SciELO - Scientific Electronic Library Online

 
 número92La Ola: Espacio para espectáculos públicos Valparaíso, Chile, 2015Prospect Stronghold índice de autoresíndice de materiabúsqueda de artículos
Home Pagelista alfabética de revistas  

Servicios Personalizados

Revista

Articulo

Indicadores

Links relacionados

  • En proceso de indezaciónCitado por Google
  • No hay articulos similaresSimilares en SciELO
  • En proceso de indezaciónSimilares en Google

Compartir


ARQ (Santiago)

versión On-line ISSN 0717-6996

ARQ (Santiago)  no.92 Santiago abr. 2016

http://dx.doi.org/10.4067/S0717-69962016000100011 

LECTURAS

La Arquitectura del Club
Un contenedor de comportamientos, lenguaje y política

  

Sol Pérez Martínez*(1)

*PhD (c) Architecture and Education University College London, Londres, Inglaterra s.perez.13@ucl.ac.uk


Resumen

Sin ser una heterotopía, pues no recluye la ‘otredad’ sino que reune a quienes se alejan de ella, el club es tal vez la manifestación urbana más conocida de un espacio de excepción. Explicando su surgimiento en la Inglaterra victoriana, y analizando uno de sus casos emblemáticos en Londres, este texto nos permite entender no sólo el espacio del club sino también sus políticas arquitectónicas de exclusión.

Palabras clave: tipología, exclusión, caballeros, Club de la Reforma, Londres


La vida del club es un gran misterio, y sus adeptos deben ser cautos para explicar el tabú del club a los bárbaros externos. (Sala, 1862:207)

Hay algo en los clubes que inspira curiosidad; atraen porque uno no pertenece a ellos. Son exclusivos y tienen códigos difíciles de identificar para gente externa. La arquitectura del club opera como un límite que divide la vida pública del espacio donde sólo los miembros y sus invitados pueden acceder, una condición que se refuerza con escaleras, vestíbulos espaciosos y grandes accesos. La fachada entrega pistas que permiten especular sobre la vida del club, pero sólo el interior puede aclarar de qué se trata realmente. Su estilo de vida es transmitido por sus espacios.

Una vez dentro del club, el espacio gatilla un cambio en nuestra actitud; un efecto similar al que produce la arquitectura religiosa, donde los rituales establecen la manera apropiada de actuar. Iglesias y clubes son espacios que congregan comunidades cerradas y cuyas principales actividades son la comunicación oral y la interacción social. En el club, como en el templo, el comportamiento en el espacio se hace más evidente cuando no entendemos la ‘creencia’ o la cultura detrás de la conducta.

Al no conocer las reglas de la casa, sin embargo, la arquitectura del club puede funcionar como una guía que ayuda a imitar y desarrollar un sentido de pertenencia. En otros casos, la arquitectura puede estar diseñada para aumentar la sensación de otredad, haciendo visible la brecha que separa a un socio de un extraño. De una u otra forma, al tener un acceso restringido definido por su arquitectura, el club se transforma en un espacio de excepción que genera conductas excepcionales en su interior.

En base a esto el texto explora la arquitectura de un club victoriano, para argumentar que los clubes sirvieron como ‘escuelas de conducta’ donde las relaciones sociales se desarrollaron en un ambiente vigilado por sus miembros. Se buscará cuestionar el rol de la arquitectura del club en la construcción de las relaciones sociales, y ver cómo se usó el diseño para dar señales de conducta que vinculan a ciertos sectores de la sociedad, excluyendo, por ende, a otras. Para hacerlo, se presentarán primero los orígenes de la cultura de los clubes en Inglaterra, para profundizar después en uno de los casos más celebrados y mejor preservados. Al estudiar un club y su relación con la sociedad a la que servía, el texto busca exponer las relaciones sociales posibles en el espacio y la voluntad política detrás de quienes lo diseñaron.

El origen del club: de casa de café a edificio cívico

Los clubes son una forma de organización social creada en Inglaterra y encarnada en una tipología arquitectónica en Londres durante el siglo XVIII. Nadie sabe bien cómo, pero durante el siglo XVII la palabra ‘club’ empezó a formar parte del vocabulario inglés y, desde entonces, ha sido intensamente difundida a otras lenguas sin alterar su fonética. En 1659, John Aubrey usó por primera vez la palabra ‘club’ en un texto al referirse al encuentro constante de un tipo de gente –sin lazos sanguíneos– en un lugar específico (Timbs, 1866). Y si bien no hay acuerdo en torno a los orígenes de la palabra, la mayoría de los autores concuerda que la expresión y la institución del club están firmemente arraigados en la historia, el clima y el comportamiento británico (Fagan, 1887).

A fines del siglo XVII, los clubes se multiplicaron en Londres usando tabernas y las piezas traseras de algunas cafeterías como sus centros de operaciones transitorios.(1) Y si bien en sus inicios usaron espacios existentes para reunir a hombres de distintas clases sociales (separándolos del resto de la sociedad para compartir sus intereses en común, tomar, leer y socializar), cuando la cantidad de miembros empezó a crecer los clubes lentamente se tomaron las cafeterías completas como lugares de reunión. Los clubes «comenzaron como espacios privados contenidos en espacios públicos» (Rendell, 2002:68) dirigidos por empresarios hoteleros, para luego evolucionar a locales autónomos regidos por un comité de miembros electos, donde la conversación era abierta y estaba protegida por la confianza entre sus miembros. Así, el espacio del club debió adaptarse a los cambios en su forma de membresía, pasando de un lugar democrático a uno exclusivo (Milne-Smith, 2011) y creando la necesidad de una nueva tipología arquitectónica que más tarde colonizaría el lado oeste de Londres (fig. 1).


Fig. 1. Thevoz, Septiembre 2013. Mapa de clubes de damas y caballeros en West End, Londres. c. 1900.
Fuente: http://www.historytoday.com/seth-alexander-thévoz/london-clubs-and-victorian-politics

Para la sociedad victoriana, los clubes privados eran un espacio clave si se buscaba acceder a conocimiento o influencia, permitiendo interacciones casuales con personas relacionadas a la cultura y el poder. Un intrincado sistema de etiqueta regulaba las relaciones sociales en esos años, por lo que para establecer nuevas amistades se debía seguir un procedimiento largo y engorroso; en ese contexto, el club tenía el rol de proveer un círculo social prediseñado (Taddei, 1999). Al formar parte de un club, un caballero elegía pertenecer a un tipo particular de sociedad y aceptaba una manera predefinida de comportarse con sus pares. Así, los clubes fueron instituciones formativas que, al aceptar sus reglas y pagar una cuota, entregaban acceso a espacios donde participar de nuevas redes sociales. Pero aún con dinero, estatus o contactos, era imposible acceder al club si no eras considerado un caballero.

Caballeros, honor y etiqueta

El club es el escenario donde se desenvuelve el caballero, haciendo que ambas definiciones evolucionen y se afecten mutuamente. En sus orígenes, el término ‘caballero’ fue un indicador de hombres de buena conducta que pertenecían a la nobleza inglesa, una categoría sólo asequible para la aristocracia por nacimiento y la correcta crianza. Pero con la revolución industrial y la aparición de la clase media durante la época victoriana, el término ‘caballero’ desafiaría el sistema de clases y pasaría a relacionarse al comportamiento, que se evaluaba y controlaba por los pares en base a un código de honor consistente en un conjunto de buenas maneras y una estricta etiqueta; este código debía ser seguido para ser considerado respetable y poder tratar adecuadamente con la gran cantidad de extraños en una ciudad de crecimiento exponencial, celebrando a quienes lo dominaban y burlándose de aquellos que no alcanzaban los estándares (McKay, 2012).

Taddei explica que durante el siglo XIX la palabra ‘caballero’ definía «un ideal de conducta y un rango social» (Taddei, 1999:16), un estatus que podía lograrse con educación y el comportamiento adecuado, simbolizando la primera posibilidad de movilidad social en la clase alta Británica (McKay, 2012). El club se convirtió así en una ‘escuela de conducta’, ayudando a formular y establecer las maneras y la etiqueta que un caballero debía seguir para acceder al mundo de la aristocracia.(2)

El ‘hombre de club’ se convirtió en sinónimo de ‘caballero’, un título para hombres considerados y corteses, con «un alma transparente, y una lengua sincera sin temor» (Vernon, 1869:241). Como explica Milne-Smith, los clubes eran «sitios claves del chisme entre hombres» (Milne-Smith, 2009:88), donde la conversación era la principal atracción y actividad. Parte del ideal de la caballerosidad era demostrar la astucia y conocimiento; conocer los espacios, las maneras y los temas apropiados era una manera de indicar poder y demostrar pertenencia al grupo. Cada club representaba un tipo de caballero y tenía su propio lenguaje no verbal. Como resultado, el estatus de caballero no era una categoría homogénea durante la época victoriana; consecuentemente, tampoco lo fue su arquitectura.

La tipología del club de caballeros

Uno puede ser virtuoso y pulcro, como una piedra es tosca o lisa, dependiendo del roce de lo que nos rodea. (Ledoux, 1802:3)

Al analizar la tipología de los clubes victorianos, hay tres momentos distintivos asociados a la evolución de la figura del ‘caballero’. El primero, de la casa urbana usada por las cafeterías y luego por los primeros clubes privados, que representaba la idea del ‘hogar lejos del hogar’: tres o cuatro pisos en una planta asimétrica con una entrada lateral.(3) El club era un lugar para que los aristócratas terratenientes pudieran reunirse y resolver sus asuntos sociales, como una extensión de las salas de sus casas de campo. El único elemento que lo distinguía del resto de las casas era su bow window, donde los hombres del club se exponían mientras vigilaban la calle. Esta tipología representaba un cruce entre la seguridad del espacio doméstico y la hermandad masculina representada por la cafeterías públicas.

La segunda generación de clubes reflejó las variaciones del sistema de clases de la sociedad inglesa a comienzos del siglo xix. La membresía cambió, incluyendo entre sus socios a algunos caballeros de una expansiva clase media. Los nuevos clubes buscaban establecer su estatus ante la calle adoptando una tipología de palacio o templo con una expresión clásica griega. Para estas nuevas ‘casas-club’ el estilo arquitectónico elegido servía para exponer sus valores y la cultura propia del club. Como explica Crook, la mayor diferencia con los clubes del siglo XVIII fue que los clubes del siglo XIX fueron un ingrediente clave para el diseño urbano de Londres (Crook, 1981) (fig. 2).


Fig. 2. Athenaeum Club, Londres, 2014
© Sol Pérez Martínez

Según Fagan, en una sola década entre 1832 a 1842, los mejores clubes fueron construidos en Pall Mall creando «una línea prácticamente ininterrumpida de templos dedicados a las relaciones sociales y al intercambio de ideas» (Fagan 1887:12).(4) En estos años se puede identificar la tercera generación de clubes gracias a un cambio en la arquitectura: de una representación clásica al renacimiento italiano como referente; un estilo cuya punto más alto se encuentra en el Club de la Reforma de Charles Barry (Sheppard, 1960), un edificio único con una fuerte impronta cívica que, además de adoptar la estética renacentista y una disposición interior más pública, también incluyó como actividad principal la más cívica de las ocupaciones: la política (fig. 3).


Fig. 3. The Reform Club, Londres, 2014
© Sol Pérez Martínez

El club de la reforma: sede política, chismes y los caballeros victorianos

El Club de la Reforma fue un club social y político creado después de la Ley de Reforma de 1832, para congregar bajo un mismo techo a todos los partidos liberales que buscaran promover «el intercambio social de los Reformadores del Reino Unido» (Fagan 1887:13). El ‘Reform’ simboliza un periodo donde, tras la socialización, la política era uno de los objetivos más comunes de los clubes (Taddei, 1999). Pero mientras los clubes sociales intentaban alejarse de la política para proteger la tranquilidad del estilo de vida del club, los clubes políticos albergaban reuniones y se conectaban con acontecimientos específicos buscando generar «un vínculo entre los líderes y los liderados, para maximizar el voto, y coordinar el proceso entre el electorado» (Sharpe, 1996).

Un año después de la fundación del Club, su comité «fue instruido para elegir a siete arquitectos de talento y experiencia para hacer planos y presupuestos para una nueva Casa Club» (Sheppard, 1960:408). En 1837, de forma unánime, se eligió a Sir Charles Barry, un arquitecto con afiliaciones liberales que recientemente había construido el vecino Club Traveller’s. El Club de la Reforma se estableció en el 104 de calle Pall Mall, separado sólo por una calle angosta del Club Carlton, el cónclave conservador. La oposición política no se manifestaba sólo en el parlamento sino también en la ciudad, haciendo que sus sedes tuvieran sus ventanas enfrentadas.

Tal como otros clubes de caballeros para un externo es difícil describir el Club de la Reforma; la información es restringida y hay escasas imágenes disponibles de su interior. Parte de su exclusividad se basa en este tipo de restricciones. Si bien hay bibliografía con descripciones precisas y detalladas de su arquitectura, la información disponible hace difícil imaginar la atmósfera del club y la relación del espacio con los usuarios. En contraste, al visitar el Club se ve un espacio vivo donde la arquitectura entrega claves de la historia social del edificio, más aún ahora que ha sido restaurado y su mobiliario se mantuvo de acuerdo al proyecto original (fig. 4).


Fig. 4. The Reform Club, Londres.
Fuente: http://inretrospectmagazine.com/dispatches/the-act-of-reform/

Según Frankl, es posible encontrar en la arquitectura una narrativa de interacciones implícitas en los espacios que «entregan una ruta para una secuencia definida de eventos» y por tanto «crean una arena fija para acciones de duración específica» (Forty 2001:106). En el club los miembros tienen una rutina guiada por las reglas de la casa y la etiqueta, donde ciertos comportamientos están asociados a escenarios arquitectónicos específicos. En el diagrama cada uno de estos ‘marcos de acción’ contiene un tipo de interacción social distinto que puede ser explicado por las entornos espaciales (fig. 5).


Fig. 5. Diagrama de Vidler para The Reform Club.
Dibujo: Sol Pérez Martínez
Leyenda: 0. Calle; 1. Acceso escalera puente; 2. Vestíbulo controlado por portería; 3. Escalera cerrada; 4. Percepción de contraste; 5. Hall o Salón; 6. Percepción de contraste; 7. Escalera cerrada; 8. Percepción de contraste; 9. Galerías; 10. Percepción de contraste; 11. Biblioteca; 12. Chimenea

Para acceder al Club de la Reforma se debe cruzar un puente de peldaños que separa al edificio de la calle, creando un territorio intermedio para un vestíbulo controlado por un portero, tras cruzar una puerta doble. Esta estrategia deja al visitante en un limbo espacial, esperando ser aceptado en el club. El diseño refuerza la ambigüedad entre interior y exterior, con muros que imitan la fachada del edificio (Sheppard, 1960). Luego otro conjunto de peldaños separa el vestíbulo del piano nobile en el primer piso. Esta escalera se encuentra en un zaguán sombrío que por oposición resalta la amplitud del hall de doble altura iluminado por una cúpula vidriada. El contraste de colores, luz y espacio entre la escalera y el hall crea un efecto que impresiona al visitante y lo hace detenerse para ajustar su visión y comportamiento (fig. 6a, 6b).(5)


Fig. 6a. Planos esquemáticos del Club de la Reforma.
Dibujos: Sol Pérez Martínez
Arriba: Planta nivel acceso. Escala publicada 1: 750 / Abajo: Planta primer nivel. Escala publicada 1: 750
Leyenda: 0. Calle Pall Mall; 1. Vestíbulo; 2. Hall o Salón; 3. Sala de mañana; 4. Habitación de extraños; 5. Coffee Room; 6. Escalera cerrada; 7. Galería primer nivel; 8. Sala de juegos; 9. Sala de comité; 10. Sala de fumadores; 11. Biblioteca; 12. Billar


Fig. 6b. Corte este-oeste. S. E.

El hall es el espacio característico del Club de la Reforma, un patio italiano techado con una galería que rodea los dos pisos principales y distribuye el acceso a todas las salas de los socios. Es un vacío central que posibilita encuentros fortuitos al ser el espacio más conectado del edificio y no tener una función específica (fig. 7).


Fig. 7. Walter Wilson. Reform Club: The Hall. 1890.
Fuente: The Illustrated London News. p.682. Courtesy of Adrian Forty.

En uno de los muros del hall se encuentra el acceso a la escalera principal del club. Comparado al espacio amplio del hall, la escalera parece confinada. Es un espacio sustraído del muro, un tubo conector que no es evidente para el visitante, haciendo que el segundo piso sea aún más privado que el primero. Su diseño exalta la idea de la escalera como una habitación en sí misma al usar muebles fijos en su descanso: un espacio habitable alejado de los ojos de otros miembros pero donde es muy difícil evadir un encuentro. Los muros espejados de la habitación-escalera lo convierten en un espacio de intriga; oculto, pero público, la escalera es el espacio perfecto para el chisme.

El último peldaño de las escaleras llega a las galerías del segundo piso que rodean el hall, un espacio que conecta todas las habitaciones del nivel pero que también funciona como un lugar ideal para conversaciones privadas o un descanso en solitario (fig. 8). Con muebles adosados a sus muros y otros cerca de la balaustrada, las áreas para sentarse están organizadas para disminuir la interacción social con los que pasan por el corredor. Las galerías son también un espacio de vigilancia y miradas cruzadas, camufladas por el pasamanos y las columnas.


Fig. 8. Walter Wilson. Reform Club: The Galleries Afternoon Tea. 1890.
Fuente: The Illustrated London News. p.683. Courtesy of Adrian Forty.

Al pasar desde las galerías a cualquiera de las habitaciones en el perímetro de la planta se produce un contraste de luz, iluminación, sonido, calor y especialidad que fuerza a que los sentidos se adapten. Barry usa un juego espacial de claroscuro para distinguir distintos ‘marcos de acción’, creando una atmósfera distintiva para cada espacio. A diferencia del hall, alumbrado y colorido, la luz al interior de las habitaciones es tenue; las delgadas ventanas de la fachada generan un tipo de iluminación que por contraste hacen que el interior se vea aún más oscuro, destacando la riqueza y profundidad de su colorido. Mientras en el hall las superficies son pulidas, y las formas y volúmenes son definidos, en las habitaciones perimetrales los muros son texturados y acolchados, a base de cuero, terciopelo y madera oscura. Incluso el aire cambia: de una brisa fresca en el salón a un calor estático y agradable al interior de las piezas, manejado por chimeneas de carbón y un sistema de calefacción oculto en los muros.(6) Mientras la reverberación del hall exacerba el ruido del rumor social, las salas del club absorben el sonido con sus materiales, permitiendo a los miembros chismear con tranquilidad.

Las ilustraciones de las habitaciones del club prueban que la interacción social es en grupos pequeños, de dos a ocho personas, permitiendo que diversos conjuntos compartan un solo ‘espacio social’ (fig. 9). Las salas poseen muebles organizados para potenciar las relaciones sociales, creando puntos focales con chimeneas y focos de luz. El diseño de la iluminación artificial, planificado desde el comienzo, marca de forma puntual sub-espacios dentro de las áreas comunes (Olley, 1985).


Fig. 9. Walter Wilson. Reform Club: The Library. Drawing Tea. 1890.
Fuente: The Illustrated London News. p.684. Courtesy of Adrian Forty.

Debido a su profundidad, en las salas del club las ventanas funcionan sólo como una fuente de luz que «no extiende invitación a mirar hacia afuera» (Crook, 1981:13), rompiendo la conexión con el exterior. El espejo toma el lugar de la ventana, reemplazando la mirada entre el club y la calle por el reflejo de la propia conducta de los miembros, haciendo del club un espacio autosuficiente donde la mirada se enfoca al interior.(7) La abundancia de superficies reflectantes nos hace conscientes de la percepción del espacio, pues da la sensación de estar siendo engañado o constantemente vigilado.(8) Se puede argumentar que Barry usó los espejos como un dispositivo para llevar la atención de los usuarios hacia las personas y su arquitectura, volviendo todas las miradas al espacio del club. Allí donde en una planta tradicional se ubicaría una puerta o una chimenea, Barry transforma el espacio al agregar un espejo: «…incluso la salida del humo por las chimeneas está camuflado por espejos, como si Barry quisiera que uno se olvidara que al menos el humo tiene que escapar al mundo exterior» (Crook 1981:13).

Una vez dentro del Club de la Reforma –espacialmente y en términos de membresía– las jerarquías se diluyen en un solo nivel común a todos los miembros. No hay plataformas ni áreas exclusivas para los más poderosos; no hay podios para dirigirse a otros de una manera jerárquica. Sólo hay ciertas posiciones y sillas que permitirían mejores interacciones sociales o el grupo correcto para chismear. Barry diseñó espacios para interacciones sociales horizontales, potenciando la hermandad e igualdad entre los miembros, mientras reforzó a la vez la exclusividad del club con una fachada inescrutable. Los caballeros que manejaban este código espacial silencioso propuesto por Barry podían usar la posición de sus cuerpos como una manera de sacar provecho de sus oportunidades sociales, por diversión o para mejorar su estatus en la sociedad victoriana. El club sigue siendo hasta hoy una institución solemne para los extraños, encubriendo el confortable lujo de su interior; reflejando el carácter de un caballero, el edificio debía ser justo y sobrio en su apariencia, pero refinado y elegante en sus maneras.

La política del club

No se puede negar que estos grupos, de riqueza y muy extendidos en sus ramificaciones, en principio egoístas pero perfectamente adaptados a los hábitos de la nación, ofrecen ventajas valiosas para aquellos que tienen la buena fortuna de estar inscritos en ellos… el Club se va a mantener como un lugar de descanso, tranquilo, elegante, y exclusivo; inaccesible a los humildes e insignificantes. (Malleville en Timbbs, 1855:271)

Charles Barry creó una secuencia de espacios que exaltaban el estilo de vida del club y colaboró en la formación de hombres que luego formaron parte de los círculos de poder en la Gran Bretaña victoriana.(9) Sin embargo, la exclusividad de la preparación social dada por el club se transforma en una realidad compleja si este también instruye a sus miembros para posiciones de poder, dándole más herramientas para liderar que a aquellos que no tienen acceso al club. Si consideramos que en la misma década Barry fue el arquitecto no sólo de dos institutos privados de élite –Dulwich College y King Edwards School– sino también del parlamento británico, podemos ver una secuencia de espacios que permite trazar un camino desde la cuna al parlamento: ¿Estaban mejor preparados para la vida en el club y la vida política los niños que crecieron en las escuelas de Barry? ¿Cuáles son los beneficios para las personas que vivieron en estos espacios privilegiados?

Es posible argumentar que la inhabilidad de experimentar el club reduce la oportunidad de los ‘excluidos’ de relacionarse bajo las mismas condiciones con ciertos grupos sociales. Primero, porque al no usar el espacio del club la persona que no es miembro no reconoce que existen otros códigos de conducta. Luego, si un grupo en posiciones de poder define el comportamiento adecuado dentro del club, es fácil trasladar esos acuerdos a otros espacios fuera del club. Así, la conducta en el espacio entonces funciona como una ‘cielo de vidrio’, una valla social invisible que permite clasificar a la gente. Esto implica problemas sociopolíticos más amplios; por ejemplo, si la comunidad del club coincide con los círculos donde se toman las decisiones (que seleccionan a sus miembros por variables como edad, género, raza, o ingreso), el club pasa a ser el espacio oculto donde se toman las decisiones fuera del escrutinio de quienes no son miembros.

El club de la Reforma, como muchos otros en Pall Mall y St James, eran espacios de excepción en el Londres victoriano, donde la opulencia y la riqueza construyeron una barrera para muchos. Más aún, estos mecanismos fraternales excluyeron a mujeres y a otros hombres del mismo sector de la sociedad, creando un espacio controlado que se utilizó para «desarrollar alianzas y rivalidades sociales y políticas entre hombres» (Rendell, 1999:1). Paradójicamente, sin embargo, el club de caballeros también fue considerado como uno de los primeros espacios donde era posible la movilidad social en la sociedad postindustrial británica, pues permitía interacciones no jerárquicas entre miembros dentro de la casa club.

Como resultado, el club puede entenderse como una tipología ambivalente con el potencial de segregar o congregar diferentes secciones de la sociedad. En algunos casos, aislando a ciertos grupos al dar a sus miembros el poder de regular quién entraba y quién era excluido; mientras en otros casos los clubes pueden ser un terreno fértil para desarrollar y fortalecer estructuras sociales entre distintos sectores. Los clubes encapsularon un espacio de excepción en la ciudad donde fijar y preservar una cultura en particular, a veces en contra de cambios culturales y sociales. El Club de la Reforma fue un escenario semipúblico gobernado por leyes que no se aplican a todos los ciudadanos y que, si bien hoy en día acepta a mujeres y a extranjeros, es un espacio que nos recuerda que no pertenecemos a él. 

 

Notas

1. Cualquiera que pagara una pequeña cuota podía acceder a las Casas de Café o a las tabernas, transformándose en los espacios públicos más accesibles a inicios del siglo xviii en Londres. Rendell explica que las Casas de Café eran espacios de política radical, libertad de expresión y debate en un ambiente distendido, mientras las tabernas eran espacios controlados con un aire de respeto que no permitía un debate fluido (Rendell, 2002).

2. «Comparado al estilo de vida previo, los clubes inducen hábitos de economía, sobriedad, refinamiento, regularidad y orden… no puede haber mayor seguridad del buen comportamiento de un marido que si este ha sido entrenado en alguna de estas instituciones» (Watford 1878:140).

3. Los primeros clubes fueron Arthur’s o White’s (1697), Brook’s (1764) y Boodle’s (1762).

4. Fagan se refería al Club Athenaeum (1830), el Travellers Club (1832), el Carlton Club (1835) y el Reform Club (1837) Todos clubes vecinos en Pall Mall.

5. Buscando mantenerse dentro del presupuesto sin abandonar una apariencia lujosa, Barry combinó mármoles reales e imitados.

6. Un sistema de calefacción y ventilación escondido en el cielo y los muros del club le dieron el atributo del primer edificio ‘moderno’ (Olley, 1985).

7. Barry creó un mecanismo que deslizaban espejos desde el cielo para cubrir las puertas y los costados de las chimeneas en la sala del Café (Olley, 1985:23).

8. «Al usar espejos en diferentes superficies produjo una secuencia de efectos ópticos que no tiene comparación en Londres. En lugar de ver escenas o paralelas, ves reflexiones; al subir la escalera, las reflexiones se multiplican» (Crook, 1981:13).

9. Esta idea fue retratada en dos novelas: La vuelta al mundo en 80 días de Julio Verne (1873), y Phineas Finn de Anthony Trollope (1969).

 

Referentes

CROOK, J. Mordaunt. «The Architecture of Clubland». AA Files 1 (Winter, 1981).         [ Links ]

FAGAN, Louis. The Reform Club: Its Founders and Architect. London: B. Quaritch, 1887.         [ Links ]

FORTY, Adrian. «The Royal Festival Hall - a «Democratic» Space?». The unknown city: contesting architecture and social space. Edited by Iain Borden. Cambridge, Mass.: MIT Press, 2001.         [ Links ]

GRAVES, Charles. Leather Armchairs: The Chivas Regal Book of London Clubs. London: Cassel & Company Ltd., 1963.         [ Links ]

KING, Anthony. Buildings and Society. Essays on the Social Development of the Built Environment. London: Routledge & Kegan Pauls, 1980.         [ Links ]

LEDOUX, Claude Nicolas. L’Architecture Considérée Sous Le Rapport de L’art, Des Moeurs, et de La Législation. Paris: A. Uhl, 1802.

MCKAY, Brett, and Kate MCKAY. «The Victorian Era and the Development of the Stoic-Christian Code of Honor.» The Art of Manliness, November 6, 2012.         [ Links ]

MILNE-SMITH, Amy. «Club Talk: Gossip, Masculinity and Oral Communities in Late Nineteenth-Century London.» Gender & History 21, no. 1 (April 2009).         [ Links ]

MILNE-SMITH, Amy. London Clubland: A Cultural History of Gender and Class in Late-Victorian Britain. New York: Palgrave MacMillan, 2011.         [ Links ]

OLLEY, J. «The Reform Club: Barry.» Architect’s Journal 181, no. 9 (February 27, 1985): 34-60.

RENDELL, Jane. The Pursuit of Pleasure: Gender, Space and Architecture in Regency London. London: The Athlone Press, 2002.         [ Links ]

RENDELL, Jane. Gender space architecture: an interdisciplinary introduction. London; New York: Routledge, 1999.         [ Links ]

RHODES, George Ambrose. The Gentleman: A Satire. London: Baldwin, Cradowck, and Joy, 1819.         [ Links ]

SALA, George Augustus. Twice Round the Clock; or the Hours of the Day and Night in London. London: R. Marsh, 1862.         [ Links ]

SHARPE, Michael. The Political Committee of the Reform Club. London: Printed by the Reform Club, 1996.         [ Links ]

SHEPPARD, F. H. W. (Ed.). «Pall Mall, South Side, Existing Buildings: The Reform Club». Survey of London. Volumes 29 and 30, St James Westminster, Part 1. Originally published by London County Council, London, 1960. 408-415.         [ Links ]

TADDEI, Antonia. «London Clubs in the Late Nineteenth Century. Discussions in Economic and Social History». University of Oxford, Oxford Economic and Social History Working Papers, 28 (April 1999).         [ Links ]

TIMBBS, John. Club Life of London, with Anecdotes of the Clubs, Coffee-Houses and Taverns of the Metropolis during the 17th, 18th and 19th Centuries. Vol. 1. London: Richard Bentley, 1866.         [ Links ]

VERNE, Jules. Around the World in Eighty Days. London: Hetzel, 1873.         [ Links ]

VERNON, J. R. «1869 Contemporary Review.» In The Ideal of a Gentleman or a Mirror for Gentlefolks, by Abram Smythe-Palmer. London: Forgotten Books, 1908.         [ Links ]

WATFORD, Edward. Pall Mall; Clubland’, Old and New London: Volume 4. London, 1878.


1. Sol Pérez Martínez | Arquitecta, Máster en Arquitectura, Pontificia Universidad Católica de Chile, 2011. Máster en Historia de la Arquitectura, University College de Londres (UCL), 2014. PhD (c) en Arquitectura y Educación, UCL. Socio Fundador de Neim Arquitectos Asociados (2009-2013). Profesora Instructora en la Pontificia Universidad Católica de Chile (2011-2013). Actualmente es estudiante de doctorado y trabaja como consultora en arquitectura e investigadora en Londres.

Creative Commons License Todo el contenido de esta revista, excepto dónde está identificado, está bajo una Licencia Creative Commons