte de la movilidad de distancia media ha sido reemplazada por movimientos de larga distancia. Las escalas espaciales de la vida económica y social se están expandiendo con el aumento de la velocidad de los viajes.

VI. El modelo de centro y rayos en la organización del transporte rápido se extiende a múltiples escalas; los automovilistas se infiltran por las zonas periurbanas
El sistema de centro y rayos –hubs and spokes– es un tipo de red asociado con el desarrollo de sistemas de transporte rápido. Su velocidad implica la minimización de las paradas, lo que produce el efecto túnel y permite una dispersión eficiente del flujo hacia fuera, partiendo de plataformas locales llamadas centros de la rueda.
Este tipo de organización reticular obviamente se aplica al transporte aéreo, con sus plataformas de aeropuerto. También se extiende, sin embargo, al transporte de carga por caminos o rieles, con plataformas logísticas multimodales situadas cerca de nodos de comunicación, así como al transporte urbano e interurbano de personas, con la polarización de actividades alrededor de estaciones multimodales y cruces de caminos en los suburbios.
La consecuencia de esto es una transformación de las jerarquías y redes urbanas.
Sin embargo, este modelo existe junto a una nueva forma de viajar, que podríamos describir metafóricamente como infiltración. Tal como Zygmunt Bauman podría haber escrito sobre la liquefacción de la modernidad, el modo en que los automovilistas se cuelan a través de áreas interurbanas heterogéneas podría ser asociado a una forma de filtración, una capacidad de circular por ambientes laberínticos sin un hilo que pueda dirigir los flujos.

VII. El desarrollo de las TIC genera también una paradoja: mientras se convierten en lugares comunes, las tecnologías audiovisuales incrementan el valor de todo lo que no puede ser experimentado electrónica o digitalmente
El cara a cara, la capacidad de tocar, saborear, sentir, se hacen cada vez más preciados. El acelerado aumento del valor de las propiedades en áreas físicamente más accesibles entrega pruebas de este cambio y del valor relativamente creciente de la accesibilidad física real (en contraposición a la virtual). Una consecuencia no menor es que el atractivo de un espacio urbano pasa a radicar en la riqueza de las experiencias multisensoriales que ofrece. Así, las tiendas que compiten con el comercio electrónico deben ofrecer la posibilidad de que sus productos se puedan tocar y probar. El diseño acústico y olfatorio de los espacios se está volviendo crecientemente relevante.
Paralelamente, los individuos se sienten cada vez mas atraídos por los eventos que les dan la posibilidad de reunirse con otras personas en comunidad. Las fiestas de todo tipo, festivales, grandes eventos deportivos, rituales comunitarios (desfiles, carnavales, Halloween) se multiplican. Estos eventos definen la vida urbana tanto espacial como temporalmente, y juegan un rol creciente en el diseño y la administración del espacio.

VIII. Los individuos también utilizan las TIC para controlar su propio espacio-tiempo
No hay nada nuevo en el fenómeno de la individualización, de la creciente autonomía personal; la invención renacentista de la perspectiva –el cambio de una representación plana del mundo a una basada en el punto de vista del individuo– es un ejemplo espectacular de esta evolución a través de varios siglos. Los individuos aspiran a una mayor intimidad, privacidad y capacidad de controlar su entorno: decidir qué hacer, cuándo hacerlo, con quién y dónde. Y para esto necesitan ser capaces de trasladarse en el tiempo y el espacio.
Para trasladarse en el espacio, utilizan todos los medios de transporte, generalmente combinados para lograr sus necesidades específicas: desde aviones a carros de compras, maletas con ruedas, trenes, tranvías, buses, automóviles, motocicletas, bicicletas, skates o patines. Para moverse en el tiempo utilizan técnicas que les permiten desincronizarse y resincronizarse, almacenar y disponer de información y objetos de forma fácil y rápida: desde videos a correos electrónicos, teléfonos celulares, correos de voz y mensajes de texto; pero también alimentos congelados y microondas que hacen más fácil comer solos o en compañía en cualquier momento.

IX. Con la creciente autonomía, los individuos se ven enfrentados a la necesidad de decidir, y la cantidad de opciones aumenta
Es verdad que las desigualdades culturales y económicas restringen las posibilidades de ciertos sectores de la población. Sin embargo, incluso individuos de grupos socialmente desaventajados se enfrentan constantemente a la toma de decisiones: qué comer, con quién reunirse y qué hacer. En La sociedad de consumo, Jean Baudrillard enuncia que esta hiper-opción es en gran medida artificial, ya que la diferencia entre dos detergentes sería puramente simbólica. No obstante, las opciones son una compulsión diaria característica de la sociedad moderna; lo que hacemos es cada vez menos una rutina o un dictado de las tradiciones. Estamos forzados a tomar decisiones, tanto en relación a cosas triviales como en asuntos más importantes: elegir un marido o una mujer, un televisor, una película, una comida e incluso una religión, puesto que la religión y las tradiciones ahora también son modernas, en la medida en la que se han vuelto un asunto de elección personal.
De esta forma, la variedad de alternativas disponibles se está haciendo socialmente más relevante. Y la movilidad se ha convertido en una aspecto clave de esta variedad de alternativas: mientras más móviles somos más posibilidades tenemos; el otro lado de la moneda, sin embargo, es que estamos obligados a movernos para poder estar en condiciones de decidir.

X. En una sociedad diversificada, la búsqueda de autonomía personal y la variedad de opciones generan una complejidad enorme
La sociedad moderna se diversifica crecientemente. Está compuesta por sujetos plurales, con variados niveles de compromiso con grupos e intereses diversos. En el pasado, la gente que pertenecía a la misma clase social o que vivía en el mismo lugar, tenía prácticamente la misma vida. Hoy en día, la vida de las personas refleja su pertenencia a una serie de entornos distintos, entre los cuales se desplazan según el ritmo de sus diversas historias individuales y colectivas. El comportamiento individual todavía está determinado socialmente, pero es más diverso, con la posibilidad cada vez mayor de combinaciones personales. La movilidad es tanto una consecuencia como un instrumento de diversificación social. También es un elemento que ha cobrado importancia en la construcción y expresión de la personalidad de cada individuo.

XI. Una estructura social en red: sociedad con estructuras móviles
La posibilidad de los individuos de elegir –mucho más que en el pasado– quiénes son y qué hacen, en una sociedad cada vez más diversa, a pesar de que determinantes sociales sigan operando, está transformando gradualmente los lazos sociales. Éstos solían ser muy fuertes y duraderos: un vecino era frecuentemente un compañero de trabajo, un pariente y un amigo, pero en la sociedad crecientemente variada de la que somos parte –en donde los individuos escogen qué hacer y con quién, y por lo mismo cambian de trabajo frecuentemente– los lazos sociales también son más débiles, pero están incorporados a redes cada vez más complejas.
Vemos con menor frecuencia a personas específicas, pero conocemos a más y más gente. La sociedad está estructurada así y funciona más como una red, o como una red de redes que incrementa las posibilidades de movilidad para la gente, los bienes y la información.

XII. Una sociedad hipertextual
En esta sociedad, la gente cada vez más cambia de universo social, empleando una combinación de métodos de comunicación reales y virtuales.
Con el automóvil o el tranvía, nos podemos trasladar entre distritos para trabajar o para actividades recreativas. Del mismo modo, una pantalla de computador nos conduce en un par de segundos del mundo del trabajo al mundo familiar. Con el teléfono celular, podemos cambiar instantáneamente de una charla cara a cara con amigos a una conversación remota. Los métodos modernos de transporte y comunicación nos permiten transferirnos de un contexto social a otro, del ambiente de trabajo a un club deportivo, de una relación local con los vecinos a un enlace emocional con gente que vive en otro lugar pero que comparte los mismos intereses.
De este modo, los individuos se mueven física y virtualmente en universos sociales distintos, los que se configuran de manera diferente para cada persona. Metafóricamente los podríamos asociar a una especie de hipertexto, como las palabras que vinculan un grupo de textos computacionales. Hipertexto es el proceso a través del cual podemos –en un computador– pinchar una palabra en un texto para acceder a la misma palabra en otros textos. En un hipertexto, la palabra pertenece simultáneamente a diversos textos; en cada uno, contribuye a la creación de diferentes significados dada la interacción con otras palabras, pero con una sintaxis que puede variar. La digitalización de imágenes ha creado además la posibilidad de construir hipermedios, enlazando textos, documentos sonoros e imágenes (el prefijo hiper está utilizado aquí en el sentido matemático de hiperespacio, como un espacio de n dimensiones).
Del mismo modo, los individuos existen en distintos campos sociales, tal como las palabras en los diversos documentos de un hipertexto. En un campo interactúan con sus colegas de acuerdo a las reglas de una sintaxis profesional; en otro campo, con los parientes según la sintaxis familiar; en un tercer campo interactúan con los amigos según una sintaxis deportiva. Son palabras-individuos que constituyen los enlaces más importantes entre estos campos texto-sociales. Se mueven de un campo a otro, físicamente o a través de las telecomunicaciones. Cuando un empleado llama a su casa desde su lugar de trabajo, se trata en cierto modo de un cambio de texto.
Los diversos campos sociales tienen naturalezas diversas. La participación de un individuo en cada uno de ellos variará en duración y motivación. Las interacciones pueden ser económicas, culturales, emocionales, recíprocas, jerárquicas, convencionales, cara a cara, escritas, habladas, telecomunicacionales, etc. Los campos también varían en escala (de lo local a lo global) y en su grado de apertura. Las redes que estructuran estos campos pueden tomar la forma de estrellas, tejidos y jerarquías. Los individuos practican el cambio de códigos; en otras palabras, juegan con diferentes códigos sociales y culturales para moverse de un campo a otro.

XII bis. Acceso desigual al hipertexto
Esta metáfora del hipertexto puede también utilizarse como una nueva forma de identificar y analizar desigualdades sociales. El hecho es que no todos tienen la misma posibilidad de construir espacios sociales en n dimensiones, o moverse fácilmente de un campo social a otro. Para algunos los estratos de las redes están absolutamente fusionados: sus campos económico, familiar, local, religioso están mayoritariamente traslapados. Así, por ejemplo, quienes están excluidos del mercado laboral generalmente no pertenecen a múltiples campos: suelen vivir en grandes conjuntos de viviendas, dependen de una economía local informal e interactúan principalmente sólo con miembros de su propia comunidad.
La capacidad de moverse a través de una serie de campos abre potencialidades que no son igualmente accesibles para todos. Como resultado de esto, la movilidad física y virtual se está convirtiendo en un elemento de importancia creciente en la generación de desigualdades individuales y sociales.

XIII. Las ciudades y el uso del transporte y las TCI: polarización y dispersión
Los métodos rápidos de transporte llevan a que las ciudades evolucionen en dos direcciones: por un lado, un número de funciones puede concentrarse en un número restringido de puntos, incrementando así los efectos de escala y densidad y maximizando ciertas interacciones; por otro lado, algunas otras funciones, que no requieren densidad o que de hecho operan mejor sin ella, pueden distanciarse cada vez más de los puntos de polarización.
Este proceso bilateral no es nuevo y ha estado ocurriendo en ciudades norteamericanas desde fines del siglo XIX. Sin embargo, con los avances en el transporte y las telecomunicaciones, su escala e intensidad han aumentado.
Las tecnologías para el transporte y almacenamiento de personas y energía permiten concentraciones cada vez más grandes: por ejemplo, con complejas combinaciones de ascensores y escaleras, nuevas técnicas de construcción, nuevos sistemas de aire acondicionado, es posible construir centros comerciales de varios miles de metros cuadrados bajo un mismo techo.
Además de lo anterior, el transporte privado y el uso de las comunicaciones inalámbricas, incluso para internet, están incrementando la dispersión urbana al causar que los habitantes de la ciudad busquen más lejos aún espacios más amplios y más bajos precios.

XIV. Metropolización y metapolización
Este proceso bilateral de polarización y dispersión afecta los espacios urbanos en diversos niveles. Por una parte, genera concentración de riqueza material y humana en y alrededor de ciudades cada vez más grandes: o sea, lo que llamamos metropolización.
Por otra parte, genera nuevas formas de crecimiento urbano, lo que podríamos llamar crecimiento externo: las ciudades más grandes absorben pueblos y ciudades de menor tamaño cada vez más lejanos en su perímetro de funcionamiento diario, constituyendo de esta manera territorios urbanos extendidos y discontinuos, que incluyen a la ciudad y el campo, el pueblo y la metrópolis. La unidad de estos nuevos territorios depende del transporte y las telecomunicaciones.
Hemos utilizado e término metápolis para describir estas nuevas entidades urbanas, estas ciudades extendidas, heterogéneas, discontinuas y policéntricas.

XV. Nuevos centros urbanos
Ciertos autores han adoptado la noción de no-lugares, una palabra que el antropólogo Marc Augé tomó de Jacques Duvignaud, Michael de Certeau y, en cierto modo, de Melvin Webber. Para Marc Augé, estamos experimentando una proliferación de no-lugares y una desaparición de los lugares. Por lugar él entiende un espacio que es identitario, relacional e histórico. Para él, nuestro mundo supermoderno está “entregado a la individualidad solitaria, a lo transitorio, lo temporal y efímero”, y los espacios creados con fines de transporte, comercio y ocio, son precisamente las matrices espaciales en donde ha cesado la interacción directa entre personas.
Hay por tanto un estrecho vínculo entre esta visión pesimista de la supermodernidad con su noción de no-lugar, y el desarrollo del transporte y las telecomunicaciones, con los espacios que generan y las relaciones sociales que supuestamente destruyen. Estas teorías son particularmente atractivas para quienes sienten nostalgia de ciertas antiguas formas de urbanización, o para quienes promulgan una completa mitología de la ciudad europea y sus formas de sociabilidad.
Al contrario de Marc Augé, nosotros consideramos que no existe tal disolución de lugares en no-lugares, sino que la constitución de nuevos lugares urbanos, y que, de hecho, los espacios de movilidad y de tránsito, son particularmente propicios al surgimiento de estos nuevos lugares. Para empezar, los aeropuertos, las áreas de servicio de las autopistas, las estaciones, los centros comerciales, los parques de entretención, son, en la definición de Marc Augé, espacios identitarios, relacionales e históricos. En segundo lugar, muchos tipos de lugares urbanos están surgiendo o resurgiendo en la actualidad: plazas y paseos al interior de espacios privados, como lo evidencian los recientes desarrollos de malls con cafés y espectáculos; o en nuevos espacios efímeros, especialmente las rave y los festivales, que utilizan temporalmente todo tipo de lugares. Pareciera, por tanto, que la movilidad real y virtual no está causando la extinción de la ciudad o de los lugares, sino que está generando nuevas formas de ciudad y de lugar.

XV bis. Del lugar al hiperlugar
La sociedad hipermoderna y su estructura de hipertexto generan hiperlugares. Estos hiperlugares son ante todo espacios de n dimensiones; lugares donde, si las personas quieren, pueden casi simultáneamente llevar a cabo actividades diferentes en múltiples campos sociales, con las personas con las que ellos han elegido estar, física o virtualmente presentes. El hiperlugar es un espacio potencial, con múltiples dimensiones físicas y sociales, que ofrece a los individuos opciones prácticas y relacionales.
Yo diría que el espacio en el que nos encontramos ahora no es realmente un hiperlugar: ustedes están prácticamente obligados a escucharme. Dormir aquí mientras yo hablo es socialmente complicado, porque generaría reprobación; pararse para ir a otro lugar es imposible para la mayoría de ustedes, ya que están atrapados en sus asientos; el uso de sus teléfonos celulares sería inapropiado, e incluso conversar despacio con su vecino de asiento permitiría una comunicación muy limitada.
En cambio, la terraza del café de afuera tiene todas las características de un hiperlugar: es un espacio que permite todo tipo de movilidad, discusiones y relaciones sociales. De hecho, recurriendo a algunos de los conceptos de William Mitchell, se podrían agregar unas cuantas pantallas planas gigantes y un poco de realidad enriquecida virtualmente.
Quizá ustedes dirían que no es exactamente un lugar nuevo: de acuerdo, pero es un lugar muy urbano; en cierto modo es una forma moderna del ágora, enriquecida por el paso del tiempo por nuevos elementos que permiten prácticas nuevas. Ahora sólo necesitamos incorporar los nuevos métodos de transporte, comunicación e intercambio; ajustarnos a los nuevos ritmos de vida; hacer posible el traslape de actividades, el cruce entre lo público y lo privado, la hibridización de lo interior y lo exterior...

XVI. La ciudad à la carte 24 horas al día, 7 días a la semana, a pie, a caballo y en auto: el desafío de la multimodalidad e intermodalidad
Los ciudadanos de la sociedad hipertextual viven vidas con movimientos constantes y multidireccionales. Día y noche viajan alrededor de esta metápolis distendida y multipolar, utilizando diversos medios de transporte, ya sea en un solo desplazamiento o bien alternativamente, dependiendo de su destino, la hora, el clima, y de por quién estén acompañados... En una ciudad heterogénea los transportes públicos y privados tienen distintas ventajas y desventajas dependiendo del lugar y las circunstancias.
La calidad y eficiencia de una ciudad, por tanto, depende de su capacidad de ofrecer múltiples soluciones, ofrecer la más extensa gama de opciones posible para decidir a dónde ir y cómo llegar allí. En este contexto, la intermodalidad y la multimodalidad son las condiciones clave para la eficiencia de cada tipo de transporte. Los estacionamientos de automóviles, vistos como el foco de un importante cambio modal, se están volviendo cada vez más importantes, sin embargo frecuentemente se les trata menos como un lugar que como un mero espacio para almacenar automóviles. Del mismo modo, muchos lugares de transporte continúan siendo percibidos en términos técnicos estrechos, con un valor urbano mínimo. Parte del potencial de estos espacios queda demostrado en Architecture on the Move, la exposición presentada por el Instituto City on the Move en el pabellón francés de esta Bienal(2).

XVII. Aprendiendo a hacer la ciudad veloz y de baja densidad
Para las autoridades de la ciudad, los urbanistas y los arquitectos, el objetivo es producir nuevos tipos de lugares y crear una nueva urbanidad: generar espacios adecuados a los ambientes, prácticas y relaciones sociales que se dan en ellos.
Esto no es tan difícil en una ciudad ya existente, con altas densidades y donde las identidades pueden construirse en base a nuevos elementos contextuales. En general, yo diría que esto sabemos cómo hacerlo. Ello no significa que siempre lo hagamos bien, pero no nos faltan ejemplos que puedan servir de inspiración para el diseño urbano en estas circunstancias. En cambio, sabemos mucho menos cómo hacer la ciudad en zonas de baja densidad, en espacios fragmentados, por donde la gente se mueva rápida e individualmente.
Muchos arquitectos y urbanistas responden a estos problemas proponiendo la eliminación de las zonas discontinuas y de baja densidad en las ciudades europeas. En este punto, tienen un vasto espectro de apoyo: gente nostálgica de las ciudades del pasado y en busca de un paraíso urbano perdido; los encargados del transporte público que no saben como dar servicio a estas áreas suburbanas y que quisieran que la población viviera en grupos fácilmente transportables; los ecologistas preocupados del consumo de energía debido al desparramo urbano; los alcaldes que de hecho financian la mayoría de las entretenciones utilizadas por la población de las comunidades externas.
La mayoría de estas preocupaciones merecen ser tomadas en serio. Es verdad que deberíamos tratar de preservar, o más bien desarrollar, las cualidades específicas de las ciudades antiguas que encontramos principalmente en Europa.
Es verdad que necesitamos encontrar soluciones innovadoras para proporcionar transporte a los numerosos habitantes de las áreas periféricas de baja densidad que no tienen vehículos propios (niños, personas discapacitadas o de escasos recursos) o que no tienen acceso al transporte público.
Es verdad que necesitamos proteger los recursos naturales no renovables, restringir las emisiones de dióxido de carbono, y que la expansión urbana espontánea constituye una amenaza en este sentido. Finalmente, es verdad que en la mayoría de los países democráticos las instituciones políticas locales se adaptan mal a la nueva escala metropolitana. No obstante, una vuelta al pasado refleja un principio reaccionario que es indeseable en sí mismo, y es irreal en términos de las políticas que podría implicar.

Es una ilusión creer que podríamos retornar a un estilo de vida de un pueblo o de una vida centrada regionalmente, en donde todo lo que hacemos sucede localmente. Indudablemente, deberíamos tratar de reintroducir algún comercio local, pero a juzgar por las numerosas encuestas, es seguro que esto haría aumentar la cantidad de viajes necesarios. La división del trabajo no se revertirá y el empleo utilizará espacios urbanos cada vez más extensos. No hay vuelta atrás en la demanda por una mayor diversidad cultural, y la cultura y el ocio seguirán generando un desarrollo urbano a gran escala.

Por tanto, necesitamos crear modelos urbanos nuevos, que combinen altas densidades de población y una mayor polarización para ciertas actividades y grupos sociales, con niveles de dispersión crecientes. Necesitamos hacer las ciudades no sólo con lugares colectivos de vivienda y casas urbanas, sino que también con espacios discontinuos, casas individuales con grandes jardines privados, parques temáticos, aeropuertos, estacionamientos, etc. Necesitamos hacer la ciudad para ciudadanos que algunas veces se trasladan a pie, pero también se mueven a 50 km/h; para ciudadanos que comen en cadenas de comida rápida, que comen y beben mientras se transportan (caminando, en auto, en trenes, etc.), pero que también se sienten atraídos por la comidas de calidad y están dispuestos a viajar y gastar dinero por una buena comida con amigos, en casa o en un restaurante.
Todo esto es un gran desafío para los urbanistas actuales: necesitan ser capaces de planificar la urbanización de ciudades discontinuas, de espacios urbanos de baja densidad, de ciudadanos veloces, y a la vez mantener los valores de la ciudad existente, continua, peatonal.

XVIII. La movilidad, sin embargo, no es sólo un desafío para arquitectos y urbanistas...está tan profundamente enraizada en nuestras sociedades urbanas que es también un importante tema social y político
Primero, la movilidad es indispensable desde un punto de vista económico y social. Hoy en día, la movilidad es una condición clave de acceso al mercado laboral, a una vivienda, a la educación, a la cultura y el ocio, a la familia...El derecho a trabajar, a tener una vivienda, a recibir capacitación, ahora implican el derecho a la movilidad.
En cierto sentido, este derecho a la movilidad es una precondición de los otros derechos; se ha convertido en una especie de derecho genérico, con una importancia social creciente.
Segundo, a medida que la movilidad se transforma crecientemente en un factor en la vida cotidiana de las personas, los tiempos y lugares de la movilidad cobran mayor importancia: el transporte requiere ser más conveniente, más económico y más agradable. Más aún, el transporte ya no es simplemente un medio para llegar de A a B: es una parte de la vida por derecho propio, y merece ser valorado como tal. El movimiento debería ser también un gusto.
Finalmente, también debería recalcarse que la movilidad tiene un costo económico, social y medioambiental. La generalización del movimiento que estamos experimentando implica que individuos y grupos de personas deberían ser capaces de controlar su movilidad, que esta movilidad debería contribuir al establecimiento de identidades sociales, que los movimientos de algunos no deberían afectar desfavorablemente la vida de otros, que el transporte de bienes y personas no debería dañar la herencia natural y cultural, y que la energía que se utiliza no debería comprometer el futuro de nuestro planeta.
Estos son los desafíos de la movilidad sustentable.
Ciertamente, no es fácil encontrar soluciones para este sistema de ecuaciones económicas, sociales, y medioambientales. Sin embargo, es por esta razón que la movilidad se ha convertido en un tema fundamental para las democracias actuales
.

 

Notas
1. Este artículo corresponde a la exposición del Sr. Ascher durante la I Bienal Internacional de Arquitectura de Rotterdam el año 2003, cuyo tema fue la movilidad. Traducción al castellano de Monika Dockendorff y Fernando Pérez Villalón.
2. I Bienal Internacional de Arquitectura de Rotterdam, mayo de 2003.


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