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ARQ (Santiago)

versión On-line ISSN 0717-6996

ARQ (Santiago)  no.92 Santiago abr. 2016

http://dx.doi.org/10.4067/S0717-69962016000100003 

DIÁLOGOS

Zonas de excepción económica

  

Keller Easterling*(1)

*Profesora, Escuela de Arquitectura de Yale Universidad de Yale, New Haven, CT, Estados Unidos. keller.easterling@yale.edu


Resumen

Las ‘zonas’ –áreas de territorio que poseen un estatus legal excepcional– son presentadas en Extrastatecraft: the power of infrastructure space, el libro más reciente de Keller Easterling. Indicando que las zonas son fórmulas espaciales repetibles utilizadas por la gente más poderosa del mundo (por lo que tienen fuertes consecuencias políticas), en esta entrevista Easterling explica además por qué los arquitectos no debiésemos ignorar estos productos espaciales.

Palabras clave: capital, urbanismo, forma activa, exención, incentivos.



Fig. 1. Singapur, establecida como Zona de Libre Comercio en 1969
© Chensiyuan

Francisco Díaz: Hablemos de la relación entre excepción y exención que has observado en Enduring Innocence: Global Architecture and its Political Masquerades (Fig. 2). Las exenciones tributarias en determinadas áreas urbanas generan zonas de excepción donde el desarrollo se promueve a través de un urbanismo que «se ha vuelto adicto a los incentivos» (2005:133). Luego, en Extrastatecraft: The Power of Infrastructure Space (Fig. 3) estudiaste estas zonas con mayor profundidad. ¿Cómo y por qué empezaste a observar estos fenómenos?.


Fig. 2. Keller Easterling. Enduring innocence, global architecture and its political masquerades (2006).

Fig. 3. Keller Easterling. Extrastatecraft: The power of infrastructure space (2014)

Keller Easterling: En mi libro anterior, Enduring Innocence, buscaba productos espaciales en distintas partes del mundo y empecé a notar que no sólo las franquicias, los centros turísticos o el retail se habían convertido en productos espaciales repetibles, sino también ciudades completas. Por lo tanto, los estudios de las zonas fueron una extensión de esos estudios previos. Estaba buscando productos espaciales capaces de territorializar enormes extensiones de suelo como el complejo agrícola (tipo Agropole) o el puerto automatizado, así que eso me llevó casi de manera natural al estudio de la zona en el libro Extrastatecraft.

F. D.: ¿Y como arquitecta, el interés en esos temas se debe a su relación con el espacio?

K. E.: Los productos espaciales fueron diseñados para ser apolíticos. Enduring Innocence demostraba las formas en que ellos aterrizaron justo en la mira del conflicto político, o de la consecuencia política. Estaba frente a espacios que los arquitectos usualmente ignoran pero que en distintas partes del mundo se estaban convirtiendo en poderosos peones políticos. En el último libro he caracterizado estos mega-productos espaciales, por ejemplo las zonas de excepción, como perfectos recipientes de extrastatecraft (oficio extra estatal). Sostengo que estos espacios le entregan a nuestro arte –a nuestro trabajo como arquitectos– una relevancia distinta.

F. D.: Estas zonas de excepción económica se han convertido en ‘paraísos’ arquitectónicos donde el capital invierte en arquitectura de autor –«el capital simbólico de un skyline reluciente » (2014:160)– como en Dubai, Singapur, Ordos o Shenzhen, por nombrar algunos. ¿Cuál sería entonces la relación entre la arquitectura de autor y la exención tributaria?

K. E.: Es un poco complicado. Hay zonas que permiten que el capital extranjero pueda tener propiedad, por lo que la inversión extranjera en una zona puede o no ser la razón de un nuevo edificio. Sin embargo, durante el período de rápido crecimiento de la zona –en los últimos treinta a cuarenta años– aparece otro extraño fenómeno: junto a la mutación de la zona, desde complejos de almacenamiento de bienes libres de impuestos al skyline reluciente que tenemos hoy en día, este skyline reluciente se ha convertido en una especie de símbolo de la entrada al mercado global.

También podemos mirar la propiedad extranjera en conjunto con la Banca Islámica, que han hecho de la zona algo así como un ‘casino inmobiliario’. Se puede invertir en edificios para guardar el dinero, porque las inversiones inmobiliarias están permitidas en la Banca Islámica, a diferencia de otros productos bancarios que generan interés. Esa puede ser otra razón de la proliferación de edificios de autor en el skyline reluciente.

Y ya que mencionaste la diferencia entre la exención y excepción, creo que hay una diferencia entre el argumento muy particular de Agamben sobre la excepción y las exenciones que se encuentran en la zona. Dadas las múltiples formas de exenciones que se ofrecen a muchos países, en la zona hay un conjunto de excepciones superpuestas que tal vez son más difíciles de rastrear. Hay múltiples excepciones que son quizás más engañosas porque son más difíciles de identificar u objetivar.

F. D.: En Extrastatecraft cuentas la historia de la Zona Franca Industrial (Export Processing Zone) una fórmula creada y promovida por las Naciones Unidas. ¿Es una organización extra estatal como la ONU una herramienta o dispositivo para crear excepciones en todo el mundo?

K. E.: La ONU había observado algunos experimentos realizados por Estados Unidos y otros países, así que en realidad no inventaron la idea de la Zona Franca Industrial sino que tomaron una fórmula que ya existía (por ejemplo Puerto Rico, o Shannon, Irlanda) y empezaron a promoverla a los países en desarrollo como una forma de entrar en el mercado global.

En los años ochenta el Banco Mundial y otras instituciones se percataron de que la zona era un instrumento económico deficiente, pero para entonces ya se había convertido en una profecía autocumplida.

Se le podría dar un giro siniestro a este privilegio hacia la inversión de compañías occidentales con su actitud paternalista hacia los países en desarrollo. Es como si los países en desarrollo debiesen adaptar sus ofertas a las corporaciones occidentales, y estas empresas debiesen ser capaces de caracterizar sus inversiones como una ‘ayuda’ para los países en desarrollo.

F. D.: Bueno, eso lo sabemos muy bien en Chile... Pero trayendo la pregunta de vuelta a las ciudades. Has dicho que «las ciudades apuestan con las condiciones excepcionales» (2005:134). Sin embargo, hoy en día la zona parece crecer –incluyendo nuevos programas e instalaciones– hasta convertirse en una ciudad en sí misma. Me gustaría saber tu opinión al respecto ¿crees que la zona reemplazará a la ciudad?

K. E.: Las ciudades –o al menos las ciudades que valoramos– a menudo invitan a la contradicción y la diversidad. La zona no hace eso. La zona es por lo general un circuito cerrado. Y si bien es lo contrario de una ciudad, actualmente las zonas suelen llamarse a sí mismas ‘ciudades’. A veces son tan grandes como las ciudades, y tienen una serie de programas como los que uno podría ver en una ciudad. He sostenido que, de alguna manera, la fórmula de la zona es la tecnología infraestructural con la que el mundo ahora construye ciudades, por lo que en cierto modo la zona ya ha hecho una serie de ciudades; por ejemplo Shenzhen es una ciudad (Fig. 4), ó Dubai es una ciudad-estado (Fig. 5).


Fig. 4. Shenzhen, China. Zona económica especial desde 1979
© SSDPenguin


Fig. 5. Dubai. Mapa de zonas
© ARQ

La fórmula de la zona ha mutado tan rápidamente durante los últimos treinta años, y usualmente en base a todo tipo de deseos irracionales. Por ende, sigo preguntándome si podríamos aprovechar el deseo de la zona de ser una ciudad. Podríamos, de cierta manera, engañar a la zona con otras persuasiones y deseos que empiecen a introducir las protecciones, contradicciones, diferencias y circunstancias que a menudo alabamos en la urbanidad.

F. D.: Pero si la zona es una nueva forma de hacer ciudades significa que ya no es excepcional; y si la zona no es una excepción y se convierte en algo normal, entonces no debería ser diferente de una ciudad.

K. E.: Sí, pero tiene un estatus legal distinto al de una ciudad. Por ejemplo, en una ciudad es legal tener sindicatos, pero en una zona a menudo es imposible tener uno. Este es sólo un ejemplo. Son las exenciones selectivas de las leyes las que, en mi opinión, hacen que estos enclaves extra-urbanos sean peligrosos.

F. D.: Entonces hay distintos tipos de zonas y ellas dependen de las regulaciones de las que cada una está exenta. 

K. E.: Las ciudades a veces ofrecen distintos tipos de exenciones, como por ejemplo los feriados fiscales. Esto es algo común que cualquier ciudad puede hacer. Sin embargo, es importante equilibrar lo que se entrega con lo que se gana, sobre todo cuando el intercambio implica pasar por alto el trabajo o los derechos de los ciudadanos. Uno puede reconocer que a veces la inversión extranjera directa es necesaria para el trabajo y otras cosas, pero esa inversión puede ser colocada de forma tal que permita un mejor negocio para el país anfitrión. También se puede ubicar en ciudades existentes en lugar de colocarla en enclaves extra-urbanos. No estoy diciendo que esto es una solución, pero diría que es posible negociar mejor en las ciudades existentes, mientras se protege a los ciudadanos y se consiguen más beneficios económicos directos para el país anfitrión. La zona a menudo obstruye estas ventajas, por lo que es una estrategia bastante absurda.

F. D.: Entre las características de la zona que descubriste está la idea de que es un ‘doble’ de una ciudad existente, y me gustaría relacionar esta idea a las grandes empresas. Las compañías tienen una cara pública –una marca, un logotipo, un edificio, tal vez un gerente carismático, publicidad, etc.– pero también tienen un backstage, una especie de ‘lado oscuro de la luna’ que no vemos. Siguiendo tu idea de la zona como un ‘doble’, ¿puede ser que la zona sea sólo el lado oscuro de la luna, el negativo en lugar del doble?

K. E.: Estoy totalmente de acuerdo. Es una sombra. Es un pirata. Por eso muchas ciudades importantes, incluso las capitales, quieren tener su propia zona, doppelganger, o sombra. De cierta forma, es la nueva versión brillante de la ciudad que puede hacer todo el trabajo sucio que la ciudad no puede hacer. Es muy parecido a la Reina enviando a un pirata con una ‘patente de corso’ para hacer un trabajo especial. La ciudad y la zona se utilizan entre sí –y cito del libro– como «marca» o «proxy» o «camuflaje».

F. D.: Otro argumento que propones es entender la zona como una herramienta que las ciudades utilizan para ‘lavar identidad’, como una especie de ‘boleto hacia el mercado global’. Sin embargo, sabemos que lo que es exitoso en un caso puede no serlo en otro. Más aún, los casos exitosos son de hecho excepciones; pensemos por ejemplo en todas las ciudades que han intentado replicar sin éxito el efecto Guggenheim. ¿Y qué tal si en lugar de ser un boleto hacia el mercado global de la zona fuera sólo una suerte de estafa piramidal?

K. E.:  Sí. La zona es un poco como el cuento del tío, o un esquema piramidal si se quiere.

Colecciono un montón de videos promocionales de zonas en las que se ven estas fantásticas proyecciones, casi como de cuento de hadas, de edificios con formas como diamantes, delfines y cristales (Fig. 6). Es una especie de cuento del tío para atraer a la inversión extranjera, incluso antes de que la cosa exista. Muchos de ellos fallan; no logran surgir o fallan en conseguir toda la inversión que necesitan, y en la medida que estas ideas se vuelven más contagiosas, son acompañados de una imaginería más y más delirante.


Fig. 6. Tunisia Economic city, Tunisia. Edificios con forma de delfines. Captura del film: Keller Easterling, «World City Trailers» (2014).
https://vimeo.com/112833164

Ha habido fracasos y estafas. A veces muestro un video promocional para una ciudad llamada Lazika, que se suponía iba a ser construida en un área pantanosa del Mar Negro (Fig. 7). Hubiera requerido pilotes de 80 pies sólo para llegar a la base sobre la que se construiría el skyline de espejos. Y en contra de todo cálculo racional, vemos países apostando a cualquier precio por ese tipo de skyline de espejos relucientes.


Fig. 7. Lazika, Georgia. Captura del film: Keller Easterling, «World City Trailers» (2014).
https://vimeo.com/112833164

Sin embargo, de cierta forma es una buena noticia, ya que usualmente todo esto se basa más en el deseo que en lógicas económicas puras y duras.

F. D.: Lo interesante del esquema piramidal es que para tener un ganador se necesitan un montón de perdedores, y los perdedores son la estructura de la estafa.

K. E.:  Sí, y la otra cosa que hace que sea un poco como el esquema piramidal es que la fórmula de la zona siempre se promueve para el siguiente país más pobre. El siguiente país más pobre la quiere porque todos los demás ya la tienen. Y si tu país tiene un 40% de desempleo, ¿cómo puedes decir, ‘espera un poco, esto no es para nosotros’? ¿Cómo puedes decir que no cuando las otras personas en la pirámide dirán que sí? Así que es exitosa porque es exitosa, es popular porque es popular...

F. D.: Si uno sigue el argumento que desarrollas en Extrastatecraft, las zonas parecen ser como válvulas que activan la energía potencial del capital, como si este no tuviera ninguna oportunidad de dar rienda suelta a su potencial hasta que aparezca una zona. ¿Crees que la energía potencial del capital podría disminuir sin las zonas?

K. E.:  La zona no es una especie de fórmula perfecta. Se parece a la isla perfecta de externalización corporativa, en el sentido de que trata de eliminar todos los obstáculos para el lucro, pero mi argumento es que hay distintas situaciones en las que tanto el entorno urbano como el capital podrían ganar.

Hay muchas razones por las que el capital ha sido exitoso en ciudades grandes y diversas, por lo que la necesidad de un desarrollo totalmente nuevo y una tábula rasa política, o una cuarentena política, es sólo un mito; y también hay muchas razones por las que la interacción que es natural a las ciudades podría ser beneficiosa tanto para las ciudades como para el capital. 

F. D.: ¿Tienes algún ejemplo de una ciudad que haya funcionado bien –por ejemplo en un país en desarrollo– sin exenciones en sus regulaciones?

K. E.: Creo que es posible ver las razones por las que las grandes corporaciones pusieron sus sedes en las principales ciudades del mundo, y a veces las zonas tratan de imitar eso; pero nunca entregan el tipo de diversidad que se encuentra en las grandes ciudades. Si bien no tengo un ejemplo de una ‘anti-zona’ exitosa que esté siendo desarrollada, si te fijas en una ciudad como Nairobi (Fig. 8), podrás ver la forma en que los incentivos de una zona pueden ser colocados en interacción con todo tipo de cosas que la ciudad necesite.


Fig. 8. Nairobi, Kenya.
© Ninara

Cuando Dubai estaba invitando a los inversionistas extranjeros, dijeron «Ok, está bien si usted quiere invertir en la industria de petróleo, pero también tiene que invertir en la industria que nosotros queremos: piscicultura, desalinización, aluminio, o turismo». Ellos hicieron un mejor negocio con sus recursos y con la inversión extranjera. Hicieron demandas que apuntalaron algo mejor. ¿Por qué una ciudad como Nairobi no puede hacer lo mismo? ¿Por qué debe seguir esta fórmula añeja de la zona, como si la zona fuera el único terreno fértil posible para el capital? Se pueden ofrecer incentivos al capital, pero colocados en una relación de interdependencia que promueva algo que Nairobi requiera; algo así como el transporte, por ejemplo; y ese transporte podría funcionar mejor trasladando a los trabajadores a los negocios en cuestión. Por lo tanto puede haber ventajas mutuas, tanto para el capital como para el país anfitrión. Es simplemente carente de imaginación suponer que sólo hay una opción para organizar la inversión.

F. D.: Cambiando de tema, has comparado a la arquitectura con las piedras en un arroyo: la piedra es visible pero no puede hacer nada para evitar que la corriente fluya. Sin embargo, ¿sería posible entender la piedra en relación a la corriente si no hubiera un arroyo? Más precisamente en el caso de la arquitectura, ¿puede haber un objeto si no hay flujos?

K. E.: Me refería a nuestra capacidad de hacer tanto forma objetual como forma activa, y decía que deberíamos ser buenos en ambas: haciendo la piedra y haciendo el agua. En el mundo de hoy están en operación algunos tipos de forma muy poderosos que involucran todas nuestras habilidades fundamentales, pero no necesariamente se comportan como forma objetual. Son formas que no necesariamente se evalúan por su figura, su geometría, o su contorno como objeto. Son formas activas que son menos como piedras y más como el agua.

En el libro Extrastatecraft esto se explica y analiza en profundidad. Invito al lector a pensar en cómo podríamos diseñar y ajustar esta forma resultante. Esta suerte de espacio-matriz está haciendo fórmulas repetibles de espacio y ciudades en todo el mundo. Es algo más cercano al software, o algo más como una especie de sistema operativo.

Así es que he estado diciendo: ¿no sería increíble si fuéramos buenos en la forma activa, como los pequeños bits del código de un software que determinan cómo se multiplicarán y circularán los objetos? La forma activa redobla nuestros poderes. Hoy en día, puede ser incluso más difícil hacer una forma objetual significativa en el espacio-matriz del mundo. Este espacio-matriz de fórmulas repetibles es el arma secreta de las personas más poderosas de la tierra, y no debería ser el secreto mejor guardado para nosotros los que estamos preparados para diseñar el espacio. Es lo que hacemos. Podemos hacer cosas asombrosas, con enormes consecuencias políticas. Al menos este es mi argumento muy esperanzador.

F. D.: Por último, eventos como los recientes ataques en París o los tiroteos en diferentes ciudades de los Estados Unidos por lo general tienen como respuesta la militarización de la vida cotidiana. En esos casos, la ciudad se convierte en un lugar donde la ley se interrumpe a través de toques de queda, vigilancia, reducción de libertades y otras medidas. Has observado que las empresas utilizan la guerra «como una válvula que podría encenderse y apagarse para obtener ganancias a partir del diferencial entre monedas» (2014:151). ¿Crees que la actual militarización de la vida cotidiana es parte de ese proceso? ¿Qué pasa si la zona que genera ganancias ya no es una zona de comercio, sino más bien una zona de guerra?

K. E.: Hay personas que están discutiendo eso. Estoy pensando en alguien como Stephen Graham, que ha hecho muy buenas descripciones de la ‘ideología de la seguridad’. Desde ese punto de vista, podríamos mirar a la zona con su reja de seguridad, su puesto de control de seguridad en la puerta, etc., como una forma de ‘ideología de la seguridad’. 

Aún así, y precisamente porque hay gente como Stephen Graham haciendo un gran trabajo, me pregunto si podríamos ir más allá de las asociaciones automáticas con lo militar, para buscar otras formas de violencia que existen dentro de la zona. A veces, la asociación automática con lo militar –o con la pirotecnia de lo militar– nos impide ver algunas de las otras formas de violencia constante, cotidiana y a bajo nivel. Esto es en gran medida la violencia sufrida por los trabajadores. Pensemos en Rana Plaza en Bangladesh, el peor desastre industrial de la historia humana (Fig. 9). No prestamos atención al desgaste gradual que generó ese desastre. Sólo prestamos atención cuando se veía como una explosión en una guerra. Sin embargo, su causa fue el tipo de violencia que es inmanente en el circuito cerrado de la zona, en la negación de la información. Por lo tanto en Extrastatecraft trato de poner las manos del lector en las perillas e interruptores del poder en el espacio-matriz, para que podamos tener una idea de las señales de las disposiciones violentas en el espacio. ¿Qué es lo que engendra la violencia que está confundiendo al mundo en este momento? ¿Qué hay en nuestros suburbios o en nuestras comunidades que permite que ese tipo de violencia exista? Ya no se puede decir que esto sólo ocurre en el campo de batalla. Este tipo de violencia atomizado está actualmente en todas partes.


Fig. 9. Dhaka Savar Building (Rana Plaza, Savar) tras su colapso
© Rijans (13.05.2013)

Extrastatecraft está, literalmente, pensando en qué cambios al espacio reducen la violencia. ¿Cuándo la violencia es inmanente en una organización o disposición de espacio? ¿Cómo podemos estar atentos a eso? Podemos hacer mucho más que simplemente evaluar los espacios por la forma en que se ven, por su figura y contorno. Puede que no sea la elección artística de todos, pero podemos ampliar nuestros poderes como diseñadores para manipular la disposición política de algunos de los espacios más relevantes del mundo.

 

Referentes

EASTERLING, Keller. Extrastatecraft: the power of infrastructure space. London; Brooklyn, NY: Verso, 2014.         [ Links ]

EASTERLING, Keller. Enduring innocence: global architecture and its political masquerades. Cambridge, Mass.: MIT Press, 2005.         [ Links ]

GRAHAM, Stephen. Cities under siege: the new military urbanism. London; Brooklyn, NY: Verso, 2010.         [ Links ]


1. Keller Easterling | Arquitecta, escritora y profesora de la Universidad de Yale. Ha escrito los libros Extrastatecraft: The Power of Infrastructure Space (Verso, 2014), Subtraction (Sternberg Press, 2014), The Action is the Form: Victor Hugo’s ted Talk (Strelka Press ebook, 2012), Enduring Innocence: Global Architecture and its Political Masquerades (MIT Press, 2005) y la Organization Space: Landscapes, Highways and Houses in America (MIT Press, 1999). Sus investigaciones y textos han sido incluidos en la Bienal de Venecia de 2014, y se han exhibido en Storefront for Art and Architecture en Nueva York, la Bienal de Rotterdam y la Architectural League de Nueva York. Easterling ha dado conferencias y publicado ampliamente en Estados Unidos y en el extranjero. Las revistas a las que ha contribuido incluyen Domus, Artforum, Grey Room, Cabinet, Volume, Assemblage, e-flux, Log, Praxis, Harvard Design Magazine, Perspecta y ANY.

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