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ARQ (Santiago)

versión On-line ISSN 0717-6996

ARQ (Santiago)  no.94 Santiago dic. 2016

http://dx.doi.org/10.4067/S0717-69962016000300146 

Opinión

El imaginario de la urgencia: ¿es tan urgente lo urgente?

Felipe Vera 1   *  

Gonzalo Carrasco 2   **  

1 Codirector, Centro de Ecología, Paisaje y Urbanismo, Universidad Adolfo Ibáñez, Santiago, Chile. luis.vera@uai.cl

2Profesor Asistente Adjunto, Escuela de Arquitectura, Pontificia Universidad Católica de Chile, Santiago, Chile. gcarrasp@uc.cl

Resumen:

El imaginario de la urgencia se ha apoderado del discurso arquitectónico con una velocidad coherente con la rapidez de las respuestas que supone. La propia naturaleza de este concepto, sin embargo, ha imposibilitado su análisis más detenido. Por eso en esta edición de ARQ nos tomamos el tiempo para preguntar: ¿es tan urgente lo urgente? ¿Estamos ante una nueva conciencia social o es sólo un cambio retórico? ¿Es el reflejo de una necesidad o es simplemente un nuevo imaginario?

Palabras clave: arquitectura contemporánea; sociedad; arquitecto; poder; influencia

Lo impostergable. Superando la arquitectura indulgente / Felipe Vera

La población mundial bordea los 7.500 millones de personas. Alrededor de 3.000 millones viven en ciudades y cerca de 1.000 millones viven bajo el umbral de la pobreza. Recientemente, en Hábitat iii, en Quito, se discutió que en los próximos 20 años nuestras ciudades absorberán unos 2.000 millones más de habitantes. Cuando esto ocurra serán 2.000 millones de personas las que vivirán bajo el umbral de la pobreza.

Para una disciplina inconsciente e indulgente - obsesionada con el diseño de segundas viviendas y edificios corporativos publicables en papel couché - estos datos pueden parecer irrelevantes. Sin embargo, para una disciplina consciente del poder que la arquitectura y el diseño urbano tienen para construir la pobreza, aumentar la desigualdad y materializar las divisiones sociales, esta información no puede sino llamar a la acción y movernos el piso.

Por mucho tiempo, el diseño ha operado desde un imaginario reflexivo y construido sobre la estética. En las últimas décadas, este proceso ha desarrollado un repertorio de impresionantes retóricas morfológicas y sofisticaciones espaciales, pero ha restringido nuestro dominio de interés a un marco que sólo nosotros comprendemos y que muchas veces sólo los arquitectos valoramos.

Es urgente ampliar nuestro dominio de preocupaciones no porque lo arquitectos debamos hacer cosas distintas de las que estamos entrenados para hacer, sino porque ampliando nuestro ámbito de inquietudes podremos reconquistar la capacidad de influenciar y aportar de mejor manera con las competencias y atributos que sólo el pensamiento sintético puede traer a ciertas discusiones. Ejemplo de esto es que, globalmente, la condición de crisis ha dejado de ser una excepción. Cada día es más común presenciar iterativas oscilaciones económicas donde los niveles de desigualdad y división social se incrementan o bien cómo, debido a casos extremos de incertidumbre política o al cambio climático, millones de personas son desplazadas de sus lugares de origen - como ocurre con los más de cuarenta millones de refugiados que viven en campamentos alrededor del mundo.

Localmente vemos el incremento de la distribución desigual de los atributos urbanos producto de la libertad entregada a un capitalismo impaciente que se ha desplegado en sectores altamente privilegiados de la ciudad, los que se contraponen a áreas extremadamente precarias y desprovistas. Esta condición, junto a muchas otras situaciones inaceptables, nos debiesen empujar a actuar y a reimaginar una disciplina que pueda contribuir a la creación de un medioambiente más ético. Esto no puede hacerse sino es desde un imaginario de lo impostergable, aceptando que los tiempos en que nuestras conversaciones eran sobre 'espacios tensionados' y 'tectónicas materiales' han terminado.

Es verdad que lo que se viene no está claro, que probablemente seremos amateurs en nuestras respuestas y que una arquitectura del 'feísmo' puede estar a la vuelta de la esquina. Sin embargo, no podremos avanzar hacia el futuro sin reconocer que la historia de la arquitectura y de la ciudad ha sido escrita mayormente por los privilegiados. Este es el costo de no habernos comprometido con dar soluciones a todos aquellos que no fueron tradicionalmente nuestros clientes, aquellos que sienten que la ciudad y el repertorio arquitectónico existente nos los considera ni representa.

En los últimos años, desde el diseño se han comenzado a reivindicar ciertas luchas por la inclusión, abordando situaciones urgentes que buscan responder a una profunda frustración ciudadana. Esperemos ver, por tanto, más diseñadores en la premura por desarrollar estrategias para un entorno urbano más diverso, para dar visibilidad y reconocimiento, por ejemplo, a la igualdad de género, a la sociedad migrante, a personas con capacidades diferentes y, en general, a todos quienes de alguna manera representamos una minoría.

Reiterando, el desafío del imaginario de lo impostergable es el de ampliar la naturaleza de nuestras preocupaciones con el fin de aumentar nuestros dominios de influencia respondiendo, con esto, a la responsabilidad que tiene el diseño por superar la indulgencia mediante una práctica más ética, competente frente a la escala de los desafíos contemporáneos y capaz de crear una ciudad abierta y para todos.

Imaginarios del shock . Síntomas para una disciplina desplazada / Gonzalo Carrasco

Desastres naturales, catástrofes humanitarias, crisis económicas, ciudades sumidas en serios problemas ambientales y sociales, el temido blackout energético o un endémico déficit habitacional son sólo algunos de los temas que actualmente aparecen bajo la categoría de lo 'urgente': aquello que no puede esperar, eso a lo que se le tiene que poner remedio cuanto antes, lo que es 'verdaderamente importante' y frente a lo cual la arquitectura no puede quedarse de brazos cruzados.

Seminarios, exposiciones, bienales, publicaciones y una amplia gama de conferencistas y académicos rápidamente nos ponen en guardia sobre un mundo contemporáneo frente al cual la arquitectura debe responder con premura, separando de paso entre lo superfluo y lo necesario, entre lo que puede esperar y lo urgente. Un escenario donde el arquitecto aparece como un actor fundamental a la hora de poner fin a tanto sufrimiento.

El problema no sólo está en el desconocimiento de que los tiempos de la arquitectura no son precisamente los de la urgencia, sino también en el razonamiento según el cual la disciplina y el arquitecto tendrían un poder real para transformar aquellos problemas que hoy se describen como impostergables. Pero, ¿tiene hoy el arquitecto el poder necesario para asumir esta tarea?

Generalmente se responde argumentando la 'urgente' necesidad de una modificación radical del enfoque y orientación de las prácticas para así alcanzar las esferas en donde se toman las verdaderas decisiones. O sea, el problema se reduce a incrementar las cuotas de poder del arquitecto. La pregunta es entonces, ¿poder para hacer qué?

Nunca se especifica mucho. Tácitamente se entiende que lo que el arquitecto considere conveniente. A través de esta idea resurge el mito modernista del arquitecto como un demiurgo, como aquel especialista que acude sin premuras al llamado de la sociedad. No obstante, el siglo pasado se encuentra plagado de pesadillas justificadas por esta hambre disciplinar.

De ahí que, antes que el surgimiento de una nueva conciencia social, lo que hoy aparece como urgente sería más bien el giro en reversa hacia una vieja retórica modernista. Esta, como bien sabemos, hizo de la presentación de toda serie de escenarios catastróficos y urgentes una de las herramientas para poder instalar una nueva arquitectura. Una forma de legitimación donde lo urgente aparecía como una versión simplificada de la realidad y donde toda la complejidad inherente a lo real era reducida a unas pocas variables que, con algo de lógica, el arquitecto podía modificar.

Así, el resurgimiento de esta necesidad por justificar el quehacer del arquitecto a partir de un imaginario de la urgencia, no es sino un síntoma de una disciplina que se ve a sí misma desplazada de aquellos problemas de interés público. Dicho desplazamiento ya había sido advertido por los arquitectos del siglo XVIII ante el surgimiento de las primeras escuelas de ingeniería, profesionales que se hicieron cargo de aquellas obras de 'carácter público', relegando al arquitecto al ámbito de lo privado. Este desplazamiento también fue experimentado por los arquitectos en el siglo XIX y XX frente al desarrollo y consolidación del capitalismo industrial y su enfoque tecnocrático de la realidad.

Por lo tanto, la retórica de la urgencia no sería tanto el reflejo de una necesidad actual ni un nuevo imaginario proyectual, sino más bien la respuesta de una disciplina despojada de un poder efectivo de transformación de lo real, al menos según el sueño modernista.

Y es que, si hoy existe algo que debiera ser urgente, es la discusión sobre el rol que cumple la arquitectura en medio de una sociedad profundamente modificada por el sistema tardocapitalista. Se trata de un debate urgente que debería redefinir el poder real que tiene hoy la arquitectura y cuyo resultado, me temo, no sería tan reconfortante como la sensación de que 'todo estará bien, todo será resuelto' que frecuentemente destilan los discursos derivados de los imaginarios de la urgencia.

* Felipe Vera Arquitecto, Universidad de Chile (2006). MDeS en Urbanismo, Paisaje y Ecología de la Graduate School of Design, Harvard University (2013). Profesor y codirector del Centro para la Ecología, Paisaje y Urbanismo del DesignLab, UAI, Chile. Curador de la XX Bienal de Arquitectura y Urbanismo, Chile 2017.

** Gonzalo Carrasco Purull Arquitecto, Pontificia Universidad Católica de Chile, 2001. Doctor en Arquitectura y Estudios Urbanos UC, 2015. Profesor Asistente Adjunto, Escuela de Arquitectura UC. Ha dictado clases de Teoría, Historia y Crítica en diversas escuelas de arquitectura de Chile. Junto al arquitecto uruguayo Pedro Livni dirige la página web vostokproject.com. Con él, además, participó como curador del pabellón uruguayo para la 13a Bienal de Venecia (2012).

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