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ARQ (Santiago)

versión On-line ISSN 0717-6996

ARQ (Santiago)  no.91 Santiago dic. 2015

http://dx.doi.org/10.4067/S0717-69962015000300002 

EDITORIAL

 

Definiendo un espacio común

  

Francisco Díaz*

* Editor revista ARQ y profesor, Escuela de Arquitectura, Pontificia Universidad Católica de Chile, Santiago, Chile. fdiazp@uc.cl


La pregunta es clara: ¿es tan común lo común? Si bien el sorprendente consenso que hubo en el comité editorial de ARQ para la definición del tema de esta revista podría hacernos creer que si, el intenso debate posterior en el mismo comité respecto al énfasis de este número indica lo contrario. El entendimiento de lo común pareciera ser no tan común.

Los argumentos eran varios. Por una parte, lo común se entendía como lo ordinario, es decir, como aquello sin la pretensión de transformase en algo excepcional. Por otra parte, asumiendo el problema en términos de propiedad, lo común aparecía en relación a lo público (si algo es común es de todos, por lo tanto es público). Finalmente, a partir de la reciente revalorización de conceptos como the commons (Hardt y Negri) o ‘uso común’ (Agamben), lo común se percibía como un dispositivo político capaz de desafiar la dicotomía público-privado y de abrir la posibilidad de arquitecturas que la superaran.

Siendo coherentes con la pluralidad del tema, en este número arq están presentes todos estos enfoques. Tanto el portafolio fotográfico de Fell como el texto de Stutzin demuestran que hasta lo que parece más común tiene implícita una visión política. Las posibilidades de una arquitectura politizada a partir de lo común son exploradas en los textos de Tan, Boano y Astolfo, Sato, y también en el de Antonoupolou, Chondros y Koutsari. A su vez, los ejemplos de Atelier Bow-Wow, Rozana Montiel y A(n) Office plantean que el propio proyecto de arquitectura puede ser una herramienta para generar comunalidad. Por su parte Plan Común, Correa y equipo, y 3arquitectos proponen arquitecturas que multiplican las posibilidades de interacción en el espacio público. Finalmente Corvalán –en el único ejemplo no urbano de este número– propone una estética de ‘lo ordinario’ producida a través de la comunicación directa entre arquitecto y constructor, sin la mediación de técnicas disciplinares de representación. Ya de vuelta en la ciudad, y a modo de dossier, presentamos tres textos dedicados a un lugar muy común. Vizcaíno y Garrido nos muestran los imaginarios comunes del Santiago proyectado en el cine chileno reciente. Rosas, Hidalgo, Strabucchi y Bannen nos invitan a mirar el plan de Brunner para descubrir cómo tejió espacios comunes entre la ciudad existente y la moderna. Y Vielma nos presenta las perturbadoras imágenes comunes que constituyen el paisaje visual de la capital de Chile. Así, en este número exploramos la pluralidad de significados de lo común, exponiendo las controversias para que nuestros agudos lectores puedan apreciar los distintos argumentos.

Aunque quizás, al hablar de lo común, esas controversias no sean tales.

En su texto «Public and Common(s)», el arquitecto e historiador Reinhold Martin analiza –desde la arquitectura– las distintas acepciones de lo común y su aparente confusión con lo público. Hannah Arendt, por ejemplo, ve a lo común como sinónimo de lo público pues ella lo entiende en oposición a lo individual (que aparece en el espacio privado); por ende, si lo común es aquello que aparece en la polis –la esfera pública donde participan los ciudadanos– el concepto está entonces más ligado a la política que a la propiedad. Hardt y Negri a su vez proponen que la metrópolis «es el espacio de lo común, de la gente viviendo en conjunto, compartiendo recursos, comunicándose, intercambiando bienes e ideas.» Como agudamente observa Martin, en ambas visiones es la ciudad el entorno que permite que lo común aparezca. A esto se puede agregar –tal como demostraran los Smithsons, Venturi y Scott-Brown, o Atelier Bow-Wow–, que lo común como lo ordinario también surge a partir de una relectura de la ciudad existente.

Es decir, cualquiera sea el énfasis –cotidiano, público o político–, es en la ciudad donde lo común aparece y se produce. Porque más allá de la fantasía de una vida comunitaria como una aspiración idílica y utópica, lo cierto es que precisamente por su inherente pluralismo, lo común, tal como la ciudad, no está ajeno de conflictos y debates (de lo contrario sería otra forma de totalitarismo). Lo común entonces no es aquello en lo que todos estamos de acuerdo, sino el espacio en el que podemos estar tranquilamente en desacuerdo. Así, el consenso del comité editorial sólo viene a reafirmar la renovada preocupación por la ciudad en la arquitectura contemporánea, siendo el debate posterior una consecuencia natural de la condición agonista de la vida en conjunto.

Entendiendo que la arquitectura opera no sólo en una multiplicidad de escalas –del escantillón a la planificación urbana– sino también en múltiples formatos –desde el diseño al debate público de ideas– en revista arq abrimos espacio a estas discusiones pues creemos que el arquitecto tiene una responsabilidad ética ineludible con la ciudad, aquél lugar donde la sociedad se agrupa porque tiene algo en común. Y si bien la ciudad permite que lo privado gane plusvalía, también es el lugar donde la densidad de individualidades hace necesaria la existencia de espacios de debate y negociación, es decir, aquellos lugares donde lo que tenemos en común es puesto en juego. Porque si lo privado es aquello de lo que la sociedad se priva, lo común es lo que comparte.

Hoy en día, y desafiando las porfiadas idealizaciones que podamos hacer sobre la vida urbana, pareciera ser que el miedo, la comodidad y la desidia reducen cada vez más la existencia de aquellos espacios donde lo común aparece y se produce. Entonces, ¿qué hacemos mientras descubrimos como recuperar la cualidad común de la ciudad? ¿cuáles pueden ser esos espacios comunes donde los distintos puntos de vista tienen un lugar de debate, negociación y finalmente de encuentro? Idealmente debieran ser muchos. Por cierto, y en base al prestigio construido a lo largo de 35 años, aspiramos a que en esta nueva etapa revista ARQ pueda ser uno de esos espacios.

 

Referencias

MARTIN, Reinhold. «Public and Common(s)». Mediators: Aesthetics, Politics, and the City (Minneapolis: University of Minnesota Press, 2014)        [ Links ]

ARENDT, Hannah. The Human Condition (Chicago: Chicago University Press, 1958)        [ Links ]

HARDT, Michael; Negri, Antonio. Commonwealth (Cambridge, MA: The Belknap Press of Harvard University Press, 2009), 250.         [ Links ]

WALKER, Enrique (Ed.). Lo ordinario (Barcelona: Gustavo Gili, 2010).         [ Links ]


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