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ARQ (Santiago)

versión On-line ISSN 0717-6996

ARQ (Santiago)  no.92 Santiago abr. 2016

http://dx.doi.org/10.4067/S0717-69962016000100013 

LECTURAS

Arquitectura en crisis
La excepción como una forma de decadencia

  

Pelin Tan*(1)

*Profesora asociada, Facultad de Arquitectura, Artuklu University, Mardin, Turquía pelintan@gmail.com


Resumen

Si bien Agamben define al campo (de concentración o de refugiados) como el paradigma del estado de excepción, este argumento no sólo olvida la condición física y espacial del campo sino también las prácticas cotidianas que se dan en su interior. Analizando las prácticas espaciales en los actuales campos de refugiados en Turquía, este texto observa que su diseño muchas veces olvida la humanidad propia del refugiado.

Palabras clave: campos, refugiados, biopolítica, comunalización, Turquía


Excepción

A menudo se describe el campo (campamento) como una espacialización de la excepción. El espacio de excepción refiere a la condición judicial en que la ley normal es suspendida por estructuras hegemónicas. El argumento principal –propuesto por Carl Schmitt en su Political Theology– es que el estado de excepción es definido por el soberano y se apoya en el poder político y judicial (Schmitt, 2005). Para Agamben – quien amplía la conceptualización de Schmitt– «El estado de excepción no es un derecho especial (como el derecho de guerra), sino que, en cuanto suspensión del propio orden jurídico, define el umbral o el concepto de límite» (Agamben, 2005: 28). Asimismo, mediante el análisis de la teoría del estado de excepción de Carl Schmitt, Agamben afirma que «estar-fuera» y «pertenecer» es la «estructura topológica del estado de excepción, y en la medida en que el soberano, que decide sobre la excepción, está en realidad lógicamente definido en su ser por ésta, puede también él estar definido por el oxímoron éxtasis-pertenencia.» (Agamben, 2005:75). Por lo tanto, en relación con el espacio o topos, la ‘excepción’ es básicamente una práctica hegemónica de desterritorialización ejercida precisamente por medio de la territorialización; una forma práctica de la exclusión mediante el ejercicio de la inclusión. Agamben sostiene que «como no hay ninguna regla que sea aplicable al caos, el caos debe ser incluido en el orden jurídico a través de la creación de una zona de indistinción entre exterior e interior, el caos y normalidad: el estado de excepción» (Agamben, 1998: 19). Entonces, si lo miramos desde el punto de vista de las prácticas espaciales, se trata de una formación basada en la demarcación del espacio. En los últimos diez años, son numerosas las interpretaciones de la ‘excepción’ en términos de topografía y urbanismo, sobre todo con ejemplos de las extra-territorialidades propias de la guerra civil (Franke, 2003), territorios ocupados, fronteras líquidas, islas, zonas de amortiguación, ciudades con toque de queda, transformaciones urbanas lideradas por el estado, desalojos y otros (Franke; Weizman, 2003). En consecuencia, la experiencia contemporánea de la ‘excepción’ como forma es una constelación múltiple, tensada por hechos territoriales, objetos y subjetividades.

En este artículo, el campo de refugiados se discute como una de las principales prácticas de excepción. Desde que Agamben afirmara que el campo es un paradigma de la biopolítica (Agamben, 1998), a menudo ha sido descrito como espacializaciones de un estado de excepción. Sin embargo, como su afirmación se basa en un paradigma occidental, podríamos argumentar que el ‘campo’ –como una realidad contemporánea en cuanto acoge refugiados pero también como una entidad metafórica– podría devolver la atención a las capas y las prácticas de la subjetividad y su territorio.

Ontológicamente, los refugiados son usualmente descritos como aquellas personas que son excluidas al ser incluidas en un campo, es decir, como las víctimas del estado de excepción. ¿Cómo podemos analizar esto de una forma distinta, mirando el potencial y el papel emancipador de los refugiados en el campo? ¿Cómo podemos declarar una práctica emancipadora en un campo o espacio de resistencia en contra de las estructuras hegemónicas? El enfoque de Agamben, comúnmente citado, indica:

 ... si la esencia del campo consiste en la materialización del estado de excepción y en la posterior creación de un espacio en el que la vida desnuda y la regla jurídica entran en un umbral de indistinción, entonces debemos admitir que nos encontramos prácticamente en presencia de un campo cada vez que se crea una estructura de este tipo, con independencia de los tipos de delitos que se cometen allí y cualquiera que sea su denominación y la topografía específica (Agamben, 1998: 19).

Los campos son vistos como espacios biopolíticos en los que la subjetividad y la alteridad se justifican ontológicamente; sin embargo, este enfoque deja claramente fuera el potencial de la subjetividad, así como las condiciones territoriales. Por lo tanto, el devenir de la subjetividad de un refugiado está atrapado en este discurso de la ‘victimización’, en el campamento y también como sujeto de una soberanía. 


Fig. 1. Çınar Yezidi Camp, Diyarbakır, 2015
© Pelin Tan

Aunque Critchley interpreta la ontología ética primaria de Levinas como un «nihilismo activo» para la emancipación y la ética de la subjetividad a través de la alteridad (Critchley, 2007), podría ver el campo de Agamben como un espacio de excepción y por defecto como una prevención del potencial de emancipación (Critchley, 2012). En la experiencia de Petti y Hilal en DAAR y Campus in Camps, el refugiado –como subjetividad– es un potencial ciudadano más allá de la construcción del estado-nación. También podemos recordar el enfoque del artista y diseñador neoyorquino Krzysztof Wodiczko con The Homeless Vehicle Project (que diseñó en conjunto con la comunidad de indigentes de Nueva York) o la Ciudad de los refugiados en nuestra vida urbana contemporánea: presentan al refugiado como el arquetipo de la subjetividad que reclama su derecho a la ciudad y su rol en la participación urbana (Wodiczko, 1990). Indigentes, gitanos, refugiados, nómades; dichas subjetividades biopolíticas son los artefactos de las estrategias de supervivencia en la vida urbana, y se encuentran en la frontera entre la exclusión y la inclusión. Desde la perspectiva de la filosofía de Levinas, un refugiado experimenta la alteridad siendo la alteridad. Según el poeta Etel Adnan, todos somos refugiados. Un refugiado es la subjetividad de una hospitalidad incondicional. Ser un refugiado –o la experiencia de un espacio de refugiados– consiste en enfrentarse a la experiencia de un espacio radical. En Levinas, la condición ética a priori se basa en el entendimiento de la subjetividad a través del otro. Apoyándose en la constelación teórica de Schmitt/ Levinas/Agamben, la subjetividad se define en la condición de excepción(1). Definir la condición de refugiado desde este marco teórico implica la crítica de restringir la emancipación del refugiado como subjetividad y disminuye su potencial de subjetividad transversal. Ser una víctima, un agraviado, la alteridad, entre otras cosas, reduce su rol emancipador en una ontología ética de la subjetividad.

Campo

A menudo las prácticas cotidianas de una comunidad de refugiados en un campo se aplican mediante una aproximación normativa del diseño. Su espacio público se entiende como una tabula rasa, un recipiente vacío. Si observamos la bibliografía arquitectónica sobre campos de refugiados, los argumentos básicos están en torno a los procesos de urbanización de estos, las prácticas espaciales y la comprensión del espacio del campo como un estado de excepción. Los «Camps-villes», tal como los define el antropólogo Michel Agier, «se convirtieron gradualmente en lugares de una organización perdurable del espacio, vida social y sistemas de poder que no existía en ninguna otra parte. Son dispositivos paradójicos; híbridos que, a falta de un término apropiado, llamaré ciudades-campos (camps-villes)» (Agier, 2002). Agier define el campo de refugiados como una entidad socio-espacial. A pesar de que la relación entre las nociones de campo y ciudad paradójicamente representa los problemas del diseño normativo, Agier está conceptualizando el campo en el contexto de una urbanización. Dado que el espacio del campamento tiene una vida cotidiana heterogénea, como espacio biopolítico tiene redes de actores y agencias. Arquitectos como Manuel Herz, Alessandro Petti y Sandi Hilal proporcionan argumentos teóricos, datos empíricos básicos y experiencias en torno a los campos de refugiados (Hilal, 2008; Petti, 2013). De acuerdo con su investigación en África, Herz afirma que los campos de refugiados no constituyen ‘no-lugares’, a pesar de ser habitualmente descritos de ese modo por las ciencias sociales. Por el contrario, el espacio del campamento es un asentamiento, un territorio que contiene relaciones políticas, económicas y judiciales que también transforma las relaciones del mundo exterior (fuera del campamento). Así, para Herz, la totalidad de estas relaciones es la espacialización del campo (Herz, 2008). A su vez, el autor afirma que los campos de refugiados son la materialización directa de la acción política dinámica contra las formas urbanas idealizadas por Occidente. En este contexto, como espacio biopolítico de una ciudad o asentamiento anticolonialista, se trata de una potencial práctica espacial en contra de la modernidad de sesgo occidental y las formas coloniales globales de habitación. Petti y Hilal establecieron una práctica, una metodología y una teoría como daar, prácticas de descolonización en un campo de refugiados en Cisjordania. Se ocupan del problema del espacio público y las formas de interacción en campos de refugiados (que están casi urbanizados). Por lo tanto, Petti hace una contrapregunta:

Si la identidad política de un ciudadano se desarrolla en el espacio público de la ciudad, lo que se observa en el campo es lo inverso: aquí, un ciudadano es despojado de sus derechos políticos. En este sentido, el campo representa una especie de anti-ciudad, un vacío constitutivo de un orden político. Pero, ¿qué efecto produce esta anti-ciudad en el espacio público y político de la ciudad? (Petti, 2015). 


Fig. 2. AlFawar Palestinian Refugee Camp, Roof of Women Center, 2015
© Pelin Tan

A través de la problematización del espacio público, Petti afirma que el campamento tiene potencial como una «anti-ciudad ». Como espacio biopolítico, los campamentos no pueden ser conceptualizados a través de una dicotomía dentro-fuera, o de su segregación del mundo exterior. Un campamento está más allá de tal estructura dualista (Petti, 2015). Lejos de una discusión occidentalizada sobre el espacio público y la participación ciudadana propia del estado-nación, tanto Petti como Hilal se están centrando en un nuevo concepto/práctica denominado Al-Masha (Tan, 2015). El significado de la palabra es equivalente a ‘bien común’ y la práctica tiene un legado otomano donde la producción y el cultivo de la tierra se realiza en comunidad. En referencia a este concepto, introducen un significado y una práctica similar al ‘bien común’. Los campos ofrecen la práctica de la comunalización para las formas de vida y solidaridad (Petti, Hilal, Weizman, 2014). Así, la práctica espacial arquitectónica y crítica en tierras cisjordanas ocupadas se basa en la cuestión de Al-Masha, poniendo a prueba el potencial de una nueva formación de ciudadanos, de un espacio más allá de la dualidad público/privado y la práctica descolonizadora de reutilizar las funciones del asentamiento.

Como resultado de la guerra civil siria y el conflicto en las zonas kurdas del sur, otro caso de asentamiento en forma de campo se ha expandido recientemente en la región sudeste de Turquía, área donde se encuentra la Facultad de Arquitectura de la Universidad de Mardin Artuklu. A partir de esto, hemos desarrollado una investigación espacial en dichos campos, los que constan de varios tipos de formaciones y encarnan negociaciones políticas y sociales(2). La investigación se centra en los factores que creemos son básicos en la decisión de producir el espacio y en el diseño de los campos:

I) Un análisis biopolítico de los campos que construyen, controlan y administran el Gobierno de Turquía y la ONU.

II) Los usos cambiantes en las prácticas cotidianas de los refugiados vinculadas al espacio público e instalaciones que se definen en el programa de diseño.

III) Gestos de diseño sin arquitectos en los campos.

IV) Infraestructura en campos temporales, tanto los administrados oficialmente por el estado como aquellos montados por iniciativas individuales en edificios preexistentes como terminales de buses, galerías de arte, salas de deporte, obras en construcción y fábricas abandonadas.

Como ejemplo de un espacio biopolítico con múltiples actores, el Campo de refugiados de Midyat, ubicado al norte de Mardin, cerca de la frontera con Siria, fue proyectado en marzo de 2013 para albergar a 10.000 personas (ese mismo año acogió 6500 sirios) y en 2015 albergaba 3037 sirios y 1721 inmigrantes iraquíes.

De acuerdo al informe de uno de nuestros estudiantes de posgrado que lideraba el equipo de diseño en el campo, tres variables jugaron un papel central en el diseño del campo: la topografía, las demandas por parte de la comunidad asiria y la vigilancia(3).

En cuanto a la topografía, el terreno era accidentado y tenía diferencias de altura: el sitio debía ser allanado por una intervención externa. De esta manera, el lugar fue transformado en una planicie lista para recibir instalaciones de agua y electricidad, y las viviendas.


Fig. 3. Suphi Nejat Ağırnaslı Tent Camp (in a factory), Suruç, 2014
© Pelin Tan

Otro elemento importante que influyó en las decisiones de diseño fue la solicitud asiria de ubicarse separada de los sirios musulmanes. Así, fueron proyectados dos sectores habitacionales principales (barrios); uno para los musulmanes y otro para los refugiados sirios cristianos. La sección norte del campo fue diseñada para la administración (AFAD –equipo de asistencia del Departamento de Estado para desastres naturales–, policía y soldados), mientras que la sección intermedia estaba destinada a los musulmanes y la parte sur a los cristianos.

La separación de las comunidades a la manera de dos islas de acuerdo a la voluntad asiria llevó a expandir las formas de seguridad. Las tiendas de la administración se colocaron hacia el norte del campo con el fin de controlar fácilmente el resto de las instalaciones desde arriba. Los sistemas de seguridad y vigilancia fueron diseñados en múltiples niveles con el fin de controlar cualquier amenaza, lo que significa básicamente una amenaza desconocida. Las dos comunidades están separadas por una zona de amortiguación conocida como el camino de seguridad. Los caminos restantes destinados al transporte de personas y bienes están delimitados por muros ciegos. Las cabañas de vigilancia se asemejan a prisiones al aire libre. Las instalaciones comunes como salas de TV, patios de recreo y otros espacios públicos están diseñadas para el uso común de dos comunidades estrictamente separadas en el espacio. Como no existe ninguna amenaza real ni al interior ni al exterior del campamento, los elementos de vigilancia y seguridad juegan el papel de significantes vacíos y el diseño se justifica a través del control biopolítico(4). Según Yildirim, el arquitecto a cargo del diseño del campo, la parte más compleja del proyecto fue diseñar dos asentamientos separados pero con servicios comunes vinculados a la salud, la alimentación, el deporte, la administración, el espacio social y otros espacios públicos. Con un enorme presupuesto para el desarrollo de un proyecto infraestructural y un sistema de vigilancia, dichos campos permanecen como espacios biopolíticos de negociación y acción de distintos actores.


Fig. 4. Midyat Camp, Turkey
Fuente: Google Earth™

Los recientes campos temporales para las comunidades Êzidî que escaparon de Shengal y Kobéne a Turquía se instalaron principalmente en edificios preexistentes o en campamentos autoconstruidos en los alrededores de las ciudades de Mardin y Suruç en 2014. Los actores son los actuales municipios kurdos, grupos de ayuda y diferentes ong internacionales que intervienen en esos asentamientos a través de políticas de ayuda humanitaria y discursos de solidaridad. Sin embargo, los refugiados continúan organizados en torno a sus tribus y familias, creando soluciones de diseño ad hoc de acuerdo a prácticas de comunalización. Por ejemplo, la rediseñada estación de autobuses de Mardin albergó alrededor de 600 refugiados de Shengal y fue gestionada por el partido kurdo y el municipio. Un joven miembro de la familia dirigente de la comunidad administró la cocina del campo. Maestros voluntarios locales organizaron una escuela bajo una gran tienda de campaña traída desde Mardin. La creación de una forma de vida a través del habitar cotidiano abre varias modalidades de organización en las que el diseño continúa siendo una solución ad hoc en lugar de un espacio para el control biopolítico.

Decadencia

Entiendo los campos de refugiados urbanizados y temporales como formas de «decadencia», un proceso de construcción sustractiva que remite tanto al anacronismo como a la decadencia de la arquitectura misma. Entiendo que la experiencia de esa infraestructura ad hoc como campamentos o carpas no puede remitirse en su totalidad al contexto de un estado de excepción o de una forma espacial de excepción localizada (Tan y Hüner, 2015). La decadencia de las formas nos obliga a lidiar con anacronismos que no niegan la ‘humanidad’ enraizada en la historia humana. Reza Negarestani ha preguntado: «¿Es la decadencia un proceso de construcción positivo o negativo?», y añade, «el proceso constructivo de la decadencia es sustractivo, es decir, es a la vez intensivamente negativo y extensivamente positivo» (Negarestani, 2010). La contracción de los polos negativo y positivo del proceso de decadencia, la sustracción de las formas, contiene el potencial de las infinitas libertades de estas mismas. El primer axioma de Negarestani es: «la decadencia es un proceso de construcción; tiene un sesgo químico y una distribución dinámica diferencial. El proceso de decadencia construye nuevos estados de extensión, afección, magnitud, e incluso integridad desde y hacia fuera del sistema o formación sin anularlo o reformarlo » (Negarestani, 2010). Los campos de refugiados son parte de este proceso de construcción de una infraestructura que desterritorializa al refugiado como un fósil de la era posthumana. La posible putrefacción de dichos arqui-fósiles (campamentos) y el tiempo vinculado a los procesos de formación negocia con la relación entre anacronismo y ‘decadencia’.

«... El proceso de decadencia genera formas diferenciales sustrayendo desde los límites del objeto podrido», escribe Negarestani al definir una arquitectura y política de la decadencia que puede leerse a través de una constelación de objetos y modelos (Negarestani, 2010). El estado de guerra, los desastres ecológicos y el colapso tecnológico tienen un impacto profundo en nuestra vida cotidiana y definen nuestra futura infraestructura espacial. Los desastres ecológicos son las razones principales por las que los gobiernos crean políticas que profundizan la devastación de los paisajes ecológicos y sus habitantes. En el caso del campo de refugiados, el sostenimiento de las condiciones de vida tales como vivienda, alimentación, salud y cuestiones de emergencia relacionadas son las fuerzas básicas para la zonificación del mismo. Esta forma de habitar y su zonificación constituye una producción de espacio y su proceso consiste en una negociación continua del espacio público basada en elementos como la política de fronteras y su justificación jurídica, la negociación de la ayuda humanitaria y los poderes políticos. El programa de diseño de un campamento tiene como objetivo satisfacer las necesidades de habitación para una comunidad en la escala espacial del barrio, pueblo o ciudad pequeña. Así, la comunidad de refugiados a menudo se considera como una entidad homogénea, desestimando, desgraciadamente, no sólo sus relaciones de parentesco, sino también redes tribales y religiosas.

 

Notas

1. Esta discusión está más allá del alcance del presente artículo; por lo tanto, no puedo mencionarlo más razonadamente. Sin embargo, recomiendo un libro (en turco) de Duygu Türk. Ella realiza un análisis y una argumentación detallada sobre la comparación entre ética y política según Levinas, Schmitt y Badiou. Ver: Türk, 2013.

2. Taller de investigación Campo de refugiados Midyat, marzo de 2014. A cargo del taller: Pelin Tan & Markus Miessen, Facultad de Arquitectura, MAU, Mardin. Forensik Mimarlık - Investigación Socio-Espacial de campos de refugiados en el sudeste de Turquía, Investigador Principal: Assoc. Prof. Dr. Pelin Tan, Investigador: Arquitecto Ömer Faruk Günenç, financiado por la Universidad Científica de Mardin, Departamento de Investigación de Proyectos (BAP), 2015-16.

3. Entrevista realizada entre el 3 y el 5 de marzo de 2014 con Habat Mehmet Yildirim, arquitecto/diseñador del Campo de refugiados de Midyat, Departamento de Urbanismo del Gobierno de Turquía, Mardin. (Estudiantes de Master de la Facultad de Arquitectura MAU, Mardin). Referencia adicional: «Midyat Çadırkent (Mülteci KAMPI) Planlama Süreci, Sonrası ve Alternatif Kamp Önerisi» (El proceso del campo Midyat y propuestas de diseño alternativo), artículo del seminario a cargo de Habat Mehmet Yildirim, en «Las cosas, Animizm, Territorio» curso de posgrado por. Prof. Assoc Dr. Pelin Tan, MAU Mardin.

4. Este es un análisis presentado por Mark Wigley durante la discusión en la conferencia «2000+: las urgencias de la Teoría de la Arquitectura», que tuvo lugar en Columbia GSAPP Wood Auditorium el 18 de abril de 2014. El comentario ayuda a clarificar el plano de zonificación, el diseño del campamento, el conocimiento incorporado desconocido dentro y alrededor del campamento.

 

Referentes

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1. Pelin Tan | Socióloga, Universidad de Ankara, Ankara, Turquía (1997). Doctora en Historia del Arte, Universidad Técnica de Estambul, Turquía (2010). Estudios posdoctorales en investigación artística, Massachusetts Institute of Technology, MIT, EE. UU. (2011). Su investigación se centra en el conflicto urbano y la política territorial, la economía del regalo y las condiciones de trabajo. Sus artículos han sido publicados en DomusBauweltE-flux, entre otras. Ha sido co-curadora de la exposición Adhocracy (Estambul, 2012; Nueva York, 2013; Atenas, 2015). Ha dictado conferencias en diferentes universidades de todo el mundo, y sus textos han sido publicados en Promiscuous Encounters (2014), Adhocracy Reader (2015), 2000+: The Urgencies of Architectural Theory (2016), entre otros. Sus próximos libros incluyen Arazi / Territory (Sternberg Press, 2017), y Unconditional Hospitality and Threshold Architecture (dpr-barcelona, 2017). Tan es también autora en el libro Towards Urban Society – International Panel on Social Progress –IPSP– (Saskia Sassen y Edgar Pieterse, 2017). Actualmente vive en Mardin y Estambul, y es profesora asociada de la Facultad de Arquitectura de la Universidad de Mardin Artuklu, Mardin, Turquía.

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