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ARQ (Santiago)

versión On-line ISSN 0717-6996

ARQ (Santiago)  no.98 Santiago abr. 2018

http://dx.doi.org/10.4067/S0717-69962018000100080 

Lecturas

Slums. Desmontando el concepto

Alejandro De Castro Mazarro1 

1Professor, Graduate School of Architecture, Planning and Preservation, Columbia University, New York, USA. ad2549@columbia.edu.

Resumen:

La idea de que el lenguaje construye realidades ya es casi un lugar común. Al observar contextos problemáticos, sin embargo, la urgencia por buscar una solución nos hace obviar que esa realidad también ha sido fabricada por el lenguaje. Analizando el concepto de slum, este texto explica que su construcción como un problema masivo a nivel global exigía una ambigüedad tal que le permitiera adaptarse tanto a las distintas realidades globales como a los intereses expansivos de las agencias globales a cargo de resolverlo.

Palabras clave: desarrollo; ONU-Hábitat; lenguaje; pobreza; hegemonía

La última década del siglo XX fue testigo del resurgimiento de los slums1 en el discurso arquitectónico hegemónico, con su cénit en la casi simultánea consagración de Alejandro Aravena como adjudicatario del premio Pritzker y como Director de la Bienal de Arquitectura de Venecia en 2016. Durante este período, tanto especialistas como starchitects (U-TT o Rainer Hehl, Rem Koolhaas o Herzog & De Meuron) difundieron ideas sobre slums y áreas precarias y promovieron alternativas ‘humanitarias’ o ‘comunitarias’ en el campo arquitectónico. Esta reforma disciplinar, reminiscente de un clima de esperanza dirigido a la mejora del hábitat urbano para “las grandes poblaciones”2 de mitad del siglo XX, fue acogida por una agenda global dirigida a los slums en la continuación de la Declaración del Milenio (2000) de Naciones Unidas (ONU). En este periodo, la ONU caracterizó la esencia, la geografía y la historia de los slums y para 2003, informó de la existencia de mil millones de personas viviendo en slums. La simplicidad majestuosa de esta cifra, institucionalizada por la principal agencia internacional de desarrollo, aclaró contra qué podrían dirigir sus esfuerzos los arquitectos y urbanistas. Los slums tenían, en este contexto, la capacidad de congregar a “las grandes poblaciones” - es decir, las masas de miles de millones de personas que viven en entornos construidos deficientemente - ante la invocación de un solo término; de forma que esas masas elevarían sus niveles de vida si la presencia de dicho término se reducía en todo el mundo. El presente trabajo examina cómo se produjo este ensamblaje - cómo se articularon conceptos con evidencia - y muestra las contradicciones que lo hacen inconsistente. Como se mostrará a continuación, la caracterización de los slums recientemente producida en la ONU provee sólo una imagen sesgada de los miles de millones de habitantes urbanos viviendo en la precariedad, así como un apoyo tácito a la teoría de la modernización.

La relevancia espacial de un problema social

Los slums volvieron al debate de las políticas globales en el prólogo de la Declaración del Milenio, una carta que tenía como objetivo renovar los anhelos de la Declaración Universal de los Derechos Humanos de 1948 y que al mismo tiempo pretendía innovar en su capacidad de ser monitoreada y evaluada. Para este fin la ONU suscribió a ocho Objetivos de Desarrollo del Milenio (ODM) compuestos cada uno por metas normativas e indicadores para monitorear su progreso. En la década de 1990 las distintas agencias de la ONU se prepararon para adecuarse a la Declaración del Milenio y ONU-Hábitat, la agencia más pequeña dentro del sistema de las Naciones Unidas, encontró en los slums un problema acotado y relevante que incrementaría su relevancia institucional de cara al monitoreo de los ODM (Gilbert, 2007). La Declaración del Milenio citó la iniciativa de mejoramiento urbano “Cities Without Slums”, compartida entre la ONU y el Banco Mundial, como un primer esbozo del reposicionamiento de los slums en la agenda de ONU-Hábitat. En los ODM los slums se volvieron, en cambio, centrales a su misión: de sus 48 indicadores, ONU-hábitat sólo tenía la tarea de monitorear el indicador número 32: “Porcentaje de población urbana que vive en slums”, perteneciente a la meta normativa 7.10: “haber alcanzado una mejora significativa en la vida de al menos 100 millones de habitantes de slums3.

Dado que su agenda estaba centrada en la supervisión y la evaluación del ODM 7.10, ONU-Hábitat y el PNUD unieron esfuerzos institucionales para clarificar qué eran los ‘slums’ en los cinco años posteriores a la Declaración del Milenio. Sus resultados aparecen especialmente en cinco libros: The Challenge of Slums: 2003 Global Report on Human Settlements (UN-Habitat, 2003a); Slums of the World: The Face of Urban Poverty in the New Millennium? (UN-Habitat , 2003b); Investing in Development: A Practical Plan to Achieve the Millennium Development Goals (UNDP 2005a); A Home in the City: Taskforce on Improving the Lives of Slum Dwellers (UNDP 2005b); y The Millennium Development Goals: Raising the Resources to Tackle World Poverty (Cheru, Fantu and Bradford Jr., Colin, 2005). Para 2015 - ‘fecha de caducidad de los ODM - el objetivo 7.10 había sido alcanzado: la vida de más de 100 millones de habitantes de slums había mejorado. Sin embargo, en ese mismo periodo, los slums sumaron más de 100 millones de nuevos habitantes.

Esta no era una discusión abstracta de política urbana, sino, en gran parte, una conversación sobre arquitectura y planificación urbana. Por sí misma, ONU-Hábitat está vinculada a discusiones sobre alojamiento y vivienda, urbanismo y ciudad desde su creación en la Conferencia de Vancouver sobre Asentamientos Humanos de 1976. Miembros del CIAM como Michel Ecochard o Josep Lluis Sert y arquitectos de renombre como John Turner y Jorge Mario Jáuregui han estado relacionados en algún momento a la institución. Su reciente ex director, Joan Clos, fue el alcalde de Barcelona en el momento en que el ‘modelo Barcelona’ de planificación urbana se convirtió en un caso ejemplar a nivel internacional (1980s-1990s) Y el mismo el equipo de ONU-Hábitat está formado en gran medida por planificadores urbanos, diseñadores y arquitectos. En el contexto de los ODM, ONU-Hábitat encargó a centros de investigación de punta el trabajo preliminar para su el desarrollo de su agenda: la Development Planning Unit del University College of London, por ejemplo, llevó a cabo una serie de estudios sobre las condiciones, políticas y estrategias para los slums como preparación para The Challenge of Slums, incluyendo trabajo de campo en cerca de 34 ciudades y el Grupo de Trabajo de Naciones Unidas “Improving the Lives of Slum Dwellers” para la mejora de vida de los habitantes de slums, coordinado por arquitectos y planificadores de Columbia University y la Universidad de Roma La Sapienza, presentaron recomendaciones para mejorar los slums en el informe A Home in the city (UNDP, 2005b). Es difícil subrayar la oportunidad que los ODM representaron para la reivindicación de la agencia social global de los arquitectos y planificadores urbanos, en donde las destrezas espaciales podrían proveer servicios a un conjunto de mil millones de habitantes - y creciendo.

La construcción de una esencia

Para alcanzar finalmente los ODM, los objetivos de las Naciones Unidas debían volverse operativos bajo la forma de indicadores cuantificables a partir de los cuales medir avances. En el caso del objetivo 7.10, ello requirió definir qué eran los ‘slums’ en términos operativos, de forma que pudieran ser identificados y monitoreados. Este proceso facilitó el surgimiento de un problema epistemológico: la fusión de percepciones realistas y nominalistas de los ‘slums’. Aunque el antagonismo entre realismo y nominalismo pertenece a la filosofía del conocimiento, sus diferencias afectan al dominio de realidad al que los slums pertenecen. Conceptos como ‘manzana’ - dirían los realistas - tienen una esencia ‘real’, mientras que conceptos como ‘justicia’ - dirían los nominalistas - tienen una esencia producida socialmente. Los slums, caracterizados según la ONU, aspiran a representar la realidad externa de ciertos asentamientos urbanos, aunque en gran parte representan el sistema de valores de sus creadores. Esto se hace evidente en la definición, geografía e historia de los slums desarrollada por la ONU entre 2003 y 2005.

The Challenge of Slums (2003) de ONU-Hábitat acuñó la ‘definición operativa’ de slums (Figura 1) que sigue siendo, hasta el día de hoy, la caracterización contemporánea más ampliamente aceptada en la planificación urbana internacional y los documentos de políticas sobre el tema. La definición venía acompañada de una evaluación exhaustiva de más de 300 páginas que muestran un relevamiento y caracterización de áreas urbanas desfavorecidas a nivel mundial, seguido por un análisis de las fuerzas que configuran los slums, sus dimensiones sociales, sus formas espaciales y dinámica económica, junto con un largo anexo. La definición de slums era, en sí misma, una sumatoria de indicadores físicos y legales aplicados a áreas urbanas que encajaba naturalmente con las soluciones propuestas desde las disciplinas de la arquitectura y la planificación urbana: la “falta de acceso al agua y de saneamiento” en los slums podría resolverse con la provisión de infraestructura física en las calles; la “calidad estructural deficiente” de sus viviendas podría mejorarse con normas de construcción adecuadas; e incluso la sobrepoblación podría resolverse con soluciones tipológicas de vivienda. Esta definición presenta, sin embargo, dos sesgos que socavan su propio significado: uno, la reducción de los slums a su causa material, y otro, la simplificación de muchos fenómenos en un único término.

Figura 1 Ejemplos de definiciones de slums

La definición operativa de ‘slum’ de la ONU estaba “restringida a las características físicas y legales del asentamiento, excluyendo sus dimensiones sociales más complejas”. La externalización de los problemas “sociales” como independientes al ethos de los slums supone que una vez resueltos los problemas materiales, el progreso social llega automáticamente. Como mínimo, esta suposición pasa por alto la rica historia de valoraciones de slums, donde sus problemas espaciales y sociales guardan una relación ambivalente. Incluso las raíces del propio término tienen esta ambivalencia. Los primeros usos del término ‘slum’ en el mundo anglosajón refieren a la denominación física de “habitaciones traseras” en viviendas abarrotadas e insalubres de las ciudades británicas recien industrializadas, mientras urbanistas como Bernardo Secchi4 han vinculado esta etimología a la palabra alemana schlummer (‘letargo’, en inglés), en referencia a los ‘pobres voluntarios’ criminalizados a partir de las Leyes de los Pobres de 1602 en el Reino Unido. Estas dos interpretaciones de los slums (una material, la otra conductual) han disputado su primacía en la planificación urbana desde el siglo XIX y pueden ilustrarse en la comparación de análisis tempranos como “The housing question” de Friedrich Engels (1873) y “How the other half lives” de Jacob Riis (1890). En esta discusión, Engels argumentó que los slums no eran un problema de vivienda sino de desigualdad económica; y en contraste, Riis creía que la causa de los slums eran las densidades inaceptables de las zonas residenciales industriales, abogando, por tanto, por la construcción de nuevos suburbios conectados por trenes.

Se podría argumentar que las cuestiones sociales no forman parte de la definición operativa de la ONU por un problema de categoría: la definición de la ONU podría considerarse anatómica (revelando la forma de algo) y no genética (describiendo las causas de algo). Pero en el contexto de los ODM, los problemas, sus causas y sus soluciones se conciben como parte de un marco lógico - la base para la construcción de una argumentación científica - y la identificación de los slums como problema material no aborda sus causas y por ende no previene su formación. Sin abordar las causas sociales de su producción, The Challenge of Slums refuerza el la linealidad entre el par de conceptos “pobreza” versus “provisión” y donde la planificación física y el diseño pueden resolver el problema del subdesarrollo. Esto deja de lado discusiones importantes sobre la desigualdad social y económica que han tenido lugar desde la aparición de los slums.

El segundo sesgo que opera en la caracterización de la ONU es la combinación de múltiples significados dentro de la palabra slum, lo que ocurre de forma sincrónica y diacrónica. Sincrónicamente, ONU-Hábitat (2003a) presentó una lista de “palabras equivalentes en otros idiomas y regiones geográficas” que no era exhaustiva - como revela la búsqueda de otras palabras popularmente asociadas a los slums (Figura 2). La propia ONU-Hábitat (2003:10) advirtió sobre el peligro de una excesiva simplificación de los diferentes significados; a su pesar, la lista permitía la libre asociación de conceptos que podrían caer bajo el paraguas de ‘slums’, simplificando un amplio campo de fenómenos urbanos bajo una esencia “principal”. En la práctica estos términos se usan casi como sinónimos, lo que puede ilustrar la forma en que los proyectos para Favela-Bairro de Jorge Mario Jáuregui aparecen en los medios: mientras Lotus (2010) titula un artículo sobre el programa de Río de Janeiro “De slum a barrio” y afirma que “aproximadamente una cuarta parte de la población de Río (...) vive en favelas” (2010:61), Jorge Mario Jáuregui describe las favelas como comunidades (Architectural Design, 2011:60), mientras que Design Like You Give a Damn de Architecture for Humanity (2006:216) describe las favelas de Río como “barrios marginales no planificados que albergan a un tercio de la población de la ciudad”. Todos estos términos tienen, por supuesto, un significado vinculado a las favelas donde Jáuregui desempeñó su trabajo, pero un sentido demasiado inclusivo de la palabra vacía a las ‘favelas’ de parte de su significado sustancial.

Figura 2. Términos equivalentes a slums por región y país. Basado en ONU-Hábitat (2003a) y elaboración propia. 

Diacrónicamente, ni arquitectos ni planificadores hacen distinciones entre los slums ‘operativos’ post ODM y los slums previos a los ODM, pese a que sus significados son bastante diferentes (Figura 1).

Los indicadores descritos en la definición de la ONU podrían haber sido agregados para configurar un acrónimo; el uso de la palabra ‘slum’ para ese agregado añade un vínculo a la historia anglosajona de la industrialización occidental y revela la preferencia implícita por una narrativa centro-periferia. Incluso en el siglo XIX, cuando los slums predominaban en el Reino Unido, problemas urbanos conectados con la industrialización y el desarrollo iban más allá de los slums de Thomas Annan y Jacob Riis. Eugène Atget retrató los zoniers y chiffoniers de París; Harry Olds ilustró los conventillos en Buenos Aires y las barracões en Brasil; Augusto Malta fotografió las favelas de Río de Janeiro y Hölzstich dibujó los elendsquartier alemanes. En resumen, la reificación de los slums sobre otros precedentes históricos y geográficos pretendía representar al conjunto más amplio posible de habitantes urbanos precarios en todo el mundo y a lo largo de la historia; pero este conjunto se disipa a medida que el concepto desdibuja su significado.

Slums en la historia, en el mundo

Mientras que The Challenge of Slums (2003a) reificó el estatus de los slums como problema urbano, el informe Slums of the World (ONU-hábitat 2003b) presentaba una metodología preliminar para estimar el número mundial de habitantes de slums basado en su definición operativa. Sólo en 2005 se conoció la proporción global de habitantes urbanos viviendo en slums gracias al libro del PNUD titulado Investing in Development. (Figura 3)

Fuente: Programa de las Naciones Unidas para el Desarrollo (2005b:27)

Figura 3 Porcentaje de población urbana que vive en barrios marginales. 

El poder de esta imagen global reside en su capacidad de resolver lo complejo - la ponderación de variables y la normalización de datos entre países - en una síntesis elegante que reforzaba el retrato de un mundo dividido entre países desarrollados y países en desarrollo y que iba en línea con la vinculación de los slums a su pobreza material. El análisis exhaustivo de este mapa excede el propósito de este trabajo, aunque se puede hacer una pequeña mención para señalar su sesgo de confirmación. En el gráfico, África subsahariana y Asia meridional tenían el mayor rango de prevalencia de slums, mientras que los “países de altos ingresos” permanecen fuera del rango medible - como si los slums no pudieran existir, por definición, en el contexto de una ‘economía desarrollada’.

La naturalización definitiva de los slums ocurre en la creación de su propia historia, algo que la ONU presentó como una línea de tiempo, mostrando el crecimiento de la población mundial urbana y rural mundial desde 1800. Una reproducción de un metro de ancho de esta línea de tiempo decoraba, hasta hace poco, la oficina del director de ONU-Hábitat en Nueva York (Figura 4) y aparece en un capítulo de un libro en el que colaboró ​​la ex Directora de ONU-Hábitat, Ana Tibaijuka (Tipping, Adom y Tibaijuka, 2005). Sin embargo su autoría no está clara: ya que la línea del tiempo no ofrece referencias, podría atribuirse a la propia Tibaijuka, o al arquitecto sueco Lars Reuterswärd, quien fuera director de la División Global de ONU-Hábitat en el momento de la publicación y autor de una figura muy similar en el libro. El gráfico muestra que desde 1900, cuando los slums se volvieron estadísticamente significativos, su crecimiento poblacional fue aproximadamente proporcional al crecimiento de la población urbana total.

Figura 4 Ilustración que decora la oficina del Director de ONU-Hábitat en Nueva York, y que corresponde a la figura 10.1 en Cheru y Bradford (2005). En el libro, la fuente de la imagen es Lars Reutersward. 

En esta línea de tiempo todas las evidencias apuntan a la construcción de una narrativa visual del desarrollismo y no de la historia de los slums. En ella, las definiciones de slums previas y posteriores a los ODM se combinan en una línea continua que representa habitantes de tugurios en el período 1800-1950, una simplificación elegante que requeriría reunir grandes cantidades de datos sobre las condiciones de los slums en el pasado, sobre sus condiciones antes de que el término ‘slum’ fuera acuñado, sobre la ‘tasa de conversión’ entre los slums de habla inglesa y no inglesa el siglo XIX, y sobre la normalización de inconsistencias en la información. Para un gráfico de tal ambición, no menciona fuentes, ni estas están indirectamente disponibles en el trabajo de sus autores potenciales: ninguno de ellos es historiador, y el propio Reuterswärd posee un registro breve de publicaciones5. Una búsqueda profunda de fuentes de este gráfico no dio resultados y, en su ausencia, la línea de tiempo es algo en lo que uno tiene que creer: en jerga técnica, no es falsable.

La historia construida por la línea de tiempo muestra el crecimiento exponencial de los slums desde la década de 1950 - la ‘epidemia’ europea y estadounidense de slums en el siglo XIX no parece ser cuantitativamente relevante - y se alinea con la narrativa histórica de la teoría de la modernización: el crecimiento demográfico de los países subdesarrollados no ha sido igualado por un desarrollo industrial e institucional y, por tanto, la calidad de vida de sus residentes urbanos ha sido severamente dañada. La línea del tiempo no considera que los slums, entendidos de acuerdo a la definición operativa de la ONU, pudieron haber sido el modelo predominante de urbanización durante la mayor parte de la historia de la humanidad. Los historiadores coinciden, de hecho, en que la mayoría de los habitantes de la antigua Roma vivían en slums atroces (Scobie, 1986). Las privaciones urbanas puede haber existido desde los albores de las ciudades y, por lo tanto, el llamamiento de ONU-Hábitat debiera examinar la caracterización estructural del problema y ​​no sólo su fisonomía contemporánea como si fuera una novedad histórica.

El apoyo del gráfico al imaginario pro-desarrollo aparece, finalmente, en las soluciones que ofrece al crecimiento exponencial de los slums desde el año 2000. Estas soluciones - una combinación de desarrollo urbano, mejoramiento urbano y políticas de desarrollo regional dirigidas a diferentes sectores de la población - han sido aplicadas desde hace muchas décadas y no eliminaron los slums. El cuadro sugiere, implícitamente, que eliminar el creciente fenómeno de los slums no requiere un enfoque ‘revolucionario’, sino un aumento exponencial de la escala de las políticas pro-desarrollo que ya han sido probadas.

Usando ‘malo’ como categoría para el espacio urbano

La definición, caracterización e historia de los slums de la ONU tenían el objetivo laudable de operacionalizar un gran número de complejos problemas urbanos para poder solucionarlos. Pese a ello, tuvieron una capacidad limitada para invocar su esencia y respaldar a los habitantes de slums. El concepto tras esa esencia era, al menos parcialmente, inconsistente: los slums eran reducidos a su sustrato material y su concepto e historia tenían una demarcación conceptual difusa vis-à-vis otros conceptos pasados y no anglosajones. Al mismo tiempo los slums, según fueron definidos para los ODM, llevaban una esencia externa a sí mismos y que pertenece a una de las teorías del desarrollo, la teoría de la modernización. Bajo esta lógica, los slums son un subproducto del proceso imperfecto de modernización que puede evolucionar a sociedades modernas y emancipadas mediante sistemas eficientes de propiedad, normativas de construcción e infraestructura física. Esta agenda, expuesta brevemente, es relevante por sí misma, pero se vuelve problemática cuando no se diferencia a sí misma de los slums - en sí mismos. Y esta división es de gran importancia, porque mantiene el delicado equilibrio existente entre el uso de poder y la posesión de conocimiento.

El intento de los ODM por unificar en ‘slums’ a los miles de millones de personas viviendo malas condiciones urbanas resultó un espejismo que representó parcialmente esas áreas y parcialmente un discurso de desarrollo internacional. ‘Slum’ sigue siendo una expresión de desaprobación o rareza y, al mismo tiempo, su significado sigue siendo inaprehensible y ambivalente. La incapacidad para crear una definición consistente de ‘slums’ apunta a una debilidad ontológica más profunda: la debilidad de la categoría de ‘espacio urbano’ para unificar la excesivamente compleja relación que existe entre las dimensiones sociales y espaciales de la ciudad. La gran narrativa producida en la institucionalización de los slums como parte de los ODM afirmó el control y el conocimiento de los espacios urbanos; pero demasiados problemas - hacinamiento, desigualdad económica, violencia urbana o falta de infraestructura física - no pueden encapsularse en un solo concepto. La solución a este dilema epistemológico puede yacer cerca de la realidad, donde los problemas adoptan nombres claros y más humildes.

Agradecimientos

Me gustaría expresar mi gratitud a Eder García, Jack Darcey y Rafael Kalinoski, asistentes de investigación en la Universidad de Columbia durante el verano de 2015 y 2016, quienes proveyeron de información preliminar para este trabajo.

Referencias

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GILBERT, Alan. “The return of the slum: Does Language Matter?” IJURR 31(4, 2007):697-713. [ Links ]

“Latin America at the Crossroads”, Architectural Design 211 (May/June 2011). [ Links ]

“Learning from Favelas”, Lotus 143 (2010). [ Links ]

SCOBIE, Alex “Slums, Sanitation, and Mortality in the Roman World”, Klio, 68(2, 1986): 399-433. [ Links ]

TIPPING, David; ADOM, Daniel; and TIBAIJUKA, Anna. “Achieving Healthy Urban Futures in the Twenty-first Century: New Approaches to Financing Water and Basic Sanitation”. En CHERU, Fantu and BRADFORD Jr. Colin (eds.). The Millennium Development Goals: Raising the Resources to Tackle World Poverty. London: Zed Books, 2005. [ Links ]

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UN News Centre. “Urban slum dwellers could double to w billion by 2030, UN agency says.” 2003. http://www.un.org/apps/news/story.asp?newsid=8427. [ Links ]

1Dado que el presente artículo refiere a la construcción de la noción de slum, hemos mantenido esta palabra en su idioma original. Para sus distintas acepciones en español, véase Figura 2.

2Esta es una referencia al documento de Michel Ecochard (1950) y el título preliminar de la conferencia CIAM IX (1953).

3Este objetivo ya estaba formulado en la resolución 9 de la “Declaración del Milenio”; los ODM incorporaron que dicho objetivo se alcanzase para 2020.

4Información recogida de una conferencia impartida en el Seminario “Cidade Informal”, organizado por el Secretario de Vivienda del Municipio de São Paulo en 2009.

5En 2015 el autor solicitó información sobre la línea de tiempo a Reuterswärd y sus colegas de la Universidad de Lund, y a la sede de ONU-Hábitat en Nueva York, pero no obtuvo respuesta.

6The expression is a reference to Michel Ecochard’s lecture “Urbanisme et construction pour le plus grand nombre” (1950), and to discussions on the preliminary title of the CIAM IX conference (1953).

7The resolution 9 of the “Millennium Declaration,” formulated this goal already, yet the MDGs included that the goal should be accomplished by 2020.

8Information recorded from a lecture given at the conference “Cidade Informal,” organized by the Secretary of Housing of the Municipality of São Paulo in 2009.

9In 2015, the author requested information about the timeline to Reuterswärd and his colleagues at Lund University; and to UN-Habitat’s headquarters in New York, but obtained no response.

* Alejandro de Castro Mazarro Arquitecto, MSc. in Advanced Architectural Design, Columbia University, 2009. Doctor en Arquitectura, Universidad Alcalá de Henares, Madrid, 2016. Participó en la Bienal de Arquitectura de Chile (2017), y la exposición Participatory City en el museo Guggenheim de Nueva York (2013). Es co-editor del libro ¿Quién se preocupa por las ciudades chilenas? (ARQ y GSAPP, 2014) junto con Francisco Díaz. De Castro Mazarro es Profesor Adjunto en la Universidad de Columbia, y ha sido profesor visitante en la Universidad de Harvard, TU Darmstadt (Alemania) y la Universidad Internacional de Cataluña en Barcelona.

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