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ARQ (Santiago)

versión On-line ISSN 0717-6996

ARQ (Santiago)  no.98 Santiago abr. 2018

http://dx.doi.org/10.4067/S0717-69962018000100014 

Diálogos

Sobre expulsiones

Saskia Sassen1 

Francisco Díaz2 

1 Robert S. Lynd Professor of Sociology, Columbia University, New York, USA. sjs2@columbia.edu

2 Profesor, Pontificia Universidad Católica de Chile, Santiago, Chile.

Resumen:

Migraciones, guerras, colapsos económicos, crisis ecológicas y otros fenómenos de escala masiva se han hecho habituales en los últimos años. Y si bien ellos nos preocupan por su masividad y recurrencia, tendemos a entenderlos como efectos aislados. Sin embargo, en su último libro Expulsiones, Saskia Sassen argumenta que se trata de distintos aspectos de un mismo problema: las ‘formaciones predatorias’ del capitalismo contemporáneo que generan niveles de desigualdad inéditos. En ese contexto, mucha gente termina siendo literalmente expulsada de la economía.

Palabras clave: Desigualdad; filo sistémico; acumulación; estado de bienestar; formación predatoria

Francisco Díaz: ¿A qué se refiere con ‘expulsiones’? ¿Qué espacios trata de abrir al acuñar este concepto?

Saskia Sassen: Expresiones como ‘más desigualdad’, ‘más pobreza’, ‘más encarcelamiento’, ‘más destrucción ambiental’ u otras son insuficientes para designar la proliferación de versiones extremas de situaciones bien conocidas. En Expulsiones: brutalidad y complejidad en la economía globalexamino una amplia gama de procesos cotidianos que, en algún punto, se volvieron tan extremos que el discurso de ‘más’ de todo no alcanza a explicarlos1

Algunos de los elementos clave detrás de estas expulsiones son el “filo sistémico” - un borde que existe dentro del sistema - y los espacios de invisibilidad conceptual. Dichos filos sistémicos proliferan en distintos ámbitos. Además, entiendo estos filos sistémicos como el punto, en procesos de largo aliento, donde una condición ‘x’ se vuelve invisible: sin importar cuán tangible pueda ser, no podemos ‘verla’ en términos conceptuales.

Esto lo puedo ilustrar brevemente con un ejemplo conocido: en un momento determinado, quienes llevan mucho tiempo desempleados quedan fuera de los indicadores estándar para medir el desempleo; es decir, se vuelven estadísticamente invisibles. Otro ejemplo es el indicador estándar del crecimiento económico, el PIB per cápita: cada vez más, el espacio que mide deja fuera un número significativo de personas, lugares y actividades. Así, mide un espacio económico reducido, lo que puede generar cifras de crecimiento positivo, incluso cuando un número significativo de personas, pequeñas empresas y lugares hayan sido expulsados ​​de la ‘economía’. Veo esto como una suerte de ‘limpieza’ en términos económicos.

Figura 1 Portada. Saskia Sassen. Expulsions: Brutality and Complexity in the Global Economy. Cambridge, Harvard University Press, 2014. 

El sentido específico más estricto que desarrollo en el libro es que en la década de 1980 entramos en una nueva fase del capitalismo avanzado, una con mecanismos renovados frente a la acumulación primitiva. A diferencia de las formas anteriores de acumulación, la de hoy es una forma de acumulación primitiva ejecutada a través de operaciones complejas y una gran cantidad de innovaciones especializadas, desde la logística del outsourcing hasta los algoritmos financieros.

FD: En el libro afirma que la suma de sucesos locales señala tendencias generalizadas sin importar el medio político a escala local. ¿Nos enfrentamos a un cambio a gran escala sin darnos cuenta?

SS: Lo que generalmente se conoce como ‘desarrollo económico’ dependió de la extracción de recursos de una parte del mundo y su traslado a otra. En las últimas décadas esta geografía de la extracción se ha expandido rápidamente, en gran parte a través de nuevas tecnologías complejas, y hoy está marcada por desequilibrios aún más agudos en su relación con - y su uso de - los recursos naturales. La combinación de innovaciones que expande nuestra capacidad de extracción ahora amenaza los componentes fundamentales de la biosfera y nos deja con vastas extensiones de tierras y aguas muertas.

Parte de esto es una historia conocida. El crecimiento económico nunca ha sido benigno. Pero la escalada de las últimas tres décadas marca una nueva etapa en la que amenaza a un número cada vez mayor de personas y lugares en todo el mundo.

Mi tesis es que estamos asistiendo a la construcción no tanto de élites predatorias, sino de ‘formaciones’ predatorias, una combinación de élites y capacidades sistémicas con el capital como posibilitador clave, que empujan hacia una concentración aguda. La concentración en la parte alta de la pirámide no es nada nuevo. Lo que me preocupa son las formas extremas que adopta hoy en cada vez más áreas en buena parte del mundo.

Veo que esta capacidad para generar una concentración extrema continúa creciendo desde las décadas del 80 y 90. La crisis de 2008 desaceleró este proceso de concentración, pero para el 2012 retomaba su crecimiento con un aumento del 60 % en la riqueza del 1 % más rico a nivel mundial en comparación con la década de 1980. En la cima de ese 1 %, los “100 multimillonarios más ricos agregaron $240 mil millones de dólares a su riqueza en 2012, lo suficiente como para terminar cuatro veces con la pobreza mundial” (Oxfam, 2012:1-2; Atkinson et al., 2011), y en un momento en el que todavía estábamos en crisis. Los activos de los bancos aumentaron un 160 % entre 2002, mucho antes de la plena crisis, y 2011, cuando la recuperación financiera apenas comenzaba: de $40 billones a $105 billones de dólares, más de una vez y media el valor del PIB mundial. En 2010, todavía en el período de crisis, las ganancias de las 5,8 millones de corporaciones en Estados Unidos crecieron un 53 % en relación a 2009 pero, a pesar de estos beneficios astronómicos, los impuestos pagados por dichas corporaciones se redujeron un 2,6 %, lo que equivale a apenas $ 1.900 millones de dólares.

Fuente: Oxfam, 2018

Figura 2 Número y riqueza total de multimillonarios 2000-2017 

A hoy (enero de 2018), el recientemente publicado informe de Oxfam da cuenta de un crecimiento en la parte alta todavía más marcado que durante el período anterior: 2017 presenció “el mayor aumento en el número de multimillonarios en la historia, uno más cada dos días” (Oxfam, 2018:10, Alvaredo et al., 2018), con el 82 % de toda la riqueza creada yendo al 1 % superior. Ahora, dicho aumento podría haber terminado la pobreza mundial siete veces. Todo esto y más representa una radiografía profunda de los beneficios que produce un sistema en manos de los ya ricos... Y tiene un precio: los gobiernos se vuelven más pobres y las clases medias y trabajadoras se vuelven más pobres. Entre 2006 y 2015, los trabajadores vieron aumentar sus ingresos en sólo un 2 % al año, mientras que la riqueza de un multimillonario aumentó casi seis veces más rápido (OIT, 2016; Oxfam, 2018). Es decir, están siendo literalmente expulsadas ​​del futuro que habían planeado.

FD: En el libro observa un momento de la historia en que la mayoría de - o incluso todos - los logros del estado de bienestar han sido borrados sistemáticamente por el neoliberalismo. Esto también implica un cambio conceptual: la preocupación por el bienestar masivo ha sido reemplazada por la preocupación sobre el crecimiento económico y la libertad individual. ¿Qué habremos perdido una vez que las masas queden fuera de la ecuación?

SS: Quizás no es tan inocente como “la preocupación por el crecimiento económico”, sino la preocupación por apoderarse de ese crecimiento económico. No todo, pero gran parte de ese estado de bienestar ha sido destruido, especialmente en los Estados Unidos, pero también en países como Brasil (y ahora Argentina) o Rusia. O bien ha sido reducido, como en el caso de muchos países europeos donde se observa una erosión lenta y por partes del estado de bienestar. Nada tan dramático como en Estados Unidos pero, aun así, va en esa dirección.

El crecimiento todavía adquiere formatos y contenidos específicos en el grupo de países con distinto grado de desarrollo - a los que nos referimos como el Norte Global - a diferencia del grupo de países menos desarrollados o con un grado de desarrollo diferente a los que nos referimos como el Sur Global. Por ejemplo, las élites predatorias han estado asociadas durante mucho tiempo a países pobres con abundantes recursos naturales, pero no a países desarrollados. Sin embargo, cada vez más vemos también en estos últimos algo de esta captura por parte de los estratos superiores, aunque en formas mucho más intermediadas.

Después de treinta años de este tipo de desarrollo, en gran parte del mundo enfrentamos economías cada vez más reducidas, una destrucción en ascenso de la biosfera y el resurgimiento de formas extremas de pobreza y brutalidad allí donde pensamos que habían sido eliminadas o iban de salida.

Un factor importante en mi análisis es que ni las empresas ricas ni las trasnacionales podrían haber producido, por sí mismas, efectos tan extremos. Necesitan lo que podríamos entender como ‘ayuda sistémica’: una compleja interacción de esos actores con sistemas que han sido redirigidos para permitir la concentración extrema. Estas capacidades sistémicas son una combinación variable de innovaciones técnicas, financieras y de mercado más el permiso del gobierno. Constituyen una condición parcialmente global, aunque a menudo funcionan a través de las especificidades de cada país, sus economías políticas, leyes y gobiernos.

FD: En uno de los momentos clave del libro menciona que las expulsiones son “una especie de versión económica de la limpieza étnica” (Sassen, 2015:49). Como sabemos, la limpieza étnica implica una violencia física sobre los cuerpos y, por lo tanto, un aparato coactivo; entonces, ¿hay algún aparato de este tipo que ejerza la violencia invisible de las expulsiones?

SS: Sí, lo hay; pero también hay una invisibilización de aquellos que sufren pérdidas o son expulsados ​​de sus trabajos y hogares y de su reconocimiento como miembros de una comunidad. El “filo sistémico”, un concepto clave en mi trabajo sobre expulsiones, es ese momento de un proceso en el que es tan extremo que se vuelve invisible a nuestras categorías establecidas de análisis. Recordemos que los seres humanos no somos capaces de ver o dar cuenta de todo lo que efectivamente se nos presenta. Nuestra visión está moldeada en gran medida por las circunstancias sociales y las narrativas dentro de los cuales funcionamos: el ejemplo más sencillo es el de los esquimales, que ven toda la diversidad de patrones de copos de nieve allí donde nosotros sólo vemos nieve.

Hay mucho que no vemos. Creo que los humanos somos básicamente seres teóricos, o nos volveríamos locos si viéramos todo.

FD: Hace poco conversaba con una ingeniera comercial que había perdido su trabajo y, en lugar de considerarse a sí misma como desempleada, decía que estaba pasando por un proceso de “transición laboral”. Leyendo el libro me preguntaba, ¿qué pasaría si quienes han sido expulsados ​​no se considerasen como tales? ¿Cómo podemos conceptualizar un problema, el primer paso para resolverlo, si no se reconoce como tal?

Fuente: Oxfam, 2018

Figura 3 Crecimiento del ingreso total por centil, 1980-2016. 

SS: De hecho esto está ocurriendo, pero principalmente entre personas altamente calificadas que también están en trabajos que, por su naturaleza, pueden ser de corto plazo, dada la naturaleza vertiginosa de la innovación. Allí se encuentran con muchos otros que también tienen puestos de trabajo móviles y cambiantes. Esto no es válido para trabajadores de bajos ingresos, donde si pierdes tu trabajo te arriesgas a pasar hambre, a no poder pagar tu alquiler, etc. Tenemos una clase emergente de trabajadores altamente calificados que pueden darse el lujo de experimentar, de ser aventureros... pero la mayoría de los trabajadores no se ajusta a esa categoría. A menudo tienen que sostener a familias completas donde son los únicos que trabajan. No deberíamos idealizar a ese grupo altamente calificado y sus opciones.

El anterior sistema keynesiano estaba lejos de ser perfecto: había desigualdad, concentración de la riqueza, pobreza, racismo y más. Pero era un sistema que, al menos, tenía la capacidad de generar un sector medio creciente que se expandió durante varias generaciones, donde a la mayor parte de los hijos les fue mejor que a sus padres. Estos resultados distributivos además no eran una simple función de las personas involucradas: hicieron falta capacidades sistémicas específicas. Pero para la década de 1980 dichas capacidades se habían debilitado y fuimos testigos de la aparición de otras capacidades que tienden hacia la concentración en los estratos superiores en vez del desarrollo de un estrato medio amplio. Asumiendo que la tendencia mundial estaría representada por la suma de experiencias de China, Europa y Estados Unidos, la riqueza del 1 % más alto a nivel mundial aumentó del 28 al 33 %, mientras el crecimiento del 75 % inferior osciló alrededor del 10 % entre 1980 y 2016 (Alvaredo et al., 2018:17). Sólo en los Estados Unidos, el hecho de que el 10 % más alto de la escala de ingresos haya recibido el 90 % del aumento del ingreso de la década del 2000 indica algo más que una capacidad individual: fue posible gracias a esa combinación compleja que concibo como ‘formación predatoria’.

Fuente: Alvaredo et al., 2018

Figura 4 Porcentaje de ingresos del 10 % superior a nivel mundial, 1980-2016: aumento de la desigualdad en casi todas partes, pero a diferentes velocidades. 

FD: En relación a las expulsiones de tierras existe una paradoja: cuanto más aumenta el valor del suelo, más personas son expulsadas y, por lo tanto, menos personas se beneficiarán de su ubicación, por lo que su valor debería disminuir. Aunque este axioma pareciera estar estrechamente relacionado a las lógicas de mercado - suponiendo que el precio depende de la demanda - sabemos empíricamente que el valor de la tierra nunca disminuye. ¿Cómo se explica esto? ¿Quién paga finalmente por algo que nadie más puede pagar?

SS: Esta podría ser una modalidad. Pero el patrón actualmente en crecimiento es todavía más simple: la concentración creciente de ganancias en cada vez menos personas o comunidades. La centralización de tierras para cultivos masivos, para la extracción de agua de las embotelladoras de Coca-Cola y Nestlé, para construir un suburbio de lujo, para minería y así sucesivamente... son todas intervenciones que, a) son rentables para los actores involucrados y b) invalidan fácilmente los derechos de los ocupantes históricos de dichas tierras, quienes a menudo carecen de documentos formales para demostrar sus derechos y continúan perdiendo sus tierras a manos de las grandes corporaciones.

¿Cómo puede constituirse el crecimiento económico de diversas maneras y con diversos efectos distributivos? En nuestra modernidad global somos testigos del surgimiento de lo que habitualmente se conoce como formas primitivas de acumulación, comúnmente asociadas a economías previas. Hoy en día se necesitan enormes complejos técnicos y legales para poder ejecutar lo que a fin de cuentas son extracciones básicas. Elementos claves son los que entiendo como el ‘confinamiento’ de los recursos de un país y los impuestos ciudadanos por parte de firmas financieras; o el reposicionamiento de una cantidad cada vez mayor de superficies de tierra alrededor del mundo como áreas de extracción de recursos (¡desde agua hasta oro!); o la reorganización de los presupuestos gubernamentales de las democracias liberales hacia materias alejadas de las necesidades sociales y de los trabajadores como el financiamiento de edificios de lujo... y tanto más.

FD: La conexión que plantea entre un bien material concreto - una casa - y el mercado global es muy convincente. Para nosotros como arquitectos implica un fuerte cuestionamiento a la atención que prestamos al lugar y a la falta de conciencia respecto de las economías globales. ¿Qué papel cree que jugamos los arquitectos en este sentido?

SS: La mayoría de los arquitectos se dedican a tareas específicas o a proyectos que, en su mayoría, son necesarios por lo menos para una parte de las personas o las instituciones. No son parte - afortunadamente - de las intervenciones excepcionales que vemos que ocurren alrededor de la financiarización de edificios. Este no es el lugar para profundizar al respecto, pero hay un artículo que escribí en 2005 sobre el tema2, donde señalaba que ciertos tipos de edificios se están convirtiendo en activos financieros: un fenómeno que no forma parte de la recuperación económica posterior a 2008, sino de algo completamente distinto. Desde entonces, esta financiarización de edificios de alto estándar se ha intensificado aún más, al punto que ahora vemos un nuevo modo de financiarización de edificios, según el cual puede ganarse más dinero manteniendo esos edificios vacíos para que puedan operar como bienes materiales - un punto clave y necesario en la creación de acciones respaldadas por activos - y que esas acciones puedan comprarse y venderse rápidamente. En algún punto esto puede generar más ganancias que vender o alquilar dichos edificios. Esto es bastante extremo.

FD: En su libro señala que “en cuanto más ha crecido nuestra capacidad de producir riqueza en los últimos veinte años (…), más radical se ha vuelto la condición de pobreza” (Sassen, 2015:166). Los datos disponibles afirman que hay 2.000 millones de personas que viven en la extrema pobreza, es decir, casi una cuarta parte de la población total del planeta. Sin embargo, existen varios indicadores globales a largo plazo, publicados por instituciones como Our World In Data, que parecieran mostrar que el mundo está mejorando; por ejemplo, en términos de esperanza de vida, erradicación de enfermedades, alimentos disponibles per cápita o disminución de la desnutrición, sólo por nombrar algunos. Quienes defienden el capitalismo generalmente usan este argumento de largo plazo para indicar que las condiciones generales han mejorado, sin embargo, su libro contradice este optimismo. Entonces, finalmente, ¿estamos mejor o peor?

SS: Ambas cosas están ocurriendo. Sin embargo, los grandes perdedores en el mundo actual son aquellos que pensaban que estarían mejor que sus modestos padres de clase media. Quizás estemos entonces en un momento crucial.

Por ejemplo, si la desigualdad sigue creciendo, en cierto punto podría describirse más bien como una forma de expulsión. Para los que están en los estratos más bajos o en el medio-pobre, esto significa la expulsión de un espacio de vida que esperaban o esperaban alcanzar. Entre quienes están arriba, ello aparentemente significó salirse de las responsabilidades propias de ser parte de la sociedad a través de la autoseparación, un giro hacia la concentración extrema de la riqueza disponible en una sociedad y la falta total de una disposición a redistribuir esa riqueza. Sobre la base de la discusión de instancias extremas de desigualdad, el libro se enfoca en situaciones familiares que se vuelven extremas y, por tanto, desconocidas: el lado extremo de la curva. Para hacer visible la hoy acelerada capacidad sistémica de llevar lo familiar al extremo, en el libro me concentro en el mundo desarrollado. Grecia y España en particular han entrado en una fase de contracción activa de sus economías a un punto que hace sólo unos pocos años no habríamos creído posible para el mundo desarrollado.

Fuente: Alvaredo et al., 2018

Figura 5 Declive del capital público, 1970-2016. 

FD: El libro está lleno de datos y cifras - millones, billones, etc. - a tal punto que uno pierde sensibilidad de la escala de la que se está hablando. Es similar a lo que ocurre con la nanotecnología: sabemos que es pequeña, pero no podemos decir qué tan pequeña es. ¿Cómo podemos enfrentar el desafío que las cifras demasiado grandes o pequeñas nos imponen? ¿Es una batalla perdida?

SS: Buen punto. Es difícil supongo, incluso si estás inmerso en los datos de la manera en que yo lo estoy. Pero no es confuso: son vectores específicos, cada uno definido por combinaciones específicas. Es similar a mi respuesta anterior: sí y no; sí afecta negativamente ciertos sectores, pero no afecta negativamente a todos.

Más precisamente, las formas en las que se produce el crecimiento económico importan. Una cierta tasa de crecimiento puede describir una gran variedad de economías distintas, desde una con baja desigualdad y una próspera clase media hasta una con desigualdad extrema y la concentración de la mayor parte del crecimiento en un pequeño nivel superior. Estas diferencias existen entre y dentro de los países. Alemania y Angola tuvieron la misma tasa de crecimiento del PIB en 2000, pero claramente tenían economías muy diferentes, con consecuencias redistributivas también diferentes. Si bien Alemania está reduciendo el nivel, todavía asigna una buena parte de los recursos del gobierno a infraestructura en todo el país y ofrece a su población una amplia gama de servicios, desde atención de la salud hasta trenes y autobuses. Angola ha concentrado su riqueza en lo que ahora es una élite muy rica. Básicamente, nunca tendremos economías perfectas en términos sociales y ambientales, pero algunas son un poco más razonables que otras: es triste admitirlo, pero es cierto.

Pensemos en uno de los mejores períodos de nuestras economías occidentales: las décadas posteriores a la Segunda Guerra Mundial. El crecimiento estaba ampliamente distribuido y generó una clase media fuerte, mientras la década del 2000 vio el surgimiento de una clase media empobrecida, con el 80 % del ingreso bruto yendo al 1 % más alto de los beneficiarios. Aquellas primeras formas de crecimiento económico contribuyeron a la expansión de una clase media. No eliminaron la desigualdad, la discriminación o el racismo, pero redujeron las tendencias sistémicas hacia la desigualdad extrema al constituir un régimen económico centrado en la producción en serie y el consumo masivo con sindicatos fuertes, al menos en algunos sectores, y con distintos tipos de apoyo gubernamental. Además, las formas culturales que acompañaron dichos procesos tendían a reducir la desigualdad, en particular a través de la configuración de las estructuras de la vida cotidiana. Por ejemplo, la cultura de la gran clase media suburbana en Estados Unidos y Japón contribuyó al consumo masivo y, por lo tanto, a la estandarización de la producción, lo que a su vez facilitó la sindicalización en la manufactura y la distribución. Pero a la vez, generaron economías muy destructivas para el medio ambiente.

FD: Una de las principales preocupaciones de su libro es que la escala de las transformaciones en las que nos encontramos actualmente es tan grande que parece imposible de abordar. También observa que no sólo la economía está globalizada: el daño ambiental también. Lo que hacemos en nuestro patio trasero afecta al resto, no importa si tiene o no esa intención. Sin embargo, el actual gobierno de los Estados Unidos abandona el Acuerdo de París y se preocupa sólo de lo que tiene frente a sus narices. En otras palabras, como bien dice, para los líderes mundiales “es imposible encarar el hecho de la destrucción planetaria, y prefieren rebajar sus esfuerzos al mínimo denominador común” (Sassen, 2015:209). ¿Hay algo que podamos hacer en este sentido?

SS: Es una batalla y la estamos perdiendo. No podemos ser románticos al respecto. Se están uniendo muchos pequeños factores que podrían tener un efecto de cambio mayor que las grandes conferencias y los tratados que se firman. Por ejemplo, el anuncio reciente de que China ya no absorberá toda la basura de los países ricos: la mayoría de la gente ni siquiera sabía que China hacía esto. Entonces, esta es una crisis para la mayor parte de los países occidentales ricos: nos obliga a prestar atención y actuar sobre esto.

Referencias

ALVAREDO, Facundo, Lucas CHANCEL, Thomas PIKETTY, Emmanuel SAEZ, Gabriel ZUCMAN. World Inequality Lab. World Inequality Report 2018. [ Links ]

ATKINSON, Anthony B., Thomas PIKETTY, Emmanuel SAEZ. “Top Incomes in the Long Run of history.” Journal of Economic Literature 49, 1 (2011): 3-71. [ Links ]

ILO/OIT. “Global Wage Report 2016/17: Wage inequality in the workplace” / “Informe Mundial sobre Salarios 2016/17: Desigualdades salariales en el lugar de trabajo”. 2016. http://www.ilo.org/global/research/global-reports/global-wage-report/2016/lang--es/index.htm, 2016 [ Links ]

OXFAM, “Reward work, not wealth” Oxfam Briefing Paper. January, 2018. [ Links ]

OXFAM, “Our Land, Our Lives: Time Outon the Global Land Rush.” Oxfam Briefing Note. October, 2012. [ Links ]

SASSEN, Saskia. Expulsions: Brutality and Complexity in the Global Economy. Cambridge, Harvard University Press, 2014. [ Links ]

SASSEN, Saskia. Expulsiones: brutalidad y complejidad en la economía global. Buenos Aires, Katz Editores, 2015. [ Links ]

SASSEN, Saskia. “Predatory Formations Dressed in Wall Street Suits and Algorithmic Math” Science, Technology & Society 22:1 (2017) 6-20. DOI: 10.1177/0971721816682783 [ Links ]

1Vease también Sassen, 2017:6-20.

2http://www.theguardian.com/cities/2015/nov/24/who-owns-our-cities-and-why-this-urban-takeover-should-concern-us-all http://www.theguardian.com/cities/2015/dec/23/monster-city-urban-fairytale-saskia-sassen?CMP=twt_gu

3See also Sassen, 2017:6-20.

4http://www.theguardian.com/cities/2015/nov/24/who-owns-our-cities-and-why-this-urban-takeover-should-concern-us-all http://www.theguardian.com/cities/2015/dec/23/monster-city-urban-fairytale-saskia-sassen?CMP=twt_gu

* Saskia Sassen Master en Ciencias Sociales y Ph.D. en Economía, Universidad de Notre Dame, 1974. Robert S. Lynd Professor of Sociology y miembro del Committee on Global Thought, Columbia University. Entre sus principales libros se encuentran Territory, Authority, Rights: From Medieval to Global Assemblages(Princeton University Press, 2008), A Sociology of Globalization (W.W. Norton, 2007), la edición actualizada de Cities in a World Economy (Sage, 2011) y Expulsions: Brutality and Complexity in the Global Economy (Harvard University Press, 2014). Su obra más importante, The Global City (Princeton University Press, 1991), fue reimpresa en una edición actualizada en 2001. Ha recibido numerosos premios y honores, entre ellos doce Doctor Honoris Causa, múltiples cátedras, el Premio Príncipe de Asturias en Ciencias Sociales en 2013. Ha sido además elegida como miembro extranjero de la Real Academia de Ciencias de los Países Bajos y nombrada Chevalier de l'Ordre des Arts et Lettres por el gobierno francés.

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