SciELO - Scientific Electronic Library Online

 
 número74Parque Hipólito Yrigoyen: Rosario, ArgentinaParque Mujeres Argentinas: Buenos Aires, Argentina índice de autoresíndice de materiabúsqueda de artículos
Home Pagelista alfabética de revistas  

Servicios Personalizados

Revista

Articulo

Indicadores

Links relacionados

Compartir


ARQ (Santiago)

versión On-line ISSN 0717-6996

ARQ (Santiago)  n.74 Santiago abr. 2010

http://dx.doi.org/10.4067/S0717-69962010000100013 

ARQ, n. 74 Ocio, Santiago, abril 2010, p. 68-71.

LECTURAS

Santiago 1910. Tramas del ocio(1)

José Rosas *
Wren Strabucci **
Germán Hidalgo **
Ítalo Cordano ***

* Decano Facultad de Arquitectura, Diseño y Estudios Urbanos, Pontificia Universidad Católica de Chile, Santiago, Chile
** Profesor, Pontificia Universidad Católica de Chile, Santiago, Chile.
*** Arquitecto independiente.


Resumen

A inicios del s. XX la consolidación de una nueva espacialidad urbana y el reconocimiento de hitos geográficos como espacios públicos genera una nueva forma de concebir la ciudad. La mejora del transporte público y de los equipamientos da cuenta del aumento de la demanda y de las nuevas necesidades de los habitantes.

Palabras clave: Urbanismo-Chile, espacio público, parques, biógrafo, Santiago centro, transporte público.


Abstract

At the beginnings of the twentieth century the consolidation of a new urban spatiality and the recognition of geographic landmarks as public spaces generates a new way of conceiving the city. The improvement of public transport and infrastructure gives account to the increase the demands and new needs of the inhabitants.

Key words: Urbanism-Chile, public space, parks, biography, Santiago centro, public transport.


TIEMPO SUSPENDIDO Y ESPACIO PÚBLICO / Al decir de Solá Morales "(…) la epidermis de la ciudad es la que permite abordar sus estructuras más profundas" (de Solá Morales, 2008), podríamos afirmar que la ciudad de Santiago, durante el último cuarto del s. xix y primeras décadas del s. XX —como lo demuestran varias de sus cartografías (Martínez, 2007)— registra, no sólo un significativo crecimiento poblacional y expansión urbana, sino que, al igual que otras ciudades en transición, manifiesta tensiones, confrontaciones y oposiciones entre variadas demandas sociales, presiones inmobiliarias e inversión pública. Consecuencia todo ello de una incipiente industrialización y modernización, expresada en una diversidad de tramas que coexisten, no del todo articuladas, en una misma entidad física.
De una parte, una actuación desde la ingeniería, que queda de manifiesto en la fuerte presencia y dotación de una nueva infraestructura de vías y redes de servicios que modifican y reforman el recorrido viario, propiciando un uso más intensivo y especializado de las calles. Por otra parte, la emergencia desde la arquitectura y el urbanismo de una nueva vida urbana caracterizada por distintas formas de habitar y programas, con una creciente racionalización en los usos de suelo de la trama existente.
Es así como hacia 1910 se consolida una nueva espacialidad urbana, a saber: la trama deja de ser la modalidad de ordenación de calles y manzanas (Rosas, 1986), ante la irrupción y desarrollo de programas, usos, y artefactos de diferentes escalas derivados de la industrialización.
Estos desarrollos contribuyeron definitivamente al tratamiento de ciertos hechos geográficos, tales como la Cañada(2), el río Mapocho, el cerro Santa Lucía e incipientemente el cerro San Cristóbal, que se incorporan y superponen a la estructura urbana existente como un sistema articulado y secuencial de espacios públicos y parques, siendo el antecedente detonante de un itinerario paisajístico y del despliegue de la mirada en la nueva espacialidad de la ciudad.
Por otra parte, la transformación de la matriz básica de la cuadrícula, hacia una retícula de mayor complejidad, producto de la diferenciación de los flujos de tráfico peatonal y transporte público, así como de usos más intensivos de las calles por actividades comerciales, de intercambio y distribución, dando lugar a la transformación de su perfil, expresado en el ensanche de calzadas y veredas que detona la nueva red subterránea de alcantarillado, aguas lluvia y agua potable.
Por último, el fenómeno de la industrialización y, en consecuencia, el aumento de la producción de bienes y mercancías, al tiempo que la aparición del trabajo productivo con su rutinaria compartimentación, generaron la necesaria aparición del ocio y una incipiente industria recreativa —incluso dentro del tema residencial— que acentuará la organización espacial con equipamientos tales como: teatros, biógrafos, clubes y otros lugares de diversión o distracción según las demandas de sus grupos sociales. La superposición de estas tramas, al interior de la estructura existente y su enlace con las formas de desarrollo bajo las cuales se dará el crecimiento suburbano sobre suelo rústico contribuirá, lenta pero progresivamente, a la coexistencia de distintos tiempos de vida, dentro de los cuales el ocio emergerá como un tiempo suspendido, en el entendido que está separado de la actividad productiva de la ciudad moderna.
Y aunque a menudo se ha visto al ocio como una actividad en oposición al trabajo, intentaremos demostrar que éste ha jugado un papel importante en el urbanismo moderno, tanto por responder a demandas de una sociedad y cultura diferente, como por promover nuevos programas que generan espacios de renovación urbana.
Finalmente, si se reconoce el hecho que la urbanidad cotidiana en Santiago se dio desde su fundación hasta fines del s. xix en la calle corredor y cuya manifestación en plano es una cuadrícula, podríamos convenir que las apropiaciones de los bordes geográficos —sea éste la transformación de la Cañada en la Alameda, del macizo pétreo del cerro Huelén en el paseo del Santa Lucía o el pedregal del torrente del Mapocho en el Parque Forestal—, lo que se vislumbra en Santiago es una multiplicidad de formas de visualizar estas nuevas dimensiones y espacialidades urbanas. Efectivamente se pasa desde la calle corredor, vistas en escorzo y secuencias compuestas, a miradas entrecruzadas, extendidas, panorámicas y fragmentadas; en este nuevo territorio que se abre a la geografía y el paisaje. Esta mirada que la ciudad adquiere se complementa con otra dimensión espacial y temporal que se registra en el interior de salas oscuras, donde la proyección de las imágenes amplía la contemplación de mundos reales de otras latitudes e imaginarios de otras culturas.

OCIO Y CONTEMPLACIÓN, EL PASEO DE LA MIRADA / La mirada panorámica, puesta en juego en los planes urbanísticos de Benjamín Vicuña Mackenna desde el cerro Santa Lucía y el Parque Cousiño, fue la manifestación de un gesto global. En ella reconocemos la intención idealizada de dominar visualmente la ciudad y el paisaje e implícitamente el deseo de entenderla como una totalidad, distinguible, recordable: miradas unitaria y urbana (Hidalgo. 2009). En contraste con este concepto, reconocemos la ciudad real y múltiple, caracterizada por hacer posible una diversidad de miradas, focalizada en los nuevos artefactos urbanos: mirada nueva y parcial, clara renuncia a la totalidad.
Ejemplifica esta nueva situación una vista inédita de Santiago que se generó en 1903, producto de la apertura del cerro Santa Lucía hacia la Alameda, obra monumental de Víctor Villanueva. Esta vista es novedosa en varios aspectos. Primero por el lugar donde se focaliza: la esquina de Alameda y Miraflores. Un recodo de la Alameda que muy poco tiempo atrás había sido una esquina anodina, es repotenciado con la nueva plaza Vicuña Mackenna cuya superficie se tendía como un puente entre la Alameda y el cerro. Segundo, por el ángulo visual que abría sobre la ciudad, estructurado sobre un eje en diagonal que, partiendo desde el cerro, se prolonga más allá del Parque Cousiño, extendiéndose en la lejanía hacia el llano de Maipú. Tercero, la altura desde la cual era posible: una posición intermedia entre la base y la cumbre. Emerge un zócalo urbano, con la altura suficiente como para permitir distinguir desde allí, tanto la forma de vestir de los transeúntes, como la arquitectura de las nuevas fachadas de la Alameda, los techos de las edificaciones, o el paisaje lejano de la Cordillera de la Costa.
Del mismo modo, hacia el norte y desde las terrazas del castillo Hidalgo, la mirada descendía otra vez a la ciudad para focalizarse en el reconocimiento de nuevos hitos urbanos. Esta vez son dos obras inéditas en su escala, las que articulan el cerro y la ciudad. Nos referimos al edificio del Museo de Bellas Artes y el parque Forestal que, con sus arboledas, extiende el ámbito de influencia del cerro hacia el oriente. El parque, fruto de la transformación de diversas tierras de pedregales en una pieza urbana, a medio camino entre boulevard y eje de las Bellas Artes, es una nueva situación que se integra a la ciudad, caracterizada por la implantación de un gran edificio en un espacio abierto, que da la tónica de la nueva ciudad que se desea construir. Se suma a ello, la cualidad atmosférica de las arboledas del parque, que sumergía a los paseantes en un ambiente dilatado, a causa de efectos lumínicos y cromáticos sin precedentes. La laguna del parque incorpora un nuevo repertorio de sensaciones ambientales, tales como humedad y frescor, pero al mismo tiempo actúa como una superficie reflectante de la luz que se filtra entre el follaje y que queda atrapada evanescentemente al interior del parque. Estos múltiples reflejos y sus efectos resultantes, serán otra forma de sumergir a los habitantes de Santiago en un tiempo y un espacio suspendido; un instante de sus vidas que queda entre paréntesis.
Se entreteje así una trama de espacios públicos unidos peatonal y visualmente, dando forma a un nuevo tipo de pieza urbana provista de una magnitud y rango inéditos en la conformación de la espacialidad de la ciudad hasta ese momento. Esta nueva forma de generar orden urbano se diferenciaba notablemente de experiencias anteriores, como el parque Cousiño e incluso la Quinta Normal que, al momento de integrarse a la ciudad, lo hacían desde extramuros, definiendo precisamente sus márgenes. Podríamos decir que, en la época del centenario, la ciudad era ordenada a partir de su núcleo central, específicamente articulando sus preexistencias geográficas más notables: el cerro, el río y la Cañada; un suelo rústico que adquiere un nuevo sentido en la ciudad. Se transita desde una condición de límite y barrera a una condición de umbral.
Al mismo tiempo, con la instalación de la imagen de la Virgen en el cerro San Cristóbal se inaugura una nueva distancia de aproximación visual a Santiago. Esta vez se intenta desplegar una mirada de largo alcance, donde la ciudad es vista de manera más abstracta. Desde la cumbre del cerro San Cristóbal la ciudad se apreciaba sin mayores detalles, perdiéndose la posibilidad de percibir el fenómeno de la vida citadina, auditiva y visualmente. Sin embargo, como contraparte, desde esta nueva altura son distinguibles las nuevas piezas urbanas con mayor escala que la trama existente, defiendo un nuevo tipo lectura.
Desde aquellos nuevos visores urbanos, la mirada del ciudadano se despliega sobre Santiago reconociendo su nueva condición, que podríamos llamar moderna. Ya que hacen posible, por un lado, la lectura de su dimensión abstracta y, por otro, se accede a ella desde una nueva proximidad escenográfica, teatral y casi táctil.

OCIO Y CONTEMPLACIÓN: MIRADAS CAUTIVAS / Como hemos mencionado este despliegue de la mirada exterior de la ciudad y el territorio, registrada en diversos espacios y edificios públicos, se verá enriquecida con una mirada interior íntima, y cautiva, que tiene su origen en la aparición del biógrafo. A la trama del ocio que se registra en una secuencia relacional de piezas urbanas y episodios notables, se superpondrá una constelación de recintos interiores que contendrán la exhibición y proyección de espectáculos.
De los recintos interiores que constituyen esta constelación, en este período podemos destacar cuatro fases: una primera que va desde 1870 a 1874, que coincide con la intendencia de Benjamín Vicuña Mackenna y que tiene como protagonista a la sala del Teatro Municipal y la sala del Conservatorio de la calle San Diego, en lo que respecta a la ópera y a la música docta, respectivamente. Una segunda etapa cubre el breve período entre 1886 a 1888 y coincide con la presidencia de José Manuel Balmaceda y con el auge del arte dramático. Una tercera fase, en torno a 1895, se caracteriza por el suceso de la zarzuela grande —arraigada en las clases sociales media y baja— y que, junto a la presencia de circos y coliseos, confirma la diversidad de espectáculos según grupos sociales. Finalmente, en una cuarta etapa tras el centenario, irrumpe el fenómeno sin precedentes de los biógrafos, muchos de los cuales sin tener una tipología específica eran levantados en forma de barracones o meros espacios cubiertos entre medianeros. Esta actividad sobrepasará al teatro como espacio público de masas, estableciéndose como un fenómeno eminentemente urbano y moderno.
El biógrafo dará origen a las salas de proyección, que se manifiestan entre 1895 y 1896 con la aparición del teatro Apolo y Unión Central. Se inicia así una irreversible y única dinámica cultural del nuevo fenómeno del cine, catalizando asombro, novedad, cosmopolitismo y aura mágica. El Teatro Esmeralda surgirá en 1922 como un palacio del cine, que se incorpora a una amplia diversidad de salas de proyección que se localizan en las plazas y avenidas relevantes, así como en barrios periféricos y populares. Un caso especial lo constituyó el biógrafo Lumiere, empresa itinerante que a principios del s. xx se localizó en espacios provisionales de exhibición, como la que se instaló, entre otros lugares, en la Alameda de las Delicias.
Antes de la Primera Guerra Mundial la capital sumaba más de 60 salas, considerando sus diversas categorías. Sin embargo, el auge de los 50 biógrafos sufrió las consecuencias de esta contienda, debido a las escasas producciones europeas que surtían el mercado local. Moderado el auge, sólo dos tercios de ellas resistirán, otras revelarán su vulnerabilidad y algunas consolidarán su trayectoria funcional. A fines del s. xx terminan como especies en extinción. (Cordano, 1985)

De lo anteriormente mencionado podríamos afirmar que, con el trazado de distintas tramas especializadas sobre la grilla existente de calles y manzanas, fueron perfilándose no sólo distintos sistemas con características propias —a saber: sistema de plazas, parques, espacios públicos y cívicos; sistema de movimiento peatonal, ferroviario, transporte público y privado; sistema de edificios públicos y privados de esparcimiento, recreación y ocio; sistema de calles, pasajes, galerías y avenidas comerciales, entre otros—, que dotaron a la ciudad de diferentes miradas sobre ella misma, haciendo su lectura más rica y compleja. Sin embargo ocurre un hecho significativo en la transformación estructural de la organización urbana general, dada la reestructuración profunda que una ciudad con estos nuevos sistemas introduce en su relación y apertura hacia el territorio.
Porque si el territorio y ciertos hechos geográficos, en esta nueva dimensión de su organización funcional, están ahora enhebrados al sistema de movimiento y flujos internos de la ciudad como una serie de nuevos lugares naturales y rústicos, donde la población residente participa de su uso, goce y contemplación, también emerge con mucha vitalidad la presencia de viajeros, turistas y habitantes rurales que acceden por todas las vías que ingresan a la ciudad capital, conectando las distintas localizaciones del país y enclaves rurales cercanos con la vida urbana que allí se desarrolla.
Es en este panorama general de expansión y contracción espacio temporal. que se registra entre la ciudad capital y el territorio y en las diversas tramas que lo enlazan, en el que se ha de reconocer la significativa contribución que el ocio y el tiempo libre han tenido en la forma urbanística moderna.

 

Notas
1. Este artículo forma parte del proyecto de investigación fondecyt 1085253 "Santiago 1910. Construcción planimétrica de la ciudad premoderna. Transcripciones entre el fenómeno de la ciudad física dada y la ciudad representada", desarrollada por José Rosas, Wren Strabucchi, Germán Hidalgo, Ítalo Cordano y Lorena Farías, junto a Christian Saavedra, tesista asociado.
2. Antiguo nombre dado a lo que actualmente es parte de la Avenida Libertador General Bernardo O´Higgins, también conocida como Alameda, en Santiago. El cauce sur del río Mapocho fue utilizado como vertedero de la ciudad, hasta que en 1820 fuera remodelado bajo el gobierno del Director Supremo Bernardo O´Higgins Riquelme, convirtiéndose en la Alameda de Las Delicias. (N. del Ed.)

Referentes
Cordano, Ítalo. Una especie en vías de extinción. Tesis de título, Escuela de Arquitectura, Pontificia Universidad Católica de Chile, Santiago, 1985.         [ Links ]
De Solá Morales, Manuel. De cosas urbanas. Editorial Gustavo Gili, Barcelona, 2008.         [ Links ]
Hidalgo, Germán. "Panoramic view and national identity: two of Santiago de Chile´s public spaces in the second half of the nineteenth century". Planning Perspectives, Vol. 24, N° 3. Routledge, Taylor & Francis Group, Londres, julio de 2009.         [ Links ]
Lanuza, Felipe. El paisaje de la ausencia. Tesis de Magíster, Escuela de Arquitectura, Pontificia Universidad Católica de Chile, Santiago, 2008.         [ Links ]
Martínez, René. Santiago de Chile. Los planos de Santiago. Ilustre Municipalidad de Santiago, Centro de Investigaciones Diego Barros Arana, Santiago, 2007.         [ Links ]
Pérez de Arce, Rodrigo. La montaña mágica: el cerro Santa Lucía y la ciudad de Santiago. Ediciones ARQ, Santiago, 1993.         [ Links ]
Rosas, José. Manzana y tipo edificatorio en transformación: el centro de Santiago y las constantes de la ciudad hispanoamericana. Tesis Doctoral, Escuela Técnica Superior de Arquitectura de Barcelona, Universidad Politécnica de Cataluña, Barcelona, 1986
.        [ Links ]

Creative Commons License Todo el contenido de esta revista, excepto dónde está identificado, está bajo una Licencia Creative Commons