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ARQ (Santiago)

versión On-line ISSN 0717-6996

ARQ (Santiago)  no.86 Santiago abr. 2014

http://dx.doi.org/10.4067/S0717-69962014000100009 

LECTURAS

Arquitectura intergeneracional y espacio público

  

Sergio García*(1), Pablo Martí*(2)

* Departamento de Edificación y Urbanismo, Universidad de Alicante, Alicante, España.


Resumen

Un nuevo modelo residencial asociado al espacio público –como instrumento tradicional de integración y ciudadanía– puede constituir una herramienta valiosa para potenciar la heterogeneidad urbana y mejorar la cohesión social en la ciudad.

Palabras clave: Urbanismo - España, arquitectura - España, vivienda social, cohesión ciudadana, integración social.


 

El caso del edificio y plaza de América en Alicante, España(1)

En 1996, la Conferencia de las Naciones Unidas sobre los asentamientos humanos aprobó el programa "Hábitat" con una serie de objetivos, principios, compromisos y plan de acción mundial, planteando por primera vez la necesidad de crear una sociedad para todas las edades, en la que jóvenes y mayores pudieran ver satisfechas sus necesidades habitacionales y sociales (Naciones Unidas, 1996). La población mundial está envejeciendo rápidamente, especialmente en lo que conocemos como primer mundo, lo que requiere la búsqueda de iniciativas para que la distancia entre distintas generaciones se derive en respeto, integración, colaboración y cohesión. La Declaración Política de la Segunda Asamblea Mundial sobre Envejecimiento recoge como uno de sus objetivos "la necesidad de fortalecer la solidaridad entre las generaciones y las asociaciones intergeneracionales, teniendo presente las necesidades particulares de los más mayores y los más jóvenes, así como alentar las relaciones solidarias entre generaciones" (Naciones Unidas, 2002, p. 4).

Desde la arquitectura, la vivienda debe constituirse como pieza fundamental y como catalizador contra la exclusión social intergeneracional dentro de los procesos de regeneración urbana y, desde el urbanismo, el espacio público mantiene su vigencia como lugar de equidad, integración, diversidad y expresión permanente de la condición ciudadana (Borja, 2003; Borja y Muxí, 2003). Christopher Alexander (1977) nos recuerda en varios de sus patterns(2) tanto la necesidad de integrar a los mayores como la complementariedad intergeneracional entre los diversos segmentos de edad, adelantando la idea de una residencia de mayores donde también pudieran cohabitar los jóvenes: "en algunos puede no ser más que una comunidad en la que se cocine en común y cuente con la ayuda a tiempo parcial de chicos y chicas jóvenes"(3) (Alexander, 1977).

En España, la ciudad de Alicante se ha convertido en la primera del país que ha promovido la arquitectura intergeneracional mediante un programa público de actuación que ha incluido tres proyectos municipales. El primero de ellos, el edificio de viviendas intergeneracionales y dotaciones comunitarias situado en la Plaza de América, ya ha alcanzado cinco años de funcionamiento con buenos resultados tal como lo corrobora el interés y reconocimiento internacional por la iniciativa, así como las primeras distinciones y menciones recibidas(4). La implantación y puesta en servicio del edificio se ha visto enriquecida por la presencia previa de la propia Plaza de América, una actuación que se inscribe dentro del conjunto de los mejores proyectos en materia de paisaje urbano de la ciudad durante la década de los noventa (Banyuls, 2001; García Doménech, 2013).

El modelo residencial intergeneracional

Los edificios intergeneracionales incluyen viviendas en alquiler para mayores no dependientes en los que se reserva un determinado porcentaje(5) para jóvenes que adquieren un compromiso de prestación de servicios en la comunidad. Los edificios pueden albergar además otros servicios ciudadanos de proximidad barrial, como centros de día(6) para mayores y otros servicios dotacionales, en función de las necesidades del barrio en el que se ubiquen. Los edificios de residencia intergeneracional se implantan sobre parcelas con marcado carácter urbano y centralidad barrial, de titularidad pública y calificadas por el planeamiento urbanístico como suelo dotacional, de forma que su promoción mantiene control público (Almeida Pinto, 2009; Castro Gallardo, 2012). La calidad de la arquitectura, la localización de los conjuntos construidos, el sentido de pertenencia barrial y la movilidad de sus habitantes, son variables fundamentales para que las viviendas intergeneracionales, enmarcadas en el contexto más amplio de la vivienda social, funcionen correctamente (Rodríguez y Sugranyes, 2004; Tapia Zarricueta, 2011).

En el plano social, los principales objetivos del modelo de residencia intergeneracional son la integración del colectivo de personas mayores, la intermediación y la intervención socio-comunitaria y, en definitiva, la cohesión social (Kaplan, 1997; Kuehne y Collins, 1997). En ese sentido, también queda resuelto el objetivo de satisfacer la demanda de vivienda digna a dos colectivos sensibles: el de las personas mayores y el de los jóvenes con escasos recursos e importantes dificultades de acceso al mercado inmobiliario (Domínguez Orozco, 2012). En el plano arquitectónico, los principales objetivos se orientan a innovar las soluciones para resolver la gestión de los servicios comunes, la innovación en el diseño constructivo de los nuevos equipamientos públicos y viviendas en orden a la consecución de los anteriores objetivos de intervención social, la adaptación de edificios y viviendas a las condiciones de vida de las personas que lo habitan y la facilitación de la accesibilidad y la autonomía personal. Por lo tanto, el programa social ha de ser indivisible del programa arquitectónico, potenciando criterios sociológicos y antropológicos como la dependencia, la conciencia de identidad y la permanencia (Sánchez Martínez, 2007).

El edificio intergeneracional "Plaza de América" (7)

El edificio de viviendas intergeneracionales y dotaciones de proximidad en la Plaza de América (fig. 1 y 2) es el primer proyecto de un programa municipal más amplio que el Ayuntamiento de Alicante ha puesto en práctica en la ciudad bajo el lema "vivir y envejecer dignamente en casa" (Ayuntamiento de Alicante, 2008). En su génesis, el proyecto ha tenido como objetivo procurar el hábitat adecuado a las personas que van a vivir en él; desde las personas mayores con algún nivel de dependencia, hasta los jóvenes que van a participar de manera solidaria en el programa social inherente al programa residencial. Igualmente importante es la integración del edificio en el entorno urbano en el que se implanta y con el que interactúa, prestando sus cualidades al residente y siendo foco de convivencia interna. Desde el programa arquitectónico, el proyecto se concibe como "una pequeña organización, donde la habitación es la casa, el pasillo la calle, las estancias de relación la plaza, donde se encuentran los espacios que acogen actividades y servicios (fig. 3); donde los habitantes son personas, a menudo discapacitadas y con problemas de orientación, problemas a los que hay que responder arquitectónicamente con claridad de espacios y elementos de diseño que sirvan de referencia" (AA.VV., 2005). Los principales objetivos del proyecto son: solucionar el alojamiento digno e independiente para las personas mayores, el establecimiento de servicios dotacionales de proximidad y potenciar activamente la calidad del entorno urbano en interacción con el espacio público existente.

Fig. 1. Planta de emplazamiento edificio intergeneracional "Plaza de América", Alicante, España. Escala publicada 1: 2.500

Fig. 2. Edificio intergeneracional "Plaza de América".

Fig. 3. Pasillos y espacios de acceso a las viviendas del edificio intergeneracional "Plaza de América".

Los diferentes espacios con los que se resuelve el programa heterogéneo del proyecto se encuentran vinculados funcionalmente entre sí (fig. 4, 5, 6 y 7), de forma que los usuarios del centro de día pueden ocupar zonas comunes del área de las viviendas, como el gimnasio, el solarium y la piscina geriátrica instalada en la cubierta superior. Igualmente, los inquilinos de las viviendas pueden utilizar los servicios del centro de día como el comedor, la sala de baile o la peluquería. Tanto las viviendas como los espacios comunes han sido diseñados pensando en usuarios no dependientes, pero que pueden presentar, en un momento dado, algún grado de limitación, por lo que se debía garantizar la asistencia necesaria ya sea de personal propio o externo. Los lugares de reunión y de actividades conjuntas como la biblioteca, la sala de televisión, la sala de informática, la lavandería, el gimnasio o la piscina, se encuentran repartidos en las diferentes plantas, de forma que potencien las relaciones comunitarias entre los diferentes vecinos.

Fig.4. Fachada oriente edificio intergeneracional "Plaza de América".

Fig. 5. Sección transversal edificio intergeneracional "Plaza de América".
Escala publicada 1: 500

Fig. 6. Edificio intergeneracional "Plaza de América".

Fig. 7. Terraza superior.

Las viviendas, los espacios comunitarios y las dotaciones públicas

Las viviendas intergeneracionales constituyen el núcleo central del proyecto: un total de 72 viviendas de un dormitorio y una superficie útil total de 40 m² distribuidas en cuatro plantas, especialmente diseñadas para personas mayores no dependientes, pero adaptables perfectamente al perfil intergeneracional de sus ocupantes (fig. 8, 9, 10 y 11). Todas ellas se resuelven con baños adaptados, calefacción y aire acondicionado. Asimismo, todas las viviendas son exteriores y resuelven su cerramiento mediante el acristalamiento de toda la superficie de sus fachadas (fig. 12 y 13). Con orientación este/oeste, se protegen estas últimas por una segunda fachada en celosía practicable que regula el acceso del sol y modera la temperatura. Estas dos opciones aparecen físicamente diferenciadas por la abertura longitudinal que hace las veces de calle interior por donde se accede a ellas y que facilita, al mismo tiempo, la aireación de las dependencias interiores permitiendo la ventilación cruzada, cuestión que se ha considerado como condición imprescindible.

Fig. 8. Plantas de viviendas tipo edificio intergeneracional "Plaza de América".
Escala publicada 1: 500.

Fig. 9. Interior de una vivienda, edificio intergeneracional "Plaza de América".

Fig. 10. Detalle de las zonas comunes de los distintos niveles del edificio intergeneracional "Plaza de América".
Escala publicada 1: 500.

Fig. 11. Planta primer nivel, donde se encuentra el Centro de Salud. Edificio intergeneracional "Plaza de América".
Escala publicada 1: 750.

Fig. 12. Planta de viviendas tipo y zonas comunes. Edificio intergeneracional "Plaza de América".
Escala publicada 1: 750.

Fig. 13. Elevación edificio intergeneracional "Plaza de América".
Escala publicada 1: 750.

La flexibilidad también es un factor contemplado en la distribución del interior de las viviendas, que pueden incorporar el dormitorio al salón de estar creando un espacio único, o bien dividirlo en dos estancias independientes para tener mayor intimidad. La cocina permanece vinculada directamente al comedor, pero puede cerrarse con una mampara corredera. Esa misma flexibilidad se aplica también para las dependencias del centro de día, situado en la primera planta junto al centro de salud, que es susceptible de modificar su capacidad y su destino mediante paneles móviles. Por otra parte, se han integrado nuevas tecnologías cuyo objetivo consiste en aumentar las condiciones de bienestar, confort y seguridad de la forma más sencilla y natural posible. Por ello se ha diseñado un sistema mixto de alerta mediante interruptores situados en el baño, el salón y el dormitorio que transmite señales de alarma al panel de control situado en la consejería de la planta baja, pudiendo comunicarse también con los servicios exteriores de emergencia.

En cuanto a las estancias colectivas, el proyecto ha previsto una superficie de 1.551 m² útiles para desarrollar espacios que potencien la vida comunitaria, tales como salones, gimnasio, piscina geriátrica climatizada, huerto, solarium, terraza ajardinada o lavandería. Pero el programa también ha incluido un conjunto de dotaciones públicas que abren las posibilidades del edificio a los residentes externos. Concretamente se ha proyectado la inclusión de un centro de salud pública de carácter ambulatorio, con una superficie de 3.074 m², un centro de día para personas mayores de 995 m² y un total de 256 plazas de aparcamiento público de rotación.

El programa social y su puesta en práctica

El programa social del edificio intergeneracional está indisolublemente unido al programa residencial. Responde a la necesidad de establecer unos criterios de actuación en cuanto a las actividades a realizar por los jóvenes dentro del propio edificio, incluyendo posibles colaboraciones con otras entidades. La pretensión del programa es eminentemente participativa y da cabida a todos sus inquilinos, incluso a los servicios comunitarios que en él se ubican, buscando sobre todo fomentar la convivencia entre todos ellos(8). Durante su primer año de funcionamiento se propusieron cinco proyectos de actividad colectiva relacionados con la interacción y la cohesión intergeneracional: "Vuelta a la tierra", en el que mayores y jóvenes cuidan dos espacios ajardinados en la cubierta con doce contenedores-huertos susceptibles de ser cultivados; "De lo cultural a la información", taller que ofrece biblioteca, videoteca, música y prensa, acometiendo también la posibilidad de realizar trabajos divulgativos en vídeo sobre las experiencias de los mayores, incluyendo noticias de prensa de la época y del momento histórico en el que se desarrolla su historia personal; "La fiesta", programa que acoge la realización de celebraciones comunitarias y personales como cumpleaños o aniversarios, utilizando los espacios comunes del edificio, tanto cubiertos como exteriores, según la época del año; "La tecnología en tu mano", que trata de aproximar a los mayores las nuevas tecnologías que forman parte de la vida cotidiana y a los que ellos no han tenido la posibilidad de acceder; y por último, "El buen vecino", en el que los jóvenes se vuelcan en la ayuda y acompañamiento a los inquilinos mayores en actividades como ir al médico, las compras o el acompañamiento puntual a casa.(9)

Las personas mayores interesadas en arrendar una vivienda intergeneracional, han de cumplir una serie de requisitos personales(10) para ser adjudicatarias de las mismas. Igualmente, los jóvenes interesados en arrendar una vivienda intergeneracional también han de cumplir similares requisitos personales(11), pero además deben garantizar su voluntad social, puesto que se comprometen por contrato a dedicar cuatro horas semanales al servicio de la comunidad y a dinamizar las actividades culturales y recreativas de la misma. Esta convivencia se articula mediante un contrato social, complementario al de arriendo, en el que cada uno de los jóvenes tiene a su cargo a cuatro mayores para dar la voz de alarma a los trabajadores sociales en el caso de que se produzca algún problema o anomalía en la rutina de cada día. Se trata de una labor de vigilancia o tutela, no hay que entenderlo como una responsabilidad. Tanto mayores como jóvenes pueden ocupar las viviendas solos o en compañía de su pareja. Asimismo, los vecinos del barrio también se convierten indirectamente en beneficiarios del programa social, puesto que participan de los servicios que ofrecen las dotaciones públicas instaladas en el edificio, además de favorecerse de la mejora en la calidad urbana que el edificio ha generado en su entorno.

El espacio público de la Plaza de América

La propia razón de ser del espacio público acredita su uso como vehículo de expresión ciudadana, cohesión social e integración intergeneracional (Borja y Muxí, 2003; Schlack, 2007; García Doménech, 2013). En ese sentido, la presencia de la propia Plaza de América junto al solar donde se construiría el proyecto de viviendas intergeneracionales, ha supuesto una inestimable base de apoyo para el programa construido, integrando y haciendo partícipes a los vecinos del barrio de la oferta dotacional integrada por los servicios del edificio con la propia plaza como espacio público articulador.

Algunos barrios de la ciudad de Alicante desarrollados entre finales del siglo XIX y principios del XX atendieron a una expansión urbana poco planificada, cuyo origen respondía a una buena conexión y accesibilidad con el centro urbano. De esta forma surgieron algunos barrios como Campoamor, Altozano y Carolinas, entre cuyos bordes se conforma la Plaza de América. El primitivo espacio de esta plaza aparece configurado como un vacío urbano en el anteproyecto de alineaciones de 1930, documento en el que se regularizaba el trazado de la actual avenida del Conde de Lumiares, al norte de la plaza. Pero es en los planos del Plan General de Ordenación Urbana de 1956 donde ya aparece definida la plaza como espacio público ajardinado (Giménez, Giner y Varela, 1985). Ante las iniciales carencias de servicios y equipamientos urbanos en estos barrios, las plazas públicas contribuirían a potenciar el sentido de identidad de los mismos y, dentro de este enfoque, se consolidaría la Plaza de América como centro de encuentro del barrio. Hasta mediados de los años noventa, este espacio solo era un lugar residual convertido en un improvisado aparcamiento irregular. Pero en 1994 dos arquitectos municipales(12) recibirían el encargo de elaborar un proyecto de urbanización de la plaza, tomando como objetivo la creación de un espacio abierto, pero independiente respecto del entorno urbano, por aquel entonces, despojado de cualquier referencia de calidad. Precisamente esa ausencias de señas, referencias y significados empujaría a los autores a independizarse del entorno y ampararse en las propias formas del proyecto para "inventar el lugar" (Augé, 1992; Bañuls, 2001).

El proyecto, que sería integrado activamente por los vecinos del barrio (AA.VV., 1994), está concebido a medio camino entre la tradición del jardín urbano y la plaza pública (fig. 14). La importante pendiente en sentido norte-sur sería aprovechada por los autores para potenciar el recurso lúdico, visual y sensorial del agua en el diseño del espacio público. La fuente principal de la que mana el agua, aquí solo es un elemento inaccesible en la isleta reguladora del tráfico, mientras que el verdadero protagonismo lo lleva el juego de cascadas planteadas en el extremo este de la plaza. Este juego, partiendo de un manantial situado en el extremo norte, recorre la misma longitudinalmente hacia el sur, utilizando, en la tradición del jardín árabe, el sonido como una más de las variables cualitativas y enriquecedoras del espacio urbano (García Doménech, 2013). Los recorridos ajardinados se resolvieron mediante una pavimentación continua de hormigón visto que se limita a marcar una guía en los múltiples itinerarios posibles dentro de la plaza. La impronta urbana e integradora del espacio público vendría insinuada mediante la inclusión de un importante paseo central pavimentado con adoquín cerámico en dirección norte-sur. Este paseo, exento de cualquier retórica, quedaría señalizado mediante una pérgola ligera de acero y madera bajo la que se colocó una fila longitudinal de bancos igualmente resueltos en madera sobre soporte metálico (fig. 15 y 16). En el otro extremo del paseo, originalmente estuvo proyectada una enfilada de cipreses que sería objeto de una sorprendente polémica vecinal.(13)

Fig. 14. Planta de ordenación con jardinería de la Plaza de América, Alicante.
Sin escala

Fig. 15.

Fig. 16.
Fig. 15 y 16. Urbanización de la Plaza de América.
Elaboración de los autores.

Conclusiones

Los proyectos de arquitectura intergeneracional deben contemplar como un elemento clave el diseño cualitativo del edificio para mejorar el sentido de pertenencia y la imagen urbana. Igualmente, deben formar parte indisoluble del espacio público del entorno, interviniendo en el mismo cuando resulte necesario para garantizar la coherencia urbana. En el caso que nos ha ocupado, el paisaje urbano definido por la propia plaza, ha supuesto un interesante contexto en lo urbano –por su forma y solución– pero también en lo social –por su uso– que ha contribuido al buen funcionamiento del proyecto arquitectónico y del programa social. La contribución a la cohesión comunitaria que transmite la presencia de un espacio público de calidad, se hace patente en los proyectos de integración intergeneracional. En ese sentido, el propio espacio público de la Plaza de América, creado ante una total ausencia de señas de identidad para el acervo ciudadano, ha constituido un ejemplo de cómo inventar un lugar de encuentro cuando no existía previamente. Precisamente, en la fortuna de esa invención y su correspondiente materialización paisajística, ha radicado la calidad social de este espacio público.

Para que las políticas residenciales integradoras tengan un efecto positivo y dinamizador contra la exclusión generacional, resulta necesario no considerarlas aisladamente, sino a través de planes de actuación multidisciplinares. El diálogo que se ha establecido entre arquitectura intergeneracional y espacio público en la Plaza de América, ha establecido una puesta en práctica de este principio que ha contribuido notablemente a enriquecer las relaciones entre diferentes generaciones y a potenciar la cohesión social. Debe hacerse hincapié en la extrapolación de la iniciativa social ejemplificada en este proyecto como modelo que podría ser aplicable no solo en experiencias públicas sino también privadas.

Las viviendas de Plaza de América de Alicante han servido para poner en crisis la validez de ciertos prejuicios sociales. La calidad de la arquitectura, en el fondo, es producto formal del desarrollo de un proyecto social singular. Sus volúmenes esconden un interesante experimento habitacional que plantea un contrapunto al modelo tradicional de instituciones asistenciales cerradas y generacionalmente excluyentes. La relación entre personas de todas las edades que viven en el edificio de Plaza de América ha conseguido que la conciencia de identidad y la fuerza de la tradición se unan en busca de la cohesión social. Estas viviendas intergeneracionales han cumplido el objetivo de evitar la soledad y el aislamiento del colectivo de personas mayores, pero también han contribuido a facilitar la prolongación de la independencia en la vivienda particular. La relación intergeneracional ha permitido el descubrimiento de ciertas ventajas mutuas de la convivencia, como el traspaso de los conocimientos y habilidades propios de uno y otro rango de edad, impulsando el sentido de la solidaridad y, en definitiva, la condición ciudadana.  

 

Notas

1. Los autores de esta investigación agradecen expresamente al Patronato Municipal de la Vivienda, al Ayuntamiento de Alicante y a los respectivos autores de los proyectos expuestos, la información y documentación que les ha sido facilitada.

2. Ver entre otros, los siguientes patterns: Old People Everywhere, Identifiable Neighborhood, Life Cycle y Household Mix.

3. Traducción de los autores.

4. Primer Premio de la Asociación Española de Promotores Públicos de Vivienda y Suelo a la mejor actuación en el ámbito de la intervención socio-comunitaria, en 2010; Finalista, en segundo lugar, del World Habitat Awards de la Building and Social Housing Fundation, en 2012.

5. En torno al 20 %, lo que representa una vivienda para personas jóvenes por cada cuatro para mayores.

6. Se trata de centros especializados en el cuidado de personas mayores que ofrecen un servicio de atención durante el día, pero cuyos beneficiarios pernoctan en casa. Son centros a medio camino entre las residencias para personas dependientes que requieren atención permanente y la vivienda particular para mayores totalmente independientes.

7. Proyecto de 72 viviendas intergeneracionales, centro de salud, centro de día y aparcamiento subterráneo de 249 plazas. Situación: Plaza de América, C/Devesa, C/Hermanos Soto Chápuli y C/Francisco Verdú, Alicante. Superficie construida: 16.285 m². Presupuesto: €11.811.719,40. Proyecto: 2005. Obra: 2005 - 2008. Promoción pública del Patronato Municipal de la Vivienda de Alicante. Autores: Carmen Pérez Molpeceres, arquitecto director y Consuelo Argüelles Álvarez, arquitecto colaborador. Empresa constructora: Dragados S.A.

8. El programa de actividades se desarrolla y gestiona por el Departamento Social del Patronato Municipal de la Vivienda de Alicante, conformando comités de seguimiento con la colaboración y participación activa de los propios inquilinos del edificio.

9. El criterio de todos estos proyectos no es realizar servicios generales, ni suplir a la familia o a la ayuda profesional, sino de recuperar actividades que eran habituales en las comunidades vecinales de antaño, pero que la sociedad urbana contemporánea se han ido perdiendo paulatinamente.

10. Ser mayor de 65 años, estar empadronado en el municipio, al menos, durante los últimos cinco años, dando preferencia a personas del barrio, ser válido para vivir independientemente, no poseer vivienda habitable y contar con unos ingresos inferiores a 21 mil € anuales.

11. Ser menor de 35 años, estar empadronado en el municipio de Alicante, al menos, durante los últimos cinco años, dando preferencia a personas del mismo barrio, no poseer vivienda habitable y disponer de unos ingresos personales aproximados entre 5 mil y 21 mil € anuales.

12. Manuel Beltrá Martínez y Jaume Giner Álvarez.

13. Esta polémica, suscitada por el desconocimiento de la tradición del cupressus sempervirens en la jardinería mediterránea, estuvo dominada por la imagen simbólico-funeraria de dicha especie botánica. Durante la ejecución de las obras de urbanización en 1998, los cipreses fueron finalmente reemplazados por ejemplares de laurel.

 

Referentes

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1. Sergio García. Arquitecto, 1994 y Doctor Arquitecto, Universidad Politécnica de Valencia, 2003. Su tesis doctoral tuvo el financiamiento de la Diputación de Alicante. Ha trabajado en diversos equipos profesionales de planeamiento y movilidad urbana sostenible. Actualmente es profesor de Urbanística en la Universidad de Alicante y centra su investigación en el espacio público urbano.

2. Pablo Martí. Arquitecto, 1995 y Doctor Arquitecto, Universidad Politécnica de Valencia, 2001. Ha participado en proyectos de espacios urbanos y de planeamiento urbano y territorial. Sus publicaciones se centran en la transformación y extensión urbana. Actualmente es profesor del área de Urbanística y Ordenación del Territorio en la Universidad de Alicante.

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