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ARQ (Santiago)

versión On-line ISSN 0717-6996

ARQ (Santiago)  no.100 Santiago dic. 2018

http://dx.doi.org/10.4067/S0717-69962018000300042 

Lecturas

Posibles roles de las arquitectas en la materialización de la arquitectura en Chile

Romy Hecht1 

1 Profesora Titular, Escuela de Arquitectura, Pontificia Universidad Católica de Chile, Santiago, Chile. romyhecht@uc.cl

Resumen

A pesar de haber resurgido con fuerza durante el 2018, los debates sobre el rol de la mujer en la sociedad no son nuevos. Tampoco lo son en arquitectura. A partir de un trabajo de investigación docente realizado hace 18 años, este texto reflexiona acerca de la invisibilización de la mujer en la historia de ARQ y, desde ahí, sobre la forma en que entendemos la disciplina y la profesión.

Palabras clave: mujer; profesión; visibilidad; feminismo; #MeToo

El año 2000, antes de la era #MeToo y de la llamada cuarta oleada del feminismo, uno de mis trabajos era la producción editorial de ARQ. Si bien la revista estaba dirigida por una mujer (Montserrat Palmer), escasamente había publicado obras construidas por arquitectas chilenas1. En paralelo, tras cinco años de ayudantías y otros tres de apoyo en cursos diversos finalmente lograba mi primera cátedra independiente en la Escuela de Arquitectura de la Pontificia Universidad Católica de Chile, el llamado Taller de Investigación de tercer año, de carácter optativo. Su objetivo central era (y sigue siendo) desarrollar un ejercicio acotado de investigación disciplinar, donde el trabajo ha de adquirir una dimensión colectiva (usualmente dada por una temática común desarrollada a partir de casos ejemplares) y ha de inscribirse dentro de un esfuerzo colaborativo de investigación sobre la arquitectura, el urbanismo y el paisaje en Chile.

Revista Auca 6-7 (ago.1966)

Figura 1 Jaime Besa, Hilda Carmona Low. Facultad de Ciencias Físicas y Matemáticas, Campus San Joaquín UC, Santiago, 1961. En la leyenda sólo se menciona a Besa como autor. 

Eduardo Waissbluth

Figura 2 Abraham Schapira, Raquel Eskenazi, León Messina. Edificio Ultramar, Viña del Mar, 1965 

Patricia Silva

Figura 3 Santiago Aguirre, Inés Frey. Edificio Pecchi, Concepción, 1944. 

En ese entonces ya tenía una inquietud incipiente (y precaria) por los estudios de paisaje, pero me rebelaba a profundizar en ellos por el prejuicio vinculado a su supuesta exclusiva asociación como un área de conocimiento de plantas y flores y, por tanto, perteneciente al ámbito femenino. En los mismos términos, me inquietaba que al momento de revisar publicaciones destinadas a reseñar a los causantes - entiéndase personajes y obras - de la materialización de la arquitectura en Chile la presencia de arquitectas apareciera disminuida, aun cuando a simple vista el ingreso a los estudios profesionales ya se acercaba a una proporción de 1:1 entre hombres y mujeres.

Sin ir más lejos, en la reseña más completa que estimo se ha escrito hasta ahora sobre la producción arquitectónica nacional, al menos entre 1925 y 1965, Humberto Eliash y Manuel Moreno sólo nombran a siete profesionales activas: Inés Frey Bruggemann, Montserrat Palmer Trias, Yolanda Schwartz Apfel, Angela Schweitzer Lopetegui, Margarita Pisano Fisher, Iris Valenzuela Alarcón y Ana María Barrenechea2. Frente a este panorama, propuse un taller que indagara y develara sistemáticamente las obras de un grupo de mujeres durante el señalado período de tiempo. Esto a partir de la creencia, o porfía, de que tal producción en algo había aportado al desarrollo de la arquitectura moderna en Chile, respondiendo así a las demandas de transformación urbana en base a nuevos parámetros y experimentos arquitectónico-institucionales y habitacionales, de esparcimiento y recreación.

Arturo Lyon

Figura 4 Gabriela González, Edmundo Buddemberg. Escuela de Medicina de la Universidad de Concepción, Concepción, 1946.  

Camila Martin

Figura 5 Luz Sobrino. Edificio San Martín 728, Concepción, 1966.  

Ariel Chiang

Figura 6 Yolanda Schwartz. Anteproyecto Concurso. Remodelación Bellavista (mención honrosa), Valparaíso, 1969. 

Ronald Ruiz

Figura 7 Hugo Gaggero, Margarita Pisano. Casa Gaggero Pisano, Santiago, 1962.  

Con el fin de ordenar y acotar el trabajo, establecí como punto de partida tres principios para la búsqueda de antecedentes: primero, usar el libro Arquitectura y Modernidad en Chile 1925/1965: una Realidad Múltiple (1989) como base temática de los distintos momentos que caracterizaron la implementación de la arquitectura moderna en nuestro país; segundo, reducir la selección de los posibles casos de estudio al mismo período de tiempo propuesto por Eliash y Moreno; y, tercero, limitar el campo de estudio a las licenciadas de las universidades de Chile y Católica, considerando que ya proporcionaban 89 y 18 nombres, respectivamente.

Si bien las temáticas de género no fueron entonces parte de mi repertorio, he de admitir que no fue fácil abordar el taller al surgir de parte de los estudiantes una cierta reticencia inicial al desarrollo del ejercicio, dada la dificultad de reconocer a alguna líder entre los arquitectos chilenos. Y, objetivamente hablando, se trataba de una inquietud válida ante la incapacidad de establecer si las mujeres son capaces de producir una obra que les permita convertirse en una suerte de ‘maestro’ para sus pares, quienes, sin duda, necesitamos de ciertos parámetros accesibles y medibles para desarrollar una profesión basada en la intuición del diseño y que se enseña atribuyéndole a tal acto el mismo grado de relevancia (aun cuando quien haya formado una oficina profesional sabe cuántas otras herramientas se necesitan para sobrevivir en el rubro). Reivindicar al género dentro de un ‘Star System’ establecido sobre lo que debiera ser definido a modo de consenso como buena arquitectura no podía estar más alejado de mi pretensión inicial que era identificar, objetivamente, posibles roles de las arquitectas a partir del reconocimiento de una obra persistente en el tiempo. En otras palabras, mi pregunta era, simplemente y parafraseando a Eliash y Moreno, si realmente la arquitectura del Chile entre 1925 y 1965 constituyó una ‘realidad múltiple’ en términos de quienes construyeron dicha modernidad.

Metodológicamente, primero se identificaron 27 arquitectas del listado original de 107 mujeres, considerando si sus antecedentes biográficos o documentales podían ser accesibles3. Luego, los estudiantes Fabiola Carreño, Ariel Chiang, Gonzalo Claro Riesco, Carolina Contreras, Arturo Lyon Gottlieb, Camila Martin, Ismael Rengifo Streeter, Pablo Ropert, Daniel Rosenberg, Ronald Ruiz, Patricia Silva, Macarena Vergara, Eduardo Waissbluth y Angélica Zabala Núñez seleccionaron dentro de aquel grupo inicial a aquellas profesionales con más de dos obras construidas y se abocaron a establecer un relato profesional-biográfico de las mismas, incluyendo estudios, influencias, viajes, publicaciones, obras y proyectos, situándolos dentro de un contexto histórico de desarrollo de la arquitectura moderna en Chile y esta, a su vez, en un contexto mayor4.

Como resultado de un trabajo que terminó siendo en extremo entusiasta, fue posible distinguir a Raquel Eskenazi Rodrich al interior de la oficina Schapira-Eskenazi-Messina como agente clave en la definición del borde costero moderno de Viña del Mar y en la incorporación del balcón como un espacio intermedio en la comuna de Providencia. A Margarita Pisano Fisher, quien junto a Hugo Gaggero materializó una versión local de la propuesta ‘wrightiana’ en su casa de Pedro de Valdivia Norte. A Inés Frey Bruggemann (actuando de manera independiente o con su marido, Santiago Aguirre) en la construcción de dos interiores modernos en viviendas santiaguinas y de nuevas arquitecturas estructurales en el Concepción posterior al terremoto de 1939. A Luz Sobrino Sánz, operando en esa misma ciudad, con una producción y operación de relleno de la trama urbana en más de 80 obras construidas. Los alcances de la formalización de los postulados sociales de la modernidad en el proyecto Parque Inés de Suárez de Ana María Barrenechea y equipo, en la innovación tecnológica de la Escuela de Medicina de la Universidad de Concepción de Gabriela González de Groote y Edmundo Buddemberg y en la experimentación con el lenguaje del movimiento metabolista en los concursos de fines de los años 60 desarrollados por Yolanda Schwartz Apfel. O el papel de esta última en la simbiosis mobiliario-estructura para su vivienda en el municipio de La Reina. La transferencia tardía de Victoria Maier Mayer de ideas modernas al ámbito local dos décadas después de su viaje a Viena en 1930. O las opciones de comprensión del proyecto de paisaje como una síntesis resultante de la articulación de procesos de urbanización y sistemas naturales en las propuestas de Hilda Carmona Low y Jaime Besa para la Facultad de Ingeniería en San Joaquín y en dos loteos en la comuna de Vitacura, siempre en Santiago.

Me parece que esta breve descripción es un testimonio real de los papeles desarrollados por Barrenechea, Carmona, Frey, González, Maier, Pisano, Schapira, Schwartz y Sobrino en la construcción de la arquitectura moderna en Chile al representar ámbitos de acción profesional que hasta hoy persisten como tradicionales del género: el ejercicio de actividades docentes o de investigación y de cargos públicos - aunque con escasa presencia en jefaturas - y un accionar en el ámbito privado, la mayoría de las veces dentro de un sistema no autónomo, vale decir, asociadas a algún familiar o como parte de un equipo mayor.

Dieciocho años después de la realización del taller de investigación, y enfrentada al ejercicio autoimpuesto de revisar los primeros 99 números de revista ARQ bajo los mismos parámetros usados en el 2000, me atrevo a creer que usted - lector y lectora - podría manifestar algún grado de sorpresa. Si bien pareciera que el nuevo siglo ha traído consigo una apertura frente al necesario reconocimiento de la participación femenina en la esfera profesional, mi revisión demuestra lo contrario. Si excluimos las publicaciones de proyectos de final de carrera y/o de resultados de taller, obras fuera de Chile, participación en montajes y/o exposiciones efímeras, ensayos, entrevistas y/o análisis críticos (y obras de quien fuera editora de la revista hasta el 2010), sólo es posible identificar siete nombres con más de dos obras distintas construidas localmente5.

La primera referencia bajo estos parámetros aparece en 1994 con Paulina Courard, quien, a través de la propuesta de parques y paseos urbanos desarrollados en el marco de la práctica Teodoro Fernández Arquitectos, se ha convertido en un agente silente en la construcción de la disciplina de la arquitectura del paisaje en Chile6. Algo similar podría plantearse en el caso de Myriam Beach en la labor desarrollada junto a su marido Alberto Montealegre, sin embargo, sus contribuciones efectivas a la discusión del rol del proyecto de paisaje quedan sintéticamente plasmadas en apenas un número de 19967, situación análoga a la de Margarita Murtinho y María José Castillo en las experimentaciones asociadas a la habitabilidad en altura desarrolladas a principios de los años ’90 junto a Francisco Vergara8. Les siguen Antonia Lehmann Scasi-Buffa, la única en recibir junto a su marido, Luis Izquierdo Wachholtz, el Premio Nacional de Arquitectura y quien ha sido excepcionalmente reconocida como individuo operativo en una práctica conjunta de más de tres décadas gracias a la construcción de múltiples edificios institucionales y de vivienda, además de un centenar de casas unifamiliares9. Cecilia Puga Larrain, por su parte, es plasmada en su persistente capacidad de develar la solidez de la estructura y materialidad de la obra en una práctica poco habitual, al menos según estándares ARQ: mayoritariamente independiente o, usualmente, liderando equipos10. Finalmente emerge Piera Sartori del Campo, quien junto a su marido, Mario Carreño Zunino, ha desarrollado en la última década una práctica consistente y vinculante entre emplazamiento, presupuesto y construcción de una relación de continuidad entre el espacio interior y exterior11. Interesantemente, Sartori no ha necesitado una acción reafirmativa de su rol debido al reconocido desempeño en el ámbito de diseño que ambos tuvieron en su paso por Lo Contador.

Es cierto que toda publicación tiene un sesgo editorial, más aún en el caso de una revista que ha buscado posicionarse como ‘el’ organismo de difusión de la arquitectura chilena. A través de la diseminación de un cierto rango de debates ideológicos asociados, por ejemplo, a la inequidad en la distribución urbana de clases, a la gentrificación y a las políticas de vivienda, en los últimos años ARQ ha intentado redefinir el oficio de la arquitectura. También ha buscado influir en la repartición del peso específico del diseño en la enseñanza al discutir, por ejemplo, las responsabilidades sociales de los profesionales chilenos y al proponer una alineación de la práctica con nuevas tecnologías.

Sin caer necesariamente en soluciones facilistas (como una eventual compensación equitativa de páginas según género), me manifiesto expectante a la posibilidad de producir un acercamiento a un grupo escasamente representado en cien números publicados. Si volvemos a los cuestionamientos de mis estudiantes del año 2000, quizás se podría reflexionar no tanto acerca de las causas de la invisibilidad, sino más bien sobre las consecuencias de una participación silenciosa en la materialización de la arquitectura chilena12. Tal ausencia ha generado, por ejemplo, prejuicios dentro del mismo género, a ratos convencido de que los liderazgos pueden encontrarse únicamente en la gestión administrativa de oficinas profesionales, en la producción del ámbito doméstico o en las llamadas labores paisajísticas (sin ir más lejos, considere la opinión juvenil de esta autora). Y si evaluamos nuestra propia evolución y accionar en el contexto local, sin duda vamos a encontrar experiencias discriminatorias dolorosas causadas por quienes son incapaces de manejar su supuesto poder o respetar a quien no ha sido ensalzado como gurú por sus pares. Quizás, entonces, alguno de los siguientes cien números de esta revista podría arriesgarse a producir críticas de alto nivel sobre la obra de arquitectas, independiente de su vínculo profesional, y así empezar a discutir el interés del trabajo realizado y su aporte, modesto pero real, a la transformación de la arquitectura en Chile.

ARQ 45 (julio, 2000): 17-20

Figura 8 Edificio Manantiales. Luis Izquierdo, Antonia Lehmann, José Domingo Peñafiel, Raimundo Lira, 1999. 

ARQ 70 (diciembre, 2008): 50-55

Figura 9 Galería Patricia Ready. Luis Izquierdo, Antonia Lehmann, Mirene Elton, Mauricio Léniz, 2008. 

ARQ 61 (diciembre, 2005): 68-73

Figura 10 Edificio Plaza Pedro Montt. Cecilia Puga, 2005. 

ARQ 95 (abril, 2017): 118-125

Figura 11 Gimnasio Municipal de Salamanca. Mario Carreño, Piera Sartori, 2016. 

ARQ 54 (julio, 2003): 34-35

Figura 12 Sala de degustación. Paulina Courard, 2002. 

ARQ 28 (diciembre, 1994): 32-33

Figura 13 Casas Museo de Lo Matta (Concurso, primer premio). Luis Izquierdo, Antonia Lehmann, 1994. 

ARQ 34 (diciembre, 1996): 36-38

Figura 14 Tres parques. Alberto Montealegre, Myriam Beach, 1995. 

ARQ 26 (mayo, 1994): 11-15; ARQ 34 (diciembre, 1996): 44-45

Figura 15 Parque Inés de Suárez. Teodoro Fernández, Paulina Courard, 1993. 

ARQ 42 (julio, 1999): 39-40

Figura 16 Edificio Loft Plaza Brasil. Francisco Vergara, María José Castillo, Margarita Murtinho, 1997 / Edificio Plaza Yungay. Francisco Vergara, María José Castillo, Margarita Murtinho, 1999. 

Referencias

BERKELEY, Ellen Perry; MCQUAID, Matilda (eds.), Architecture: A Place for Women. Washington, D.C.: Smithsonian Institution Press, 1989. [ Links ]

ELIASH, Humberto; MORENO, Manuel. Arquitectura y Modernidad en Chile 1925/1965: una Realidad Múltiple. Santiago, Ediciones Universidad Católica de Chile, 1989. [ Links ]

KLIMPEL, Felicitas. La Mujer Chilena (el Aporte Femenino al Progreso de Chile) 1910-1960. Santiago, Editorial Andrés Bello, 1962. [ Links ]

1Hasta el número 43 (nov. 1999) se cuentan 26 obras publicadas de autoría femenina, ya sea de manera independiente o asociada. Ver «Archivo Histórico Revista ARQ 1980-2000» (2015), Ediciones ARQ (03 sept. 2018) <http://www.edicionesarq.cl/seccion/archivo-historico/>

2Las menciones se encuentran en los capítulos: «Los Escenarios del Cambio» (1989:38-40), donde en la reseña de obras importantes de los años 40 se mencionan «las casas en Sánchez Fontecilla de Santiago Aguirre y Frey (Inés)»; «Causas y Efectos» (1989:46), donde en relación a los mecanismos de contacto con modelos extranjeros se indica la oportunidad que tuvieron los arquitectos de estudiar o trabajar con maestros de la arquitectura moderna internacional, entre ellos «M(ontserrat). Palmer con Coderch y Martorell, Bohigas, Mackay»; y en «Le Corbusier: una Influencia aparentemente Dominante» (1989:66), donde se indica: «(…) las generaciones posteriores - si bien nunca dejaron completamente las referencias puramente iconográficas - fueron limando las contradicciones entre imagen y contenido o entre estructura y morfología. Se fue configurando así un segundo momento de influencia en que a la transcripción de imágenes, sigue una reelaboración de tipos arquitectónicos, urbanos y constructivos. Aparecen el hormigón a la vista, el cálculo sísmico, nuevas propuestas urbanas, nuevas oportunidades de aplicar el ideario corbuseriano en toda su dimensión y una mejor comprensión de los problemas propios. Es el momento de singulares obras de Jorge Aguirre, Enrique Gerbhard, Waldo Parraguez, Costabal y Garafulic, Zacarelli y Gacitúa, S. Aguirre e Inés Frey, etc. (…). (…) A fines de la década del ’50 y durante los ’60 se dejan ver las más significativas y maduras obras de matriz corbuseriana (…). Estos ejemplos exitosos en círculos arquitectónicos alientan a las generaciones más jóvenes a insistir en la senda corbuseriana. Está el caso de (…) Yolanda Schwartz (casa Schwartz), de Angela Schweitzer (Municipalidad de Valdivia) (…)» (1989:67-68). En el capítulo «Estados Unidos y la Modernización Integral» se indica la influencia de Wright a través de «las primeras casas de Horacio Borgheresi, la casa de Hugo Gaggero y Margarita Pisano (…)» (1989:76). En «Chillán o el Racionalismo Pragmático» aparecen dos documentos (1989:101): uno es la nota de prensa «Arquitectos Chilenos se dirigen al urbanista señor Le Corbusier», donde aparece la firma de Inés Frey apoyando su visita para la reconstrucción de la ciudad. El otro (1989:102) es el listado provisto de profesionales elaborado en 1939 por la Intendencia de Santiago para apoyar el mismo esfuerzo. Figuran en dicha nómina la misma Frey (Nº 2) e Inés Floto (Nº 25). En la publicación además aparecen dos fotografías de la Municipalidad de Valdivia de Schweitzer (1989:68,157), otra del Aeropuerto de Cerrillos en Santiago de Iris Valenzuela (1989:132), la planta (1989:143) y una fotografía (1989:164) de la Casa Merino de Aguirre y Frey y la sede de la Universidad de Chile en Temuco de Ana María Barrenechea, Osvaldo Cáceres, F. Ehijo, A. Rodríguez y Yolanda Schwartz (1989:183). A la referencia señalada resulta interesante agregar lo indicado por Felicitas Klimpel (1962): «El Colegio de Arquitectos tiene inscritas 99 mujeres. Una gran parte de ellas trabaja como arquitectos en organismos estatales. Es esta una carrera que atrae a la mujer. Muchas son las que inician estos estudios y hasta los terminan, pero no logran recibirse a causa del elevado costo de los proyectos que deben presentar antes de obtener el Título. Trabajan como arquitectos en el Departamento de Obras de la Municipalidad de Santiago, las siguientes: Ester Durán, Violeta del Campo, Mariana Valverde, Aída Ramírez, Graciela Espinoza, Alicia Henot y María T. Rojas M. En el Ministerio de Obras Públicas trabajan como arquitectos: María Luisa Montecinos, Sara Poldesch e Iris Valenzuela. En la Corporación de Vivienda trabajan las arquitectos Elena Macho, Victoria Mayer y María Schuman. Es arquitecto de Obras Municipales de Arica la arquitecto María Luisa Barrios. En la sección de arquitectura de la Caja de Ferrocarriles trabajan las arquitectos María Silva, Inés Araya, Esmeralda Rojas y Antonieta Motta. En la Caja de Empleados Particulares trabajan: Graciela Marcos, Sofía Peralta en Ancud; Luz Sobrino en Concepción, Angela Schweitzer en Valdivia. En Santiago son conocidos los nombres de las arquitectos Inés Frey, Aída Rivera, Inés Floto, María Vergara, Amanda Godoy, Ana María Barrenechea, Elsa Fuentes, Marta Martínez. María Rojas González ha proyectado y dirigido numerosas obras. Es ayudante de Geometría Descriptiva en la Universidad Católica y tasador en la Caja de Empleados Particulares. Johanna Zeppelin de Herrera fue jefe de Construcciones Individuales en la Caja de Previsión de Ferrocarriles del estado hasta el año 1947» (Klimpel, 1962:173). A este marco de referencia - donde si bien no se explicita una producción específica, al menos se enumera a un número considerable de arquitectas actuando en Chile (36) - habría que agregar además que entre 1910 y 1960 se titularon 67 arquitectas de la Universidad de Chile y 12 de la UC.

3Ver listados en «Materialización de la Arquitectura Moderna en Chile (1925-1965): Posibles Roles de las Arquitectos», Taller de Investigación Escuela de Arquitectura UC, Prof. Romy Hecht, Ay. Pedro Alonso (2º Sem. 2000): 11-13.

4Los trabajos se encuentran disponibles en Colección General Biblioteca Lo Contador UC, Ref. 720.983 T147 (2º Sem. 2000).

5No pretendo que los lectores coincidan con mi criterio, pero les recuerdo que el ejercicio fue repetir el proceso de selección de nombres de acuerdo a los parámetros del taller del año 2000.

6Ver ARQ 26 (mayo 1994):11-15 (reaparece en ARQ 34 (dic. 1996):44-45); ARQ 52 (dic. 2002):30-33; ARQ 54 (jul. 2003):34-35; y ARQ 99 (ago. 2018):70-82.

7Ver ARQ 34 (dic. 1996):36-38.

8Ver ARQ 42 (jul. 1999):39-40. Cabe destacar que Margarita es quien aparece por tercera vez en ARQ 24 (sept. 1993):2-5.

9Ver ARQ 28 (dic. 1994):32; ARQ 31 (dic. 1995):31-33; ARQ 42 (jul. 1999):41; ARQ 45 (jul. 2000):17-21; ARQ 58 (dic. 2004):31; y ARQ 70 (dic. 2008):50-55.

10Ver ARQ 51 (jul. 2002):47-53, ARQ 61 (dic. 2005):60-73, ARQ 67 (dic. 2007):52-59, ARQ 84 (ago. 2013):28-33. Ver además n.6.

11Ver ARQ 50 (mar. 2002):64, ARQ 60 (jul. 2005):24-27, ARQ 66 (ago. 2007):76-81, ARQ 71 (abr. 2009):72-75, ARQ 93 (ago. 2016):62-67, ARQ 95 (abr. 2017):118-125.

12Desde su propia experiencia Denise Scott Brown ya ha producido una extensa discusión acerca de los posibles motivos de la invisibilidad femenina en la profesión. Sugiero su primera pieza publicada sobre el tema, “Room at the Top? Sexism and the Star System in Architecture” (Berkeley y McQuaid, 1989:237-246). Ver también la apuesta de reconstrucción historiográfica de la trayectoria de Margarita Pisano de Alejandra Celedón y Gabriela García de Cortázar, ARQ 95 (mar. 2017):126-139.

13Up to issue 43 (Nov. 1999) there are 26 published works by female authors, either independently or associated. See “ARQ Magazine Historical Archive 1980-2000” (2015), Ediciones ARQ (Sept. 2018) <http://www.edicionesarq.cl/seccion/archivo-historico/>

14Mentions can be found in the following chapters: “Los escenarios del cambio” (Scenarios of Change) (1989:38-40), in which a review of important buildings in the 1940s, mentions “the houses in Sánchez Fontecilla by Santiago Aguirre and Frey (Inés)”; “Causas y efectos” (Causes and Effects) (1989:46), where in relation to the mechanisms of contact with foreign models, the text indicates the opportunity that architects had to study or work with international modern masters, among them, “M(ontserrat). Palmer with Coderch y Martorell, Bohigas, Mackay”; and in “Le Corbusier: una influencia aparentemente dominante” (Le Corbusier: An Apparently Dominant Influence) (1989:66), where it is indicated that: “(...) subsequent generations - although they never completely abandoned the purely iconographic references - eased the contradictions between image and content, or between form and structure. A second moment of influence was thus configured, in which the transcription of images is followed by a reworking of architectural, urban and constructive types. Exposed concrete appears, together with seismic calculation, new urban proposals, as new opportunities to deploy the Corbusian ideas in all of their dimensions and for better understanding the own problems. It is the moment of singular works by Jorge Aguirre, Enrique Gerbhard, Waldo Parraguéz, Costabal and Garafulic, Zacarelli and Gacitúa, S. Aguirre and Inés Frey, etc. (...) At the end of the 1950s and during the ‘60s, the most significant and mature works of Corbusian pattern are found (...). These successful examples encourage younger generations within architectural circles to insist on the Corbusian path. This is the case of (...) Yolanda Schwartz (Schwartz House), Angela Schweitzer (Municipality of Valdivia) (...)” (1989:67-68). In the chapter “Estados Unidos y la modernización integral” (The United States and the Integral Modernization) the influence of Wright is indicated through “Horacio Borgheresi’s first houses, Hugo Gaggero and Margarita Pisano’s house (...)” (1989:76). In “Chillán o el racionalismo pragmático” (Chillán or the Pragmatic Rationalism), two documents appear (1989:101): one is the press release “Arquitectos chilenos se dirigen al urbanista señor Le Corbusier,” signed among others by Inés Frey, supporting his visit for the city’s reconstruction. The other (1989:102) is the list of professionals prepared in 1939 by the Intendancy of Santiago to support the same effort. The list includes Frey (No. 2) and Inés Floto (No. 25). The book also shows two photographs of the Municipality of Valdivia, by Schweitzer (1989:68,157), another one of the Cerrillos Airport in Santiago, by Iris Valenzuela (1989: 132), the plan (1989:143) and a photograph (1989:164) of Merino House, by Aguirre y Frey, and Universidad de Chile headquarters’ in Temuco by Ana María Barrenechea, Osvaldo Cáceres, F. Ehijo, A. Rodríguez and Yolanda Schwartz (1989:183). To the above-mentioned references, it is interesting to add what’s indicated by Felicitas Klimpel (1962): “The Architects Association has 99 women enrolled, a large part of them work as architects in state agencies. This is a career that attracts women. Many start these studies and even finish them, but cannot get their diplomas given the elevated cost of the projects they must submit before obtaining such degree. The following work as architects at the Works Department in the Municipality of Santiago: Ester Durán, Violeta del Campo, Mariana Valverde, Aída Ramírez, Graciela Espinoza, Alicia Henot, and María T. Rojas M. In the Ministry of Public Works, are: María Luisa Montecinos, Sara Poldesch, and Iris Valenzuela. At the Housing Corporation work the architects Elena Macho, Victoria Mayer, and María Schuman. An architect of the Municipal Works Department in Arica is María Luisa Barrios. The architects María Silva, Inés Araya, Esmeralda Rojas, and Antonieta Motta work for the Railway Association. At the Public Workers Association are: Graciela Marcos, Sofía Peralta in Ancud; Luz Sobrino in Concepción, Angela Schweitzer in Valdivia. In Santiago, the names of the architects Inés Frey, Aída Rivera, Inés Floto, María Vergara, Amanda Godoy, Ana María Barrenechea, Elsa Fuentes, and Marta Martínez are well known. María Rojas González has designed and coordinated plenty of works. She is an assistant in the course Descriptive Geometry at Universidad Católica and surveyor at the Public Workers Association. Johanna Zeppelin de Herrera was the head of Individual Construction at the State Railways Association Fund until 1947” (Klimpel, 1962:173). To this reference - where, although no specific production is explicitly stated, at least a considerable number of architects working in Chile (36) are enumerated - it should also be added that between 1910 and 1960, 67 architects from the Universidad de Chile and 12 from UC graduated.

15See the lists in “Materialización de la Arquitectura Moderna en Chile (1925-1965): Posibles roles de las arquitectos,” Research Studio School of Architecture uc, Prof. Romy Hecht, Assitant Pedro Alonso (2nd Term, 2000): 11-13.

16The papers are available at General Collection Lo Contador UC Library, Ref. 720.983 T147 (2º Sem. 2000).

17I do not intend for the readers to agree with my criteria, but I remind you that the exercise was to repeat the process of selecting names according to the parameters deployed in the studio during the year 2000.

18See ARQ 26 (May 1994):11-15 (reappears in ARQ 34 (Dec. 1996):44-45); ARQ 52 (Dec. 2002):30-33; ARQ 54 (Jul. 2003):34-35; and ARQ 99 (Aug. 2018):70-82.

19See ARQ 34 (Dec. 1996):36-38.

20See ARQ 42 (Jul. 1999):39-40. It is worth noting that Margarita appears a third time, in ARQ 24 (Sept. 1993):2-5.

21See ARQ 28 (Dec. 1994):32; ARQ 31 (Dec. 1995):31-33; ARQ 42 (Jul. 1999):41; ARQ 45 (Jul. 2000):17-21; ARQ 58 (Dec. 2004):31; and ARQ 70 (Dec. 2008):50-55.

22See ARQ 51 (Jul. 2002): 47-53, ARQ 61 (Dec. 2005): 60-73, ARQ 67 (Dec. 2007): 52-59, ARQ 84 (Aug. 2013): 28-33.

23See ARQ 50 (Mar. 2002): 64, ARQ 60 (Jul. 2005): 24-27, ARQ 66 (Aug. 2007): 76-81, ARQ 71 (Apr. 2009): 72-75, ARQ 93 (Aug. 2016): 62-67, ARQ 95 (Apr. 2017): 118-125.

24Speaking from her own experience, Denise Scott Brown has already produced an extensive debate on the possible reasons for female invisibility in the profession. I suggest her first published piece on the subject, “Room at the Top? Sexism and the Star System in Architecture,” (Berkeley and McQuaid, 1989: 237-246). See also the historiographical reconstruction of Margarita Pisano’s trajectory by Alejandra Celedón and Gabriela García de Cortázar, ARQ 95 (Mar. 2017):126-139.

* Romy Hecht

Arquitecta y Magíster en Arquitectura, Pontificia Universidad Católica de Chile, 1998; PhD en Historia y Teoría de la Arquitectura, Universidad de Princeton, 2009. Ha sido investigadora en Dumbarton Oaks, Washington, D.C. (2015, 2017-2018) y profesora invitada de la Universidad de Harvard (2012), la Universidad Nacional de Rosario (2016) y la Pontificia Universidad Católica de Lima (2017). Sus ensayos han sido publicados en los libros Retorno al Paisaje (Evren, España, 2008) y Arquitectura en el Chile del siglo XX: Iniciando el nuevo siglo 1890-1930 (Ediciones ARQ, Chile, 2016) y en las revistas New Architecture (China), Harvard Design Magazine (USA), Studies in the Histories of Gardens and Designed Landscapes (UK) y ARQ, Revista CA, Revista 180 y Trace (Chile). Junto a Danilo Martic tradujo The Necessity for Ruins and other Essays de John B. Jackson (Ediciones ARQ, 2012). Es cofundadora del sitio web LOFscapes (www.lofscapes.com) y de la corporación Cultura de Paisaje en Chile (www.culturadepaisaje.com). Actualmente es investigadora responsable del proyecto Fondecyt 1160277 y Profesora titular de la Escuela de Arquitectura UC.

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