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ARQ (Santiago)

versión On-line ISSN 0717-6996

ARQ (Santiago)  no.83 Santiago abr. 2013

http://dx.doi.org/10.4067/S0717-69962013000100003 

 

LECTURAS

Antarctica: Dead Reckoning

  

Pedro Alonso *(1) (texto) , Ignacio García Partarrieu** y Arturo Scheidegger** (imágenes)

* Profesor, Pontificia Universidad Católica de Chile, Santiago, Chile
** Miembro Oficina Umwelt(2), Santiago, Chile.


Resumen

Las duras condiciones del último continente por ocupar, hoy reserva de recursos mundiales, demanda una nueva comprensión de las nociones de urbanismo, ocupación y exploración.

Palabras clave: Antártica, urbanismo, territorio, ocupación, mapeo.


 

El mapeo de hielo y agua en el primer continente descubierto por la fotografía(1)

A principios del siglo XX, y antes de las famosas -aunque no siempre exitosas- expediciones de Scott, Amundsen y Shackleton, Gilbert H. Grosvenor escribió en National Geographic que "se supone que al sur del Estrecho de Magallanes hay un continente que dobla en tamaño a los Estados Unidos, y que es llamado, con justicia, la tierra más misteriosa del mundo" (Grosvenor , 1907)(2). Por mucho tiempo esta región, la Terra Australis Incognita, fue solo "teórica" (fig. 1). Fue Aristóteles, en su Metereológica, quien imaginó que la masa territorial del hemisferio Norte debía estar balanceada por una masa territorial similar en el Sur. Si hay un Ártico, él pensó, debe haber una Antártica(3). Tal como se presenta en el texto de Grosvenor, un continente completo permanecía ignoto, misterioso y fértil para el mito y la fábula. Durante el siglo XVIII, en su carta al secretario de la Royal Society de Londres, el francés François-Gabriel Coyer reportaba sus observaciones sobre la altura de los patagones; los más altos, según él, ". de casi dos metros" (Coyer, 1767). En su carta, adornada con episodios ficticios, Coyer hacía referencia a Pierre Louis Moreau de Maupertuis(4), quien, ". buscando la razón de por qué enanos y gigantes solo se encuentran en los polos (fig. 2) aventuró esta hipótesis: 'Esas razas de gigantes y enanos se habrían instalado allí, ya sea porque el clima les acomodó o, más probablemente, porque fueron empujados a esas latitudes por otros hombres que temen a los gigantes y desprecian a los enanos'" (Coyer, 1767). Moreau de Maupertuis, miembro de la Academia de Ciencias de Francia, había sido asignado en 1736 para liderar la expedición que debería comprobar la predicción de Newton en torno a que la Tierra es chata en los polos.


Fig.1 Mapa de los hemisferios, del mapa de Woodbridge (28 de septiembre de1821), mostrando las islas Shetland,la tierra de Palmer y las "Islas de las Focas" próximas al archipiélago de South Orkney. Publicado en Hartford, Connecticut, por William C. Woodbridge y reproducido con autorización desde la copia en la Biblioteca de la Universidad de Yale en el libro de William Herbert Hobbs,The Discoveries of Antarctica within the American Sector, as Revealed by Maps and Documents.

Fig. 2 Ilustración realizada por el abate Antoine-Joseph Pernety publicada en la primera edición de su libro de relatos de viaje a la Patagonia Journal historique d'un voyage fait aux îles Malouines en 1763 et 1764 pour les reconnoître et y former un établissementet de deux voyages au détroit de Magellan avec unerelation sur les Patagons. Berlín, 1769.

En su último proyecto estudiantil de 1935 en la Escuela de Arquitectura de la Universidad Católica de Chile, el futuro pintor surrealista Roberto Matta Echaurren también se interesó en el enigmático encanto de la ubicación indeterminada y remota de la Antártica. Disenó "La liga de las religiones", un edificio rodeado de construcciones de planta antropomórfica concebido para acoger el encuentro de las religiones del mundo en la Bahía Elefante de la Antártica, la cual, según Matta, era el único lugar de Chile aún inaccesible (fig. 3). De acuerdo a un "implícito ideal universal" (Aldunate, 2011) y vagamente inspirado en el Mundaneum (1929) de Le Corbusier, se suponía que el proyecto iba a reunir religiones pero en un lugar al que nadie podría llegar, en la única región aún mayoritariamente incierta, faltante en el mapa del mundo. Más tarde, en los años treinta y cuarenta, la enigmática Antártica sumó toda una nueva variedad de espectaculares relatos sobre espionaje atómico y naves espaciales que vinculaba la Terra Incognita al nazismo, la Guerra Fría y la imaginería extraterrestre.(5)


Fig. 3 Liga de las religiones. Proyecto de título de Roberto Matta Echaurren, 1935.
Fuente: STRABUCCHI, Wren (ed.). 1984-1994. Cien años de arquitectura en la Universidad Católica de Chile. Ediciones ARQ, Santiago, 1994.

Corroborando a Grosvenor, Roland Huntford explica que, para 1902, la Antártica aún era un vacío en el mapa. Aparte de escasa información proveniente de distintos avistamientos de sus costas, el interiorera totalmente desconocido (Huntford, 1979). Pero la ausencia decartografía no significaba que el mapa del Polo Sur estuviese completamenteen blanco. Desde ". la reaparición en el Oriente del trabajode Claudio Tolomeo La geografía (siglo II A.C.)." (Cosgrove, 2003) eluso de la grilla y de la cuadrícula se hicieron frecuentes para representarla sphaera mundi; e incluso la tierra más misteriosa, la Terra AustralisIncognita, mostraba -antes de cualquier mapa riguroso- un plano bienordenado de paralelos y meridianos. La situación fue bien resumidapor Julio Verne en sus Veinte mil leguas de viaje submarino: el Polo Sur, escribió,"ese punto desconocido donde se encuentran los meridianos delglobo" (Verne, 1870). Como un modo de trazar lo ignoto, de Tolomeoen adelante la grilla adelantó algunos datos a través de tabulae y listasde coordenadas (Cosgrove, 2003). Además de servir como guía paranavíos y exploradores, la estructura provista por la grilla antecedióel surgimiento de la Antártica en la forma fija de un mapa. A faltade una cartografía segura, las herramientas eran el cuadriculado, elsextante y el almanaque náutico. A partir de 1675, un sinnúmero deexpediciones a sus costas comenzaron lentamente a articular posiblesperfiles del continente antártico (figs. 4, 5, 6, 7, 8, 9, 10, 11, 12 y 13).

Rutas de las expediciones a las costas antárticas 1675-1843.


Fig. 4 Anthony De la Roché, 1675.


Fig. 5 James Cook, 1772-1774.


Fig. 6 William Smith, 1819.


Fig. 7 Belignshausen, 1819-1821.

Fig. 8 James Weddel, 1823-1824.

Fig. 9 Durmont D'urville, 1839-1840.


Fig. 10 Charles Wilkes, 1839-1842.


Fig. 11 James Ross, 1840-1841.


Fig. 12 James Ross, 1841-1843.

Fig. 13 Rutas superpuestas de las expediciones a la Antártica 1675-1843.

Debido a que la grilla es una estructura espacial dominada por la geometría pero oculta bajo el nivel de la apariencia, y una herramienta para la observación y la técnica (Cosgrove, 2003), podemos considerarla como algo fundamentalmente infraestructural -o, quizás, súper estructural- para el funcionamiento de la machina mundi. Como representación gráfica de un orden espacial, la imagen de la grilla quedó así vinculada directamente con la función iconográfica del globo, dándoles forma y nombre a territorios y cosas desconocidas (Cosgrove, 2003). Si consideramos la descripción que hace Rosalind Krauss de la grilla como algo geométrico, antinatural e irreal, para comprender los misterios de la remota Antártica, a diferencia de lo que sucedería en el arte, esta no reemplaza las múltiples dimensiones de la realidad en una superficie única, simplemente porque en esa época (antes de la fotografía aérea y del mapeo del Polo Sur) no había realidad más allá de la grilla misma (fig. 14). Siguiendo el argumento de Krauss, además, lejos de terminar con los mitos que rodeaban a la Antártica, la grilla hizo que surgieran otros mitos y otro set de imágenes, como por ejemplo el Mapa Dymaxion de Buckminster Fuller. Debido a que la proyección de Mercator estaba anclada en el siglo XVI, y no en el XX, él buscó "la emancipación de la tiranía cartográfica formal, tradicionalmente impuesta por los polos" (Fuller, 1963) resolviendo el dilema de la cartografía: "Cómo representar en una superficie plana este mundo esférico a escala real, con dirección rigurosa y configuración correcta de una vez y simultáneamente" (fig. 15).(6)


Fig. 14 Griffith Taylor: los descubrimientos del Almirante Byrd en la Antártica. Fuente: The Science News-Letter Vol. 17 No 480, 21 de junio de 1930.

Fig. 15 Grilla Dymaxion de Buckminster Fuller para el mapa del mundo.

Su nueva imagen rivalizó con las otras y más antiguas ilustraciones del mundo (como observó Roland Barthes, "la mejor arma contra el mito es quizás mitificar en su lugar y producir otro mito"). Sin intervenir en el mapeo de la Antártica, el tropo iconoclasta de Fuller modificó la grilla que lo gobernaba. Para que su red fuese más precisa como superficie plana, redisenó el mundo como un cubo con las esquinas cortadas, una forma sólida irregular primero construida por Arquímedes. Saltándose la mera semejanza a la esfera, su nuevo mito era, en sí mismo, una proyección y, por lo tanto, un proyecto: nada menos que el rediseño de la Tierra.

A propósito de los mapas de manufactura soviética (fig. 16), Frank Westerman se ha hecho la siguiente pregunta: ?podría ser que esos mapas reflejasen con precisión una realidad socialista? Y, de ser así, ?cómo difiere esa realidad de la nuestra? (7) (Westerman, 2002). Con él, y frente a la remota y desconocida Antártica, yo me preguntaría además qué tipo de realidad reflejan las grillas tanto de Tolomeo como deFuller; quizás resulten más reveladoras sobre el tipo de culturas queprodujeron esas imágenes abstractas que sobre la propia Antártica.Es también el caso de los resultados cartográficos obtenidos por lafotografía aérea (fig. 17), como en el ejemplo del temprano vuelo trasatlánticode Lincoln Elisworth y los mapas construidos a partir delas sesenta y seis fotografías tomadas en sus dos vuelos del 21 y 23 denoviembre de 1935 (Joerg, 1937).


Fig. 16 Diagrama ruso sobre las bases e infraestructuras Soviéticas en la Antártica, en torno a su principal asentamiento, la base Vostok.

Fig. 17 Mapeo antártico y fotografía aérea de Finn Ronne.
Fuente: JOERG, Wolfgang Louis Gottfried. "The Cartographical Results of Ellsworth'sTrans-Antarctic flightof 1935".

?Qué pasaría si, desde un punto de vista Barthesiano, consideráramos que la fotografía reproduce al infinito lo que ha ocurrido solo una vez, repitiendo mecánicamente lo que nunca podría repetirse existencialmente? (Barthes, 1980). Si para Barthes cualquier discusión seria sobre la fotografía debería discutirla en relación con la muerte(8), ?cómo afectaría esto nuestra comprensión del continente antártico y del orden de territorios en la superficie plana de un mapa o de una foto? Considerando el tipo de cultura que produce mitos e imágenes, sería posible concluir, con Barthes, que la fotografía transforma un sujeto en un objeto; e incluso, podría uno decir, en un objeto de museo (Barthes, 1980). Entonces, la fotografía y el mapeo harían que el continente helado se congele en otro nivel, más conceptual pero no menos significativo.

El contraste de culturas en torno a la conceptualización de la tierra está bien presentado por Roland Huntford en su libro sobre los exploradores del Polo Sur Scott and Amundsen, en el que describe dos filosofías diferentes de viaje y descubrimiento: esquíes, perros, carpas y ropa de hule, en el caso de Amundsen (fig. 18), versus arduas caminatas, ponis, parkas de piel y botas esquimales, en el de Scott (Theroux, 1979). Huntford explica que a Amundsen el saber esquiar y conducir perros le parecían calificaciones fundamentales para un explorador polar, si bien esto no era obvio para todo el mundo: "Casi al mismo tiempo, sir Clements Markham, el padre de a exploración antártica británica moderna, establecía la regla del viaje polar en la frase: "Ni esquí ni perros" (Huntford, 1979). De acuerdo a su consejo, Scott (fig. 19), por el hecho de llevar ponis había malinterpretado a la Antártica como un territorio para el descubrimiento y la conquista. Y bien sabemos que fue Amundsen quien llego por primera vez al Polo Sur, mientras que Scott pago con si vida (y la de sus hombres y animales) el intento.


Fig. 18 Ruta del explorador Amundsen,1911.


Fig. 19 Ruta del explorador Scott, 1911-12.

De este modo el estatus territorial de la Antártica es materia de discusión. Mal que mal, conserva el noventa por ciento del hielo del mundo y el setenta por ciento de las reservas de agua fresca, incluyendo varios extensos lagos escondidos bajo capas de hielo que tienen, en promedio, dos mil metros de espesor. El relleno gradual de la grilla totalizante del globo terrestre debiese entonces ser considerado como el mapeo de hielo y de agua, pues lo que Scott, Amundsen y todos los primeros exploradores encontraron allí no fue tierra sino nieve: nieve mojada, nieve aferrada, hielo de mar. También niebla y muchos tipos de humedad, y neblina, y viento blanco y también aluviones, drumlins, y lagos de montana, kettles, eskeres, kames, varvas, morrenas y todo un vocabulario ajeno a la conquista de tierra (fig. 21). Había "viento que quemaba y sol que abrasaba de un modo que solo puede darse en alturas"(Huntford, 1979). En palabras de Julio Verne, había agua ". desde todos lados, explosiones, derrumbes y grandes inversiones de icebergs que alteraban la vista como el campo en un diorama" (Verne, 1870). Y debemos confiar en Verne. Después de todo, si bien un personaje ficticio, el primero en llegar al Polo Sur no fue Amundsen ni Scott, sino su Capitán Nemo, el 21 de marzo de 1868 (fig. 20). Todos saben lo qué hay tras el campo de hielo, decía el canadiense en la tripulación del Nautilus cuando se acercaba al Polo Sur: "Hielo, !y entonces más hielo!" (Verne, 1870).


Fig. 20 Ruta (supuesta) del Capitán Nemo,1870.


Fig. 21 Fotografía de Frank Hurley del explorador Shackleton en la Antártica.
Fuente: ALEXANDER, Caroline. Atrapados en el hielo: la legendaria expedición a la Antártida de Shackleton. Booket viajes y aventuras, Buenos Aires, 2006. Reproducida con el permiso del archivo fotográfico de Royal Geographical Society, Londres.

En ese contexto, el marino (y no el hombre de tierra) está mejor equipado para la tarea. El mismo Fuller, en su Fluid Geography, subraya esta condición. En altamar, y enfrentados a un multitud de elementos desconocidos, explica que "los marinos se han convertido en los únicos hombres que tratan directamente con la mecánica de las estrellas. Ellos comenzaron tempranamente a confiar en instrumentos y en las habilidades del intelecto por encima del imaginario científico". Más aún, el marino ". ve todo en movimiento, desde el derrame del café de su taza a la peregrinación de las estrellas de mayor magnitud". Para el hombre de tierra, Fuller concluye, "el Este" y "el Oeste" son lugares fijos sobre la superficie de un mapa, mientras que para el marino son direcciones en las que moverse (Fuller, 1963). Esta parece ser una distinción relevante. No por casualidad los hombres de Amundsen eran soberbios navegantes, mientras que solo uno de los hombres de Scott podía navegar (y no fue incluido en el grupo al Polo) (Theroux, 1979). Scott es efecto se aproximó a lo desconocido con las herramientas, categorías y clasificaciones de lo conocido. Estaba convencido de estar entrando en un territorio, y no en una plataforma de agua congelada llena de factores complejos como viento, corrientes y torrentes (Hall, 1972). William Herbert, un destacado explorador polar, describe algunas de las incertezas alrededor del flujo de los hielos: explica cómo éstos dependen de lo compacto de la cubierta de hielo, del tamaño de las banquisas, del área de navegación, de las irregularidades en la superficie de los témpanos al viento (Herbert, 1972). Los términos usados por Herbert -tales como navegación, flujo, viento, corriente y deriva-, nos permiten comprender lo lejos que está la Antártica de ser también un objeto de museo. Comprendida como extensión navegable, esta geografía congelada requería de un set de herramientas y procedimientos totalmente diferente, como, por ejemplo, la "navegación por estima"(9), una técnica extinta que usaba sextantes de bolsillo, almanaques náuticos y tablas para fijar la posición de los cuerpos celestes (Hall, 1972). Amundsen, como un marino navegando a través de la Antártica, la usó para orientarse entre puntos astronómicos fijos, evaluando así la distancia por la velocidad de los perros atados a una rueda de trineo. Si éstos trotaban, caminaban o corrían el explorador se hacía una buena idea de qué tan rápido avanzaban (Hall, 1972). Este tipo de trineo para registrar millas en un medidor iba atado a una rueda de bicicleta común con neumático, y podía funcionar en todo tipo de hielo y nieve (Stephenson, 1951). Este pequeño implemento (fig. 22), asistido por una aguja de declinación magnética, nos recuerda la fotografía de Reyner Banham vestido de vaquero y montando una pequena bicicleta plegable en una planicie salar de California (fig. 23). En un intento por subvertir los paradigmas de la permanencia de la arquitectura, Banham recurrió al mecanismo más pequeño que pudo. Del mismo modo, el trineo y la rueda de Amundsen son como una imagen de la pieza de equipamiento más pequena posible para subvertir nuestra porfiada tendencia a controlar las cosas desde arriba y desde afuera con grillas y cartografías.


Fig. 22 Trineo de Amundsen para registro de millas recorridas, a través de un contador construido con una rueda de bicicleta.

Fig. 23 Rayner Banham fotografiado por Tim Street-Porter en el desierto de California.
Fuente: ALONSO, Pedro. Deserta. Ediciones ARQ, Santiago, 2012.

Pero no es tarea fácil desmontar la escarcha conceptual que existe sobre la Antártica gracias a la fotografía aérea. Después de todo aún se la considera, románticamente, "el último lugar del mundo" (el título de un documental reciente de Werner Herzog). La creencia general de una tierra prístina que debe preservarse a través de acuerdos internacionales anade otra capa de frío en la retórica de ocupación geopolítica,la cual solo podrá ser descongelada en 2048, cuando se revise elProtocolo al Tratado Antártico sobre Protección del Medio Ambientede 1991 (que entró en vigor en 1998).

En el Tratado (art. 2: "Objetivo y designación"), las partes "se comprometen a la protección global del medio ambiente antártico y los ecosistemas dependientes y asociados, y para ello designan a la Antártica como reserva natural, consagrada a la paz y a la ciencia", (figs. 24, 25 y 26) convirtiendo así la investigación en una forma de capital simbólico (Huntford, 1979). Pero la lógica de los reclamos territoriales de las partes no está exenta de debate en torno a la exploración de reservas de petróleo, con grandes companías que impulsan indagaciones del perfil del fondo marino y expediciones bajo diversas banderas nacionales para recolectar datos del fondo de los mares de Ross, Weddell y Bellingshausen, y de la Península Antártica (Elzinga y Bohlin, 1989). Descubrimientos de cobre, uranio y platino en el continente mismo, y extensos hallazgos de mineral de hierro y cobre han aumentado la especulación sobre la Antártica (figs. 27, 28, 29, 30 y 31), ya no como "el último lugar del mundo" sino como "el último cofre de tesoros del mundo" (Elzinga y Bohlin, 1989).


Fig. 24 Sello de la expedición antártica alemana, 1938-1939.


Fig. 25 Sello del Consejo de Administradores de Programas Antárticos Nacionales.


Fig. 26 Sello de International Association of Antarctica Tour Operators IAATO.


Fig. 27 Mapa de lagos subterráneos en la Antártica.


Fig. 28 Mapa de yacimientos minerales en la Antártica. Ag - plata | Au - oro | Co - cobalto| Cu - cobre | Cr - cromio | Fe - hierro | Mb -molibdeno | Mn - manganeso | Ni - níquel | Pb- plomo | Ti - titanio | U - uranio | Zn - zincFig. 28 Mapa de yacimientos minerales en la Antártica. Ag - plata | Au - oro | Co - cobalto| Cu - cobre | Cr - cromio | Fe - hierro | Mb -molibdeno | Mn - manganeso | Ni - níquel | Pb- plomo | Ti - titanio | U - uranio | Zn - zinc

Fig. 29 Mapa de potenciales hidrocarburos en la Antártica.

Fig. 30 Mapa de potencial geotérmico en la Antártica.


Fig. 31 Mapa de recursos no renovables en la Antártica.

En consecuencia, dentro del grupo antártico "existen divisiones entre los pro-mineros, que quieren explotar el continente, y aquellos que buscan priorizar la protección medioambiental como interés principal"(10). En la Antártica, la ciencia entra en un especial tipo de intercambio con los políticos, "en el que los científicos son provistos de fondos para hacer investigación, pero al hacerlo también cumplen con una tarea política, haciendo avanzar los intereses nacionales de su propio país en la arena geopolítica. Por eso, la importancia retórica de las actividades de investigación puede ser más importante para los políticos que su real valor científico" (Elzinga y Bohlin, 1989). Esto, sin embargo, no es diferente a lo que sucedía en los tiempos de Amundsen, quien aprendió que la exploración debía estar vestida de ropajes científicos para conseguir auspicios. Por respetabilidad, él necesitaba un pretexto científico y lo encontró en la búsqueda del polo sur magnético (Huntford, 1979). Esto recuerda la definición de Ciencia de Bruno Latour -con C mayúscula- como "la politización de las ciencias por la epistemología para volver impotente la vida pública haciendo pesar sobre ella la amenaza de una salvación por una naturaleza ya unificada" (Latour, 2004). Y no hay lugar en la tierra más unificado que la mitificada Antártica en su supuesta condición prístina y originalmente inalterada, incluso cuando sabemos que la capa de ozono ha sido mermada, y las ballenas y focas extinguidas durante los siglos XIX y XX.

Este modo de pensar se traduce en proposiciones arquitectónicas relacionadas con el testeo de prototipos de sistemas de habitación e infraestructuras basadas en ligeras cápsulas desmontables, aparentemente sostenibles y no invasivas para la ocupación antártica, de cierto modo en contraste con los actuales motivos económicos, militares, jurisdiccionales, administrativos y políticos que, antes que todo, han creado un fuerte impulso en la dirección de tales investigaciones (Elzinga y Bohlin, 1989).

Pero, para la preservación de la Antártica, la ocupación y la explotación no son amenazas diferentes de las que ya están en curso a través de una ocupación pacífica y científica vinculada a intereses nacionales en la arena geopolítica. De hecho, lo que realmente afecta el presente y el futuro de la Antártica no es solo lo que se construya en ella, sino también todo lo que rodea esa construcción, según instrucciones que vienen desde fuera. Una historieta de 1967 de Chilly Willy, maravillosamente titulada "Tiempo caliente sobre el hielo" (fig. 32), bien resume lo que está en juego en la Antártica con relación a los temas de navegación. En una estación del Polo Sur, el capitán quiere que el oso Smedley vaya por suministros. Chilly Willy, sin embargo, hace que la operación sea imposible pues ha arruinado la pista de aterrizaje con hoyos para pescar, y el episodio concluye con la destrucción total de la base, un búnker subterráneo muy propio de Guerra Fría. Como la Antártica debe permanecer intocable, todo -desde la comida a la basura, del petróleo a la gente; y, por supuesto también los nuevos prototipos arquitectónicos- debe entrar y salir en barcos y aviones de carga, fiel a la retórica de una naturaleza original, no adulterada y prístina (fig. 33). Pero esta retórica de ocupación, convencida de no tocar esta Naturaleza, al mismo tiempo ofrece la respuesta nada ecológica del incesante transporte.


Fig. 32 Chilly Willy, Hot time on Ice. Walter Lantz Productions, 1967.


Fig. 33 Base antártica chilena Rodolfo March.

Y, entonces, en términos de estructuras e infraestructuras estas parecen menos relacionadas con el problema del diseño y la construcción de bajo impacto que usualmente se propone para la fluctuante población antártica, la cual oscila entre las dos mil y cinco mil personas dependiendo de la temporada. Ni nómade ni por completo permanente, esta población es, en sí misma, una prueba de soberanía, que opera debido a un motivo externo, convirtiéndose en una "comunidad híbrida" que combina científicos, planificadores, políticos, administradores, burócratas y hombres de negocios (Elzinga y Bohlin, 1989). Sin embargo, si la infraestructura debe ser, supuestamente, un medio para un fin, ?cómo considerar a una población cuya existencia es un medio para un objetivo geopolítico? Puertos, corredores, caminos y tuberías son equivalentes a la gente: elementos instrumentales para el objetivo final de reclamar soberanía; una población que en sí misma se ha convertido en infraestructura territorial.

Así, la relación se ha invertido. La infraestructura no está dispuesta para permitir la ocupación habitacional humana, sino que los humanos han sido instalados para permitir que la infraestructura se apropie de la Antártica en su posible futura significación política y económica. Como cualquier otra infraestructura, esta población, en su real calidad infraestructural, permanece oculta a la vista. No la vemos como tal. Acostumbrados, como estamos, a llamar a las cosas nuevas con palabras viejas somos incapaces de ver a la gente como componente de infraestructura integral a las políticas de reclamación territorial(11).

Parece ser que el grupo de científicos entusiastas que han estado trabajando en estas bases son quienes le propinarán al hielo un golpe fatal, adelantando en varias décadas los trabajos tendientes a reclamar agua y petróleo como riquezas naturales. Quizás, después de todo, Moreu de Maupertuis no estaba tan equivocado sobre quienes viven cerca de los polos; empujados a estas latitudes por otros hombres, cuando la aniquilación de la Antártica comience, habrán de ser temidos o despreciados.

Para que la arquitectura y la infraestructura no aborden el hielo, el viento y el agua con el marco conceptual y el equipamiento equivocados -como Scott "trayendo ponis a la Antártica"- quizás debamos evitar verla como un territorio vacío en el que investigar los usuales clichés arquitectónicos de prototipos livianos. Deberíamos desviar nuestra atención hacia los límites de un marco conceptual surgido de tradiciones territoriales y urbanas, y la fijación de formas de terreno a través de fotografías aéreas o dibujo lineal.

De hecho, no solo el concepto de territorio debe ser puesto en cuestión, sino también el estatus de nuestras ideas sobre asentamientos y ciudades. Esto, porque las calles y plazas no tienen sentido en un lugar donde la vida exterior es imposible. Si algo condiciona la arquitectura antártica es -paradójicamente- el fuego. Debido al viento que propaga los incendios y el agua congelada incapaz de apagarlos, cualquier agrupación convencional de programas resulta imposible y obliga a una distribución más bien dispersa, de volúmenes pequeñosy distanciados unos de otros (fig. 34). Esto determina el tamaño delos edificios y elimina por ejemplo los bloques de vivienda o las casasadosadas. Mientras el hielo y el viento definen el ambiente, el fuegodetermina la habitación humana y su infraestructura.Volviendo al dilema de Chilly Willy, la pregunta sigue siendocómo concebir imágenes que puedan subvertir el traslado permanentede suministros en relación con el funcionamiento interior del ecosistemaantártico. Rechazando la grilla mítica, deberíamos ensayar laproducción de imágenes que inserten el proyecto en las redes tróficas.Sería un tipo de diagrama que no estaría dominado por la geometría.Ese nuevo diagrama quizás evite la idealización de una Naturalezaincontestable -en sí mismo, un concepto del siglo XVIII- reemplazandoel ethos retórico en torno a la preservación de la Antártica para,en cambio, reafirmar el potencial transformador de la arquitectura,sacando a la Antártica del museo a través de la subversión de losideales de la construcción efímera. Después de todo, la pregunta noes si la Antártica cambiará o no; más bien, de acuerdo a qué proyecto,y con qué consecuencias para el conocimiento arquitectónico tras larevisión de las herramientas y vocabulario conceptuales con los quenos acercaremos a ella. La imagen escogida no será la fotografía aéreatotalizante sacada de Google, sino una combinación de tecnologías insertasdentro de la red trófica antártica transformada en el sitio de laintervención (figs. 35, 36). Ahí es donde yo, al menos, comenzaría miindagación. Volviendo a Barthes, partiría con no más de unos pocoselementos, aquellos que estoy seguro que existen. Nada que tengaque ver con un corpus o una teoría general o una grilla universal yabstracta: solo algunos objetos para una navegación por estima, valedecir, una teoría particular para cada viaje y para cada proyecto. Ensuma, una mathesis singularis para la Antártica (Barthes, 1980).


 

Fig. 34 Base antártica chilena Presidente Frei Base y Base antártica rusa Bellinghausen.


Fig. 35 Diagrama BAU. Business As Usual. Recepción de abastecimiento desde otros continentes, incluyendo energía, comida, materiales y equipamiento. El mayor consumo energético se vincula a calefacción, retiro de nueve acumulada y electricidad en ambientes interiores. Desechos sólidos y líquidos son enviados de vuelta a otros continentes. Uso de vehículos motorizados petroleros.

Fig. 36 Diagrama DTI. Technological Integration. Infraestructuras tanto para la energía como para los suministros. En términos energéticos, se incorporan paneles solares y turbinas eólicas. El ahorro energético se realiza a través de mejoras en la aislación de superficies y muros. Para evitar remociones de nieve los edificios cuentan con mecanismos telescópicos para subir y bajar respecto al nivel del terreno. Una grilla inteligente conecta y ditribuye energía de acuerdo a jerarquías. La comida se produce en el lugar, en pequeños huertos hidropónicos. Los desechos sólidos y líquidos son tratados y reutilizados. No hay vehículos petroleros.

Notas

1. Este texto fue presentado por su autor en el contexto del Phyllis Lambert Seminar "Territorial Infrastructures" en la Escuela de Arquitectura de Université de Montréal en 2012.

2. El artículo revisa The Voyage of The Discovery, de Robert F. Scott.

3. En el caso de los sistemas Taisei (Japón), E-101 (URSS) y Descon/Concordia (EE.UU./ Canadá), se obtuvo información de sus creadores, Hiroshi Yoshida, Leonid Ghelphand y Milo Shemie, respectivamente.

4. Pierre Louis Moreau de Maupertuis. Topógrafo nacido el 28 de septiembre de 1698. En 1732, introdujo en Francia la teoría de Newton; en 1736 fue nombrado por Maurepas jefe de laexpedición enviada al Polo Norte para medir el arco del meridiano terrestre, misión que ejecuta exitosamente en un año y que quedó registrada en su libro La figura de la tierra (1738); gracias a esta contribución fue nombrado por Frédéric I presidente de la Real Academia de Ciencias de Berlín donde tendría violentos conflictos con Samuel Koenig, a propósito de la autoría del principio de la mínima acción.

5. Cuatro años después de esta propuesta comenzó a desplegarse otra historia desde la oscuridadde la Terra Incognita. De acuerdo a Summerhayes y Beeching, en una de las expedicionesantárticas menos conocidas, y usando una embarcación llamada Schwabenland, en diciembrede 1938 y abril de 1939, los alemanes visitaron la parte oriental de lo que hoy se conocecomo Tierra de la Reina Maud, preocupados por el futuro de la industria ballenera alemana.Esta misión buscaba reclamar un pedazo de la Antártica y encontrar allí un lugar adecuadopara una base para la flota ballenera alemana. El siguiente acontecimiento documentadoocurrió en julio de 1945, dos meses después de la rendición alemana, cuando el buque alemánU-530 entró en la basae naval argentina en Mar del Plata. Pese a las noticias del suicidiode Hitler el 30 de abril, muchos creyeron que la embarcación escondía a Hitler, Eva Braun yMartin Bormann y había alcanzado lo que llamaban la en la Antártica,llevándolos a un refugio secreto especial construido durante la expedición de 1939 a la Tierrade la Reina Maud. De acuerdo a estos mismos autores, esta base había sido construida conla ayuda de entes extraterrestres descritos como arianos, dando pie a los más espectacularesrelatos sobre espionaje atómico y naves bélicas espaciales. Las misiones secretas Highjump(EE. UU.) y Tabarin (Gran Bretana) eran supuestas respuestas militares a esta historia. Aunque,de acuerdo a Summerhayes y Beeching no hay evidencia que sostenga ninguna de estasafirmaciones, algo acerca de la naturaleza inexplorada de esas tierras sigue presentando a laAntártica como un lugar especialmente proclive a la ficción, el mito y la especulación, desde laimaginería nazi a la locación perfecta para el aterrizaje alienígena, tal como aparece en el filmede 1951 The Thing from Another World, basado en la novela de 1938 de Don A. Stuart; o losmás contemporáneos Archivos X o Alien versus Predator.

6. Life, marzo 1, 1934 (contribución del equipo editorial).

7. Westerman agrega: "Se me ocurre una tercera posibilidad: ¿podría ser que los mapas y libros de manufactura soviética reflejasen con precisión una realidad socialista? Y, de ser así, ¿cómo difiere esa realidad de la nuestra?".

8. Roland Barthes en el ensayo The Grain of the Voice.

9. En lenguaje náutico, la "navegación por estima" (dead reckoning, en inglés; también "ded",por "deducido", o DR) es el proceso de calcular la ubicación propia en un momento dadousando una posición previamente determinada, o fijada, y proyectando esa ubicaciónbasándose en velocidades conocidas o estimadas a partir del tiempo transcurrido y elcurso. El uso de la navegación por estima en el cálculo de velocidad y dirección está sujetoa errores acumulativos. Los avances en implementos naúticos para información precisasobre la posición -en particular, la navegación satelital con gps- han dejado obsoleta lasencilla navegación por estima para la mayoría de los casos; sin embargo, los sistemas denavegación inercial, que entregan muy precisa información direccional, usan la navegaciónpor estima con frecuencia. Como analogía a su uso náutico, las palabras "navegaciónpor estima" también se usan para simbolizar el proceso de estimar el valor de cualquiercantidad variable usando un valor previo al que se anaden los cambios que hayan ocurridoen el intertanto. Usualmente, este uso implica que los cambios no se conocen con precisión.Los primeros valores y los cambios pueden ser cantidades medidas o calculadas.

10. Australia, Nueva Zelandia, Chile, y Suecia pertenecen a la última categoría, mientras que ellobby pro-minero incluye a Alemania, Rusia, Japón, Estados Unidos, Gran Bretana, Francia y,probablemente, Italia; y entre las naciones en vías de desarrollo, Brasil e India. Aant Elzingae Ingemar Bohlin, The Politics of Science in Polar Regions, en: Ambio, Vol. 18, No. 1, PolarRegions (1989), p. 72.

11. La base chilena Eduardo Frei podría tener la significación especial de llevar esto a unextremo, asegurando que la Villa Las Estrellas no es una base sino un asentamiento urbanodentro del continente.

 

Referentes

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1. Pedro Alonso. Arquitecto y Magíster en Arquitectura, Pontificia Universidad Católica de Chile,2000 y Doctor en Arquitectura (Ph.D), The Architectural Association, 2008. Desde 2005 ensenaen The Architectural Association, donde actualmente es profesor visitante en el programa de Master in History and Critical Thinking. En 2010 obtuvo una beca de investigación de The Getty Research Institute y en 2011 fue académico visitante en The Canadian Centre for ArchitectureCCA - Montreal. Actualmente es profesor de la Escuela de Arquitectura y jefe del programa deMagíster en Arquitectura marq de la Pontificia Universidad Católica de Chile.

2. UMWELT. Oficina de investigación y práctica en Arquitectura y Diseño Territorial, fundadaen Santiago de Chile a principios de 2011 por Ignacio García Partarrieu y Arturo Scheidegger,ambos Arquitectos y Magíster en Arquitectura de la Pontificia Universidad Católica de Chile.Han sido profesores invitados del Workshop AA Chile y seleccionados como finalistas de YAPConstructo 2013. Sus proyectos han recibido de premios en concursos públicos y han sido exhibidosen la Bienal de Venecia 2013, de Shenzhen y Hong Kong 2011 y de Santiago 2012.

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