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ARQ (Santiago)

versión On-line ISSN 0717-6996

ARQ (Santiago)  n.74 Santiago abr. 2010

http://dx.doi.org/10.4067/S0717-69962010000100006 

ARQ, n. 74 Ocio, Santiago, abril 2010, p. 34-35.

 

LECTURAS

El ocio cotidiano

David Jolly*

* Profesor, Pontificia Universidad Católica de Valparaíso, Valparaíso, Chile


Resumen

Las situaciones cotidianas observadas y dibujadas por un arquitecto se configuran como la base de todo proyecto. En el caso de los momentos de pasatiempo se miden las posturas que recogen las diferentes experiencias. Es así como el cuerpo recoge en cada parte de sí mismo la distensión del tiempo que no es útil.

Palabras clave: Arquitectura-teoría, pasatiempo, dibujo, contemplación, observación, experiencia.


 

El ocio aparece primeramente opuesto al negocio. El negocio es una acción que persigue un fin conocido, se puede prever su resultado. Conoce o tiene un fin predeterminado, esta dirección sustenta, justifica y permite.
Ahora existe también una actividad que podemos nombrar como el pasatiempo. Podemos
conjeturar que la condición humana tiende a disponer de sí misma, tiende a culminar en esta disponibilidad en lo que no está obligado. Ganarse la vida es una condición ineludible, es estar obligado, es el negocio. Este negocio tiene como contrapartida el pasatiempo, que es disponer del tiempo en una actividad que divierte o distrae. Una característica del pasatiempo es que no involucra a quien lo realiza, no le implica un concernimiento, por esto produce un descanso aunque se esté ante algo consistente. Se está ante una construcción pasivamente desde fuera, a una distancia.
Vecino a esta realidad tenemos el juego, que es el tiempo de un fin en sí mismo y que es un extremo del ocio. Sin embargo me quiero dirigir a otra zona del ocio donde queda más expuesta su fragilidad.
La primera característica que le puedo suponer al ocio es que involucra enteramente a quien se hace parte de él, ya que se trata de una actividad del espíritu que se sabe como tal y debe ser sostenida. Esto es porque se sitúa ante lo que no se tiene por conocido ni previsible, un modo de nombrarlo es la contemplación.
Ahora en cuanto nos ha tocado vivir la experiencia del ocio como contemplación caemos en la cuenta que es muy exigente de algunas condiciones para ser tal. Esto puede ser explicado en un nuevo distingo ya que el ocio no es la vagancia que es errar sin rumbo o, lo que es lo mismo, divagar.
De este modo aparece que no cualquiera accede al ocio, no está disponible para cualquiera, pide algunos requisitos. El pasatiempo está disponible si no para todos, para muchos, porque es un descanso sin concernimiento. El divagar obtiene su justificación al ser un pasatiempo o es un error.
El ocio se abre para quien construye una extensión donde éste es posible, llamémosla de un modo elemental un campo. Y precisando la realidad de un campo digamos que es donde se da la contemplación. Así el ocio es el polo opuesto al negocio, ya que no conoce su término y corre un riesgo al abrirse a una posible realidad.
Para algunos arquitectos nos ha sido dado un modo del ocio que se configura como campo en el dibujo. Este es un campo porque construye un modo elemental de la abstracción, quien sale a dibujar lo hace de cuerpo presente ante y dentro de lo que lo detiene. Se sitúa en un campo creativo donde dibuja extendiéndose ante lo que sus ojos miran, el que mira cuando repara en algo puede decir que ha visto. Este paso de mirar a ver es con la palabra. Lo que se ve tiene una parte que se dice con los trazos y una parte que la ven las palabras.
Esta detención sin propósito previo reúne sobre el papel al menos dos dimensiones que aporta quien dibuja, lo que viene a sostener la proposición de campo. El que contempla fijando lo que ve en el dibujo lo hace con su sensibilidad para percibir aquello que se hace presente en ese instante; de la multiplicidad de hechos que ocurren en una detención, el que dibuja decide sensiblemente aquello que lo ha detenido, es una abstracción.
La segunda dimensión que viene a configurar nuestro campo que no es solo sensible, ya que en el presente el mundo viene a ser a cada instante simultáneamente en la memoria de quien contempla. Y así como el dibujo abstrae de la abundancia de la extensión algunas aristas y deja otras, en la palabra se hace presente aquella construcción de mundo que llevamos en la memoria y que se presenta en la mente de quien contempla y que es del caso fijar en el dibujo.
Este modo del ocio en un campo configurado por el dibujo y la palabra lo ejercemos los arquitectos en la extensión del mundo en la que habitamos; contemplamos el mundo en cuanto éste se erige en habitación del hombre. Intuimos que la contemplación es una alta manifestación del ocio entendido en los términos que hemos expuesto, ya que se abre a la posibilidad que sólo el hombre libre puede ejercer.
Ahora este modo de la contemplación no quiere decir que se constituya en una actividad inútil. Por el contrario, el carnet de croquis es el fondo contemplativo que cada arquitecto sostiene y lleva consigo en una abundancia primera, el que sin tener un fin predeterminado es sin embargo su conciencia especulativa. Lo observado le garantiza no resultados de antemano, sino que cuenta con un-no-más-atrás que es el origen de su autoridad. El arquitecto está concernido y conoce como experiencia a través del dibujo el acto de habitar. Cómo los hombres habitan hoy, cómo se da a ver la extensión vuelta espacio, conteniendo toda la tradición, que es esa invención original que nos sostiene en el presente.
Acompañamos este breve texto con algunos croquis que dan cuenta del ser de esta posibilidad contemplativa, anterior a todo propósito que es lo propio del ocio.


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