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ARQ (Santiago)

versión On-line ISSN 0717-6996

ARQ (Santiago)  no.90 Santiago ago. 2015

http://dx.doi.org/10.4067/S0717-69962015000200021 

ANEXOS

XIX Bienal de Arquitectura de Chile

Entrevista a los curadores Fernando Marín, Francisca Pulido, Gabriela de la Piedra y Joaquín González


 

La Bienal de Arquitectura de Chile 2015 contó por primera vez con un equipo curatorial externo elegido mediante un concurso público convocado por el Colegio de Arquitectos. Tras el fin de la bienal, ARQ conversó con los curadores para saber sus impresiones y sugerencias para el futuro de esta institución.

 

Como curadores, ¿qué conclusiones sacan de la muestra territorial? ¿Qué nos dice sobre el estado actual de la profesión en Chile?

La muestra territorial fue la gran jugada de esta bienal y probablemente fue la razón por la que ganamos el concurso de la curatoría. Desplegar la bienal en el territorio nos permitía ver el estado del arte a nivel país. Esto fue un desafío, ya que en un principio no sabíamos con que nos encontraríamos.

El criterio fue elegir ciudades donde existieran escuelas de arquitectura, una delegación zonal activa del Colegio de Arquitectos y un municipio interesado (una forma muy práctica e ingenua de mirar las cosas). El número de ciudades que cumplían estos requisitos eran nueve, y finalmente se llevó a cabo en cinco: Iquique, Santiago, Concepción, Puerto Montt y Punta Arenas. La selección de estas ciudades pasó por la voluntad de personas que –comandadas por Rodrigo Ortiz– quisieron hacerse cargo de cada una de las muestras y fueron capaces de llevar a cabo esta titánica tarea. Si bien no tuvo la difusión esperada, esto nos deja la tarea de fortalecer las delegaciones zonales para que se tomen en sus manos la descentralización de la profesión a nivel país.

Por otro lado estaba la muestra nacional que, en su llamado inicial, instó a que las regiones participaran con sus proyectos para poder tener claridad del estado del arte. El resultado reflejó que los proyectos más importantes están y se gestan en la región metropolitana y sus alrededores, evidenciando lo centralizados que estamos.

Esto nos deja dos miradas muy interesantes; primero, la enorme posibilidad de hacer cosas en regiones y la necesidad de sentir la descentralización; la segunda, muy optimista de nuestra parte, es que la arquitectura chilena se siente global pensando que desde una pequeña oficina en la región metropolitana o cualquier otra región se pueden entender las necesidades de otro lugar, logrando que sus habitantes lo sientan propio.

¿Cómo evalúan el modelo de gestión conjunta entre el Colegio de Arquitectos y ustedes, los curadores? Desde su experiencia, ¿qué sugerencias harían para futuras bienales?

Creemos firmemente que la bienal es una excelente vitrina para el gremio y, por lo tanto, su relación con el Colegio de Arquitectos (CA) y la Asociación de Oficinas de Arquitectos [AOA] es sumamente importante.

Entendiendo esto, nos sentamos a conversar con el CA que adoptó posición de mandante, exigiendo lo mejor que nosotros le podíamos entregar. Eso no siempre fue fantástico, ya que el presupuesto –punto importantísimo dentro de la bienal– no dependía de nosotros, por lo tanto, debíamos ejecutar partidas establecidas hace 39 años por el ca y que no podíamos administrar. Fue una tarea titánica, pero podemos decir que lo logramos.

A partir de esta experiencia creemos que el ca debiese tener a una persona encargada de la gestión de la bienal, pensándola como una institución y evitando que cada una sea un mundo aparte. En ese escenario, el sello diferenciador se lo daría el equipo curatorial, ya que esperamos que el colegio siga manteniendo el llamado a concurso, pero dándole la autonomía necesaria para romper las convenciones históricamente establecidas.

Esta bienal hizo una fuerte apuesta por la descentralización, ¿qué más se podría hacer para seg uir avanzando en ese aspecto?

Creemos que si las Delegaciones Zonales – organizadas y activas– son capaces de absorber esta idea de descentralización podríamos tener una rotación constante de la muestra durante los años entre bienales. Esto lo podría organizar la figura del gestor permanente que proponemos para el CA, quien además podría conseguir financiamiento en regiones.

A futuro, ¿cómo puede hacer la bienal para generar intercambios entre la arquitectura y otras disciplinas?

En los inicios quisimos hacer una categoría llamada «Otras manifestaciones relacionadas con la arquitectura» para dar cabida a las instalaciones efímeras y no construidas; pudimos lograr sólo un pequeño avance en esa área incorporando el Arqfilmfest y una nueva Entrevista a los curadores Fernando Marín, Francisca Pulido, Gabriela de la Piedra y Joaquín González sección de investigaciones en el área académica. Esto superó nuestras expectativas, pero siempre nos queda esa sensación de querer más.

Creemos que a futuro la bienal debiera tener una integración mucho más potente de otras disciplinas, rompiendo las estructuras dadas y obteniendo información del estado del arte en la fotografía, danza, teatro y exposiciones, logrando ampliar el gremio y aprendiendo a ver la arquitectura fuera de la obra. Así, además, se promueven los side events que permiten que la bienal crezca y se apodere del lugar.

Desde su perspectiva, ¿cuál es el lugar que debe tener la investigación en una bienal de arquitectura?

La investigación fue una increíble sorpresa. Logramos convocar a investigadores chilenos de distintas partes del mundo, permitiendo que se convirtiera en un cuerpo en sí mismo. Si nuestra intención era descentralizar y mostrar la academia versus la profesión, la investigación logra reunirlas en una, al igual que los trabajos de los alumnos en las escuelas. Lo ideal sería poder potenciar todas las áreas que influyen en la arquitectura y que hacen que el imaginario de los arquitectos vaya más allá de la mera proyección de obras.

Ojalá esto tuviese una partida dentro del CNCA (al que agradecemos su apoyo en esta bienal) o del CA a través de una beca bienal para investigación.

¿Cuánto debería durar la bienal?

Creemos que la bienal podría durar mucho más, dejando las muestras por un mes para que tengamos el tiempo suficiente para verlas y entender el por qué de una obra. Pero, por otro lado, la programación debiera ser más corta y menos ambiciosa. La tormenta de charlas, foros, seminarios, lanzamientos y workshops de diez días continuos en la mañana y en la tarde nos parece totalmente desgastado, a pesar de que en esta última bienal todas las conferencias estuvieron a tope. Recomendaríamos dejar la muestra un mes y realizar las actividades sólo durante los fines de semana con algunas excepciones. Creemos que lo óptimo es un mes de bienal con una gestión permanente del CA.

Más info en: http://www.bienaldearquitectura.cl


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