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ARQ (Santiago)

versión On-line ISSN 0717-6996

ARQ (Santiago)  n.70 Santiago dic. 2008

http://dx.doi.org/10.4067/S0717-69962008000300004 

 

ARQ, n. 70 Arte / Arquitectura - Art / Architecture, Santiago, diciembre, 2008, p. 19-21.

Notes English

LECTURAS

Para una nueva abstracción(1)

José Cruz Ovalle *

* Arquitecto independiente, Santiago, Chile


Resumen

Para José Cruz, la arquitectura constituye una toma de posición que es capaz de medirse con las palabras. Una nueva abstracción orienta su campo de trabajo que se sitúa entre el arte –concretamente la escultura- y la arquitectura. Materiales, formas constructivas y relaciones espaciales se alternan como huellas de un proceso de reflexión creativa.

Palabras clave: Escultura, oficio, abstracción, técnica, representación, vanguardia.


 

I / Es posible que algunos arquitectos hayan tenido una experiencia en común: la de esa persona que acude a encargar una obra y lleva recortes de revistas con distintos rincones o fragmentos. Es que puede ver partes más no el total. Pues la totalidad supone ver relaciones. Desde las partes se puede alcanzar lo completo pero no lo íntegro que supone una totalidad como requiere una obra de arquitectura. Lo íntegro se alcanza con la simultaneidad de varias dimensiones, en cambio lo completo se obtiene por la mera suma de sus partes. Es un asunto de grados en la elaboración del pensamiento.
La arquitectura podría concebir su tamaño habitable como desprendimiento del cielo abierto. Totalidad inalcanzable. Mirar tal cosa es simplemente un modo de orientarse -creativamente hablando- mediante la invención de lo que podría ser una suerte de lejanía topológica. Pues toda orientación requiere de algún punto en la lejanía. Pero aquello que pueda ser el tamaño habitable, la totalidad, o la lejanía, así como lo íntegro o lo completo, son asuntos que cada obra disputa a su modo, ya que a la arquitectura no le es dado pensar desde la generalidad como a la filosofía, sino a partir de casos únicos.
Lo anterior puede ser ese paso previo para introducir lo que se entiende por abstracción: un camino que requiere de un lenguaje que no generaliza, pues cada oficio necesita su propia palabra, cosa hoy perdida, pues el habla se ha vuelto homogénea. Se supone que la palabra es trasladable desde y hacia cualquier ámbito, y que el pensamiento filosófico o científico es directamente utilizable. Se trata ciertamente de la construcción de una utopía: la utopía del acceso inmediato. Esta traslación directa del lenguaje, conlleva -por así decirlo- un quantum analógico que confiere al razonamiento un primer grado de figuración que le impide abrirse a lo que intenta pensar.(2)
Es necesario precisar que figuración y abstracción no se entienden como opciones diferentes, pero equivalentes, sino como grados distintos de elaboración del pensamiento; asunto evidente si atendemos a que desde la figuración no es posible comprender la abstracción en cambio esta última abarca -por decirlo así- a la primera. Abstracción y figuración no son términos absolutos y homogéneos sino graduaciones que van desde lo más elemental, como puede ser una noción que se endereza desde la representación literal de una determinada realidad, hasta aquella elaboración capaz de constituirse, por sí misma, en presencia de una realidad otra.
Pureza del espacio y simplicidad de la forma, acompañada por la neutralidad de la materia y la geometría de figuras elementales, son representaciones figurativas de la abstracción, que provienen de una mirada, sobre ciertas obras de la vanguardia artística del s. XX, que ve la forma como pura generación.
Por cierto, la arquitectura actual entiende la generación como origen; más que estar urgida (ungida?) por la forma lo está por la posibilidad. Esto impide advertir que aquellas formas fueron el paso necesario para construir la obra como pura presencia. Por vez primera la trascendencia artística de una obra tiene lugar como perfección de su propia inmanencia; la obra canta la presencia de lo que está allí, ante nuestros ojos, sin remitirnos a lo que está fuera, más allá, mediante su representación. La abstracción abrió con esto un cambio radical: liberó al ojo de ese previo representar que antecede a la primera mirada.
Ni las formas elementales ni la neutralidad de la materia en la búsqueda de una pureza tienen hoy relación con la abstracción. Desde la proposición por recoger y elaborar las múltiples dimensiones del acontecer, puede entenderse que una obra de arquitectura se inicie con la concepción de un tamaño habitable que desprendido del cielo abierto se encuentra con la extensión, primera luz que le da medida y orientación(3). Después podrá venir el espaciamiento del vacío interno que busca sus límites… pero eso ya requiere de una mirada de cada obra para no generalizar, pues esta abstracción cuida no entrar en generalidades.
II / El paso decisivo consiste para Malevitch en abandonar el objeto para borrar con su ausencia todo vestigio de representación de la realidad exterior, pero también cualquier intención direccionada hacia un objetivo: la inobjetividad, como aquella ausencia que podría abrir la pintura a una abstracción total, manifestación de la nada liberada, pura presencia.(4)
Ciertamente, el intento de concebir una obra tiende a asirse a un representar y en este sentido es el objeto quien se nos aproxima desde su condición de atrapabilidad. No miramos ya el objeto al modo de Malevitch; más que la inobjetividad como principio para crear libre de finalidades objetivas, se trata de la ausencia de objeto planteada para un desprendimiento en el inicio.
Es que el objeto, en virtud de su conclusividad, lleva consigo una potencia de tematización que anticipa una representación a lo que se intenta concebir: una imagen. Podría ser la de edificio, en el caso de una obra de arquitectura; la de escultura, en el caso de una forma de investigación del espacio, o la de cuadro en el caso de una pintura.(5)
Tal representación situada en su inicio es, de suyo, una generalidad, en cambio la realidad de cada obra la abre a una singularidad. A diferencia de Malevitch y la vanguardia no vamos ya en esa abstracción de la generalidad sino en esta de la singularidad.
Una nueva abstracción en el sentido que admite grados, no de aquella abstracción universal propuesta por las vanguardias que se encaminaba hacia su consumación en la idea de una totalidad única al modo de esa ciudad que veía el Neoplasticismo.(6)
Visión de la nueva polis que avanzaba a su cumplimiento como destino final del arte, el que podría integrarse finalmente a la vida de un hombre nuevo.(7)
La creación artística iba, así, inscrita en una temporalidad direccionada hacia un designio; sin embargo, para nuestra mirada, el arte no se inserta en una dirección como desenvolvimiento histórico sino en un múltiple presente.
Ese canto del arte a la peripecia del progreso y la belleza de la unidad de todos en la construcción del mundo era, ciertamente, razón para el arte pero no su origen: un trasfondo social pero no propiamente artístico.(8)
Es que para dar origen al arte se requiere de un acto. Este dice que no se lo concibe ya como arte en su generalidad, sino desde cada obra, lo que supone un nuevo comienzo en el acto radical del desprendimiento: ese volver cada vez al inicio. Esto es ir en la singularidad de los casos únicos, no generalizables y que constituyen la real autonomía de la obra. A diferencia de Malevitch lo radical es este nuevo inicio cada vez y no aquel de una vez para todas.(9)
El objeto y la objetividad suponen para Malevitch la imposibilidad de un punto cero –nada liberada- como estado de pureza desde el cual comenzar el arte a partir de una verdad inobjetiva universal. Pero aquí se trata de preguntarse por aquella dimensión del objeto que cierra esta abstracción propuesta. Lo propio del objeto es de suyo lo finiquitado, que como tal no admite hiato o abertura en su propio finiquito.(10)
Para la vanguardia, en su temporalidad de progreso no hay lugar para pensar la diferencia entre finiquito y conclusividad artística. En tal sentido no se abre ningún hiato o rasgadura en el interior de la obra. Ellos van dentro de ese movimiento que avanza en la construcción del mundo y pueden ser dueños de la totalidad en la seguridad de sus razones. De la totalidad de ese logro con el que se piensa la obra.(11)
En este sentido la técnica carece de hiato porque la conclusividad técnica es de suyo finiquito fáctico. No da cabida a que lo ilimitado de una obra tenga ciertamente un límite. Porque la técnica como dominio puro, hace imposible en su propia esencia una inconclusividad fáctica.(12)
Desde el punto de vista del arte, una obra, a diferencia de un objeto, es ilimitada porque no puede agotar aquello que acomete(13). Pero en razón de que lo ilimitado es inalcanzable, su límite no termina de cerrarla, dejando este hiato o abertura.
La confianza en la técnica nace de pensar que ésta puede agotar lo que acomete. Ciertamente puede cerrarlo pero no lo agota, pues no pone un límite a lo ilimitado sino que construye lo limitado mismo.
El abandono de la abstracción universal por su concepción totalizante, hizo girar el arte desde la libertad de formas, conquistada por la vanguardia, a la libertad de acción; aquella del artista, que puede volverse dueño del acto creador. Un giro que va desde la obra a la persona del artista.
Pero esta nueva abstracción propone, así, otro giro diferente: uno que sucede al interior de la obra misma.


Notas

1. Ensayo introductorio del libro José Cruz Ovalle. Hacia una nueva abstracción (2004).

2. Tratándose de la arquitectura y de la escultura, debe tenerse presente que la palabra no es determinable como en la filosofía en la que significado y sentido coinciden. Por lo tanto, introducir en un escrito el sentido de la abstracción propuesta, sin aludir a la experiencia de cada caso, ocasiona la pérdida de una dimensión fundamental.
3. Mediante la abstracción es posible encontrarse con la extensión como dimensión del quehacer arquitectónico, abierta por Amereida y por el pensamiento de la Escuela de Arquitectura de Valparaíso.
4. “He alcanzado en el vasto espacio del reposo cósmico, el albo mundo de la ausencia de objeto que es la manifestación de la nada liberada”. (...) “El arte abandona su concepción objetiva de la realidad y con ello llega a la verdadera nada liberada, a la inobjetividad”. Las palabras de Malevitch en este escrito se deslizan hacia el plano de la significación, tal vez, sin el contrapeso suficiente para tocar su real sentido, el que solo puede alcanzarse en una mirada que abarque la peripecia artística en que se inserta su obra. Es que en un filósofo el lenguaje es, en sí mismo, la obra, en cuanto construcción de su propia filosofía, pero en el caso de un pintor la obra es su pintura; el lenguaje, la escritura, alcanza su dimensión referido a la pintura y no puede mirarse aisladamente.
5. Que una obra de arquitectura pueda nombrarse finalmente como edificio o una determinada investigación del espacio escultura, resulta en este sentido indiferente: la obra ya existe y su realidad desborda ciertamente la generalidad de un nombre que no es más que una convención del lenguaje. Pero que la palabra esté al inicio, supone que ella encierra la representación previa de lo que se acomete.
6. La finalidad concluye una generalidad que la acoge: una visión totalizante que se dice a sí misma que solo siendo totalizante es visión.
7. ¡Viva la Ou Nov Is que crea y afirma lo nuevo en el mundo!”, son las palabras finales del manifiesto del Suprematista. Un arte que pasa a la ciudad, a la vida política y pública, como planteaba el escultor vasco Jorge Oteíza, heredero de la vanguardia. Final y finalidad del arte en aquel momento en que cesa la actividad del artista para que sus conquistas pasen a los demás (haciendo un nuevo hombre, espiritual y políticamente transformado por el arte).
8. “¡Viva el sistema unido de la arquitectura mundial de la tierra!” puede leerse en el manifiesto suprematista.
9. Origen como acto radical propio para el arte es, en este caso, aquel que recompone el pensamiento en cada obra, pues no se parte de una generalidad -de un punto cero como ley general “de una vez para todas”- sino de casos únicos no generalizables. “Volver a no saber” habían dicho el poeta Godofredo Iommi y el arquitecto Alberto Cruz. Cada obra inaugura de este modo un nuevo tiempo, para situarnos, así, en ese múltiple presente y no en el transcurso de un desenvolvimiento histórico. Es que esta abstracción supone pasar desde el transcurso a la simultaneidad.
10. Lo finiquitado del objeto y su homogeneidad es visible hoy en el diseño y su relación con la arquitectura cuyos términos se han invertido. Se diseña una obra, en tanto esta puede iniciarse y apoyarse en el diseño -en su condición de finiquito fáctico-, esto le confiere la homogeneidad de un objeto; por cierto, de gran tamaño.
11. Nuestra civilización piensa las obras como un logro, porque en ella el logro es una realidad cierta. Es un asunto que radica en la interna positividad
de la ciencia y de la técnica.
12. La arquitectura en su dar casa abre lugar a que la técnica entre a precisar. Pero actualmente estos términos suelen invertirse, es la técnica la que da lugar a la arquitectura. El diseño, que pertenece de suyo al objeto es, entonces, el que genera una obra.
13. Ni la arquitectura ni el arte pueden agotar su propia realidad. Malevitch, al igual que la vanguardia, pensó que el arte podía agotar su propio decir.

 

Referentes
Crispiani, Alejandro y Elizabeth Bennett, editores. José Cruz Ovalle. Hacia una nueva abstracción. Ediciones ARQ, Santiago, 2004.         [ Links ]
Subirats, Eduardo. La flor y el cristal: Ensayos sobre arte y arquitectura modernos. Editorial Anthropos, Barcelona, 1986.
        [ Links ]

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