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ARQ (Santiago)

versión On-line ISSN 0717-6996

ARQ (Santiago)  n.68 Santiago abr. 2008

http://dx.doi.org/10.4067/S0717-69962008000100012 

ARQ, n. 68 Intervenciones / Interventions, Santiago, abril, 2008, p. 74-81


OBRAS Y PROYECTOS

Obras en la Catedral
Santiago, Chile

Rodrigo Pérez de Arce *
Patricio Mardones
**
Sebastián Bianchi * **

* Profesor, Escuela de Arquitectura, Pontificia Universidad Católica de Chile, Santiago, Chile
** Profesor, Escuela de Arquitectura, Universidad Nacional Andrés Bello, Santiago, Chile


Resumen

Lugar de numerosas intervenciones realizadas desde el s. xviii, la Catedral de Santiago está en paulatina pero constante transformación. Los últimos trabajos realizados en ella se mueven entre la recuperación de su estructura primitiva y la introducción de elementos para el culto contemporáneo, insistiendo en la idea de una obra coral, probablemente aún no concluida.

Palabras clave: Arquitectura-Chile, arquitectura religiosa, catedral, cripta, Toesca.


Abstract

A place of numerous interventions dating back to the eighteenth century, the Cathedral of Santiago is in gradual yet constant transformation. The latest works are a consideration between the recovery of the primitive structure and the introduction of elements for contemporary worship while firmly maintaining the idea of a coral work which likely still remains unconcluded.

Key words: Architecture-Chile, religious architecture, cathedral, crypt, Toesca.


 

UNA CRIPTA, UNA NAVE, UN PROYECTO/ A la vez que primera obra, la cripta es usualmente fundación material y campo de sepultura de una catedral. Revertida la expectativa, en este caso debía aportar su primer espacio contemporáneo, encajado en el cuerpo del edificio sin dañarlo estructuralmente.
La operación debía reportarle a la Catedral de Santiago mejoras y nuevos valores, sumándose a la secuela de obras que lo han configurado en el tiempo. Iniciadas en un primer ciclo de construcciones que decantan su formato actual hacia fines del s. XVIII, diversas intervenciones posteriores culminan hacia fines del s. xix consolidando principalmente sus Características actuales de manos de Ignacio Cremonesi quien, determinado a unificar esta obra incremental y hasta entonces heterogénea, logra una síntesis. Más allá de sus figuraciones neobarrocas, son el tamaño y la potencia esquemática de su nave regular los que le confieren su nobleza; esas condiciones son las que el proyecto intenta valorizar.
Girada respecto a su primera fundación, su nave amplia y fresca enfrenta la Plaza de Armas asumiendo un uso las más de las veces informal–según indicaba el deán– al modo de una plaza cubierta, un espacio umbrío que es parte de la red de pasos cubiertos del centro de Santiago y que conecta las calles Bandera y Puente. El libre tránsito de las personas interesó tanto como las obligaciones procesionales del espacio ritual.
La formación histórica de este edificio hoy considerado patrimonial no estuvo exenta de coraje, actitud que había que admirar también en el cliente, el deán quien emprendía la obra a los 90 años de edad. Nada más lejano de ese espíritu que aquella mirada que confunde lo significativo con lo insignificante como patrimonio.
Incontables objetos devocionales se han ido adhiriendo como corales a las paredes de la nave. Cada uno revela sensibilidades particulares: la exhuberancia del conjunto confirma su vocación tácita de museo o tesoro y su ilusión palaciega. Pero otras acciones –impulsadas por una voluntad práctica o simplemente producto del olvido– habían desvirtuado la naturaleza del lugar. Una serie de rejas interrumpían el circuito entre las naves laterales. Un conjunto de sitiales, obsoleto y litúrgicamente inútil, cerraba el flanco poniente del presbiterio mientras que hacia lo alto de esta área un coro falso bloqueaba torpemente la ventana original hacia calle Bandera. Lúgubre y clausurada, la cabecera de la nave poseía también entonces una seudo cripta construida durante el s. XX. A ojos de algunos custodios del patrimonio los sitiales debían “reubicarse en la nave” como si un aparato litúrgico pudiese recomponerse en cualquier lugar y la cripta existente “debía preservarse” anulando la intención de reunir los restos en un espacio digno y despejar el recorrido ambulatorio. Ante éstas y otras indicaciones no quedaba sino insistir.
Se debía despejar nuevamente la nave, abriéndola; demoler la cripta existente, ensanchar los suelos del cabezal poniente, desmantelar el coro falso, recuperar la ventana tapiada de la fábrica de Toesca, arrancar los enrejados, despojar al presbiterio de sus agregados unificándolo, conectar las partes y reconstituir el corazón litúrgico de la iglesia confiriéndole luz, apertura y dignidad, restituyendo así su verdadera vocación histórica y el carácter original del edificio propuesto por Vásquez de Acuña y Toesca, más cercano a la idea de una planta libre pilarizada y abierta. Por el bien del conjunto era deseable también desmantelar el altar mayor que desde 1914 obstruye el eje central, hoy obsoleto, engendrando un inútil trascoro residual. No se pudo: a pesar de su discutible calidad era más fácil dejarlo.
El mármol falso, las molduras de yeso, los dorados y la obra maciza de los sillares junto al mobiliario color caoba y el brillo apagado del pavimento de baldosas de cemento al líquido, el labrado a cincel, las superficies suaves o pulidas, los brillos del oro falso, es decir, la materia en sus diversos grados de elaboración, impregnan a la nave de una cualidad especial. Meramente accidental, este despliegue recuerda las esculturas de Brancusi que reúnen lo primitivo y lo elaborado. Interesaba asimismo la penumbra del interior que atenuaba los efectos cromáticos valorizando en cambio la textura.
PROGRAMA / Se quería un lugar de entierro para arzobispos y deanes a la vez que una capilla para unas 80 personas. Se deseaba también que el presbiterio pudiese ampliarse Lateralmente incrementando su capacidad hasta acoger unas 150 personas en las celebraciones más importantes. Esta acción consultaba asimismo la creación de un nuevo altar, mientras que se hizo patente la necesidad de añadir al programa una pequeña cripta cívica a fin de acomodar los restos de Diego Portales y José Tomás Ovalle, los cuales habían sido desalojados en las excavaciones.
El cliente sugirió para la cripta un ambiente sereno aludiendo al significado cristiano de la muerte como antesala de una nueva vida.

Encarada conjuntamente por constructores y arqueólogos y bajo la supervisión del ingeniero calculista, la excavación para la nueva cripta se constituyó en un importante acontecimiento arqueológico financiado enteramente por el mandante, revelando las anomalías que supone el poseer un monumento nacional en Chile. Aparecieron en secuencia los restos de Portales, Ovalle y otros más de los cuales no se tenían antecedentes, una estructura octogonal de albañilería perteneciente a un posible altar mayor instaurado cuando la nave poseía un solo nivel (el presbiterio actual se eleva aproximadamente 1.20 m por sobre ella) y más abajo aún, los trazados y suelos de un patio de huevillo y un recinto pavimentado con baldosa de cerámica, pertenecientes a los solares residenciales originales de la actual calle Bandera. Quienes tuvimos la fortuna de presenciar el proceso sentíamos ver un fragmento de Santiago año 0. Aparte de numerosas evidencias de cultura material, el estudio del equipo arqueológico motivó también el rescate desde el Archivo Nacional de
un dibujo inédito del proyecto para la Catedral del maestro de obras Vázquez de Acuña.
La conciencia de los registros fotográficos y planimétricos como el mejor aporte patrimonial que se podía ofrecer rechazó el estereotipo de un piso de vidrio en la cripta destinado a mostrar en vitrina permanente las ruinas del pasado (en este caso éstas se habían ocultado por superposición unas a otras): se consideró que debía predominar la integridad de la capilla por sobre su transformación en museo.
A fin de contener el polvo generado por las faenas hubo que cubrir los espacios de trabajo mediante una estructura de recintos de madera construida dentro de la nave, que creó en efecto un laberinto espacial. Mientras tanto se mantuvo sin interrupción su programa cotidiano de misas.
DEL PROYECTO/ Se extendió una alfombra de mármol blanco amplia y continua sobre el presbiterio, ensanchándolo para aumentar su capacidad; las escaleras de acceso a la cripta se desarrollan enfrentadas y en línea deslizándose bajo esta superficie tersa de modo que tanto arriba como abajo los recorridos procesionales pudiesen desenvolverse fluidamente omitiendo giros innecesarios. El proyecto plantea la relación vinculante de estratos (presbiterio y cripta) como un sistema de niveles referidos al piso de la nave, suerte de nivel de flotación que marcó espacialidades y materialidades diferentes. Hay en una consideración particular de la losa, que dirime por primera vez las relaciones entre el suelo del presbiterio y el cielo raso de la nueva Cripta definiéndola como una membrana de dos caras: un suelo blanco liso y luminoso para el presbiterio, un cielo artesonado sobre la cripta. Una sola pieza maciza de roble, encajada al ras de suelo y ceñida al perfil del cielo como una clave, estableció el vínculo entre estos espacios superpuestos ofreciendo al mismo tiempo un soporte distintivo para la figura de un Cristo. El ingreso lento de esta enorme pieza de roble desde la Plaza de Armas, acarreada a mano por una cuadrilla de trabajadores, recordaba la imagen de un obelisco tosco de madera.
Se propuso utilizar pocos materiales (la propuesta original de un espacio de muros y pisos de basalto, en concordancia con la materialidad del zócalo de la Catedral, fue descartada frente a la preferencia por la tonalidad cálida del travertino de parte de nuestros clientes); se incluyeron piezas macizas de madera recordando la cruz y también los artesonados que alguna vez tuvo la Catedral, en donde fue posible se utilizaron sillares del Cerro Blanco, reciclados del antiguo zócalo del presbiterio y se llevó el detalle hacia su expresión mínima. una luz suave y ojalá no efectista debía iluminar la cripta mientras una mampara de vidrio atenuaría la potencia del sol poniente arriba en el presbiterio, recuperando con esta
nueva luminosidad el cabezal poniente y la conciencia del tamaño de la nave. Para la elaboración del vidrio en la ventana y para la concepción e instalación del altar mayor se convocó a artistas que aportaron experiencias desde sus respectivos oficios. Lo mismo se hizo respecto a las inscripciones y emblemas que fueron encomendadas a diseñadores gráficos. Un Cristo de madera policromada del s. XIII (pacientemente restaurado) y una diminuta Virgen catalana de marfil, ambas de origen románico, debían presidir esta pequeña capilla.
Sólo queda construir los taburetes de madera maciza que ofrecerán reposo en la cripta sin estipular ninguna orientación preferente (orar hacia las lápidas es en este caso una Opción).
La interlocución con el cliente, representado por el deán, el Cabildo Metropolitano, el arzobispo de Santiago y sus asesores, fue intensa y larga pero fructífera. Una vez más la obra de la Catedral fue producto de la paciencia (el proceso desde el concurso que motivó el proyecto hasta la construcción de la obra demoró cinco años). Una óptima relación con la empresa constructora permitió no sólo obtener gran calidad constructiva sino también sortear complejos dilemas técnicos, conjuntamente con el equipo de ingenieros.
Como parte de su destino público, esta obra se confunde en una suerte de anonimato con los innumerables aportes de arquitectos y maestros de obra, que hacen de la iglesia catedral una gran obra coral.

 

Ficha Técnica
CRIPTA CATEDRAL DE SANTIAGO
Arquitecto Rodrigo Pérez de Arce, Patricio Mardones, Sebastián Bianchi
Colaboradores Edmundo Browne, Nicolás Palominos (proyecto y construcción); Cristóbal Dagnino (arqueología); Carolina Portugueis, Erik Tschaikner (concurso)
Ubicación Plaza de Armas 444, Santiago, Chile
Cliente Cabildo Metropolitano de Santiago, déan Damián Acuña
Cálculo estructural Rodríguez y Goldsack Ingenieros Civiles Ltda.
Construcción SALFACORP S.A. Juan Martínez, Gabriel
Campos, ingenieros a cargo
Proyecto eléctrico MEICSA S.A.
Proyecto de iluminación Pascal Chautard, Limarí Light Design
Climatización Greentek Ltda.
Proyecto conservación piezas de arte Andrés Rosales, Museo Chileno de Arte Precolombino
Proyecto diseño gráfico Jaime Reyes, Taller de ediciones Escuela de Arquitectura y Diseño, Pontificia Universidad Católica de Valparaíso
Proyecto arqueológico Pilar Rivas, Ciprés Consultores Ltda.
Vidrios ornamentales ventana poniente Cecilia Martner
Nuevo altar mayor Marcela Correa
Restauración figura Cristo Ana María Luchinni
Revisor Independiente Ximena Vera, IKV consultores Materialidad Nueva Cripta Arzobispal: Estructura de hormigón armado, pavimentos de basalto y mármol de Carrara pulido, lápidas y revestimiento de muros en travertino sin retapar, gradas y vigas de roble pellín macizo, carpinterías metálicas de acero pintado, cielo de hormigón visto
Nueva Cripta Cívica: Estructura de hormigón armado, pavimentos de ladrillo recuperado, lápidas y revestimiento de muros en mármol de Carrara pulido, cielo de hormigón visto
Nuevo Presbiterio: Estructura de hormigón armado, pavimentos y graderías de mármol de Carrara pulido, zócalo de piedra de Cerro Blanco recuperada, podios de roble pellín macizo, carpinterías metálicas de acero pintado
Recuperación muro poniente: Estructura de hormigón armado, pavimentos de baldosa de cemento al líquido, zócalo de piedra roja de Chacabuco, carpinterías metálicas de acero pintado, vidrio transparente texturado al horno, vidrio termopanel, cornisas de raulí
Presupuesto reservado
Superficie terreno 7.680 m2
Superficie construida 202 m2 (Nueva Cripta Arzobispal), 21 m2 (Nueva Cripta cívica), 378 m2 (remodelación presbiterio), 67 m2 (remodelación área muro poniente); 668 m2 (total)
Año proyecto 2001 – 2005
Año construcción 2005 – 2006
Fotografía Cristóbal Palma, Patricio Mardones, Fernando Maldonado, Carlos Ocampo


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