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ARQ (Santiago)

versión On-line ISSN 0717-6996

ARQ (Santiago)  n.69 Santiago ago. 2008

http://dx.doi.org/10.4067/S0717-69962008000200014 

 

ARQ, n. 69 Habitaciones / Dwellings, Santiago, agosto, 2008, p. 74-81.

LECTURAS

Santiago 2010: Un campo de tensiones


José Rosas*
Ricardo Abuauad** ***

* Decano, Facultad de Arquitectura, Diseño y Estudios Urbanos Pontificia Universidad Católica de Chile, Santiago, Chile.
** Director Escuela de Arquitectura, Universidad Diego Portales, Santiago, Chile.
*** Profesor, Escuela de Arquitectura de la Pontificia Universidad Católica de Chile, Santiago, Chile
.


Resumen

Chile se acerca a sus doscientos años de independencia y con ello una serie de iniciativas urbanas se han puesto en marcha. El centro de Santiago es quizás el objeto de mayor experimentación, tanto de proyectos como de investigaciones: su densidad plantea un escenario único de intervenciones que alternan la recuperación de espacios públicos y el repoblamiento.

Palabras clave: Arquitectura-Chile, urbanismo-Chile, bicentenario, renovación urbana, proyectos públicos, Santiago, planes de desarrollo.


Abstract

As Chile approaches two hundred years of independence, a series of urban initiatives have been undertaken. Downtown Santiago is probably the object of the majority of experimentation, projects as well as investigations. Its density presents a unique stage for interventions alternating between the restoration of public spaces and repopulation.

Key words: Architecture-Chile, urbanism-Chile, bicentennial, urban renovation, public projects, Santiago, development plans.



"Habría que renunciar a hablar de la ciudad, a hablar sobre la ciudad, o bien obligarse a hablar de ella del modo más simple del mundo, hablar de ella de forma evidente, familiar. Abandonar toda idea preconcebida. Dejar de pensar en términos muy elaborados, olvidar lo que han dicho los urbanistas y los sociólogos."
(Georges Perec, 2001)

La idea de una ciudad capital que enfrentaría su Bicentenario con renovaciones a gran escala manifiesta ya, a menos de tres años de la celebración, evidentes tensiones entre las expectativas planteadas y la realidad y verdadero alcance de las propuestas en la práctica.
Si la memoria del centenario de 1910 nos refiere a una sociedad más dispar, con menor acceso a bienes y servicios, con una gestión menos institucionalizada, es notable que, en ese escenario, Santiago se dotara de algunos de sus mejores y más emblemáticos edificios, de espacios colectivos de gran calidad y de redes de infraestructura que en su momento representaban el estado del arte en la materia. Ciertamente, y en su conjunto, las operaciones sobre el Santiago del Centenario cambian de forma importante la escala doméstica de la ciudad colonial por otra, inspirada en la grandeur de las ciudades paradigmáticas de la época. Sin alcanzar transformaciones de la envergadura de las realizadas en ellas, Santiago termina siendo una dinámica superposición, con un trazado y redes capaces de enfrentar las mutaciones de los años venideros.
Cien años después, con una institucionalidad más madura y compleja, en la que las competencias técnicas se encuentran fuertemente desarrolladas, los grandes proyectos del Bicentenario se topan, en su mayoría, con fuertes dificultades de materialización. Las propuestas de renovar áreas deterioradas, infraestructuras obsoletas o en desuso, de creación de espacios públicos y de modernización del transporte, que pretendían posicionar a las urbes chilenas (y especialmente a Santiago) en el complejo escenario del marketing urbano, resultaron ser demasiado complejas, demasiado ambiciosas, demasiado necesitadas de un marco económico, institucional o legal que no se encontraba disponible.
Los liderazgos públicos de estos importantes proyectos frecuentemente flaquearon ante las dificultades. Las fórmulas de combinación de capitales privados con administraciones públicas (salvo excepciones) se mostraron insuficientes para propuestas en las que los riesgos, las dificultades técnicas y las tasas de retorno requerían probablemente estrategias distintas. Esos mismos modelos mixtos se mostraron incapaces de absorber, sin mediar mecanismos distintos a los existentes, asuntos que en otros contextos se resuelven con derechos de aire, transferencias de plusvalías, incentivos a la regeneración de tejido patrimonial o definición de áreas prioritarias de intervención.
En este contexto, la ocasión que el Centenario propuso como hito clave en la transformación de Santiago sugiere otra lectura especialmente oportuna a la hora de identificar los orígenes de las actuales tensiones. En ese momento, y a pesar de la existencia de una serie de planes, programas y proyectos(1) de diversa envergadura y alcance, ese Santiago que ve la luz no resulta de una acción unitaria, coherente y estructurada, sino de la puesta en práctica de una serie de parcialidades, asincrónicas en su mayoría, que incluso superan con mucho el plazo de 1910. De ese colectivo, cuya coherencia proviene más bien de compartir referentes comunes y no de la subordinación a un plan mayor, el Santiago de la década del 30 (y probablemente no antes de eso) surge heterogéneo y diverso, pero dotado de lugares notables y nueva infraestructura. Paralelamente, este lapso es también fructífero en ideas de renovación más o menos radicales que, aunque relegados a utopías(2), constituyen sin embargo una buena muestra de las tensiones por identificar la verdadera escala de los cambios que la capital iría a implementar.
Esta idea del Centenario, la de un hito clave en la transformación de la ciudad que visto desde la distancia y presentado como tal aparece como una intervención unitaria pero que en los hechos resulta de iniciativas desfasadas y diferentes, ilustra un camino de entendimiento de lo que el Bicentenario será, no ya en el inminente plazo de fines de esta década, pero al menos en la perspectiva mayor.
Este complejo escenario en el que los grandes proyectos del 2010 demoran su implementación en la búsqueda de la fórmulas de montaje que los hará ambientalmente aptos, financieramente estables, tecnológicamente eficientes, socialmente rentables y ciudadanamente bien percibidos, nos pone frente a una situación que creemos promisoria a la luz de lo mencionado antes, en la que se combinan maneras de enfrentar el destino del Área Central de Santiago de Chile(3) interesantes pero fragmentarias y frecuentemente contrapuestas.
Por un lado, la última década, probablemente por esta misma tensión que el Bicentenario plantea como el deadline en el que una nueva ciudad capital habría debido ver la luz, ha sido especialmente fructífera en reflexiones y estudios que iluminan y revisitan algunas de las ideas a partir de las cuales se ha pensado y proyectado la ciudad, renovándolas. Por otro, una serie de proyectos, de diversa envergadura y alcance, realizados o en proceso, han transformado ya de facto (aunque sin una visión de conjunto) significativas porciones del casco histórico. Por último, se superponen en la actualidad procesos de planificación de diverso tipo sobre este mismo territorio.(4)
A este respecto, es necesario destacar ciertas iniciativas que de alguna manera han actuado para los autores de este artículo como antecedentes directos, en la medida en que han constituido no sólo experiencias significativas en el área de estudio sino inmersiones directas en la temática que aquí se aborda: por un lado, el proyecto de investigación acerca de región central y clusters tecnológicos que en el marco de un Fondecyt han llevado a cabo un grupo de académicos liderados por José Rosas(5); la tesis de Magíster de Juan Pablo Blanco sobre Economía del conocimiento y transformación urbana(6); la investigación realizada sobre el Barrio Universitario PUC-UCH(7); y, por último, el conjunto de acciones que se han realizado en torno al proyecto de Barrio Universitario de Santiago, en el que Ricardo Abuauad ha sido actor e interlocutor.(8)
Así, hemos pretendido imaginar el ACSCL que resulta de estas experiencias superpuestas, intentando arrojar luz sobre ciertos fenómenos que pueden resultar clarificadores de un camino de acción. Por último, este artículo pretende reconocer algunas paradojas y persistencias en la visualización de esta área central, y que han tenido importantes consecuencias tanto en la acción concreta sobre ella como en su misma capacidad de recoger estas intervenciones.

Consecuentemente con lo expresado, podríamos afirmar que existe un descalce entre la realidad de los hechos urbanos y la interpretación o representación del fenómeno observado, sus matices, riqueza y complejidades.
En efecto, la prevalencia del plano y la abstracción de éste como instrumento de representación e investigación disciplinar de la ciudad moderna (y naturalmente la necesidad de reducción escalar que el tamaño y dimensión del fenómeno exige), traducen a una figura única un conjunto de piezas que más bien conforman un puzzle o patchwork, contribuyendo con ello a una geometrización del proceso y a una simplificación de una estructura que es discontinua y episódica. La abstracción que impuso el plano, reduciendo la complejidad del hecho urbano y la diversidad de operaciones a una cartografía que objetiva la realidad observada, también introdujo la compresión del fenómeno urbano y una noción homogénea del espacio.
En este contexto, la fábrica urbana del ACSCL queda delimitada geográficamente por el río Mapocho al norte y el Zanjón de la Aguada al sur, y funcionalmente por la red de ferrocarriles de circunvalación establecida en el plan de Benjamín Vicuña Mackenna, geometría que en su conjunto tiende a ser representado como un anillo.
El ACSCL sería, a partir de entonces, expresada con más claridad por aquello que se encuentra contenido al interior de un límite que por su conjunto de características especiales y diferenciadas que evidencian notables variantes al interior de la misma.
La figura anular introduce no sólo una noción de violento límite entre el interior contenido en esta superficie, y el exterior de este perímetro, sino que este cinturón o cinta continua es vista como una sola y única entidad. En estricto rigor, un análisis más micro urbanístico confirma la idea contraria, incluso si consideramos la continuidad sistémica del ferrocarril, con sus ramales, desvíos y estaciones.
El anillo es una entrezona constituida por una sucesión de partes que no tienen continuidad ni relaciones entre sí, y que más bien construyen unas zonas de transición o articulación entre el interior y el exterior de ésta, diferenciándose claramente los corredores biológicos de los cauces de agua de los corredores de transporte.
En este contexto, la marca de dos trazados longitudinales en el sentido cardinal, vale decir los ejes norte-sur y oriente-poniente que atraviesan interiormente esta área, no son secuencias espaciales compuestas sino espacios lineales y alveolares, fragmentarios. Estos espacios que se adhieren como racimos al sistema de infraestructura de desplazamientos tienen también una correspondencia funcional, en la medida en que con frecuencia se presenta en ellos la lógica de clusters(9), con una centralidad y redes propias que acentúan esta lectura heterogénea del sistema urbano. Ellos, los clusters, generan conectividades de intensidades variables difíciles de representar y que por lo tanto vienen a complejizar la percepción obtenida sólo de la impresión bidimensional.
A pesar de estas evidencias, se sigue reforzando el descalce entre la realidad de los hechos y la representación, una frecuente visión de esta área como un conjunto dividido en cuatro cuadrantes, y la consideración de estos subconjuntos como áreas homogéneas. En efecto, las dos vías que conforman la cruz de la que estos cuadrantes se desprenden (sumando al límite exterior del anillo un límite interior) responden a dos situaciones diferentes que difícilmente permiten ponerlas en la igualdad de condiciones que una lectura de cuadrantes requiere. Mientras una de ellas se presenta en este tramo como autopista expresa en trinchera, cuyo vínculo con el tejido urbano se da por las caleteras (y ciertamente por el efecto de corte), la otra (la Alameda) constituye ciertamente el eje articulador de la ciudad, no sólo en el sentido morfológico sino, sobretodo, en el semiológico y simbólico.
Derivado de lo anterior, la representación de la ciudad es vista como una gradiente de centralidades geométricas, fomentando un entendimiento de la estructura urbana jerárquica y piramidal, no obstante constatarse diversos centros de gravedad y una gran cantidad de zonas o piezas con diferentes niveles de centralidad y densidad territorial.
Si nos quedamos con la figura espacial que la representación moderna de la ciudad central registra, incluida toda la cartografía referida a esfuerzos de planificación urbana y racionalidad técnica en este territorio, es fácil notar en ella la carencia de una imagen celebratoria. No obstante ello, esta imagen celebratoria estaría configurada por una lectura cruzada de al menos cuatro planos sinópticos: uno referido a Programas y políticas urbanas, así como a propuestas normativas; otro a proyectos y obras; uno al desarrollo inmobiliario y de mercado y un último referido a estudios e investigaciones, todos los cuales revelan un proceso de carácter territorial que se produce en formas de "clusters" diversos, como consecuencia de la interacción de agentes sociales, políticas públicas e inversiones privadas concentradas en ésta área central.
En este marco, la búsqueda del gran proyecto del bicentenario y sus consecuentes dificultades de implementación, ha tenido, en gran medida, su origen en esta distancia que ha separado los hechos urbanos y la necesidad de comprensión de los fenómenos complejos involucrados, apoyada ésta última como lo ha estado en la representación icónica (inevitablemente simplificada) de la realidad y de las hipótesis de trabajo.
Una buena parte de este descalce puede ser explicado por tres paradojas presentes en la discusión urbana de Santiago, la que a nuestro juicio ha impedido visualizar y aquilatar la escala y carácter de las intervenciones que allí se registran y que son confirmadas por las cartografías que se adjuntan.

Hasta el s. XIX, incluida la primera década del s. XX, Santiago como ciudad premoderna ocupaba un territorio cuya superficie era abarcable a través de la experiencia. De hecho, la relación entre la vivienda, la manzana o unidad de relleno, el barrio y el área denominada ciudad, eran o formaban parte de una misma estructura urbana de relaciones entre las personas que allí habitaban y los lugares.
No obstante ello, la unidad del conjunto en términos de narrativa, experiencia y usabilidad de los individuos en el espacio, no estaban en contradicción con la diferenciación de las partes que constituían el todo.
La fragmentación, dispersión y multiplicación de hechos por tanto era constitutiva de la condición interior de este conjunto y no por ello estaba opuesta a la unidad del área.
Sin embargo, el fuerte crecimiento que la ciudad experimenta a partir de este momento, introducirá una mutación muy significativa en la percepción y abarcabilidad de la realidad urbana, consecuencia de la extensión que la organización moderna requiere para albergar nuevas funciones, impulsando, por una parte, aún más la fragmentación y zonificación de las actividades en el espacio, y por otra la abstracción de la ciudad como concepto, dada la realidad centrífuga que evidencia el conjunto.
En efecto, la visión desde lo alto se hace necesaria para comprender plenamente la ciudad. A tales efectos, los instrumentos de representación de esa realidad (el plano, los panoramas o las aerofotografías que permiten los vuelos aéreos) traducen y fijan la observación y el estado del fenómeno urbano a una unidad escalar que reduce y miniaturiza una entidad compleja y extensa, e introducen al mismo tiempo la noción de uniformidad.
En cierta medida, la fijación y estabilización en un plano, obvia la transitoriedad de las relaciones entre espacios y personas, al tiempo que es reductora de la diversidad de situaciones a un universo homogéneo e indiferenciado en sus relieves y estratos.
La consecuencia de esta tendencia será representar la forma de la ciudad y su transformación en un concepto o esquema general que, por simplificado y abstracto, hace desaparecer las partes, piezas y episodios notables, pero también borra o diluye los conflictos, discontinuidades y accidentes, y con ello las relaciones de los lugares con la historia.
En este proceso queda instalada en la memoria colectiva una fisonomía que no es explicativa ni concordante con la realidad observable, ni se registran con minuciosidad los matices del tejido urbano y la rica gama de elementos intermedios de la trama y urdimbre del total.

Este asunto aparece como especialmente relevante al momento, avanzado ya el s. XX, a partir del cual aquello que en los siglos anteriores constituía la ciudad como tal pasa a conformar sólo el área central de la misma, que se extiende bajo modelos, lenguajes urbanos y lógicas nuevas. Si, como señala Wagensberg (2004),"la forma de un objeto es una propiedad de la superficie frontera que separa su interior de su exterior", podríamos afirmar que la forma del ACSCL queda plenamente fijada cuando el trazado ortogonal fundacional alcanzó -hacia el último cuarto de s. XIX- un tamaño cuya magnitud en el sentido norte sur estuvo delimitada por los dos corredores o sistemas eco-paisajísticos ya mencionados, en simultáneo con las barreras que introdujo el trazado y la construcción del sistema ferroviario hacia el oriente y el poniente del valle, enlazando todo este perímetro con el entorno, y que a la vez, lo encierra.
En ese punto de quiebre de la historia de la representación de la ciudad, y justamente por la abstracción a la que se hace referencia en los párrafos anteriores, los sutiles matices que diferenciaban los distintos sectores al interior de lo que a partir de entonces representaría el centro de la ciudad tienden a quedar opacados ante el evidente contraste entre este mismo centro (con todas sus variantes) y los nuevos modelos urbanos en los que la periferia de Santiago encontraba referentes. Así, en ese progresivo proceso de abstracción que la representación de la ciudad requiere en la medida en que lo representado se hace más grande, más complejo y menos unitario, ciertos principios básicos de la urbanización central pasan a conformar una suerte de arquetipo por contraste en el imaginario santiaguino, anulando, al menos en esta visión abstracta de conjunto que difiere de la experiencia de la ciudad, varias de las sutilezas que lo hacen especialmente valioso.
Dicho en otras palabras, la estabilidad de forma que el ACSCL alcanza hacia finales de siglo, otorgando comprensión y legibilidad hasta el día de hoy a todo aquello que está inmerso en su superficie, es el lento resultado de diferentes conexiones acaecidas en el tiempo en un mismo territorio, y consecuencia de conceptos y acciones contrapuestas que la sustentan.
Sin embargo cabe precisar que la tendencia registrada desde el trazado originario de la ciudad de Santiago hacia 1541 y la propiedad superficial que este trazado alcanza hacia comienzos del s. XX al quedar confinado por el llamado cinturón de hierro, que impulsó el Intendente Benjamín Vicuña Mackenna, no sólo aumentó la separación entre este interior y el exterior, sino que favoreció la conectividad entre sus fronteras en específicos puntos de su estructura.
En efecto, el intercambio focalizado de relaciones del ACSCL con el exterior del territorio, que al mismo tiempo sirven al interior de esta organización, al no maximizar sus conexiones interior exterior en todo su perímetro de contactos, dada la naturaleza violenta que impone el sistema de movimiento ferroviario a dichos bordes, acentuó paradójicamente la regeneración urbana de este espacio interior y, en consecuencia, la densificación e intensidad de usos en éste.
Así, y más por contraste que por verdadera evidencia, el ACSCL representa, tanto en la planimetría como en el imaginario, el modelo de ciudad densa, compacta, de fachada continua, con predominio de lleno sobre el vacío, mixto en usos y con animación urbana. Sus accidentes, sus variantes y sus contrastes se diluyen al interior de un perímetro homogeneizante. En este contexto, todo lo que quedaba fuera de esta figura establecida, tanto por las condiciones topográficas e hidrográficas heredadas de base como por los desarrollos morfológico-funcionales registrados en más de trescientos cincuenta años de historia sobre una estructura regular de calles y manzanas, podían considerarse como una otra ciudad.
De hecho la superficie contenida en esta figura se desarrollará sobre el patrón del trazado de cuadrícula, y a diferencia de ésta forma de crecimiento, más homogeneizadora, los suburbios se desarrollarán a partir de la descomposición del suelo rural y la lógica de estas propiedades, impulsando no sólo el recorte de polígonos o barrios diferenciados que se agregan sin mayor continuidad a los corredores emergidos desde el interior del ACSCL, sino un crecimiento diferenciado entre ciudad tradicional y centro, y ciudad nueva y periferias.
De este modo, ya hacia 1890, el proceso de sub-urbanización con nuevas viviendas evidencia una diferenciación que acentuará esta oposición entre ciudad central y periferias. En efecto, según la localización geográfica se registran por una parte intervenciones que se desarrollan fuera del camino de cintura, específicamente destinadas a la clase obrera y, por otra, las que ocurren con la densificación del interior de las manzanas, dando origen a los llamados cités o conventillos (Gross, 1988).

Una tercera paradoja es aquella que se produce en el descalce entre permanencia y fijación que introduce el plano o mapa de la ciudad, y los procesos de transformación y desplazamientos que manifiesta la morfogénesis de la organización urbana en sus desarrollos.
Como es sabido, las ciudades dotadas de lo que se denominan redes técnicas urbanas, han tenido como efecto directo la transformación de la cuadrícula a una retícula.
La persistencia de la cuadrícula como soporte infraestructural y matriz geométrica en la ideación, construcción y representación de la ciudad, ha introducido una noción de isotropía en un territorio que tiene en la realidad una forma de homeostasis.(Johnson, 2003)
Una evidencia que confirma esta geometrización es la aerofotogrametría, donde se cuadriculan por planchetas las diferentes zonas de la ciudad y la trasladan a esta grilla de referencia cartesiana. En la misma línea podríamos referir las guías de la ciudad, los mapcity y los planos de los transportes subterráneos y de superficie.
Esta geometrización del territorio en simultáneo con una ya cuadriculada estructura urbana desarrollada a partir de un sistema ortogonal de calles corredor y unidades de relleno denominadas manzanas, indiferentemente colocadas en el espacio, predisponen una lectura de ésta como una estructura uniforme y homogénea.
Sin embargo, sabemos que en la realidad micro urbanística, dadas las fluctuaciones en los usos y las movilidades, transitoriedades y naturaleza cambiante de las actividades en el uso del tiempo y el espacio, lo que se registra es una estructura urbana compuesta de diversos sistemas y matices en la configuración de las intensidades y densidades que allí acaecen.
Es más, la adscripción de una retícula tecnológica de nuevas infraestructuras en la grilla o malla ortogonal, alteró sin lugar a dudas las redes sociales e introdujo la fluidez de éstas, transformando el espacio y aumentando localizaciones diferenciadas con equivalentes niveles de jerarquía (heterarquía) y centralidad.
La representación de unos sistemas en el espacio introduce una noción de relaciones y conexiones entre diferentes partes de la malla y permite configurar lugares que no se explican en sí mismos sino en la interacción que existe entre ellos, posibilitando que los fragmentos dejen de ser estáticos.
Posiblemente el ejemplo más evidente de lo que se acaba de explicar sean los clusters mencionados antes, en los que las relaciones que se establecen alteran y dificultan la representación, agregando a la grilla variables de interdependencia funcional, tridimensionales por esencia. Teniendo como base los clusters económicos, es posible reconocer también en el ACSCL otros ciertamente igual de significativos (los clusters políticos o los universitarios, por poner dos ejemplos), especialmente caracterizadores del área en estudio, y que dotan de una especificidad única al proceso de innovación en el territorio.

Probablemente, y como se ha sugerido al iniciar este artículo, la transformación de Santiago que tendrá lugar con la excusa del Bicentenario no será el resultado de la aplicación de aquel plan mayor, coherente, unitario e icónico que frecuentemente emerge de las expectativas que generan varias de las paradojas entre las maneras disciplinares e históricas de entender nuestra realidad urbana y la realidad misma. Esta transformación surgirá de la concurrencia de un abanico de intervenciones, acciones y reflexiones aisladas, en intervalos de tiempos distintos y que provienen de entidades diferentes. Como en el Centenario, la capital resultante sólo podrá ser entendida y analizada como totalidad luego de que ellas, en los años venideros, se concreten e integren entre sí y a la fábrica urbana anterior.
La imagen de un proyecto unitario y coherente con frecuencia resulta central en la discusión especializada de transformaciones urbanas, analizadas no sólo sus variables morfológico-espaciales sino también las de gestión (con la pretensión de que no es sólo el resultado el que merece atención sino también la claridad del proceso). Esto de alguna manera reenvía a la noción de proyecto autoral, asunto que posiblemente esté reñido con el escenario intenso de debate que acompaña a grandes celebraciones como la del Bicentenario. Ellas, las transformaciones en las que es posible identificar un origen claro, una imagen más a menos coherente, un plazo acotado y una entidad responsable (Brünner, Parroquia, Echenique, por citar ejemplos), se contrapondrían en esta lógica a lo ocurrido en el Centenario (y posiblemente en el Bicentenario también) en las que la operación tendría una dinámica, por llamarla de alguna manera, coral. En este contexto, una cuenta inclusiva de los eventos en curso sobre el ACSCL sería de significativo interés de manera de previsualizar algo del resultado integrado de estas iniciativas.
Por último, un intento por visualizar estas acciones (las existentes y las potenciales) superpuestas unas sobre otras en el casco histórico de la capital permitiría la noción de un proyecto Bicentenario que resultara de la mejor vinculación entre ellas, de la articulación de este panorama de origen diverso y frecuentemente espontáneo. Si en efecto la idea de un proyecto difuso en localización, múltiple en autoría, diverso en estrategia y desfasado en el tiempo sí resulta posible de implementar, el Bicentenario aún podría encontrar a la capital transformada y apta para encarar un nuevo horizonte en los próximos años.
Sin lugar a dudas hay algo reconfortante en esta plataforma de intervenciones que registra el ACSCL, ya que incluso nosotros al escribir este artículo, estamos sorprendidos de los escenarios que están emergiendo de las diferentes cartografías que revelan algo mayor que la mera agregación de las partes, aún sin la existencia de un plan único, e incluso teniendo la certeza que se ha desvanecido la anhelada imagen celebratoria fijada en una propuesta de construcción de la ciudad central basada en grandes proyectos.

Notas
1. Muestra de ello son los conjuntos de vivienda de la beneficencia católica y los conjuntos de vivienda de la ley de habitaciones obreras estudiadas por Rodrigo Hidalgo, "Vivienda social y espacio urbano en Santiago de Chile. Una mirada retrospectiva a la acción del Estado en las primeras décadas del Siglo XX". EURE, v.28 n.83, Instituto de Estudios Urbanos P.U.C., Santiago, 2002. Como hitos relevantes en materia de infraestructura urbana pueden mencionarse, entre otros, en 1904, el plano de pavimentos autorizados por la Municipalidad de Santiago; 1905, el proyecto definitivo de agua potable de Batignolles Fould; en 1906, el plano de alcantarillado de Batignolles Fould; 1918, plano de redes eléctricas y alumbrado; y la incorporación del tranvía..
2. Las propuestas para modificar el trazado de cuadrícula de Santiago, que ya se habían hecho presentes a fines del s. XIX preparando el camino para una gran transformación urbana en el Centenario, encontraron en el proyecto de Batignolles Fould un importante obstáculo al confirmar y regularizar éste el plan fundacional, como ha sido tratado en el trabajo de Pérez, Rosas y Valenzuela, "Las Aguas del Centenario", Revista ARQ Nº 60 Arquitectura de infraestructura. Ediciones ARQ, Santiago, julio de 2005. Algunas de estas propuestas son, en 1894, el proyecto de ensanche de Manuel Concha, que incorpora diagonales que unen puntos jerárquicos de la ciudad; en 1913, el proyecto de transformación de Santiago de Ernest Coxhead; en 1909, la colonia lineal agrícola a los baños de Apoquindo, de Carlos Carvajal Miranda; en 1912, la ciudad lineal propuesta para el centenario por Carlos Carvajal Miranda; en 1912, el proyecto de transformación de Santiago propuesto por Carlos Carvajal que combina Avenida del Centenario con diagonales; también en 1912, el proyecto de transformación de la Comisión Parlamentaria, que incluía una circunvalación, diagonales, estaciones de ferrocarril como nuevos focos de centralidad, eje Norte Sur y ensanche de parques; e incluso, aunque más tardío, en 1924 el Proyecto de transformación de Santiago, de Carlos Pinto Durán, que incorpora cinturón forestal separando el centro de las nuevas zonas industriales.
3. En adelante ACSCL.
4. Las cartografías que se adjuntan intentan poner en evidencia estas iniciativas, y el ACSCL que resultaría de superponerlas. Sin pretensiones de agotar el universo de pensamiento y proyecto sobre el área, la inclusión de ellas parece bastar para configurar una nueva idea de proyecto urbano, estableciendo una plataforma articulada en la que podrían registrarse en el futuro nuevos datos.
5. Proyecto Fondecyt N° 1060543 "Competitividad, Innovación y Territorio. El rol de las regiones centrales en el desarrollo de clusters tecnológicos" (2006 – 2007) liderado por el investigador José Rosas Vera y los coinvestigadores Carlos de Mattos, Jonathan Barton y Lorena Farías (investigación perteneciente al Instituto de Estudios Urbanos y territoriales, FADEU, PUC).
6. Blanco, Juan Pablo "Economía del Conocimiento y Tejido Urbano en transformación. Normativa 3i: una alternativa de regeneración productiva en el área central de Santiago". Profesor guía José Rosas. Tesis para optar al grado de Arquitecto y Magíster en Arquitectura, FADEU, PUC.
7. Seminario de Investigación en la Escuela de Arquitectura, FADEU, PUC durante el segundo semestre del 2007 sobre el campus urbano abierto conformado por la Casa Central de la Universidad Católica y el campus cercano de la Universidad de Chile en el ACSCL, y que contó con Ricardo Abuauad como profesor y Juan Sebastián Espejo como ayudante. Como antecedente previo, se cuentan varios textos del académico Gustavo Munizaga sobre el particular.
8. Se denomina Barrio Universitario de Santiago a un área en el cuadrante sur poniente del ACSCL, en la que se encuentran una serie de centros de formación superior; reúne una gran población flotante además de los residentes, y para administrarla se ha conformado una corporación entre los Municipios y las Universidades. Dentro de las iniciativas consideradas pueden contarse, entre otras, las investigaciones llevadas adelante por los académicos Gustavo Munizaga y equipo y María Inés Arribas y equipo (concurso de investigación UDP); las obras de mejora del espacio público del barrio, a cargo de la Corporación, dirigida por Pelayo Covarrubias, con la participación, entre otras, de la Universidad Diego Portales; el Plan de Infraestructura de la Universidad Diego Portales, con Mathias Klotz como asesor, y que contó con Ricardo Abuauad como uno de los arquitectos proyectistas; varios talleres de Arquitectura en la Universidad Diego Portales sobre el tema; y el seminario de Investigación en el primer semestre del 2007 en la Escuela de Arquitectura de la puc sobre el Bus, con Ricardo Abuauad como profesor y Javier Vergara como adjunto.
9. Cluster es un término inglés que se aplica en diversas áreas del conocimiento. La traducción literal al castellano es racimo o grupo. Un cluster en el mundo industrial, como lo define Porter (1990) es una "concentración de empresas relacionadas entre sí, en una zona geográfica relativamente definida, de modo de conformar en sí misma un polo productivo especializado con ventajas competitiva".

Referentes
Gross, Patricio. "La vivienda social hasta 1950". Separata revista CA. Documento reseña de la vivienda social en Chile, Colegio de Arquitectos de Chile, Santiago, 1988.         [ Links ]
Porter, Michael. The competitive advantage of nations. Free Press, Nueva York, 1990.         [ Links ]
Perec, Georges. Especies de Espacios. Editorial Montesinos, Barcelona, 2001.         [ Links ]
Johnson, Steven. Sistemas emergentes. O que tienen en común hormigas, neuronas, ciudades y software. Turner. Fondo de cultura económica. Octubre de 2003.         [ Links ]
Wagensberg, Jorge. La rebelión de las formas. Tusquets Editores, Colección Metatemas, Barcelona, 2004.
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