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ARQ (Santiago)

versión On-line ISSN 0717-6996

ARQ (Santiago)  no.78 Santiago ago. 2011

http://dx.doi.org/10.4067/S0717-69962011000200010 

ARQ, n. 78 Extranjeros, Santiago, agosto 2011, p. 68-71.

 OBRAS Y PROYECTOS

 

Lodge Ani Nii Shobo Pucallpa, Perú

 

Sandra Iturriaga *, Samuel Bravo **

* Profesora, Escuela de Arquitectura, Pontificia Universidad Católica de Chile, Santiago, Chile.
** Arquitecto asociado, colectivo Bagual, Santiago, Chile


Resumen

Construido con técnicas vernáculas del área, este proyecto recuerda las obras de travesía de la Escuela de Valparaíso: levantado en un lugar remoto, es una construcción hecha a mano con una huella en el terreno tan liviana como pequeña. Fragmentada en cuerpos menores y cubierta por membranas tejidas con hojas, es el resultado de intercambios entre arquitectos formados en Chile y un grupo de familias de la etnia shipiba.

Palabras clave: arquitectura-Perú, arquitectura en madera, low-tech, textil, cabañas, hostería.


Abstract

Using vernacular techniques, this work could be linked to the School of Valparaiso travesia works. Raised in a distant spot in the Amazon rainforest, they are light, hand-made structures with a small footprint, covered with a leaf-woven membrane. They are the result of cultural exchanges between Chilean architects and the Shipiba people.

Key words: architecture-Peru, wood architecture, low-tech, textile, cabins.


El proyecto Ani Nii Shobo –Casa grande de la selva– es una obra proyectada para ser construida a la distancia. El encargo era el proyecto de un conjunto de seis cabañas y un comedor comunitario para consolidar la primera etapa de un lodge, dedicado a realizar terapias chamánicas con plantas provenientes de la medicina de la etnia shipiba, en pleno Amazonas peruano.

El proyecto se emplazó en una pequeña península de 14 ha situada en uno de los bordes de la laguna de Yarinacocha –en la desembocadura del río Ucayali– a pasos del poblado de San Francisco, donde habitan trescientas familias shipibas. La situación geográfica y paisajística del lugar, como la vinculación con la comunidad local, resultaron puntos de partida determinantes para responder al encargo.
Estas familias se haría cargo de la construcción de los distintos recintos y de su futura administración. Eso determinó el empleo de una estrategia que permitiera la fácil comprensión del proyecto por parte de una comunidad que maneja su propia lengua, que difícilmente había tenido acceso previo a planos y que sería dirigida a partir de esporádicas visitas de obra. Las decisiones más importantes se tomaron en terreno; se transmitieron al equipo de construcción mediante una escueta maqueta y un conjunto de dibujos tamaño carta, que se fueron corrigiendo y precisando a la distancia. Quienes habían encargado el proyecto lo hicieron suyo desde un primer momento, actuando como interlocutores válidos y soportes del proceso.

PUNTOS DE PARTIDA

La planicie selvática de Pucallpa, entrecortada por el sistema fluvial del río Ucayali, debido a las lluvias tropicales presenta fuertes diferencias en sus crecidas entre las estaciones de verano e invierno. El borde de lago es uno de los puntos sensibles en este régimen de crecidas, determinado además por la presencia de un conjunto importante de árboles.

El desarrollo del proyecto estuvo marcado por la decisión de su emplazamiento: no fue posible contar con un levantamiento preciso del terreno, pero desde la primera visita se tuvo en consideración la presencia de un conjunto de árboles, principalmente pachacos –de hoja fina y tronco esbelto y blanquecino. Situado en un sector bastante central, si bien desde el aire se percibía de gran densidad tras ralear gran parte del manglar se presentaba como un manto traslúcido que dejaba pasar la luz pero no la alta radiación; al mismo tiempo gracias a una leve pendiente del terreno, permitía unas vistas entreabiertas de la laguna a través del follaje, sin necesidad de acercarse al borde.

El comedor se emplazó en base a esta condición preexistente, por lo que se dejó como centro gravitacional del resto del programa; un suelo abierto a la contemplación del paisaje y las celebraciones de la comunidad, que quedara recogido bajo el alero de este manto de árboles. Su evidente esbeltez contrastaría con la cubierta propuesta situada bajo ellos. La principal superficie construida del comedor es la cocina. Desde ella se accede, y con ello se recoge, la tradición local en que ese recinto es el centro de la vida colectiva.

Las seis cabañas se situaron como marca precisa del límite inundable del sitio, todas orientadas borde fue posible gracias a las marcas del agua en los árboles y permitió dejar al resguardo de posibles eventos que aíslen los programas.

Dado lo extremo del clima, se trató de usar sistemas pasivos con ventilaciones cruzadas que permitieran una sensación permanente de frescor. El uso de mosquiteros de malla para cerramientos y puertas permite combinar el cierre de cada recinto con la apertura total en otros momentos del día. Por otra parte, los mosquiteros metálicos encontrados en la ciudad de Pucallpa, notablemente distintos en su grado de transparencia a los de plástico, dieron una calidad especial a los cerramientos.

BITÁCORA DE UNA CONSTRUCCIÓN

Que una obra haya sido mayoritariamente desarrollada a la distancia no significa por ello que resulte "lejana". Desde el inicio el encargo se tradujo en un conjunto de reglas y decisiones capaz de insertarse en un contexto particular con una medida concreta, pero con capacidad de incorporar otra serie de intervenciones cada vez que resultara favorable al encargo. Una obra a la distancia como esta no se propuso con la ambición de totalidad, sino más bien de abierta conversación respecto de las condiciones que ofrecía el lugar y con quienes lo habitaban. Se trataba de incorporar la experiencia y el contexto cultural donde se emplazaba, pero con libertad suficiente para reinterpretar parte de ese orden.

La construcción vernácula ofrece un sistema de soluciones adaptadas a la cultura, la disponibilidad de materiales y los elementos del lugar. Es parte de un proyecto desarrollado por generaciones para balancear estos factores. Al tratar de aprender estas reglas para modificarlas, se encuentra uno con un sistema bastante hermético, en donde cada elemento ha sido sancionado por reglas estrictas. Los nativos son reacios a modificar su sistema, y resulta bastante difícil restablecer el equilibrio cuando se altera este orden. Lo que aparecía como más permanente era la cubierta de irapay, una capucha de palmera, un exterior sombreado y protegido de la lluvia. Las divisiones del recinto resultante no importaban.

La obra se propone como una estructura de cubierta que define y modula una dimensión de recinto precisa –cabañas o comedor– y un cerramiento que actúa como filtro de acuerdo a los grados de apertura del programa. Una grilla constante de 75 cm, coincidente con la modulación de las maderas existentes en la zona, fue la trama que facilitó la tarea de construir a la distancia y emplear las tradiciones constructivas locales.

En el proceso se privilegiaron los materiales de la zona como madera de quinilla –para estructura y pavimentos– y capirona para revestimientos interiores. Se trata de árboles nativos de crecimiento lento y con maderas extraordinariamente duras, lo que permitió el uso de piezas de escuadría notablemente menores a las posibles en Chile y que generan una estructura muy leve.

Para las cubiertas se usó la técnica artesanal del irapay, que consiste en una vara de palmera completamente desprovista de hojas, a la que se adosan hojas trenzadas. Para los cerramientos laterales de la cubierta se requería un tamiz vegetal que impidiera el paso del agua, pero que permeara luz y ventilación; eso parecía no tener lugar en la tradición local. Luego de mucha insistencia, el constructor a cargo sugirió el uso de cañas del río y se encargó a un botero un cargamento. La solución propuesta quedó especificada como un cesto gigante, con la caña chancada y tramada horizontalmente en una estructura ligera de quinilla. Una técnica que, sin pertenecerles hasta ahora, hicieron suya con total maestría.

Lodge Ani Nii Shobo - Casa Grande de la Selva

Arquitectos: Sandra Iturriaga, Samuel Bravo / Ubicación: Laguna de Yarinacocha, Pucallpa, Perú / Clientes: Andres Selamé, Santiago Correa / Cálculo: Sandra Iturriaga, Samuel Bravo/ Construcción: Rodrigo Meléndez / Maestros de obra: Amador Sánchez, Misael Marín / Materiales predominantes: estructura en madera de quinilla, cubierta en irapay, cerramientos exteriores en estructura de quinilla y malla metálica, revestimientos interiores en madera de capirona, pavimentos en quinilla y tierra color / Superficie del terreno: 14 ha/ Superficie construida: comedor, 120 m²; 6 cabañas, 30 m² c/u / Fecha de proyecto: septiembre de 2009/ Fecha de construcción: diciembre de 2009 - abril de 2010 / Fotografías: Sandra Iturriaga, Samuel Bravo

 

Referentes

ITURRIAGA, Sandra y Wren STRABUCCHI. "Doctorado y Magíster FADEU -PUC". ARQ Nº 68, Intervenciones. Ediciones ARQ, Santiago, abril de 2008, pp. 40-45.        [ Links ]

ITURRIAGA, Sandra y Wren STRABUCCHI. "Jardín a dos tiempos". ARQ Nº 59, El tiempo. Ediciones ARQ, Santiago, marzo de 2005, pp. 66-71.        [ Links ]

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