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ARQ (Santiago)

versión On-line ISSN 0717-6996

ARQ (Santiago)  no.86 Santiago abr. 2014

http://dx.doi.org/10.4067/S0717-69962014000100012 

LECTURAS

De la casa al barrio

  

Margarita Greene*(1), Felipe Link*(2), Rodrigo Mora**(3), Cristhian Figueroa***(4)

* Profesor e investigador, Centro de Desarrollo Sustentable, Pontificia Universidad Católica de Chile, Santiago, Chile.
** Profesor, Universidad Diego Portales, Santiago, Chile.
*** Colaborador e Investigador, Laboratorio de Ciudad y Movilidad FADEU, Pontificia Universidad Católica de Chile, Santiago, Chile.


Resumen

Como componente estructural de la realidad urbana, la calle suele tomarse como un hecho dado y hasta cierto punto, obvio. La reflexión sobre las primeras normativas que regularon su naturaleza da pistas sobre los destinos y roles que, en nuestra realidad contemporánea, la calle puede asumir.

Palabras clave: Urbanismo - Chile, vivienda social, segregación, comunidad, espacio público.


 

Una mirada socio-espacial: de más viviendas a mejores barrios

En más de 100 años de historia la política habitacional chilena se ha ido adaptando continuamente a la coyuntura social, económica y política del país, adoptando estrategias y soluciones diversas según el momento. Así pasó de un enfoque de Estado proveedor a uno subsidiario, de entregar grandes conjuntos habitacionales de viviendas terminadas, a soluciones habitacionales progresivas de menor escala que debían ser terminadas por los propios pobladores. Se pasó desde un modelo basado principalmente en el financiamiento público, a uno donde el sector privado es el protagonista. Asimismo, en los últimos años tanto autoridades como expertos han manifestado la necesidad de un nuevo cambio de mirada a la política habitacional. Este cambio apunta principalmente a incorporar una "mirada barrial" a la política habitacional, mejorando tanto las viviendas como su entorno.

La racionalidad que sustenta este último cambio parece tener sus raíces, al menos teóricas, en dos textos de los últimos 10 años: Nueva pobreza urbana de Manuel Tironi –escrito en 2003– y Los con techo de Alfredo Rodríguez y Ana Sugranyes, publicado en 2005. Aunque diferentes en su enfoque, el primero se centra en las dimensiones sociales y ambientales de lo que significa actualmente ser pobre en Chile. La segunda obra se enfoca en la ausencia de comunidad en los conjuntos de vivienda social construidos en Chile desde los años noventa. Ambos coinciden en que los problemas de las ciudades chilenas en la actualidad ya no se asocian a carencias materiales o alimentarias básicas –como la existencia de un techo o la desnutrición– sino más bien a temas de vulnerabilidad y exclusión social (Wacquant, 2001).

El diagnóstico anterior se enmarca en un momento en que, después de más de 30 años de políticas habitacionales con énfasis en la producción de nuevas soluciones, por primera vez se vislumbra la superación del déficit habitacional cuantitativo en el corto plazo (Hidalgo, 2007). Esta realidad ha hecho posible repensar el diseño de las políticas e instrumentos habitacionales tradicionales centrados en la producción de soluciones habitacionales por sobre el entorno urbano donde estas se instalan. Así, el mejoramiento del espacio público, de las relaciones entre vecinos y de la participación ciudadana, adquieren cada vez más relevancia en el discurso sectorial. Ya no se trata solo de producir viviendas, sino de que tanto las nuevas como las existentes formen parte de barrios con equipamiento y servicios que, a su vez, estén adecuadamente insertos en sus ciudades. En resumen, se cambia el enfoque desde una perspectiva cuantitativa a una cualitativa y desde una visión "sectorial", centrada en lo estrictamente habitacional, a una más integral que incluye el mejoramiento de la infraestructura y del barrio, además del fortalecimiento de la comunidad.

El barrio como unidad de análisis

Este nuevo paradigma ha significado el surgimiento del barrio como unidad de intervención urbana. Los valores del barrio como una unidad territorial identificable han sido promovidos desde mediados del siglo pasado. Hacia 1960 Lynch hacía hincapié en sus características morfológicas, mientras que Jacobs enfatizaba sus valores por su capacidad de permitir que sus habitantes se pudieran reconocer e intercambiar información. El concepto de barrio para Lefevre (1967) aparece como el punto de contacto más accesible entre el espacio geométrico y el espacio social, es decir, como el elemento que articula el espacio social con el espacio físico y cuya estructura depende en gran medida de la estructura general de la ciudad.

Para Mayol, en el artículo "El barrio" de 2006, este se erige en prácticas como el saludar, caminar de determinada manera o el conocimiento de unos a otros en una relación de vecindad en la que forjan poco a poco una identidad común, generadora de confianza y pertenencia. Entonces el barrio sería el resultado de un imaginario colectivo en tanto que reúne las ideas de comunidad de los habitantes, operando como una antesala al hogar. El barrio también es el lugar donde el espacio es negociado, donde los diferentes grupos que lo habitan intentan, a veces soterradamente, a veces en forma más explícita, imponer sus valores y formas de vida (Gravano, 2003).

De hecho, varios autores identifican la erosión de las relaciones comunitarias como producto de la nueva pobreza urbana. Katzman (2001) sugiere que el proceso de consolidación de barrios vulnerables en Santiago parece limitar el potencial atribuido a la escala barrial, convirtiéndola muchas veces en un elemento más de aislamiento social de los pobres urbanos. Así, esta investigación(1) intenta avanzar en la comprensión de los procesos de consolidación de barrios y comunidades populares con el objetivo de dar cuenta de la complejidad del barrio como unidad de análisis. Para ello este estudio se realiza a través de una perspectiva sistémica considerando las múltiples variables que interactúan, simultánea y secuencialmente, en más de una escala urbana.

Los casos analizados

Partiendo por los barrios del "Programa de Recuperación de Barrios" (PRB) del minvu del año 2010, se seleccionaron dos conjuntos relativamente cercanos: uno de casas (Santa Elena II) y otro de departamentos (San Francisco) y dos adicionales, uno de cada tipo, que no fueron intervenidos por el PRB (Las Acacias y Vicente Huidobro respectivamente). Los cuatro casos analizados se localizan en la comuna de El Bosque, en la periferia sur de Santiago, entre los ejes de las avenidas Santa Rosa y Gran Avenida. Ubicados dentro de un radio de no más de 500 m, todos están localizados en una de las zonas más pobres de la capital, con escasas áreas verdes y espacios públicos e infraestructura deficitaria (Reyes y Figueroa, 2010). La lógica de la muestra puede ser esquematizada y la ubicación y grano del conjunto pueden ser indicadas sencillamente (cuadro 1 y fig. 1).

Fig. 1. Ubicación y grano edificatorio de los conjuntos analizados

Cuadro 1. Muestra de barrios analizados

La morfología y tipología edificatoria es quizás la variable más evidente –y, por lo tanto, una puerta de entrada casi obvia– a la hora de definir y comprender este tipo de barrios. En este sentido, la selección respondió a aspectos físicos e históricos que dan homogeneidad a un sector de la ciudad: altura de edificación, materialidad predominante, sistema de agrupamiento de las viviendas y data de construcción. Lynch sostiene que la generación de imágenes urbanas coherentes depende, en parte, de la existencia de conjuntos uniformes ya sea por sus características morfológicas como altura, tipología, estilo arquitectónico, o por su historia o estructura urbana (Lynch, 1960).

Hay una serie de autores que sugieren que determinadas tipologías o formas arquitectónicas pueden afectar la calidad de la comunidad. Gehl (2001) plantea que la distancia métrica entre las casas puede influir en el grado de cercanía con los vecinos, al posibilitar una mayor frecuencia de contactos. Por su parte, Newman (1972) sugiere que la clave para la creación de comunidades "sanas" está en la definición de los bordes y límites de los conjuntos. Hillier, en Space is the machine de 1996, postula en cambio que hay aspectos de la trama urbana que pueden, en determinadas circunstancias, generar comunidades enfermas en el sentido de no permitir el acceso de extraños y de disociar los lugares por donde caminan mujeres, hombres y niños. De acuerdo a Hillier, la forma y cantidad en que calles y pasajes se conectan en la ciudad tiene una directa relación con la cantidad de personas que transitan por ellas, lo que crea las condiciones iniciales para que se forjen relaciones entre vecinos. Junto con lo anterior, políticas habitacionales recientes vinculadas a la seguridad ciudadana, recalcan la importancia de la relación visual entre la casa y la calle, así como entre esta última y la localización de los servicios y equipamientos (Espacios urbanos seguros, 2003).

La triple mirada socio-espacial

Conscientes de que la construcción de lo que se conoce como "espacio barrial" es un fenómeno multidimensional, simultáneamente la investigación abordó el tema desde una perspectiva social y una espacial integrando herramientas y métodos que se complementan y permiten una comprensión más acabada del problema. Para ello se usaron tres enfoques: un análisis de visibilidad espacial de los principales espacios de cada uno de los conjuntos, un estudio de percepción y uso del espacio y, finalmente, un análisis de los límites percibidos del barrio a través de mapas mentales.

I. Análisis de visibilidad

El análisis de visibilidad, realizado a través del programa computacional Depthmap, busca dar cuenta de los espacios más y menos visibles del sistema analizado. Para ello se construye una retícula ortogonal de tamaño variable –en este caso de un metro por un metro– sobre el espacio libre de los conjuntos. Luego se miden las relaciones de mutua visibilidad entre todas las celdas resultantes. Con ello se obtiene un valor numérico para cada celda y una visualización en escala de color que va desde los espacios con mayores campos visuales en tonos cálidos, hasta los espacios con menor visibilidad en tonos fríos (fig. 2).

Fig. 2. Integración visual en los cuatro barrios.
Escala publicada 1: 5.000

La gráfica, en lo que se refiere a sus espacios públicos, deja ver grandes diferencias de visibilidad entre los cuatro conjuntos, específicamente en relación a las plazas locales(2) (fig. 2). En primer lugar se destaca que las plazas "A" del conjunto Las Acacias, las que corresponden a plazas interiores a las cuales se accede por pasajes a mitad de manzana, aparecen poco integradas visualmente a su contexto inmediato. Esto quiere decir que son poco visibles desde los otros espacios públicos del barrio. Sin embargo, el trabajo de terreno realizado refleja que estas plazas son controladas visualmente desde las casas que las rodean. Más aún, además de tener ventanas, las viviendas tienen puertas de acceso hacia las plazas. En el caso del conjunto Santa Elena II, los principales espacios públicos, las llamadas plazas "B", se presentan como altamente accesibles desde el punto de vista visual y las casas también tienen ventanas y puertas de acceso hacia las plazas (fig. 3).

Fig. 3. Detalle de plazas interiores y puertas de acceso.
Izquierda: Las Acacias, detalle plaza A. Escala publicada 1: 1.000.
Derecha: Santa Elena II , detalle plaza B. Escala publicada 1: 500.

En el caso de los edificios, identificados con las plazas "D" y "E", correspondientes a los conjuntos Vicente Huidobro y San Francisco respectivamente, se aprecia que las plazas son más amplias y están más integradas visualmente al espacio público general. Sin embargo, por estar separadas de los edificios de departamentos, no tienen control visual desde el interior ni puertas de acceso que den a estos espacios (cuadro 2).

Cuadro 2. Esquema comparativo de visibilidad de las plazas de los cuatro conjuntos

II. identidad y satisfacción

Una segunda mirada a los barrios analizados se relaciona con la existencia de prácticas comunes entre los habitantes, atendiendo precisamente a la idea del barrio como espacio articulador entre el espacio privado de la vivienda y el espacio urbano generalizado de la gran ciudad. Los resultados de este análisis, a partir de una encuesta presencial realizada a una muestra de 405 habitantes del sector acerca de sus características sociales, arraigo al barrio, satisfacción residencial y patrones de uso del espacio público, arrojaron diferencias evidentes, principalmente, por tipología edificatoria.

Por ejemplo, en relación a las características propias de la vivienda como aislamiento acústico y térmico, iluminación, ventilación, tamaño de la vivienda y otros, se detectó que las casas son mejor evaluadas que los departamentos, independientemente de su intervención por parte de las políticas públicas. En efecto, mientras los conjuntos de casas promediaron en esta materia un puntaje de 5.4 y 5.3 respectivamente(3), los conjuntos de departamentos promediaron un 4.7 y 4.5 respectivamente. En el gráfico a continuación se observa la variación entre atributos y se aprecia que los departamentos fueron consistentemente peor evaluados que las casas (fig. 4).

Fig. 4. Evaluación de atributos de la vivienda por barrio

De la misma manera, la evaluación de la vivienda como un espacio que permite la realización de actividades domésticas en su interior tales como estudiar, descansar, comer, reunirse, cocinar, bañarse o recibir amigos, es significativamente mejor en los conjuntos de casas que en los de departamentos. Es así como un 45 % de los residentes en los departamentos del conjunto San Francisco y un 49 % de los residentes en el conjunto Vicente Huidobro, declaran que las viviendas no proveen un espacio adecuado de sociabilidad. Estos porcentajes son menores en los conjuntos de casas.

Así, puede observarse una síntesis de la evaluación de la vivienda, barrio y comunidad en los cuatro conjuntos analizados. Puede apreciarse que las mejores calificaciones corresponden a las viviendas y las peores al barrio y que, nuevamente, entre las viviendas los conjuntos de casas son mejor evaluados que los de departamentos. También se aprecia una evaluación significativamente inferior de los departamentos no intervenidos, en comparación a aquellos intervenidos. Esta tendencia se mantiene prácticamente en todos los ámbitos investigados: los conjuntos de casas se mantuvieron en los rangos superiores y los de departamentos en los inferiores. Del mismo modo, se ubican en rango decreciente desde los atributos de la vivienda a los de comunidad y a los de barrio. Los resultados siguieron la misma tendencia cuando se indagó con respecto a la capacidad de la casa, comunidad y barrio acerca de la posibilidad de permitir una vida satisfactoria y si tenían voluntad de mudarse, si ello fuera posible (fig. 5).

Fig. 5. Evaluación de vivienda, comunidad y barrio

Como se observa, se demostró total consistencia entre las malas evaluaciones y la voluntad de cambio (fig. 6). Es importante recordar que los conjuntos San Francisco y Santa Elena II fueron sujetos de intervenciones mayores en sus espacios públicos, específicamente en las escaleras de acceso a los departamentos, en las techumbres de las viviendas y en el equipamiento de plazas. Los datos recogidos señalan que la tipología de casa o departamento fue determinante a la hora de evaluar, más aún que el haber recibido o no una intervención gubernamental.

Fig. 6. Evaluación de capacidad de vivienda, comunidad y barrio por proveer vida satisfactoria y voluntad de cambio de barrio

Lo anterior sugiere que el impacto de este tipo de programa de intervención es mayor en conjuntos de edificios que en conjuntos de casas y que apunta a mejorar las relaciones entre vecinos y la evaluación con el barrio en general. Estos resultados parecen estar en línea con estudios anteriores que sugieren que, a igual distancia al centro, las personas valorizan mejor las casas que los departamentos (Brain, Iaccobelli y Sabatini, 2005). Dado que los cuatro conjuntos están prácticamente a igual distancia del centro, no es de extrañar que los conjuntos de casas hayan sido mejor evaluados que los de departamentos, incluso después de que uno de estos últimos haya sido intervenido. Por el contrario, la mejoría sustancial del conjunto San Francisco en lo que respecta a arraigo y satisfacción con el barrio, sugiere que las intervenciones del PQB-PRB(4) han tenido un impacto importante en la calidad de vida de los habitantes.

¿Por qué no ocurrió lo mismo con las casas donde el conjunto no intervenido tuvo mayor valoración que el intervenido? Una posible explicación, factible de ser indagada en el futuro, es que el barrio intervenido efectivamente tenía problemas importantes en su constitución, por lo que las intervenciones podrían haber ayudado a mejorarlo, permitiendo una cercanía con su vecino, mas no alcanzándolo.

Además, dentro de cada barrio se indagó en el efecto de variables de escala local. Así por ejemplo, se encontró que a pesar de la mala evaluación sistemática de los habitantes de los edificios Vicente Huidobro, cuyos departamentos no fueron intervenidos, aparecen algunas diferencias en las evaluaciones subjetivas según la localización específica dentro del barrio y su proximidad con los escasos espacios públicos disponibles. Mientras la nota promedio del barrio por parte de los habitantes de esta población es de un 3.9, la evaluación aumenta a un 4.2 si se vive cerca de alguna plaza y baja a 3.4 si la vivienda se localiza lejos de los espacios públicos. De la misma manera, la nota a la comunidad aumenta de 4.2 a 4.4 si se está cerca de las plazas y baja a 3.7 si se está lejos. Si bien estos resultados no muestran grandes diferencias en los otros barrios analizados, sí se puede inferir alguna influencia de la presencia de plazas en la valoración del barrio. Siguiendo a Borja y Muxi (2003), si bien no se puede pedir al urbanismo que resuelva una serie de problemas que parecen ser de otro orden, por lo menos este no debiera empeorarlos. Por último, se desea resaltar que la evaluación general de la vivienda muestra diferencias menores entre los conjuntos analizados (fig. 5). En este sentido, el paso de la casa al barrio como objeto de intervención pública, adquiere mayor relevancia para la arquitectura y el urbanismo.

De este modo, los resultados coinciden con lo planteado por Bourdieu en "El efecto de lugar" de 1999. El proceso de consolidación barrial, analizado desde una perspectiva social, se asocia no solo con las características propias de cada comunidad, sino también con las condiciones físicas de vivienda y entorno como una estructura determinante de relaciones sociales, donde el espacio social se proyecta de alguna manera en el espacio físico.

III. Cognición espacial y representación mental del barrio

El tercer enfoque usado en este trabajo se relaciona con la capacidad de los residentes de identificar los límites de lo que consideran su barrio. La mayoría de las aproximaciones a lo barrial, que abordan la delimitación del barrio, se centran en la presencia del "otro" en el espacio, lo que generaría un conflicto por imponer ciertas pautas de comportamiento y valores entre los grupos en disputa de un barrio (Márquez, 2011; Márquez y Pérez, 2008).

El enfoque usado en esta investigación se aparta de esta línea teórica no en el sentido de intentar develar el conflicto entre los diferentes grupos que ocupan el espacio, sino más bien en cómo cada uno establece los límites de lo que consideran como su barrio. Visto así, el enfoque se relaciona con las metodologías tradicionales del tema, como el trabajo de Lynch (1960) sobre la imagen de los habitantes de Boston de su ciudad. De acuerdo a esta visión, la imagen de una ciudad se originaría a partir del juego entre cinco elementos: nodos, vías, sendas, barrios e hitos, los que, al ser vistos en forma repetida, generarían en el corto plazo lo que se conoce como mapa cognitivo de una ciudad (Tolman, 1948; Siegel y White, 1975; Thorndyke y Hayes-Roth, 1982).

En el presente estudio se pidió a los encuestados que trazaran los límites de lo que consideraban como su barrio. Para ello se les entregó un plano en blanco y negro señalando las calles principales e hitos del sector, lo que dio como resultado distintos mapas cognitivos trazados por los encuestados (fig. 7). En primera instancia se analizaron los mapas calculando los promedios y desviación estándar del área y perímetro de los planos dibujados. Los resultados muestran que de los cuatro conjuntos analizados, tres tienen áreas promedios entre las 499 y las 532 ha, mientras que el conjunto Santa Elena II tiene un área promedio de 361 ha. Además, este último es el que posee menor desviación estándar. Es decir, los dibujos de sus habitantes fueron más similares entre sí que los hechos por los habitantes de los tres conjuntos restantes. A diferencia del área, los perímetros de los dibujos parecen mostrar más homogeneidad: mientras en los conjuntos de casas miden en promedio 2.043 y 2.524, en los de edificios alcanzan 2.087 y 2.285 m (ver cuadro 3).

Fig. 7. Mapas cognitivos de los habitantes de los barrios analizados

Cuadro 3. Comparación de los mapas cognitivos realizados por los habitantes de los barrios.
Nota: Porcentaje de residentes cuyo mapa cognitivo coincide con el del programa de intervención o municipio.

Por último, se analizó la coincidencia de los bordes trazados por los habitantes con los definidos institucionalmente por el programa de intervención y por la municipalidad. Aquí se encontraron importantes diferencias: los conjuntos de departamentos demostraron más coincidencia que los de casas. En el conjunto Vicente Huidobro fue de un 45 %, en el conjunto San Francisco de un 36 %, en el conjunto Santa Elena II fue de un 32 % y en el conjunto Las Acacias de un 14 %. Ello parece indicar en primera instancia que el edificio tiene más fuerza a la hora de demarcar un límite entre los que somos vecinos inmediatos y los otros.

Por otro lado, este resultado revela la misma jerarquía que la evaluación subjetiva del barrio expresada en la encuesta: a menor coincidencia se da menor deseo de cambiarse de barrio y a mayor coincidencia entre el mapa cognitivo de los habitantes y la definición institucional hay mayor deseo de cambio de barrio, o menos arraigo (fig. 8).

Fig. 8. Coincidencia de límites del barrio y voluntad de cambio de barrio.

A primera vista los resultados anteriores parecen sorprendentes: ¿por qué los habitantes cuya percepción de los límites de su barrio coincide con la definición institucional tienen peor evaluación de sus barrios? Una posible explicación es que los dibujos de las personas pudieron haber reflejado los límites percibidos como el espacio social del barrio, es decir, el ámbito físico donde las personas se encuentran con sus vecinos. En una publicación reciente se sugiere que el principal factor explicativo del arraigo en sectores vulnerables es la presencia y calidad de las redes interpersonales, incluso por sobre el tiempo de residencia en el área, la condición de tenencia, edad o si las personas habían o no crecido en el área (Livingston et al., 2008). Desde esta perspectiva se podría entender que los habitantes al mapear su barrio estarían aludiendo a sus redes interpersonales y, aquellos que no se limitan a la definición institucional, reflejan mayor diversidad en el tipo y cantidad de redes interpersonales. Ello también explicaría sus mayores niveles de satisfacción.

Conclusiones

Después de haber revisado una selección de perspectivas para abordar el tema del barrio y algunas dimensiones relevantes para su mejor comprensión, cabe destacar tres aspectos que enmarcan el enfoque, la magnitud y la forma de abordar la presente investigación. El primero dice relación con la importancia del enfoque territorial y espacial que se elige para aproximarse a los problemas de los barrios populares. Al respecto, varios son los investigadores y expertos del área que han reconocido la importancia y necesidad de la perspectiva territorial después de años de políticas de vivienda y hábitat que menospreciaron estos enfoques.

El segundo dice relación con el interés por abordar los problemas del hábitat en múltiples escalas, lo que también está en línea con la gestión territorial actual. Al respecto, un libro editado por el Banco Interamericano de Desarrollo acerca de los asentamientos informales y periferias pobres recientemente, destaca precisamente la necesidad de "centrarse en la escala territorial en la que se manifiestan los problemas y trabajar en su solución en esa escala. Para muchos de los problemas, esta escala no es la del barrio" (Rojas, 2009).

Por último, en cuanto a la búsqueda por una batería de variables que afectan el complejo fenómeno de la consolidación barrial, se busca evitar las respuestas deterministas y se opta por respuestas probabilísticas. Por ejemplo cuando Hillier (1996) analiza comunidades urbanas, describe "campos potenciales de encuentro y copresencia", agregando "más allá, es efecto de la cultura".

Resumiendo las principales tendencias vistas en este estudio de casos, se encontró que a pesar de ser conjuntos habitacionales socioeconómicamente homogéneos y localizados en un mismo contexto urbano, los conjuntos de departamentos son consistentemente peor evaluados que los de casas. Quizás por eso mismo el impacto del PRB en los conjuntos de edificios, en términos de mejorar las relaciones vecinales y el arraigo de los habitantes, es mayor que el que tiene en los conjuntos de casas. Por su parte, la estructura de la malla urbana demostró tener efectos importantes en el control visual de los espacios públicos. Las plazas internas de los conjuntos de casas ofrecen menos visibilidad de exterior a exterior, pero gran control visual y de los accesos desde el interior de las viviendas al espacio público. En el caso de los departamentos, los mayores campos visuales de exterior a exterior se contrastan con una gran disociación desde el espacio interior al exterior. Asimismo se encontraron señales de una relación de mayor satisfacción cuando se estaba cerca de las plazas de los conjuntos.

También es importante señalar que se demostró total consistencia entre la evaluación y la falta de arraigo al conjunto habitacional: el conjunto de casas intervenido es el de mejor evaluación y también el de mayor arraigo. Al contrario de los departamentos no intervenidos donde la evaluación es más baja y con un menor arraigo. El hecho de que el conjunto con mejor evaluación refleje menor coincidencia con los límites del barrio y que el de mayor coincidencia con los límites del barrio exprese un mayor deseo de mudanza, parece indicar que los límites no son un aspecto apreciado o valorado, sino que más bien se siente como una prisión, un ámbito del cual se desea salir.

Así, el presente estudio apunta a relevar la importancia del territorio para dar respuestas locales que deberán trascender la escala del barrio, apuntando a identificar una batería de factores que afectan los procesos de construcción y consolidación de los barrios populares.  

 

Notas

1. La investigación realizada contó con el apoyo del proyecto FONDECYT 1100068 Consolidación de barrios vulnerables desde una perspectiva socioespacial. También cuenta con el apoyo de CEDEUS – Centro de Desarrollo Urbano Sustentable, Chile.

2. Para efectos del estudio, las plazas se identificaron con letras de la A a la E.

3. En las evaluaciones realizadas durante este estudio se usó una escala de 1 a 7, análoga a aquella de las calificaciones escolares en Chile.

4. "Programa quiero mi barrio" y "Programa de recuperación de barrios", respectivamente.

 

Referentes

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1. Margarita Greene. Arquitecta, 1973 y Magíster en Sociología, Pontificia Universidad Católica de Chile, 1988; PhD en Arquitectura y Urbanismo, Bartlett School of Architecture at the University College London, 2002. Los temas principales de su labor como investigadora, docente y consultora, realizada entre Inglaterra y Chile, han sido la vivienda social, el proyecto urbano y la modelación espacial. Actualmente ejerce la docencia en la Escuela de Arquitectura y en el programa de Magíster en Proyecto Urbano de la Pontificia Universidad Católica de Chile, donde es profesora titular.

2. Felipe Link. Sociólogo y Magíster en Investigación Social y Desarrollo, Universidad de Concepción, 2003 y Doctor en Arquitectura y Estudios Urbanos, Pontificia Universidad Católica de Chile, 2010. Ha sido investigador responsable y co investigador en diferentes proyectos en el campo de la sociología urbana, par ticularmente en temas como redes personales en el espacio metropolitano, fragmentación urbana y desigualdades socio-territoriales. Actualmente es profesor asistente del Instituto de Estudios Urbanos y Territoriales UC.

3. Rodrigo Mora. Arquitecto, Universidad de Chile, 1996; MSc, 2001 y PHD en Estudios Cognitivos y Space Syntax 2009, Bartlett School of Architecture at the University College London, Reino Unido. Sus principales líneas de investigación se vinculan a la navegación y percepción espacial, donde ha sido investigador responsable y co-investigador de proyectos con financiamiento externo e institucional. Actualmente es profesor adjunto de la Escuela de Arquitectura de la Universidad Diego Portales.

4. Cristhian Figueroa. Arquitecto y Magíster en Proyecto Urbano, Pontificia Universidad Católica de Chile, 2011. Actualmente es colaborador e investigador del Laboratorio de Ciudad y Movilidad FADEU en donde se desempeña en diversos proyectos de investigación y diseño urbano que abordan las temáticas de la movilidad urbana, el transporte público y el espacio público.

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