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ARQ (Santiago)

versión On-line ISSN 0717-6996

ARQ (Santiago)  no.101 Santiago abr. 2019

http://dx.doi.org/10.4067/S0717-69962019000100108 

Lecturas

Co-residencia: independencia en la restricción

Juan Pablo Urrutia1 

Michelle Cáceres Ledesma2 

1 Profesor Asistente, Facultad de Arquitectura y Urbanismo, Universidad de Chile, Santiago, Chile. jpurrutia@uchile.cl

2 Arquitecta, Facultad de Arquitectura y Urbanismo, Universidad de Chile, Santiago, Chile. mcaceres@uchilefau.cl

Resumen

Cuando la escasez de espacio y oferta pareciera condenar a las familias de menores recursos a perder sus redes y ubicación, la libertad de los propios habitantes se filtra en medio de la rigidez del sistema. Observando las lógicas de allegamiento en la ciudad de Santiago, esta investigación demuestra que el ingenio de los usuarios es capaz de entregar grados de libertad donde se creía que no existían.

Palabras clave: libertad; edificio; diseño; procesos; investigación

Tanto por las restricciones de la política habitacional (el monto de los subsidios y la localización de la vivienda social en la periferia) como por el alto costo de la vivienda en zonas centrales y pericentrales de Santiago de Chile, las familias y nuevos hogares de segmentos vulnerables no pueden acceder a vivienda bien localizada. Esto los lleva a vivir como allegados e ingeniar diversas estrategias arquitectónicas informales para garantizar independencia en esa situación y, así, gozar de libertad para radicarse en áreas centrales. Dentro de las restricciones económicas, físicas, técnicas y de estructura predial en la que viven las familias allegadas, estas buscan la mayor independencia, privacidad y autonomía posible, alterando y combinando elementos como la cocina, accesos y volúmenes edificados. Así configuran estrategias arquitectónicas para obtener la mejor habitabilidad posible y mantener el capital social asociado a la vida en clan.

Con el fin de comprender las diferentes estrategias que otorgan libertad en la co-residencia, se estudiaron 100 casos en situación de allegamiento en el pericentro de Santiago1. A través de un análisis unidimensional, pudimos entrevistar a las familias y hacer el levantamiento de sus viviendas, analizando las diversas tipologías y sus grados de libertad a través de la planimetría.

Allegamiento como vía de acceso a la vivienda

En la década de los ochenta, los procesos masivos de erradicación de tomas y asentamientos informales realizados por la dictadura, junto a la desactivación y desarticulación de la movilización social y la represión de todo intento de acceso ilegal a terrenos por parte de los pobladores, derivan en la masificación del allegamiento (Necochea, 1987; Bustos, 2005). Así, se convirtió en una de las principales estrategias de supervivencia y acceso autogestionado a la vivienda en la época. Como componente del déficit habitacional en Chile, el allegamiento ha sido históricamente entendido como la relación entre un grupo familiar receptor y él o los grupos allegados que conviven en una misma vivienda o terreno (Necochea, 1987; Mercado, 1992; Arriagada, Icaza y Rodríguez, 1999). La familia allegada se encuentra así en condiciones restrictivas para desarrollar sus funciones de manera autónoma y se plantea una convivencia obligada entre grupos diferentes, donde se pueden llegar a ver afectadas las condiciones de intimidad, habitabilidad e, incluso, producir altos niveles de hacinamiento (Mercado, 1992).

Con el regreso a la democracia, a fines de los años ochenta e inicios de los noventa, aparece un interés por las relaciones de capital social y apoyo mutuo que se generan en el allegamiento (Greene, 1988; Vergara y Palmer, 1990; Espinoza, 1991); no sólo se analizan sus aspectos positivos, sino que también es presentada como una estrategia valiosa, pues permite corregir la tendencia a la expansión desmedida de la ciudad (Vergara y Palmer, 1990).

Más recientemente, a esta mirada positiva se suma la visión del allegamiento como estrategia de co-residencia, donde los grupos convivientes se apoyan y funcionan como familia extensa sin una relación de subordinación, convirtiendo al allegamiento en un facilitador de cooperación familiar y vecinal clave al momento de maximizar los recursos económicos escasos (Araos, 2008; Moreno, 2012; Urrutia, Jirón y Lagos, 2016). Esta visión puede relacionarse al fenómeno escandinavo y anglosajón del cohousing dado que, según Vestbro (2010), la co-residencia se refiere al habitar en viviendas con espacios comunes e instalaciones compartidas entre los residentes.

Si bien la política habitacional chilena se considera exitosa debido a que en las últimas décadas se ha logrado disminuir el déficit habitacional, el allegamiento ha aumentado de manera consistente y sobre todo en áreas centrales y pericentrales (Urrutia, Jirón y Lagos, 2016), siendo además un fenómeno transversal a todos los tramos de ingreso que, aunque afecta en mayor medida a los segmentos más vulnerables (Arriagada, Icaza y Rodríguez, 1999; Araos, 2008), no es exclusivo de los quintiles más pobres. El segmento de la población que recurre al allegamiento como mecanismo de supervivencia habitacional corresponde principalmente a grupos de familias que residen en los pericentros de grandes ciudades como Santiago.

En la capital de Chile, la localización de este fenómeno se relaciona principalmente con poblaciones surgidas de las operaciones ‘sitio’ y ‘tiza’ en lo que en su momento fue la periferia de la ciudad. Se trata de desarrollos habitacionales actualmente bien localizados y con lotes amplios que permiten fácilmente el allegamiento. Estas familias han crecido y han tenido que ir adecuándose en sus lotes según sus necesidades. Los residentes diseñan y construyen sus viviendas, que se mueven astutamente entre los límites presupuestarios, espaciales y la necesidad de satisfacer los requerimientos familiares de convivencia e independencia con los escasos recursos que poseen.

Estas familias no tienen posibilidad de acceder a soluciones habitacionales formales provistas por el Estado o el mercado. Al alto precio de la vivienda generado por la especulación inmobiliaria2 y la imposibilidad de desarrollar vivienda social en el área se suma el hecho de que ambos actores ofrecen una solución típica de vivienda unifamiliar que no garantiza mejor localización ni permite mantener sus redes familiares ni sociales. Esto los condena a una situación de dependencia, poca privacidad, bajos niveles de habitabilidad y hacinamiento.

De esta manera, las familias que prefieren mantenerse allegadas en vez de recibir un subsidio habitacional que probablemente los alejaría de sus barrios y redes han modificado sus viviendas para facilitar la co-residencia, generando nuevas tipologías autoconstruidas que acogen este fenómeno habitacional con diferentes grados de independencia y libertad familiar a pesar de las restricciones. Esta forma de habitar permite mantener microcomunidades y su capital social que, al igual que en el modelo de cohousing anglosajón, equilibra las ventajas de vivir en una sola vivienda con los beneficios de las instalaciones compartidas y la conexión con los vecinos y familiares, garantizando privacidad e independencia familiar (Sargisson, 2011).

Co-residencia en el pericentro de Santiago

Debido a las características del pericentro de Santiago, se estableció esta área como caso de estudio para analizar una muestra de 100 familias con allegamiento y sus viviendas. Se entrevistó a los jefes de hogar para caracterizar a los grupos familiares e identificar las distintas adaptaciones que realizaron a sus viviendas y se realizó un levantamiento arquitectónico del estado actual de su organización espacial y funcional. Luego se estudiaron las planimetrías y genogramas familiares con una aproximación unidimensional de identificación y análisis de tipologías para entender los elementos arquitectónicos que permiten determinar los distintos grados de libertad alcanzados por las familias en una situación de co-residencia.

Las principales razones para compartir vivienda entre familias son, en primer lugar, las ventajas económicas (34%), quedando el cuidado y el apego a la familia y barrio en segundo lugar. En este sentido, es posible señalar que los motivos para compartir vivienda corresponden a un allegamiento funcional, ya que se maximizan recursos y los beneficios resultan mayores que los conflictos. Por otro lado, la mayoría (69%) declara no querer cambiarse del lugar donde residen y sentirse cerca del centro (93%). A ello se suma que un alto porcentaje de encuestados (83%) declara no querer cambiar su lugar de residencia o no estar haciendo algo por ello, lo que pone en evidencia que estas familias prefieren mantener su situación de allegamiento. Como los beneficios asociados a la centralidad y la convivencia en una familia extensa son más importantes que los inconvenientes asociados al allegamiento, estas familias prefieren mantener esta condición antes que vivir en la periferia y ser propietarios de una vivienda que no satisface sus requerimientos ni en términos espaciales ni de localización. La mayoría de las familias encuestadas (69%) reconoce haber hecho cambios en la vivienda, dentro de los cuales la mayor parte corresponde a dormitorios (50%), baños (21%) y cocina (15%), lo que permite suponer que las adaptaciones tienden a solucionar problemas asociados al crecimiento de la familia con nuevos grupos en su interior.

Libertad en co-residencia

Si bien la co-residencia es una situación en la que se comparte un lugar bajo condiciones restringidas, existen estrategias arquitectónicas enfocadas a la búsqueda de distintos grados de libertad y autonomía para cada grupo familiar. Las principales involucran tres elementos arquitectónicos: el acceso, la cocina y el volumen. Así, se identifican tres estrategias de organización que buscan la libertad familiar en la vivienda en co-residencia: la independencia en el acceso, la autonomía en la cocina y la emancipación volumétrica.

La independencia en el acceso les permite a los habitantes en co-residencia tener vías autónomas para ingresar a su área de uso exclusivo de la vivienda. Esto facilita la realización de actividades cotidianas sin interrumpir la vida del resto del grupo familiar en cuanto a horarios, plazos y privacidad. La autonomía en la cocina, por su parte, es uno de los que más influye en la economía familiar, pues supone no sólo una independencia presupuestaria respecto del grupo principal, sino también la determinación de los horarios de las comidas y tipo de alimentación. Finalmente, al implicar espacios totalmente diferenciados, la emancipación volumétrica garantiza una mayor intimidad de cada subgrupo familiar pues, a pesar de no contar con acceso diferenciado, poseen recintos distanciados que mejoran las condiciones de privacidad.

Estas tres estrategias arquitectónicas determinan tres grados de libertad en co-residencia. En primer lugar, y como menor grado de libertad, se encuentra la independencia por acceso; esto permite que aunque se comparta vivienda y presupuesto alimenticio se garantice un grado mínimo de privacidad, mejorando la convivencia de la familia extensa y facilitando su intimidad. El segundo grado de libertad es denominado ‘autonomía en un volumen’: este se produce cuando además del acceso diferenciado hay un presupuesto individual en cada grupo familiar, manifestado en la existencia de dos o más cocinas para la familia extensa; además de garantizar privacidad gracias a los accesos, esto permite que se maneje un propio presupuesto alimenticio otorgando autonomía en la cotidianeidad. Por último el tercer nivel, y el que provee mayor libertad para la familia allegada, es la emancipación residencial, donde además de los accesos independientes y la existencia de dos o más cocinas existe diferenciación de los volúmenes habitables según los distintos grupos familiares, lo que implica la existencia de dos o más viviendas que comparten los espacios comunes de un mismo sitio. En este caso los grupos familiares cuentan con los beneficios e independencia de tener su propio espacio y presupuesto sin perder las ventajas de habitar en co-residencia.

La espontaneidad e inteligencia de la ‘arquitectura sin arquitectos’ se manifiesta en las diferentes y sencillas maneras de resolver los problemas prácticos (Rudofsky, 1964). En el caso de la vivienda en co-residencia, uno de los principales desafíos es la maximización de la privacidad y autonomía. Por otro lado, al corresponder a una arquitectura de desarrollo progresivo, crecen según los requerimientos de los habitantes, estando limitado por los recursos que poseen (Haramoto et al., 1988). Los diversos grados de libertad asociados a las siguientes tipologías (Figura 1) definen los niveles de autonomía habitacional que logran las familias en co-residencia sin abandonar los beneficios asociados a la colaboración y ayuda mutua de vivir como familia extensa.

Figura 1 Grados de libertad en co-residencia 

Independencia por acceso

La principal característica en este grado de libertad es contar con accesos independientes desde el espacio público, ya sea como respuesta a familias numerosas que buscan privacidad o por no poseer lazos sanguíneos, como en los casos de arrendatarios. Si bien los integrantes del grupo familiar desarrollan su vida en torno a accesos distintos, todos los integrantes comen juntos y comparten - o al menos negocian - el uso de la cocina, pues el todo el complejo depende del uso de un único artefacto que sirve a toda la familia extensa.

En estas situaciones es posible visualizar cómo las familias modificaron y adaptaron el espacio para obtener la mayor independencia posible a pesar del contexto restringido de un lote de mínimas dimensiones (Figura 2). Además, la existencia de un acceso propio - a pesar de tener la cocina compartida - les otorga cierto nivel de autonomía cotidiana a los grupos para entrar y salir de esta sin interrumpir a la otra familia. Es posible observar en este caso cómo el patio adquiere relevancia al convertirse en un punto de distribución, siendo el espacio que articula a los distintos recintos diferenciados del volumen.

Figura 2 Plantas de viviendas con independencia en accesos 

Autonomía en un volumen

La particularidad en este grado de libertad radica en la combinación de dos o más accesos en un mismo volumen que contiene dos o más cocinas, como reflejo de la presencia de más de un hogar o núcleo familiar. La duplicidad de cocinas y accesos hacen de esta estrategia una vivienda con dos o más unidades habitacionales en la misma edificación, pero conectadas internamente entre ellas para no abandonar la eficiencia de compartir algunos espacios. Tener dos cocinas permite la presencia de más de un hogar de manera independiente, mientras los accesos diferenciados garantizan mayor privacidad y autonomía en el uso de cada sector de la vivienda.

La existencia de un único volumen facilita la complementariedad en la vivienda, maximizando además los espacios comunes en el sitio. Dentro de los casos más autónomos en términos de co-residencia, esta tipología contiene las estrategias más comunes. Además, la presencia de varios recintos tipo estar-comedor les otorga una mayor comodidad a las familias viviendo en co-residencia, diferenciándolas pero no apartándolas en su cotidianeidad (Figura 3). Al igual que en la tipología anterior, el patio o espacio libre/vacío en el lote también adquiere gran relevancia al ser el punto que permite la circulación y distribución hacia los recintos diferenciados.

Figura 3 Plantas de viviendas con independencia en un volumen 

Emancipación residencial

Contar con a lo menos dos viviendas en un mismo sitio - cada una con su cocina y acceso privado - es la esencia en este grado de libertad. Esto es reflejo de familias con un índice alto de hogares, núcleos, integrantes y generaciones, lo que se traduce en un gran número de dormitorios y recintos. En general, estos casos están en un lote de grandes dimensiones que permite la existencia de múltiples volúmenes autónomos dentro de él.

Esta tercera categoría es la que presenta mayor independencia y libertad familiar dentro de las condicionantes restringidas del lote. Al tener accesos diferenciados, dos o más cocinas y volúmenes separados, las familias pueden operar con total autonomía presupuestaria, independencia de acceso y privacidad por vivir en volúmenes diferentes, manteniendo los beneficios asociados a las redes de apoyo y subsistencia del allegamiento, minimizando a la vez los problemas de hacinamiento y la falta de privacidad (Figura 4). Al igual que en los otros casos, el espacio no construido adquiere relevancia al ser el vacío que garantiza la articulación, lugar hacia donde además se ventila y permite iluminar los distintos recintos.

Figura 4 Plantas de viviendas con independencia total en co-residencia 

Emancipación residencial en Recoleta

A modo de ejemplo, se presenta el caso de una familia extensa que habita con independencia total en co-residencia. El caso corresponde a un grupo familiar compuesto por siete integrantes en la comuna de Recoleta.

Tal como se ha mencionado, la vivienda de mercado o del Estado (nueva o usada) que podría pagar este tipo de familias para revertir su situación de allegamiento se encuentra localizada en comunas periféricas, lejos de sus redes de apoyo, trabajo y equipamiento. Así lo señala la jefa de hogar: «Yo estoy aquí porque mi marido nunca se quiso ir y dejar a su mamá, yo tampoco nunca me quise meter porque yo no me quise ir a un departamento a Quilicura, porque eso es lo que te dan cuando no tienes plata»3. De allí es posible inferir que los residentes prefieren vivir en co-residencia y mantener su situación de allegados antes que dejar sus redes familiares y vivienda bien localizada. (Figura 5)

Figura 5 Genograma familia extensa 

La co-residencia es además un fenómeno progresivo, pues la vivienda crece y se modifica con el ciclo de vida de sus habitantes. Como se observa en la Figura 6, esta casa creció por etapas, pasando de dos volúmenes originales de un piso a la construcción de un segundo nivel en uno de ellos que luego se amplió nuevamente para dar espacio a los nuevos miembros de la familia. Se observa el patio como espacio intermedio de acceso, tránsito, iluminación y ventilación para los distintos volúmenes que ocupan el sitio. También se observan dos volúmenes con cocinas independientes, reflejo de la cohabitación de dos hogares que poseen presupuestos alimenticios independientes. El alto número de dormitorios (cinco en total) expresa la cantidad de habitantes de la vivienda, existiendo además tres camas matrimoniales dentro del sitio. Además, el volumen trasero cuenta con equipamiento completo: su propio baño, cocina, dormitorio y un espacio-taller, lo que indica que los habitantes de este sector cuentan con su propio presupuesto, ya sean arrendatarios o miembros del grupo familiar.

Figura 6 Progresividad de la vivienda 

Conclusiones

A pesar de las condiciones de pobreza, restricciones económicas y espaciales, las familias consiguen resolver sus necesidades de intimidad dentro de la vida en co-residencia al interior del lote. Los grupos familiares llevan al límite su capacidad creativa para enfrentar sus problemas cotidianos de habitabilidad al idear estrategias arquitectónicas precisas como la construcción de accesos independientes, múltiples cocinas y volúmenes distanciados, generalmente ignorando restricciones normativas con tal de obtener independencia. Estos elementos determinan los grados de libertad que otorgan diferentes niveles de autonomía a las familias viviendo en co-residencia. El mayor grado de independencia familiar en co-residencia sucede cuando existen las tres estrategias de manera simultánea, conjugando la existencia de dos o más accesos, dos o más cocinas y dos o más volúmenes independientes.

Esto permite que las familias manejen sus propios tiempos, presupuesto y acceso a su espacio sin vulnerar la intimidad propia ni interrumpir la del resto de la familia, coordinando las ventajas de una vivienda tradicional con los beneficios de la vida en familia extensa.

Ante la oferta habitacional limitada, pensada sólo para una familia estándar, se presentan estas estrategias arquitectónicas autogestionadas que buscan conjugar cooperativismo con libertad y autonomía. Se trata de soluciones específicas que no se pueden obtener ni en el mercado ni de manera particular por no contar con los recursos para financiar un proyecto de arquitectura formal y personalizado. Estas estrategias son una herramienta a considerar por la arquitectura, cuya oferta actual restrictiva y limitada en su capacidad de adaptación también podría reformularse para generar nuevas posibilidades y tipologías habitacionales.

Los diferentes grados de libertad identificados ponen en evidencia la oportunidad que se presenta cuando elementos arquitectónicos simples se conjugan para otorgar nuevos niveles de independencia y confort familiar. Además, los grados de libertad alcanzados por las familias no están sujetos exclusivamente a sus constricciones presupuestarias, pues la solución obtenida al combinar estas estrategias es la necesaria para satisfacer sus necesidades según la configuración familiar.

Estas estrategias arquitectónicas que facilitan la libertad en la restricción abren la posibilidad de ser investigadas a futuro en otras dimensiones de la convivencia (como las condiciones acústicas, coexistencia de diferentes costumbres y estrategias de cuidado entre familiares, entre otros). Comprender mejor estas lógicas residenciales permitiría avanzar hacia una nueva concepción de la política habitacional, resignificando el concepto de allegamiento hacia el de co-residencia y valorando las estrategias propias de los habitantes para solucionar los distintos desafíos en este modo de habitar.

Referencias

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1 La investigación detrás del presente artículo contó con la participaron de Camilo Arriagada y Alberto Texidó como co-investigadores, Catalina Jiménez y Camila Jiménez como asistentes de investigación, Martín Álvarez como colaborador, Connie Moreira en el dibujo de genogramas y edición de planimetrías y Tatiana Bravo en el dibujo de axonometrías.

2De acuerdo con el estudio «Acceso al mercado de viviendas nuevas en Santiago», realizado por el Instituto de Estudios Urbanos y Territoriales - Observatorio de Ciudades UC e Inciti, plataforma de investigación urbana el inmobiliaria.

3Entrevista a la Jefe de Hogar de Recoleta (diciembre 2017) como parte la investigación «Caracterización del allegamiento en el área pericentral de Santiago», financiada por el Concurso de investigación Fondo FAU 2.0 Research by Design 2015.

4Members of the research team behind this article were Camilo Arriagada and Alberto Texidó as co-researchers, Catalina Jiménez and Camila Jiménez as research assistants, Martín Álvarez as collaborator, Connie Moreira in the drawing of genograms and plan editions, and Tatiana Bravo in charge of axonometric drawings.

5According to the study “Access to the new housing market in Santiago,” carried out by the Institute of Urban and Territorial Studies Cities - Observatory uc and Inciti, an urban and real estate research platform.

6Interview with head of the household at Recoleta (December 2017) as part of the research “Characterization of the allegados in Santiago’s semi-central areas,” funded by the fau Research Fund 2.0 Research by Design 2015.

* Juan Pablo Urrutia Arquitecto, Universidad de Chile, 2008. Magíster en Dirección y Administración de Proyectos Inmobiliarios, Universidad de Chile, 2011. MPA, London School of Economics and Political Science, Londres y Sciences Po, París, 2014. Premio Arquitecto Joven 2018 y ex Secretario General del Colegio de Arquitectos de Chile. Editor de Guía para la formulación de planes maestros integrales de recuperación de barrios y viviendas (fau, Universidad de Chile, 2017) e Idea Política Pública: 20 ideas de arquitectura, ciudad y territorio para Chile. Autor de «¿Allegamiento o Co-residencia?» (ca, 2016). Profesor Asistente del Departamento de Arquitectura y Jefe de Carrera, FAU, Universidad de Chile. Co-curador de la XXI Bienal de Arquitectura y Urbanismo de Chile 2019.

** Michelle Cáceres Ledesma Arquitecto, Universidad de Chile, 2008. Magíster en Dirección y Administración de Proyectos Inmobiliarios, Universidad de Chile, 2011. MPA, London School of Economics and Political Science, Londres y Sciences Po, París, 2014. Premio Arquitecto Joven 2018 y ex Secretario General del Colegio de Arquitectos de Chile. Editor de Guía para la formulación de planes maestros integrales de recuperación de barrios y viviendas (fau, Universidad de Chile, 2017) e Idea Política Pública: 20 ideas de arquitectura, ciudad y territorio para Chile. Autor de «¿Allegamiento o Co-residencia?» (CA, 2016). Profesor Asistente del Departamento de Arquitectura y Jefe de Carrera, FAU, Universidad de Chile. Co-curador de la XXI Bienal de Arquitectura y Urbanismo de Chile 2019.

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