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ARQ (Santiago)

versión On-line ISSN 0717-6996

ARQ (Santiago)  no.86 Santiago abr. 2014

http://dx.doi.org/10.4067/S0717-69962014000100003 

LECTURAS

Bobi y la utopía del cinturón verde

  

Gloria Favi*(1)

* Profesora, Universidad del Pacífico, Santiago, Chile.


Resumen

La travesía delirante de Bobi desdibuja los límites de la ciudad segregada. Su búsqueda de un espacio utópico para su monstruosidad conduce a la ciudad imaginada, producción espacial del Estado de Chile para el hombre nuevo y una sociedad transformada.

Palabras clave: Literatura - Chile, Patas de perro, Droguett, segregación urbana, psico-geografía, deriva.


 

Patas de perro en la ciudad de Santiago de Chile en 1960

Fig. 1. Página 1 de la segunda edición de Patas de perro de Carlos Droguett. Editorial Zig-Zag S. A., Santiago, 1966.

Fuente: Memoria Chilena, Biblioteca Nacional de Chile. Disponible en: www.memoriachilena.cl

A través de la presencia transparente de un adolescente representado en la novela Patas de perro de Carlos Droguett(1), intentaremos descifrar algunos signos cotidianos de la marginalidad social escenificados en un Santiago residencial y somnoliento, espacio virtual que ha unificado su negativa violenta para albergar a Bobi, el deforme, cuya experiencia del paisaje de la ciudad de Santiago en 1960 ha condicionado nuestra percepción sobre la lenta y sostenida degradación urbana en el siglo XXI.

Pero ¿cuál es la historia de la ciudad que la memoria y los pasos entrecortados de Bobi conservan mientras nos desplazamos a través de los charcos, el barro y la sangre del barrio Matadero en este diseño vicario de fealdad y dolor?

(...)miraba la sangre aguada chorreando por los lavabos, me quedaba mirando la cabeza desollada de un caballo y luego, luego estaban lloviendo los trozos de carne a mis pies, ellos me dejaban cogerla, ellos no me exigían sino un trocito y comerlo ahí, no me pedían más, esa era mi contribución. (Droguett, 1998, p. 94).(2)

La articulación de ese lenguaje construye la gestualidad del mundo imaginario que envuelve la monstruosidad de Bobi, mientras en esa ruptura siempre vigilada por la lógica y la historia legible, nuestra voz intenta cavar en las derruidas murallas citadinas para superar el olvido de la ciudad bárbara. Pero ¿cuáles son los códigos apropiados para (des)construir los espacios simbólicos y los sue&ntos colectivos depositados en la memoria histórica de Santiago de Chile, en el ambular atormentado de Bobi y sobre una ciudad sin brazos, cuya exclusión de lo grotesco y deforme estaba organizada y demarcada en límites territoriales específicos?(3)

Bobi era oriundo del barrio Matadero-Franklin, periferia urbana de violencia y muerte que deslindaba en las aguas pestilentes del Zanjón de la Aguada, donde conventillos y ranchos pregonaban la inconsistencia de una programación estatal para construir viviendas populares. "Un barrio netamente obrero debe ser mantenido y limitado como tal"(4) nos confirma el mundo real del plan Brunner-Humeres en 1939.

De esta forma, con los pasos de Bobi y Carlos nos proponemos reconstruir el espacio del discurso subalterno de los habitantes de Santiago de Chile en la mitad del siglo XX, ejercicio literario que nos permitirá resignificar, en tiempos diversos, un pasado y un presente al que le otorgaremos, mediante el giro discursivo, un nuevo sentido. El texto que he seleccionado para su estudio semiótico(5) cumple una función activa en el mecanismo ideológico de la cultura en la mitad del siglo XX, en tanto es generador de un modelo de mundo en sus intentos para recuperar la conciencia activa del hombre social e histórico que se expresa en él.

La novela Patas de perro recupera parcialmente la memoria y representa los vestigios de la ciudad de Santiago, actualizados en los inicios del siglo XXI, cuya memoria y espacios públicos están siendo expoliados y expropiados por la concepción arquitectónica y paisajística (des)regulada que introduce el Estado moderno, y por la producción simbólica de Internet y la televisión, paradojas de una integración que propone individualismo y soledad con la navegación en los dispersos fragmentos migratorios de las autopistas virtuales.

Entonces observamos la incoherencia y el delirio de un narrador que en su relato intenta negar la supuesta irrealidad de la existencia de Bobi, un adolescente nacido en la iniquidad del barrio Matadero con unas hermosas patas de perro. Su decir nos revela en una red de pistas inconclusas, los fenómenos sociales asociados a la historia de Santiago de Chile entre 1950 y 1964. Esta situación contextual nos permite conjeturar sobre el hacinamiento de dos millones de habitantes en la capital, producto de las migraciones campesinas y mineras, más la desnutrición del 60% de la población de Santiago, considerada la ciudad más rica del país entre 1968 y 1969 (Collier y Sater, 1998).

En el relato, los pasos y miradas de Bobi sobre la ciudad y fachadas de las calles, descubren además a fantasmales sujetos anacrónicos que buscan un lugar donde vivir para esconder la tensión de sus miedos en esas barriadas disgregadas y carentes de toda compasión y compromiso emocional con las formas diferentes.

(...) pero comprendo que a otros, deformados espiritualmente, gente de comedores y de cocina, gente de plato y taza, tiene que dolerles, porque tú no eres un ser deforme sino todo lo contrario, porque tu forma es nueva y total y ellos no lo son, son medio hombres, un cuarto de hombres. son alimañas, bestias domesticadas e infectas, voraces y calculadoras. (Droguett, 1998, p. 65)

El decir de Carlos, protector de Bobi y narrador de estos trágicos sucesos, se ha transformado en un acto de autonomía que reconstruye, en los distintos espacios de la ficción, los hechos de la violencia y segregación interiorizada en la ciudad real desde tiempos inmemoriales. Entonces conocemos desde qué exclusiones y contradicciones se construyen las identidades discursivas en el acto mismo de su participación como expresiones de una memoria espacial y conglomerados dialécticos de recuerdos que movilizan constantemente la lectura en los códigos secretos en nuestra ciudad.

Walter Benjamin nos revela en su "Crónica de Berlín" (1950):

Quien trate de acercarse a su propio pasado debe comportarse como un hombre que cava (...) Pues los estados de las cosas son solo almacenamientos, capas, que solo después de la más cuidadosa exploración, entregan lo que son los auténticos valores que se esconden en el interior de la tierra (p. 212).

Y los pasos de Bobi, generadores del recuerdo, evocan el mapa de su vida en el viejo barrio de vicio y miseria, mientras cavan un pasado donde objetos inquietantes yacen prisioneros:

"Sabía que me pegaría, le tenía verdadero terror a la hebilla de bronce de su cinturón, jamás se me olvidaba el olor del bronce metiéndose por los labios, una vez que me los partió" (Droguett, 1998, p. 170).

Su padre lo odiaba, pero pedía limosna para mostrarlo y hasta había comprado una linterna, para los sitios demasiado obscuros (...) (Droguett, 1998, p. 108).

El profesor Bonilla cogió el cuchillo de la mesa. Con paternal cuidado, levantó la mano y lo abofeteó y con la otra le lanzó una cuchillada. Bobi sintió la sangre que le corría por la mejilla (Droguett, 1998, p. 163).

Walter Benjamin afirma: "El encuentro con el objeto libera el pasado que quedó atrapado en él"; fragmentos del pasado son entonces la hebilla de bronce, el cuchillo y la linterna, objetos cotidianos en el mundo real y que se han metamorfoseado, en el interior de este mundo violento, en productos de la excavación de posesiones intranquilizadoras que han adquirido su propia forma, peso y consistencia para organizar la sintaxis temporal que materializará las senas concretas y reales del exilio y destino trágico de Bobi. La música es el silbido del látigo que lo obliga a limosnear carne en los puestos sanguinolentos del matadero; el rayo de luz es la linterna que ilumina su deformidad mientras devora repulsivos trozos de carne; y el cuchillo es la destreza luminosa del profesor Bonilla mientras lo hiere en el baile de fin de curso. Estos objetos reales, en el mundo interno del relato, se constituyen como coordenadas geométricas virtuales y temporales para demarcar los territorios desde donde es expulsado Bobi para generar, con sus pasos, el entramado de los sucesos sociales que darán forma a su historia.

De padres alcoholizados nacen hijos idiotas, monstruosos. otros los engendran y los botan al barrio, a la ciudad. es una insolencia tener al muchacho en una escuela que había sido abierta para recibir a seres humanos y no a engendros vomitados por la infraestructura del país (Droguett, 1998, p. 81).

El decir del profesor Bonilla expulsa a Bobi, el monstruo perfecto, desde la ciudad letrada hacia los crueles embates de la jauría. Pero ¿desde qué institucionalidad habla? Creemos que en la construcción discursiva sobre la limitada ciudad de engendros, están contenidas, en calidad de símbolos, la violencia e ilegalidad de la exclusión territorial y social que ha condenado a la ciudad bárbara en todos los tiempos de nuestra historia.

Entonces necesitamos recuperar la historia de las palabras en la subversión sutil de un tiempo múltiple, para conocer en el siglo XXI, cómo se ha cristalizado el uso de las metáforas sobre la percepción del mundo de los excluidos en una determinada casta social.

De esta forma reiteramos la autonomía de Carlos, el narrador, cuyo delirio contradice las jerarquías y exclusiones desde la cual habla, porque las identidades discursivas que han generado su hablar no están preestablecidas en la dimensión simbólica de una ideología. Estas identidades disidentes se construyen en los mismos actos discursivos que le permiten participar libremente en sus propios mundos de creencias y, nos proponemos reflexionar sobre las identidades en el texto, en tanto las consideramos como metáforas lingüísticas generadoras de la memoria espacial de la ciudad real en la mitad del siglo XX. Estos conglomerados dialécticos de la memoria que se representan en el lenguaje de la literatura, nos permitirán invadir y descifrar parcialmente los focos disidentes de la ciudad bárbara en la iniquidad espacial de una aglomeración urbana que nos habla de la estructura económica y social de Chile en la década de 1950 a 1960.

Cuando nació Bobi, su padre fue expulsado de la fábrica, su madre estuvo a las puertas de su muerte y tuvo que cambiarse de barrio, abrumado por la vergüenza y los insultos. En el almacén le cerraron la cuenta. (Droguett, 1998, p. 93).

La institucionalidad barrial ha negado el vínculo con la originalidad del cuerpo de Bobi, sus iguales temen perder la conexión en el espacio colectivo y mental de la ciudad segregada, sin embargo, la rebeldía de Bobi en sus intentos para integrarse en la originalidad de "un espacio con ojos llenos de edad sumergida de sabiduría, que ya no lanzan miradas de odio, de furia, de soledad" (Droguett, 1998, p. 113) organizan el escenario de una experiencia urbana que nos acercará al discurso ideológico sobre la producción social de los espacios y lugares en la primera mitad del siglo XX.

Carlos y Bobi, generadores de la memoria espacial en el Santiago de 1960

¿Soy yo un ser humano?... Tenía derecho a hacer esa pregunta. porque hasta ahora la vida se le había presentado como una cualidad que no le correspondía y el mundo como un sitio al cual había llegado sin tener derecho a ello (Droguett, 1998, p. 111).

Esta interrogante confirma nuestros intentos por descifrar las identidades discursivas de Carlos y Bobi, en tanto consideramos su ambular y hablar disidente como dialécticas generadoras de la memoria espacial de la ciudad de Santiago en la mitad del siglo XX. Sabemos que los espacios arquitectónicos son territorios de subjetividades que crean significaciones reales para expresar la historia de una ciudad y su materialidad está condicionada por los marcos culturales de quienes la diseñan; así, los juicios y prejuicios perceptivos y receptivos que condicionan sus espacios y sociabilidades reflejan el devenir histórico de nuestras instituciones culturales, especialmente el escenario político en 1960, lugar utópico donde empiezan a inscribirse las primeras concepciones urbanísticas y arquitectónicas para integrar nuevos modelos de sociabilidades y movilizaciones populares cuyo eje central de transformaciones sociales es impulsado por el Estado chileno.(6)

La historia de Bobi es la experiencia urbana de un cuerpo disforme que la recorre para aventurarse a múltiples posibilidades de relaciones que siempre fracasan, y la escritura de Carlos es la cartografía de un cometido poético que ilustra la iniquidad excluyente del cuerpo colectivo de nuestra ciudad.

¿Cómo daremos forma al desequilibrio y desarmonía del cuerpo urbano y social en Santiago de Chile? se preguntaban los planificadores en la realidad espacial de la década del sesenta, mientras las coordenadas geométricas del desarraigo espacial en el interior del texto nos hablan:

El profesor Bonilla agregó que ya era una insolencia tener al muchacho en una escuela que había sido abierta para recibir a seres humanos y no a engendros vomitados por la infraestructura del país (...) me contestó que dónde estaban las piernas del niño llamado Bobi (...) que por ahí le habían enviado un perro y que ésa no era escuela de perros ni circos ni zoológicos ni museo ni exposición" (Droguett, 1998, p. 84).

Los cambios en la producción del espacio auguraban transformaciones en la concepción paisajística para dar inicio a un nuevo orden social. De esta forma, la conceptualización de "espacios abiertos, áreas verdes, área suburbana" que preservan el patrimonio natural y cultural en Santiago de Chile, correspondería a la creación de una utopía espacial iniciada desde la esfera estatal con la promulgación en 1960 del Plan Intercomunal de Desarrollo Urbano (PRIS)(7). Algunos urbanistas calificarían los proyectos y remodelaciones urbanas en 1960 como estrategias políticas para anticipar la aparición del hombre nuevo.(8)

Cuando Bobi definitivamente sale de su hogar en el barrio Matadero, abandonado por el certero alivio de sus padres, y Carlos era abandonado por la mujer con quien se casaría, sus pasos y el itinerario de sus voces configuran la imagen y forma de una ciudad inseparable del tiempo y la memoria contenida en el desarrollo sustentable de los años sesenta y sus sistemas coordinados de espacios verdes destinados al esparcimiento de la población y saneamiento ambiental potenciado por corredores ecológicos que intentan unir lo urbano y lo rural (Pavez, 2009).

Casa chica a matrimonio solo en barrio tranquilo, a una cuadra de la Gran Avenida. No se admiten perros (Droguett, 1998, p. 72).

La promesa del paraíso perdido contenida en el anuncio de un periódico es el tránsito frenético de Bobi y Carlos desde sus calles de pesadilla hacia el equilibrio y la belleza de la ciudad imaginada y al vasto depósito de una historia prometedora contenida en la salud de sus áreas y avenidas destinadas a cumplir, en el pasado, la utopía de una institucionalidad que regulaba la protección del paisaje natural amenazado por la expansión urbana de la metrópolis.

Buscar un lugar para vivir era además el residuo de los sueños colectivos de los pobladores hacinados sobre la iniquidad territorial de la ciudad real en 1960(9), una ciudad cuya forma nueva y total sería la utopía del diseño y protección de áreas verdes, ríos, hondonadas y quebradas que puedan contener la monstruosidad perfecta de Bobi y el deseo de olvido de Carlos, en estos lugares diseñados para la perfección y toda la felicidad que les ha sido negada. Una terraza y un patio lleno de flores sería la construcción arquitectónica de un lugar para vivir, la utopía del cinturón verde que anuncia y anticipa una ciudad nueva en un pueblo silencioso, fuera de la hostilidad de la gran ciudad que excluye la monstruosidad perfecta de Bobi y que nos integraría en esta nueva producción del espacio urbano para postular a una sociabilidad diferente, hombres nuevos integrados en la plasticidad de formas abiertas, sentir, respirar el aire.

Nos iríamos. Buscaríamos casa en el barrio del cerro. Encontramos una casa pequeñita con terraza y un patio lleno de flores, una cocinita minúscula, un baño limpio y sencillo. (Droguett, 1998, p. 88).

Pero, las casas, las calles y las ciudades no son solo transeúntes y cosas, son también pensamientos, voluntades y participaciones y desde esos contextos, Bobi y Carlos son expulsados con la violencia imperativa de un lenguaje: "¡La casa es mía y yo tengo derecho para preguntarle en qué la usa usted y porqué la usa de este modo!" (Droguett, 1998, p. 70); "Mis clientes le notifican que debe desalojar la casa el 30 del mes. Atentamente, Gándara" (Droguett, 1998, p. 73). El fin de los sueños es la maldad infinita de la señorita Estefanía, en su boca desganada permanece la interpelación violenta del sentido común para excluir desde sus espacios normados, las formas nuevas y totales que representan las hermosas patas de perro de Bobi: "nos cambiaremos de casa ¿no es cierto? Si, Bobi, le dije, nos cambiaremos, buscaremos una casa agradable y pequeña" (Droguett, 1998, p. 81)

Entraremos a la casa, que veía luminosa ahora y como más grande. Puente Alto. sentíamos el aire seco lleno de ecos que bajaba asoleado de la montaña, al preguntarle yo si le gustaría irse a vivir a ese pueblo, provinciano, silencioso, apegado a la tierra (...) entre las altas montanas y junto a los ríos modestos y apacibles, él me quedó mirando lleno de alegría y me dijo que siempre le había sorprendido que yo quisiera seguir en Santiago, cuando en la gran ciudad hostil no tenía nada que hacer (...) (Droguett, 1998, p. 111).

¿Puente Alto será el proyecto de la ciudad imaginada por Bobi y sus formas nuevas en el marco ficticio de una nueva legalidad espacial? ¿Sería la utopía salvadora que lo rescataría del hacinamiento, hedor y pestilencia del barrio Matadero y de la trágica persecución institucional que encarnan su padre, la escuela y la policía?

Bobi, le dije, en verdad la gente de este pueblo no tiene ojos o sus ojos son como los de los peces, pulidos largamente por el mar, ojos sin aristas que no duelen, ojos llenos de edad sumergida de sabiduría, que ya no lanzan miradas de odio, de furia, de soledad (Droguett, 1998, p. 113).

Y solo serán las miradas "llenas de edad sumergidas y de sabiduría" en estos espacios transparentes, quienes fijarán en un intercambio de subjetividades, la aceptación no formulada de la monstruosidad de Bobi. Así, Puente Alto será el último reducto de ensoñación que se ofrecerá a un Bobi moribundo y acechado por la institucionalidad que ejerce su prevención violenta contra los anormales.

Bobi, los faunos, los sátiros y el espacio sagrado

Desenterramos, desde el baile organizado en la escuela donde asiste Bobi, la luminosidad extraordinaria del mito dionisíaco(10) en la dulce sensualidad que ejercen las formas perfectas de sus patas de perro en la comparación que lo une a sus disformes semejantes; los sátiros, faunos y centauros. En la negativa de este cortejo para aceptar el orden y horror que imponen los titanes, permanece latente la aceptación del divino éxtasis en el baile letárgico que actualiza y ejecuta Bobi para intentar la redención que lo uniría al mundo de los humanos. Desde esta perspectiva, nuestra lectura se convertirá en un ejercicio de imaginación que gestionará mapas efectivos para contener, desde el lenguaje y la memoria, espacios imposibles cuya transformación en reductos de ensoñación hace posible la utopía de las nuevas sociabilidades y los espacios paradisíacos que podría contenerla.(11)

Bailé, me dijo Bobi, bailé realmente con la Silvia, la Enriqueta, la Matilde, bailamos mucho, teníamos el calor en la cara, el sol en los labios, la música nos movía los pies, yo me cogía de sus cinturas, ellas se tornaban pálidas y pensativas, la Silvia me dijo que bailaba muy bien, que porqué nunca salía de noche, que en la noche brillan los bailes al final de la calle. Suspiró, se sonreía pálido, estaba feliz y olvidado, comenzó a silbar suavemente (Droguett, 1998, p. 159).

Pero ¿cuál es el sentido del mundo dionisíaco en los pasos y el baile que ejecuta Bobi para demarcar su espacio sagrado en la ciudad fragmentada? Hablamos entonces de su sabiduría e intuición en la búsqueda de la unidad perdida y la afirmación de la vida por sobre el dolor del rechazo y abandono más allá del optimismo de la superficialidad.

Friedrich Nietzsche afirma:

La vida es indestructiblemente poderosa y placentera, ese consuelo aparece con corpórea evidencia, como coro de sátiros, como coro de seres naturales, que por así decirlo, viven inextinguiblemente por detrás de toda civilización y que, a pesar del cambio de generaciones y de la historia de los pueblos, permanecen eternamente los mismos (Nietzsche, 1973, p. 77).

Sin embargo, comprendemos que no hay lugar para el baile orgiástico en la foresta y la fantasía de una senda mágica para establecer la unidad perdida se ha quebrado en las acciones estridentes del profesor Bonilla y la eficacia terrorífica de los titanes policiales y familiares; Bobi herido y humillado es obligado a abandonar el baile escolar luego de su triunfo y de los fervorosos aplausos de su público.

Este cuchillo. dijo el profesor y se sonreía ahora con miedo, con verdadero miedo, dará comienzo a la kermesse, no se asusten ustedes, sean valientes, miren lo valiente que es Bobi y se tornó hacia él y comenzó a aplaudirlo poniéndose el cuchillo entre los dientes y al momento estuvo gritando, se echó debajo de los peldaños y estaba chillando furioso, pero la gente no se levantaba y huía, la gente no se asustaba, estaba aplaudiendo (...) (Droguett, 1998, p. 163).

El público aplaudía fervorosamente y sus ninfas enceguecidas en el ritual del baile, integraban finalmente a Bobi, al hijo extraviado, en el sendero mágico de la unicidad. El olvido y la embriaguez confieren a Bobi el triunfo y exultación de sus formas perrunas, mientras las ménades de su cortejo participan en el vértigo de su transfiguración divina sobre el espacio mágico, el abismo que demarca su separación con "los otros". "Cuando sintió que lo llamaban y que lo tornaban a llamar y que sonaban algunos aplausos, se puso de pie, se colocó la máscara y caminó hacia afuera (.) (Droguett, 1998, p. 161).

Nos preguntamos ¿cuál es el sentido de la actuación violenta del profesor Bonilla frente al desborde del baile que ejecutan Bobi y sus compañeras? Retornamos entonces al mito báquico, a Eurípides, siglo V a.C. a algunas estrofas de Las Bacantes(12):

He oído de nuevos males en la ciudad que nuestras mujeres han dejado las casas con fingidas danzas para en los espesos montes entregarse al vértigo y al recién llegado Dios, ese Dionisio que no sé quién es, celebran con danzas acuden a gozar del concúbito de un hombre con el pretexto de ser Ménades rituales. Las encerraré en redes de hierro y las haré dejar enseguida ese criminal rito (versos 215-220).

Es el canto de Penteo, hijo de Equión, correcto funcionario, rey y guardián de las leyes en la ciudad de Tebas, representante de la norma, la medida y la razón opresora del Estado frente a la desmesura de la naturaleza (Eurípides, 2005).

Bobi miraba el patio lleno de luces y de gentes y se sentía acobardado, admirado que cinco minutos antes hubiera estado él, él danzando gentilmente alrededor de una agradable perfumada vaporosa creatura, elevando sus manos con energía al ritmo del baile, adelantando su cara enmascarada y afiebrada hacia la boquita que le preguntaba (Droguett, 1998, p. 169).

Bonilla, oscuro pedagogo de ropas gastadas, atemorizado frente a la seducción que ejercen las danzas jadeantes de pasión por el triunfo de la existencia y el exuberante sentimiento de transfiguración, cual émulo de Penteo, rey de Tebas, siente el deber ineludible de aniquilar la desmesura y oponer la razón:

El profesor le arrebató la máscara y la levantó para que la aplaudieran (...) levantó la mano y lo abofeteó y con la otra le lanzó una cuchillada y la máscara saltó como una tapa de resorte y Bobi sintió la sangre que corría por sus mejillas (...) Si se va la música, pensó, me van a matar, y miró el rostro del profesor que lo atisbaba y lo trataba de bestia de asesino de monstruo depravado (...) (Droguett, 1998, p. 165).

La máscara y la música marcan la transfiguración y sacrificio del héroe, su cuerpo torturado y encadenado yace en un sucio cuartel policial; la desmesura aplacada por la razón representa el fin de una senda unificadora a la integración con la naturaleza, esos leves intersticios del paisaje urbano que permitirían atisbar el soplo helado, los ríos, las hondonadas, las quebradas(13). Bobi representaría la última esperanza de redención en un universo cercado por titanes policiales "tú eres el portador misterioso de una revolucionaria forma de ser humano, mucho más noble, más leal (...) si la Naturaleza ha cambiado en tu cuerpo, te ha traído como un emisario, como un espía muy especial" (Droguett, 1998, p. 248).

Luego, la huida del cuartel policial lleva a Bobi a caminar por el San Cristóbal, las orillas del río Mapocho y la Quinta Normal y en esas trayectorias es imposible el ocultamiento y la fuga porque la imagen y la forma de nuestra ciudad es también nuestro cuerpo inseparable del tiempo y la memoria "un bote con enamorados en medio del agua, el vendedor de barquillos adormilado o resignado, el fotógrafo ambulante, francamente enojado y bárbaro".

Son nuestras visiones diluidas, descoloradas cual viejas tarjetas postales convertidas en nuestro cometido poético para recuperar en el dolor de Bobi, el tiempo, el recuerdo y las imágenes de nuestra ciudad destruida.

Entonces la aventura de Bobi no solo ha sido un asunto de cuerpos, un cuerpo solitario que sale de sí mismo y se expone a los otros en la exultación de una particular belleza: su huida se convierte en la proyección premonitoria de una nueva ciudad señalada por la banalidad y el sin sentido:

Miras un mundo delgado y transparente, árboles enormes pero de papel, un agua sucia y falsa, demasiado bien imitada, un agua arrugada de papel, hombres, mujeres de papel, risas de papel, palabras de papel que se van volando con el humo de carbón que viene de la línea del tren, nunca estuve tan suprimido de la vida como esta tarde en la Quinta, pero me fue agradable porque a mi lado pasaban los perros (...) (Droguett, 1998, p. 201).

Junto a Bobi nos preguntamos ¿cuán suprimidos estaremos de la vida real en el actual simulacro de las nuevas sociabilidades electrificadas? Porque Puente Alto era el fin de nuestro viaje donde "no te miran a ti como si tú fueras el engendro que son ellos" (Droguett, 1998, p. 82). Pero comprendemos que esa nostalgia fue una trampa y que en esos espacios sagrados ya no existe salvación posible, el presente ha sido una condena, la eterna lucidez sin esperanzas. Puente Alto, fue transformado en los inicios del siglo XXI en lugares de sociabilidades en conflicto, ajeno y adverso a los códigos interpretativos de las políticas urbanas que proponía la utopía de las áreas verdes en 1960. Utopía que finalizó en 1979 con la presión del sector inmobiliario quien impuso la liberación de los mercados de suelo(14) y eliminó la norma sobre límites urbanos. Esa situación que produjo una grave segregación residencial, especialmente en la comuna de Puente Alto -destinatario selecto para las políticas de erradicación y ubicación de campamentos y poblaciones marginales, junto con marcar las estadísticas más altas de criminalidad y hacinamiento- junto con la polémica que ha generado la medición de la Encuesta CASEN 2012 para la calificación de 629.861 habitantes entre los cuales calificarían cien mil personas en condiciones de pobreza.

Entonces el ingreso de Bobi a la jauría es nuestro consuelo; Friedrich Nietzsche nos confirma:

Ese consuelo aparece con corpórea evidencia, como coro de sátiros, como coro de seres naturales, que por así decirlo, viven inextinguiblemente por detrás de toda civilización y que, a pesar del cambio de generaciones y de la historia de los pueblos, permanecen eternamente los mismos (Nietzsche, 1973, p. 77).

Rescatamos para Bobi y su eternidad, la simulación aparente de un objeto que emerge semioculto entre tantas y tantas palabras. La flauta y las notas melancólicas que ejecutan el concierto para clarinete de Mozart, la flauta distraídamente cercana a un receptor de radio, la flauta aparentemente olvidada junto a ropas arrugadas, la flauta ahora blandida triunfalmente por Bobi, cuando sus huellas marcan la tierra húmeda que lo llevará a la jauría.

La flauta no, la flauta no estaba, fui al patio, salí a la calle obscura, miré a la tierra y allí estaban sus huellas, me agaché a mirarlas. ¡Oh Dios!, grité con furia mientras las lágrimas reventaban en mis ojos (Droguett, 1998, p. 31) 

Fig. 2. Introducción de Patas de perro de Carlos Droguett. Editorial Zig-Zag S. A., Santiago, 1966.

Fuente: Memoria Chilena, Biblioteca Nacional de Chile. Disponible en: www.memoriachilena.cl

 

Notas

1. Se trata del escrito publicado por primera vez en Santiago de Chile por la editorial Zig-Zag en 1965.

2. Todas las citas del texto Patas de perro corresponden a la primera edición a cargo de Pehuén Editores de septiembre de 1998. Colección Premios Nacionales de Literatura.

3. Desde la promulgación de la Ley de Habitaciones Obreras de 1906 y la creación del Consejo Superior de Habitación Obrera, el problema de la vivienda popular no fue solo para la beneficencia que ejercía la Iglesia Católica y los católicos del Partido Conservador. El Estado chileno, en la mitad del siglo XX, fue actor participante en el proceso que culminó en 1953 cuando se dictó el Decreto con Fuerza de Ley No 224 y que dio origen a la Ley General de Construcciones y Urbanización para reglamentar el desarrollo científico del crecimiento urbano, inspirado en atractivos ejercicios urbanísticos foráneos, especialmente el Greater London Plan de Patrick Abercrombie (1944) y la utópica Brasilia, ciudad creada por Oscar Niemeyer (1957). Así nació el Plan Intercomunal para Santiago en 1960, en sustitución del antiguo plan Brunner-Humeres.

4. Según Armando de Ramón (2000), el plan Brunner-Humeres patrocinaba el mantenimiento de la segregación espacial por estratos sociales. En la citada planificación, "calles y avenidas de residencias de lujo o de chalés con jardines al lado o hacia la calle" no debían situarse cerca de viviendas modestas porque afectaba su plusvalía. El escepticismo del urbanista Brunner radicaba en la supuesta "ignorancia del pequeño poblador" quien frente al fracaso de la ley de "habitación barata" y por falta de recursos, terminaba edificando "un rancho con cajones de automóviles, desechos de madera y latas viejas"..

5. En el texto La semiósfera (1966), Iuri Lotman demostró que la semiótica es una disciplina capaz de afrontar el estudio de la compleja vida social y de las relaciones que se establecen entre el mundo y el hombre. Lo más característico en el plano de la semiótica textual, es su tesis global sobre el funcionamiento del texto literario como signo cultural. Nuestra investigación está centrada en los signos culturales textuales que representan -en la literatura- una particular producción y recepción enunciativa para comprender e integrar la comprensión del mundo real.

6. En el texto Bicentenario: remodelación urbana. Utopías y anticipaciones para el hombre nuevo, su autor, Alfonso Raposo Moyano, reflexiona sobre el concepto remodelar y sobre la CORMU (Corporación del Mejoramiento Urbano, creada en 1965) como una de las identidades operativas que a partir de 1960 anticiparía los espacios para marcar el territorio que construiría el hombre nuevo. Se considera la producción del espacio urbano como un laboratorio social que emana desde la esfera pública creada por el aparato político administrativo del gobierno de la Democracia Cristiana.

7. El Plan Intercomunal de Desarrollo Urbano (1960) entre sus incisos proponía: I) Reforestar los terrenos de baja calidad agrícola cuyos bosques fueron destruidos por el consumo II) Implantar un sistema de "ciudades constelación", esto es, un conjunto de núcleos urbanos interrelacionados, de diferentes tamaños y luminosidades. III) Multiplicar los lugares y centros de esparcimiento en valles, lagos, lagunas y alta montana. Chile. Ministerio de Obras Públicas.

8. La programación urbana y regional de Santiago de Chile que contiene el PRIS (Plan Intercomunal de Desarrollo Urbano 1960) y por otro lado, la propuesta de un plan Micro- Regional para la cuenca de Santiago (1964), que incorpora la noción de regulación del paisaje natural en la periferia amenazada por la expansión urbana, intentaban potenciar los corredores ecológicos en el centro de Santiago. Se indica textualmente en uno de los incisos del PRIS: "Se regula el uso de las áreas suburbanas con el fin de defender e intensificar la producción agrícola, al mismo tiempo que se crea un cinturón verde entre las áreas urbanas y suburbanas". Estos proyectos señalan la experiencia relevante del Estado planificador chileno en sus intentos para racionalizar los servicios de urbanización, energía y transportes colectivos entre otros, se intentó mantener las formas urbanas incorporadas a la naturaleza en el diseño de los centros poblados.

9. Debido al crecimiento de la población y a la llegada de un gran número de migrantes de las zonas rurales, los movimientos sociales como protesta en materia habitacional alcanzaron una gran magnitud en la década de los sesenta. La respuesta del Estado fue la promulgación de la Ley No 16.391 que en 1965 crea el Ministerio de Vivienda y Urbanismo (MINVU), cuya misión fue intensificar las labores de planificación urbana. La Corporación de la Vivienda (CORVI), originalmente concebida como alternativa residencial para albergar a los damnificados de los temporales, creó un tipo de soluciones intermedias para solucionar la crisis habitacional.

10. "Las fiestas de Dionisio no solo establecen un pacto entre los hombres, también reconcilian al ser humano con la naturaleza. De manera espontánea ofrece la tierra sus dones, pacíficamente se acercan los animales más salvajes (...) Todas las delimitaciones de casta que la necesidad y la arbitrariedad han establecido entre los seres humanos desaparecen; el esclavo es hombre libre, el noble y el de humilde cuna se unen para formar los mismos coros báquicos". El Nacimiento de la tragedia (Nietzsche, 1973, p. 232).

11. El cortejo de Dionisio estaba formado por ninfas, sátiros y centauros, sus letárgicos bailes en la foresta marcaban una senda mágica que los separaba del resto de los humanos, pero, en el fragor del baile, ellos, seres naturales, logran subyugar y reconciliar al hombre con la naturaleza, la madre y el hijo perdido se reconcilian, la tierra ofrece sus dones y pacíficamente se acercan los animales.

12. Las ninfas dionisíacas son siervas y compañeras del dios Baco. Bellezas locas y atolondradas. Eurípides les dedicó una de sus tragedias que lleva el nombre Las Bacantes y fue representada en el año 405 a.C. (Daudi, 1965).

13. Cf: Metamorfosis, Libro III. Publio Ovidio Nasón (43 a.C.) "¿Qué delirio, hijos de la serpiente, descendientes de Marte se ha apoderado de vuestras almas? -dice Penteo- ¿Tanto poder tienen el bronce chocando con el bronce, la flauta de cuerno curvada y los engaños de la magia, que a los no aterrorizó ni la espada ni la guerra ni la trompeta ni los batallones erizados de armas les pueden vencer unas voces de mujeres, la locura que promueve el vino, una multitud de seres obscenos y unos tamboriles huecos?" (p. 43).

14. Según el MINVU: "El uso del suelo debe regirse por disposiciones flexibles definidas por los requerimientos del mercado". Por otra parte, "se definirán procedimientos y se eliminarán restricciones de modo de permitir el crecimiento natural de las áreas urbanas siguiendo las tendencias del mercado".

 

Referentes

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1. Gloria Favi. Profesora de Castellano, 1971; Magíster en Literatura, 1990 y (c) Doctora en Literatura, Universidad de Chile. Es Investigadora en el Departamento de Investigación y Desarrollo de la Universidad de Chile desde 2007 y a partir de 2011 forma parte del comité de redacción de la Revista indexada Cifra Nueva, editada por la Universidad de Los Andes en Trujillo, Venezuela. Escribió el libro Crónicas de la marginalidad, editado por Bravo & Allende con el auspicio de la Corporación de Desarrollo de las Ciencias Sociales. Actualmente es directora de la Asociación Chilena de Semiótica, profesora de Literatura Chilena e Hispanoamericana en la Universidad del Pacífico y consultora externa de DIUMCE (Departamento de Investigación y Desarrollo de la Universidad Metropolitana de Ciencias de la Educación).

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