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ARQ (Santiago)

versión On-line ISSN 0717-6996

ARQ (Santiago)  no.97 Santiago dic. 2017

http://dx.doi.org/10.4067/S0717-69962017000300112 

Obras y proyectos

Valparaíso Post-Liberal: 272 postales políticas

Gonzalo Valiente1 

Miguel Rodríguez Casellas1 

Amaia Sánchez Velasco1 

Jorge Valiente1 

1 Faculty of Design, Architecture and Building, University of Technology Sydney, Sydney, Australia.

Resumen:

En el marco de la XX Bienal de Arquitectura y Urbanismo de Chile, la pregunta por el patrimonio de Valparaíso era impostergable. Esta instalación, realizada desde Australia, entrega una respuesta inédita: un nuevo contrato social que, en base a un fideicomiso de propiedades y una nueva ‘marca-ciudad’, aprovecha el carácter bohemio del puerto para exacerbar la otredad y, en último término, generar un Estado paralelo.

Palabras clave: Wall; trust; Brand; liberalism; bohemia

Fuente: © Colectivo Grandeza

Figura 1 

Durante su apogeo industrial, Valparaíso fue testigo de un encuentro entre otredades que permitió consolidar un paisaje postindustrial ecléctico y pintoresco que hoy protagoniza la postal patrimonial. A su vez, la explotación económica de las ansiedades de los recién llegados al puerto auspició los lazos culturales y políticos que fundaron un carácter porteño bohemio. Hoy, un Valparaíso incapaz tanto de encajar en los estándares de la UNESCO como de reconciliarse con su puerto no es próspero ni está ajeno a las expulsiones ligadas a la especulación inmobiliaria.

La ciudad puerto es la evidencia de un fracaso que, lejos del lugar común, no se debe a las disfuncionales relaciones UNESCO-Estado-Municipalidad. Creemos, más bien, que el fracaso del Valparaíso patrimonial es un reflejo de la carencia de aspiraciones épicas en los proyectos políticos y sociales del siglo XXI. Es, en el fondo, un fracaso del liberalismo.

En 2016, de hecho, un informe de Juan Luis Isaza (experto colombiano en gestión patrimonial) declaró que la gestión patrimonial de Valparaíso era ‘calamitosa’. Este impasse es la hipótesis de la que surge la propuesta de fundar un nuevo sentido común político al margen de los cánones de conservación arquitectónica.

Valparaíso Post-liberal retoma tres conceptos centrales del neoliberalismo - urgencia, inevitabilidad y demonización del aparato estatal - para formular una nueva subjetividad política e institucional. Nos interesa construir una figura política y administrativa que, en vez de esconder, revele a los expulsados de la postal patrimonial.

Fuente: © Francisco Díaz

Figura 2 

Nos apropiamos del lenguaje tecnocrático para ponerlo al servicio de la disonancia y el encuentro difícil, además de las economías y prácticas culturales subterráneas e indeseables. Por eso proponemos un public trust, un fideicomiso de propiedades, como eje central de un Estado paralelo que se encargará de transformar el playground turístico en territorio productivo. A su vez, la validación del exceso, un elemento fundacional de la bohemia porteña e incomprendido por visiones alérgicas a la diferencia, será el eje del rebranding urbano.

Con imágenes de violencia épica - robadas de la tradición clásica europea de donde surgieron los ideales de emancipación que alguna vez inspiraron proyectos revolucionarios en América - la representación del nuevo Valparaíso se consigue vandalizando la postal pintoresca. Se trata de una hibridación crítica entre el kitsch político de estas visiones optimistas y el kitsch vernáculo de los proyectos de conservación patrimonial.

272 postales y políticas públicas - que reproducen un proceso electoral donde se delibera la formación del Estado paralelo, la marca y el fideicomiso del Valparaíso Post-Liberal - fueron sometidas a escrutinio ciudadano en la XX Bienal de Arquitectura y Urbanismo de Chile. Esta movilización cívica tuvo lugar en un escenario con las características de una tienda de novedades (diurna) o un contenedor de otredades emancipadoras de la bohemia nocturna.

Al articular a una masa deseosa que acude al muro de los lamentos de la teoría política con la urgencia de las compras de fin de año, Valparaíso Post-liberal visibiliza insatisfacciones cívicas y apetitos sociales incipientes. La joven demografía interpelada durante la exposición evidencia las ansiedades desatadas por la sospecha creciente de un futuro distópico y necropolítico.

Marco teórico

Actualmente, la repolitización del trabajo académico en las escuelas de arquitectura corre el riesgo de convertirse en otra de las cíclicas búsquedas de novedad. Por ejemplo, lo que tras la última crisis del capitalismo global fue visto como una necesaria ruptura entre el discurso arquitectónico y la mercadotecnia (del ícono y el starchitect) ha dado lugar a una nueva tendencia que embellece la violencia política con un lenguaje de gestión social sin alterar sus raíces institucionales. De ahí que nos interese colocar el discurso de la arquitectura en situación de vulnerabilidad y desnudez epistemológica.

Fuente: © Colectivo Grandeza

Figura 3 

Aunque la propuesta responde a la pregunta por el fallido proyecto de conservación, nuestra idea nace del antagonismo hacia una Australia gradualmente abocada a la supresión totalitarista del disenso. Nuestra vida en el sur global nos ha forzado a enfrentar las violencias amables que, a cambio de seguridad y estabilidad, desvisten a las democracias liberales de sus promesas emancipadoras. Por eso apelamos a gestos repolitizadores que florecen en escenarios donde se construye el pensamiento crítico - incluyendo las escuelas de arquitectura - pero nos distanciamos de las sospechosas supresiones del exceso y los afectos.

Aunque embriagado de nostalgia por su pasado glorioso, el fracaso de Valparaíso entrega las claves de un esperanzador proyecto urbano y político. El hedonismo bohemio sirve para imaginar un quiebre del proyecto liberal. Así, el futuro postliberal defiende los imaginarios emancipadores liberales, pero los reconstituye en un proyecto de titularidad colectiva (land-trust), marca (con membresía) y un gobierno paralelo (aceptando el irremediable daño que el discurso neoliberal ha infringido sobre la noción de Estado).

La idea del Estado paralelo y su aparataje institucional nacen de la reapropiación progresiva de áreas infrautilizadas del puerto y de propiedades arquitectónicas en desuso. La gestión administrativa de estas ‘islas de reactivación’ - ejemplificada en la instauración de hernias del tejido urbano contra el puerto - supone la necesidad de crear un land-trust, o fideicomiso a perpetuidad, que operaría desde un nuevo acuerdo contributivo con las operaciones portuarias.

Fuente: © Colectivo Grandeza

Figura 4 Tiro al escritorio. 

El fideicomiso es un espacio de optimismo y una marca aspiracional que instrumentaliza el deseo, la fantasía, el exceso y la otredad, celebrados como un gran banco de bienes colectivos; así, renuncia al narcisismo actual - donde el éxito o el fracaso son siempre privados - empoderando a la ciudadanía al dejar en sus manos el instrumento administrativo. Es una idea tan antigua como el cooperativismo de las ciudades-jardín de Ebenezer Howard o tan nueva como los experimentos pseudoanarquistas del hipsterismo global.

Proponemos medidas disímiles entre sí y ordenadas en 16 categorías. Casi todas retoman aspectos aún vivos en la ciudad y los llevan al lenguaje burocrático para transformarlas en política pública. Entre ellas hay tanto políticas de la recuperación (del lujo y el odio, por ejemplo) como del desprestigio (a la prisa o al emprendedor autogestionado, entre otros). Estas propuestas que sometemos a escrutinio público - y que luego serán enviadas al gobierno como ‘advertencias amables’ - colonizan aspectos claves del escenario postliberal de Valparaíso.

Dada la meta de inventar subjetividad política, el proyecto configura su lenguaje para atraer al votante, ya sea desde el humor o el inesperado giro poético. El lenguaje de experto tecnócrata, empleado en la redacción de las postales y políticas públicas, es también una parodia de la izquierda tradicional y sus remilgos ascéticos contra el deseo y el exceso. Se busca así un nuevo sentido común capaz de enfrentar las crueldades previsibles en la ruptura postliberal. Injertando la arenga publicitaria al manifiesto político, Valparaíso Post-liberal adopta las mismas herramientas de seducción que el proyecto critica.

Puesta en escena

Fuente: © Francisco Díaz

Figura 5 

Inicialmente, pensamos en ‘abrir’ la postal como un diorama para incorporar paisajes humanos ocultos, acosados o criminalizados como los de la noche. La idea de rescatar ese espacio improductivo fue uno de los primeros gestos del proyecto.

Dado que objetamos el didacticismo de las bienales (caricaturizado en las ‘buenas intenciones’ de la bienal de Venecia de 2016) y como la pregunta por el fracaso del proyecto de la UNESCO en Valparaíso traía la trampa de la patología y el arquitecto salvador, decidimos apartarnos conscientemente de esa obsesión.

Más bien, el proyecto debía ser irresistible y desentonar por su onda seductora para así ejemplificar el paradigma de la marca Valparaíso Post-liberal: un lugar heterotópico y abundante.

La postal nocturna vandalizada, con violencias de la tradición neoclásica europea impresas en dorado, nos parecía un gesto que transformaría los insidiosos contenidos en algo seductor. Era un comentario sobre el valor de la noche, a pesar de su mala reputación. La propia acumulación de la instalación, en base a postales agregadas, dialogaba con la manera en que creció Valparaíso: un duelo en que la discontinuidad topográfica y la serialidad industrial se colonizaron mutuamente.

Cuando se nos asignó el vestíbulo frente al núcleo de circulaciones del Parque Cultural de Valparaíso (colindante con unos baños que recuerdan los olores de un club nocturno de madrugada), debimos encoger las ideas y adaptar el diorama a una pared.

La iluminación apostó por recrear la clandestinidad nocturna, incorporando un letrero de neón con la marca Valparaíso Post-liberal y un humilde foco amarillo. Este efecto se maximizaba por el - nada humilde - pavimento de espejo dorado. El suelo reflectante no sólo atendía la falta de luz: también introducía la metáfora del universo paralelo (o el Estado análogo del Valparaíso post-liberal).

En los intersticios de tiempo que robamos a nuestros horarios universitarios para gestar este proyecto, en una noche de copas en que insistíamos en hacer del goce nuestro centro de operación, surgió la idea del escritorio y el letrero de neón. A su vez, las postales y la idea de redactar políticas públicas nacieron en las deprimentes mañanas previas al burocratizado trabajo universitario.

Fuente: © Colectivo Grandeza

Figura 6 

El escritorio nos sirvió para entender lo que hacíamos: alejarnos del lenguaje de la representación arquitectónica y acercarnos al gesto dadá: absurdo, enigmático, grosero e infantil. El día que el escritorio, ya pintado de dorado, fue baleado en el nivel -2 del polígono de la PDI por el oficial y arquitecto Renato Román, el proyecto alcanzó su mayor poesía. El ejercicio de violencia creativa tuvo momentos de gran belleza donde, entre ráfagas, se evaluaba el patrón de tiros como si se tratara de una obra de arte. Este acto (que resume la seriedad con que abordamos hasta los aspectos más absurdos del proyecto) nos convirtió, sin saberlo, en performance artists.

La voz de Alejandro Arellano - periodista, locutor, testigo y víctima de uno de los históricos procesos de expulsión sufridos por la ciudadanía chilena - fue incorporada al escritorio. El peso gravitacional de esa voz captura la belleza del riesgo político en un momento donde el ciudadano vuelve a normalizar el miedo y la cautela.

Fuente: © Francisco Díaz

Figura 7 

Irónicamente, la suma escenificada de todos los gestos y códigos - visuales, táctiles, auditivos y textuales - terminó creando un diorama vivo; el mismo que creímos descartado cuando nos asignaron una pared en lugar de un espacio. A fin de cuentas, nos gusta sumarnos a la gran tradición de gestos políticos que comenzaron en una pared.

Fuente: © Colectivo Grandeza

Figura 8 

Fuente: © Colectivo Grandeza

Figura 9 

Valparaíso Post-Liberal: 272 postales políticas

Arquitectos: Amaia Sánchez Velasco, Miguel Rodríguez Casellas, Gonzalo Valiente, Jorge Valiente

Colaboradores: Alejandro Arellano, José Llano (UNAB Viña del Mar), Eduardo Pérez (Grupo toma), Alan Espinoza (PDI), Renato Román (PDI)

Ubicación: Parque Cultural de Valparaíso, Valparaíso, Chile; XX Bienal de Arquitectura y Urbanismo de Chile

Materiales: 272 postales políticas, neón, suelo dorado reflectante de PVC, foco amarillo

Presupuesto: US$ 613 / m2

Superficie construid: 6,3 m2

Año de proyecto: 2017

Año de construcción: 2017

Fotografías: Amaia Sánchez Velasco, Gonzalo Valiente, Jorge Valiente

Dirección para correspondencia: gonzalo.valiente@uts.edu.au

*

Grandeza Compuesto por Amaia Sánchez Velasco (1985) y los hermanos Jorge (1984) y Gonzalo Valiente (1982) - y el arquitecto-escritor Miguel Rodríguez Casellas (1966), comparten más que un interés en la docencia y un mismo centro de trabajo, la UTS de Sídney. Desde distintas perspectivas, todos han experimentado en primera persona las nuevas geografías de violencia neoliberal y la necesidad de repolitizar la manera como se piensa y ejerce la arquitectura. Lejos de recurrir a los lugares comunes de la reinvención y el emprendimiento, o al determinismo tecnológico que acuña la innovación como única ruta hacia la relevancia, el grupo explora las cualidades materiales y discursivas del diseño como herramienta clave de emancipación.

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